✿Los personajes, trama y detalles originales de Free! son propiedad de Hiroko Utsumi, Kyoto Animation, Animation Do (anime), y Kōji Ōji (novela, High Speed!)
✿En portada: edición vectorial a partir de elementos de all-free-download. Tipografía: Yummy Ice Cream de Brithos Type.
✿Por y para Bárbara.
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Vainilla, chocolate y fresa
Si gusta o no, es un asunto, pero nadie desconoce que la vainilla, chocolate y fresa van juntos, y Gou lo entendió un día de verano, en un pequeño pueblo donde nadie pediría explicaciones.
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No era el primer viaje que hacía sin su familia.
Desde las excursiones escolares, hasta las travesías del club de natación que organizaba ella misma por ser la mánager, hacía tiempo que había ganado independencia en ese sentido. Pero esta vez era diferente. No tenía que preparar un reporte de actividad, ni iría un grupo grande y ruidoso para meterse en problemas; era una cita.
La cita en la que tendría que tomar una decisión que podría cambiar su mundo, y el de las personas a su alrededor.
No dio muchos detalles, ni siquiera a su hermano, y aunque no dudaba que sus sospechas tendrían, tampoco ahondó en ello, algo que agradeció porque no estaba segura de lograr poner en palabras la situación en la que estaba sin quedar como la clase de mujer con la que nadie querría estar emparentado.
Tomó aire, armándose de valor. Al menos había tomado la precaución de pedir que la dejaran llegar por su cuenta. Cuarenta minutos del viaje en tren no serían realmente un tiempo extra, de hecho, parecía más una tortura auto impuesta que no hacía otra cosa que seguir entumeciendo sus manos y retorciendo todo en su vientre.
El paisaje cambiante de la ventana, con los tonos vibrantes propios del verano volvía las cosas un poco cliché; la confesión perfecta que toda chica espera, excepto tal vez, ella. Conocía a muchas compañeras que tenían salvajes fantasías así, pero en la vida real ninguna -incluyéndose- estaría lista para tomar acción.
Era como una novela de las que leía en la secundaria: dos chicos se declaran al mismo tiempo, pero sin darle oportunidad de rechazar a nadie, sugieren que salga con ambos… en realidad no recordaba una así, era más como que ambos competían por atención, buscando que solo uno fuera el elegido.
Se llevó las manos a la cara, sentía que las mejillas le ardían de la vergüenza.
¿Por qué los escuchó hasta el final? ¿Por qué no se escandalizó y los rechazó? ¿Por qué estaba en ese tren camino a su encuentro?
No era como si no supiera de antemano sus intenciones, tampoco era tan densa como para no entender. Aunque en algún momento inocentemente creyó que todo se resumía a que era "la linda hermanita de Rin", a medida que redoblaban sus esfuerzos, no hacían más que confundirla.
¿Y si era solo una competencia?
Había estado demasiado inmersa en esas rivalidades de hombres con trasfondos emocionales confusos en que nadie entendía si se odiaban o se necesitaban desesperadamente, y tal vez ella solo era el punto donde convergían.
Tal vez sería menos retorcido si no fueran hermanos.
Finalmente llegó a la estación indicada y arrastrando su maleta buscó un punto de referencia para orientarse, nunca había estado ahí.
Sin embargo, la voz de Momo llegó a ella, intempestiva como un huracán, revoloteando en su piel hasta hacerla temblar. Lo vio correr en su dirección agitando la mano y esa enorme sonrisa suya.
—Te ves tan hermosa.
Abrió la boca, quería saludar como lo había hecho cada vez hasta antes de ese día, darle las gracias, pero su voz simplemente no salió.
—Tranquila, un paso a la vez —dijo él, guiñándole un ojo y tomando su maleta para llevarla.
Nuevamente ruborizada, sacudió la cabeza para concentrarse, si ya había tomado la decisión, no podía ceder al pánico y la incertidumbre, hasta se había comprado ese vestido con sombrero a juego, específicamente para verse tan linda como debería de ser una chica que ha aceptado una declaración de amor, por poco ortodoxa que fuera.
