Capítulo 3
Dos semanas más tarde…
Flavio no tardo mucho en volver a casa después de su susto. En todo este tiempo, se sintio pleno porque Irina había estado con el todo el tiempo, ayudándolo y comiendo con él. Su mama parecía un poco mas permisiva, dejando que viniera solo porque había estado al borde de la muerte y no quería parecer tan malvada delante de sus hijas.
Sonrió mientras subía las escaleras a su habitación. No había podido tener mejor mujer para hacerse cargo de el e incluso sus hermanas parecían mas calmadas, viniendo a visitarlo a él y asegurándose que sus hermanos estuvieran bien.
Flavio no pregunto, pero, aunque no le sorprendió de Sofia, si lo hacia de Andrea, que había estado muy pendiendo de ellos. Flavio no se lo esperaba, pero la verdad era que le sentaba bien parece menos una 'bruja amargada' y mas la mujer que ahora sí, parecía ser hermana de Sofia e Irina.
En cualquier caso, aquella noche las hermanas no habían podido venir porque Leonardo había sido brutalmente golpeado y su mama las necesitaba en la casa así que Flavio decidió tomarse sus medicinas, cenar con sus hermanos e irse a la cama, pero cuando paso por la habitación de Beatriz Alcázar y su hermano, escucho como la mujer tosía y se preocupó así que se acerco a la puerta y llamo, esperando que le contestara.
"Adelante…" susurro Beatriz.
Flavio abrió la puerta y entro en el cuarto, encontrando a la mujer en la cama, como el, Beatriz sufría un problema de corazón que ya les había dicho que era mortal y que acabaría llevándose su vida y eso lo preocupaba.
"¿Beatriz?" pregunto Flavio. "¿Está bien?"
"Flavio… si, claro." dijo Beatriz. "¿Y tú? ¿Cómo estás?"
"Estoy mucho mejor, la medicina ayuda y el marcapasos esta funcionando bien." dijo Flavio, acercándose a ella. "Pero me preocupa usted, Beatriz. Se que no se ha sentido bien últimamente."
Beatriz sonrió y señalo el espacio enfrente de ella, en su cama, para que Flavio se sentara luego, le tomo la mano y se quedo un momento pensando, como si quisiera decir muchas cosas y a la vez, no quisiera decir nada. Flavio apretó su mano suavemente y Beatriz lo miro, levantando su mano libre para tocar su cara.
"Sabes que no me queda mucho tiempo, Flavio. Tu hermano me ha devuelto las ganas de vivir y tu y Arturo son una bendición, pero a mí, nada puede salvarme." dijo Beatriz. "Pero no quiero que estén tristes, ustedes tienen la felicidad delante de ustedes. Tu recuperaste a tu princesa, Arturo volverá con Sofia, estoy segura y Samuel… bueno, el encontrara el amor en otros ojos que ya lo adoran."
"Pero Beatriz…" dijo Flavio.
"Esta bien, yo soy feliz y he sido muy feliz." le dijo Beatriz, colocando una mano sobre el corazón de Flavio. "Ahora necesito que tu me prometas que te vas a cuidar, Flavio. Tu lesión está ahí para toda la vida y no quiero que termines como yo, ¿entendiste? Tu tienes una vida por delante y no creo que quieras dejar a Irina viuda."
"No, nunca." dijo Flavio.
"Entonces, prométeme que te vas a cuidar y que siempre vas a cuidar a tus hermanos, a todos ellos." dijo Beatriz y suspiro pesadamente. "Flavio, Samuel sufrirá con mi muerte por mas que le diga que no me guarde luto y Arturo intentara mantenerse fuerte y tratar de mantener todo en calma, pero tú, yo sé cómo eres tú, por eso te pido que los cuides."
La petición lo sorprendió, pero Flavio asintió, su mirada decidida mientras le prometía a la mujer delante de ella que el siempre cuidaría a sus hermanos y se cuidaría a si mismo, para tener un futuro y la felicidad por la que tanto había luchado.
