Capítulo 4
Harriet Forster estaba furiosa con la persona a la que ya no consideraba su amiga. Desde que ella le pidió que la acompañara para cuidar a su madre, Lydia no había hecho nada más que reclamar. Además, en casa de los padres de Harriet se había portado de forma grosera y no había ayudado en absolutamente nada.
La familia de la señora Forster vivía en un pequeño pueblo y su padre era dueño de una modesta tienda de abarrotes. Ellos sólo tenían dos sirvientas que trabajaban en casa y dos muchachos que ayudaban en la tienda. Lydia esperaba que una de las sirvientas trabajara especialmente para ella.
"Lydia, pasado mañana regresaremos a Brighton. Nos iremos al alba por lo que tendrás que preparar tu equipaje mañana. Molly y Rose no pueden ayudarte porque están a cargo de la casa y de asistir a mi madre cuando yo no puedo."
"Me parece muy bien porque este lugar me tiene harta. La última semana he estado encerrada todo el día sin tener nada divertido que hacer. Yo quiero regresar a Brighton y ver a todos mis amigos. Además, Harriet, quiero que organices una reunión social en cuanto regresemos e invites a todos los oficiales. Es lo mínimo que puedes hacer después de haberme traído a este lugar a perder el tiempo…"
"Asegúrate de empacar tu ropa porque nadie te ayudaré," replicó Harriet y dejó a su insoportable amiga hablando sola. 'Debería haber invitado a Kitty.'
El padre de Harriet le había dicho a su hija que su esposa ya estaba bien y que era mejor que regresara a Brighton y no dejara a su marido por tanto tiempo solo. La verdad era que él y su esposa no soportaban por un segundo más los reclamos y desplantes de la consentida amiga de su hija.
Pero Lydia veía las cosas de una manera muy distinta a como lo hacían Harriet y sus padres. A ella la habían invitado a Brighton para disfrutar del mar, a los oficiales y las muchas fiestas y bailes a las que asistiría. Sin embargo, la habían llevado a un pueblo aburrido y la habían obligado a estar lejos de los oficiales, y en especial de su prometido secreto, el teniente George Wickham.
P&P
"Jaque mate, señor Bennet," dijo Francis con una sonrisa de triunfador.
"Fue sólo buena suerte, Capitán," replicó el señor Bennet no muy contento. Entre su familia y amigos, él nunca tenía serios oponentes en el ajedrez, y por eso no estaba acostumbrado a perder.
"Creo que la buena suerte está de mi lado, entonces. Hemos jugado cinco partidas y he ganado cuatro," dijo Francis. A él le parecía gracioso que el señor Bennet fuera tan mal perdedor.
"Me tienes que dar la revancha, estoy seguro que los próximos partidos los ganaré sin mayores problemas. Ya he descubierto tu estrategia, jovencito."
"Está bien, tengo tiempo para una partida más. Después debo regresar al puerto para hablar con uno de mis oficiales. Espero que me tenga noticias sobre cuánto tiempo tardarán las reparaciones y poder planear lo que haré en los próximos meses."
"Espero que te quedes en tierra hasta que yo te haya ganado por lo menos unas cincuenta veces." Al señor Bennet le agradaba mucho el joven Capitán. Era un hombre culto, y bastante cerebral. Muy distinto a los hombres de su edad que pasaban gran parte del tiempo bebiendo o haciendo actividades que poco ayudaban con el desarrollo de la mente.
Hace sólo dos días que Francis había conocido a Jane y sentía que su amor a primera vista se había transformado en una profunda admiración. Ella no sólo era la imagen viva de la diosa de sus sueños, sino también gentil, amable y muy dulce. Él decidió ocultar su admiración por la bella señorita Jane porque no deseaba que ella se alejara de él. Su estrategia era ser su amigo, que ella lo conociera para luego ofrecerle su amor y protección. Él no sabía cuánto tiempo tendría para hacer todo eso, pero estaba decidido a ganarse el amor de Jane Bennet.
"Padre, Capitán, disculpen que los interrumpa, pero deseo salir a caminar un rato. Padre, tal vez podríamos acompañarme y… A lo mejor nos encontramos con algunos de los oficiales que conocimos en Meryton y podríamos obtener algo de información…"
"Jane, no hay nada de qué preocuparse. El Coronel nos dijo que todo estaba bien, en dos días más tu hermana estará de regreso y podremos partir rumbo a casa. Disculpe, Capitán, pero como ya le dije, vinimos a buscar a mi hija menor, y pese a que está todo bien con ella, Jane no puede dejar de preocuparse."
