Quinto mes del reto anual y hasta ahora solo había enarbolado la bandera bi. Pues en esta historia os saco otra, la no monógama. Y dejó una reflexión de mi yo aroace, algo que debato mucho con mi terapeuta y mis amigas: ¿donde están los límites entre el amor y la amistad? ¿En el sexo? ¿En el tacto? ¿El compromiso? ¿Es todo un constructo social? Ya hacía mucho que no me ponía pedante y reivindicativa…

En lugar de publicarlo a final de mes, esto comienza a publicarse el 15 de mayo por dos cuestiones: primera, hoy es el Día mundial de la familia. ¿Qué esto es erótico? bueno, al final me decís. Y la segunda, que hoy es mi cumpleaños y me lo autorregalo, porque puedo y porque quiero, que escribir erótica me cuesta muchísimo y esto ha sido todo un reto personal.

Los personajes de esta historia no me pertenecen, yo solo les doy otra vida diferente a la que planteó JK. Y por supuesto nome lucro escribiendo esto.


Harry terminaba un trabajo cómodamente sentado en un sillón de su salita de estar. La habitación estaba cálida y silenciosa, solo se escuchaban el rasgueo de su pluma y el pasar de las hojas del libro de Draco, tumbado todo lo largo que era en el sofá.

— ¿Has hecho un trío alguna vez?

Levantó la vista del papel, sorprendido por la pregunta. Draco señaló la página que leía.

— Skeeter dice en tu biografía que te lo estuviste montando con Weasley y Granger durante todo el tiempo que estuvisteis huyendo.

Dejó con cuidado la pluma. Se frotó los ojos bajo las gafas antes de levantarse a quitarle a Draco el libro de las manos.

— Te dije que no leyeras esta mierda —le riñó, dejando el libro sin cuidado sobre la mesita del café.

Draco se incorporó para sentarse en el sofá y dejar sitio a su pareja a su lado. Apoyó la cabeza en su hombro y Harry inmediatamente le pasó el brazo por su espalda. Sabía que a pesar del tiempo como pareja, a veces se sentía inseguro con lo suyo, quizá por eso estaba leyendo aquella bazofia, para poder saber cuánto conocía a Harry realmente.

— Tampoco sería tan extraño, ¿no? Los tres solos, tanto tiempo, sometidos a un gran stress, durmiendo en un espacio pequeño…

— Uno de nosotros siempre estaba de guardia, era raro estar en la tienda los tres a la vez —explicó con paciencia—. Y, francamente, Ron no es mi tipo para nada.

La cabeza rubia dejó su hombro para poder mirarle.

— ¿Y Granger sí?

Se encogió de hombros, tampoco quería mentirle. Draco siguió mirándole, a la espera de una explicación.

— En aquel momento no tenía la cabeza para esas cosas. No recuerdo siquiera haberme masturbado en todos esos meses. Y estaba contigo.

Besó su frente cuando volvió a apoyarse en su hombro, mientras trazaba formas al azar con un dedo en su muslo.

— Habíamos pasado meses sin vernos. Entendería que buscaras un desahogo con todo lo que estabais pasando.

— ¿Tú lo has hecho?—preguntó Harry al cabo de un par de minutos.

— ¿Acostarme con Granger, hacer un trío o buscar un desahogo? —respondió agudo.

— No me he acostado con Hermione.

— Pero no te habría importado hacerlo.

Soltó una carcajada, le encantaban aquellos diálogos locos.

— Nunca me lo había planteado —respondió, meneando la cabeza.

— Yo tampoco.

Los dos rieron. Harry bajó el brazo para tomar la mano que seguía sobre su muslo.

— Sí.

— ¿Sí que? —preguntó distraído, acariciando la mano que tomaba con el pulgar.

— Sí que he hecho un trío —admitió Draco.

Se giró curioso a mirarlo.

— ¿Cuándo? ¿Con quién?

— Una noche loca, a principio del sexto año —respondió, sonriendo al evocar el recuerdo.

— ¿Con quién? Oh, espera, no me lo digas. Zabini.

Draco sonrió. Ya hacía días que había confesado que se habían acostado juntos varias veces, explorando. Aunque Harry no era celoso, le picaba un poco y mantenía una relación un poco más tensa con Blaise que con sus demás amigos.

— ¿Y la tercera persona?

— Pansy, claro. Es la única vez que he estado con una chica.

— ¿Fue muy extraño? Estar con una chica.

Esta vez su novio meditó unos segundos antes de contestarle.

— Un poco, igual al principio, pero una vez en caliente, fue divertido. No para todos los días, sigo prefiriendo a los chicos sin duda.

Era de justicia confesar, igual que había hecho Draco.

