Capítulo 5

Preparar el funeral había sido un trabajo mas que nada para Soledad y Verónica, pero Arturo también había ayudado junto con Sofia y el Capitán Fernández, que había venido tan pronto como se había enterado de la noticia. El dia había pasado más rápido de lo que se esperaba y para cuando Flavio e Irina volvieron a la casa, ya era de noche.

No les sorprendió ver a todos reunidos, todos excepto Samuel que seguía encerrado y Andrea que había salido del cuarto para coger la cena de los dos y después se había disculpado con ellos antes de volver a la habitación, nadie sabía porque, pero si Andrea podía ayudar a Samuel, nadie pelearía con ella, además, era mejor que ellos no estuvieran, Samuel podría preguntar por el funeral y ellos querían que descansara por hoy.

Sofia e Irina decidieron quedarse a cenar, después de todo, dejarlos allí no era algo que querían hacer así que prepararon la mesa y se sentaron con Arturo, Flavio, Verónica, Fernández y Soledad a la mesa.

"Mañana tenemos que levantarnos bien temprano, Flavio, pero quiero que te cuides, puede ser un dia muy estresante." dijo Arturo.

"Voy a estar bien." le dijo Flavio.

"No te preocupes, Arturo. Nosotras tenemos que ir a casa después de cenar, pero estaremos aquí mañana para acompañarlos." le prometió Irina.

Flavio le tomo la mano y la beso, agradecido y Arturo sonrió. Era bueno saber que algo por fin les iba bien y cuando Sofia le tomo la mano junto con la de su hijo, Arturo supo que a pesar de todo el dolor que sentían, se iban a recuperar porque todo estaba mejorando, incluso en medio de esta pena.

"Me alegra que estén todos aquí." dijo Soledad con una sonrisa. "Estoy segura de que la Señora Beatriz estaría muy feliz, ella siempre quiso que ustedes estuvieran así."

Arturo levanto la copa y miro hacia arriba con una sonrisa como si supiera que Beatriz los estaba mirando.

"Por Beatriz." dijo Arturo.

"Por Beatriz." dijeron los demás.

Porque esa mujer podría haberse ido pero su huella siempre quedaría con ellos y en estas tierras que ahora cuidarían como suyas desde ahora hasta el final de sus vidas.

Habilitación de Samuel y Beatriz

Samuel se había quedado dormido después de comer un poco de la cena, suficiente para que Andrea se sintiera mejor por eso, una vez dormido, aparto la comida y se atrevió a sentarse en la cama para acariciar su pelo.

"No me gusta verte así, Samuel." susurro Andrea.

Por alguna razón, Andrea recordaba ahora mas que nunca las palabras de Beatriz Alcázar, como le había pedido que cuidara de Samuel, en aquel momento, ella no le entendió del todo, pero ahora podía ver que Samuel era un alma sensible y que perder a Beatriz le había todo un corazón que ya estaba herido, ¿Por qué? Andrea tenia sus sospechas sobre esa mujer, Patricia, pero ahora mismo eso no le importaba.

Ella estaba encargada de curar ese corazón, pero ¿Cómo iba a hacerlo? Andrea no sabia nada de amor, solo podía quedarse allí con el y tratar de ayudarlo en lo que pudiera y eso era lo que pensaba hacer.

Un leve toque a la puerta la hizo levantarse de la cama, casi asustada de que la vieran así, tan vulnerable para aquel hombre y se acerco a la puerta, saliendo de la habitación para no molestar a Samuel, allí, se encontró con sus hermanas y con los Gallardo.

"Andre… se esta haciendo tarde y tenemos que volver al Rancho." le dijo Irina.

Andrea lo sabía y podía ver que sus hermanas tenían tantas ganas de irse como ella, pero no podían quedarse aquí, por mucho que su mama les permitiera estar aquí, estaba segura de que no se sentiría bien si se quedaban aquí, además, ella no tenía una razón para estar aquí y su mama ni siquiera sabia que Irina y Flavio estaban casados.

Sofia era la única que podía quedarse y ni eso era posible.

"Tienen razón." dijo Andrea, mirando a la puerta. "Samuel esta dormido, conseguí que comiera un poco, pero sería mejor que alguien se quedara con él."

