Lo admito, el siguiente es uno de mis capítulos favoritos 7u7 Adoro el Geldris. ¡Muchas gracias por acompañarme a disfrutarlo!
5 Imperium Totalis
Gelda estaba harta de esa fiesta. Había sido una mala idea ir en primer lugar, pero a esas alturas, la cosa era absurda. Los que no se habían ido andaban tan calientes que aquello parecía una orgía, y ahora, los tontorrones que aún buscaban pareja no dejaban de coquetearle. El peor de todos era Estarossa.
—Vamos nena, ¿no puedes fingir que te equivocaste de Demon y darme un beso? —Es verdad que también se sentía un poco extraña, que no estaba pensando con claridad y que se sentía acalorada. Pero jamás, ni loca ni muerta, se acostaría con un patán de esas medidas. Le estampó su bolso en la cara, completamente fastidiada, y se dispuso a dar por terminada la noche.
—Sobre mi cadáver —refunfuñó, aunque no tenía mucho sentido decirlo, pues era un vampiro. Vio esta misma respuesta reflejada en los ojos lascivos del albino, y lo único que se le ocurrió fue sacarle el dedo de enmedio antes de darse la vuelta—. Olvídalo. Me largo de aquí. —La rubia salió hecha una tormenta hasta la puerta trasera de la casa, donde el aire frío y la neblina la refrescó aclarando su mente un poco.
«Qué tontería. ¿Para qué vine en primer lugar?», se cuestionó, pero sabía muy bien la respuesta. Había esperado verlo "a él". Sabía que lo suyo era un amor no correspondido. El pecho se le hundió con el peso de la decepción y la vergüenza, y se disponía a irse cuando de pronto un grito escalofriante la detuvo.
—¡Elizabeeeeeth! —Giró con el corazón acelerado, y vio horrorizada como una chica se dejaba caer desde una ventana. Esperaba en cualquier momento escuchar el golpe contra el piso, pero no. Justo antes de llegar, la joven alzó el vuelo con unas alas similares a las de un murciélago y su silueta cubrió la luna por un segundo.
«Que hermosa y bizarra pesadilla», se dijo a sí misma. Tenía que serlo, y la prueba fue que, dos segundos después, el chico que la llamaba hizo lo mismo. Un vampiro persiguiendo a una diablesa por el cielo de forma implacable, y se notaba que ella estaba cada vez más angustiada. No supo exactamente por qué, pero Gelda sintió una furia inexplicable al ver que otra chica era acosada. «Bueno pues, si esto es un sueño, tal vez pueda…», y tuvo razón. Porque con solo desearlo, ella también se elevó en el aire a toda velocidad, chocando contra Meliodas para cerrarle el paso.
—¡A un lado, Gelda!
—Creo que ella dijo "no", patán.
—No te metas donde no te llaman.
—Y tú no vayas donde no te invitan.
—Qué lista. ¿Por qué no mejor vas a ver si Zeldris necesita tetero? —Eso la puso aún más furiosa de lo que estaba. A pesar de su apariencia extremadamente joven, ella en realidad tenía veinticinco años. Había sido niñera de Zeldris cuando él tenía diez y ella diecinueve. Habían sido solo unos pocos meses, pero en ese tiempo ella se había enamorado profundamente de él. Pero no era correcto. Era pecaminoso, ¡era ilegal! Además, con toda seguridad su niño había cambiado en ese tiempo. Probablemente sería tan patán como sus hermanos mayores en ese momento. Aún así, le avergonzaba que el rubio se burlara así, sobre todo porque años atrás él se dio cuenta de todo y había prometido guardar el secreto.
—No sabes respetar el corazón de una dama. ¿No sabes que los sentimientos de una mujer arden como el fuego? —No supo cómo lo hizo. Solo supo que había rodeado a Meliodas con llamas rojas que salían de sus manos y lo había derribado a tierra. Milagrosamente, no murió. En cuanto este se levantó del piso, una especie de llamas de color negro rodearon su cuerpo y apagaron las suyas por completo.
