Capítulo 2
"No sabes lo feliz que estoy de saber que en dos semanas más estaremos de viaje rumbo a Pemberley. Esta ciudad es insoportable durante el verano, y además, tendré la oportunidad de pasar tiempo con mi querida amiga Georgiana," dijo Caroline. A ella lo que verdaderamente le interesaba era pasar tiempo con el señor Darcy y demostrarle que no había nadie mejor que ella para ser la nueva señora Darcy.
"Me encanta Pemberley, es un lugar tan hermoso y siempre nos tratan muy bien cuando estamos allí," dijo Louisa.
"Y la comida y la bebida son excelentes," agregó el señor Hurst.
La familia estaba reunida en el salón conversando antes de pasar al comedor para cenar. El señor Bingley fingía que escuchaba a sus hermanas pero en realidad estaba pensando en la velada anterior. Él había conocido a una señorita muy hermosa, que además era bastante agradable. Ellos habían bailado y conversado y él no podía negar que se había sentido atraído hacia ella. Pero no de la forma que había sentido por Jane Bennet. Ella era tan hermosa y tan gentil que parecía incapaz de tener malos pensamientos. A veces estaba seguro que había hecho lo correcto al alejarse de ella y otras no. Él no la veía desde hace varios meses, sin embargo aún pensaba en ella.
"Charles, Georgiana viajará con nosotros. Espero que aproveches la oportunidad para conversar con ella. Es una chica tan encantadora que estoy segura podrán ser muy buenos amigos si te lo propones," dijo Caroline
"Además, ella es tan elegante y sofisticada… Y toca el piano tan bien, además de pintar y hablar perfecto francés," agregó Louisa.
"Efectivamente, Georgiana es una señorita muy agradable. Desgraciadamente es demasiado tímida, y si yo intento conversar con ella por mucho rato, ella se siente intimidada. Así que prefiero mantener una cordial distancia para no hacerla sentir incómoda," explicó el señor Bingley.
"No estoy de acuerdo, Charles. Si no te acercas a ella, será difícil que puedan ser buenos amigos. Tal vez en un principio pueda que sea difícil, pero estoy segura que si perseveras, ella se acostumbrará a ti y no se sentirá más intimidada con tu presencia." Caroline deseaba a toda costa que su hermano se fijara en Georgiana Darcy, la mujer ideal para él.
"Caroline tiene razón, Charles. Si no lo intentas jamás podrán ser amigos." Louisa tenía las mismas intenciones que Caroline y deseaba ayudar a su hermana en sus intentos de acercar a su hermano a Georgiana.
El señor Bingley sabía muy bien lo que sus hermanas estaban tramando, pero él sabía que eso que ellas tanto anhelaban, jamás pasaría.
"Lo siento, queridas hermanas, pero no estoy interesado en forzar una amistad con una señorita a la que estimo, pero con la que no tengo nada en común," dijo el señor Bingley tajantemente.
"Eres muy terco, Charles. Estás perdiendo una excelente oportunidad de conocer mejor a una chica talentosa y de excelentes modales," insistió Caroline.
"Además, Georgiana es la hermana de uno de tus mejores amigos y la sobrina de un Conde. Charles, no puedes dejar pasar una oportunidad como esta. Durante los dos o tres días de viaje, debes al menos intentar conocerla mejor," agregó Louisa.
"Quise ser razonable y esperaba que ustedes entendieran sin tener que entrar en detalles desagradables y que no vienen al caso. Pero ya que insisten, tendré que ser bien claro. Si lo que ustedes quieren es que me acerque a Georgiana con la secreta esperanza de que entre ella y yo pueda haber algo más que una distante amistad, les digo tajantemente que jamás ocurrirá. A mí me gustan las mujeres hermosas, y Georgiana sin duda alguna es una señorita admirable, pero demasiado… sencilla para mi gusto."
"Charles, ¿cómo puedes decir algo así?" dijeron Louisa y Caroline al mismo tiempo.
"Charles tiene razón, Georgiana es una chica poco atractiva," agregó el señor Hurst.
"Arthur, por favor," dijo Louisa reprendiendo a su esposo.
