Declaración: Todos los personajes reconocibles de la Saga Harry Potter son propiedad de JKR. Sin embargo, la trama es Total y absolutamente mía y no hay permiso para publicarlo en otro lugar (Texto con Copyright). Esta historia está disponible en Wattpad y fanfiction. net,con la autoría de AliceMlfy (Firma Alice~). Di no al plagio

Quiero dar las gracias a Mary Eagle Med quien me beteó este capítulo. ¡Muchas gracias por tu trabajo tan minucioso!


Se había quedado dormida de lado en el sillón. El rubio, de una manera muy sutil, colocó la almohada en sus piernas y la dejó descansar. Gastón, tan inteligente como puede ser un gato mágico, había traído arrastrando una manta con la boca para tapar a su ama, y se recostó en el hueco que había entre sus rodillas y su vientre. Draco también se quedó dormido, con cuidado de no tocarla para no quemarse, sin embargo, decidió colocar otro cojín en el hombro de ella y colocó ahí su mano.

El cabello de Hermione caía hasta el otro lado de las piernas del platino y este, con asombro, descubrió que podía tocarlo. Nunca pensó que era tan suave y realizando esa labor se había rendido a los brazos de Morfeo.

Cuando Hermione despertó, sintió que no había descansado así en mucho tiempo. Abrió los ojos lentamente y vio que estaba en el sillón, en las piernas de Draco, y que este tenía un cojín en el pecho de la chica para apoyar su brazo. Se dio vuelta y quedó mirando su cara relajada dormida. Colocó, con cuidado de no tocarlo, el cojín en su pecho y vio como el brazo del chico quedaba ahí.

Era tan guapo y gentil, y sentía muchas cosas increíbles en tan poco tiempo por ese rubio veterinario que, sonriendo, sintió que se sonrojaba. Se quedó mirando un momento al rubio. Su brazo tatuado estaba en su pecho, sobre el cojín, y lo miró detalladamente. Muy en el fondo se notaba la marca tenebrosa. Recordó entonces su cicatriz. Aún dolía. Estaba segura que ese cuchillo tenía alguna especie de veneno, pues no entendía cómo era posible que aún ardiera cuando estaba expuesta a agua muy fría o caliente. Aún no se atrevía a ir al médico; sentía una vergüenza inexplicable.

Draco se removió y abrió los ojos con un suspiro por la nariz. Miró a Hermione y sonrió.

― Pasaste la noche con un mortífago, Gryffindor rebelde —susurró con voz ronca.

― Y tú con una hija de muggles, Slytherin orgulloso.

― Una muy sexy, a mi parecer —dijo adormilado. Luego cerró los ojos y los abrió con más claridad dándose cuenta de aquel arrebato de sinceridad —. Lo siento.

― Me gusta saber que soy sexy aún —dijo Hermione sonrosada y alzándose de hombros.

Se puso de pie sonriendo y fue a la cocina diciendo que haría desayuno.

Draco se quedó un momento más sentado, con el cojín en su pecho, sonriendo. ¿De verdad siempre fue tan bonita? Miraba como la muchacha que en la noche anterior estaba llorando de miedo hoy sonreía mientras movía la varita para preparar desayuno, el cual Draco estaba seguro sería delicioso. Comenzó a mirarla por partes de manera detallada. Tenía una estatura promedio. No era tan alta, pero tampoco era una enana. No pudo evitar compararla con Rachel, quien era muy delgada y alta. Hermione era más menuda que ella. Podía ver que su pelo seguía siendo un desastre, pero como ella misma había dicho cuando la volvió a ver, "tiene estilo propio", y decidió que le encantaba. Amaba su pelo.

¿Amar? Llevaba menos de una semana de volverla a ver.

― Ven a comer, Draco —dijo Hermione mirándolo y sonriendo.

Draco sonrió. Sí… definitivamente esto era algo muy parecido al amor.

OoOoOoOoOoO

Una sala cuadrada sin techo, con una mesa en medio y una taza de té vacía era lo único que acompañaba a Rita Skeeter, amarrada mágicamente en la silla, con traje de prisionera. Frente a ella, sus carceleros.

― ¡Te he dicho que no sé de qué hablas, Potter! –gritó Skeeter. Al lado de Harry se encontraba Dean Thomas con los brazos cruzados.

