Soy yo de nuevo, esta vez con un three shot.
Otra vez inspirado en los manhwas~~
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Chiara parpadeó, confusa de lo que la rodeaba. Pensó que era raro, teniendo en cuenta que lo último que supo fue que estaba leyendo en su teléfono inteligente.
La gente clamaba a su alrededor, aplausos o asentimientos de cabeza donde sea que volteaba, felicitaciones. Ella apenas se dio cuenta de que había una persona frente a ella, pero notó el gran cambio en su apariencia.
¿En qué momento se puso un vestido? ¿Tenía encima una capa? Era el centro de atención mientras un chico probablemente de su misma edad la tomaba del brazo y la guiaba para saludar a los familiares y otros invitados.
No tardó en captar de qué se trataba todo. ¡Esto definitivamente era un sueño y ella se quedó dormida usando el teléfono! ¿Cierto? Así que solo sonrió y siguió la corriente.
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Chiara Vargas miró la vela de cumpleaños con odio. Sí, solamente la vela que acababa de comprar. Era brillante y con el número 17 en rojo. Es el único color que consiguió en el almacén de la esquina y no tenía ánimos para ir a otro, ni gastar dinero en algo que solo usaría una vez. No es que hubiera alguien más aquí para festejar.
No era muy querida por sus compañeras porristas, tal vez porque sabían que ella las consideraba perras, a pesar de haber ido a fiestas con ellas, nunca podría decir que se divirtió mucho y eso sin contar las bromas que sufrió a las espaldas de la capitana del equipo que era la única que quería incluirla en su círculo.
Por supuesto, aquella chica tenía mejores cosas qué hacer como para molestarse en Chiara. Era mejor así, sería humillante que llegue a casa y la vea sola en este día, si sabe qué día es.
Su cumpleaños.
Otro año más, otro año más y sin novio.
Ése era el mayor problema de su vida, por ahora. Le molestaba cómo sus amigas contaban sobre las citas que tenían, los regalos que recibían, las cosas románticas o más picantes, charlas a las que Chiara no tenía nada qué aportar, cosas que sabría porque no tenía un novio.
No es que fuera horrible y por eso la gente no quisiera acercarse.
Cuando hablaban de una chica que tenía la mala suerte de no ser tradicionalmente hermosa, por no decir que era fea y más, la capitana del equipo de porristas que era algo así como su amiga Emily solía decir:
¨Tiene una buena personalidad¨.
Pues básicamente cuando debía contarles a otros de su amiga llamada Chiara Vargas, Emily solía decir:
¨¡Es hermosa!¨
Y la rubia describía sus ojos y cabello, su cuerpo, pero no decía nada de su personalidad, así que los chicos deberían esperar hasta que la conocieran.
Por supuesto, Chiara tenía el don de espantar a la mayoría de los chicos interesados en ella con su carácter.
Al soplar la vela y pensar en sus despreocupados padres que habían olvidado el cumpleaños de su hija, su deseó egoísta fue:
Ojalá pudiera encontrar a mi verdadero amor.
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Era un sueño, se repitió varias veces, y decidió disfrutar de esa comida y lugar salidos de alguna película, serie -o documental, quién sabe de dónde carajo su cabeza sacó esto- sobre la edad media.
Siempre quiso vestirse como una princesa, así que qué más daba. No tenía un espejo a mano, pero ella era hermosa, estaba segura que nadie en su boda la habrá peinado para verse horrible -su cabello estaba recogido en algo elaborado y el resto caía a su espalda- y aunque no pudo ver completamente el vestido, le gustaba el color de la tela que llegaba a sus pies, era de un azul turquesa y verdoso, podía sentir las joyas en su cuello y el peso de perlas adornando su corpiño.
Había deseado un novio y en este sueño aparentemente se había casado con un príncipe azul, que en realidad no era un príncipe, ni vestía de azul a diferencia de ella, pero se entiende la idea.
Después de comer y beber vino, algo extraño pasó. La gente empezó a pedir algo llamado ¨Encamamiento¨.
El chico que estaba a su lado en la mesa como su esposo, se levantó de repente serio -la sorprendió ya que estuvo feliz toda la fiesta- y dijo unas palabras antes de tenderle la mano.
