" Declaración: Todos los personajes reconocibles de la Saga Harry Potter son propiedad de JKR. Sin embargo, la trama es Total y absolutamente mía y no hay permiso para publicarlo en otro lugar (Texto con Copyright). Esta historia está disponible en Wattpad y fanfiction. net,con la autoría de AliceMlfy (Firma Alice~). Di no al plagio "
Los leo abajo (Capítulo algo larguito)
Capítulo 4
Un pitido se instauró en su tímpano, pero el sonido de la gente aplaudiendo al término de la canción la sacó del estopor.
El tiempo se detuvo apenas Hermione miró los grises líquidos frente a ella; Malfoy la miraba impresionado, sonreía emocionado. Hermione no entendía por qué el ex mortífago le sonreía.
El pánico comenzó. Miró hacia adelante y tomó su varita que estaba en su cinturón, bajo la chaqueta que traía. Estuvo a punto de sacarla cuando el maestro de ceremonias la abrazó.
— Un fuerte aplauso para nuestra novata, Hermione Granger.
La gente siguió aplaudiendo y vitoreando. Hermione, con calma, sonrió y luego caminó hacia su mesa. Se sentó para disimular y pasado dos minutos se levantó, dejó un billete en la mesa y salió casi corriendo del lugar.
Así que Malfoy estaba vivo. Sabía que no podía acercarse a ella, pero el pánico fue mayor y olvidó absolutamente todo lo que sabía acerca del caso Malfoy Black.
"Sangre sucia"
"Desearía que estuviese muerta"
"¿Prefecta perfecta? Imperfección es lo único que veo en ti"
"Ratona"
"Empollona"
"Eres la mujer más fea que conozco… si es que se te puede llamar mujer"
La castaña apretó su ojo derecho para evitar la lágrima de pánico y los abrió de inmediato para seguir caminando. El aire fresco le despejaba la mente.
— ¡Granger! — escuchó tras de sí.
Hermione miró a su espalda y ahí estaba. Tan alto como lo recordaba, con el cabello platinado despeinado por culpa de la capucha, y una mirada de preocupación que jamás había visto en él.
— Em… ¿cómo estás? — preguntó nervioso, acercándose.
— No te acerques, Malfoy— dijo la muchacha apuntándolo con la varita. Draco retrocedió de inmediato.
— No tengo varita— dijo levantando sus manos y dejando ver su reloj de pulsera, que comenzaba a emitir un pequeño sonido—, por favor, baja la varita— pidió.
— No lo haré teniendo a un ex mortífago frente a mi— dijo la muchacha apuntándolo—, ¿qué quieres?, ¿qué pretendes?
— Oye, Granger— dijo ordenando su cabello—, hace 7 años que no veo a nadie mágico, y por una extraña casualidad puedo estar en la misma habitación que tú sin ser quemado… solo quiero conversar.
Malfoy sonaba amable, pero la secretaria del ministro de magia tomó fuerte su varita y desapareció.
— ¡Espera! — gritó Draco en el aire, estirando su mano hacia la figura de Hermione desapareciendo—, No te vayas, Granger— susurró rendido.
A penas la chica había salido del escenario, Draco se había ido del lugar para poder conversar con ella, pero Emilia y Dalto lo habían entretenido preguntándole que quién era esa chica y que se necesitaba en las serpientes desterradas.
Resignado, Draco metió sus manos en sus bolsillos y comenzó a caminar a su casa. No sacaba nada con ir al bar. Decidió que llegaría a tomarse una taza de té, comería algo rápido y luego se iría a la cama. Si tenía suerte hablaría con Goldie de lo mal que le fue con su ex compañera de colegio. Lo bueno del caso es que estaba muy cerca de casa.
OoOoOoOoOoO
Hermione se apareció en su casa agitada. Se revisó física y mentalmente por si tenía alguna herida por despartición. Quiso llamar a Blaise para contarle que Malfoy estaba vivo y se sentó en el sillón.
¿Qué diablos había hecho? El chico necesitaba conversar y ella, con los miedos de infancia, miedos que ya no tenían que ver en su vida actual, lo había alejado. El tipo siquiera podía acercarse a ella sin ser quemado brutalmente con electricidad en el brazo, por lo que Kingsley le había contado durante la tarde.
La ley decía que los condenados al exilio no podían estar en la misma habitación que un mago o bruja sin detonar una descarga eléctrica… ¿cómo entonces era posible que Malfoy y ella hubiesen estado en la misma habitación, en un espacio muy reducido? El piano no estaba de ella a más de dos metros, ¿cómo era posible?
La puerta del lado fue azotada, y supo entonces que era Silvery. ¿Malfoy era Silvery? Rápidamente camino hacia su cama para resolver sus dudas, sin embargo, Gastón salió a su encuentro maullando frenéticamente.
— ¿Qué pasa, Gastón?
El gato naranja corrió entonces a la habitación de Hermione. La joven bruja entró a su habitación y vio a Black acostado, respirando pesadamente y con los ojos cerrados. Gastón se subió y quedó a un lado del gato, tratando de mover la negra cara con la suya.
— ¿Black? — llamó Hermione tocando al gato. Su cuerpo estaba más caliente de lo normal. Tocó con sus labios la nariz del gato. Estaba seca y ardía en temperatura—, tienes fiebre… pero.
Hermione tomo al gato e intentó ponerlo de pie en la cama, pero el gato estaba lánguido y cayó. Gastón, muy veloz, se colocó bajo el gato para que cayera en él. Hermione, asustada, tomó al gato en sus brazos y comenzó a examinarlo. Cuando llegó a la cola, vio una pelota gigante en la mitad de ella. Estaba muy caliente y roja; justo donde la araña lo había mordido.
