Mikhail
Días después, en la cuenta de correo electrónico académico de Rose, un mail con muchas reseñas de películas se dejó ver.
Rose se coló en una oficina, lo imprimió y después borró todo rastro de él, y no sólo de la papelera; sino que también de los servidores.
Nunca se sabía quién los estaba espiando.
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Los guardianes de St. Vladimir -cómo todos los de las otras academias-, tenían un código propio de comunicación; para evitar de que los Alquimista hicieran fishing y captaran información potencialmente peligrosa.
Y ese código se enseñaba en Senior Language Arts, y no se pasaba a guardianes no permanentes; como los de Viktor Dashkov.
Así que Rose sacó sus notas de cifrado, y comenzó a traducir las impresiones, para después romperlas y quemarlas.
Reglas estándar.
Y ahí habían varios puntos interesantes a analizar.
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El primero era que tanto Víktor Dashkov cómo Robert Darú eran hijos del mismo moroi.
De nombre Rogelio Dashkov.
Y Rose lo recordaba, vagamente.
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Ok. Entonces, el Robert de la serie era el hermano. Interesante.
Víktor tuvo tres esposas y tres hijos. Y sólo Nataly sobrevivió, pero no se sabía si tendría Sandozky; porque su madre era de padre commoner y de madre royal. Y Víktor esperaba que la sangre commoner (según el informe, no tenía royals en 5 generaciones), limpiara el Sandozky en Nataly.
Pero en la serie, Nataly ni asomaba. Así que para el tejemaneje de Víktor y de Robert, era un cero a la izquierda.
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Más interesante era Robert.
Nunca manifestó alguna magia -lo que lo hacía del quinto elemento-, entró y salió varias veces del área psiquiátrica de Tarasov, y en la última; habia salido con una hija llamada Berta.
Qué cliché.
Pero no era cliché que Berta Darú se casó con Isaías Rinaldi; y ella trabajaba actualmente con los Drozdov de Spokane. Mientras que su esposo lo hacía en la corte.
Berta e Isaías tenían una hija, actualmente en el senior de la academia de St. Vladimir; llamada Mía Darú Rinaldi.
Oh Oh. Mía era una Dashkov; y potencialmente una heredera tras su madre y su abuelo.
Y eso explicaría porqué fue comprometida con André Dragomir en la serie... porque en la vida real, fue su amante en St. Vladimir.
Y tanto Mía como Liza tenían 16 años, y Mía era menor por algunos meses; incluso.
Había llegado a St. Vladimir en el Junior de Secundaria, puesto que si no lo hacía; debía esperar a otro año más... y no coincidiría con Liza, ¿verdad?.
Claro que no.
Y André tampoco se fijaría en alguien de la escuela intermedia.
Así que a Miss Rinaldi habría que vigilarla.
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Sonya Karp no tenía parentesco alguno con Dashkov.
Pero sí tenía dos detalles interesantes. Su falta de un elemento mágico.
Y ser la tutora responsable de una niña de la escuela intermedia, llamada Jill Karp Mastrano. La hija de su prima Emily Mastrano.
Había sido Sonya quién la matriculó y quién pagaba parte de su colegiatura.
Entonces, tenían a un Robert Darú en las sombras.
Con el elemento de Liza.
Y que probablemente también sanó a su hermano, hasta quedar deshecho.
Y por eso las entradas y salidas de Tarasov.
Porque estaba volviéndose loco.
Y evidentemente, Víktor sabía del elemento mágico, y sabía -o sospechaba-, que Sonya lo tenía.
La pregunta era... ¿habrá dejado alguna cosa, o fue todo enviado a su prima Emily?.
Si Mikhail estaba en St. Vlad cuándo eso ocurrió, seguramente tuvo acceso a algunas de sus cosas.
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Pero preguntar a Mikhail levantaría sospechas, porque ya lo habia llamado, así que se dio la maña de colarse en las bodegas del personal moroi, para poder escamotear toda la información posible de ella.
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Rose se trepó por el techo del área de bodegas, y allí procedió a bajar por el tragaluz.
Mejor dicho, a embutirse por él.
"Veamos... Karp... es con K, no con C. Más al fondo. A menos que usen otro alfabeto. Pero lo intentaremos con todo.. ".
Efectivamente, en la posición correcta, estaba Karp.
Eran sólo algunas cajas amontonadas desordenadamente.
Miss Karp no era particularmente ordenada, así que seguramente; ella las había puesto ahí.
Pero también había una caja más escondida.
¡Bingo!.
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Rose se fijó si había algún sistema de seguridad -cables, cámaras, alarmas-, y notó una lucecita roja titilando.
Seguramente estaba ligada a la cerradura, o al candado. Pero no a la bodega misma, así que trepó por los barrotes de la misma, y entró por el techo; sin alertar a la alarma.
O eso esperaba.
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Con la linterna entre los dientes, revisó cuidadosamente cada caja, sin detenerse en álbumes de fotos o pequeños adornos que seguramente estaban en su habitación.
Alguna vez, eso se lo enviaría a Mikahil.
En algunas habían pequeñas cosas personales, arrojadas descuidadamente.
Pero lo que le llamó la atención... fue una copia de su ficha médica.
La abrió con mucho cuidado, y recogió todos los documentos; metiéndolos bajo su ropa.
Y en la caja final... encontró sus diarios.
Abrió los ojos como platos, y analizó cómo llevárselos.
Seguramente no podría volver -las vigilaban contínuamente-, así que debería ser muy creativa.
Y sin dejar huellas o pistas. O más de las que ya había dejado en esos montones de polvo.
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Así que trepó de vuelta, y se volvió a embutir en el tragaluz, más rellenita de lo que había entrado.
Se escabulló entre las sombras, y se fue a la cabaña del bosque; en dónde guardaba ya todos los hallazgos.
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Mirando hacia afuera, notó que ya comenzaba a clarear, y que los turnos se reactivarían.
Y la podían ver.
Así que se acomodó a leer, cruzando los dedos de que no estuvieran en clave.
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Pero las frases sin sentido sonaban más a la clave de los guardianes de St. Vladimir, que a cualquier otra.
Así que comenzó a leer y a interpretar.
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De pronto notó que tarareaba una antigua canción de algún grupo latino, que oyera en los viajes.
Y haciendo una pausa, intentó recordar la letra.
Estuve leyendo tus viejas cartas
Donde me hablabas de amor
Usando palabras querías decirme
"Ya no puedo estar sin vos"
Y dónde quedó ahora, esa hermosa ilusión
De regalarte a vos, lo mejor de mi amor
Creímos que todo había cambiado
No había razón ya para estar mal
Pero el otoño golpeó nuestra puerta
Y como una hoja nuestro amor murió
Y dónde quedó ahora, esa hermosa ilusión
De regalarte a vos lo mejor de mi amor
A veces los sentimientos no se pueden manejar
Y cuando nos atrapan, no podemos escapar
Y es así nuestro corazón sufre
Y sigue y sigue dando vueltas y vueltas
La loca rueda de la vida
Y sigue rodando en mi cabeza
El enigma cautivante del tu voz
Y dónde quedó ahora, esa hermosa ilusión
De regalarte a vos, lo mejor de mi amor
Lo mejor de mi amor, lo mejor de mi amor, de mi amor
Claro, las cosas -ya empolvadas-, de Miss Karp pa hacían pensar en viejas cartas de amor, de las que seguramente Mikhail y Sonya se escribían a escondidas.
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¿Se habrían conocido en St. Vladimir, o uno siguió al otro?.
Ahí había una historia de amor que explorar.
Pero sería después de descifrar lo escrito por ella.
