Hey Arnold no me pertenece.

Libro rojo

Arnold amaba leer los libros de poemas que Helga escribía sobre él. Su novia era muy talentosa desde joven. Había tardado tanto en darse cuenta de sus sentimientos por ella que ha pasado los últimos años intentando recuperar el tiempo perdido.

—Helga—la saludo llegando junto a ella durante el receso.

Cuando no le respondió, prestó atención a lo que hacía. Buscaba algo desesperadamente en su casillero.

—¿Se te perdió algo?

—No—casi grito en respuesta—no es nada importante.

Arnold la conocía demasiado bien para saber que mentía, pero de igual manera era consciente que lo mejor era darle su espacio y pronto ella le contaría todo.

El resto del día transcurrió sin mayor problema, aunque sabía que algo le preocupaba y en verdad quería saber, pero sus preguntas obtuvieron respuestas de una forma problemática.

Gerald llegó a su casa, inusualmente emocionado.

—¡No vas a creer lo que me encontré hoy en los pasillos de la escuela, viejo!

Gerald le mostró un libro rojo, el cual abrió y comenzó a leer.

Arnold comenzó a entrar en pánico conforme su amigo leía lo allí escrito. No era para nada del estilo de poemas que Helga le escribía, pero estaba absolutamente seguro de que era de ella.

—Déjame ver.

Supo que sus deducciones eran ciertas al ver la letra. Pero, la pregunta ahí era, ¡¿desde cuándo Helga escribía literatura erótica?! No tenía escrito nada explícito, era todo puro y pasional, pero ella jamás le había mostrado ese libro. Su imaginación era más grande de lo que creía. ¿Acaso era eso lo que Helga buscaba en la mañana? ¿Cómo podía recuperarlo? Los poemas que Helga escribía eran un secreto entre los dos y no podía decirle eso a su amigo, especialmente luego de que ya había leído una parte, y de que por él hubiera leído todo esa noche, pero por suerte tenía tarea pendiente.

Helga probablemente no le había escrito su nombre, pero debía recuperarlo, pero se suponía que él no sabía de la existencia del libro.

Optó por simplemente sacarlo de la mochila de su amigo, cuando estuvo distraído hablando con su abuela. Solo esperaba que no se diera cuenta y solo pensara que se le cayó para darlo por perdido.

Por un par de horas, intentó guardar la compostura y no caer en la tentación de leerlo, pero no lo logró. Tomó el libro y se acostó en su cama a leerlo.

¡¿Cómo Helga a sus 17, casi 18 años había escrito todo eso?!

Eran las cinco de la mañana cuando Arnold terminó de leer, esa forma de escribir, la letra, la narrativa, todo, definitivamente era de su novia.

Se sentía demasiado acalorado como para intentar dormir, aunque fuera un poco, cada vez que cerraba los ojos, imágenes de él y Helga haciendo lo que decía el libro lo invadían.

—No debí leerlo—se regañó, suspirando contra su almohada.

Al día siguiente fue a la escuela, con tremendas ojeras de panda y lo primero que escuchó al llegar, fue a Gerald quejándose con Phoebe por la extraña desaparición del libro.

Caminó hasta su casillero y se encontró a Helga mirando a Gerald con cara de pánico. Arnold sonrió, sabía que era de ella.

—¿Qué pasa, Helga? —le preguntó repentinamente, parándose detrás de ella.

—¡Arnold! —gritó—¡nada, no me pasa nada!

Arnold aguantó la risa y sacó disimuladamente el libro.

—¿Acaso perdiste esto?

—¿Cómo es que tú…?

—Gerald lo encontró, cuando me lo mostró, supe de inmediato que era tuyo, tuve que quitárselo sin que se diera cuenta.

—¿Lo leíste? —dijo con más pánico.

—Perdón, intenté resistirlo, pero lo leí, amo tus poemas, lo sabes.

Helga no sabía cómo reaccionar. Arnold había leído su libro secreto que era totalmente diferente a los poemas que siempre escribía.

—Lo haces muy bien, entiendo que lo escondas, incluso de mí, pero sabes que me encanta cómo escribes, incluido este libro, así que guárdalo bien y sigue escribiendo como te plazca, ¿de acuerdo? Sabes, que serás una grande escritora y no pienso cortarte las alas de ninguna manera.

Helga tomó el libro y sonrió.

Era vergonzoso que su novio leyera ese contenido, pero sabía que él la apoyaría y por el momento fue salvado por la campana.

Ya habría tiempo de que todos conocieran sus dotes, pero eso estaba reservado para cuando fuera profesional y publicara su primer libro.