Francis miró a Jane y notó una especie de preocupación y vergüenza al mismo tiempo. Aunque él no conocía al señor Bennet, tenía la impresión que no era un buen padre.
"Tal vez la señorita Bennet tenga razón para estar preocupada," dijo Francis para intentar apoyar a Jane.
"Capitán, si algún día tiene cinco hijas como yo, podrá entenderme. No puedes imaginar el calvario que es para mis oídos y paciencia tener que escuchar a seis mujeres hablando tonterías todo el tiempo. Aunque debo reconocer que Jane y Lizzy son bastante más sensatas que mis tres hijas menores."
Mientras hablaba, el señor Bennet sonreía como si lo que dijera le provocaba diversión. Francis notó que Jane bajó la mirada y sonrió, pero de una manera más bien triste. Entonces, decidió ser sincero y expresar lo que realmente sentía.
"Señor Bennet, mi madre murió a los pocos días que yo nací y mi padre nunca se hizo cargo de mí. Lo más cercano que he tenido a una familia son mis compañeros, los marineros y oficiales navales. Si yo tuviera una familia con cinco hijas, creo que me sentiría muy afortunado y haría todo lo posible por quererlas y protegerlas. Y si ellas hablaran muchas tonterías, bueno, las ayudaría a aprender cosas nuevas para que fueran señoritas educadas e interesantes."
Al señor Bennet no le gustó la respuesta de Francis, pero no tuvo argumentos para rebatirla. Entonces, él prefirió excusarse y retirarse a descansar. La noche anterior se había quedado conversando hasta tarde con varios oficiales y una siesta le haría muy bien.
Una vez que su padre se despidió y se retiró, Jane le explicó a Francis que iría a dar una vuelta por el sendero que rodeaba la playa. Ella necesitaba pensar e intentar buscar una solución a todo lo que estaba pasando y sabía que no contaba con la ayuda de su padre para eso. Francis se ofreció a acompañarla y le dijo que le podía mostrar un lugar muy especial desde donde se podía observar gran parte del paisaje marino de aquella zona.
Después de caminar por unos diez minutos caminando, Jane decidió compartir lo que estaba pensando con su acompañante. "Capitán, me gustó mucho lo que le dijo a mi padre, pero…"
"¿Hay algo que le molesta, señorita Bennet?" preguntó Francis. "Puede ser honesta, yo no me ofendo tan fácilmente."
"Es que me dio mucha pena que no haya crecido con el amor de una familia, eso es todo. Perdóneme, Capitán, si he sido indiscreta."
"No se preocupe, señorita Bennet. Esa es una etapa de mi vida que ya he superado. No soy del tipo de personas que vive amargado pensando en el pasado. Por el contrario, me gusta pensar en el futuro, y es por esa razón que uno de mis sueños más preciados es poder tener mi propia familia, aunque sólo tenga hijas," dijo Francis sonriendo.
"Entonces le deseo que tenga muchas hijas e hijos y encuentre toda la felicidad que merece," agregó Jane también sonriendo. Luego, ella se puso seria y miró hacia donde el mar chocaba con una rocas. "Es tan lindo este paisaje. Aunque sólo había visitado la playa una vez en mi vida, creo que no hay nada más hermoso que el mar y el sonido de las olas. Ojalá hubiera venido de vacaciones para poder disfrutar todo esto sin tener que estar permanentemente preocupada por mi hermana."
"¿Qué es lo que exactamente le preocupa, señorita Bennet?" pregunto Francis.
"No quiero abusar de su buena voluntad, Capitán. Desde que nos conocimos sólo ha tenido que escuchar problemas…"
"Señorita Bennet, soy yo quien le he preguntado. Ya le dije una vez, soy bueno escuchando."
Jane miró a Francis por unos segundos, luego miró al mar y comenzó a hablar. "Mi hermana Lydia es muy terca, no sé si mi padre pueda controlarla, o peor, que quiera realmente hacerse cargo de ella. Nosotros no sabemos el nombre del oficial que ha estado engatusándola y me temo que ella intente huir con él cuando sepa que estamos aquí."
Jane le había contado todo a Francis. Ese hombre tenía el poder de escuchar y hacerla sentir confortable y segura, pese a que casi no lo conocía. Usualmente ella era la que escuchaba, pero con el Capitán Coleman, ella era quien hablaba.
"Creo que puedo ayudar con su problema, señorita Bennet."