"Te prometo que hare lo que me pidas, Beatriz, pero a cambio, tú tienes que seguir luchando." le dijo Flavio. "No nos puedes dejar ahora, todavía te necesitamos."
Beatriz rio y le acaricio la cara, Flavio podía ser explosivo, pero por dentro todavía seguía siendo un niño y su inocencia era como un bálsamo para el dolor que sentía en aquel momento.
"No me voy a ir aun, Flavio. Te lo prometo." le dijo Beatriz.
Flavio sonrió cuando escucharon la puerta abrirse y vieron a Samuel entrar en el cuarto. El joven se detuvo al verlos, sonrió y se acercó a la cama para poner una mano en el hombro de su hermano y mirar a su esposa.
"¿Qué hacen aquí? Deberían estar descansando." dijo Samuel, mirando a su hermano. "Los dos."
"Solo vine a darle las buenas noches a Beatriz." dijo Flavio, dejando un beso en su mano. "Ya me voy, si tardo mucho en mandarle un mensaje a Irina se preocupa."
"Ah… la muñeca esta haciendo muy bien de esposa, ¿no?" dijo Samuel, sonriendo.
"La mejor." dijo Flavio, levantándose. "Bueno, mañana hablamos, ¿sí? buenas noches."
Flavio se despidió y salió del cuarto, caminando hacia el suyo mientras Beatriz lo miraba tratando de no ponerse a llorar porque esta vez no estaba segura de sí podría cumplir la promesa que acaba de hacer.
Su corazón no iba a aguantar mucho más, pero mientras Samuel la miraba y le tomaba las manos pensaba que, a lo mejor, tenia alguna posibilidad de ver la luz del sol una vez más.
Rancho del Junco
Aprovechando que Leonardo estaba en cama después de que por alguna razón volviera al Rancho una noche todo golpeado y que su mama estaba más pendiente de el que de el resto de la casa, Irina invito a Verónica y a Dario a la casa para poder hablar más con ellos y, por supuesto, sus hermanas también querían estar.
Irina no tenía ningún problema, porque quería saber más sobre los problemas de Verónica y los Gallardo, saberlo todo para así no volverse loca y no dejar que otras mentiras rompan su momento de felicidad. Flavio estaba delicado dentro de su estabilidad y ella no quería que otra mentira los separara porque si algo le pasaba y estaban peleados, ella no se lo perdonaría y, además, estaba cansada de pelear todo el tiempo cuando todo lo que quería era estar con él.
Así que cuando Verónica y Dario llegaron a la casa, Irina los llevo a la habitación de Sofia donde podrían estar todos con Arturito y los invitaron a sentarse mientras ella hacía lo mismo, tratando de que no pareciera un interrogatorio, pero, al ver como estaban, Verónica sonrió y Dario miro a su prima.
"¿Me van a interrogar ahora?"
Al ver sus caras, Verónica rio y Dario suspiro, pero parecían tranquilos y eso también tranquilizo a las hermanas.
"No es eso." dijo Irina. "Solo queríamos saber mas de lo que te paso… cuando fui a ver a Flavio, tu salías de la ducha con una toalla y yo pensé que estabas con él, pero Andrea me dijo que no, ¿Qué estas con Pablo?"
"Bueno, la verdad es que entiendo que pensaras lo peor, Dario pensó lo mismo cuando se lo conté." admitió Verónica. "Pero Irina, Flavio y yo somos muy buenos amigos porque me parezco mucho a su hermana Alma e incluso a veces el, Samuel y Arturo me han llamado así por error."
"Eso lo puedo confirmar." dijo Dario. "Además, mi tía la esta presionando para que vuelva a la casa con ella."
"Y Pablo… bueno, eso es otra historia, pero yo si lo amo, muchachas, aunque no podamos estar juntos." dijo Verónica.