― Parece que no quiere hablar, ¿ Dean, ¿qué podemos hacer? —preguntó Harry fingiendo ignorancia.

― No lo sé —respondió Dean siguiéndole el juego—… Si estuviésemos en el mundo muggle, nos sancionarían, pero…

― Un poco de Legeremancia no le hará daño, ¿cierto? Ah, ¿y qué tal un poquito de veritaserum?

― Fantástica idea, jefe.

― ¡No pueden hacer eso! —gritó nuevamente la mujer.

― Tarde —murmuró Dean.

― ¿No? —dijo Harry fingiendo demencia—. Señor ministro, ¿qué opina? —preguntó al aire.

Procedan —dijo la voz de Shacklebolt desde algún lugar.

― ¿Ves que podemos? —dijo Harry sonriendo.

― Tortúrenme lo que quieran, estúpidos, jamás sabrán la verdad de nada.

Algo acaba de salir —dijo la voz del ministro al tiempo que un frío se apoderaba del lugar.

Un dementor apareció atrás de Dean y Harry quienes le abrieron el paso. El dementor los miró y luego a Rita.

― Él es Jack, un antiguo trabajador del ministerio. Lamentablemente, en la guerra perdió a su familia, y lo lamentamos Jack —dijo Harry al ver como el dementor bajaba a cabeza—. Aún tiene recuerdos de su vida humana y está con nosotros hasta que pierda la consciencia por completo. Verás, Jack, ella es seguidora de Voldemort.

Mi misión es castigar a aquellos que están a favor de quien mató a mi familia —dijo el dementor con voz de ultratumba, acercándose a la periodista.

― ¡No, no, no! —gritó Rita al ver la boca del dementor—, ¡él volverá!, ¡sabemos cómo, solo tenemos que encontrar su alma! —dijo Skeeter haciendo que el dementor Jack se hiciera hacia atrás.

― Habla —ordenó Harry.

― En la mansión Malfoy, en el quinto piso, hay un objeto que contiene el alma de nuestro señor, y necesitamos tenerlo. Yo simplemente soy quien habla con las mujeres influyentes para tener gente. No soy parte del movimiento, no pueden condenarme por mi forma de pensar.

― No por eso, sino porque ese movimiento está matando gente, y tú lo estas encubriendo — alegó Dean.

― ¿Quién es el líder? —quiso saber Harry.

― Eso no lo puedo decir —dijo Rita riendo—, estoy bajo juramento inquebrantable. Incluso con veritaserum no podría decirlo.

― Pero puedes decir quién hizo el pacto contigo, dónde se encuentra, etc.

― No puedo, una pena… ¿Puedo irme? —dijo Rita. Por un momento, la mujer comenzó a marearse y Dean sonrió.

― ¿Jack? ¿Quieres comer? —dijo Dean despreocupadamente.

El dementor se acercó de nuevo, succionándole un poco del alma de Rita, haciéndola gritar.

― ¿Quién está reclutando? Dañaron a Zabini, Nott y Longbottom

― No… no puedo decirlo.

― ¿Estás segura? Jack.

― No, no, está bien —dijo cansada—, … se llama Lumiere, Sacarías Lumiere. Es un mago francés. Está viejo, pero tiene arraigada la supremacía de la sangre. Él está a cargo de quienes están reclutando. No los conozco, pero son ingleses.

― ¿Qué puedes decir acerca de la frase "la sangre es fuerte"? —preguntó Dean.

― Algo que tú no conoces, sangre sucia —dijo Rita con desprecio. Harry la miró extrañado.

― ¿Está con veritaserum? —preguntó Harry mirando a Dean.

― Desde que se tomó esa taza de té que pidió en la mañana —dijo alzándose de hombros.

― Explica la frase —pidió Harry autoritario.

― Todos los "sangre pura" se alzarán en contra de la extinción de esta. La pureza es mucho más fuerte que cualquier cosa. Somos los mejores magos y brujas porque tenemos nuestra sangre pura —Harry y Dean rodaron los ojos. Podían incluso adivinar que el ministro, quien estaba al otro lado del vidrio, también había hecho lo mismo.

― Te recuerdo que Filch era sangre pura y es Squib —recordó Dean—. Creo que es suficiente —sugirió.

― Tienes razón. Te espera una bonita celda en Azkaban— dijo Harry caminando hacia la salida.