—Entonces… ¿tenemos un plan? —le preguntó.
Ella había tenido una cita alguna vez, pero no recordada que fuera especialmente memorable, en honor a la verdad, solo había aceptado porque era pariente de una querida amiga.
Momo se rio.
—Ustedes dos son tan parecidos.
—¿Nosotros dos?
Preguntó, aunque sabía de quién hablaba, y la expresión del chico a su lado solo la avergonzó de nuevo, haciéndole girar el rostro, entonces, él pasó el brazo por sus hombros, alcanzando su mentón para que volviera a mirarlo.
—Oye, no es que no pueda hablar de mi propio hermano contigo. Sería raro que fingiéramos no saber uno del otro.
Se rio con nerviosismo. Puesto en palabras, era bastante lógico, pero su corazón empezó a latir más rápido de lo normal.
—El plan es simple, almuerzas conmigo, cenas con él. Como dije, un paso a la vez.
Sintió que su suspiro se escuchó a todo lo largo de la estación.
—Pero si quieres le puedo llamar y ya salimos juntos los tres.
Ella tartamudeó un poco, de pronto imágenes de los tres tomados de la mano atrayendo las miradas de todos a su paso, sobrepasó su determinación.
—¡No me tomes el pelo así! —le reclamó haciendo un mohín, completamente roja hasta las orejas.
Aquello desarmó al chico por completo, el mismo flechazo que sintió la primera vez que la vio se repitió y sintió que no iba a lograr soportar el deseo irrefrenable de tomarla en sus brazos y besarla.
Jadeó, necesitaba tomar distancia para que su mente volviera a funcionar coherentemente y respetar el acuerdo al que había llegado con Seijuro; nada intenso en ese primer día, así que se adelantó para pedir un servicio de envío para el equipaje a la hospedería y volvió.
—Bueno… pues… yo… ¿quieres ir por… ir a…?
Ella asintió. Básicamente tenían que dejar la estación.
Aún era temprano, pero ya se sentía el calor húmedo en el ambiente, y la gente iba por la calle atendiendo sus asuntos. No daba la impresión de ser un sitio turístico, aunque los locales abiertos ofrecían toda clase de productos y servicios, ni siquiera habían escuchado del lugar. En parte por eso lo habían elegido; un sitio discreto pero lindo para dar sus primeros pasos sin toparse de frente con alguien que exigiera explicaciones.
Aun así, solo iban lado a lado, lo suficientemente cerca como para que se entendiera que iban juntos, pero no para que se asumiera que era una cita, y de alguna manera, ese pensamiento molestó a Gou.
Se mordió los labios, y tomo lo que le pareció hasta ese momento la segunda decisión más valiente del día (la primera fue subirse al tren): tomo la mano de Momo.
Pudo sentir un estremecimiento, fue incapaz de definir si había sido suyo o de él. Igual no importaba, cuando Momo entrecerró los dedos, cubriendo su mano por completo, sintió como si el inmenso peso sobre sus hombros se aligerara un poco.
Pese a ser un sitio pequeño, recorrer sus locales con todas sus curiosidades les tomó un buen rato. Momo incluso había reservado un bote de remos para cruzar el lago. Fue una escena curiosa, para ser un nadador de espalda, le estaba costando mucho llevar el ritmo de los remos, pero siendo como era, él no iba a rendirse, así que adoptó el rol de animadora, entre la risa que le provocaba ver las expresiones de su rostro cuando empezaban a girar como las manecillas del reloj, o tambaleaba todo. Personalmente, no le importaba si se caían, estaba segura de que, al igual que todos los chicos de su vida, posiblemente su idea real de una cita sería ir a un parque acuático o algo que implicara agua, y se moría de ganas por entrar al lago, pero algún sentido de la consideración lo mantenía con los pies en tierra atendiendo a que no se trataba exclusivamente de sus preferencias.