Sin pensarlo dos veces, se subió a su cama y golpeó la pared con fuerza.
— ¡Silvery!, ¡por favor, Silvery ayuda!
— ¡Goldie! ¿qué pasa?
— ¡Mi gato! Está mal, no sé qué hacer, por favor.
— Abre la puerta.
Hermione sabía que era Malfoy, sabía que quizás no la ayudaría al darse cuenta de que ella era Goldie, pero necesitaba ayuda. La puerta sonó y Hermione, dejando al gato en el sillón junto a Gastón, quien la siguió desde la cama, corrió a abrir la puerta.
El cabello platinado de Draco se hizo presente junto a una sudadera manga larga color negra. Llevaba en su zurda una mochila. Su cara de impresionado era un poema… así que efectivamente Goldie era bruja… y no cualquier bruja.
— ¿Granger?
— Ahórrate eso, por favor Silvery, ayúdame— dijo Hermione tomándole la muñeca para entrarlo a la casa.
Lo que sucedió fue algo que no esperaron. La muñequera comenzó a emitir un sonido estridente y el grito de dolor de Draco se hicieron presentes en el departamento, haciendo que el platino cayera de rodillas ante Hermione quien sacó su mano de la fría y blanca piel de Malfoy. En su lugar, quedaron los dedos de Hermione marcados de color rojo. Draco se colocó de pie, con cara de dolor y esfuerzo.
— Lo lamento, yo…
— No te preocupes… muéstrame al gato— pidió Draco adolorido, entrando a la casa mientras Hermione cerraba la puerta tras de él.
— Es el negro en el sillón.
Draco se acercó al gato y abrió su mochila para sacar un termómetro. Lo colocó en el ano de Black, el cual no hizo ningún sonido. Hermione comenzó a sentir que se le iba el alma del cuerpo cuando no escuchó al gato gemir. Ese "trámite" debía ser por lo menos algo incómodo.
— Qué le pasó— preguntó serio mientras escuchaba el corazón del gato.
— Lo único raro que ocurrió fue que lo mordió una araña— Draco se volteó con los ojos muy abiertos.
— Una araña— Hermione asintió— ¿cómo era?
— La tengo aquí— dijo a tiempo que buscaba el papel con el bicharraco. Draco lo abrió y examinó.
— ¡¿A qué hora lo mordió?!
— A las 6— dijo Hermione con culpa, aunque no entendía por qué Malfoy sonaba tan urgente.
— ¿Sabes qué diablos es esto? — preguntó Draco mostrándole el papel—, es una araña de rincón. Llegó a Inglaterra en un barco perteneciente de Sudamérica y el Servicio agrícola y Ganadero ha intentado erradicarla. Hay muchas.
— Pero las arañas no son más que alérgicas en Inglaterra.
— ¿Me has escuchado? Se coló de américa del sur. Esta araña es mortal. Si te muerde, Granger, y no eres atendida, te mueres en 12 horas. A un niño, lo mata en 8, a un bebe en 6… imagínate a un gato de este porte y esta edad.
Hermione comenzó a desesperarse. El termómetro sonó y dio el resultado. 41 grados.
— Los gatos tienen entre 38 y 39 grados de temperatura— explicó Draco levantándose—. Está vivo, pero necesitamos llevarlo a la clínica, inyectarle el antídoto y revisar la cola… lamentablemente no tengo Automóvil… ¿tienes papel y lápiz? — Hermione asintió y le tendió los implementos sin tocarlo. Draco escribió en el papel—. ¿Conoces esta dirección?
— Es la universidad de Londres.
— Exacto. Aparécete allá en 5 minutos… Granger, escúchame… 5 minutos. Yo tomaré mi moto y me iré para allá.
— ¿No puedes aparecerte conmigo?
— No… ¿quieres matarme? Tengo que atender a tu gato. Mantenlo despierto.
Y salió de la casa.
Hermione se sentó en el sillón manteniendo a Black en sus brazos. El gato la miraba ido. Su cola estaba cada vez más gorda y roja, y colgaba de su lugar como si no fuese más que un cordel amarrado. Podía ver el color morado alrededor de la mordedura.
Sintió como la puerta del lado era azotada y un minuto más tarde el sonido de una motocicleta se hizo presente. Contó 5 minutos y decidió levantarse. ¿Debía confiar en Malfoy? Miró a Black y lo supo; su gato valía el riesgo. Gastón se colocó al lado de Hermione con su pata en el pie de ella. Respiró profundo y se apareció en la dirección.
Era un edificio pequeño y cuadrado. Estaba revestido con cristal. Era claramente una clínica veterinaria justo en frente de la universidad de Londres que, a esa hora, estaba cerrada, al igual que la clínica. ¿La había enviado a una clínica cerrada?
El sonido de la motocicleta llegó en ese momento y Draco se bajó de ella. Se sacó el casco y lo llevó con él, junto con la mochila que llevaba en la espalda.
— ¿Te apareciste hace mucho? — dijo rebuscando algo en la mochila.
— Recién llegué.
— Bien… ¿y el cachorro de león? — dijo Draco deteniéndose
— Es mágico, se apareció conmigo. No quiere dejar a su hermano.
— Bien…
Draco abrió la clínica y prendió las luces. Hermione entró presurosa tras del platino. Corrió hacia la consulta y abrió la puerta de madera, dejando pasar a Hermione.
— Ok… ahora cuéntame paso por paso qué paso… y quiero que te relajes, Granger.
— Estoy relajada.
— Te conozco y sé que estás ocultando tu miedo.