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Lo siguiente que supo fue que estaba en una habitación con una cama amplia con sábanas blancas que tenían bordadas sus iniciales y asumió que la GB eran las de él, ya que había oído mucho Beilschmidt en la fiesta. A él se habían dirigido como Gilbert.
Chiara volvió a mirar la punta de la cama donde los habían dejado, unidos por un lazo de ceda que rodeaba sus cuerpos. No hacía falta ser inteligente para saber qué habían venido a hacer aquí ellos que eran una pareja de recién casados.
Agradeció que él se deshiciera a gritos de aquellos que los acompañaron a la habitación cantando y riendo, también que lo único a lo que vino el cura o lo que fuera, fuese a arrojar agua bendita a la cama, en lugar de hacer algo peor. ¿En serio, qué pasaba con las costumbres de esta época? El solo haber imaginado que pudiera quedarse para comprobar que realicen el acto le dio asco.
El joven albino les quitó la tela que los rodeaba como hilos desde los hombros hasta los pies.
—Esposa —dijo él con una sonrisa. Se veía algo nervioso.
Ya lo había oído hablar y reírse, pero de todos modos le sorprendió su voz. No podía decir que era una voz atractiva y sonaba -según su mamá- como un fumador, aunque no podía oler tabaco en él. ¿Y en este tiempo ya existía, cierto?
—Bueno, supongo que tenemos que… —él arrojó la cinta a un sofá que había detrás y miró la cama con una sonrisa que parecía a todas luces presumida, pero la chica pudo ver que no era nada parecida a la que tenía en el banquete, que era una sonrisa que se esforzaba por mantener.
También se dio cuenta de que él -Gilbert, se corrigió- luchaba por no mirar otra cosa que no fuera su cara.
¿Esto era porque ella estaba en ropa interior? Ni siquiera se le veía mucho, sin embargo para los estándares de la época, era como estar desnuda tener ese camisón en que la dejaron las mujeres que vinieron con ella la habían desvestido mientras reían, parecido a las escenas de cambio de look en las películas.
Consciente de que esto era un sueño, ella sonrió pícaramente mientras cerraba la distancia entre ambos.
El nerviosismo del chico aumentó, pudo verlo por el gran sonrojo en su cara.
Ella se acercó.
Por lo general no provocaba esto en los chicos, no es que ella se acercara a ellos, contrario a la creencia popular, era tímida.
Pero esto es solo un sueño.
Ahora que estaban frente a frente, tanto que pudo oler el aroma a vino del aliento del esposo de sueños -literalmente- se dio cuenta de que no eran imaginaciones suyas, o quizás sí porque ella estaba proyectando esta fantasía, ¿no? El color de los ojos del chico era rojo, ése era el color favorito de Chiara.
Se preguntó de dónde sacó su mente que era bueno inventarse un chico de cabello tan antinatural:
Cabello blanco. Aun así, el blanco y rojo le quedaban bien, se veía bien. Tal vez no era castaño de piel bronceada como era su preferencia, pero Gilbert era apuesto a su modo.
Decidida, ella cerró la distancia entre sus labios en un beso, el primero al no recordar que lo diera en la ceremonia. No solo era el primer beso de casados que daba, sino el primer beso de su vida. Sintió chispas de pies a cabeza y su corazón latir rápidamente, feliz, mientras sus labios hacían contacto con los de él. Ella se alejó solo para ver su expresión y la cara que el albino tenía la hizo reír. Estaba aun más rojo si cabía, de cuello hasta las orejas y miraba con desconcierto.
¿La idea de tener contacto físico con ella le daba pena? Eso era lindo. Sin dejarle hablar, lo tomó por los hombros y volvió a besarlo. Esta vez Gilbert tuvo más iniciativa, ya que ella podía sentirlo colocar las manos en la cintura y abrir los labios.
Era solo un sueño, así que no importaría si las cosas pasaban a más. Esto simplemente acabaría siendo un sueño húmedo, nada más.
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Cuando se despertó la cama tamaño queen y la habitación gigante decorada como de otra época, seguían ahí; además del chico imaginario, que se veía y sentía muy real, estaba dormido frente a sus ojos, tan desnudo como lo había dejado.
Chiara gritó con horror.