Al ver su mirada triste su primo la abrazo y fue entonces cuando las muchachas comprendieron que eso era verdad, porque ellas sabian que significaba esa mirada. Ellas la habían tenido durante el tiempo que habían estado separada de los Gallardo, en el caso de Andrea, ella todavía tenía esa mirada, aunque nunca la mostraría en publico.
"Y… ¿Por qué te fuiste con los Gallardo? ¿Qué te llevo a irte de casa de tu mama?" pregunto Irina, tomando la mano de Verónica.
"Yo… bueno, yo no soy hija de Maite Saldívar, muchachas. Ella no es mi madre biológica." confeso Verónica.
Las hermanas se miraron sorprendidas. No sabian que decir, eso explicaba porque Verónica se había ido de su casa y como Maite Saldívar era tan amiga de su mama, aquí la buscarían, en cambio, nunca la buscarían con los Gallardo y por su amistad, Verónica sabía que podía ir a ellos.
"Sentimos mucho que estes pasando por esto." le dijo Sofia. "Pero queremos que sepas que también puedes apoyarte en nosotras, ¿sí? Si necesitas algo, estamos aquí."
"Gracias, los muchachos son muy buenos conmigo, pero a veces parece que abuso demasiado de su bondad y de la casualidad de que me parezco mucho a su hermana." dijo Verónica. "Pero bueno, ellos y la Señora Alcázar se portan muy bien y estoy muy contenta, no quiero ver a Maite Saldívar por ahora."
"Lo entendemos." dijo Irina.
"Irina… yo estaba allí porque no tenia donde mas ir y como estaba tan nerviosa, Flavio me sugirió darme un baño y descansar para relajarme, que Arturo volvería pronto y luego podríamos ir a ver a Samuel, pero tu llegaste antes…" dijo Verónica. "Cuando discutieron, él fue detrás de tuya, ¿te acuerdas?
"Si, estaba muy enfadada y me fui mientras él todavía estaba en la calle." dio Irina. "Me monte en el coche y ni siquiera lo mire."
"Fue entonces cuando lo atropellaron." admitió Verónica. "No sé qué paso cuando salieron, pero parecía ir corriendo tras tu coche, no miro al cruzar y lo atropellaron, cuando cayo al suelo, pensaba que estaba muerto, pero luego lo escuche susurrando tu nombre. El no paro de llamarte hasta que se quedó inconsciente."
Irina suspiro, tratando de no echarse a llorar mientras sus hermanas la abrazaban, lo que Verónica decía confirmaba sus sospechas y ella no podía si no sentirse algo culpable por lo que había pasado, de haberse quedado o mirado hacia atrás, lo hubiera visto y hubiera podido ayudarlo.
"Por suerte estabas allí." dijo Irina, sonriendo sinceramente. "Gracias."
"No hay de que, la verdad es que los muchachos ya están pasando por mucho y no quiero verlos sufrir más." dijo Verónica.
"Ay si, con lo de Beatriz Alcázar…" dijo Dario.
Las hermanas se miraron, aunque Andrea no parecía sorprendida porque ella creía saber de lo que estaban hablando y aun así, se quedo en silencio para no contar algo que quizá no debía decir todavía.
"¿A que se refieren?" pregunto Sofia.
"Arturo y Soledad nos contaron que Beatriz Alcázar está muy enferma, parece que tiene un problema de corazón." dijo Dario. "No le queda mucho tiempo."
"¿Cómo?" preguntaron Sofia e Irina.
"Es verdad." dijo Andrea y sus hermanas la miraron. "Beatriz Alcázar se acercó a mí en la cafetería del Hospital y me pidió por favor que cuidáramos de los Gallardo, que ellos nos iban a necesitar mucho y que teníamos que estar con ellos."
No pudo esconder que Beatriz también contaba con ella y si sus hermanas o sus amigos pensaron algo, nadie dijo nada por el impacto de saber que Beatriz Alcázar se moría y lo que eso iba a significar para todos en la región.