— No es cierto…
— Ahora dime, ¿qué paso?
— Bueno— comenzó dejando al gato en el mesón—, llegué a casa y me senté en el sillón. Black estaba a mi lado, más cerca de la ventana y Gastón en mis piernas. Escuchamos que Black aulló y saltó hacia Gastón. Comenzó a lavarse y vi la araña.
— Caminaba rápido, ¿no es así?
— Muy rápido. La mate y decidí guardar el bicho… no sé por qué.
— Porque eres la bruja más inteligente de nuestra generación, Granger, por eso. Hiciste bien en guardarla— Draco caminó hacia una báscula con el gato y lo depositó ahí—, un kilo y medio… gordito. ¿Cuantos meses tiene?
— Tiene 4 meses
— Gordito. Más ejercicio, aunque está hermoso— dijo dejándolo en la mesa a tiempo que Hermione sonreía complacida—, y ni siquiera quiero pesar a ese Maine Coon. Estoy seguro de que pesa unos cinco kilos.
— ocho…
— Más ejercicio— repitió Draco sonriendo y caminando hacia un estante. Sacó unas jeringas y luego sacó de un refrigerador cercano un frasquito. Se lo pasó a Hermione—. Este es el antídoto contra la araña de rincón— dijo mientras sacaba su celular y tecleaba—. Tengo que poner 0.2— murmuró luego de hacer el cálculo.
Draco pidió que la muchacha le dejara el frasco en la mano. Comenzó entonces a colocarlo en la jeringa para luego administrársela al gato.
— Este antídoto lo hicieron con el mismo veneno de la Laxosceles laeta… la araña que mordió al negrito— dijo Draco explicando.
— Black… se llama Black.
— ¿Quién le puso el nombre?
— Ron— murmuró Hermione algo triste.
— Ahora entiendo la elocuencia— dijo a lo que Hermione frunció el ceño—, es un buen nombre para él— se defendió—. Ahora, el gato se pondrá bien, pero su cola está muerta— dijo tomándosela—. Tendremos que cortársela.
— Pero… ¿no se puede salvar?
— No. El veneno de la araña de rincón mata tejidos, produciendo necrosis… puede que, si la dejamos, el gato sienta dolor y, además, la necrosis suba hasta sus caderas, y ahí sí que no tendríamos cura… mira— dijo a tiempo que abría el pelo de Black y mostraba la mordedura—, ¿te fijas lo fea que está? Es justo en medio. Le quedará un moñito de cola. Descuida que podrá caminar bien, además, su hermano lo cuidará— Gastón maulló largo. Draco sonrió—. Es como el naranja que tenías en el colegio… igual de inteligente. Este es muchísimo más bonito.
— Está bien… ¿cuándo le cortarás la cola?, ¿cuánto sale?
— Ahora mismo lo operaré, y por el costo no te preocupes. Esta clínica es mitad mía. Yo me hago cargo.
— Pero Malfoy, es tu trabajo…
— Deja pagar en algo todo el daño que te hice, ¿de acuerdo? La operación la haré de inmediato. Me demoraré como máximo una hora y Black estará listo para irse a casa por la mañana. Ahora, necesito que salgas y que te lleves a esa cosa hermosa y mágica que tienes ahí en el suelo porque me está costando mucho resistirme a abrazarlo— dijo el platino sonriendo.
Hermione tomó a Gastón entre sus brazos y despidiéndose de Black, quien maulló débilmente, salió de la sala.
La magia de los gatos mágicos valga la redundancia, era increíble. Hermione aún no la entendía, pero lo amaba. Gastón ronroneaba frenéticamente en el estómago de Hermione mientras ella se relajaba por el ronroneo, sentada en la silla de la recepción, la cual era muy mullida.
Comenzó a observar el lugar. Fotos de animales, distintas razas de perros y gatos. Un cuadro de una serpiente y un fondo verde y plata hizo sonreír a Hermione; eso definitivamente era toque de Draco.
Hermione comenzó a pensar. Draco Malfoy estaba vivo. Había sobrevivido al obscurials por 7 años. ¿Cómo lo habría logrado? Blaise estaría feliz cuando le contara. Tocó su bolsillo y se dio cuenta que no traía su bolso. Su celular estaba en casa.
No podía entender cómo ese niño mimado, con ese peinado engominado había cambiado al maravilloso pianista, amante de los gatos y que vestía tan casual. Podía ver que los jeans que traía eran bastante normales, sin marca ni nada, al igual que su sudadera. Parecía que le quedaba grande. El antiguo Draco Malfoy jamás se hubiese atrevido a salir a la calle con una sudadera puesta. Miró la puerta. El solo estaba haciendo de anestesista y de cirujano y, por lo que recordaba de la conversación de la pared, estaba estudiando el último año. De todo corazón esperaba que no se equivocara en los procedimientos porque sin Black juraba que le lanzaría un avada, o al menos un crucio para quitarse la rabia.
Sintió un piquete en la mano. Gastón la miraba ceñudo luego del arañazo poco profundo. Todos esos malos pensamientos ante el salvador de su hermano no le gustaron.
— Prometo que no haré nada malo— dijo Hermione acariciando la cabeza del rubio quien ronroneó.
Pasó una hora y cuarto cuando Draco salió de la sala con una bolsa en su mano. Estaba vestido de celeste y sonreía.
— Tu gato se ve adorable con ese muñón de cola— dijo sonriendo—. Está descansando en las jaulas de atrás. Dormirá fácilmente hasta mañana, así que tranquila. Podrás venir mañana a recogerlo.
— ¿Estará bien? — preguntó Hermione.