Se rio con más ganas cuando lo vio asustarse cuando se puso de pie, casi soltó los remos, reaccionando a tiempo para no perderlos.
—¡Kou-san! ¡Eso es peligroso!
Se sintió feliz de que la llamara así. Pensó en dejarse caer para que la "salvara", aunque podría llegar a la orilla por su cuenta, pero si quedaba empapada tendrían que terminar ahí para poder irse a cambiar, y Seijuro aun no la veía. Había elegido ese vestido para impresionar a los dos.
Consiente de sus pensamientos, de la forma natural en la que había relacionado las cosas, volvió a sentarse, retomando sus ánimos para un deportista determinado.
No le sorprendió que cerca de la siguiente orilla ya coordinaba mejor. No iba a competir en alguna regata, tal vez ni siquiera quisiera subirse de nuevo en un bote de remos, pero llegaron victoriosos y considerablemente menos tímidos a cómo estaban en la estación.
Momo movió los hombros, intentando relajar los músculos, como si no entendiera cómo era posible que, estando acostumbrado a movimientos tan parecidos, le había costado tanto trabajo remar.
—Song Joong Ki lo hizo parecer más fácil —se quejó.
Gou abrió mucho los ojos.
¿Planeo su cita con un dorama de referencia?
No podía juzgarlo, su vestido no era exactamente igual al de una película que vio, pero recordaba bastante a eso.
Encontraron un lugar lindo para almorzar; cómodo y con aire acondicionado, además de una carta atractiva a precios razonables. Iban a pasar el fin de semana, no pensaban derrochar el primer día.
—Momo-kun, ¿puedo preguntarte algo?
Sentados frente a frente, habiendo despachado ya a la camarera, decidieron que debían aterrizar algunas cosas.
—Bueno… ¿alguien más sabe? Bueno… me refiero… quizás tu hermana…—pregunto Gou.
Momo se rascó la cabeza.
—Yo no le he dicho, pero creo que Seijuro sí. La vi en la mañana y estaba contenta, nos deseó suerte, así que parece que está bien.
Gou bajó la cabeza.
—Lo siento. Yo no le he dicho a mi hermano.
Momo volvió a reírse.
—Eso me imaginé, ¡porque sigo vivo!
Ella le sonrió.
—Él no es así, nunca has sido particularmente discreto con tus intenciones, y no ha tomado represalias.
—¡Claro que sí! ¡Es un saboteador profesional!
—Por supuesto que no, si realmente le molestara la idea me lo hubiera dicho, que te rechazara. No es como si le fuera a hacer caso, y lo sabe, pero al menos lo intentaría.
—De todos modos, creo que él prefiere a mi hermano —agregó frunciendo el ceño, como si pudiera imaginar a Rin dándole la bienvenida a la familia a Seijuro, llamándolo "hermano".
—Bueno, eso hace que la mitad de la noticia le caiga bien.
Esta vez los dos se rieron. Entonces, Momo tomó sus manos, y la besó en la punta de los dedos.
—Estoy seguro de que nuestros amigos no tendrán problema, el resto del mundo será un poco más complicado, pero eso es algo que me tiene sin cuidado.
Gou sentía sus mejillas encendidas, posiblemente había estado así todo el día y no creía que pudiese estar más sonrojada, pero algo en las palabras del chico le daba la convicción de que, de alguna manera, todo saldría bien.
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Supuso que llegó el momento cuando la actitud de Momo cambió. No se le notaba molesto, que, aunque sería perfectamente normal, en realidad fue como un salto de vuelta a la estación del tren. Incluso su risa se notaba nerviosa.
De pronto, la tomó por las manos y la hizo girar un par de veces.
—¡Hoy es solo el inicio! —le dijo con entusiasmo, y exactamente como en un paso de baile, en el último giro se vio de frente a lo inevitable.