"Precisamente porque no me gusta hablar así de ninguna dama, es que no quiero que insistan más con el tema de Georgiana," dijo Charles enojado.
"No puedo creer, Charles, que hayas perdido gran parte del otoño prestándole atención a una mujer insignificante como Jane Bennet y que te niegues a conocer mejor a una señorita de la posición social de Georgiana Darcy."
"No sé si eres ciega o no lo quieres ver o entender, Caroline. La señorita Bennet es la mujer más hermosa y dulce que jamás haya conocido, y esa es la razón por la que disfruté cada minuto que pasé en su compañía. Y antes que tú y Louisa comiencen con sus sermones, quiero decirles que no se preocupen porque ella está en el pasado y no tengo ninguna intención de regresar a Hertfordshire ni de cortejarla. Pero tampoco deseo tener ningún tipo de relación con Georgiana Darcy."
Afortunadamente para el señor Bingley, la ama de llaves les avisó que la cena estaba servida e interrumpió la desagradable conversación. Aunque sus hermanas intentaron seguir hablando del tema, él no les prestó atención y conversó con su cuñado sobre la reunión de amigos que tendrían al día siguiente en el club.
Caroline y Louisa comprendieron que era mejor no seguir insistiendo en el tema, pero no se habían dado por vencidas. Ellas encontrarían la forma de acercar a su hermano a Georgiana. Caroline soñaba con una doble boda entre hermanos en la que estuvieran presentes las personas más importantes de la sociedad londinense y Derbyshire.
P&P
El señor Darcy no sabía qué decir, Elizabeth lo miraba con curiosidad pero sonreía. "Señorita Bennet yo…"
"Lizzy, perdona que te hayamos hecho esperar… Fue mi culpa, querida, siempre tengo problemas con mi pañuelo," dijo el señor Gardiner. Luego notó al señor que le hablaba a su sobrina y vio la cara de confusión en ella. Cuando sintió el leve apretón que le dio su esposa en el brazo, comprendió que tal vez Elizabeth no había reconocido al caballero y por eso no sabía qué decir. "Buenas noches, señor, por favor permítame presentarme… Soy Edward Gardiner y esta hermosa dama es mi esposa, la señora Gardiner. Veo que usted conoce a nuestra sobrina Elizabeth."
"Mucho gusto, señor, soy Fitzwilliam Darcy y tuve el placer de conocer a la señorita Bennet hace unos meses en Hertfordshire," replicó el señor Darcy.
Cuando Elizabeth escuchó el nombre quedó un poco sorprendida. Ese caballero era el señor Darcy, pero se comportaba de una manera muy distinta a como ella hubiera esperado. Él parecía una persona bastante amable y gentil, no el hombre desagradable y orgulloso que le habían descrito.
"Así es, tío. El señor Darcy estuvo el pasado otoño en Netherfield, la hacienda que colinda con la de mi padre." Elizabeth quería dejarle saber a sus tíos que algo sabía del caballero para que no se preocuparan.
"Estoy un poco sorprendido de encontrarla aquí, señorita Bennet. Yo me encuentro camino a mi finca, que como usted sabe, está en Derbyshire."
"Yo estoy de viaje con mi tío y tía, también vamos rumbo a Derbyshire," dijo Elizabeth.
"Yo crecí en Lambton, pero hace mucho años que no he tenido la oportunidad de visitar a viejos amigos y familia. Además, por supuesto, de recorrer los hermosos paisajes de mi tierra natal," explicó la señora Gardiner.
"Señor Darcy, si no tiene otros planes, le parece si se sienta y cena con nosotros," dijo el señor Gardiner con cordialidad.
"No tengo ningún plan porque estoy viajando solo, y por supuesto que acepto su invitación. Será un placer poder cenar con ustedes," replicó el señor Darcy. Él deseaba mostrarle a Elizabeth que él no había pasado por alto sus reproches y era capaz de reconocer que se había equivocado al juzgar tan duramente a personas que ni siquiera conocía.
La conversación durante la cena fue muy entretenida. El señor y la señora Gardiner eran personas muy cordiales y educadas y podían hablar de muchos temas. El señor Darcy sintió aún mucho más vergüenza al comprobar una vez lo equivocado que estaba. Aún recordaba como Caroline Bingley y Louisa Hurts hacían bromas a expensas de aquellas personas, y como él contribuyó a denigrarlos sólo porque el señor Gardiner se dedicaba al comercio. Sin duda alguna, él se había comportado como un imbécil y merecía cada una de las cosas que Elizabeth le dijo.