Sobre todo, para los Gallardo, que seguramente serian el blanco de muchas críticas.
"Yo no se que va a pasar cuando Beatriz Alcázar muera, pero sí sé que Soledad no confía en Matilde o Eleazar que son sus personas de confianza, dice que hay algo en ellos y yo misma he visto como miran a los muchachos y la verdad, entiendo que Soledad se sienta así." dijo Verónica.
Dario asintió, como dándole la razón a su prima.
"La verdad es que los muchachos tienen mucho que hacer y más que pensar, pero no se les puede negar el trabajo." dijo Dario y luego sonrió. "Arturo se ha hecho cargo del Rancho Alcázar y ha conseguido levantarlo casi de la nada, se de muy buena tinta que Samuel es un empleado trabajador y un gran asistente para la Señora Alcázar en el banco, tanto que el consejo pide su presencia en las juntas, por lo que me conto una amiga y Flavio, oh, ese muchacho tuyo los tiene a todos enamorados con su plan de marketing, es una pena que ninguno pudiera terminar sus estudios porque esos muchachotes valían para eso y más."
"Ay primo, ¿van a tener que ponerse celosas de ti?" le dijo Verónica, riendo.
"Bueno… porque ninguno quiere casarse porque si no me los robaba."
Las hermanas rieron, se sentía bien tener una conversación normal con sus amigos sin que nada las molestara, pero justo cuando empezaban a disfrutar, alguien llamo a la puerta y momentos después, Cayetana del Junco entro en el cuarto con su habitual firmeza.
"Verónica, Dario… ¿Cómo están?" pregunto Cayetana.
"Bien, Doña Cayetana." dijo Verónica.
Cayetana asintió y se giro a su hijas, su mirada seguía siendo de hielo, pero había algo más allí, preocupación quizá o algo mas que no llegaban a entender.
"Solo quería informarles que Leonardo esta bien dentro de su gravedad pero que, por el momento, no podrá hacer sus tareas normales hasta que se recupere, ¿puedo confiar en que ustedes se encarguen?" pregunto Cayetana. "Irina, tu vas a estar muy ocupada con… ese hombre así que te dejo ir por el momento, pero quiero que te mantengas al tanto con tus hermanas, porque experiencia o no, esta también es tu casa."
"Claro, mama." dijo Irina, muy rápido.
"No te preocupes, mama. Sofia y yo podemos llevar el trabajo de Leonardo e Irina nos ayuda si nos hace falta cualquier cosa." prometió Andrea.
Sofia asintió y aunque sabía que podía contar con ellas, Cayetana sintio un gran alivio. Todos esperaban que se marchara, después de todo, ya había dicho lo que tenía que decir, pero algo la detuvo y ahora, parecía incluso inquieta, como si no quisiera decir lo que iba a decir mientras miraba a las personas que había en la habitación.
"Y… ¿Cómo esta Flavio Gallardo?" dijo Cayetana.
Si alguno de los presentes hubiera podido desmayarse de la sorpresa lo hubiera hecho, pero todos estaban demasiado sorprendidos para hacer nada mas y Cayetana los miro poniéndose mas tensa mientras esperaba una respuesta que finalmente vino de Irina.
"Se va a poner bien, mama." dijo Irina. "Ya le pusieron el marcapasos y se está recuperando, los médicos creen que puede hacer una vida normal."
"Bien." dijo Cayetana, dándose la vuelta para marcharse, pero cuando llego a la puerta, suspiro y se detuvo de nuevo. "Se que piensan que soy fría y que no me importa, pero no deseo que nadie muera y menos alguien que, por una razón que no llego a comprender, es tan importante para una de mis hijas, así que me alegro que está bien."
Y antes de que nadie pudiera decir nada, Cayetana se marchó, dejando a sus hijas, Verónica y Dario sin palabras porque, ¿Cómo podían explicar lo que estaba pasando?
