Declaración: Todos los personajes reconocibles de la Saga Harry Potter son propiedad de JKR. Sin embargo, la trama es Total y absolutamente mía y no hay permiso para publicarlo en otro lugar (Texto con Copyright). Esta historia está disponible en Wattpad y fanfiction. net,con la autoría de AliceMlfy (Firma Alice~). Di no al plagio
Capítulo 5: Madre
El molesto cucú del ministerio hizo su sonido característico a las 3 de la tarde. Los papeles estaban acumulados, pero ordenados, en un escritorio adicional que el ministro de magia tenía al costado del suyo. Entre regulación de leyes, redadas de los aurores para detener a los neo puristas de la sangre y los archivos de Azkaban, Kingsley Shacklebolt estaba cansado. Era sábado y había dejado un hermoso almuerzo familiar para resolver los pendientes.
Cuando miró al pajarraco a penas hizo su peculiar cucú, ronco y tenebroso, suspiró. Un golpe en su puerta lo hizo fruncir el ceño. En ese departamento no había nadie a esa hora, menos un sábado. Sacó su varita.
— Adelante— dijo, valiente.
Hermione abrió la puerta. Lo miró con una sonrisa en el rostro y una bolsa de un material extraño. Supuso que era muggle.
— Buenas tardes, ministro. Le traje algo de comer. Estoy segura que no lo ha hecho.
— Hermione, me asustaste— dijo el ministro riendo—, pensé que era algún enemigo.
— La guerra acabó, Kingsley. No puedes estar con miedo toda la vida.
— Sí, tienes razón, pero ya saben lo que dicen.
— Auror que se prepara, sirve para otro duelo— dijo Hermione dejando la bolsa de plástico en la silla frente al ministro y entregándole unas cajas blancas con letras chinas en ella.
— ¿Comida china?
— Tu favorita.
— Me conoces— dijo a tiempo que despejaba y se disponía a comer junto con Hermione—. ¿Qué haces aquí un sábado, Hermione?
— Quería contarte algo, pero es muy delicado y… perturbador.
— ¿Ron te hizo algo?
— No, no, no es de Ron.
— ¿Entonces?
— Necesito qué la habitación esté completamente segura para hablar.
Kingsley Shacklebolt levantó su varita dándole a entender a Hermione que la habitación estaba segura.
Mientras comían, Hermione le contó todo lo que sabía, lo que había visto y lo que Malfoy había hecho por ella y por sus gatos, que para Hermione no era un detalle menor. Le contó su miedo por la seguridad del ex mortífago si es que se sabía en el mundo mágico de su existencia.
Kingsley no dijo nada hasta que terminaron de comer. Hermione sabía que el mulato necesitaba digerir la información y su comida, por lo que no tuvo reparo en esperar a que las cajas estuviesen vacías.
Cuando al fin los contenedores de plástico habían volado al basurero, Kingsley con sus manos en el estómago se echó hacia atrás y al fin pudo hablar.
— Me parece genial que hayas sido tú quien lo encontrara. Necesitamos sus registros para saber cuál fue la restricción exacta del muchacho.
— Ya te dije, no se puede acercar a nadie.
— Lo condenó a quedarse solo, pero debe haber algo más.
— No te entiendo… él tenía pareja.
— Recuerda que cuando uno está en pareja, quiere hijos…
— Y los hijos de Malfoy serían mestizos.
— No podría acercarse a su hijo… nunca.
— Eso es horrible— murmuró Hermione mientras masticaba un poco de su arrollado jamón queso. El último que quedaba.
— Lo es.
— ¿Qué hacemos?
— En primera instancia, vigilarlo. Que no haga desmanes ni nada. Segundo— interrumpió Kingsley al ver como Hermione comenzaba a abrir su boca en son de réplica—, ponerlo en contacto con su madre y tercero— Kingsley suspiró—, esperar que los archivos del niño lleguen pronto. Ir por ellos incurriría en un alarde público y no queremos eso.
— No señor.
— Mientras tanto, ve y disfruta de tu fin de semana… y haz algo con ese departamento Harry me dijo que era muy pequeño por lo que le contaste.
— Sí. Lo arreglaré y colocaré una chimenea mágica.
— Así me gusta… creo que me iré a casa en un rato más.
— Está bien, nos vemos el lunes— dijo Hermione levantándose y caminando hacia la salida.
