Capítulo 4
Samuel llevo a Beatriz fuera sin saber cuánto más podía resistir, él no era estúpido y sabia que no le quedaba mucho tiempo y a pesar de eso, le daba mucho miedo que no estuviera con él, guiándolo con su cariño.
La miro con lagrimas rodando por sus mejillas y no tardo demasiado en sentir la presencia de sus dos hermanos y de Soledad. No era un misterio que no llamara a Matilde y Eleazar, en los últimos dias, Beatriz había notado su disgusto con su esposo y eso es algo que ella no iba a permitir, por eso, quería una despedida más privada, con la gente que consideraba su familia.
"Ah, mis mosqueteros…" susurro Beatriz.
"Aquí estamos, Beatriz." dijo Arturo.
Beatriz sonrió, no solo sentía el calor de Samuel en su espalda si no también la presencia de los dos Gallardo delante de ellos, la firmeza de Arturo y la impulsividad de Flavio que, aunque todavía se estaba recuperando de sus propios problemas, se mantenía estable y sin perder su sonrisa delante de ella.
Junto con la suavidad y el cuidado de Samuel, le daban un momento más de paz.
"Aquí están, la familia que Dios me regalo." susurro Beatriz. "Arturo… tu eres el cabeza de esta familia y así quiero que siga siendo."
Beatriz tomo aire mientras Samuel le acariciaba la mejilla, para ella era un honor tenerlos aquí a los tres hombres que habían hecho su vida más fácil y sus últimos dias tan feliz. Estiro una mano para tomar la mano de Arturo y Flavio puso la suya sobre la de los dos.
"Dinos que podemos hacer por ti, Beatriz y te juro que lo haremos." prometió Flavio.
"Nosotros nos encargamos para que tu te pongas bien, Beatriz." le dijo Arturo con una pequeña sonrisa.
"Gracias, es un honor tenerlos…"
Arturo apretó su mano cariñosamente.
"El honor es nuestro, Beatriz. Tu nos ayudaste cuando más te necesitábamos y nosotros siempre haremos lo posible por ti." le dijo Arturo.
Beatriz sonrió, la vida se le iba, pero quería decirles unas últimas palabras, además, Soledad todavía no estaba allí y tenía que esperarla también así que se esforzó por aguantar y se enfoco en decir lo que tenia que decir a sus muchachos.
"Arturo… quiero que cuides de este Rancho como lo has hecho hasta ahora y lo conviertas en el mejor de la región." susurro Beatriz, tratando de respirar. "Deja que Sofia te cuide, yo se que a pesar de todo te quiere y vera el hombre maravilloso que eres… y tu hijo… va a estar muy orgulloso de su padre."
"Gracias, Beatriz. Eres un ángel." susurro Arturo, usando su firmeza para contener las lágrimas.
"Es que durante un tiempo tuve la suerte que vivir con uno que me enseño sus trucos." dijo Beatriz, sonriendo mientras Samuel le daba un beso en la frente.
Luego Beatriz miro a Flavio y le sonrió.
"Y tu Flavio, ese corazón fue capaz de sobrevivir un golpe y aunque esta algo débil, se que late por su amor con más fuerza que nunca y que tu más que nadie hará lo que sea por ella, así que… no te rindas." le dijo Beatriz. "Y recuerda tu promesa…por favor."
"Hare lo que me pediste, Beatriz, te lo prometí y no voy a romper tu promesa, pero hay algo mas que te quiero prometer." le dijo Flavio, tomando su mano. "Si tengo una hija, tendrá el honor de llevar tu nombre y de crecer en estas tierras que tanto amas."
Beatriz sonrió y una lagrima cayo por su rostro.
"El honor será mio, Flavio." dijo Beatriz.
Flavio le sonrió y entonces escucharon pasos, era Soledad que se arrodillo al lado de Beatriz, tocando su brazo y tratando de pelear la sensación de pena que llenaba la escena delante de ella. Al verla, Beatriz sonrió y respiro profundamente.
