Se encontraba plácidamente dormido cuando una gota resbaló por su nariz, se quejó de la sensación y por reflejo la rascó, se mantuvo tranquilo por un momento hasta que otra gota le volvió a caer, la acción se repitió, pero nuevamente la gota cayó, esta vez despertándolo, se quejó una última vez antes de abrir sus ojos, se los talló un poco y bostezo, parecía que ya era de mañana.

Volteó a ver a sus hermanos, estos se encontraban recargados unos contra el otro, aún dormidos.

Decidió no despertarlos por ahora, se acercó a su hermano mediano y acomodó la chaqueta que le había dado la noche anterior evitando despertarlo, acomodó la gorra que llevaba el rubio antes de pararse y salir del callejón tambaleándose un poco en el proceso.

Las calles seguían un poco húmedas por la lluvia, el aire se sentía fresco, se dió cuenta de que aún era temprano, pues algunos locales apenas se iban abriendo y el cielo aún se veía gris, pero estaba soleado.

Camino un rato por las calles abrazándose asimismo mientras estornudaba, la cabeza le daba vueltas, posiblemente habría pescado un resfriado, pero le restó importancia, si sus hermanos estaban bien, el igual, lo demás no importaba.

Así era y así había sido desde siempre.

El mareo provocaba que cada paso que diera se sintiera como si estuviera flotando, sentía como una punzada le atravesaba la cabeza y la creciente luz del sol le hacia arder los ojos.

Al llegar a lo que parecía ser un parque se sentó en el pasto, se recargo en un árbol y fue cubierto con su sombra, cerro sus ojos un momento y respiro esperando de que sus náuseas disminuyeran.

—Oh vamos Momoko, relájate por favor.— Unos cuantos pasos de ahí se podía escuchar la plática amistosa de un trío de chicas

—¡¿Cómo puedes pedirme eso después de todo?!, Un auto pasó enfrente de mi, ¡Un auto!, me salpica, mi mochila se mojó, me quedé sin tarea, y cuando quiero comprar un solo pastel para intentar sentirme mejor me doy cuenta de que: ¡Oh, PERDÍ MI MONEDERO!, ¡¿QUÉ TAN MISERABLE TENGO QUE SER?!— Pataleaba con frustración una chica pelirroja mientras tiraba de los mechones de su pelo, esta parecía de su edad, su pelo era realmente largo, atado en una coleta alta decorada con un listón rosa.

Demasiado llamativa.

—¿Te puedes callar ya?, Tragas azúcar todos los malditos días, no sé de qué te quejas.— Le replicó una chica pelinegra ya harta de la rabieta infantil de su amiga, mirándola enojada mientras metía sus manos en sus bolsillos.

El chico se sorprendió al oír su voz, pues a primera vista pensó que se trataba de un hombre, analizándola un poco más pudo notar claramente que no lo era, tanto por su voz como su figura, pero su cabello, su forma de comportarse y vestir lograban confundir, "Marimacho" fue lo que se cruzó por la mente en ese momento.

—¿Que dijiste?— Lentamente giro su cabeza hacia su amiga verde con una mirada fija y tenebrosa que la hizo titubear, rápidamente se arrepintió de sus palabras.

—Y-y-yo...—

—Vamos Momoko, relájate, en mi casa tengo algunas galletas que prepare, si nos damos prisa llegaremos podrás cambiarte de ropa y te daré algunas, ¿Qué te parece?— Decía una chica rubia tratando de calmar a su amiga, su voz le molesto un poco al chico, algo chillona para su gusto...

La rosada despegó la mirada de su amiga y respiro un par de veces para calmarse —Si, me parece bien, gracias Miyako.— La mencionada rio nerviosa y suspiro aliviada.

Momoko ascendió su vista cruzando miradas con el chico sentado en el árbol quien no cambio su expresión vacía, mirándose el uno al otro por unos segundos.

—¡Vamos Momoko, o llegaremos tarde!—

—¡Hey, espérenme!— Gritó al ver como sus dos amigas iban dejándola atrás empezando a seguirlas.

El chico seguía en su lugar viendo como el grupo de chicas se alejaban rápidamente, jugueteando entre ellas, no pudo evitar pensar en sus hermanos, una sensación de nostalgia dolorosa se incrustaba en su pecho, desearía poder verlos asi.


Una vez sintió que el dolor de cabeza se apasigüo siguió caminando por las calles cercanas, buscando algo que pudiera comer y llevar a sus hermanos, siendo sinceros no le resultó tan fácil pues él había crecido de otras maneras, se crío con otras reglas y no tenía ni idea de que hacer en una situacion como está.

Finalmente un carrito de Hot Dogs recién abierto se topó frente a él, no le pareció mala idea, el precio, el sabor, tampoco se negaría a algo que rara vez comería.

Se dirigió al mismo banco donde había visto a las chicas un momento atrás, comió un par y realmente se sintió bien, de los muchos sabores que deseaba no haberse perdido por tanto tiempo.

Definitivamente cambiaría su vida, empezando por la comida.

Se dio un momento para reflexionar mientras disfrutaba de los bocados.

Trataba de idear un plan para poder vivir de buena forma con sus hermanos, definitivamente necesitaban un lugar para quedarse.