— Reconozco que cuando escuché los rumores, antes de que saliera el libro, pensé un par de veces que habría sido interesante probar.

De nuevo los ojos grises se giraron a mirarlo, esta vez con una sonrisa pícara.

— ¿Y aún lo piensas?

Acarició con cariño la mejilla ligeramente ruborizada, sin apartar la mirada. Lo suyo había sido un comienzo algo desesperado, Draco buscando una salida a la misión suicida que le había encomendado Voldemort. Los meses siguientes habían sido difíciles, con Harry inmerso en una huida hacia delante y Draco protegiéndose a sí mismo. Por suerte, ambos habían sobrevivido y tenido la oportunidad de empezar de cero en otro país, gracias condena a exilio.

— Me gustaría probar, si es contigo y una chica. Creo que no estoy preparado para verte con otro chico, bastante tengo con imaginarte con Zabini —confesó por fin.

La sonrisa de Draco se hizo más amplia al ver el pequeño puchero de su novio. Le besó en la mejilla antes de moverse y colocarse a horcajadas sobre sus muslos.

— Tú … eres… el … único… para … mí —le dijo, intercalando palabras y besos—. Si probamos tiene que ser divertido para los dos, con las condiciones que pactemos para que estemos los dos cómodos.

Harry le pasó las manos por la cintura para acercárselo más y besarlo con ganas.


Lo hablaron, esa noche en la cama, y varias veces más, pero sin poner fechas ni nombre a la tercera persona. Harry conocía a Draco lo suficiente como para saber que no lo había echado al saco del olvido, y confiaba plenamente en él para organizar aquello.

Aún así, no lo vio venir. Durante las vacaciones de Pascua viajaron a visitar a Pansy, que estaba pasando unos meses por trabajo en La Haya.

Fue una cena entretenida, siempre lo era cuando estaba Pansy porque tenía un sentido del humor ácido y estaba al tanto de todos los cotilleos del mundo mágico. Incluidos los que les afectaban a ellos, claro.

— Me han dicho que Weasley está furioso porque Skeeter ha dado a entender que te los follaste a él y a su mujer.

Draco soltó una carcajada, pocas personas podían ser más directas que Pansy Parkinson. Harry sonrió y movió la cabeza negativamente.

— Eso no pasó. Creo que Ron moriría antes de tocar un pene ajeno.

No le pasó desapercibida la mirada cómplice que se cruzó entre los dos amigos. Pero lo borró cuando la mano de Pansy se posó en su muslo por debajo del mantel.

— También me han dicho que nunca has hecho un trío —comentó con un tono muy casual, tomando otra cucharada de su postre con cara de inocencia, como si no estuviera a punto de meterle mano con su novio a medio metro.

— Nunca. ¿Crees que es preocupante? Quizá me estoy perdiendo algo importante.

Pansy levantó una ceja delicada, sorprendida por la facilidad con la que Harry le estaba siguiendo la corriente. Tomó otra cucharada de pastel de cerezas y lamió la cuchara mucho más tiempo de lo necesario. Harry dio un respingo cuando sintió otra mano en su otro muslo. Sonrió a Draco cuando una cuchara llena de pastel de chocolate apareció ante su boca. Abrió la boca y dejó a su pareja alimentarle, disfrutando del intenso sabor del chocolate.

El postre se convirtió en un preliminar fantástico, un intercambio de roces, dulces y miradas provocativas. Con los platos vacíos, Pansy propuso moverse al sofá del salón con una copa. Al ir a ponerse de pie, Harry fue consciente de que le apretaban los vaqueros. Los dos Slytherin miraron descaradamente su entrepierna, y se lamieron los labios con idéntico gesto.

— Eso que acabáis de hacer es escalofriante, ¿sabéis?

De nuevo, Draco echó la cabeza para atrás y rio con fuerza, después se acercó a tomarle por la cintura y besarlo con fuerza.

— ¿Quieres seguir? creo que en que nos sentemos en ese sofá esto ya no tendrá vuelta atrás.

Harry se apretó contra él, besándolo de vuelta.

— ¿Sabéis lo caliente que es veros hacer eso? —comentó Pansy apenas a tres metros.

La mirada de Draco aún era interrogadora, así que Harry asintió con la cabeza. Su pareja contestó con una sonrisa ladeada y una mano tendida hacia Pansy.

— ¿Besos sí o no? —preguntó ella, abrazándolos a los dos por la cintura.

La respuesta de Harry fue girarse a besarla. La mirada de Draco era de fuego cuando se separaron y se inclinó a besarla a su vez.

— Creo que nos podemos saltar el sofá, chicos —planteó, tomándolos a los dos de la mano y echando a andar con determinación hacia su dormitorio.