"Soledad… te encargo a los muchachos." le dijo Beatriz. "Necesitan una madre y tu… tu eres la mejor para guiarlos y apoyarlos. No quiero que te preocupes por nada, ya me hice cargo de todo, pero si te pido que sigas al frente del servicio, por favor."
"Claro que sí, señora Beatriz. Se lo prometo." susurro Soledad.
Beatriz estaba feliz, ahora ya podía irse en paz, aunque hubiera querido hablar con las hermanas del Junco el tiempo no le permitía mas para estar en este mundo así que con sus últimos momentos de vida, se giro cuanto pudo a su esposo y cerró los ojos.
"Gracias por hacerme feliz en estos últimos momentos, mi ángel. Tu has sido mucho mas de lo que yo merecía y no… no me arrepiento de nada de lo que vivimos." le dijo Beatriz.
"No, mi amor. Tu eres mi luz y yo tampoco me arrepiento." le dijo Samuel entre lágrimas. "Me gustaría tener mas tiempo para pasarlo contigo.
"Ah, ojala…" susurro Beatriz, cerrando los ojos.
La vida se le iba, pero Beatriz Alcázar iba a decidir como quería irse como último intento de pelear contra un destino que ya estaba sellado.
"Dame un ultimo beso, por favor." susurro Beatriz. "Y recuerda que yo siempre estaré en tu corazón y en el corazón de tus hermanos."
"Te lo juro, Nena. Nunca te olvidaremos." le dijo Samuel, tomando su cara entre sus manos. "Nunca te olvidare."
Beatriz Alcázar sonrió mientras Samuel la besaba y entonces, cerro sus ojos, dejando finalmente que la vida se le acabara y poniendo punto final a su destino sabiendo que todo estaría bien con el tiempo.
Ella lo haría posible desde donde fuera que estuviera.
Rancho del Junco
Las hermanas y Cayetana estaban comiendo con una paz que no habían tenido en años, como Leonardo estaba en el cuarto, no había ningún tipo de problema, ni discusión, nada y por una vez, parecían una familia normal.
Por lo menos, hasta que sonó el teléfono de Irina. Ella miro el numero de Flavio y rápidamente se levanto de la mesa al mismo tiempo que atendía la llamada.
"Si, ¿Flavio?" pregunto Irina, al escuchar su voz. "¿Qué paso? ¿Cómo? No… no, vamos para allá, tranquilízate por favor, estaremos allí pronto."
La llamada termino e Irina se giró hacia sus hermanas, su cara mostraba pena y preocupación mientras se acercaba a la mesa y sus hermanas se preocuparon, pensando que algo malo había pasado.
"Flavio me aviso que Beatriz Alcázar acaba de morir…" dijo Irina, preocupada. "Tengo que ir a verlo y creo que seria mejor que vinieran conmigo, los Gallardo nos necesitan."
"Claro." dijo Sofia. "Déjenme ir a por Arturito y nos vamos."
Andrea no sabia muy bien que decir, pero se levantó, corriendo a por las llaves de su coche. Sus hermanas tenían unos Gallardo que cuidar y ella, aunque no había dicho nada, tenia que asegurarse que Samuel estaba bien, porque lo había visto con Beatriz y porque no creía todas las habladurías, ella sabia que dentro de aquel hombre había alguien dulce, Beatriz se lo había mostrado y ahora, la necesitaba.
Andrea salió corriendo una vez, pero ahora iba a ser distinto. Ya no iba a correr más.
Sofia bajo con Arturito mientras su madre se mantenía en la mesa y antes de irse, las tres muchachas miraron a su madre, que parecía tensa pero que solo se movió para mirarlas.
"Denle mi más sentido pésame a su familia." dijo Cayetana.
Las hermanas asintieron, no queriendo presionar a su madre en ir donde no parecía estar lista para ir y salieron de la casa a toda velocidad, al coche de Andrea mientras Cayetana suspiraba y Don Felipe miraba a su hija tomando su mano.