Una casa, un departamento, aunque si encontraban una cueva se ahorrarían lo de la casa y tendrían más para el resto, sin olvidar lo complicado que sería encontrar un lugar donde dejarán vivir solos a chicos menores de 15 años.

Estornudo un par de veces y se quejo por el dolor de cabeza. Deberían agregar a la lista medicinas, después de todo el y sus hermanos eran algo sensibles de salud.

Debería haber visto todo eso venir...

Cuando finalmente acabo con su desayuno se dirigió de nuevo hacia donde sus hermanos aún se hallaban dormidos, durante la noche se encargó de que los pedazos de cartón y bolsas de basura cubrieran a sus hermanos de verse a plena vista

Llegó y revisó a los menores, seguían dormidos pero está vez el pequeño pecoso se encontraba abrazado al pelinegro que lo cubría con su brazo.

Una sonrisa se formó en sus labios, no importaba lo difícil que fuera o lo que tuviera que hacer, daría lo que fuera para ver a sus hermanos dormir tranquilamente en un lugar donde se sientan seguros, dónde estén seguros, lo que fuera por verlos reír y libres de cualquier sufrimiento.

Realmente, lo que fuera...

Se sentó al lado de su hermano pelinegro y acomodó el mechón de cabello rebelde detrás de su oreja.

—Hey, arriba.— Su voz era tranquila y un tanto cariñosa —¿Butch?— Acarició la mejilla de su hermano que ante el frío tacto fue abriendo lentamente los ojos.

—Hola...—Lo saludó.

—Buenos días hermano, ¿Cómo te sientes?— Preguntó mientras pasaba su brazo tras los hombros de su hermano y verificaba cuidadosamente el parche en su ojo.

—Como la mierda.— Sin ánimos mientras tallaba su nariz —¿Tu cómo te encuentras?— Regresó la pregunta.

—Podría estar peor.— Respondió formando una sonrisa en su cansado rostro para después estornudar varias veces, acercó la bolsa donde estaba la comida que había traído antes de que su hermano preguntará —Toma, talvez les guste—, Butch se sorprendió al ver el contenido de este, sabía lo mucho que su pequeño hermanito se emocionaría con esto.

—Oye, pecas.— Con sus dedos dió un pellizco en la mejilla de su hermanito y lo sacudió, no tardó mucho para que reaccionará.

—¡Hey!— Empezó a sobarse.

—Despierta o me comeré tu desayuno.—

El menor se sentó para estirarse mientras bostezaba para después dirigir una mirada de enojó a su hermano, quien solo se rió.

—Ya anda, come.— Le aventó la bolsa, cosa que provocó que la mirada de enojo se intensificará aún más, pero no duró mucho, rápidamente cambio por una de emoción al ver el desayuno que tenía ahí

—No es cierto...—Saco rápidamente la comida y se sentó junto a sus hermanos con mucha emoción —¡Gracias, Brick!—

El mencionado veía al par comiendo felizmente, tal vez no era el mejor contexto, ni el mejor lugar, pero sus hermanos estaban tranquilos con una sonrisa en sus rostros, y eso le daba vida.

Paso un rato en que ambos menores empezaron a molestarse entre sí, de hecho era la primera vez que lo hacían en mucho, mucho tiempo. Butch se dedicaba a hacerle pequeñas burlas a su hermanito sobre como dormía y este le respondía lanzándole una mirada que no hacía más que darle risa a su hermano.

—Oye Brick, estás ardiendo.— Mencionó Butch al sentir el brazo de su hermano, puso su mano en su frente y efectivamente, su temperatura no era normal.

—Tranquilo, estaré bien.— Aparto la mano de su hermano.

—No debiste quitarte la chaqueta anoche, ahora te has enfermado por el frío, tal vez deberíamos buscar un médico.— Con voz severa y preocupada miraba a su hermano mayor que estornudaba y tenía las mejillas sonrosadas.

—Hey, no hace falta, ya pasara créeme. Todo irá bien.— Brick le sonrió tratando de transmitirle confianza a su hermano, él solo lo miró aún no convencido, pero sabía que no podía hacer nada, si el lo decía entonces estaba bien...supongo.

—¿Y cuál es el plan?— Preguntó Butch dirigiéndose al mayor cambiando de tema resignado.

—Sigo trabajando en eso.—

—Bueno, será difícil.—Soltó en un suspiro pesado.

—Pues yo quiero una casa con muuuchos árboles—Dijo el menor acostándose en las piernas de sus hermanos.

—¿Arboles, Boomer?— Preguntó el mayor sonriendo ante las palabras del pequeño.

—¡Sí, para jugar en ellos, quiero treparlos!—

—Bueno no creo que haya muchos así, ¿Pero qué te parece un patio grande?, tal vez puedas plantar tus propios árboles ahí.— Empezó a acariciar el cabello del menor.

—¿De verdad?— Un brillo en sus ojos resplandecía ante las promesas de su hermano.

—Por supuesto.—

Boomer reía fuertemente, las palabras de su hermano mayor que lo hacían enormemente feliz, una casa, jugar entre los árboles, SUS propios árboles, no podía estar mejor

Brick volteo a ver a su hermano mediano, quien sonrió mientras negaba con la cabeza, inmediatamente lo abrazó.

No importaba lo difícil que fuera, si sus hermanos soñaban con eso y más, lo cumpliría a toda costa...


—Zkootart / Zeta D'Rowdy