Sesshomaru
Regresó al templo, una vez más, en busca de alguna pista, que le indicara el paradero exacto de los guerreros o, algo que le permitiese deducir, con certeza, quién se encontraba detrás de todo el desastre ocasionado
- Estemm... ¿amo bonito? -se posicionó al lado de él - ¿Para que regresamos aquí? Si ya vino unas tres veces y no encontró nada
No obtuvo respuesta, ni verbal ni física, ya que, ni siquiera dirigió sus orbes dorados hacia él
Ay... el amo Sesshomaru ni siquiera me trata con desprecio... desde el día en que se llevaron a Rin, es como si ni siquiera aceptara mi presencia
Pensó, observando como el youkai caminaba, nuevamente, a la misma habitación en la que había encontrado a la mujer. El peliplata se detuvo al frente de aquella pared, entrecerrando los ojos ante aquel recuerdo que atravesó su mente
La noche se había apoderado de la ciudad en el momento en el que él había llegado al templo, guiado por la peculiar fragancia de la youkai que buscaba
- Con que ésta era tu fortaleza, ¿no es así? - frunció el entrecejo - Es increíble que una técnica tan absurda te haya servido durante tanto tiempo
- Oiga, amo bonito... este templo parece que se va a derrumbar en cualquier momento
Sin responderle, se adentró en el, atravesando la primera habitación, cubierta por telas de arañas, ratas y cucarachas que atravesaban su camino
- ¡Espéreme amo bonito! No me deje aquí - corrió, sosteniéndose de su Mokomoko
Esa energía, es la misma que despedía el inútil de ese guerrero
Pensó, entrecerrando sus ojos, sin detener sus pasos. Dobló por un largo pasillo, el cual estaba prácticamente sumido en la penumbra, de no ser por la intensa luz que salía de la última habitación. Se detuvo al frente de, donde se suponía debía estar la puerta, observando la escena
La mujer se encontraba atrapada en el interior de la pared, con medio cuerpo sobresaliendo de ella, su cabeza estaba mirando al suelo y, aquella luz morada, sobresalía de su pecho. Caminó hacía ella, deteniendo, pasando sus ojos por lo que se veía de su cuerpo
- ¿Es.. está muerta? - preguntó Jaken, posicionándose a su lado
- Ese idiota tenía razón - sonrió, elevando su roja mirada, encontrándose con los orbes dorados del peliplata - Viniste a buscarme
Extendió su brazo, con la intención de tomar su mano y quitarla de allí, sin embargo, ella lo detuvo
- No me toques - su voz se oía demasiado baja, casi como si le costara hablar - Si lo haces, este fragmento, te matará
- ¿Qué? ¿Y por qué tu no estas muerta, mujer? - preguntó el pequeño demonio
- No lo sé - el fragmento comenzó a palpitar - Se han ido a la época feudal - trató de gritar, pero su voz se iba consumiendo - Prometo ayudarte en lo que pueda, Sesshomaru - sus ojos se llenaron de lágrimas - Gracias, por tratar de ayudarme
La última frase fue inaudible para Jaken, sin embargo, el youkai si logró escucharla
- ¿Se... se murió? - lo miró, con un dejo de tristeza en su mirada
Pasó la mano por la zona en la que ella había estado atrapada, tratando de canalizar alguna imagen que lo conectara con ella, sin embargo, nada sucedió
Kagura
Pensó, volteando y regresando sobre sus pasos. Estaba seguro de que estaba con vida, y que se encontraba, al igual que Rin, Kagome y Kohaku, en la época feudal
Moroha
La shinhanyo abrió sus ojos, encontrándose con el techo de su cabaña. Su vista se nubló automáticamente, mientras volvía a apagar su mirada, apretando sus puños
- ¿Moroha? - la voz del pequeño zorrito provocó que volteara - ¿Te sientes mejor?
- Shippo - murmuró - No te preocupes por mi
- Pero... ese veneno fue demasiado para ti
- Lo sé - respondió seriamente - ¿Has tenido noticias de Hatsune?
- Bueno... - desvió la mirada, meditando un instante
- Dilo - frunció el entrecejo
- Migi estuvo aquí hace un momento... dijo que aún no saben nada de él
¿Acaso estará...?