— Soy el mejor de mi clase, claro que se podrá bien, ya verás. Tendrá que tomar estos medicamentos por una semana y luego de eso venir a que le retiremos los puntos— dijo entregándole la bolsa de medicamentos.
— Gracias— dijo la chica.
Gastón se bajó del regazo de Hermione y caminó directo a Draco para luego acariciar su pierna con la cabeza, sin poder Hermione nada para evitarlo.
Contra todo pronóstico, Draco entró en un cuadro de éxtasis y se sentó en el piso. Gastón se sentó en el suelo y moviendo su cola, curioso lo miró.
— ¿Tú sabes de mi condena, Granger? — preguntó mirándola impresionado.
— No lo tengo muy claro. Solo sé algunas cosas.
— En definitiva, no puedo acercarme a ningún ser mágico, ni tocarlo, ni ser tocado… y esta criatura…
— La condena aplica solo a humanos, no a seres mágicos. ¿No habías tenido contacto con magos ni brujas?
— No… por 7 años. Los "sangre pura" solo con verlos me queman, al igual con los mestizos… pero los hijos de muggles tienen otro efecto.
— No puedes tocarnos— dijo Hermione mirándolo atento como miraba a Gastón.
— Exacto. Pero puedo hablar con ellos. Solo me encontré con un hijo de muggle, el cual al verme salió corriendo. Henry Fleming, era un chico de Hufflepuff que iba en tercer año cuando nosotros íbamos en séptimo año. Bueno, mi séptimo. Le hice muchas cosas malas a ese pobre chico. Salió corriendo sin antes lanzarme un expelliarmus hace cuatro años. Eres con la única que he podido hablar algo.
— Supongo que tienes mucho de qué hablar— dijo Hermione entendiéndolo. Gastón se sentó en el regazo de Draco y ronroneó.
Draco echo su cabeza hacia atrás con un suspiro audible. Sentía la magia correr por su cuerpo. Su brazalete no emitía sonido.
— Siete años sin sentir magia, no sabes lo bien que se siente— dijo para luego tomar en brazos al enorme animal y abrazarlo. Gastón comenzó a lamerle la cara.
— Gastón te agradece por salvarle la vida de su hermano.
— Oh, sí, hermoso, y tu tendrás muchas atenciones veterinarias gratis solo por ser hermoso y gordito— dijo con voz chistosa y besando la cara del gato, haciendo reír a Hermione.
— Quedarás en la ruina.
— Lo merezco— dijo bajando al gato a sus piernas y sonriendo—. Hoy en el agujero negro solo quería hablar. Lamento si te asusté.
— Lamento haberme ido así. Justo hoy hablamos de ti en el ministerio
— ¿En el ministerio?, ¿Aun está Umbridge de ministra?
— No. La sacaron luego de que se descubriera que ella estaba a favor de Voldemort. Kingsley es el ministro de magia.
— Me alegro. Gracias a él no estoy muerto. ¿Trabajas en el ministerio? — preguntó rascando tras la gran oreja de Gastón.
— Sí. Soy la secretaria del ministro de magia.
— ¿Eres la segunda al mando, entonces? ¿Vice ministra?
— Algo así, sí— dijo Hermione colocándose un bucle rebelde tras la oreja, nerviosa.
— Pues no esperaba menos de ti.
— Por qué hiciste todo ese daño, Malfoy.
Draco se alzó de hombros.
— Mi madre estaba en peligro. Mi vida estaba en peligro. Tomé la marca para protegerla de ya-sabes-quién. Cuando me negué a matar o torturar, mi padre me lanzó un imperius. Cuando me condenaron, como no se puede probar las sospechas de mi defensor, no podía decir que había sido víctima de ese hechizo.
— Te sentenciaron un día antes que a tu padre. Aceptaste toda la culpa.
— Sí. Cuando mi padre perdió el alma, la maldición me abandonó, pero ya era tarde.
— ¿Contaste esto?
— Sí, por eso Umbridge me condenó al exilio junto con 7 compañeros que, también como yo, fueron obligados a tomar la marca.
— Tengo a 3 en los registros que están muertos… El hijo menor de Karkarov, Vladimir, Rowlly y Montague.
— ¿Obscurials? — Hermione asintió triste—, me lo temía.
— Estamos revisando todos los expedientes, pero no podemos acelerar procesos. No podría ir a buscar tu expediente porque…
— Sería ilegal. Tranquila Granger, yo quería hablar contigo solo porque necesitaba hacerlo— dijo riendo—. Moriré, lo sé, pero haré algo bueno de mi vida.
— Lo estás haciendo. Salvaste a mi gato.
— Los gatos son geniales. Solo quiero saber cómo está mi madre.
— Tu madre triste por no saber de ti— dijo Hermione. Draco siguió acariciando a Gastón—. Si quieres… puedo llevarle alguna carta o algo— Draco levantó la cabeza.
— ¿Harías eso?
— Sí, no me cuesta nada ir a la mansión Malfoy y dejarle tu carta.
— Eso sería fabuloso. ¿Y Potter?, ¿sigue salvando el mundo? — preguntó con sorna. Hermione bufó.
— Sí. Es el jefe del departamento de aurores— Draco rodó los ojos—, lo sé; era lógico. Está casado con Ginny, están esperando un hijo.
— Me alegro.
— Em… Blaise se casó con Pansy— dijo complicada sabiendo que Draco y Pansy tuvieron una relación. Draco sonrió ampliamente así que continuó—. La chica tiene 5 meses de embarazo y al parecer, las pruebas mágicas dicen que es hombre. Le pondrán Draco.
— ¿Como no amar a esos dos? — dijo Draco orgulloso.