"No, Capitán… Por favor, no crea que le he contado todo esto para buscar su apoyo. Me hace muy bien hablar con usted, me sirve para ordenar mis pensamientos, pero…"
"Señorita Bennet, yo soy un hombre de acción. En los meses que paso en alta mar navegando, mi mente siempre tiene que estar pendiente hasta del más mínimo detalle. De eso depende la vida de mis hombres y el prestigio de la Royal Navy. Entonces, usted comprenderá que los días en tierra sin tener nada que hacer se vuelven demasiado tediosos. Además, me hace bien saber que puedo ayudar a su familia, a su hermana, y a usted, señorita Bennet. Para que usted lo entienda mejor, no es que yo la esté ayudando, es usted quien me está dando la posibilidad de ser útil."
"Siempre es tan convincente, Capitán," replicó Jane sonriendo. Esta vez su sonrisa era alegre.
"Estar al mando de muchos hombres con distintos carácteres y formas de ver la vida, me ha ayudado mucho con eso, señorita Bennet. Qué le parece si caminamos hasta ese mirador y me explica todo lo que usted está pensando."
Francis quiso ofrecerle su brazo a Jane, pero prefirió contener sus ganas de estar más cerca de ella. Él estaba feliz de que ella confiara en él, y no estaba dispuesto a arruinar todo lo que había ganado por no poder controlar sus emociones.
Después de caminar por casi media hora, Francis comprendió lo que debía hacer para asegurarse de que todo se resolviera satisfactoriamente para los Bennet..
"No se preocupe, señorita Bennet. Esta misma noche pondré en marcha mi plan, y espero poder tener el nombre de esa canalla muy pronto. Además, te garantizo que todo esto se hará de forma discreta para no generar rumores que puedan poner en riesgo la reputación de su joven hermana."
"Capitán Coleman, usted ha sido un ángel enviado del cielo. Muchas gracias por todo, mi familia y yo estaremos en deuda para siempre con usted."
"No hay deuda entre amigos, mi estimada señorita," replicó Francis. Los ojos de Jane brillaban y su rostro estaba iluminado por el sol de la tarde. En aquel momento, él pensó que ni la misma Afrodita podía ser tan hermosa y gentil como Jane Bennet.
P&P
El señor Darcy se paseaba impacientemente por el amplio pasillo de su hermosa mansión. Cada dos minutos se acercaba a uno de los ventanales para ver si aparecía el carruaje de los Gardiners. Hace casi cuarenta y ocho horas que él no veía a Elizabeth y la extrañaba como si no la hubiera visto en años. Ella había sido tan amable y considerada con él, que no podía tener una gran esperanza de que tal vez algún día, ella podría darle una nueva oportunidad.
Él estaba muy ansioso y se levantó muy temprano para supervisar que todo lo que había ordenado se hubiera hecho de la forma en que él lo ordenó. Hoy Pemberley recibiría a su futura señora de la casa y todo debía lucir impecable.
"Señora Reynolds," dijo el señor Darcy cuando vio pasar a la fiel ama de llaves. "Por favor cerciórese de que haya muchas flores en la sala donde tomaremos el té con mis invitados."
"Ya lo hice, señor. Preparamos unos arreglos con flores de distintos colores, tal como usted me lo pidió."
"Muchas gracias… Por favor, señora Reynolds, no se olvide que debe haber tarta de fresas y arándanos y que todo se vea excelente…"
"Señor, he dispuesto el uso de la porcelana con la insignia de los Darcy, y además de las tartas de fresa y arándanos, tendremos galletas de limón porque sabemos que son sus favoritas."
"Muy bien… Además…"
"Señor, el cochero me avisó que el carruaje abierto está listo, y ya ordené a dos muchachos que arreglaran todo bajo la sombra del gran nogal. He dispuesto varias selecciones de frutas, quesos y algunos bizcochos. Además, de bebidas, por su puesto. Y pedí que se aseguraran de limpiar bien la biblioteca. Revisé y le puedo asegurar que no hay polvo."
"Entonces está todo listo… Me alegra mucho, sé que usted es muy eficiente, señora Reynolds, pero espero que comprenda que mis invitados son muy importantes y Pemberley debe lucir mejor que nunca."
"Por supuesto, señor. Todos los que trabajamos en Pemberley nos sentimos orgullosos de que esta finca sea una de las más hermosas y visitadas de todo Derbyshire."
La señora Reynolds hizo una reverencia y se retiró. Ella estaba muy curiosa por saber quien eran esas personas tan importantes y por qué su patrón estaba tan nervioso. Él sólo había mencionado que el señor Gardiner y su familia vendrían a pasar el día a Pemberley, pero no había dado ningún otro detalle. Ella era una empleada discreta y disciplinada y jamás se atrevería a cuestionar al hombre que más admiraba en el mundo.