"Beatriz e Ignacio fueron amigos, Cayetana, hiciste bien en dejarlas ir." dijo Don Felipe.
"Si, lo se." dijo Cayetana, algo triste. "Una vez también fue mi amiga, la misma que perdí a causa de este rencor y esta culpa que no puedo olvidar."
Don Felipe suspiro, pero no dijo nada, no podía, tendría que dejar que el tiempo y con un poco de suerte, la parte sensata de su hija tomaran el control y le hicieran ver que era hora de dejar el rencor atrás y abrir un nuevo camino para todos.
Rancho Alcázar
Eleazar y Matilde no perdieron el tiempo mientras los demás lloraban a Beatriz para entrar en su cuarto con dos bolsas grandes y llevarse todas sus joyas, ellos sabian que una vez Samuel se recuperara, podría saber que había estado pasando durante todo este tiempo y para cuando eso pasara, ellos tenia que estar muy lejos de aquí.
"¡Date prisa!" le dijo Matilde.
"Tranquila, están todos muy tristes con la muerte de la Señora, nadie se va a dar cuenta." dijo Eleazar.
Rápidamente llenaron las bolsas de todo lo que veían, desde joyas hasta objetos de valor y salieron de la habitación tan rápido como entraron, con todo lo que podían llevar de la difunta señora que no llevaba mas que unas horas muertas, pero a ellos poco le importaba, al contrario, habían esperado este momento por años.
Se llevarían todo para que aquella rata y sus hermanos no se quedaran con nada y luego huirían y serian millonarios. Ese era su plan.
"¿Cuándo nos vamos?" pregunto Matilde.
"Después del entierro." dijo Eleazar. "Todavía tenemos que vengarnos de ese mugroso y sus hermanos y se cómo hacerlo."
Matilde sonrió. No sabia que iba a hacer, pero Eleazar sabia como jugar este juego e iban a ganar a esos estúpidos que pensaban que iban a ganar las tierras y el dinero que ellos llevaban esperando tanto tiempo, pero no, nadie se iba a quedar con lo que era de ellos. Nadie.
Durante su viaje al Rancho Alcázar, las hermanas no paraban de pensar en los rumores sobre Samuel, Beatriz y el supuesto abuso de los Gallardo a la pobre mujer que estaba sola y necesitaba ayuda desesperadamente, nadie parecía reparar en que desde que los Gallardo estaban allí, todo le había ido mejor a Beatriz Alcázar. Su Rancho estaba creciendo, su banco se estaba haciendo notar de manera internacional y las estrategias de marketing gustaban a los inversores, tenían mucho que recorrer, pero esto solo era el principio.
Pero claro, eso nadie lo vería y ellas solo podían imaginar los ataques que iban a sufrir a partir de ahora.
A partir de ahora, tendrían que estar mas al pendiente de ellos si querían ayudarlos y aunque Andrea no tenia un motivo real para estar allí, Sofia no parecía estar dispuesta a que atacaran sin motivo al padre de su hija e Irina estaba lista para pelear y proteger a su esposo contra todo y contra todos.
Con esos pensamientos llegaron al Rancho Alcázar, que les abrió las puertas y una vez detuvieron el coche, encontraron a Soledad, que salió a recibirlas con lagrimas en los ojos, parecía que las esperaba y por algún motivo, verla así solo les rompió el corazón. Salieron del coche y fueron a abrazarla con todo el cariño que todavía sentían por ella.
"Soledad… ¿Cómo estás?" le pregunto Sofia.
"Lo sentimos mucho." le dijo Irina.
"Todo esto es muy triste, Samuel esta muy mal." les dijo Soledad, tratando de limpiarse las lágrimas. "El medico acaba de certificar la muerte y ya están aquí para llevarse el cuerpo de la Señora, Arturo esta con ellos."
Las hermanas abrazaron a su nana cuando vieron a Arturo, acompañado por el doctor y dos hombres mas que llevaban un cuerpo en una camilla. Arturo tenia su sombrero en la mano, estaba vestido de negro y su cara tenia marcas de lagrimas que trataba de contener. Detrás de él, Flavio los miraba desde la puerta, limpiándose la cara de lágrimas.
