Fufufu. Otro domingo, otro día de mudanza de Wattpad hacia Fic, ¿listos para algunas travesuras halloweenescas? *w* Hola a todos, aquí Coco, quien está feliz de poder compartir con ustedes esta obra que, definitivamente, si que estaría en la lista negra de cierta aplicación XD Estoy muy agradecida de que tantos de mis lectores me hayan acompañado aquí, ¡los adoro chicos! Espero que se estén divirtiendo al leer esto como si fuera la primera vez UwU Y si ese es el caso, ¡muchas gracias a mis nuevos lectores por darme la oportunidad! No perdamos más el tiempo ^3^ Les mando un beso, un abrazo y, como siempre digo, ya saben que hacer 3 Posdata: hoy también hay capítulo doble, muchas gracias por su paciencia.


4 Libidinis Pulcra

Aunque su maestra le había advertido que no hiciera eso muchas veces, la cara de Vivian tenía una sonrisa pervertida que no podía con ella. Estaba un poco molesta por tener que llevarle la bebida a Gil en una taza, pero los vasos limpios se habían terminado, y tenía que encontrarlo enseguida, antes de que cualquier otra chica se ofreciera a él para saciar sus instintos. Tenía confianza en que lo lograría a tiempo.

Después de todo, él era un caballero: modales eran perfectos, etiqueta, y era tan gentil que hasta para rechazar mujeres era dulce. Sí, él no se dejaría tentar con facilidad. Estaba segura de que en cuanto Gilthunder sintiera los efectos de su hechizo, se iría a resguardar a cualquier habitación para estar solo. Sin embargo, no lo encontraba. Cuando por fin comenzó a desesperarse, Vivian vio a su amiga Melascula caminando por un pasillo mientras se partía de la risa.

—¿Cómo? ¿Sigues aquí, querida? —se burló la pelimorada mientras la veía con una sonrisa cínica.

—Obviamente. La magia prohíbe que te vayas hasta que ganes o pierdas el juego, ¡y ni siquiera he encontrado a mi adorado caballero! —La diablilla volvió a reírse y luego le señaló una habitación con su uña afilada de barniz negro.

—Entonces más vale que veas lo que están haciendo esos dos ¡nada de caballero! ¡Estás por hacer "puff" en cualquier momento!

—¡¿Qué?! —La bruja le dio el vaso, y vio con horror cómo, en el cuarto para servidumbre y sobre la mesa de trabajo, estaba la tímida y recatada Margaret Liones con el vestido levantado hasta la cintura y abriendo las piernas para el hombre pelirosa que ella tanto había estado buscando. Parecía un salvaje. La penetraba como si su vida dependiera de eso, y tenía las rodillas de la chica tan abiertas que parecía querer partirla en dos. Mientras, la joven gemía con un hilo de saliva escurriendo de la comisura de la boca, sus enormes pechos rebotando al aire, y la cara roja con la misma expresión lujuriosa que tenía él.

—Gil. ¡Aaah! Jamás pensé que… así es como se sentiría tener dentro a un hombre.

—Y a partir de hoy, solo puedo ser yo. Margaret… —La levantó haciendo que enroscara sus piernas alrededor de su cadera, y la apoyó contra la pared para seguir embistiéndola ferozmente— ¡Solo yo! —Vivian se alejó con lágrimas en los ojos y mocos fluyendo de su puntiaguda nariz, mientras los dedos de sus manos se desvanecían en humo color rosa.

—Gil… mi Gil… ¡No es justo! —Y tras un sonoro "puff", dejó a Melascula sola en el pasillo.

—Te lo tienes merecido —La pelimorada bajó a la fiesta con la poción de la bruja caída en la mano y, armada con doble magia, se puso a ver cuál sería su víctima de esa noche. Acostado en uno de los enormes sillones, estaba un chico castaño disfrazado de algo que podía haber sido tanto calabaza como gatito—. Mmm, no es mi estilo jugar con niños, pero bueno. —Justo cuando estaba por ir a por él, una chica alta con coletas se acercó.

—¡King! ¿Te sientes mal?

—¡Diane! —El pequeño miró a la castaña con ojos brillantes y la punta de las orejas rojas.