"¿Cuánto tiempo piensan permanecer en Lambton, señora Gardiner?" preguntó el señor Darcy. Él deseaba conocer sus planes para planear una invitación a Pemberley.
"No tenemos planes fijos, señor Darcy. Mi esposo debe estar de regreso en Londres antes del fin de este mes, por lo que tendremos un poco más de tres semanas para recorrer el área."
"Nuestra idea inicial era viajar al Distrito de los Lagos, pero mis negocios me impidieron alejarme de Londres. Yo le había prometido a mi querida Lizzy que la llevaría a conocer ese maravilloso lugar, pero supongo que tendremos que hacerlo en el futuro."
"No te preocupes, tío, yo estoy feliz sabiendo que podré conocer los hermosos paisajes de Derbyshire."
"Si me lo permiten, puedo aconsejarles e incluso acompañarlos a recorrer parte del Peak District."
"Nos encantaría, señor Darcy, pero no deseamos causarle inconvenientes o desviarlo de su ruta," dijo la señora Gardiner.
"No se preocupe, por favor. No tengo mucho que hacer y puedo perfectamente tomarme unos días de vacaciones. Aunque les sea difícil de creer, los últimos años he estado tan ocupado que no he tenido la oportunidad de recorrer los hermosos parajes de mi tierra natal. Será divertido poder volver a ver tantos paisajes que me traen recuerdos de mi niñez acompañado de ustedes."
Después de más de una hora de entretenida conversación y cuando habían terminado de cenar, el señor Gardiner se disculpó y dijo que necesitaba hablar con su cochero por algunos minutos. Por su parte, la señora Gardiner fue a conversar con la esposa del posadero para pedirle que preparara una canasta con comida para el viaje.
Entonces, el señor Darcy aprovechó la oportunidad para hablar con Elizabeth. Por una parte, él deseaba disculparse por todo lo que había ocurrido en Kent. Por otra parte, él no deseaba hablar de cosas dolorosas en un momento de tanta alegría. Elizabeth había sido tan gentil, que él no quería romper la magia del momento. Si todo salía como lo estaba planeando, tendría dos semanas para encontrar el momento para disculparse.
"Me alegro que haya podido encontrar un libro interesante para leer," dijo el señor Darcy intentando buscar un tema neutral.
"Es un libro que leí unos años atrás y me gustó mucho. No hay mucha variedad, pero igual me parece una buena idea que la posada tenga libros para entretener a sus huéspedes."
"Yo tengo varios de mis libros favoritos en mi carruaje. Además, tengo tres libros que compré y pretendo leer en los próximos días. Si desea, señorita Bennet, puedo prestarle algunos de mis libros."
"Es usted muy amable, señor Darcy. No creo que sea necesario, pero si me apetece leer, le avisaré. Mi tío y tía son personas muy interesantes y viajar con ellos es un placer porque siempre tienen algo interesante de qué hablar."
"Tiene razón, señorita Bennet, el señor y la señora Gardiner son encantadores. Pero sé que aunque alguna vez lo haya negado, usted es una excelente lectora, por eso mi oferta sigue en pie." El señor Darcy notó que Elizabeth lo miraba con cierta curiosidad y aclaró. "¿Recuerdas cuando usted dijo en Netherfield que no era una gran lectora? La señorita Bingley intentó burlarse de usted porque prefirió seguir leyendo a jugar a las cartas."
"Claro… por supuesto," dijo Elizabeth. Ella no recordaba aquel incidente, pero Jane le había comentado que las hermanas del señor Bingley no habían sido muy amables con ella. "La señorita Bingley era mi anfitriona, supongo que hice todo lo posible para no generar polémica."
"Entiendo. Reconozco que ellas, y en cierta forma yo, no fuimos muy amables. Aunque creo que usted ahora comprende que fue por razones muy distintas," explicó el señor Darcy con algo de pesar en su voz.