Kingsley sonrió y suspiró orgulloso. Esa chica era su mano derecha y sabía que podía contar con ella cuando él no estuviese… y para ello no le quedaba mucho.
OoOoOoOoOoO
Ginny disfrutaba de un día soleado en la madriguera. Comía una taza llena de frutas de la estación mientras miraba los jardines de la que fue su hogar por mucho tiempo. Molly llegó a su lado y Harry se les unió.
— Así que eso les dijo Ron—dijo Molly sentándose al lado de su hija-, ¿le creen?
— No lo sé mamá— confirmó Ginny—, pero sí creo en el clic, lo sabes.
— Lo sé cariño, yo también... diablos. No sé qué pensar.
— Yo la verdad no le diría nada a Hermione. No deberíamos mortificarla más— acotó Harry.
— Lo sé... démonos un tiempo para eso, ¿vale?, no quiero problemas con ella tampoco.
— Tienen toda la razón. Ambos. Esperen un momento para que Hermione se recupere. Imagínense que le dijeran ahora "él te ama, solo que hay una magia más fuerte que hace amar más a otra mujer". La destruiríamos— reflexionó Molly viendo como Ginny se mordía el labio y miraba el cielo despejado sin saber qué hacer.
— Tienes razón.
Un plop sonó en la cocina.
— ¿Mamá? —se escuchó una voz.
Molly cerró los ojos y aguantó la respiración. Escuchar a George era escuchar a Fred, y el dolor aún no se iba… no se iría nunca.
— Aquí hijo— dijo Molly en un susurro audible. George apareció tras la puerta alarmado junto con Angelina, su esposa.
— Perdón mamá. Es que me pareció extraño que estuvieses fuera de la cocina— dijo el gemelo besando la mejilla de su madre.
— No te preocupes, hijo… está bien— dijo sonriendo triste y dándole golpecitos cariñosos en la mano.
El pelirrojo mayor saludó a Harry y a su hermana.
— Adivina qué, George— dijo Harry— tenemos una sorpresa.
— ¿La casa? — dijo el pelirrojo sonriendo.
— Creo que dejaremos de decir "tenemos una sorpresa", cariño— dijo Ginny—. Hermano, serás tío.
— ¿Otra vez? — preguntó George pensando en darle una paliza a Bill o a Percy por no contarles ellos mismos.
— Em… cariño— dijo Angelina sonriendo y apuntando a Ginny.
— ¡¿Ginny?!—gritó George abrazándola botando en el proceso las pocas frutas que quedaban, haciéndola reír—. Dios… no puedo creerlo… ¿cuánto tiempo tienes?
— Dos meses y medio recién.
— Entonces crecerán juntos— dijo Angelina sonriendo.
— ¿Qué? ¿De qué hablan? — dijo Molly
— A eso venía, mamá— dijo George soltando a Ginny—, serás abuela por partida doble. El hijo de Ginny, y Fred— dijo acercándose a Angelina y tocando su vientre. Molly se tapó la boca gritando de emoción.
Harry se levantó del asiento para felicitarlos mientras que Ginny sonreía y tomaba las manos de Angelina para felicitarla.
— Esto es genial— dijo el pelirrojo mientras convocaba sillas para que su mujer y él pudiesen sentarse—, ahora solo falta Ron y Hermione y estamos listos, porque Charlie es difícil.
Harry frunció el ceño con dolor y Ginny dio las gracias de que Hermione no estuviese.
— Creo que debemos contarte algo, George, y esta noticia no es muy linda— comenzó Harry.
OoOoOoOoOoO
Hermione llegó a su edificio y entró con la llave a su departamento. Lo miró desde la puerta luego de cerrarla y contempló el pequeño lugar. Tomó su varita y comenzó a lanzar hechizos a diestra y siniestra convirtiéndolo en un lugar claramente más grande. Colocó su librero y su sillón donde correspondía, luego hizo un comedor un poco más agradable utilizando la barrita de la cocina, dejándola completamente abierta.
Cuando se sintió satisfecha, comenzó a revisar sus cosas de la bolsa de cuentas. Sacó las cajas que al contacto con el suelo volvieron a su tamaño real y comenzó a revisar lo que Ron había empacado.
Su ropa estaba doblada con cuidado y colocada de manera ordenada, como a ella le gustaba. Podía sentir algo de nostalgia y Hermione se dio unos minutos para respirar lento. Estaba sintiendo nuevamente la tristeza de la pérdida de su gran amor. ¿Por qué la había dejado?, se preguntaba.