Tras un sencillo y cómodo silencio Draco tomó a Gastón y se lo entregó a Hermione.
— Es mejor irnos. Black estará bien, pero creo que tú necesitas descansar. Aun es demasiada la impresión de tener de vecino a un ex mortífago.
— Lamento eso.
— Disculpada— dijo sonriendo de medio lado—, ve. Descansa. Y por favor silencia a los imbéciles de arriba.
— Lo haré… buenas noches, Silvery.
— Buenas noches Goldie— dijo Draco sonriendo a tiempo que veía a Hermione desaparecer.
Hermione apareció en su departamento con una sonrisa en sus labios. Malfoy había sido muy amable y había salvado a Black. Sus instintos no fallaron cuando pensó que Silvery era una buena persona.
— Creo que es hora de ir a dormir— dijo Hermione a Gastón quien se bajó de sus brazos y caminó a la cocina—. Está bien, comeré antes.
Comió lo que quedaba de la pasta del día anterior y, luego de lavar y dejar todo limpio, se fue a dormir.
Una hora más tarde se despertó por la puerta del lado siendo cerrada. Se fregó el ojo izquierdo y sintió que una cama se movía al otro lado.
— ¿Goldie? ¿Estás despierta?
— Sí— dijo Hermione—, llegas tarde— murmuró soñolienta.
— Me quedé a ordenar. Black ya despertó, está bien, adolorido, pero bien. Antes de irse le puse un calmante y volvió a dormir. Mañana le colocamos el isabelino para traerlo.
— ¿Isabelino?
— Es un cono de plástico para evitar que se muerda los puntos. Mañana lo iremos a buscar juntos, ¿te parece?
— Sí. ¿Tu muñeca?, ¿está bien?
— Sí. Tengo una crema contra las quemaduras. Es lo único mágico que me dejó en ministerio.
— Qué bueno. Si se te acaba me avisas y te consigo más.
— Gracias… ahora duerme. Buenas noches Goldie, buenas noches Gastón
— Buenas noches, Draco— murmuró Hermione entrando en sueño.
Gastón, como buen gato mágico, tocó la pared y se apareció del otro lado. Draco estaba muy impresionado. Se acomodó en su cómoda cama de plaza y media y abrazó al gato que se le recostó en el pecho.
— Eres el gato más bello que he visto en mi vida— murmuró Draco para no despertar a Hermione—. Me alegro de que seas mi vecino, Gastón— el gato le lamió la cara y se acurrucó al lado del platino—. ¿Dormirás conmigo? Ok, buenas noches— dijo para luego acomodarse y dormir.
OoOoOoOoOoO
Draco despertó cuando el timbre de su casa comenzaba a sonar. Miró a su lado y encontró que Gastón no estaba. Era lógico, debía haber ido por comida temprano. Se levantó y caminó hacia la puerta. Se encontró con Hermione frente a él, vestida con un pantalón deportivo (al igual que él) y una camiseta de manga corta, algo grande. Llevaba el cabello hecho un desastre y el teléfono en el oído.
— Sí… escucha— dijo al teléfono. Se lo tendió a Draco y este, con el ceño fruncido lo llevó a su oreja, dejando pasar a Hermione.
— ¿Hola? — preguntó extrañado.
— No puedo creerlo— murmuraron—, ¿Draco?
— Sí, ¿quién habla?
— Zabini— dijo con la voz contenida.
— Blaise? — preguntó Draco mirando a Hermione quien le sonreía ampliamente —, Granger, ¿tienes el número de Blaise?!... ¿Blaise tienes teléfono?
— Con Hermione de amiga era imposible no tener uno. Por merlín estas vivo. ¡¿Como estás?!
— ¡Feliz e impresionado! ¡Dios!... Granger, si pudiera te abrazaría… pero… espera… ¿tienes donde anotar? Necesito darte mi numero
— Anotando, canta.
Hermione se sentó en una de las sillas al lado de la barrita de la cocina y sonrió. El platino repetía su número con una sonrisa impresionante. Llevaba una camiseta sin mangas, dejando ver sus brazos desnudos. La marca tenebrosa era ahora una enredadera que la cubría de color negro con hojas y luces blancas que adornaba hasta casi llegar al hombro. Se veía muy bien.
Miró entonces las imperfecciones de su cuerpo. Una panza muy pequeña, casi sin importancia, pero estaba ahí. Estaba segura de que no había hecho mucho deporte en esos 7 años, un par de cicatrices en el brazo derecho, y un par en la clavícula, que identifico como los del Sectumsempra de Harry en sexto.
Había cambiado. En una noche se había dado cuenta, aunque aún no podía confiar al cien por ciento. ¿Era peligroso? Tal vez, pero quería disfrutar de la humanidad de Draco Malfoy. Tentaría el terreno y lo trataría como el salvador de su gato. Le había marcado a Blaise por gratitud, diciéndole que le tenía una sorpresa. Esperaba que Draco reaccionara feliz, pero no como estaba ahora; eufórico
— Sí, hermosa— dijo Draco mientras sorbía un poco las lágrimas de su nariz—, no… estoy bien… mira… Pansy cálmate— dijo entre risas—, mira, Blaise tiene mi número y me llamará apenas salgan de la consulta del médico… ahora entra que quiero saber cómo está mi sobrino… yo también los adoro. Cuídate.
Draco le entregó el teléfono a Hermione y sonrió.
— No sabes cuánto te agradezco lo que acabas de hacer. De hecho, anota mi número, necesito que lo tengas por cualquier cosa. ¿Ahora las cosas muggles funcionan en el mundo mágico? —preguntó a tiempo que Hermione le entregaba su celular de nuevo para que Draco lo anotara.