Elizabeth estaba muy confundida e intentó decir algo neutral para que el caballero no se diera cuenta lo incómoda que estaba. "La señora Hurst y la señorita Bingley han vivido toda su vida en la ciudad. Es lógico que no comprendan y vean con cierto resquemor las costumbres de las personas que vivimos en el campo o en ciudades pequeñas. Y usted, señor Darcy, es una persona de carácter reservado, y a veces, eso puede ser interpretado de la manera equivocada."
"Puede ser interpretado como que soy un hombre arrogante, presumido y orgulloso," dijo el señor Darcy riendo. Él estaba feliz, al parecer su querida Elizabeth estaba intentando ser amable con él. Al parecer su carta había surtido algún efecto y ella estaba haciendo un esfuerzo por conocerlo mejor.
"No sea tan duro consigo, señor Darcy. Recuerde que todos tenemos defectos, lo importante es poder reconocerlo y trabajar para mejorarlos." Elizabeth estaba cada vez más confundida. Aquel señor le hablaba de una forma tan peculiar, como si entre ellos hubiera existido algún tipo de amistad. Todos le habían dicho que él era muy desagradable y que no había hecho amigos en Hertfordshire.
"Lo sé, y gracias a sus consejos, estoy intentando mejorar todos aquellos aspectos deficientes de mi carácter. Como lo ha podido comprobar hoy, estoy tomando el trabajo de practicar el arte de conversar, y debe admitir, señorita Bennet, que no lo he hecho tan mal," dijo el señor Darcy sonriendo y mirando a Elizabeth con ojos anhelantes.
"Lo ha hecho excelente," replicó Elizabeth. Ella debía reconocer que el señor Darcy había sido muy gentil con los Gardiners y estaba comenzando a dudar que todo lo que había escuchado de él fuera cierto. Él la miraba de una manera muy especial, casi con admiración, y ella no podía evitar sentirse halagada. El señor Darcy era un hombre joven, guapo y rico y ella no recordaba haber conocido a alguien tan encantador. Eso la hacía sentir confundida pero contenta, y sentía que no podía dejar de coquetear con él.
Entonces, para no seguir comportándose como Lydia y Kitty, Elizabeth prefirió cambiar el curso de la conversación. "¿Viaja mucho entre su finca y Londres, señor Darcy?"
"Lo hago por lo menos cuatro veces al año. Me encantaría poder permanecer más tiempo en Pemberley, pero tengo un montón de obligaciones que cumplir en la ciudad, y debo participar en la temporada. Pero una vez que me case, creo que viajaré mucho menos. Aunque supongo que todo va a depender de lo que quiera mi esposa…"
"¿Es usted el tipo de hombre que deja que su esposa tome ese tipo de decisiones?" preguntó Elizabeth.
"Como le dije, señorita Bennet, si fuera por mí, yo pasaría todo el año en Pemberley. Pero si mi esposa es una persona más gregaria y desea participar en eventos sociales y disfrutar de las diversiones de la ciudad, yo no tendré problema en complacerla. Supongo que soy el tipo de hombres que quiere que su esposa sea feliz y que nunca se arrepienta de haberse casado conmigo," replicó el señor Darcy mirando intensamente a Elizabeth.
"Entonces debe buscar una esposa que sea más bien taciturna, que hable muy poco y no le guste bailar," dijo Elizabeth sonriendo.
El señor Darcy no pudo evitar reír al recordar aquella conversación en el baile de Netherfield. "Ese es mi mayor problema, señorita Bennet. Debo confesar que prefiero una esposa que tenga una conversación agradable, que no tenga miedo a expresar su opinión y que le guste bailar, especialmente conmigo."
Elizabeth sonrió y miró al señor Darcy como intentando analizar sus pensamientos. Si ella no estuviera segura que aquel caballero no era más que un conocido distante, ella hubiera pensado que él estaba intentando adularla y hasta decirle que ella era la mujer ideal para él. Por su parte, el señor Darcy casi no podía respirar de la emoción. Había algo diferente en Elizabeth, ella conversaba con él, le coqueteaba y parecía aceptar cada uno de sus halagos con naturalidad. Tal vez y después de mucho reflexionar, ella había descubierto que sus sentimientos por él eran de una naturaleza muy distinta y él ya no era el último hombre del mundo con quien ella querría casarse.