"Nosotros nos quedamos." le dijo Flavio, estirando su brazo para tocar el brazo de Andrea. "Gracias por estar aquí con él."

Andrea lo miro, sorprendida que uno de los hermanos estuviera agradecido, especialmente Flavio, al que tanto daño había hecho tratando de proteger a Irina, pero parecía sincero y la mirada de Arturo también era agradecida así que Andrea, sin saber que hacer, solo pudo asentir y apartarse rápidamente, como si el toque de Flavio la quemara.

"Es… estaré fuera esperando."

La dejaron ir y poco después, la siguieron hacia fuera. Arturo, que tenia a su hijo dormido en su brazos, cubrió al bebe con la manta que tenía sobre su pequeño cuerpo y le dio un beso en la cabeza antes de dárselo a Sofia que lo abrazo suavemente.

"No saben la falta que me hacia verlos a los dos." dijo Arturo. "Se que tenemos mucho que hablar, pero me has dado la energía para seguir adelante, chaparrita y eso vale mas que nada en el mundo ahora mismo."

Sofia sonrió y cerró los ojos cuando Arturo le acaricio la mejilla, decir que no lo echaba de menos era una mentira que ella no quería seguir manteniendo. Podían ver que pasaba con Isadora Valverde luego pero ahora, tenían que estar más unidos que nunca.

"Y será mejor que no te olvides que nos tienes aquí y que te necesitamos fuerte y firme para llevar esta familia adelante." le dijo Sofia.

Arturo le sonrió cuando ella se giro para besarlo la mano y después, junto a su hijo, camino hacia el coche pasando a Irina y Flavio donde se detuvo un momento para poner una mano en el brazo de Flavio.

"Cuídate, cuñado, ya tuvimos muchas emociones hoy." le dijo Sofia.

"No te preocupes, cuñada, tengo a mi muñeca que me cuida." le dijo Flavio.

Sofia les dio un sonrisa cuando Irina beso a su esposo y siguió su camino al coche, donde Andrea la ayudo mientras Irina se quedaba un momento mas con Flavio, besando su labios y siempre colocando una mano sobre su pecho, donde podía sentir su corazón.

"Acuérdate de tomarte la medicación y duerme, por favor. Se que estas preocupado por Samuel, pero tienes que cuidarte, ¿sí?" le dijo Irina contra sus labios.

"Si, mi amor. Te lo prometo." prometió Flavio. "Tenemos que estar fuertes para Samuel y todo lo que se le viene encima y ahora que te tengo de nuevo no me voy a rendir."

"Eso." le dijo Irina, sonriendo. "Te amo."

"Yo más." le dijo Flavio.

Le dio un beso más y luego siguió a sus hermanas al coche sin dejar de mirar a su marido hasta que el coche se alejo mientras Flavio y Arturo las miraban irse con el corazón encogido porque realmente hubieran dado todo porque se quedaran.

Fue entonces cuando vieron a Verónica con Soledad y las dos mujeres se acercaron a ellos.

"Yo también debería irme." le dijo Verónica.

"¿Por qué no te quedas?" pregunto Arturo. "No me gustaría que te fueras así, además, eres como nuestra hermana y Samuel nos necesita a todos."

Verónica pareció sorprendida pero la verdad era que no podía decirles que no, ella como ellos también tenía la sensación de familia que nunca había sentido antes. Ellos eran como sus hermanos y dejar a Samuel… ella no sentía bien con eso.

Verónica pensó que hacer, pero realmente ya sabía que quería hacer.

"Avisare a Dario para que me traiga ropa para mañana y a mi mama." le dijo Verónica. "Tienen razón, no puedo irme ahora."

Arturo y Flavio respiraron aliviados y los tres se dieron un abrazo sin ver a Soledad detrás de ellos, tratando de contener las lagrimas de alegría. Ellos no lo sabian, pero haciendo esto, le daban la mayor alegría que una mujer podía tener.

Quizá no lo supieran nunca pero mientras Beatriz Alcázar se había perdido, una familia se reunía para no separarse nunca más.

Rancho Alcázar – La Mañana Siguiente

Fernández, quien se había quedado la noche anterior a dormir en una habitación de invitados, se levanto muy temprano y en la cocina, encontró a Flavio ya levantado tomándose su medicina y comiendo algo de fruta para la medicina.