El señor Darcy se sentó por unos minutos, intentó leer el periódico, pero no pudo. Entonces, él se levantó y miró por la ventana, y finalmente vio el carruaje acercándose. Se arregló el frac y la corbata y salió para esperar a sus invitados.
Elizabeth miraba a través de la ventana del carruaje con asombro a la inmensa mansión y los hermosos jardines que la rodeaban. Sin duda alguna, el señor Darcy debía ser un hombre muy rico, más de lo que ella había estimado en un principio.
Ella había estado pensando en él y en la razón por la que se había comportado tan amablemente con ellos. Al ver aquella finca, más confundida se sentía. Un hombre de esa fortuna y posición social no podía estar interesado en ser amigo de ella o de sus tíos. Él conocía a su familia, y probablemente, sabía que no tenía ni fortuna ni conexiones. Entonces, ¿cuáles eran sus motivos o intenciones para ser tan amable con ellos?"
Cuando finalmente llegaron a la entrada de la casa, el señor Darcy se acercó al carruaje, ayudó a descender a las damas y saludó con mucho afecto al señor Gardiner.
"Bienvenidos a Pemberley," dijo el señor Darcy con mucho orgullo y sin dejar de mirar a Elizabeth.
"Nuevamente, muchas gracias por invitarnos, señor Darcy. Su finca es una de las más hermosas que he visto en mucho tiempo," dijo la señora Gardiner.
"Además, el día está ideal para recorrer el hermoso parque," agregó Elizabeth mirando en dirección al bosque.
"Lo siento, Lizzy, pero no todos podemos caminar como tú lo haces," dijo el señor Gardiner a su querida sobrina.
"Eso no será un problema, señor Gardiner. He dispuesto de un carruaje abierto que nos llevará cerca del mejor lugar de la laguna para pescar. Allí tendremos un picnic y mientras pescamos, las damas pueden disfrutar del paisaje o caminar por los alrededores si lo desean. ¿Qué les parece si me acompañan a la terraza? Pediré que nos traigan unos refrescos y les contaré todo lo que he planeado para hoy."
El señor Darcy guió a sus invitados a la gran terraza que conectaba el salón principal con el jardín. Allí, se sentaron a la sombra de los árboles y bebieron un refresco mientras conversaban. El señor y la señora Gardiner estaban discutiendo sobre el estilo arquitectónico de la casa y el señor Darcy les aclaró que la casa había sido ampliada en más de una ocasión, y por esa razón tenía más de un estilo.
"Este jardín fue idea de mi madre. Anteriormente la casa sólo tenía los jardines a la entrada de la casa. A mi madre le gustaba mucho sentarse aquí a dibujar y pintar, entonces fue cuando decidió que un jardín le proporcionaría mucha inspiración."
"Sin duda alguna, su madre debe haber sido una señora con un gusto impecable," dijo la señora Gardiner.
"Tía, tío, mientras ustedes descansan, ¿les molesta si camino por el jardín?" preguntó Elizabeth.
"No, Lizzy, sabemos muy bien lo mucho que te cuesta estar sentada cuando hay tantas cosas hermosas que ver a tu alrededor," replicó el señor Darcy.
"¿Le molestaría que la acompañe?" preguntó inmediatamente el señor Darcy. "Señor, Señora Gardiner…"
"No se preocupen por nosotros, vayan a recorrer los jardines mientras nosotros observamos la estructura de esta hermosa mansión," dijo la señora Gardiner.
La señora Reynolds entró para retirar algunas cosas y observó a su patrón caminando rumbo al jardín con la señorita tomada de su brazo. Ella no pudo evitar sonreír al darse cuenta cuál era la razón de tanto nerviosismo y ansiedad. Su joven patrón estaba enamorado, ella sólo rogaba que la joven señorita supiera corresponder su amor y lo tratara con cariño y consideración.
"¿Cuántos tipos de flores se cultivan en este jardín?" preguntó Elizabeth.
"No lo sé, pero podemos preguntarle al jardinero. Lo que sé es que muchas de estas flores crecen en el invernadero y luego son transplantadas a este lugar."
"Qué maravilloso debe ser tener un invernadero. Aunque sea invierno uno puede tener flores…"
"Y algunas frutas."
"Debe ser muy grande si puede cultivar árboles allí."
"Lo es, y si me hacen el honor de regresar otro día, le prometo que daremos un paseo por allí."
"Eso depende de mi tío y tía, pero creo que no será tan difícil convencerlos. En especial si su biblioteca tiene libros sobre la arquitectura de Pemberley y la zona."
Elizabeth no podía dejar de mirar todo a su alrededor. Era todo tan hermoso y se preguntaba cuántas personas debían trabajar allí para mantener todo aquello.