Llevado por la emoción, el señor Darcy iba a tomar la mano de Elizabeth para besarla y decirle que sus sentimientos no habían cambiado y que él seguía amándola profundamente. Afortunadamente, la señora Gardiner llegó, y él pudo ordenar sus pensamientos. Hubiera sido un gran error de su parte olvidar todo lo que había pasado al dejarse llevar por un impulso.
El señor Gardiner también regresó de hablar con el cochero y para continuar conversando por unos minutos más, la señora Gardiner ordenó que les trajeran té mientras los caballeros bebían una copa de brandy.
"Si no es mucho pedir, tal vez podríamos desayunar juntos y puedo sugerirle algunos lugares en donde podemos parar para refrescarnos. Conozco muy bien esta ruta."
"Será un placer, señor Darcy. Entonces, nos encontramos mañana aquí a la hora del desayuno," dijo el señor Gardiner.
El señor Darcy les deseó las buenas noches a los Gardiner y cuando ellos subían la escalera rumbo a su habitación, tomó la mano de Elizabeth, la besó y le dijo con mucha intensidad. "Qué tenga lindos sueños, señorita Bennet. Fue una hermosa sorpresa poder haberla encontrado y tener el placer de poder viajar junto a usted y su familia."
Elizabeth no pudo evitar sonrojarse, pero sin evitar su mirada replicó, "Buenas noches, señor Darcy." Ella hizo una pequeña reverencia y subió la escalera tras su tía y tío.
El señor Darcy se fue a su habitación y se quedó por muchas horas pensando en Elizabeth y en la segunda oportunidad que la vida le había dado.
'Esta vez haré todo lo que pueda para ganarme tu amor, mi querida y amada Elizabeth.'
P&P
El Capitán Francis Coleman era un hombre leal y trabajador. Sus hombres confiaban ciegamente en él porque era capaz de arriesgar su vida para protegerlos a ellos y al navío que comandaba desde que cumplió los veintiocho años. En los tres años que llevaba al mando de Venus, él había logrado amasar una considerable fortuna y pensaba retirarse en unos cuatro años más cuando cumpliera los treinta y cinco años.
Francis era el segundo hijo de Lord Evans y medio hermano del Vizconde Thorpe. Cuando su padre enviudó de su primera esposa a los cuarenta años se casó con la madre de Francis. Cordelia era una ambiciosa señorita de tan sólo dieciocho años, hija de un caballero de menor importancia. Según contaban los rumores, Francis no era hijo de Lord Evans sino del amante de Cordelia, un insignificante asistente de procurador. Por esa razón, cuando Cordelia murió debido a complicaciones del parto, Lord Evans dejó a su hijo a cargo de sirvientes. A los pocos meses de enviudar, él se volvió a casar, pero esta vez con una viuda que tenía dos hijas.
Cuando Francis cumplió los trece años, Lord Evans lo enroló en la Royal Navy. Él no deseaba pagar por los estudios de un niño por el que no sentía ningún tipo de afecto. Desgraciadamente, él se enteró demasiado tarde que los rumores sobre la paternidad de Francis eran falsos y que el niño sí era su hijo. Para ese entonces, la relación entre ellos era casi inexistente e imposible de reparar.
Francis era un niño inteligente y ambicioso y había logrado adaptarse fácilmente a la vida en el océano. En los marineros había encontrado la familia que nunca tuvo y el mar se había transformado en su hogar. Pero él no quería vivir el resto de su vida como un nómade y su sueño era poder comprar una finca, aprender el trabajo de la tierra y tener un lugar al que llamar hogar. Además, él deseaba encontrar una buena mujer que lo quisiera y que le diera hijos. Él deseaba ser un buen padre y darle a sus futuros hijos todo lo que él nunca había tenido. Pese a lo dura que había sido su vida, Francis era un hombre de buen corazón y deseaba tener una vida normal como cualquier otro hombre.
Francis había heredado el porte aristócrata de los Evans y los ojos profundamente azules de su madre. Él era un hombre guapo aunque a muchas mujeres les parecía más bien intimidante por la manera austera y tosca en la que se comportaba. Desgraciadamente, él había pasado gran parte de su vida rodeado de hombres y las mujeres con las que se relacionaba tenían una vida dura y no esperaban ser tratadas como damas.