El café estaba listo y nada mas verlo, Flavio le ofreció una taza mientras él se servía su te. Fernández agradecía este momento, ya que no había tenido tiempo para hablar con Flavio y a su vez, Flavio también quería hablar con él también sobre algunas cosas que le habían venido preocupando últimamente y otras que iban a preocuparle a partir de ahora.

"¿Cómo estas, Flavio? ¿Cómo has estado?" pregunto Fernández.

"He estado bien. Después del accidente he tenido mucho apoyo y con Irina a mi lado me siento invencible." dijo Flavio con una sonrisa que luego desapareció lentamente de su cara. "O eso hago creer a todo el mundo."

"¿Qué quieres decir? ¿Estas bien?" pregunto Fernández, preocupado.

"Si, quiero decir no he tenido muchos problemas, mas que nada, intento acostumbrarme a las medicinas, pero la verdad es que odio tomármelas, aunque no es eso lo que me preocupa… Fernández, me da miedo terminar como Beatriz Alcázar."

Fue esa declaración la que hizo que Fernández entendiera uno de los muchos miedos de aquel muchacho. Sabian que Beatriz estaba enferma de corazón y le daba miedo que ahora que él también tenía una enfermedad del corazón iba a perder todo lo que acababa de recuperar. Fernández suspiro, sintiéndose mal porque estos eran los muchachos de su compadre, muchachos que el prometió cuidar a los que había fallado una y otra vez.

Ahora uno de ellos lo necesitaba y él no podía fallarles de nuevo.

"Flavio, a ti no te va a pasar lo mismo, estas cuidado, los médicos están pendientes de ti y nosotros también, además, tienes a Irina que parece estar decidida a todo por ti." le dijo Fernández. "Mira… no sé qué va a pasar, pero tienes mucho por lo que vivir y tu enfermedad no es terminal, puedes pelearla y lo harás, con todos nosotros apoyándote."

Flavio se emociono y le dio un abrazo que Fernández sintio como si de un hijo se tratara, para él, Arturo, Flavio, Samuel y Alma habían sido su familia y cuando perdieron a Alma, algo se murió dentro de Fernández también por eso, este momento era tan importante para él.

"Gracias…" dijo Flavio, separándose de él. "Se que todos están aquí y que debo mucho a Beatriz por eso no me rindo, pero saber que estas aquí me dan mucha paz y me ayuda para lo que le prometí a ella."

"¿A que te refieres?" pregunto Fernández.

Flavio suspiro y saco una pequeña bolsa con cabello que le dio a Fernández, al principio, el hombre parecía confuso, pero luego, al ver el mechón de pelo rubio oscuro y largo se dio cuenta de quien podía ser la dueña de aquel cabello.

"Es un cabello de Verónica Saldívar, mira, no quiero que pienses nada raro es que se parece demasiado a Alma y he hablado con mis hermanos y creen que es mejor que no sepa nada hasta que tengamos los resultados, pero nosotros solo confiamos en ti." dijo Flavio.

"¿Alma?" pregunto Fernández. "Espera… ¿ustedes piensan que Verónica puede ser familiar de ustedes?"

"Es una historia muy larga que Arturo te puede contar, pero para hacerlo corto, nuestro papa tuvo un romance con una mujer muy importante y como Alma y Verónica son iguales pensamos que de ese romance pudo nacer ella." dijo Flavio.

"Su papa nunca tuvo un romance con la Señora Saldívar." dijo Fernández.

"No, mira hace poco Verónica supo que esa Señora no es su mama." dijo Flavio. "Por eso estaba con nosotros, porque siempre sentimos esa conexión y se que es una locura, pero…"

Fernández también lo pensaba, pero cuanto más sabia, más le parecía que podía ser cierto así que miro la bolsa con el cabello y lo metió en el bolsillo de su chaqueta, si eso era cierto, Dios les había devuelto a Alma de una manera en la que nunca hubieran imaginado.

"Si esto es verdad, seria increíble." dijo Fernández.

"Si… pero no es todo lo que quería pedirte." dijo Flavio, mirando al suelo. "Esto si es una locura, pero no me gusta Valverde, ni su hija, ha estado acosando a Arturo todo el tiempo, pero hay algo mas en ella, no sé qué es, pero… pero da miedo."