Oficinas
Emilio Valverde era un hombre de negocios que había ganado todo a base de saber jugar su juego muy bien. Unos pagos por ahí y unos regalos por allá lo habían convertido en el hombre mas rico de la región y solo por eso, mucha gente le tenia mucho respeto y otros, en cambio, le tenían miedo.
Excepto ellos, los Gallardo. Emilio no entendía que pasaba con esa familia, si todos tenían un deseo especial por meterse en sus asuntos o es que su padre les había enseñado a ser tan irresponsables como él. En cualquier caso, otra vez estaban metidos en sus asuntos, pero esta vez, en lugar de tener que eliminar a un Gallardo, tenia que hacerse cargo de tres, por suerte, no tenia que ser a la vez, aunque Emilio pensaba que igual hubiera sido mas fácil.
Miro el archivo que tenia en la mesa con la información de los hermanos: primero estaba el mayor, Arturo Gallardo. Era el que Emilio más tenía, pero su hija estaba obsesionada con el y por ahora, Emilio podía dejar que Isadora jugara con el porque lo mantenía alejado de la hija mayo de Cayetana del Junco, pero si sus informadores tenían razón, y casi siempre la tenían, eso podía cambiar muy pronto y entonces, Emilio tendría que hacerle ver a Isadora que ese hombre no era para ella y ella… bueno, Isadora sabia encargarse de sus asuntos.
Luego en sus archivos estaba Samuel Gallardo, el pequeño de los hermanos. Este era el que mas le interesaba, pues estaba casado con Beatriz Alcázar y una vez ella muriera de esa enfermedad que sabía que tenía, lo más probable era que Samuel heredara todo, incluido en el banco que el necesitaba para sus negocios. No conocía personalmente a Samuel, pero imaginaba que usando las mismas tácticas que pensaba usar con Cayetana del Junco podría engañarlo, después de todo, si funcionaba en ella, podía funcionar en el también y no le preocupaba demasiado la hija en la que Cayetana confiaba tanto, al final, Andrea era un peón en este juego y sus decisiones eran fácilmente rechazadas por las de Cayetana si era necesario.
Finalmente estaba Flavio Gallardo, el mediano de los hermanos. En una situación normal, Emilio no se molestaría en él, pero Flavio tenía la habilidad de meterse demasiado en asuntos que no le importaban y era demasiado protector con su familia, le preocupaba que se diera cuenta de algo que sus hermanos no podían ver porque a diferencia de ellos, Flavio desconfiaba hasta de su sombra si no la conocía bien. Leyendo su archivo se dio cuenta de que estaba casado con la mas joven de las del Junco, Irina, alguien a quien Emilio ni siquiera había mirado. No tenía interés en ella porque sabia que Irina no sabia nada de negocios y no le supondría un problema, además, atacarla a ella solo aumentaría las sospechas de Flavio y lo ultimo que necesitaba era un perro detrás de ellos.
Pero ¿Qué podía hacer con él? No le servía, pero podía darle problemas. Emilio suspiro, quizá era mejor eliminarlo y ya, pero no ahora, era muy pronto, sabia que acababa de salir del Hospital y no quería levantar ninguna sospecha, además, primero tenia que hacerse con la confianza de Cayetana del Junco.
"Una vez ella este en mis manos, puedo pensar que hacer con ustedes, Gallardo y con Beatriz Alcázar muerta, ustedes fuera de juego y Cayetana en mis manos, las tierras de los Alcázar y los del Junco por fin serán mías." se dijo Emilio, sonriendo.
Solo tenia que jugar el viejo juego de los negocios, esperar el momento justo.
Rancho Alcázar
A la mañana siguiente, Arturo se levantó y se vistió antes de ir a ver a su hermano a su cuarto y asegurarse de que se tomaba sus medicinas, no era que no confiara en Flavio, aunque parte de el dudaba que su hermano menor siguiera las normas, pero había estado cuidando de sus hermanos por tanto tiempo que era casi automático para el asegurarse que todo estaba bien.