Notablemente más alto que ellos, Seijuro Mikoshiba estaba ahí, como si hubiera aparecido de la nada.
—Ca… capitán Mikoshiba.
Seijuro se rio.
—No creo que tenga sentido que seas tan formal.
Cayendo en cuenta de lo absurdo, Gou no pudo evitar sentirse tan tonta y se llevó las manos a la cara mientras se disculpaba.
Completamente impactados, los hermanos reaccionaron a la vez.
¡En serio era tan linda!
Momo sacudió la cabeza.
—¡Los veo más tarde!
Gou asintió girándose hacia él, levantando el rostro en un ademán que no podía pasar desapercibido, pero Momo salió corriendo.
—¿Qué despedida fue esa? —dijo la chica al aire.
—¿Querías un beso?
Cada ínfima parte de su ser tembló de una forma que no había sentido antes en toda su vida, como si fuera a disolverse. Su voz, la respiración suave en su cuello, la pregunta misma y la mano en su espalda baja, la llevaron a remontar una ola de sensaciones que no creía posible.
—Yo… yo…
Tragó saliva, no pudo decir nada. Inclinado hacia ella, el contacto con los ojos de Seijuro fue inevitable.
¿Siempre había tenido esa mirada tan intensa?
¿Y esa sonrisa?
—Vamos, tenemos una cita.
Pensó que la iba a tomar de la mano, en cambio, solo la atrajo levemente hacia él sin soltar su cintura. Completamente paralizada por el novedoso giro de los acontecimientos, intentó recuperar el control de sí misma, su corazón iba tan rápido y fuerte que sofocaba todo en su cabeza.
—Mira, les propuse venir a este lugar por esta tienda.
Gou reaccionó. No estaba segura de cuánto habían caminado, pero la solemnidad del edificio se impuso y dejó que la condujera dentro.
—Un amigo me dijo que usan técnicas ancestrales para productos de la mejor calidad. La tienda fue fundada en 1653. De aquí llevan cosas a tiendas de Tokio y Kioto.
Era un sitio grande de construcción tradicional con espacios abiertos. Los anaqueles de madera exhibían papeles que, a ojos inexpertos, se veían exactamente igual, pero, así como ella era perfectamente capaz de notar las diferencias entre los deltoides de cada uno de los miembros del club, también pudo ver la individualidad de cada lienzo.
Seijuro la soltó para que fuera a ver, pero el sitio donde había estado su mano se sintió tan frío apenas la retiró, que buscó compensarlo enganchándose a su brazo.
Quizás él no esperaba esa reacción, porque su expresión de sorpresa fue auténtica.
—¿Y qué más te dijo?
—Bueno… él…
La situación de algún modo se invirtió, él había tartamudeado, no porque no supiera nada más, el presidente del club de caligrafía al que atrapó en la escuela, haciéndole pensar por un momento que se había ganado la atención de un matón más de la escuela, de pronto se vio acribillado con preguntas de todo tipo.
No tardó en comprender que no tenía absolutamente ningún interés personal en el tema, y mucho menos pensaba atormentarlo, solo se trataba de un muy entusiasta enamorado que buscaba congraciarse con una chica, así que se saltó los tecnicismos y le habló de ese lugar, confiando en que a ella le gustaría. No era particularmente concurrido por una mera cuestión de mercadotecnia; las grandes tiendas de la ciudad se llevaban mercancía de calidad inflando los precios, sin revelar la procedencia exacta.
En general la tienda solo estaba porque los ancianos de la familia se negaban a la jubilación, y además de regentarla, daban clases, organizaban eventos y otras actividades que, exactamente como lo predijo el compañero, dejaron a Gou encantada.
Seijuro no podía sino mirarla dando saltitos de un anaquel a otro. Ni siquiera podía entender lo que estaba diciendo, estaba tan emocionada que hablaba rápido, cortando palabras y pasando de una idea a otra, arrastrándolo consigo.