Movió la cabeza y dejó de pensar por un momento. Tomó la varita y comenzó a guardar su ropa. Expandió su closet y el cuarto de baño para poder estar más cómoda. Al cabo de una hora su departamento era más grande y mucho más acogedor. Incluso había pintado las paredes de un tono verde agua muy suave.
Le dio el medicamento a Black y lo acarició por unos minutos hasta que escuchó el piano del lado.
Miró la hora y eran las 7 de la tarde. ¿Tanto se había demorado en guardar su ropa y todo lo demás?
— Do y luego Sol… ¿de acuerdo?, otra vez— escuchó la voz de Draco al otro lado.
— Es muy difícil, Dragón— se escuchó una voz de mujer algo ronca.
— Emilia, tú sabes tocar piano, solo que esta parte tienes que hacerla más rápido…
— ¿Así? — preguntó la chica mientras hacía sonar el piano.
— Exacto.
Hermione no pudo evitar preguntarse si Draco tendría algo con esa chica Emilia. ¿Qué diablos le importaba a ella? Se dijo y siguió mimando a Black quien despertó para pedirle comida.
Unos minutos más tarde cuando ella cocinaba algo de guiso, la puerta sonó.
— ¿Quién? — preguntó.
— Malfoy
— Pasa, está abierto— dijo Hermione mientras seguía revolviendo el guiso de verduras.
— Gracias— dijo el chico entrando.
Gastón, como buen gato mágico, se subió a lo más alto que pudo para poder saludar al recién llegado a la cara. Draco sonrió y acarició la cara del felino quien ronroneaba.
— Sí, Gastón, yo también te extrañe. ¿Cómo va el negrito?
— Bien. Ha estado comendo normal y a veces tiende a querer morderse la cola, pero Gastón lo evita.
— Qué buen gato— dijo Draco acariciando más al Maine Coon quien maulló con autosuficiencia—. ¿Cómo estás? — preguntó Draco al ver el departamento más grande—, supongo que un poco mejor.
— Sí… me pude traer mis cosas, eso me deja tranquila— dijo a tiempo que apagaba la olla y lo quedaba mirando. Llevaba jeans y chaqueta de cuero. Estaba peinado hacia atrás—. Qué elegante— dijo Hermione sonriendo.
— Tengo que ir al restaurant. Me toca tocar allá. Emilia había venido hoy, no sé si la escuchaste. Los sábados me reemplaza en el agujero porque es cuando trabajo en el restaurant.
— ¿Ganas mejor?
— Sí… pero me divierto menos.
— ¿Te quedas a cenar? —preguntó Hermione.
Draco abrió la boca y luego la cerró. Había ido a la casa de Hermione solo a ver a Black, pero ni siquiera se había fijado en el pobre gatito negro que dormía en el sillón y se había quedado petrificado viendo la espalda de Hermione. Cuando se dio vuelta y vio la sonrisa en el rostro sintió un extraño nerviosismo instaurarse en lo más profundo de su ser. Draco asintió agradeciendo.
Hermione sirvió el guiso que, nuevamente, había sido echo para dos, y la presencia de Draco era especial para que esa porción extra no se perdiera en el refrigerador más tarde.
Comieron en silencio. Draco estaba nervioso y Hermione pudo notarlo.
— ¿Qué te pasa Silvery?
— Quiero pedirte un favor, pero me siento muy mal para hacerlo.
— Dime— dijo Hermione tomando un poco de jugo. Draco sacó de su chaqueta una carta.
— ¿Podrías enviarle esto a mi madre? ¿Por lechuza o algo?
— ¿Por qué te sientes mal? — preguntó la muchacha sonriendo y tomando la carta.
— …— Draco miró a Black comer de su comedero—, no sé si quieras ir a la mansión Malfoy después de…
— ¿Bellatrix?
— Sí— dijo levantando la vista. Hermione sonrió y levantó la manga de su camiseta. La palabra "Sangre Sucia" se leía tenuemente en su brazo—. Lamento…
— No lamentes nada. No podías hacer nada. Fin del asunto— dijo Hermione con una débil sonrisa acariciando su cicatriz—. Con los años a mermado y espero que luego desaparezca… o me haré un tatuaje como tú— Draco sonrió—. Mañana iré a ver a la señora Malfoy. Le daré tu número de teléfono y le pediré a Blaise que la acompañe a comprarse un teléfono, si es que no tiene uno.