Eso y que la perdida de Alma le había creado un miedo que Arturo no sabía cómo enfrentar.
Arturo se quito esos pensamientos de la cabeza y salió de su cuarto, yendo al de su hermano, cuando toco la puerta, lo escucho como si estuviera peleando con algo así que abrió la puerta y entro solo para sonreír al verlo pelear tratando de ponerse los pantalones.
"¿Te ayudo?" le pregunto Arturo.
Flavio paro de pelear y miro a su hermano con ojos grandes y tristes haciendo a Arturo reír antes de cerrar la puerta y caminar a él, una vez lo ayudo, Flavio no tardo en ponerse los pantalones y los zapatos, pero cuando se fue a poner la camisa, Arturo se detuvo mirando la cicatriz en su pecho preocupado.
"Eh, no te preocupes, estoy bien." dijo Flavio, dándose cuenta. "No me voy a ir a ningún lado."
"Si, lo sé, es que me preocupa, no puedo evitarlo." dijo Arturo, agarrando la camisa. "Ven."
Ayudarlo le recordó a Arturo momentos de cuando eran niños, como el mayor, su trabajo había sido preparar a Flavio, Samuel y Alma para el colegio y mientras Samuel y Alma eran buenos y le hacían caso, mas de una vez se vio corriendo por toda la casa tratando de vestir a un Flavio que corría libre completamente desnudo.
Como había cambiado todo. Alma no estaba, Samuel era todo un señor y Flavio… bueno, seguía siendo el mismo, pero a la vez, era muy diferente, quizá la perdida de Alma y el amor lo habían hecho madurar un poco, pero por dentro, Arturo todavía podía reconocer al pequeño Flavio cuando lo vio frustrarse con una manga de la camisa.
Sonrió, lo ayudo y luego le abrocho la camisa antes de mirarlo a los ojos.
"¿Sabes una cosa, carnal?" le dijo Arturo, colocando sus manos a cada lado de Flavio. "Yo no sé qué haría sin ti y sin Samuel."
Flavio lo miro por un momento confundido y luego sonrió.
"Estamos juntos en esta vida, carnal, para lo bueno y para lo malo." le dijo Flavio. "Además, tu y yo ahora tenemos mucho mas por lo que luchar, tu tienes una mujer y un hijo y yo tengo una esposa, no podemos fallarles."
Arturo asintió y luego se separo de su hermano, ahora que estaba vestido, todo lo que quedaba era darle la medicina así que se acerco a la mesita, miro la nota del medico y luego le dio las pastillas y un vaso de agua que Flavio se tomó sin problemas.
"Ahora baja a desayunar, yo voy a ver a Soledad." dijo Arturo. "Y no te pongas a discutir ni con Matilde, ni con Eleazar, ¿entendiste?"
"Si…" dijo Flavio, que parecía que le acaban de prohibir hacer su actividad favorita. "Tengo que mirar unos papeles para la campaña informativa del banco así que andaré ocupado hasta que bajen a desayunar."
Arturo asintió y salió del cuarto con Flavio, pero luego se separaron, el se fue a la habitación de Soledad y llamo a la puerta, pero se dio cuenta de que la puerta estaba abierta y entro, preguntándose porque Soledad dejaría la puerta de su cuarto abierta.
Entonces, bajo unos libros, algo llamo su atención y aunque Arturo sabia que no tenia que meterse en las cosas que no eran suyas, no pudo evitar mirar una fotografía que era muy familiar y cuando la saco de debajo del libro y la miro, Arturo se dio cuenta de porqué.
Era una fotografía suya con su papa.
Arturo no sabia que decir, se quedó allí mirándola sin entender porque Soledad tendría una foto como aquella entre sus libros y no se dio cuenta cuando Soledad entro en el cuarto y lo miro, sorprendida de verlo allí.