Al cabo de un rato, justo cuando parecía que ya habían visto todo, una joven ataviada con una yukata los invitó a pasar al taller.
Normalmente solo hacían esa clase de actividades por la mañana, pero cualquier entrada extra siempre era bienvenida, y se había formado un grupo de seis; tres parejas jóvenes.
Los ancianos estaban entusiasmados, y aun con su edad, se permitieron bromear con todos, aunque solo como alguien de su generación podía hacer: hablando de matrimonio e hijos.
Gou sintió que se desmayaba cuando llegó su turno y señalaron lo guapo que era su novio y que, sin duda, con su belleza, tendrían niños adorables. Por su parte, Seijuro tomó bando con mucho entusiasmo, dándoles la lista de nombres con los que le gustaría llamar a esos hipotéticos hijos.
—Pero debes esperar —dijo finalmente la señora con una falsa severidad, dándole un golpecito en la cabeza con una varita de bambú —. Esta niña debe terminar sus estudios.
Daba gracia ver a un hombre de casi uno noventa siendo regañado por una viejecita de la mitad de su tamaño, y todos se estaban riendo por eso.
—Yo le prometo —respondió entre risas —, que haré lo que esté en mis manos para Kou-kun cumpla sus sueños.
Lo último lo dijo con tanta seriedad que incluso las otras parejas se sintieron levemente celosas, y Gou pensó si tendrían la misma reacción si conocieran la historia completa.
Al cabo de un rato, cada uno consiguió obtener un pliego de papel hecho completamente a mano, o al menos casi todos, porque Seijuro tenía algo extraño, más parecido a lo que se usaba para hacer esculturas de papel maché, pero parecía orgulloso, así que nadie tuvo corazón para decirle nada.
Cuando se despidieron, la mujer le recordó su promesa.
Seijuro tomó de nuevo por la cintura a Gou y agito la mano para despedirse.
—Vamos, aún nos queda un rato antes de volver con Momo.
Gou asintió animosamente, llevando los pliegos de papel como si fueran las joyas de la corona, y de la misma manera que pasó en la mañana, pronto se olvidó de su timidez, encontrándose completamente cómoda al hablarle de por qué acabó en el club de natación en lugar del de caligrafía.
Seijuro sabía algunas cosas de manera vaga, dedujo otra parte con los acontecimientos que presenció en diferentes eventos, y ahora solo confirmaba que Gou era hermosa tanto por fuera como dentro, y pensó en que, si Rin volvía a hacerla sufrir de alguna manera, le iba a cobrar.
—¿Pasa algo?
Seijuro negó con la cabeza y la abrazó con un poco de brusquedad.
—Gracias por venir —le dijo.
De nuevo, el cuerpo de Gou reaccionó a los graves de su voz, sintiendo un estremecimiento.
¿Cómo alguien podía conseguir hacer algo así?
Levantó las manos, recorriendo su torso hasta recargar las palmas en su pecho. Ese contacto, incluso con la ropa de por medio, hizo que él también temblara, y ella solo pudo sonreír al descubrir que poseía exactamente el mismo poder. Sentía su corazón latiendo como el suyo, un golpeteo acelerado.
—Gracias por traerme.
Se separaron un momento, ambos con los rostros encendidos como si hubieran intimado, y se dio cuenta de algo.
—Hace rato me preguntaste si quería un beso —dijo quedamente —. Sí, lo quiero.
Seijuro entreabrió los labios, golpeado por la emoción de una propuesta que no había calculado recibir en el primer día. Originalmente solo pensaba que debían dedicarse a hacerla sentir cómoda, incluso lidiar con sus propios sentimientos al respecto.
No iba a negar que pasó la mañana pensando en que quizás Gou decidiera que estaba bien solo con Momo, y cuando los vio acercándose, tomados de las manos y riéndose, tuvo miedo.
Sin embargo, Momo había salido corriendo cuando tuvo la oportunidad, no se creía que no hubiese notado que ella lo esperaba, no era idiota.