— Sí. Colocaron una antena en sortilegios Weasley. Podemos utilizar celulares y luz eléctrica, pero el internet aún es muy escaso.
— En todas partes— dijo el platino apuntando una vieja computadora—, tengo ensayos y cosas en la universidad, así que me acostumbré a esta cosa.
— Sí— dijo Hermione sonriendo. Luego miró el tatuaje de Draco.
— ¿Te gusta? La marca tenebrosa casi ni se ve. Fue un diseño de Rachel. Era muy talentosa.
— ¿Quién es Rachel? — preguntó Hermione curiosa. Draco sonrió de medio lado.
— El amor de mi vida— dijo haciéndole un gesto con la cabeza para que lo siguiera.
Hermione, obediente, lo siguió y llegó a una repisa. Dos velas pequeñas y apagadas a cada lado de una foto donde estaba una chica sonriendo a la cámara donde se sacaron la foto, y él, abrazándola por el brazo tatuado de la cintura, besando su mejilla y con la derecha apretando el botón de la cámara. Ella sonreía, pero se veía muy delgada.
— Ella es Rachel. Era estudiante de arte en la universidad de Londres. La serpiente con fondo plateado de la consulta la hizo ella para mí.
— ¿Y dónde está?
— Murió el año pasado, Granger— dijo Draco tranquilo, mirando la foto—. Cáncer de estómago. Se la llevó en tres meses. Esta foto la tomamos un día antes del diagnóstico.
— Ay… Malfoy, lo siento mucho— dijo Hermione culposa. Ahora entendía porque ese Era de la noche anterior había sonado tan triste.
— Gracias— dijo mirando a Hermione desde su altura. Luego torció el gesto—, no recordaba que fueras tan pequeña.
— No soy pequeña, solo que tú eres muy grande.
— Si tú superas lo grande que soy— dijo sonriendo de medio lado.
— ¡Hombres! — dijo Hermione sonrosada y dando media vuelta—. Son las 10, te invito a desayunar y luego a buscar a Black, ¿te parece?
— Perfecto. ¿Afuera o en tu departamento? —Hermione se alzó de hombros.
— Hace tiempo que no cocino para un hombre, así que… ven. Te espero. Pero deja que me arregle un poco.
— ¿Es posible arreglar ese cabello?
— No— dijo alzando la barbilla—, pero al menos cambiarme estas fachas.
— Te ves bien— dijo Draco asintiendo. Hermione rodó los ojos.
— Como digas. Te esperamos en 10 minutos.
Y salió del departamento de Draco.
El platino sonrió a la puerta. La chica se había levantado "temprano" un sábado para que hablara con su mejor amigo. Miró a Rachel y sonrió. Tenía 25 años y no le quedaba mucha vida. Tenía que seguir adelante. Además, la castaña del lado tenía un gato mágico que calmaba sus ansias de magia y necesitaba con urgencia comida casera. Poder resolver los temas del pasado, para Draco, era imperativo. Si pudiese hablar con Potter también lo haría. Rachel le devolvía la sonrisa a través de la fotografía muggle. Ella le decía que, para sanarse, debía reconciliarse con su pasado. Y lo haría.
Se lavó en el baño y se colocó unos jeans con una sudadera. A pesar de que era principios de abril, el clima estaba extraño y colocarse solo una camiseta sería irresponsable con su salud. Cuando estuvo listo, tomó su mochila, sacó unos frascos del refrigerador y salió con las llaves y el celular en la mano.
Tocó el timbre y la puerta se abrió con un pasa desde la cocina.
Podía sentir la magia en el departamento. Estaba ordenado, más de lo que recordaba en la noche anterior. En la barrita de la cocina había dos sillas, cada una a un lado de la barra. Hermione estaba también con jeans y una camiseta manga larga. Salteaba algo en el sartén que Draco pudo identificar, por el aroma, como champiñones.
— ¿Me prestas tu refrigerador para dejar estos frascos? — preguntó.
— Adelante— dijo Hermione. Draco dejó el par de frascos en el refrigerador— ¿qué son? No quiero drogas en mi apartamento, Malfoy— Draco solo se carcajeó.
— Supuse que Gastón no tenía las vacunas necesarias para estar en el mundo muggle, ¿me equivoco?
— Pues no, no te equivocas— dijo Hermione mientras movía otro sartén—. No me digas que vacunarás a Gastón.
— Claro que sí— dijo Draco sonriendo—. ¿Quieres que te ayude? — preguntó Draco.
— Em… no. Ya estoy terminando— dijo a tiempo que apagaba la cocina y dejaba con magia la comida en la mesa.
Draco tuvo que retroceder hacia un recodo para que el brazalete dejase de sonar. Hermione se sonrojó.
— Lo siento, yo…
— No te preocupes, es primera vez. La próxima vez, desayunaremos en mi apartamento. Compro unos croissants deliciosos— dijo haciendo reír a Hermione.
— ¿Café, té, leche?
— Té, gracias.
Hermione sirvió y se sentaron a comer. Draco no podía entender cómo, en 10 minutos, Hermione hubiese preparado omelette de queso, champiñones salteados, pan tostado, jugo y fruta picada.
— ¿Magia?
— 50 y 50… me gusta cocinar— dijo Hermione cortando su omelette y colocando champiñones encima— pruébalo.
— Ok— Draco asintió y comenzó a comer. Hacía mucho que no comía comida casera—. ¡Esto está delicioso!
— Gracias— dijo Hermione complacida.
— Estás muy nerviosa— afirmó el platino mientras bebía su té—. Aún soy un ser mágico. Siento en el aire tu nerviosismo.