"Es una mujer con mucho carácter y en cuanto a Valverde, no me parece tan loco, a mi tampoco me gusta, aunque no tengo pruebas para ir contra él, pero si se algo que me preocupa." dijo Fernández, acercándose a él. "Está detrás de Cayetana del Junco y temo que no sea por ella, si no por sus tierras."

"¿Sus tierras?" pregunto Flavio.

"Si, por lo que se, Emilio Valverde ha pasado mucho tiempo observándola, si la pretende o trata de hacer negocios con ella, podría quedarse con sus tierras y eso podría ser fatal." explico Valverde. "No sé porque las quieres, pero si te das cuenta, las tierras del Rancho del Junco están cerca de las de Emilio Valverde."

"Si, lo sé, lo único que se interpone son…" dijo Flavio, de repente dándose cuenta de algo. "Claro… por eso trataba de hacerse amigo de Beatriz y Samuel."

"¿Cómo?" pregunto Fernández.

"Lo que esta entre las tierras de Emilio Valverde y las del Rancho del Junco es este Rancho, Fernández, si quiere hacer algo con las tierras de Cayetana, se las compre o la pretenda o la que sea, primero tendría que quedarse con estas tierras." explico Flavio. "Por eso estaba tratando de acercarse a Beatriz y Samuel, invitándolos a fiestas todo el tiempo, pero Beatriz nunca quiso ir."

Fernández entendio entonces lo que Flavio quería decir, pero ¿para qué hacer tanto trabajo por unas tierras? ¿Qué quería hacer ese hombre? No lo sabian, pero no le gustaba nada porque todo podía tener sentido.

"Hare una investigación en sus negocios a ver que encuentro, pero hasta que termine, esto se queda entre tu y yo." dijo Fernández. "Y por Isadora, creo que tu hermano sabrá hacerse cargo de ella, pero igual es mejor que tu y Samuel se mantengan lo mas cerca que puedan para evitar un enfrentamiento."

"Entiendo, lo haremos."

Entonces escucharon el ruido de una puerta y se giraron para ver a Samuel vestido de negro, no parecía del todo el mismo, pero estaba más entero y nada mas verlo, Flavio se acerco a el y le dio un fuerte abrazo que Samuel devolvió con el mismo cariño.

"Carnal, que bueno verte." dijo Flavio.

"Tengo que estar, Beatriz lo hubiera querido así." le dijo Samuel, mirando a su hermano. "¿Y tú como estas?"

"Estoy bien, ya tome la medicina y estaba hablando con Fernández sobre Verónica." le dijo Flavio, escondiendo todo lo demás de lo que habían hablado.

"Si, es increíble." dijo Samuel.

Fernández asintió y se acerco para darle un abrazo al joven Gallardo cuando vieron llegar a Arturo con Verónica, los dos vestidos de negro. Verónica se acerco a Samuel y sin decir mucho más, le dio un fuerte abrazo que emociono a los hermanos más allá de lo que las palabras pudieran decir. Fernández también se emocionó, pero entonces escucharon la puerta de la entrada de nuevo y poco después, vieron a las hermanas del Junco, pero esta vez, no venían solas.

Doña Cayetana del Junco estaba allí también, parecía tan confundida como ella, aunque en el caso de Cayetana parecía que estaba entrando en la casa del lobo solo que esta vez no había un lobo, si no tres o eso pensaba ella.

Alguien tenia que dar el paso para que esto acabara y como Flavio era el más débil físicamente a la vista de todos, hizo un esfuerzo enorme por tragarse todo lo que podía decir y al mirar los ojos de su esposa, supo que jamás podría atacar a aquella mujer, ni con palabras, ni con nada. Flavio Gallardo era un hombre como sus hermanos y su madre siempre les había enseñado respeto y ahora podía honrar esas enseñanzas mostrando a esa mujer que los Gallardo era más que animales. Se acerco a ella lentamente y extendió su mano, dejando suficiente espacio para que ella pudiera rechazarlo y sorprendiendo a todas las personas de aquella habitación.

A todas, menos a sus hermanos.

"Señora del Junco, gracias por venir." dijo Flavio, cuidando el tono de su voz.