¿Y si deliberadamente lo había dejado pasar? ¿Significaba que estaba bien para él que su hermano mayor fuera primero?
Se inclinó para compensar la diferencia de altura, manteniendo su abrazo, apenas tocando sus labios, y apenas lo hizo, una sensación abrazadora lo sobrecogió, derribando una buena parte de su autocontrol.
Escuchó un gemido ahogado cuando la sujetó con más fuerza, obligándola a ponerse en puntas de pie, descubriéndose a sí mismo emitiendo algo como un gruñido bajo: le había dado un leve mordisco, demandando más de él.
¿Quién necesitaba respirar? Él no.
Sin embargo, la sensatez se sobrepuso, no iba a quitarle el vestido ahí en medio de la calle.
Gou se apoyó en su pecho, aunque Seijuro no estaba seguro de quién lo iba a sostener a él, y recordó su primer año de preparatoria, con todo y que esa relación se vio en intermitencias a medida que sus horarios se volvían más exigentes. Con el tiempo, por mucho que le gustaran las chicas, el problema seguía siendo el mismo, y centró su atención en el club de natación, sobre todo al convertirse en capitán. Se llevó la mano a la cara, luchando por ordenar sus pensamientos. Había tantas cosas que quería decir y hacer.
—Kou-kun… —susurró.
Ella aún tenía las mejillas encendidas y la mirada fija en él, al menos por un momento, porque acabó por bajar el rostro.
—Soy una desvergonzada —dijo.
—¡No! ¡Por supuesto que no!
Sin embargo, los ojos de Gou se empañaron por las lágrimas.
—Pero, es que yo… yo…
Seijuro no sabía qué hacer.
—Es que aun quiero que Momo-kun…
Finalmente entendió el problema, que en realidad no lo era, no bajo las circunstancias en que habían decidido salir ese fin de semana, así que solo volvió a abrazarla.
—Está bien, en serio. Vamos.
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Momo saltó en su sitio cuando escuchó la puerta abrirse, pero no hizo ruido, solo tuvo el absurdo impulso que esconderse en el sillón. Había pasado la tarde jugando videojuegos, pero en cuanto se percató de la hora, se dedicó a mirar fijamente las manecillas del reloj, así que sabía que llegarían en cualquier momento, pero de todos modos se sobresaltó.
—¡¿Rentaron toda una casa?! —exclamó Gou sorprendida. En realidad, no era una casa grande, al menos no como su casas familiares, pero era más que un pequeño departamento.
—Había una buena oferta en esta aplicación —dijo Seijuro levantando su teléfono —, y pensamos que sería mejor si solo estamos los tres.
—Buenas noches —dijo Momo, apenas asomando la cabeza por el respaldo, aunque encontrando su frase tan fuera de contexto que se sintió demasiado torpe. Su hermano levantó unas bolsas.
—Trajimos postre —respondió con simpleza.
—Eh… ¿todo bien? —insistió Momo, aun encogido en su lugar.
Seijuro fue hasta donde estaba, dándole un golpecito en la cabeza.
—Eres un idiota. Hiciste sentir mal a Kou-kun.
—¡¿Qué?! —gritó Momo, incapaz de entender por qué era su culpa y mortificado por lo mismo, corrió hacia Gou, tomándola de las manos, y pidiendo disculpas, casi llorando.
—¡No! ¡No! No es tu culpa en realidad fui yo quien estuvo tensa toda la mañana.
Gou abrió las bolsas sacando helado y otras golosinas que compraron en el camino de vuelta mientras le explicaba lo que pasó por la tarde, entonces llegó a la parte después del taller de papel washi.
Momo tragó saliva, sintiendo molesto el ritmo de su propio corazón, como si fuera una mosca insistente zumbando en su cara, y aunque Gou había bajado la voz hasta apenas ser un murmullo, por lo vergonzoso que le resultaba contarle que había besado a su hermano, entendió perfectamente que, tal y como dijo Seijuro, era un idiota.