"Gracias por todo, Doctor." le dijo Arturo.
"Siento mucho la perdida, Señor Gallardo, pero cumpliré el último deseo de la Señora Beatriz y me encargare del caso de su hermano." le dijo Doctor.
Arturo asintió y fue entonces cuando el y Flavio vieron a Irina, Sofia con Arturito y a Andrea. Los dos hombres, que parecían llevados por la pena, dieron unos pasos hacia ellas cuando escucharon pasos rápidos y un grito ahogado y Flavio apenas tuvo tiempo de darse la vuelta y detener a su hermano pequeño, que choco contra él.
Flavio hizo un gesto de dolor, pero no se movió mientras Samuel luchaba por liberarse y llegar a su esposa. Parecía destrozado, llorando como si le hubieran quitado algo preciado y mientras perdía las fuerzas y caía de rodillas todavía con los brazos de Flavio rodeándolo, una mano se extendía hacia Beatriz.
"Calmate, carnalito, por favor." susurro Flavio.
"¡No quiero que se la lleven, Flavio! ¡Es mi esposa! ¡Quiero despedirme de ella!" grito Samuel entre lágrimas.
"Yo se…" susurro Flavio, incapaz de aguantar sus lágrimas. "Yo sé, pero ella ya no esta y ahora tienen que prepararla para el funeral."
"¡No!"
Flavio tenso sus músculos para sostener su hermano cuando sintieron a Arturo abrazándolos a los dos y los tres se unieron para llorar a la mujer que les salvo la vida meses atrás y que ahora debían despedir con honor, mientras tanto, las hermanas del Junco los miraban con el corazón roto, el dolor parecía inmenso y no había ninguna duda ahora que los tres habían querido mucho a Beatriz Alcázar y que ella había sido muy importante para ellos.
"No podemos abandonarlos…" susurro Andrea.
Sus hermanas estaban de acuerdo, no podían dejar a estos hombres así de rotos, Beatriz había pedido a Andrea y a sus hermanas que los cuidaran e Irina tenía la decisión tomada desde que supo del accidente de Flavio.
Sofia tampoco se marcharía porque Arturo siempre seria mucho mas que el papa de Arturito, el siempre seria su rey, sin importar que pasara entre ellos y ahora, el rey necesitaba a su reina y ella no se iba a acobardar, nunca más.
Ya era muy tarde cuando Verónica llego al Rancho Alcázar y aunque en condiciones normales habría venido antes, un evento con su mama la había obligado a quedarse en la casa hasta mas tarde, por eso, cuando llego, solo Soledad estaba en la sala.
Verónica se acercó a Soledad, que estaba llorando sola, no sabía porque, pero le daba mucha pena ver a aquella mujer allí sin compañía así que hizo ruido para que se diera cuenta de que estaba allí y le dio una pequeña sonrisa cuando Soledad se dio cuenta de que estaba allí.
"Señorita Verónica, disculpe…" dijo Soledad.
"No hay nada que perdonar, Soledad, vine en cuanto pude." dijo Verónica. "¿Cómo esta Samuel?"
"Muy mal, esta en su cuarto con la Señorita Andrea." dijo Soledad.
Eso sorprendió a Verónica, que miro hacia fuera y se dio cuenta de que Sofia también estaba allí, paseando con Arturo y su hijo, se imaginaba que Irina también estaba en algún lugar con Flavio y aunque le dio un poco de celos que ellas estuvieran con los hombres que Verónica tanto apreciaba, también se alegraba. Le hacía sentir bien que, en esta tragedia, ellas hubieran decidido estar aquí.
"Bueno, entonces quizá es eso lo que necesitan." dijo Verónica, tomando las manos de Soledad. "Y tú, Soledad necesitan a alguien también y aquí estoy yo."
"Ay, señorita no…" empezó Soledad.