—¡Suficiente! Gelda, por última vez, ¡no te metas! —Ella había bajado dispuesta a enfrentarlo, pero lo que vio la sorprendió tanto que incluso logró detenerla. El orgulloso, iracundo y terco Meliodas tenía lágrimas en los ojos—. ¡Por favor! Tengo que encontrarla. ¡Tengo que entender qué es lo que sentimos el uno por el otro! —Luego se fue corriendo de regreso a la casa, dejando a la rubia boquiabierta, pero feliz. Al menos el zoquete había madurado un poco en los seis años sin verse. Tal vez no era un patán. Y eso quería decir que tal vez, solo tal vez, Zeldris tampoco lo era.
Elizabeth entendió muy rápido que no iba a poder irse de ahí hasta que resolviera lo suyo con Meliodas. Ahora no solo no podía salir de la casa, sino que era como si todas las puertas se le estuvieran cerrando para acorralarla. Parecía que la mansión hubiera cobrado vida y quisiera que se estuviera quieta el tiempo suficiente para que él la alcanzara. Cansada, se sentó en un sillón de la sala a esperar lo inevitable. Una silueta se apareció en el marco de la puerta y ella cerró los ojos esperando las siguientes palabras.
—Hola, linda —Esa no era su voz. Alzó la mirada y vio que frente a ella estaba el hermano de Meliodas, Estarossa Demon—. ¿Qué hace una belleza como tú tan sola en esta sala?
—No estoy sola. Estoy esperando a…
—Vamos, no hay necesidad de mentir. No puedes estar buscando a tus hermanas. Las vi hace un rato, y créeme cuando te digo que están ocupadas. Una incluso dejó parte de su ropa aquí —Elizabeth volteó y, horrorizada, corroboró que la parte de arriba del vestido de Verónica estaba en otro sillón—. Además, ¡mírate! Te ves deliciosa esta noche —Elizabeth echó un vistazo a su llamativo traje de diablo y corrió a ponerse el saco que había dejado su hermana. Apenas había terminado de cubrirse cuando sintió el aliento alcohólico del peliplateado en su cuello—. Llevo toda la noche buscando una compañera de baile, ¿no te apetece "moverte" conmigo?
—Suéltame. ¡No! —Él la había tomado fuerte por la cintura y ahora estampaba salvajemente sus labios contra los de ella. En cuanto paró para tomar aire, Elizabeth gritó con toda la fuerza que podía—. ¡Ayuda! —Él la cayó tapándole la boca y luego la arrojó al sillón.
—¡Qué escandalosa! Nadie vendrá, muñeca, todos están demasiado ocupados haciendo la misma cosa. Ahora, ¿qué tal si usas esa boca sexy para algo más útil? —El enorme hombre la acorraló de nuevo, la sujetó poniendo sus brazos por encima de la cabeza, y comenzó a besarla otra vez.
«No, yo no quiero esto. Ayúdame por favor. ¡Meliodas!».
—¡Quítale las manos de encima a mi mujer! —En cuanto escuchó estas palabras, el cuerpo de Estarossa salió volando para estamparse contra la otra pared. El rubio solo había tenido que usar una mano, y ahora, el peliplateado estaba noqueado e inconsciente. La furia lo había dominado por completo, y Elizabeth se encogió un poco de miedo al ver las siniestras marcas negras que cubrían su rostro; luego, estas comenzaron a desaparecer, y cuando se giró para verla, sus ojos volvían a ser los de siempre—. Elizabeth, ¿te encuentras bien? —Ella solo corrió a sus brazos y comenzó a llorar descontroladamente.
Gelda no estaba segura de por qué, pero al final, había decidido regresar a la casa para tratar de encontrar a Zeldris una vez más. Deseaba verlo desesperadamente, tal vez incluso hablarle de sus sentimientos. Tanto si había cambiado como si no, lo cierto era que quería averiguarlo ella misma. Cuando lo encontró, casi vomitó de la rabia que le dio. El tonto estaba haciendo un baile extraño frente a Melascula y algunas de sus amigas que aún no se habían evaporado.