«Oh, ya veo», pensó la astuta bruja. Y es que Melascula, sin importar lo oscura y cínica que era, se consideraba a sí misma una experta en temas de seducción y amor. Aquellos dos estaban que ardían por el otro, pero eran tan obtusos sobre eso que ninguno se había atrevido a dar el siguiente paso. «Bueno, ellos serán mi buena obra del día, ¡no sea que Santa Claus no me vaya a traer nada en navidad!». Se rió un poco mientras se acercaba a la pareja y agitaba el frasco color rosa para que diera mejor efecto.

—¿Problemas con la resaca? —La pelimorada le extendió el vaso al chico calabaza, y le guiño un ojo con complicidad—. Ten. Para cuando termine la noche, te vas a sentir de maravilla.

—Gracias —King vació el contenido en dos o tres tragos y después se recargo en el sillón—. ¡Vaya! Parece que funciona rápido. —Melascula sonrió de tal forma que parecía que la cara se le partiría a la mitad.

Meliodas estaba buscando a Elizabeth por todas partes. No sabía exactamente porque, pero sentía que tenía que hacerlo. Cada vez que cerraba los ojos veía su rostro lloroso, y a pesar de que por años fue víctima de sus burlas y travesuras, jamás había llegado tan lejos como para lastimarla. Lo hacía sentir culpable, como si le clavaran una daga en el corazón y la retorcieran. Aún si eso iba contra su orgullo e historia familiar, tenía que encontrarla y disculparse. Buscó tras cada puerta que encontraba, solo para notar dos cosas: uno, que ya casi no había gente, y dos, que los pocos que quedaban estaban muy ocupados en su "truco o dulce".

«¿En qué momento esta fiesta se convirtió en una jodida orgía?», se dijo tratando de excusar el hecho de que él también se sentía algo afiebrado. Entonces vio a Monspeet y Derieri en la cocina, y justo cuando estaba pensando que por fin encontró gente actuando normal, se detuvo en seco al ver cómo ella se subía a la barra y abría las piernas con un bote de miel en la mano.

—Meliodas, ¿no ves que estamos ocupados? —dijo su amigo mientras lo miraba con astucia.

—No hay problema amor. Después de todo, este es nuestro tercer asalto —La chica bajó y se acercó al rubio que aún no atinaba a decir nada con una sonrisa amable—. ¿Y? ¿Qué quieres?

—Par de locos. ¿Es que acaso nada de lo que está pasando les parece extraño?

—Pues no. —rió la pelinaranja, para después lamer la cuchara de la miel—. Es Halloween. Todos se atascan de cosas dulces y deliciosas en Halloween.

—Aunque claro, nosotros siempre somos así. —contestó su pareja.

—Como sea. Finjamos que es normal y vamos al grano. ¿Alguno ha visto a Elizabeth?

—Bastardo, ¿fuiste tú quien la hizo llorar? —La pelinaranja esgrimió su cuchara como si fuera un cuchillo ante su cara, y de pronto su traje de tigresa fue más amenazante que nunca.

—No te alteres, preciosa —La detuvo el muchacho vestido de genio de la lámpara—. Sí, la vimos.

—¿Dónde?

—La dejamos en el cuarto de huéspedes de la izquierda. Derieri la acostó para que descansara un poco.

—No la molestes, maldito. Si la haces llorar otra vez, te meteré esta cuchara por el…

—¡Ya entendí! ¡No le haré nada! Nos… nos vemos en un rato. —Ambos contemplaron a Meliodas subir de las escaleras, y luego el genio le sonrió a su feroz felina.

—¿Crees que por fin resuelvan sus cosas para estar juntos?

—Ni idea. Ahora está completamente en sus manos, y estará un rato ocupado en eso. Hablando de manos ocupadas… —pestañeó con coquetería, y antes de que el otro acabara de reaccionar, destrozó la parte delantera de su disfraz dejando sus suaves y redondos pechos al aire—. Rrrrrr….

—¿Elizabeth? —El rubio había llegado a la habitación, y en cuanto la abrió, vio la silueta de la chica bajo las sábanas—. Ahí estás, por fin —Entró cerrando la puerta, y se sentó lo más lejos que pudo de ella sobre el colchón—. Escucha... lo siento. No sé qué me pasó, pero no era mi intención herirte así —Ella se revolvió en la cama y se sentó con la cobija aún sobre la cabeza—. Sé que lo nuestro es... complicado. Pero te juro que no deseo humillarte . —Hubo un largo momento de silencio antes de que contestara.