"No, no, no. Yo sé que tu querías mucho a Beatriz Alcázar y se que estas mal así que dame un abrazo y déjame estar aquí para ti, ¿sí?" le dijo Verónica.
Soledad le sonrió con tristeza y la abrazo, dejando salir su pena en los brazos de Verónica sin que la joven supiera que, dentro de toda aquella pena, también había una inmensa alegría de que tenerla en sus brazos una vez más.
Tal y como cuando la vio nacer.
Mientras tanto, en la zona de las caballerizas, Arturo paseaba por las tierras que tanto había trabajado y que ahora se habían quedado sin dueña, mucha gente no lo veía, pero el si podía ver la tristeza en los animales, que parecían saber que faltaba alguien importante e incluso la tierra parecía más seca.
Arturo suspiro, sabia que Sofia y su hijo caminaban a su lado, pero por algún motivo no podía sentirlo, la pena le había bloqueado los sentidos. Arturo se agacho, usando su sombrero para tapar su cara y toco la tierra, cerrando los ojos.
"Beatriz nos salvó la vida, nos dio un motivo para seguir peleando." susurro Arturo, tocando la tierra. "No puedo creer que se haya ido."
"Parecía una gran mujer." le dijo Sofia. "No sabía mucho de ella, pero mi papa la consideraba una buena amiga."
"Lo era, como amiga de tu papa conocía lo que paso con mi hermana y aunque no estuvo de acuerdo con lo que hicimos, nos ofreció ayuda." dijo Arturo. "Samuel era su ángel, decía y los tres nos convertimos en sus mosqueteros."
"¿Mosqueteros?" pregunto Sofia.
"Cuando llegamos aquí las cosas no le iban muy bien, ella supo ver en nosotros más allá del apellido, de nuestros errores y de las habladurías y nos dio trabajo, confió en nosotros y para nosotros, eso vale oro." dijo Arturo.
Para Sofia parecía que había mucho más que una mujer dando trabajo a estos hombres, parecía que Beatriz también los había escuchado y ayudado en todo lo posible y una parte de ella le agradecía que no los hubiera abandonado, incluso cuando ella no estaba allí para apoyarlo a el o a sus hermanos.
Estiro su brazo para tocar su hombro, pero antes de llegar a él, Arturo se levantó y tomo aire, tratando de contenerse. Le partió el alma a Sofia verlo así.
"A veces me pregunto si que estén alejadas de nosotros es lo mejor." le dijo Arturo, sorprendiendo a Sofia. "Parece que destrozamos todo lo que tocamos."
"Arturo… eso no es verdad." le dijo Sofia.
"Primero perdimos a nuestros papas, asesinados, luego, a nuestra hermana que se mato por la pena, luego Flavio y yo las perdimos a ustedes, por un error estúpido que debimos pensar mejor y ahora perdemos a Beatriz, la mujer que nos ayudo a salir adelante." dijo Arturo, mirando a Sofia por primera vez. "Tu mama hace bien en pensar que solo sabemos destruir."
Y con eso Sofia supo que había tenido bastante, este no era Arturo Gallardo, esto era la pena hablando.
"Basta, Arturo, este no eres tú." le dijo Sofia y Arturo la miro. "Es cierto que han perdido mucho, pero todo lo que ha pasado te ha traído aquí y lo más importante, ha traído a tu hijo."
Ha Arturo se le llenaron los ojos de lagrimas cuando Sofia le dio a su hijo y el lo tomo en sus brazos, besándole la frente y tratando de mantenerse tranquilo, pero Sofia no había terminado, cualquier duda que tenía había quedado ya fuera de su mente.
"Además no estas solo, estamos aquí, tu hijo y yo y se que tenemos que hablar y que tenemos mucho que hacer, pero estamos aquí y no nos vamos a ir." le dijo Sofia, tomando su mano. "No nos has perdido todavía y no lo vas a hacer, ¿sabes porque? Porque este niño ama a su padre y yo, su madre, también te ama más que nada en el mundo, mi rey."