—¡Muy bien! Ahora da un giro doble y termina en una reverencia —Zeldris obedeció de inmediato, pero cuando estaba a media pirueta, la rubia vio algo que le heló la sangre. Era como si él en realidad no estuviera ahí. Parecía inconsciente, y su cuerpo se movía contra su voluntad.
—¡Melascula! —La vampiro se acercó para sujetarle el rostro al pelinegro, y vio con horror cómo sus ojos estaban por completo vacíos y ausentes—. ¡¿Qué demonios le has hecho a Zeldris?! —En ese momento las amigas de la demonio se "puffearon", dejándolos a los tres en un silencio incómodo y escalofriante.
—Se llama ruleta rusa. Escondí un poco de mi poción controladora de mentes en vasos al azar, y al parecer, tu precioso niño fue el de la mala suerte. Ahora me divertirá toda la noche. Zeldris, ven para acá, querido —El joven se zafó de sus manos y caminó hacia la otra con pasos lentos—. Muy bien. Ahora haz algo más interesante. Desvístete para nosotras —Gelda se quedó pasmada mientras veía cómo obedecía. Sí que había cambiado con los años. Antes tenía la redondez suave de los infantes. Ahora tenía un pecho firme y abdomen de dios griego. Su piel blanca brillaba como mármol, tenía espaldas anchas y cintura estrecha. Pensó que era perfecto—. ¿Te gusta lo que ves, linda? Me temo que a mí no me interesa mucho, pero si quieres puedo dártelo… a cambio de que me traigas un compañero para jugar.
—¿A qué te refieres?
—A esto. —La dama serpiente dislocó su mandíbula para sacar su larga lengua, y lamió la cara de su víctima con obvias insinuaciones libidinosas.
—¡Para! Está bien, entiendo. Creo que tengo en mente al compañero perfecto para ti.
—Pues tráemelo rápido, antes de que me aburra y se me ocurra pedirle a Zel algo más… entretenido.
—Enseguida lo tendrás. —La rubia no tuvo que buscarlo mucho. Encontró al idiota peliplateado en una sala, sobándose la cabeza y con cara de confundido.
—¡Hola preciosa! ¿Qué tal, cambiaste de opinión? —Gelda sonrió con crueldad, nada arrepentida de lo que iba a hacer, y le ofreció una mano al hombre para que se levantara.
—Claro bombón. Ven conmigo, quiero presentarte a una amiga.
Había pasado un largo rato, eran las tres de la mañana, podían oír cómo la bruja y el demonio follaban en el otro cuarto. Pero al menos Gelda tenía a Zeldris a salvo sentado con ella en el sillón. Lo único que quedaba era soportarlo y esperar a que la otra se desocupara para enterarse de la forma de romper el hechizo. A juzgar por los gemidos desenfrenados de ambos, probablemente estaban a punto de acabar.
—¡Aaaahhhh! ¡Oh, sí! Eres un excelente compañero de baile.
—Lo que sea por complacer a las damas.
—Más. ¡Maaaaaás! ¡Aaaahhh! —Se escuchó cómo él le daba una fuerte nalgada mientras bramaba como toro, y lo único que Gelda pudo hacer fue tapar los oídos de su adorado pelinegro. Probablemente no era la primera vez que oía algo así, si no es que él mismo había hecho algo similar, pero Gelda simplemente se negaba a aceptarlo—. ¡Me voy a venir! ¡Me vengo!
—¡Yo también! —Y con un sonoro grito, ambos lo hicieron. Apenas el musculoso se liberó dentro de ella, desapareció en un sonoro "puff".
—No me arrepiento de nada —La pelimorada se levantó elegantemente y salió de la habitación para encarar a la joven pareja—. Fue adorable. ¡Muchas gracias, preciosa! —Melascula sacó el frasco con poción amarilla de su escote y se lo dio a Gelda mientras sus dedos se iban convirtiendo en humo—. Yo cumplo mis promesas, es lo que mi exnovio Galand me enseñó.
—¿Cómo deshago el hechizo que le lanzaste a Zeldris?
