Nota: Jeje, ellos son una cosa bárbara... honestamente, ni siquiera me voy a sorprender si Nette embaraza a Lucas. Ni lo voy a cuestionar... Una disculpa si esto salió OOC, hace tiempo no escribía algo de ellos y pues... nada, pasó.


Hay silencio en la habitación, entre ellos.

No es que hubiese algún problema o desacuerdo entre ambos, sólo son esos momentos donde no hay algo que decir realmente. Donde el silencio es cómodo, a comparación de sus primeras interacciones cargadas de incomodidad y tensión.

Parece casi milagroso haber llegado hasta aquí, casi mágico. Aunque realmente no se trata de milagros divinos y mucho menos, magia.

El ambiente huele a vainilla, gracias a las velas aromáticas que yacen derritiéndose en uno de los muebles del baño, un regalo que su padre le había mandado.

El agua es perfectamente tibia, ni muy caliente, ni muy fría.

Jeannette no se mueve cuando Lucas comienza a desenredar su cabello desde las puntas, incluso se queda quietecita y disfruta de las atenciones con una pequeña sonrisa. Sintiendo como sus dedos comienzan a ascender y rozan su espalda, provocándole un ligero escalofrío.

Lucas no pasa desapercibido esto, y en busca de más, le aparta suavemente el cabello y le descubre una porción de su nuca. La cual besa brevemente, como si del aleteo de una mariposa se tratase; causándole otro escalofrío a su preciada quimera.

Jeannette voltea, con un tenue rubor en su rostro, el cual incrementa cuando Lucas besa una de sus mejillas. Con ternura, con cuidado… con amor.

(Y el caos en su interior, su oscuridad, se altera como si le hubiese soplado el viento cual vela).

Y en cuanto el contacto acaba, Jeannette responde a su afecto con un beso en los labios que toma por sorpresa al mago antiguo.

(Como si Jeannette quisiese devorar a Lucas, de una manera gentil.

Clavarle los colmillos con amabilidad y amor puro).

Lucas se deja querer –porque no tiene de otra– por Jeannette, mientras las velas se agitan brevemente por la brisa que se cuela en el cuarto pero que no llega a ellos.

Ellos están ocupados queriéndose.

Cuando Jeannette se alza sobre él, cubriéndole con su cabello como cortinas canelas, y mira a profundidad sus ojos de gema falsos pero honestos, de cierta forma, sabe que estará bien. Que está bien si es Jeannette.

Cierra sus ojos, entregándose a ella, permitiéndole poseerlo en ese instante. Dejando que sus lenguas se entrelacen un momento y al rato peleen, suspirando y acercándose para obtener un poco más del otro.

Las caricias en el rostro, las que delinean sus mejillas y bajan por su cuello, se detienen en cuanto llegan a su pecho. El beso se rompe y les da un momento para respirar, una pequeña pausa para descansar pero no para detenerse.

Jeannette le mira, con el deseo brillando vibrante en sus ojos junto a una pequeña duda. Proceder o no proceder.

– Lucas… ¿puedo tocarte un poco más?

Podría reírse y burlarse sobre el hecho de que no es la primera vez que ambos se tocan de esta forma pero en este tiempo que lleva conociéndola, sabe que Jeannette es muy considerada con las personas y procura muchísimo a sus seres queridos (y él es uno de ellos). Por lo que, con Jeannette pidiéndole su permiso para llevar las cosas más lejos, le enternece un poco.

Se siente amado.

– Hazlo.

A Lucas le encanta ser amado por Jeannette, tener su atención, su todo, únicamente para él. Y su ser tiembla de gusto en cuanto siente los labios de su esposa sobre su cuello y cuando estos descienden hasta su pecho.

Ella lo quiere tanto, que parece irreal. Incomprensible.

Pero es real, lo es.

Jeannette suspira y tiembla ligeramente en cuanto Lucas le devuelve las atenciones que le ha dado, cuando le deja besos y pequeños mordiscos en el cuello, en los senos y en el torso; mañana dejarán marca pero no le importa, secretamente, disfruta mucho de esto.

Un pequeño escalofrío le recorre al sentir la dureza de su marido contra su zona sensible, lo que la impulsa a levantarse y sentarse en su regazo, envolviendo con sus brazos su cuello mientras él la abraza ligeramente, mirándose una vez más a los ojos.

Jeannette le sonríe, con cariño y felicidad. Lucas, en cambio, le sonríe con suavidad, querencia y con leve picardía.

Todo esto, antes de volver a fundirse en un beso.


Estas serían las palabras que Lucas, nunca pensó le diría a alguien.

– Te ves hermosa.

Y estas, serían las palabras que Jeannette atesoraría por siempre en su corazón de sombras. Palabras que, hicieron brillar sus gemas falsas (al punto de que las verdaderas, palidecerían) y derramar lágrimas de genuina felicidad.

Lágrimas que fueron secadas, primero con las yemas de sus dedos y después, con besos de sincero y devoto afecto.

(Nunca antes se habían sentido tan amados).