—Entonces… ¿sí querías…? ¡Es que pensé que sería demasiado pronto! ¡No quería que te sintieras presionada!
Ella negó con la cabeza.
—Yo… yo…
Apretando los labios y con los ojos llenos de lágrimas, le estaba costando trabajo decirlo, aunque ya no tenía dudas. Entonces, Seijuro puso la mano en su hombro.
—Tranquila —le dijo con una sonrisa —, tenemos tiempo.
También palmeó la espalda de su hermano, para adelantarse a la sala de estar y desconectar la consola, dándoles cierta privacidad.
Momo respiró profundo, inclinándose hacia ella, enlazando sus dedos con los suyos, hablando en un susurro.
—Me gustas mucho —le dijo, empezando a colorarse —, y estoy feliz de que estés aquí.
Gou lo miró fijamente, soltándose de su agarre, lo que desconcertó al chico, aunque no tanto como cuando tomó su rostro entre sus manos.
—Sabes, he concluido que realmente soy una chica desvergonzada.
—¿Eh?
Momo ya se había inclinado hacia ella, aunque la diferencia de altura era menor que con Seijuro, así que Gou pudo tomar mejor la iniciativa, besándolo. Momo sintió que dejo de respirar a medida que sus labios parecían moverse como si realmente supiera qué hacer.
No lo confesaría ni bajo tortura, pero era su primera vez, y la razón por la que corrió esa tarde, fue porque le dio vergüenza quedar como idiota frente a su hermano al no tener idea de cómo hacerlo.
—Hay que ir mañana por un ramen de fuego —dijo Gou, separándose levemente.
—¿Los tres? —tartamudeó Momo. Ella asintió.
—Lo hablé con Sei-kun, está bien si podemos hacer cosas juntos.
—¿Sei-kun? —susurró Seijuro con un leve rubor al escuchar la forma en la que había cambiado su nombre, lejos del sumamente formal "capitán Mikoshiba".
Momo sintió un subidón de energía, como si toda la presión del día se liberara de golpe, tomándola por la cintura y haciéndola girar en el aire. Ella solo se rio, aferrándose a sus brazos, aunque nunca tuvo miedo de que la soltara.
Luego llevaron las golosinas a la sala, cerrarían con algo bastante clásico, solo una película.
Sintió el brazo de Seijuro pasando por sus hombros y a Momo acurrucándose del otro lado.
—¡Napolitano! —exclamó Momo cuando abrió el bote de helado, y entonces Gou se decidió, así que sacó su teléfono y extendió el brazo para tomar una foto.
Los chicos se pusieron juguetones besando sus mejillas a la vez.
—¡¿La vas a mandar?! —exclamó Momo al ver que la adjuntaba a un mensaje de texto.
—Es para mi hermano.
Miró a uno y a otro, esperando su aprobación, y aunque Momo temía morir por agotamiento en alguna brutal sesión de entrenamiento, solo pudo asentir. Sin embargo, no esperó respuesta, luego de enviarla, dejó el teléfono sobre la mesa de centro y volvieron a acomodarse en la sala de estar.
El plan para el día siguiente sería un poco diferente, pero así lo decidieron, y seguirían firmes en sus convicciones, después de todo, así como Gou lo había explicado a Rin en su mensaje; si gusta o no, es un asunto, pero nadie desconoce que la vainilla, chocolate y fresa van juntos.
Comentarios y aclaraciones:
La verdad tenía bastantes inseguridades respecto a sacar algo romántico, más aún siendo una relación poco ortodoxa, pero me siento satisfecha con el resultado.
La petición iba así
"Free... pero es Gou X los chicos que les gusta la chica.
Pero no sukistrukis, pero algo dulce.
Yo pensaba que cada chico le pide una cita y ella apenada acepta y cada uno hace su luchita.
Gou tendrá como la canción: "uno en el día y el otro en la noche". Momo es dulce Gou y con Seijuurou es atrevida."