—Querida, el efecto se irá solo. Durará hasta que salga el sol, y después, todo volverá a la normalidad.
—¿De verdad? ¿Entonces solo debemos esperar hasta que amanezca?
—Fufufu, yo nunca miento —Melascula ya había desaparecido hasta la cintura, pero con una sonrisa coqueta, le dijo a la vampira unas últimas palabras antes de desaparecer—. Yo que tú, aprovecharía la oportunidad para hacer algo con él mientras llegan las seis. Cuando el hechizo termine, ninguno de los dos recordará lo que ha pasado esta noche.
—¡¿Qué?! —Lo último en borrarse de la bruja fue su sonrisa de labios rojos, y ahora, Gelda se encontraba frente a una gran tentación. ¡Tenía a Zeldris para ella sola! Giro para mirarlo con atención, y se entretuvo en analizar cada una de las facciones de su rostro para compararlas con sus recuerdos. Aún era un poco corto de estatura, delgado y de rasgos tiernos. Sin embargo, también se había convertido en un hombre muy guapo. Decidió que aún estaba enamorada de él. No pudo resistirse más. Pasó la mano por detrás de su nuca y se fue acercando lentamente para darle un beso. Sintió una explosión de pasión al hacerlo.
—Zel… —Había deseado hacer eso por mucho tiempo, y ahora lo tenía en sus manos—. Zel, correspóndeme. —El pelinegro cerró los ojos y obedeció de inmediato. Los gemidos de Gelda eran absorbidos por la boca de su adorado niño, pues aunque ya no lo fuera, seguía siendo suyo.
«¡Besa tan bien! ¡No puedo resistirme!». Le echó los brazos al cuello y decidió que, por una vez, le haría caso a la oscuridad que llevaba dentro y tomaría lo que deseaba. Iba a hacerlo completamente suyo.
—Ven conmigo —Él la siguió obediente hasta lo que parecía un ático. La habitación contaba con una enorme cama, un sofá, y una ventana que dejaba ver la luna. Sin poder contenerse, Gelda fue desvistiéndose hasta quedar solo en ropa. Luego tomó aire, se sentó en el sillón y probó a usar su nuevo poder—. Por favor cierra con llave y vuelve aquí —El pelinegro obedeció, y se quedó mirando a la rubia con unos ojos enormes, oscuros y vacíos. Ella se mordió el labio inferior, sepultó la culpa en deseo, y dió rienda suelta a sus pasiones con solo una orden—. Desvístete.
Obedeció mientras ella se deleitaba viendo cómo lo hacía. Primero su camisa se deslizó desde sus hombros, permitiéndole admirar su perfecta musculatura. Luego se quitó los zapatos, y Gelda sintió que se mojaba mientras veía sus pies desnudos y sus manos se dirigían al cierre de su pantalón. Lo bajo con todo y calzoncillos, lenta y sensualmente, y ella se tuvo que preguntar si alguna vez había visto a un hombre tan perfecto como el que tenía enfrente.
—¡Zel! —Se levantó de un salto y lo abrazó con fuerza—. No sé si puedes oírme, o si lo que dijo Melascula es cierto y lo olvidarás todo en la mañana. Solo quiero que sepas que no hago esto por lujuria. Zel, ardo por ti desde hace mucho. Te amo —confesó dando un sonoro beso en su mejilla. Luego siguió hablando en su oído con la respiración cada vez más acelerada—. Te amo desde el día en que te conocí, te extrañé cada momento que estuve lejos de ti, allá en la Universidad —Luego besó la comisura de su boca, saboreando su dulzura y suavidad—. Pero ahora estoy aquí, y aunque sepa que todo terminará en la mañana, ¡al menos esta noche quiero que seas mío! —El último beso fue en los labios, y ella sintió como su corazón se derretía para meterse en la boca de él—. ¡Corresponde! Y hazlo cada vez que te bese. —Él así lo hizo, y ella se sorprendió cuando, además de labios, comenzó a meter la lengua.
«Es un sueño hecho realidad», se dijo mientras el sabor dulce de la inocencia se disolvía en algo que tenía un gusto similar a whisky y arándanos.