—¿Y qué es lo que deseas? —La voz le había salido tan extraña que Meliodas tuvo que voltear a verla. Efectivamente, esa era Elizabeth. Tenía las mismas facciones nobles, la cara angelical, el pelo plata, y la expresión dulce en el rostro. Pero había algo en sus ojos que no encajaba. De pronto se sintió nervioso.

—No lo sé, pero… —Sintió como se ruborizaba mientras su sonrisa se ensanchaba de manera siniestra.

—Yo sé lo que quieres —La chica se le acercó gateando de manera seductora, y lo abrazó del cuello pestañeando coquetamente—. Te gusto, ¿verdad?

—¡¿Qué?! ¡No! —Ella acercó la boca a su oído y le susurró con el mismo tono sexy y extraño.

—Estás mintiendo. —Comenzó a lamerle la oreja, haciéndolo gemir y abrir los ojos como platos—. ¿Quieres que te lo demuestre? —Entonces unió sus labios, y lo que ambos habían deseado por tanto tiempo por fin ocurrió.

Al principio Meliodas no se movió, demasiado sorprendido como para hacerlo. De repente, sin poder evitarlo, se vio correspondiéndole. El beso empezó de forma oscura, un acto vacío cargado de lujuria. Sin embargo, con el pasar de los segundos, esa energía maligna se fue dispersando mientras su unión se hacía más real. Tocaban y acariciaban con ternura, permitiendo que sus almas hablaran. Entonces se unieron en un abrazo tan sincero que el hechizo sobre ellos se rompió por un momento y, cuando se separaron, fue como si se vieran por primera vez en años. Ambos estaban ruborizados y con la respiración agitada, pero Elizabeth tenía razón. Ahora ninguno de los dos podía negar lo que estaba pasando.

—Yo no… —La joven se separó rápidamente del abrazo y corrió hacia el balcón, alejándose de él con expresión confundida—. Esto es…

—Elizabeth, cálmate.

—No sé qué me ocurre. Mi cabeza… se siente confusa y perdida. Tengo miedo —Al mismo tiempo que lo decía, le salieron una cola puntiaguda y alas negras. Meliodas intentó acercarse, preocupado por lo que le pasaba, pero apenas la tocó, ella se alejó con una expresión devastada y triste—. No quiero esto. Perdóname —dijo. Luego giró hacia la ventana y se arrojó.

—¡Nooooo!

—¿Qué le diste, Melascula? —Reclamó Diane mientras el pobre King gemía bajo las cobijas en posición fetal—. Está peor que antes. Está mareado, tiene fiebre, y dice que le duele, pero no quiere decirme dónde.

—¿Por qué te importa tanto, linda? Si se puede saber. —La chica de coletas se ruborizó mientras jugaba nerviosamente con su cabello.

—So… solo estoy preocupada por el hermano de mi amiga.

—¿Solo eso? ¿En serio? —Ella no contestó. Solo vio el bulto tembloroso que era el pobre castaño con una expresión indescifrable, y no cedió hasta que la culpable soltó un suspiro de resignación—. De acuerdo. Haré algo, pero tú deberás quedarte aquí hasta que él se sienta mejor, ¿lo prometes?

—¡Hecho! Solo apurate.

—Perverso. ¡Digo! Perfecto —Entonces la pelimorada salió, relamiéndose de la broma que les iba a hacer y sabiendo exactamente qué era lo que seguía. Por suerte ese era el cuarto que ella usaba cuando estaba de visita. Sacó la llave que le había dado Vivian para esos casos, y los encerró con candado.

—¿Qué estás haciendo? ¡Mela! —Pero la diablesa ya se había ido—. Se acabó, ¡voy a matarla!

—¿Diane? —King se había sentado en la cama y la miraba con ojos somnolientos.

—Descuida Arlequín. ¡Esa desgraciada va a conocerme!

—Estoy feliz. No creí que supieras mi nombre real —La chica se ruborizó violentamente, y luego se giró para verlo. En verdad lucía mal, tenía la respiración agitada y la cara roja. Pero lo más extraño es que tenía la mirada perdida—. Tengo mucho calor. —Ella prácticamente se desmaya cuando lo vio comenzar a desabrocharse los tirantes de su mono.

—¡King! Espera, no hagas eso —Pero justo cuando le agarró las manos para impedir que siguiera desvistiendose, el hechizo cayó también sobre ella. No recordaba porqué estaba ahí, no recordaba su nombre. Pero sí sabía que tenía que ayudar al chico que estaba frente a ella, y lo haría de una forma u otra—. Pobrecito. ¿Te sientes miaul?