— Ella es difícil, Hermione, puede ser peligroso ir sola— dijo Draco complicado.
— Han pasado 7 años… tu madre está muy triste. Yo creo que la guerra ha ayudado a que esté un poco más dócil ahora.
Draco asintió sonriendo agradecido. Luego de las revisiones a Black, Draco se despidió y salió raudo a su trabajo. Hermione se sentó en el sillón. Miró hacia la pared vacía que tenía en frente y decidió que un televisor no le vendría mal.
OoOoOoOoOoO
Para ser domingo, el tren subterráneo estaba especialmente lleno. Tenía que llegar a Wiltshire y el metro era mucho más rápido que el transporte público. No se iba a arriesgar a aparecerse, y más porque Blaise iba con ella y conociendo el carácter emocionado de su amigo sabía que podía sufrir alguna despartición… A demás iban con Theo y él odiaba las apariciones.
— ¿Qué acaso no sabes manejar, Hermione? —preguntó Blaise mientras la chica estaba apoyada en la pared contraria a la puerta, protegida de cualquier depravado de quisiera tocarla.
— Sí, pero no tengo carro ni dónde dejar uno en mi nuevo apartamento— respondió—. Draco tiene una moto— agregó.
— ¿De esas cosas que hacen "brum-brum" de dos ruedas? — preguntó Theo con sus ojos azules oscuros muy abiertos—, leí que era un ataúd ándate para los muggles.
— Lo mismo opino, pero Draco al parecer la maneja bien.
— ¿Y por qué teníamos que venir como muggles? — preguntó Blaise como niño pequeño haciendo berrinche. La gente que iba alrededor lo miró extraño.
— No le haga caso, está loco— dijo Hermione al hombre mas próximo—. Cállate, Blaise— pidió Hermione al hombre quien miraba el techo del cual se sujetaba haciendo que se subiera la manga del traje negro que llevaba.
— Estas cosas son pequeñas, mira cómo me estoy afirmando… estoy seguro que estaré lleno de gérmenes.
— Luego de limpias— cortó Theo—. Háblame de la motocicleta— dijo el alto muchacho a Hermione quien reía.
— Después, hemos llegado.
Pidiendo permiso, con Blaise adelante y Theo atrás de Hermione, salieron del vagón para llegar a la estación de Wiltshire, de ahí tomarían un taxi hasta la entrada de los terrenos mágicos de aquel lugar.
Luego de 20 minutos de viaje, los tres amigos llegaron a la mansión Malfoy. Estaba muy oscura y los jardines estaban completamente descuidados. Un elfo doméstico apareció en la puerta.
— En qué puede Pihop ayudarlos, jóvenes visitantes.
— Somo Theodore Nott y Blaise Zabini, amigos de la familia.
— La familia de Pihop no tiene amigos. La familia es solo mi ama y no se encuentra.
— Eso es raro— dijo Theo para Blaise quien asintió.
— Dile a tu ama que tengo noticias de su hijo— dijo Hermione mostrando su cara.
El elfo achinó los ojos. Él sabía quién era ella y eso significaba que no querían dañar a su ama. Y con esa conjetura en la cabeza chasqueó los dedos desapareciendo.
Hermione estaba francamente nerviosa. No pudo evitar rememorar cuando fue llevada ahí capturada y fue torturada por Bellatrix. El grito de "qué más sacaron" la hizo estremecer. Theo, quien estaba a su lado, la abrazó intuyendo lo que ocurría.
— Nadie te hará daño, jefa, todo estará bien— murmuró Theo mientras Hermione lo abrazaba por la cintura.
— Pensé que lo había superado.
— Las torturas jamás se superan— dijo Blaise a tiempo que tocaba su brazo izquierdo lleno de cicatrices ocultas por su traje.
— Estarás bien— dijo Theodore—, además, míranos, somo tus guardaespaldas— dijo haciendo alusión a los trajes de corbata que llevaban.
— Cuando podamos hacer algo con Draco tendrán que ir con ropa más holgada— dijo Hermione soltando a Theo.
La verja se abrió con un sonido rechinante. Los tres chicos sacaron las varitas y caminaron por el camino de gravilla. Estaba completamente seca y al subir la escalerilla que daba a la casa, la gran puerta del salón se abrió.