"Vine a pagar mis respetos a una amiga." dijo Cayetana, igual de fría que el hielo. "Veo que está bien, Flavio Gallardo."

"Si, mejorando cada dia." dijo Flavio.

Flavio no aparto su mano y para su sorpresa, vio que Cayetana extendió la suya, era una pequeña victoria, pero en aquel momento se sentía un paso tan grande que su corazón dio un vuelco y Flavio se tensó sin querer.

"¿Esta bien?" pregunto Cayetana.

Flavio hizo un leve gesto de dolor, pero rápidamente Irina corrió a su lado, agarrando su brazo con preocupación, por suerte, Flavio les sonrió para calmarse y luego miro a Cayetana que, a su favor, parecía preocupada.

"Estoy bien." dijo Flavio. "Perdón, es que me sorprendió que tomara mi mano… ¿eso significa que nos odia un poco menos?"

"Flavio…" susurro Irina.

Cayetana lo miro por unos momentos y luego a Arturo y Samuel. No sabia que pensar y todavía tenía mucho que decidir, pero quería hacerlo por sí misma, sin que nadie, ni Leonardo o Emilio tuvieran nada que decir. Las memorias la atormentaban y quizá no era el camino, pero por la memoria de sus errores y la culpa que todavía llevaba dentro, tenía que intentar entender muchas cosas.

Cosas que tenia que ver con los Gallardo y cosas que tenían que ver con Soledad.

"Digamos que hay mucho por decidir, señores, pero este no es el mejor momento para hablar." dijo Cayetana. "Espero mi presencia no les incomode."

"Claro que no." dijo Arturo, dando un paso al frente. "Es la abuela de mi hijo, nunca le prohibiremos la esta casa, ¿verdad, carnal?"

Los dos Gallardo miraron a su hermano mas joven que dio un paso al frente y mirando primero a Andrea y luego a Cayetana, extendió su mano como un gesto de paz para calmar los problemas que había entre las dos familias.

"Sea bienvenida a esta casa, Doña Cayetana y aunque no esté aquí ahora, por favor dígale a Don Felipe que también será bienvenido si alguna vez quiere venir." dijo Samuel, con una voz triste y apagada. "Y gracias por venir, se que Beatriz le tenia mucho cariño a su esposo y a usted también y seguro que donde este, está contenta de verla."

Cayetana asintió y fue aquel sentimiento que vio en los ojos de Samuel hizo que su firmeza se rompiera un poco y estrechara la mano de Samuel suavemente para dejarle ver que ella también quería estar aquí porque ahora sabia que esta fue una buena elección.

Y al mirarlos, quizá empezaba a pensar que los Gallardo era mas que lobos que venían a por ella y a por su familia.

Habitación de Soledad

Eleazar y Matilde siguieron con su plan usando la excusa de preparar el funeral y atender los invitados y entraron en la habitación de Soledad, con intención de culparla del robo de joyas, echarla y finalmente tener libertad para quedarse con todo porque por muy marido que Samuel Gallardo fuera de Beatriz Alcázar, seguía siendo un animal que no merecía ni su pena.

Y sus hermanos merecían mucho menos.

Los dos empleados entraron en el cuarto, querían ver si tenia algo de valor antes de dejar las bolsas, pero cuando dejaban la primera bolsa, no se dieron cuenta de que la puerta se abría de nuevo y esta vez, Soledad era la que entraba, sorprendiendo a los dos empleados.

"¿Qué hacen aquí?" pregunto Soledad, sorprendida.

"Soledad…"

"Les hice una pregunta, ¿Qué hacen en mi cuarto?"

Soledad estaba enfadada y con razón, ella no quería a esta gente en su cuarto y mucho menos si ella no estaba, fue entonces cuando se dio cuenta de las bolsas que tenían en sus manos y su cara de sorpresa se convirtió en la cara de miedo de los dos empleados.

Así que sin saber que hacer, Eleazar actuó sin pensar y empujo a Soledad, tirándola al suelo antes de salir corriendo con Matilde detrás de él. Soledad cayo al suelo con un gesto de dolor y no pudo decir nada por la impresión, pero sabía que tenían que pararlos antes de que se fueran, especialmente si llevaban lo que ella pensaba en esas bolsas.