― ¡¿Pero por qué?!

― Por ser cómplice del movimiento neo mortífago y por obstrucción a la justicia. Jack, puedes beber algo de ella, pero no le quites el alma. Luego, vete.

― Esperen, no me dejen aquí con esa cosa, no, ¡nooo! —gritó Rita mientras Harry cerraba la puerta en el momento que Jack se acercaba a la mujer.

OoOoOoOoOoO

Draco había ido al internado. Estaba en la clínica veterinaria con Dalto. Ambos habían sido estudiantes de veterinaria y Dalto ya se había graduado, sin embargo, tenía contacto con todos sus excompañeros. Les habían dado permiso de ser el jefe de práctica de Draco y estaban ahí, trabajando en su veterinaria felices de la vida. Draco estaba terminado de atender a un gatito con Flut, un trastorno en el cual se tapan las vías urinarias, provocando muchísimos problemas.

― Lamentablemente, este gordito tiene tres meses y ya hizo Flut. Necesito que tengas claro que él pasará por este problema toda su vida si no cambias su alimentación —recomendó Draco a una chica y su madre. El gato intercalaba su mirada entre el rubio y la mesa que estaba llena de pipí—. Por suerte hizo ahora, pero quizás no tendrá la misma suerte si ocurre una próxima vez. Les recomiendo comprar un alimento bajo en sodio. La señorita de allá afuera le dará marcas.

― ¿Qué pasa si no cambiamos el aliento? —preguntó la madre de la niña quien la miraba asustada.

― El gatito volverá a hacer Flut, se le taparán las vías otra vez y tendrán que sondearlo… y, si sigue haciendo Flut después de eso y no se lleva a tiempo, puede morir.

― Comprendo. Hablaremos con la señorita para que nos dé las marcas.

La niña con su gatito en brazos y su madre pagaron, recibieron la información y se fueron. Draco se quedó limpiando el pipí del gato.

― No cambiarán el alimento, ¿cierto? —preguntó Draco.

― No lo creo. Son caros… y si se muere un gato da igual para algunas personas…, creen que son reemplazables.

― Que horrible —murmuró Draco luego de desinfectar el mesón. Caminó hacia el baño y se encerró en él. En ese momento golpearon la puerta de entrada.

― Hola —saludó una chica de cabello rojo intenso y sonrisa fácil ingresando a la consulta. Dalto la recibió.

― Hola, hermosa —dijo Dalto acercándose y besando a la chica—. ¿Cómo te fue, doctora Eli?

― Bien —dijo riendo ante el apodo—. ya me dieron mis calificaciones, así que, puedo decir que he terminado mi tercer año. —dijo la muchacha abrazándolo con un suspiro de alivio.

― Buenos días —dijo una voz conocida.

― Buenos días, Hermione —dijo Dalto sonriendo y saludando a la muchacha.

― Buenos días, Dalto.

― ¿No deberías estar trabajando?

― Vine a comprar café. Estamos cerca —dijo la chica. Hermione miró a la pelirroja que la miraba impresionada.

― Dios mío, Hermione Granger —murmuró.

― ¿La conoces? —dijo Dalto impresionado.

― Eso significa… —Hermione miró a Dalto y éste al baño justo cuando se abría la puerta.

Draco salió secándose las manos y miró a los presentes. Vio a Hermione y sonrió.

― Buenos días —dijo sonriendo.

― Draco Malfoy —murmuró la pelirroja tomando el brazo de Dalto, colocándolo tras de ella.

― Cariño, tranquila —dijo Dalto colocándose a su lado—. Em… los presentaré, Hermione, Dragón, ella es Elizabeth Sumer, mi novia.

― Un gusto —dijo Draco acercándose.

― Tú estás muerto —murmuró la chica.

― Espera —pidió Hermione sacando la varita de manera imperceptible.

― ¡Aléjate de mí, maldito mortífago! —dijo la muchacha sacando su varita.

Los tres presentes quedaron con la boca abierta, sin embargo, Hermione se colocó en frente con la varita extendida.

― ¿Eres bruja? —dijo Dalto sonriendo—. Soy Squib —agregó.

― Es hija de muggle —murmuró Draco alejándose.

― ¡Expelliarmus! —gritó Elizabeth.