Cuando tenía quince años y estaba bajo el mando del Capitán Green, Francis visitó por primera vez las costas de Grecia. Allí, visitando uno de los templos construídos muchos siglos atrás, él vio la estatua de la diosa Afrodita. Francis jamás había visto nada tan hermoso en su vida, y de cierta forma, se enamoró perdidamente de la imagen de aquella diosa a la que llevaba grabada en su mente. Él no era tan iluso como para pensar que algún día conocería a una mujer tan perfecta como aquella estatua, y por eso Afrodita, o Venus, era un sueño de adolescencia. Francis deseaba casarse con alguna mujer buena y discreta, ojalá que no disfrutara mucho de la vida en sociedad, para tener una vida tranquila.
Después de viajar por muchos días, Jane y el señor Bennet habían llegado a Brighton. Afortunadamente, ellos habían encontrado hospedaje en una posada cerca del paseo marítimo. Al día siguiente, ellos buscarían la residencia de los Forster para llevar a Lydia de regreso a casa.
Después de pasar días encerrada en un carruaje, Jane quiso salir a caminar y respirar el aire marino. Ella había visitado el mar sólo una vez y muchos años atrás acompañada por los Gardiners. El señor Bennet se había hecho amigo de unos oficiales navales y estaba muy entretenido conversando y jugando a las cartas con ellos.
Mientras Jane caminaba, no pudo evitar recordar todo lo que había pasado en Londres. Cuando ella viajó a la ciudad, lo hizo con la esperanza de reencontrarse con el señor Bingley. Sin embargo, todas sus ilusiones se acabaron después de descubrir que las hermanas del señor Bingley no tenían ningún interés en ser sus amigas. Antes de perder la memoria, Elizabeth siempre le decía que el señor Bingley la amaba, pero que eran sus hermanas y su amigo quienes se habían encargado de separarlos.
Pero Jane se preguntaba, qué clase de hombre es capaz de abandonar a la mujer que supuestamente ama y exponerla a comentarios de burla y lástima. Ella estaba convencida que si el señor Bingley hubiera sentido algo de afecto por ella, jamás se hubiera ido sin decir adiós. Ya habían pasado casi ocho meses desde la última vez que se vieron, y él ni siquiera había mandado una nota a su padre o a Sir William Lucas diciéndoles que no planeaba volver a Hertfordshire. Ningún caballero honorable se comportaba de esa forma con la comunidad que algún día lo acogió con los brazos abiertos.
'Debo olvidarme del señor Bingley. Mi mente debe estar enfocada en mi familia, en ayudar a Lydia a madurar y a Lizzy hasta que pueda recordar todo lo que ha olvidado.'
Jane sacó un pañuelo para secarse las lágrimas, pero se le cayó y la brisa marina lo alejó hasta que un gentil caballero vestido de uniforme lo recogió para entregárselo.
"Es suyo este pañuelo, señorita," preguntó Francis. Cuando levantó la cabeza pensó que estaba alucinando. Enfrente de él estaba Afrodita, sonriendo aunque con sus ojos llenos de lágrimas.
P&P
Gracias a todos los que leyeron el primer capítulo y dejaron comentarios.
En este segundo capítulo pueden tener una mejor idea de cómo se desarrollará el resto de la historia. Aunque no tengo definido el futuro de Jane, creo que me estoy inclinando a que se enamore de Francis. Pero si ustedes prefieren que se reencuentre con el señor Bingley, estoy dispuesta a considerarlo.
Espero poder publicar periódicamente, por lo menos, día por medio. Esta es una historia corta de unos quince capítulos y no más de sesenta mil palabras. Espero no se alargue en el camino 😀 y prometo tratar de no agregar diálogos y situaciones que no contribuyen a la historia para mantenerla en su estructura original.
Recuerden que las notificaciones vía correo electrónico no están funcionando, sólo a través de la aplicación se reciben notificaciones. No olviden revisar periódicamente el sitio si leen en la computadora.
¡Nos vemos pronto!
Saludos,
Yo