"¡Ayuda!" grito Soledad.

Era todo lo que podía hacer, eso y rezar para que alguien la escuchara.

Mientras tanto y no muy lejos de Soledad, Verónica la escucho gritar y entro a su cuarto corriendo, arrodillándose a su lado, cerca de ella entraba Cayetana, con la que Verónica y su mama habían estado hablando momentos antes mientras Samuel y sus hermanos salían a saludar a la gente que llegaba y las hermanas del Junco se mantenían cerca, mirando cada detalle.

"Soledad, ¿estas bien?" pregunto Verónica.

"Los empleados…" dijo Soledad. "Eleazar y Matilde, se robaron cosas… deténganlos."

Verónica compartió una mirada con Cayetana y su mama, confundida.

"¿Cómo?" pregunto Verónica.

"Ve, Verónica. Nosotras nos quedamos con ella." dijo Cayetana y al ver que Verónica no se movía, la agarro del brazo. "¡Ve antes de que se vayan!"

Verónica miro a Soledad un momento mas y luego se levantó, saliendo del cuarto mientras Cayetana y Miranda Saldívar ayudaban a Soledad a ponerse en pie y a sentarse en la cama con cuidado.


Fuera de la casa y ante la atenta mirada de curiosos y algunos falsos amigos, Samuel se dispuso a hablar. No tenía ningún interés en explicar las causas de su muerte, por mas que la gente le insistiera porque Beatriz no había querido que se supiera y el iba a respetar eso, por aquel motivo, Samuel decidió hablar de lo que ella si quería hacer y eso hizo.

"La intención de Beatriz siempre fue ayudar a los demás a través de sus gestos beneficios y por eso, la fundación del banco pasara a llamarse la fundación Beatriz Gallardo Alcázar, en honor a una mujer que se mereció mucho más tiempo de lo que la vida le dio y para honrar el gran legado que dejo atrás." dijo Samuel.

Samuel asintió, dando por terminada la explicación y miro a sus hermanos. Flavio y Arturo se mantuvieron a su lado, firmes como rocas que no se iban a mover de su lado en ningún momento. Dario estaba detrás de ellos, mostrando su apoyo incondicional y a su lado, las tres hermanas del Junco: Sofia, Andrea e Irina, tomando su sitio sin ni siquiera saberlo al lado de los Gallardo y aunque Samuel no tenía claro que sitio era el de Andrea, estaba seguro que era cerca suyo porque lo había sentido muy dentro de su corazón desde el dia que lo llevo a ver a Flavio al Hospital… no, incluso antes. Samuel casi sonrió, Beatriz tenía que saberlo, por eso le dijo lo que le dijo.

Tu sabias mas de lo que imaginaba, mi Señora bella.

Samuel camino hacia la casa con su hermanos de escudo y con todo el apoyo que tenia cerca cuando vio a Eleazar y Matilde, corriendo hacia el y cerca de ellos estaba Verónica, que parecía muy enfadada.

"¡Deténganlos!"

Hubo un momento de sorpresa, pero rápidamente los hermanos se colocaron delante de los empleados, cortando su camino, eso enfado a Eleazar y Matilde y fue entonces cuando Samuel se dio cuenta de lo que llevaban.

"¿Qué llevan ahí?" pregunto Samuel.

Eleazar y Matilde parecieron sorprendidos y se miraron, claramente estaban en publico y todo lo que dijeran podía ser un problema a no ser que pudieran explicarlo, pero no se iban a rendir tan fácil, por lo menos Eleazar que en un momento de locura, apunto a Samuel con el dedo y miro a su alrededor, desesperado.

"¡Tenemos que irnos por miedo, Señor! ¡Porque usted mato a la Señora!"

La sorpresa fue enorme cuando la gente del lugar comenzó a comentar y todo se quedo en silencio ante semejante acusación, como si no tuvieran ya suficientes problemas que ahora también iban a decir que eran asesinos.

Pero aquello no se iba a quedar así, como que eran Gallardo que iban a poner fin a esas habladurías aquí mismo porque por una vez, ante esas acusaciones no estaban solos, no cuando sintieron a las hermanas del Junco a su lado y a sus amigos.

No, no estaban solos y esto no iba a terminar así.