Meneo la cabeza, quitando aquel fatal pensamiento de su mente, tratando de concertarse en todo lo que debía hacer, si realmente quería encontrar una solución para los problemas que los atormentaban. Intentó sentarse, realizando notables gestos de dolor
- Espera - se acercó - Tus heridas aún no han cicatrizado
- No me importa - quitó sus sabanas, incorporándose con dificultad - Tengo que encontrarlos - cayó de rodillas, gruñendo de molestia y malestar
- Te comportas como Inuyasha - bufó - Creí que eras más lista que él
- Es mi padre - logró enderezarse - Además, ellos me necesitan
- Moroha
- Ya, Shippo - ambos miraron hacia la puerta - Tú lo dijiste, Moroha puede ser muy terca a veces
- Hisui - pronunció la morena - ¿Cómo te encuentras?
- Estoy bien, por suerte - sonrió
- ¿Y Setsuna? - notó que el rostro del hombre se ensombreció
- Ella aún está tratando de recuperarse - desvió su mirada - Al igual que tú, absorbió demasiado veneno
Cerró sus ojos, recordando lo sucedido tres días atrás
- ¡Se escapa! - gritó la shinhanyo, siguiendo a aquel hombre pequeño, con un recipiente en su mano
- ¡Moroha! ¡Espera! - ignoró completamente el grito de su prometido
Sabía que era un humano, pudo notarlo por el olor que emanaba, de hecho, toda la montaña apestaba a ellos, sólo que mezclado con una extraña energía
- ¡Niña! - se detuvo, en el mismo momento en el que otro hombre se atravesaba en su camino - ¡Lárgate! ¡Estas en peligro! - le lanzó un golpe con aquel guante que poseía en su mano, sin embargo, falló a propósito
- ¡¿Qué demonios haces?! - chocó su espada con las garras de su guante
- ¡Salvando tu vida! - gritó
- ¡Suikotsu! ¡Aléjate!
- Maldición - murmuró, frunciendo el entrecejo, al mismo tiempo en que se apartaba del camino
El bate de Kyokotsu chocó con la kurikaramaru de Moroha
- Eres la hija de ese híbrido - rio
- ¿He? - aquella breve frase la desconcertó lo suficiente como para ser lanzada cerca del precipicio
- ¡Muere!
- ¡No te atrevas a tocarla!
El pie del lobo se estrelló con el rostro del guerrero, quién retrocedió de inmediato
- Argh... maldito lobo - se puso de pie, gruñendo - ¿Cómo llegaste hasta aquí?
- ¿De que demonios hablas? - corrió, intentando golpearlo nuevamente, sin embargo, logró tomarlo por la pierna, lanzándolo al acantilado
- ¡Hatsune! - gritó, logrando sostenerlo de su mano
- ¡Suéltame y huye! - gritó
- ¡¿Acaso estas loco?! ¡No lo haré!
- ¡Moroha! - miró al guerrero, acercándose, para darle el golpe final - ¡SUELTAME AHORA!
- Espera hermano - Kyokotsu volteó, encontrándose con Mukotsu, sonriendo maliciosamente - Déjame tener los honores
- Como quieras - se hizo un lado, al mismo tiempo en que el hombre abría uno de los recipientes que sostenía, bañando a la mujer, en un poderoso veneno
- ¡Moroha! - gritó el lobo, horrorizado por la nube oscura, que envolvió a su prometida
Maldición... no puedo... respirar
- ¡No seas tonta! - con su mano libre, comenzó a separar los dedos de su mano, de la mano de ella
- ¡No! ¡Hatsune! ¡¿Qué haces?! - su visión se dificultaba, sin embargo, sus ojos se llenaban de lágrimas
- Te amo, Moroha - sonrió levemente, dejándose caer al vacío
- ¡HATSUNE! - su alarido se elevó en la noche
- Esos malditos guerreros - gruñó, apretando sus puños - Hisui - lo miró - ¿Dónde está Towa?
- Fue al inframundo
- ¿Aún no regresó? - el joven meneó la cabeza - De acuerdo - miró a un costado, encontrándose con su labial - Dependerá de nosotros
Kohaku
Su respiración agitada provocaba una horripilante sensación de muerte, sus ojos humanos, no estaban entrenados para la oscuridad, sin embargo, su milagrosa memoria, la cual había regresado desde hacia un tiempo, le permitió sobrevivir, recordando todas y cada una de las técnicas de los exterminadores, aún así, aquella cueva era demasiado oscura, inclusive para él
Por favor, no dejes que te mate
- No puedo fallarle - murmuró - Necesito encontrarlos, antes que ellos se salgan con la suya
Frunció el entrecejo, aguantando el dolor de su cuerpo magullado y lleno de heridas. No había tenido la oportunidad de vengarse de Naraku en su vida pasada, sin embargo, estaba seguro de que, en ésta, sería capaz de frustrar sus planes