― ¡Protego! —lanzó Hermione a Draco. Hizo un movimiento con su varita en dirección al rubio haciendo que éste quedara nuevamente en la caja de cristal—. Elizabeth, necesito que te calmes. Draco no puede hacerte daño.

― Eres Hermione Granger, ¡no puedes relacionarte con un maldito mortífago!

― Puedo hacerlo, Elizabeth —dijo la castaña colocándose frente al rubio—. Draco trabaja aquí, así que te pido por favor que te sientes a hablar.

― Cariño, escucha a Hermione, tenemos que hablar —dijo Dalto acercándose para tomar sus manos. La muchacha las quitó de las del muchacho y se hizo hacia atrás.

― Si eres amigo de Draco Malfoy, no me conviene estar contigo. Tú no tienes idea de lo que me hizo ese bastardo —y sin decir nada, la muchacha desapareció.

― Es bruja —dijo Dalto sentándose en una silla cercana. Hermione liberó entonces a Draco de su hechizo.

― Amigo, lo siento, yo… —Draco se acercó al muchacho—, de verdad lo siento.

― ¿Qué le hiciste?

― No lo sé.

― Trata de recordar, Draco —pidió Hermione. El rubio frunció el ceño en un esfuerzo de su memoria.

― Tengo recuerdos vagos de mi séptimo año, y algo de ella me es familiar… quizás ella iba en cuarto año. Había clase de artes oscuras y los Carrow me pidieron que demostrara la Maldición Imperius. No recuerdo más que verla a ella llorar en el piso —murmuró Draco—. Yo mismo estaba bajo la maldición, así que no sé qué le hice… Melín Bendito —dijo el muchacho en el piso, sujetándose la cabeza.

― Calma —pidió Dalto, tocando su cabeza—. Todo está bien, hablaré con ella… diablos —exclamó tocándose el antebrazo derecho—, me picó algo.

― Déjame ver —pidió Hermione.

Eran unas marcas en forma de círculo color rojo muy parecidas a las que vio en Luna hacía unos días.

― Es magia, Dalto. Clic, quizás —dijo Draco al verlas—. ¿Cuánto tiempo llevan?

― Un mes.

― Ya te acostaste con ella, ¿cierto? —preguntó Draco sonriendo pícaro.

― No te incumbe, hermano —dijo Dalto, frunciendo el ceño.

― Entonces sí; cliqueado.

― ¿Qué tiene que ver eso con el clic? —preguntó Hermione.

― Lo siento, amigo, estás cliqueado. La chica volverá, así que calma.

Hermione se sentó en una silla sin haber resuelto su duda y miró a los hombres mientras evaluaba la situación. Elizabeth sabía que Draco estaba vivo, ¿habría algún problema si ella…? Hermione se levantó de la silla y miró con urgencia a Dalto quien la miraba.

― Tenemos que localizarla, no puede nadie saber que Draco Malfoy está vivo.

Y los colores de la cara de los chicos se esfumó.

OoOoOoOoOoO

Dalto estaba parado a las afueras de la casa de Elizabeth. Sabía que estaría ahí, pero no sabía cómo hablarle. Nuca había conocido a sus padres ni nada, así que simplemente carraspeó y tocó el timbre. Elizabeth le abrió. Tenía los ojos rojos.

― Tenemos que hablar. Por favor.

La muchacha le abrió la puerta y lo dejó entrar.

― Antes que nada —dijo Dalto cuando Elizabeth cerró la puerta—, te quiero. No quiero perderte, pero Draco es mi amigo.

― Es un mortífago. Confesó y, según el periódico, debería estar muerto. ¿Por qué está vivo? ¿cómo engañaron al profeta? Hay que denunciar a ese mortífago.

― No, por favor, linda, déjame explicarte todo, por favor.

― Tienes cinco minutos.

Los jóvenes se sentaron en la sala y Dalto comenzó.

― Draco tiene una condena que le impide acercarse a gente mágica. Hace un par de semanas, se encontró con Hermione Granger. Es su vecina. Ella nos contó que las personas condenadas a lo mismo que Draco han muerto al segundo año de condena.

― Se lo merecen.

― Draco lleva siete. En estos momentos, está teniendo algo que ustedes llaman oscurus, que, creo, es muy peligroso —Elizabeth sólo lo escuchaba—. A Draco lo condenaron porque aceptó la culpa.