— Eres muy místico— dijo Hermione burlándose mientras Draco comía sonriendo—. Es extraño estar contigo aquí, desayunando como viejos amigos— dijo Hermione sonriendo.
— Podemos empezar de nuevo— dijo sonriendo y limpiándose con la servilleta.
— Cómo…
— Imagina que estamos en primer año de nuevo.
— Ay Malfoy…
— No en serio…, vamos, imagínalo.
— Ok— dijo Hermione luego de suspirar.
— Hola… soy Draco, Draco Malfoy— dijo estirando su mano.
— Soy Hermione Granger— dijo Hermione extendiendo su mano y dejó su palma cerca de la de Draco, moviéndola ambos al mismo tiempo de arriba a abajo.
— Un gusto, Hermione. Tienes un cabello muy… especial.
— Tiene un estilo propio— dijo Hermione riendo para luego seguir comiendo.
— Te va bien
Terminaron de comer en silencio. Un silencio bastante cómodo para Draco, aunque Hermione se sentía cohibida. Y por qué no decirlo, traidora.
Ronald siempre le dijo que Draco era un mortífago que moriría como tal. "Las personas malas no cambian, amor" le decía cuando salía el tema. ¿Y si Malfoy solo la usaba para llegar a sus seres queridos?
Lo miró un momento de reojo. El chico comía como si no hubiese comido algo delicioso hace años, y sonrió. No pudo evitar recordar a Ronald cuando comía su comida. Sus ojos brillaban y sonreía. ¿qué habrá hecho mal?
— ¿De verdad está buena la comida? — preguntó insegura.
— ¡Exquisita!, si hubiese sabido que cocinabas así, juro que me hubiese hecho amigo tuyo desde antes— dijo riendo mientras sacaba un poco de fruta del tazón.
— Loco— dijo Hermione sonriendo.
— ¿Puedo preguntar algo?
— Dime.
— ¿qué pasó con la comadreja?... perdón. Weasley.
— Me dejó por otra— dijo alzando sus hombros—. Me engañó por lo que creo que fue un mes.
— Eso fue hace unos días, ¿no?
— Cinco días exactamente. El martes en la noche me fui de casa. Dormí en el ministerio. Kingsley me dio libre el miércoles. El jueves fue feriado y ese día lo vi.
— ¿Te fue a buscar?
— No… estaba en casa de Molly… su madre— explicó.
— ¿y por qué fuiste a la casa de su madre?
— Es la única familia que tengo— se alzó de hombros.
— ¿Tus padres?
— Murieron en la guerra— dijo simplemente.
— Lo siento.
— Gracias.
OoOoOoOoOoO
Con una correa que Hermione tenía para pasear a Gastón, fueron caminando a la clínica a buscar a Black. Ese sábado estaba particularmente nublado, siendo que la primavera había llegado el día 21 del mes anterior. Hermione vistió una chaqueta café mientras que Draco usaba una chaqueta de cuero.
Habían partido luego de que Draco pinchara con un desparasitante a Gastón y con las vacunas anti rábicas y contra la leucemia y SIDA felino.
Caminaron en silencio. Esta vez, Hermione se sintió cómoda, aunque aún igual de traidora. Miraba a Draco quien hablaba de cómo habían sido sus días en Londres, y le sorprendió lo bien que se había acoplado a la vida muggle. Como su madre se empeñó de niño a que aprendiera a tocar piano, lo único que pudo hacer fue buscar trabajo como pianista en algún restaurant. Con eso pudo costear sus primeros meses de vida en Inglaterra.
— Cuando conocí a Rachel, ella cantaba en la noche de novatos en el agujero. Yo había llegado ahí de casualidad, al igual que tu aquella noche. Estaba triste, muy enojado y con un obscurials desarrollándose en mi interior. La escuché cantar una canción que, cada vez que la escucho, me siento afortunado de haberla conocido. Ella sufría por culpa de una relación tormentosa y cantó esa canción con ayuda del piano de Emilia. Y bueno, nos hicimos amigos. Luego de unos meses comenzamos a salir y me insistió en que estudiara algo que me hiciera feliz.
— ¿Qué te hizo estudiar veterinaria?
— Un perrito— dijo sonriendo con tristeza, mirando a Gastón caminar con la cola en alto—. Estaba lloviendo y el cachorro estaba desvalido. No sabía qué hacer, así que lo llevé a casa. Rachel y yo lo cuidamos, pero estaba enfermo. No pudimos salvarlo, pues no sabíamos cómo. Con magia hubiese sido pan comido, quizás, pero no pude hacer nada más que mirar cómo moría. No tenía dinero para llevarlo al veterinario, y Rachel tampoco. Murió en la madrugada. Ahí decidí estudiar veterinaria. Rachel dijo que era buena persona.
— La amabas mucho, ¿cierto?
— Con el alma.
— ¿Era muggle?
— Sí… americana. Mi gringa, le decía. Si hubiese vivido, a estas fechas estaríamos casados.
— Lo siento mucho.
— Gracias. Pero basta de hablar de mí, qué hay de ti, qué has hecho, ¡qué estudiaste! Debiste estudiar algo genial.
— De hecho, estudie leyes junto a Blaise y Theo en Oxford
— ¿División mágica?
— División mágica, sí. Llegué a ser jefa del departamento de regulación de leyes mágicas. Kingsley me sacó de ese puesto el año pasado y me colocó como su mano derecha. Blaise es el jefe ahora del departamento de regulación. Theo es el segundo a cargo.
— Me alegro. ¿Y tu vida?