Se dejaron arrastrar por el pasillo con docilidad. Y seguramente los dos disfrutando del movimiento de los glúteos de Pansy dentro de su ajustada falda de tubo, intensificado por sus altos tacones.

Al entrar en la habitación, los dos se quedaron un momento parados. De espaldas a ellos, Pansy se bajaba la cremallera de su falda. Con un suave contoneo de las caderas, la prenda cayó al suelo. A Harry no le habían interesado demasiado las chicas después de descubrir que también le gustaban los chicos, pero la imagen de Pansy podía hacer que cambiara ligeramente su planteamiento: se le secó la boca al ver las torneadas piernas cubiertas de medias oscuras. No había visto en vivo y en directo nunca un liguero sujetando unas medias acabadas en encaje, destacando sobre la blanca piel. El conjunto, rematado en altos tacones negros sujetos a los tobillos, era, cuanto menos excitante.

Pansy se giró hacia ellos, con una sonrisa insinuante, y preguntó con voz ronca:

— ¿Pensáis quedaros ahí?

Harry miró a Draco de refilón, tenía los ojos brillantes y los pómulos ligeramente coloreados. Ambos dieron a la par un paso hacia delante, al que ella respondió llevando los dedos a los botones de su blusa. Antes de que llegaran a ella, quedó a la vista el resto del conjunto, la braguita pequeña y el bustier sin tirantes, adornados con el mismo encaje que las medias. Esa mujer era una obra de arte.

Draco sonrió de lado y se paró tras Harry, comenzando a desabrocharle la camisa.

— Si quieres cambiar de opinión —insistió susurrando en su oído—, este es el momento, cariño. Antes de que acabe de quitarte la ropa.

Por toda respuesta, Harry giró la cabeza lo suficiente para poder besarle. Draco sonrió sobre sus labios mientras su camisa caía al suelo y atacaba la bragueta de su incómodo pantalón.

Pansy se sentó en una butaca y los observó, las piernas elegantemente cruzadas. Eran dos ejemplares increíbles, si verlos besarse en el salón le había parecido caliente, verlos desnudarse el uno al otro subía la temperatura a tropical. Draco era tal y como lo recordaba de su única vez juntos, pausado y sinuoso, se entretenía con la ropa acariciando aquí y allá. A Harry se le veía más impetuoso, estirando hasta casi rasgar la ropa, haciendo los botones volar por la habitación. Con un suspiro, se levantó y se acercó hasta los dos hombres ya en ropa interior también, antes de que se olvidaran de su presencia y le dieran un espectaculo de sexo gay para dos.

Las manos de Pansy, posadas en sus respectivos traseros, les sacaron de la espiral a la que se habían dejado llevar por el calor del momento. Se miraron un momento, recordándose el uno al otro que aquello era especial y no podían dejar fuera al plato fuerte. Cuando quiso darse cuenta estaba rodeada, Harry delante, besándola mientras acariciaba con dedos temblones las líneas de su ropa interior, Draco detrás de ella besándole el cuello y la espalda con suavidad.

— No soy de cristal, chicos —protestó ante los movimientos prudentes y medidos de sus compañeros.

Los ojos de Harry brillaron un momento antes de que se inclinara de nuevo a besarla, con bastante más fuerza, mordisqueando sus labios, las lenguas acariciándose, mientras una mano sinuosa se colaba en el frente de sus húmedas braguitas. Ella dio un respingo al que Draco respondió desabrochándole el sujetador y tomando un pecho con cada mano para acariciar y pellizcar sus pezones. Pansy apoyó la frente en el hombro de Harry y exhaló un suave gemido cuando sintió un dedo acariciar con suavidad su resbaladiza entrada.

— Pans —le murmuró al oído, insinuante—. No he hecho esto nunca, deberías mostrarme.

Ella soltó una carcajada ronca, todavía con la cara en la curva de su cuello.

— A tu edad, Potter, y aún te quedan cosas por aprender —le siguió la corriente.

Se liberó de los dos con un contoneo y caminó hasta la amplia cama; se dejó caer con elegancia y dio dos palmadas al colchón junto a ella. Draco sonrió de lado y se sentó en la butaca mientras Harry se colocaba cerca de Pansy.

— Lo estabas haciendo bien. Ven, acércate más, no muerdo. Aunque igual tú sí — le sugirió, inclinando la cabeza hacia un lado para ofrecerle el cuello.

Además de verse increíble, Pansy también olía increíble. Harry lamió su cuello hasta la delicada oreja y luego dejó un rastro de mordiscos por el pálido cuello mientras ella tomaba la mano morena y volvía a meterla dentro de sus braguitas.

— Así, —Le movió la mano suavemente en círculos— despacio, aprovechando la humedad.