"Señorita Bennet, ¿recuerda aquella vez que en Netherfield se negó a caminar conmigo?" preguntó el señor Darcy. Él no deseaba cometer el mismo error y caminar al lado de Elizabeth sin decir nada.
"Algo debe haber hecho para que yo me negara, señor Darcy," dijo Elizabeth inmediatamente. Ella no quería hablar del pasado que no recordaba pero tampoco quería crear una situación incómoda y salió del paso con lo primero que se le ocurrió.
El señor Darcy sonrió y agregó, "La verdad es que yo no hice nada. Yo salí a caminar y la señorita Bingley se tomó de mi brazo e insistió en acompañarme."
"Comprendo, pero yo no tenía esa información y preferí no interrumpir una conversación privada," replicó Elizabeth esperando que el señor Darcy diera por concluído el tema.
"No se preocupe, señorita Bennet, no me siento ofendido. Si yo hubiese estado en su lugar, tampoco hubiera querido caminar con nosotros." El señor Darcy recordó los comentarios de Caroline sobre la familia Bennet y como él estaba de acuerdo con muchas de sus opiniones.
El señor Darcy notó que Elizabeth no deseaba seguir hablando del tema y aprovechó de hacerle una pregunta. "Señorita Bennet, por favor discúlpeme si soy indiscreto, pero he notado que tiene una cicatriz en su brazo…"
Elizabeth se sonrojó y retiró su brazo. "Sí, tuve un accidente…"
"Por favor, discúlpeme, señorita Bennet. Soy un tonto, no tengo ningún derecho a hacerla sentir incómoda. Créame, por favor, que su salud es muy importante para mí, y es por eso que me atreví a preguntar…"
"Está bien, señor Darcy… Eso pasó hace unos meses y no fue nada serio… Creo que es mejor que regresemos donde están tío y tía Gardiner."
"Por supuesto," dijo el señor Darcy un poco decepcionado. Él comprendió que no tenía derecho a hacer preguntas tan personales. "Señorita Bennet, espero que después de nuestro encuentro en la posada no tenga ninguna duda que he tomado en cuenta todos los reproches que me hizo en Kent y estoy trabajando cada día para poder remediar todos los defectos de mi carácter. No ha sido fácil, se lo aseguro, pero he comprendido que usted tenía razón y que yo he estado profundamente equivocado en muchas cosas."
Elizabeth estaba sin palabras. Ella no comprendía nada de lo que ese caballero le decía, y lo peor de todo, era darse cuenta que la relación entre ellos era muy distinta a lo que todos pensaban. Ella se sentía incómoda e impotente sin poder recordar algo, que al parecer, era muy importante. El semblante del señor Darcy parecía tan afligido y ella no deseaba seguir escuchando cosas que no comprendía. Lo único que se le ocurría era que aquel hombre con fama de pomposo y orgulloso la había ofendido de alguna forma y ella le había dicho todo lo que pensaba de él. Probablemente, esa era la razón por la que él estaba siendo tan amable con ella y su familia. Ni por un segundo Elizabeth consideró que lo que había pasado entre ellos era un desencuentro de tipo romántico. Entonces decidió terminar aquella conversación de la única forma en la que él no se diera cuenta de lo que estaba pasando.
"Señor Darcy, yo he dejado todo eso en el pasado. Si usted me conociera mejor, sabría que no soy rencorosa. ¿Qué le parece si no hablamos nunca más de ese tema y disfrutamos de este hermoso día?"
El señor Darcy estaba tan contento que no pudo controlar su deseo de expresar sus sentimientos. Él tomó la mano de Elizabeth, la besó y le dijo, "Estoy de acuerdo, dejemos todo eso en el pasado y comencemos de cero."
Elizabeth estaba aún más confundida que antes. Aquel hombre amable, rico, dueño de todo aquello y tan guapo le había besado la mano mientras no dejaba de mirarla con ojos anhelantes.
'¿Qué tipo de relación tenía con este caballero?' se preguntaba Elizabeth mientras su corazón no paraba de latir.
P&P
Muchísimas gracias a todos los que siguen la historia y dejan comentarios. Ustedes me ayudan y me inspiran para escribir y hacer que la trama avance. Yo sólo tengo una idea general de cómo la historia se va a desarrollar, y muchas veces lo que ustedes me dicen en los comentarios me hace enfocarme en algunas situaciones o agregar nuevos diálogos.
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En el próximo capítulo, Francis comenzará a investigar quién es el amor secreto de Lydia, mientras en Pemberley el señor Darcy no esconde su admiración por Elizabeth.
¡Nos vemos pronto!
Saludos,
Yo