Estaba completamente deteriorada. Había telas de araña y polvo por todos lados. Blaise miraba todo como adolorido. En aquellas paredes había estado albergado cuando tenía problemas y Draco lo acogía aquellos días de verano. Theo también había encontrado refugio en la mansión Malfoy… claro, siempre y cuando Lucius no estuviera presente, lo cual era bastante común considerando las innumerables salidas a terreno por sus "negocios e influencias".
La puerta del salón de dibujo se abrió y Hermione quedó petrificada por un momento. Le pareció ver la cara de Bellatrix en el dintel de la puerta y se paró en seco. Theo y Blaise la tomaron del brazo y ella se dejó guiar. El salón estaba completamente distinto a cómo lo recordaba. Era más luminoso y al contrario de toda la casa, este espacio estaba muy limpio.
La figura imponente de Narcissa Malfoy estaba como tallada en piedra frente a un cuadro. Hermione pudo fijarse que era un cuadro de Draco, sin embargo, esta no se movía. La pintura sonreía a su madre de manera estática.
— Los cuadros mágicos son maravillosos— habló la mujer de cabello largo hasta la cintura y vestimentas negras—. Mandé a hacer este cuando lo condenaron. Este cuadro es la única prueba que tengo para decir que Draco está vivo— la mujer se volteó a ver a sus visitantes. Sus ojos azules estaban velados por una capa gris que le quitaba la vida poco a poco.
— Narcissa— dijo Blaise acercándose y besando la mano de la mujer. El gesto lo repitió Theodore.
— ¿Qué hacen aquí, mis niños? —dijo sonriendo—, hoy no es mi cumpleaños.
— Te escribimos seguido, Cissy, pero no nos respondes.
— Esta vista y las manos trémulas, querido Theo, me impide escribirles. A demás siempre tengo pereza de hacerlo… siéntense por favor— pidió haciendo lo mismo. Hermione se sentó en medio de los chicos—. Usted es… Hermione Granger— dijo la mujer reconociéndola.
— Así es señora Malfoy.
— Sé que trabaja en el ministerio. Generalmente los del ministerio vienen en la semana, ¿qué pasa? Pihop me dijo que era algo de Draco… ¿al fin se confirmó su muerte? —preguntó firme, pero denotaba angustia.
— No señora Malfoy… Draco está vivo— dijo Hermione sonriéndole. La mujer frunció el ceño.
— ¿Estás mintiendo?
— No, Cissy, yo hablé con él por teléfono— confirmó Blaise.
— Le ha mandado una carta— dijo Hermione levantándose y pasándole el sobre.
— Dios…
Narcissa miró el sobre completamente blanco. Luego de eso, lo abrió presurosa, pero con cuidado. Cuando extrajo el primer papel, se tapó la boca y una lágrima salió casi de inmediato de su ojo derecho.
— Es la letra de mi niño— susurró—, diablos… Theo, no puedo leerla… yo…
— Tranquila Cissy, si quieres la leo para ti.
— Por favor— pidió Narcissa.
— "Madre: por favor deseo que estés tranquila. Estoy vivo. Me costó mucho decidirme cómo comenzar esta carta, pero creo que lo más decente es decirte que aún no me he muerto, para mala suerte de algunos"— Narcissa rio ante la broma—. "¿Te acuerdas cuanto odiaba las clases de piano? Bueno, gracias a tu insistencia, querida mía, es de lo que he vivido durante todos estos años. Trabajo en un restaurant como pianista de fin de semana y me pagan muy bien. En la semana – y espero que te sientas orgullosa de esto –, estudio para convertirme en veterinario. ¿Te acuerdas que quería tener un gato o un perro y padre jamás me dejó? Pues ahora me encargo de curarlos en el mundo muggle.
Sé que tal vez la idea de que tu hijo sangre pura esté en el mundo muggle no te hace la mayor gracia, pero así es. Me encantaría contarte más de mis cosas, y para eso te envío este numero para que te contactes conmigo. ¿Cómo? Supongo que conoces los teléfonos. Cuando estés lista, márcame y hablaremos largo y tendido. Te amo mamá. Perdón si no te lo dije nunca, pero créeme que en estos 7 años tu presencia me ha faltado en infinidad de veces; tu consejo y tus retos me faltaron en mis peores momentos. Te necesito mucho. Con amor, Draco"— Terminó Theo doblando la segunda hoja que tenía el mensaje, entregándoselo a Narcissa quien lloraba calladamente.