Arturo la miro por un largo momento y sintio un nudo en la garganta cuando finalmente Sofia se acerco a el y lo abrazo y todo lo que el pudo hacer es devolver ese abrazo mas fuerte que nunca y mirar al cielo, sabiendo que, aunque hacia poco que se había ido, seguramente Beatriz Alcázar ya estaba trabajando para concederles un milagro y salvarlos, una vez más.
En la oscuridad de la habitación, Andrea no estaba segura de donde estaba Samuel hasta que vio su cuerpo en la cama y su alma se le cayo al suelo. Nunca había visto un hombre tan destruido como el que estaba mirando en aquel momento y la verdad, viéndolo así, sabía que había querido mucho a su esposa.
Andrea ni siquiera sintio celos, no era el momento, ni el lugar para eso, además, no tenía fuerzas para tener celos de una mujer que ya no estaba, ahora todo lo que quería era sentarse al lado de Samuel y asegurarse de que estuviera bien.
Y eso hizo. Se acerco a la cama y se arrodillo en el suelo, fue entonces cunado el levanto la mirada y la miro y antes de saber que estaba haciendo, extendió la mano hacia ella y Andrea la cogió, mirándolo con lágrimas en los ojos.
"Gracias por venir." susurro Samuel con la voz rota.
"Siento mucho su perdida, Samuel." le dijo Andrea. "Beatriz Alcázar era una gran mujer."
Samuel solo asintió, tembló por el llanto y Andrea le apretó la mano, fue entonces cuando Samuel se estiro sobre la cama, acercándose a ella y acercando sus manos unidas a su pecho. Andrea no estaba segura de que Samuel sabía lo que hacía, pero ahora mismo no parecía importar nada cuando ella uso la mano que tenia libre para acariciar su pelo y besar su cabeza, mostrando todos aquellos sentimientos que tenia guardados y prometiendo a Beatriz Alcázar, en silencio, que ella cumpliría la promesa que le hizo.
Y nadie más le haría daño a su ángel, al que ahora Andrea iba a proteger con todo lo que tenía.
Flavio tenia que salir de la casa así que tan pronto todo se quedo bajo control, se llevo a Irina a otro lugar muy familiar para él. Era un lugar hermoso y donde Flavio venia a pensar cuando de verdad estaba mal y ahora, era el único lugar donde sabía que conseguiría algo de paz.
Nada mas llegar, tomo aire y se miro al lago mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
"Muñeco…" susurro Irina al verlo.
Irina lo abrazo por la cintura y aunque al principio no lo había notado, cuando Flavio beso su cabeza, Irina pudo sentir el temblor de su cuerpo y el latido de su corazón, más rápido de lo normal. Irina rápidamente se separó, vio que estaba llorando y tomo la cara de Flavio entre su manos, besándolo tiernamente para calmarlo.
El la acerco a su cuerpo y dejo que su presencia le recordara que no todo era pena, que también había cosas buenas, incluso en este momento. Irina quizá no lo sabía, pero ella era la luz y la alegría que lo hacían seguir adelante y ahora la necesitaba más que nunca, no solo por la pena de perder a Beatriz Alcázar sino también por el miedo.
¿Y si le pasaba lo mismo a él? ¿Y si se iba sin decirle a esta mujer lo mucho que la amaba?
Se separo de ella lo suficiente para mirarla a los ojos y vio la preocupación allí y la pena por el y por la situación.
"Te amo tanto, muñeca, mas de lo que puedo decirte." le dijo Flavio.
"Yo también te amo, mi amor." le dijo Irina, con una mano en el corazón de Flavio. "Se que esto es muy duro, pero vamos a superarlo juntos, ¿sí?"
Flavio la miro y le dio una pequeña sonrisa antes de mirar hacia el lago, este fue el lugar donde enterraron a Alma porque a pesar de todo, le daba mucha paz y si algo como lo de Beatriz le pasaba, él quería estar aquí también.