― ¿Cómo? —preguntó confundida.

― Draco estuvo durante todo su séptimo año con la Maldición Imperius en castigo por no haber podido matar a Dumbledore. Todo lo que hizo, no lo recuerda muy bien. De hecho, está muy afligido; sólo recuerda que estabas llorando en el piso —murmuró. Elizabeth corrió la cara—. ¿Qué te hizo?

― Una serie de Cruciatus y Diffindo —dijo a tiempo que se subía las mangas de su camiseta y le mostraba los cortes en sus brazos—. Yo estaba en Imperius y me ordenó quedarme quieta. En un momento, él se detuvo. Nos miró como si estuviese asustado y salió del salón. Mis compañeros de Ravenclaw me llevaron a la enfermería y estuve ahí una semana —murmuró.

― Él no era consciente de eso.

― ¡¿Cómo lo sabes?!, ¡Parecía muy consciente!

― Porque se descubrió en su condena que así era. Mira, no te voy a pedir que lo perdones ni nada. Puedes seguir odiándolo y sin querer verlo, pero, por favor, no le digas a nadie que está vivo. No sé si has sabido acerca de los Neo mortífagos —dijo Dalto complicado—. No es mi mundo, pero conozco lo que ocurre por mis padres y por Hermione ahora —Elizabeth meneó la cabeza en negativo—. Están reclutando. Si se enteran que Draco está vivo entre los muggles, lo matarán. Y pensamos que apenas le quedan unos meses. Por favor… —Elizabeth miró su ventana, tratando de encontrar algo en la oscuridad de la noche, luego miró al muchacho frente a ella. Suspirando arqueó la ceja.

― ¿Estás seguro que es de confianza?

― Así es.

― Entonces no diré nada… por ahora.

― Gracias.

OoOoOoOoOoO

Theo abrió los ojos. Respiró largamente y botó el airé por la boca, haciéndolo toser involuntariamente. Trató de taparse la boca, pero notó que todo su cuerpo estaba adolorido, y se quejó.

― Tranquilo, todo está bien —dijo una voz a su lado. Luna le sonreía, pero en su mirada se notaba que no había dormido en toda la noche.

― ¿Dónde estoy?

― En San Mungo.

― ¿Cómo llegué aquí? ¿Qué pasó?

― ¿Qué es lo último que recuerdas? —el muchacho miró a Luna y luego sus manos para intentar recordar.

― Estaba yendo a tu casa.

― Oh. Comprendo… doce horas.

― Explícame, Luna, no entiendo.

Luna comenzó a relatarle lo que había ocurrido, incluyendo el ataque a los Zabini y a Neville Longbottom. Mientras lo hacía, acariciaba su muñeca izquierda de arriba a abajo para infundirle ánimos.

― Están reclutando —afirmó.

― Sí, eso dijo Harry. Me tiene muy preocupada. Están atacando sangres puras, y si ya llegaste aquí, pueden dañarte más. Incluyendo a Pansy. Ella es la que más nos preocupa, la verdad, por el pequeño Draco, ya sabes.

― Pueden llegar a atacarte a ti…

― No. Solo atacan sangre pura. Yo soy mestiza.

― Pero…

― Te lo conté en nuestra cena. Mi madre era mestiza y mi padre es sangre pura. Soy un tercio sangre pura y un cuarto muggle —dijo riendo. Theo la miró impresionado—. ¿Qué pasa?

― Por eso no me cliqueé —murmuró Theo mirándola con los ojos muy abiertos e intentando incorporarse.

― Tranquilo, Theo, no te agites.

― ¿Scamander está aquí?

― Eso también te lo conté… terminamos hace unos días.

― Comprendo —dijo el castaño acomodándose.

― ¿Qué tienes?

― Luna —dijo Theo tratando de acomodarse—, ¿te pedí algo en nuestra cena?

― ¿Pedir? No. La verdad, sólo me escuchaste. Lo único que me dijiste fue que te ofrecías a golpear a Scamander si me hacía sentir bien.

Theo rio con un quejido al final.

― Cuando salga de aquí, tú y yo hablaremos seriamente, Luna Lovegood.

― Es… está bien —murmuró Luna complicada. No sabía de qué podría hablar Theo con ella.