—Sí. Estoy ardiendo. —Solo la fiebre impidió que viera cómo las orejas y cola de gato del disfraz de la chica que le gustaba cobraban vida.

—Purrr —Diane comenzó a quitarle la ropa mientras él se esforzaba por cooperar. Cuando al fin le saco la camisa, ella aplaudió entusiasmada—. Miau bien, ¡voy a ayudarte! —Entonces la voluptuosa felina se le subió encima para lamerlo. Sin saber si era el infierno o el cielo, un sueño o la realidad, King se dejó humedecer el cuerpo mientras la excitación de ambos inundaba el cuarto de feromonas y más calor.

—Mmmm… Ungh… Diane…

—¿Mmm?

—Me duele… aquí. —El chico señaló su pantalón, que era lo único que aún llevaba puesto. No necesitó decir más antes de que ella encajara las garras en sus tirantes para tirar hacia abajo y desnudarlo por completo. Apenas lo hizo, el aroma de su pequeño amigo la golpeó con toda su fuerza, y fue su turno para sentirse mareada y afiebrada deleitándose en lo bien que olía. Lo único que la hechizó más que eso fue ver la rosada forma alargada que se elevaba entre sus piernas.

—¿Aquí es dónde te duele?

—Sí. ¡Aaahhh! —La gatita lo había aprisionado entre sus manos y comenzó a acariciarlo de arriba abajo—. Diane, ¿qué estás haciendo?

—Estoy miausajeando para que ya no duela —Durante algunos minutos siguió con esa lenta y deliciosa "terapia" mientras sentía como aquella parte de él estaba cada vez más hinchada y caliente—. Parece que no baja la fiebre. ¿Y si también le doy un baño de lengua?

—No Diane, espera. ¡Aaaahhh! —Ella no escuchó y, en un acto de glotonería, se lo metió a la boca. Subía y bajaba con lentitud, lamía la punta y luego los lados. Comenzó a mover las caderas involuntariamente, deseosa de algo que no sabía que era. Luego lo entendió de golpe.

—King, creo que yo también tengo fiebre. ¿Puedo pedirte un favor?

—Lo que sea. —Ella subió a la cama con él de un salto y se colocó en cuatro dándole la espalda.

—¿Puedes meterte en mi? Presiento que ambos nos sentiremos mejor si lo hacemos.

—¡¿Qué?! —gritó recobrando la razón por un segundo. Sin embargo, no lo suficiente. La gatita había deslizado su ropa interior hacia abajo, dándole una maravillosa vista de su hendidura rosada y palpitante. Se veía tan húmeda, cálida y suave, que simplemente no pudo resistirse—. ¿Estás segura de esto?

—Miau segura. ¡Vamos! —El chico no la hizo esperar. Se colocó detrás de ella, inhaló de forma temblorosa, y fue entrando lentamente, dilatándola de forma gentil—. ¡Aaahhh! ¡Es muy grande! ¿Cómo puede ser tan grande si tú eres tan pequeño? —Cuando estuvo dentro por completo, sintió un placer tan grande que no quería que parara. Luego él empezó a moverse, y aquello la catapultó a una dimensión jamás conocida por ella—. ¡Qué rico! ¡Se siente delicioso! ¡Más! —Comenzó a ir a su encuentro en cada embestida, y pronto, ambos alcanzaron el ritmo perfecto.

Estaban totalmente dominados por la lujuria, no pensaban ni sentían más allá de esa cama. Sin embargo, en medio de esa oscuridad, ambos descubrieron algo que rompió con la maldad. Hechizados o no, en realidad, ambos querían que eso pasara. Las contracciones se aceleraron, también sus latidos, y al darse cuenta que aquel encuentro era mucho más que una cosa de una sola noche, por fin entendieron que sus sentimientos ocultos por años en realidad eran correspondidos.

—¡Diane! ¡Te amo!

—Y yo a ti, ¡King! —Con estas palabras ambos se catapultaron hasta la luna, convirtiéndose en polvo de estrellas mientras estallaban de placer. Cuando al fin regresaron al presente, se quedaron inmediatamente dormidos. No sabían que esa travesura se repetiría varias veces hasta que saliera el sol.


Fufufu 7u7 No se vayan todavía, que aún nos queda un capítulo más para leer hoy. Nos vemos en la siguiente página.