En la butaca, Draco se tocaba despacio también, atento al placer en el rostro de Pansy. Conocía la habilidad de los dedos de Harry sobradamente. Incluso en esa situación nueva para él, Harry había tomado el mando, como era habitual entre ellos, y ahora lo miraba a él mientras hacía gemir a Pansy.

Esa mirada era una orden en sí misma, así que Draco se levantó, se despojó de su ropa interior, y caminó hasta arrodillarse delante de la cama.

— Abre los ojos, Pansy —susurró Harry mientras besaba su hombro—. Mira a tu amigo, dispuesto a chupar, aunque no sabe aún si a ti o a mí. ¿Tú qué opinas?

Las oscuras pestañas maquilladas aletearon, mostrando pupilas dilatadas que devoraban los ojos verdes. Una sonrisa ladeada apareció antes de que estirara la mano para acariciar el cabello rubio.

— Opino que tú deberías pasar a tu siguiente paso de aprendizaje y Draco debería usar su talentosa boca en tu beneficio, por si necesitas motivación.

Harry soltó una carcajada. Se movió en la cama para tumbar a Pansy en diagonal sobre el colchón, colocando cuidadosamente una almohada bajo su cabeza. Despacio, sin dejar de mirar a Draco, aún de rodillas, le bajo las braguitas de encaje y se las tiró a su novio, que las cogió al vuelo como buen buscador.

Con una sonrisa perversa, Draco se las llevó a la nariz, apreciando el trabajo de Harry. Vio perfectamente como el bulto bajo los calzoncillos rojo oscuro se movía ligeramente en respuesta.

— Sube aquí —le ordenó Harry.

Obedeció rápidamente, porque esa actitud mandona le ponía muchísimo, y apartó los dedos morenos de la cinturilla de los calzoncillos de un manotazo, para bajarlos el mismo despacio, rozando con las manos los muslos musculosos.

— Obedece a la señorita, Potter —murmuró sobre sus labios, sujetándole con fuerza el duro pene.

Le besó, con fuerza, y luego se tumbó de lado, su cuerpo en forma de C para alcanzar la entrepierna de Pansy y dejar a su vez la suya propia al alcance de Draco.

— No necesito que Draco me motive para esto, Pansy —le avisó, justo antes de acercar los labios a su clítoris.


Harry sentía el sudor caer por la espalda. Sus caderas se movían despacio contra Pansy, en busca del tercer orgasmo. Sentía a Draco también dentro del cuerpo de ella, separado por la fina membrana entre vagina y ano, era… electrizante.

Pansy se quejó débilmente, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el hombro de Harry. El cabello brillaba en sus sienes por el sudor y tenía las manos engarfiadas sobre las costillas de Draco, tumbado bajo ella. Su amigo tenía la mandíbula apretada y a Harry le bastó una mirada para saber que estaba al límite.

— Mira a Draco, Pans —le pidió, pasándole el brazo por el pecho para pegarla más a él y alcanzar más profundidad.

— Joder, Potter —masculló ella, porque al abrir los ojos se dio cuenta de las marcas rojas en la pálida piel de su amigo.

— Eso es, joder —le contestó, con un deje divertido y un jadeo en su oído, corriéndose dentro de ella con un último empujón.

Salió despacio y se dejó caer en la cama, sin perderles de vista. Draco había abierto los ojos y se había incorporado hasta conseguir darle la vuelta y que Pansy estuviera de espaldas sobre la cama, con las piernas abrazando su cintura, golpeando dentro de ella con una energía sorprendente en alguien que llevaba teniendo sexo más de tres horas, hasta conseguir hacerla gritar y gritar él mismo a continuación.

Draco sintió los dedos de Harry entre su pelo mientras trataba de respirar con la boca abierta, aún tumbado sobre Pansy, con la cara contra su cuello. Despacio, se movió hacia un lado, para dejarse caer entre los dos, apartándose el flequillo pegado a la frente por el sudor. Tumbados los tres en la cama, aún recuperando el aliento, la curiosidad natural de Harry salió a la luz.

— ¿Qué sabéis sobre Ron que yo no sé?

Pansy sonrió ladina y se puso de lado, sujetando la cabeza con una mano y tapándose con la sábana con la otra.

— Tu amigo no le hace ascos a tocar penes ajenos.

— Ron jamás engañaría a Hermione —afirmó rotundo Harry.

— Yo no he dicho que lo haga —le respondió Pansy, inclinándose hacia la mesilla para coger la varita y lanzar varios hechizos limpiadores y refrescantes—. Quizá el único en tu viaje que no pensaba en sexo a tres bandas eras tú.

— Estás muy bien informada.

— O tú muy desinformado. Deberías preguntarles por el antifaz rojo.