"Irina… si lo que le paso a Beatriz me llega a pasar yo…"
"¡No, Flavio!" le dijo Irina, enfadada. "No vamos a hablar de eso, tu no…"
Flavio la detuvo, no era lo que quería, pero tenían que hablarlo, después de todo, ella era su esposa y sabia que sus hermanos la respetarían, además, perder a Beatriz le había dado otra perspectiva de la vida.
La del final y aunque Flavio nunca había pensado en ello, ahora era más que evidente.
"Mi amor, todo esto que ha pasado y mi corazón, yo no quiero dejar nada sin decir o hacer, quiero que, como Beatriz, todos sepan lo que soy y lo quiero que hagan, lo que siento por todos ustedes, por ti." le dijo Flavio.
Irina se separó de él porque no quería escucharlo. No se lo había dicho a sus hermanas, pero su miedo iba más allá de la muerte de Beatriz Alcázar. La idea de que Flavio también se fuera así era algo que le aterraba y vivir con ese miedo era algo muy difícil para ella, que jamás había tenido nada que fuera solo suyo.
"Irina…"
"Yo no te voy a perder así." le dijo Irina, mirándolo con lagrimas en los ojos. "Tu vas a vivir mucho tiempo, conmigo y no quiero escuchar nada más, Flavio Gallardo, ¿entendiste? No quiero saber tus planes, ni lo que crees que tienes que hacer. Tu eres mío y yo no voy a dejar que te vayas."
Entonces ella lo abrazo y lo beso antes de que Flavio pudiera decir nada más y aunque quería hablar más, se dio cuenta de que Irina estaba muerta de miedo y él quería golpearse a sí mismo por asustarla.
"Lo siento mucho, muñeca, no quería asustarte, por favor no llores." le dijo Flavio, viendo las lagrimas en sus ojos. "No me gusta verte llorar."
"Entonces no me digas esas cosas, Flavio." le dijo Irina. "Te amo, ¿entiendes? estamos casados y no me voy a separar de ti, ni ahora, ni nunca, pero tú también tienes que luchar por nosotros."
Flavio la miro a los ojos y en aquel momento supo que tenia que contarle toda la verdad sobre un asunto que sus hermanos y el todavía estaban investigando pero que parecía tan claro como el dia y que iba a solucionar cualquier duda que ella pudiera tener sobre él.
Flavio tomo aire y trato de controlar los latidos de su corazón mientras miraba al lago.
"Mi amor, tengo algo que decirte." dijo Flavio. "Tienes razón, yo tengo que luchar por nosotros también y hay una cosa que no te he contado porque todavía no estoy del todo seguro, pero yo y mis hermanos pensamos que muy probable que sea lo que pensamos, pero, antes de nada, tienes que prometerme que no vas a decirle nada a tus hermanas, al menos hasta que sepamos la verdad."
Irina lo miro preocupada, no sabia a lo que se refería, pero si Flavio le pedía que no dijera nada a sus hermanas debía ser muy importante.
"¿Qué pasa, Flavio?" pregunto Irina.
"¿Te acuerdas del dia que nos viste a mí y a Verónica cuando ella salía de la ducha?" pregunto Flavio e Irina asintió, no muy contenta. "Bueno, hubo una razón por la que le pedí que se diera una ducha y era para poder quitarle un cabello."
Irina lo miro, sorprendido.
"¿Porque querías hacer eso?" pregunto Irina.
"Porque… muñeca, hace un tiempo supimos que nuestros papa tuvo un romance con una mujer que fue muy importante para él." explico Flavio. "Y Verónica es una copia exacta de mi hermana Alma así que mis hermanos y yo pensamos…"
Irina entendió de repente y todo tuvo tanto sentido que se quedo sin palabras.
"Flavio, tú me estás diciendo que Verónica puede ser…" dijo Irina.
"Nuestra hermana, Irina." le dijo Flavio. "Verónica puede ser nuestra hermana."
Y por un momento, cuando Flavio miro hacia al lago, juro que pudo ver a Alma Gallardo con una enorme sonrisa, como si ella supiera que detrás de toda esa pena y las dudas, todavía era posible que el sol volviera a brillar.