"¿Arturo? ¿Se te ofrece alguna cosa?" pregunto Soledad.
Arturo se giro hacia ella y fue entonces cuando Soledad vio la foto, al ver que se quedaba pálida y aunque todavía no entendía nada, Arturo miro la foto de nuevo y luego la miro a ella de nuevo con una cara que le dijo a Soledad que Arturo tenía muchas preguntas.
"¿Por qué tienes una foto mía y de mi papa?" le pregunto Arturo.
Soledad miro a otro lado, sin saber que decir, ¿Cómo iba a explicar? aunque a lo mejor era lo mejor, ellos ya no estaban allí y ella sí, pero el miedo le apretaba el corazón, ¿y si la odiaban? ¿y si se daban cuenta de cuanto daño causo sin quererlo?
Les daría tanta información a Arturo y sus hermanos, pero a la vez podría hacerles tanto daño que no sabía que hacer, pero una voz en su cabeza le dijo que aunque no lo hiciera ahora, tendría que hacerlo pronto porque las mentiras solo llevaban a mas dolor y ellos ya tenían muchas sospechas sobre muchas cosas del pasado. Era mejor terminar con todo.
¿Pero ahora?
"Arturo, yo…"
Habitación de Beatriz y Samuel
Cuando Beatriz despertó aquella mañana supo que era el final de su camino. Su corazón ya no daba para mas y aunque le daba pena irse ahora que todo comenzaba a mejorar, sabía que su misión se había cumplido.
Ella sentía que había dado a los Gallardo una nueva oportunidad y eso era todo lo que necesitaba para irse en paz. Beatriz sonrió, mirando hacia el hombre que la sostenía con tanto cariño, Samuel había sido su ángel durante mucho tiempo, pero ahora, sería el ángel de otra mujer, una que llevaba esperándolo mucho tiempo.
Samuel despertó cuando Beatriz intento acariciar su cara y como consecuencia, empezó a toser, provocando que Samuel se moviera rápidamente para intentar calmarla, por desgracia, los dos sabia que eso no era posible.
Y mientras ella se moría, él le pedía que no lo dejara, haciendo que el corazón de Beatriz se rompiera aún más por él. Ella sabía que él no la amaba, pero la devoción que le mostraba era suficiente para hacer que ella lo amara mas aun.
No quería que sufriera, pero sabía que no iba a aguantar mucho más y todavía tenía unas cuantas cosas que quería hacer, pero no quería hacerlo aquí, en esta oscuridad.
"Mi ángel…" susurro Beatriz, con dificultad. "Llévame fuera y llama… a tus hermanos y a Soledad… quiero… quiero hablar con todos…"
"Beatriz, tienes que descansar." le pidió Samuel.
"Por favor…"
Las gruesas lágrimas de Samuel caían por su cara, pero algo en el comprendió de verdad lo que estaba pasando y aunque se negaba a aceptarlo, quería cumplir todo lo que Beatriz le pidiera por el tiempo que le quedara, así que asintió y con todo el cuidado del mundo, la tomo en sus brazos y la saco de la habitación, hacia el patio. En el camino, se encontró con una empleada del servicio a la que le dijo que llamara a sus hermanos y después, saco a Beatriz al patio, acomodándose a su lado cunado la sento en uno de los sofás que tenían fuera.
"Gracias…" susurro Beatriz.
"Mis hermanos llegaran en un momento, trata de descansar." susurro Samuel, besando su frente.
Beatriz sonrió y apoyo su cara en el pecho de su ángel. Su calor le daba vida y ahora mas que nunca, lo necesitaba para resistir hasta que hiciera todo lo que tenia que hacer y dijera todo lo que quería decir.
Y una vez todo estuviera hecho entonces y solo entonces, Beatriz Alcázar estaría en paz para irse de este mundo, con una sonrisa en los labios.