—Abrázame cariño, y quiero que me toques como yo te toco a ti —La chica se quitó la ropa lo más rápido que pudo y lo abrazó otra vez. Deslizó las manos sobre sus hombros y a través de su espalda, al mismo tiempo que le enterraba un poco las uñas. Luego llegó al trasero y lo apretó suavemente—. Zel, eres el hombre más sensual que haya visto —Finalmente, se arrodillo frente a él y posicionó sus labios a la altura de su miembro—. Te amo Zeldris —Y dicho eso, se lo metió a la cuerpo del pelinegro comenzó a temblar, y en cuanto Gelda lo percibió, se separó un momento para darle otra indicación—. Zel, puedes gemir. No, ¡te ordeno que hagas! —Apenas lo dijo, el chico cerró los ojos y abrió los labios para dejar que el sexy sonido saliera.
—¡Aaaaahhh!
—¡Eso es! Quiero escucharte —Sus sonidos eran una canción que Gelda quería oír por el resto de su vida.
Cuando sintió que ya estaba demasiado duro, se separó de él para pedirle recibir el mismo tratamiento. El pelinegro obedeció en el acto. Súbitamente la tomó de la cintura para hacerla girar y cambiar de lugares, y luego fue él quien hizo el recorrido. Gelda gritó de placer al sentir sus uñas, se mordió el labio al sentir las manos sobre su trasero, y no pudo evitar retorcerse cuando sintió su lengua tocando la parte más sensible de su ser. Él se paró un momento para empujarla hasta que sus rodillas chocaron con la orilla de la cama y, ya acostada, la abrió suavemente para volver a explorarla con la boca.
—¡Zeldris! ¡Carajo! —Su cuerpo empezó a convulsionarse, se ahogaba en un mar de placer. Cuando sintió que no podía resistir más sin dejarlo atrás, usó toda su fuerza para intercambiar lugares de nuevo—. Voy a tomarte —Desesperada, colocó su duro miembro en su entrada, y antes de dejarse caer, le dijo a su amante unas últimas palabras—. Zel, ya no importa si no lo recuerdas mañana, o si yo misma no me acuerdo. Con esto, estaremos unidos para siempre.
En cuanto lo tuvo dentro, Gelda gritó como loca y comenzó a ondular sus caderas en una cabalgata que iba acelerando. Él gemía a su vez, y para ser alguien que estaba controlado, Gelda quiso creer que lo disfrutaba. Los minutos se alargaron como si fueran eternos, o quizá solo pasaron unos instantes, pero lo importante era que ambos vampiros acababan de encontrar el paraíso en medio de la noche.
—Hazlo conmigo. Zel, es una orden. ¡Córrete dentro de mí! ¡Aaaaaahhh! —Obediente, el pelinegro cerró los ojos, formó una "o" perfecta con la boca, y dejó ir hasta la última gota dentro de la rubia, que lo recibió con una sonrisa de absoluto éxtasis. No se movieron hasta que ella pudo controlar sus piernas, y entonces, lo liberó de su interior para recostar la cabeza en su pecho. Acto seguido se soltó a llorar.
Sabía que lo que había hecho estaba mal, y le avergonzaba reconocer que en realidad no se arrepentía. De hecho, estaba insoportablemente feliz, y se quedó ahí disfrutando de los rescoldos de pasión y el tranquilizador sonido de sus latidos hasta que, súbitamente, una sensación extraña asaltó sus sentidos. Tenía sed. Sentía la boca seca, como si la naturaleza de vampiro que le dio aquel hechizo la incitara a beber sangre. Rió sin hacerle caso y se dispuso a dormir. Estaba demasiado feliz y tranquila para hacerle caso a esos impulsos. Cerró los ojos esperando poder recibir su perdón cuando despertara.
Y con eso, damos por terminada la ración de hoy de travesuras, fufufu UwU De nuevo, muchas gracias por haberme acompañado otro domingo, mis coquitos. Nos vemos la próxima semana para el final, ¡no se lo vayan a perder!