— Señora Malfoy, Draco es mi vecino. Soy con la única persona que puede hablar en persona, aunque no puede tocarme— dijo Hermione. Narcissa la miró. La castaña pudo develar que algo de esa tela gris se estaba disipando—, el asunto es que yo puedo ser su nexo con él, sin embargo, y por la condena que lamentablemente tiene Draco, no puede acercarse a ningún mestizo ni sangre pura.
— Entonces… ¿no podré verlo? —dijo la mujer asustada.
— Mmm… creo que podemos idear algo para que pueda verlo, aunque no podrá tocarlo. No sé cómo, pero lo intentaré.
— Quiero verlo. Quiero hablarle.
— Y por eso— dijo Blaise sacando su teléfono— existe esto. El número de teléfono está en la carta, así que solo toca llamarlo— dijo Blaise a tiempo que marcaba y apretaba una tecla anexa. El sonido de marcado comenzó. Estaban en altavoz.
— ¿Bueno? —contesto Draco del otro lado. Narcissa la reconoció de inmediato.
— ¿Hijo? — preguntó Narcissa.
— ¡¿MAMÁ?!, por dios, estás con Blaise ahí?
— Y con la señorita Granger y Theo también.
— ¡Dios! ¿No tienes teléfono cierto? Blaise, por favor cómprale uno y yo te devuelvo el dinero… Goldie, ¿puedes pasarle tú el dinero a Blaise y yo te lo pago?
— No hay problemas Draco— dijo Theo quien sacaba de su bolsillo un teléfono—, le compré uno a tu madre.
— ¡¿Theo?! ¡Por Dios! Dime que lograste conquistar a la lu…
— Cállate Draco o romperé el celular de Blaise. Te mandaré mi numero por mensaje de texto, por ahora, creo que necesitas hablar con tu madre. Danos 5 minutos y te llamamos.
— De acuerdo, hermano, gracias… y gracias a ti también Goldie.
— No lo menciones— dijo Hermione sonrosada.
Pasaron un par de minutos explicándole a una llorosa Narcissa Malfoy cómo llamar desde el celular hasta que pudo al fin comunicarse con él.
Los tres muchachos caminaron fuera de la mansión con una sonrisa en el rostro.
— Me parece que hemos hecho la buena acción del día— dijo Blaise—, ¿viste lo feliz que estaba Narcissa?
— Hasta sus ojos brillaron de nuevo— dijo Hermione sonriendo.
— Y todo gracias a ti, Hermione— dijo Theo abrazándola por los hombros. Blaise hizo lo mismo—, eres la salvadora de Cissy y Draco.
— No digan eso.
— Oye, es verdad— concedió Blaise—. Ahora, ¿nos aparecemos en mi casa? Es que no quiero viajar con muggles.
— Está bien, pero yo me voy con Theo, tu eres demasiado inquieto y no quiero sufrir despartición como en primero de universidad— dijo Hermione recordando que había dejado la mitad de su brazo en el bar donde se encontraban por haber accedido aparecerse con Blaise.
El moreno rodó los ojos y desapareció. Hermione se tomó del brazo de Theo y aparecieron juntos en la casa de Blaise y Pansy Zabini.
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— ¿Cómo que neo-mortífagos? —dijo Draco levantándose de la cama con el celular en la mano.
— Sí, mi amor, han vuelto. Están reclutando a los antiguos seguidores del Lord y ya han venido varias veces a la casa. Por eso está tan abandonada. Al menos intento que parezca abandonada para que crean que me he mudado. Mi elfo me ayuda en eso.
— Mamá, por favor, dile a Hermione para que te proteja, vete a la casa en Kent o no sé, por favor, que no te encuentren. Si lo hacen…
— Me matarán, lo sé— interrumpió Narcissa desde el otro lado de la línea—, pero me mata más la idea de dejar esta casa y la destruyan. Es la herencia de los Malfoy.
— Me importa un champiñón podrido, madre, necesito que estés a salvo de ellos… ¿quiénes son?
— No creerás quién es el líder…
— ¿Quién?
— ¿… Recuerdas a la periodista Rita Skeeter? — preguntó Narcissa complicada.
— Mierda…
Hola a todos! Me alegro que sigan aquí. Les contaré que se vienen sorpresas en esta historia, pero lo más importante, la música volverá de la mano de un nuevo personaje que engrosará las filas de "Del otro lado de la pared".
Espero que sigan aquí y que me comenten para saber que puedo seguir escribiendo ejejej.
besos!
Alice~
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