OoOoOoOoOoO

En el ministerio, todo era un caos. Si bien Hermione llevaba las cosas en calma junto con Kingsley, éste ya se había rendido. Estaban en una reunión con los aurores, y Harry se masajeaba el puente de la nariz con su mano derecha mientras que con la zurda sostenía sus lentes.

― Entiendan, por favor. Voldemort podría volver y necesitamos entrar en esa casa —repitió Harry cansino.

― No queremos morir ahí, señor — dijo un hombre alto y fornido —. Si bien tenemos al "rompe maldiciones", es posible que ni siquiera él pueda.

― Créame, señor Xanders —dijo un pelirrojo con una marca en su cara, Bill Weasley—, soy el mejor, no por nada trabajo en Gringotts.

― Lo sabemos, señor Weasley, pero…

― Nada —dijo Kingsley—, se hará. Harry, ¿cuándo procederán?

― Esta misma tarde, señor.

― Perfecto. Hermione, necesito que vayas —pidió el ministro mirándola penetrantemente.

― Como ordene, señor.

― Sea lo que sea que encontremos ahí, necesito que un equipo esté afuera de la mansión Malfoy. Mínimo seis personas. ¿Algún voluntario?

Dean Thomas se levantó de su puesto con el ceño fruncido. Sabía que sus compañeros eran unos cobardes y no dejaría a Harry solo, mucho menos si Hermione estaba ahí. De a poco, varios otros se fueron levantando, conformando un grupo de seis personas.

― Vayan con cuidado —dijo Kingsley a los muchachos, quienes asintieron en respuesta.

OoOoOoOoOoO

—¿Está segura, señorita Granger, de lo que hace? —preguntó Narcissa Malfoy cuando entraba al apartamento de Hermione.

—Sí, señora Malfoy. Draco está al otro lado de esa pared —dijo apuntando su cuarto —, la dejaré con una transparente para que puedan verse y hablar —dijo la muchacha, al tiempo que guiaba a la señora Malfoy a su habitación—. Ellos son Gastón y Black, mis gatos —explicó Hermione, presentándole a los animales, los que levantaron la cabeza ante la mención y luego volvieron a dormir.

—Son adorables —comentó Narcissa a tiempo que se acercaba más a ellos—. Siento que veo mejor aquí…

—La magia en su casa es poderosa —dijo a tiempo que transparentaba la pared—, le marcaré a Draco para que hablen, ¿de acuerdo?

—Sí… Muchas gracias por todo.

—No es nada. Está en su casa. Nosotros iremos a sacar esa cosa de la mansión.

—Tenga cuidado, señorita Granger.

—Lo tendré. Gastón, cuida a la señora Malfoy —dijo Hermione para luego desaparecer.

El gato miró a la mujer y se acostó en su regazo. Narcissa sonrió ante esto y miró la pared transparente. Esperaba que Draco llegara pronto.

OoOoOoOoOoO

Los aurores avanzaban con la varita en alto y el Lumus en ellas. Hermione y Harry iban en la delantera, seguidos por Dean Thomas y Bill Weasley. Cuatro aurores más cerraban el grupo, caminando lentamente siendo alumbrados por el Lumus de Granger.

Si bien Hermione no era auror como tal, ella sí había pasado dos años estudiando de noche en la academia de aurores al igual que sus compañeros y Neville. La única diferencia fue que ella había optado por seguir leyes mágicas, carrera que estudiaba de día, mientras que Neville prefirió enseñar en Hogwarts. Hermione estaba tan capacitada como sus compañeros para estar ahí. Llevaba una túnica color gris, al igual que todos sus compañeros, y el cabello amarrado en una coleta alta y atada como un moño tipo tomate en la parte de atrás de su cabeza para que no la molestara algún mechón rebelde. Se había colocado gel muggle para evitar que sus risos se metieran a los ojos en algún momento inapropiado.

El aire comenzó a ser más denso. Sin decir palabra, Harry miró a su amiga y ésta asintió, deteniéndose y haciendo que, a su vez, todos se detuvieran. Alzó la varita y comenzó a moverla.

Protego Totalum… Salvio Hexia… sui ipsius defensione… Muffliato.

Porque, si bien no era auror, seguía siendo la bruja más brillante de su generación.