— Eso… pues… Ron y yo vivimos juntos desde que salimos de Hogwarts. Él estudió finanzas por un año y ayuda a George en Sortilegios Weasley.
— ¿Y Potter?
— Harry estudió en la academia de aurores. El chico es inteligente, salió primero de la clase. Le dieron duro. Sus compañeros lo detestaban porque, pensaban, que los profesores le daban el favor— Draco bufó con un "lógico" entre líneas—. Cuando un día se paró frente a la clase, les pidió a los profesores que le exigieran aún más que a sus compañeros, para que acabara ese chisme de las preferencias. Salió con extraordinarios de todas formas.
— Bien por Potter. ¿Y su mujer?
— Ginny fue buscadora de las Arpías de Holyhead, pero se retiró hace un año. Ahora espera a su primer hijo. Yo creo que esa desgraciada se retiró para poder estar con su hijo, no lo sé. Escribe para una revista deportiva.
— Me alegro de que todos estén felices después de la guerra.
— El dolor de las pérdidas jamás se irá. Por cierto, tienes un sobrino. Se llama Edward Lupín. Es hijo de tu prima, Nymphadora Tonks.
— Sabía que se había casado con el profesor Lupín. Pobre chico, quedó huérfano.
— Harry es su padrino, y es un niño muy valiente. Este mes cumple 8 años.
— Me gustaría conocerlo… hemos llegado.
La clínica estaba cerrada. Draco sacó la llave mientras Hermione tomaba en brazos a un cansado Gastón, quien le agradeció con lamerle la mejilla. Cuando entraron, caminaron directo a la consulta. Draco entró a una puerta trasera y luego de un par de minutos, sacó entre sus brazos a Gastón, con una venda en la cola y un cono blanco en el cuello.
— Este pequeñín está listo para irse a casa— dijo a tiempo que lo dejaba en la mesa. Gastón subió y comenzó a lavarle la cabeza al gato negro que ronroneaba.
— Muchas gracias, Draco. Esto es demasiado. De verdad déjame pagarte.
— Ya te he dicho que no.
— ¡DRAGÓN! — llamaron dese fuera.
— Hola Dalto— dijo Draco sonriendo.
— Supongo que leíste el correo— la mirada de Dalto se cruzó con la de Hermione, interrumpiéndose a sí mismo—. Tú debes ser Hermione Granger.
— Ammm… sí.
— Un gusto, Daniel Wood, Dalto para los amigos— dijo tendiéndole la mano a Hermione.
— Un gusto— dijo recibiendo el gesto, confundida.
— Es un honor estar con una heroína de guerra, de verdad.
— ¿cómo…?
— Daniel es el hermano menor de Oliver Wood. Es Squib— explicó Draco acariciando el lomo de Black.
— Sí. Mi hermano y mis padres no saben de la existencia de Draco en mi vida. Prefiero ser reservado, tú sabes…
— Los prejuicios y demás— concedió Hermione.
— ¿A qué venías, Dalto?
— Ah, sí. Leíste tu correo electrónico o no
— Son las 11 de la mañana, Dalto, ¿tú que crees?
— Que no. Resulta que Rocher recibió un correo diciendo que puede empezar el internado este verano… y tú sabes que al desgraciado ese le va horrible… supuse que tú también tendrías esa oportunidad.
— Adelantaría un año… Dalto, eso sería genial.
— ¡Claro que sí!, vamos a revisarlo. Hoy la universidad está abierta hasta las dos de la tarde. Te invito a almorzar luego.
— Sí… Ammm, Hermione…
— Tranquilo, dime qué medicamentos le tengo que dar y me desapareceré.
Draco dio las instrucciones a Hermione en un papel pues los medicamentos estaban en su casa. Luego de eso, tomó a Black, y, despidiéndose con la mano en la otra sala desapareció.
— Qué magnifico espectáculo— dijo Dalto.
— ¿La desaparición? Sí.
— Yo hablaba de ella, hermano
— Estás enfermo— dijo Draco riendo
Aunque Draco sí pensó que Granger, con todo y ese pelo enmarañado, estaba muy bonita.
OoOoOoOoOoO
Hermione se preparó un almuerzo ligero. Lechuga, unas aceitunas, palmitos, fondos de alcachofa y, por supuesto, aguacate. Le había dado los medicamentos antes y ahora estaba durmiendo acurrucado a Gastón, quien también dormitaba luego de haber comido. La caminata y los medicamentos también lo habían dejado agotado.
Pensaba en cómo hacer para decirle al mundo mágico que Draco estaba vivo sin que la tildaran de traidora. ¿Sería prudente ocultarlo? Estaba segua que, de otro modo, la persecución sería desastrosa. Draco estaba viviendo tranquilo en Londres. Pensó en la bruja de Skitter que, estaba segura, comenzaría a acosarlo, lo que provocaría dolor físico al platino. Decidió llamar a Blaise para decirle que se quedara en silencio, pero su celular estaba ocupado. Debía estar hablando con Malfoy.
Miró la hora. ¿Sería prudente contarle a Harry? Lo mas probable es que Harry la arrastraría a Grimmauld place si se llegara a enterar. En el mundo mágico seguían los problemas con los puristas de la sangre, y si se enteraban de que Draco estaba con los muggles, lo más probable es que lo "Sacarían de la desgracia" matándolo.
¿Tenía miedo por el platino? Sí. Tenía miedo por él. Solo había una persona que podría protegerlos y que sería lo suficientemente discreto para ello. El mismísimo ministro de magia.
Hola a todas! Gracias por seguir aquí. de verdad me motiva mucho.
espero poder seguir con el ánimo de escribir, pero no se preocupen, no los dejaré botadas.
un beso
Alice~
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