El aire volvió a una relativa normalidad y continuaron su travesía por la mansión Malfoy. Esta vez, las ocho personas estaban muy juntas caminando aún más cerca, sin tocar las paredes del quinto piso.

—Aquí Kreacher encontró a la elfina— dijo Harry para Hermione.

—¿Cómo lo sabes?

—Por eso —dijo a tiempo que señalaba una estatua.

Era la estatua de una mujer. Ella tenía las manos unidas. Hermione, Dean y Harry achinaron los ojos en sospecha.

—¿La virgen María? —se preguntó Dean.

—¿Quién? —preguntó Billy.

—Es la madre de Cristo, según el cristianismo muggle.

—Sin embargo, son solo los católicos los que la veneran y creen en ella, para las otras religiones…

—La virgen no es más que un instrumento de Dios en la tierra —completó Hermione lo dicho por Harry—. Es raro que una familia de sangre pura crea en un dios muggle… ¿no es así?

—Sí —dijo Billy asintiendo—, tal vez es usado de manera pagana… Veamos qué tiene esta belleza.

Billy sacó un libro y se colocó frente a la estatua. La virgen María parecía estar rezando. Dean Thomas se persigno. Harry lo miró extrañado.

—¿Qué? Es el único Dios que conozco. Le tengo respeto a María —dijo justificándose, haciendo sonreír a Harry. Un sonido los hizo alertarse. Justo a un lado de la estatua estaba el retrato de Lucius Malfoy. Éste se incorporó en su silla y los miró.

—¿Buscan algo en mi casa? —preguntó el cuadro.

—¿Usted sabe qué guardaron en esta estatua? —preguntó Hermione.

—Sí, pero no hablo con sangres sucias.

—No sé si se hadado cuenta que acaba de morir, señor Malfoy —dijo Harry molesto—. Es la única razón por la que está en ese cuadro. Si no quiere que su mujer se pudra en una celda de Azkaban por tener esto tan peligroso aquí, coopere.

El retrato de Lucius Malfoy meditó un momento. Billy seguía trabajando, con el libro en la izquierda y la varita en la derecha, haciendo que hilos violeta y dorados salieran de ella para envolver la estatua. El retrato tenía consciencia. Había hecho el hechizo de guardar su consciencia al momento de morir. Si estaba ahí era porque había muerto. ¿Qué hacían esos aurores en su casa? Miró a su izquierda. El pelirrojo seguía con esa estatua.

—No me gusta revelar información innecesaria. Mi esposa Narcissa no tiene nada que ver con esa cosa, pues ni siquiera ella sabía de su existencia. La trajo el Señor Tenebroso en marzo de 1998. No nos explicó para qué era, pero algo hizo en ella que dejó la casa cargada. Mi esposa no tiene idea de esto, se los aseguro, así que déjenla libre.

—Cuando estemos seguros que su información es correcta, lo haremos —dijo Harry con una mueca de satisfacción—. Por ahora, nos llevaremos la estatua.

—La estatua está ligada a la casa. Si lo hace, la mansión se irá abajo. El Lord hizo un hechizo que…

—Ha sido removido —interrumpió Billy sonriendo. El aire se había tornado menos pesado y la virgen estaba brillando con una luz oscurecida. De un momento a otro, la estatua se derrumbó. En su lugar, cercano al centro, se encontró una caja de madera—. Llevémosla al cuartel de aurores —dijo con autosuficiencia.

—Perfecto —dijo Hermione sonriendo.

OoOoOoOoOoO

Narcissa acariciaba al gato que se había recostado en sus piernas y miraba curiosa a aquel animal con una especie de cono blanco en su cuello y de un material al que la señora Malfoy no estaba habituada. De hecho, se podría decir incluso que no lo conocía para nada.

Tocó el aparato y se dio cuenta que era algo duro y frío al tacto. Supuso que era algún artefacto de tortura Muggle que se colocaba a los animales… Pobre negrito, se dijo Narcisa acariciando al animal.

Una venda cubría la cola, o lo que quedaba de ella, blanca y limpia. Entonces, Narcissa pensó que ese collar impedía que el gato llamado Black de mordiera la sutura. Curioso el nombre de aquel gato, pues llevaba su apellido. ¿Y dónde estaría Draco?

—Me sorprende lo rápido que puedes pensar, madre —dijo Draco llegando a la habitación y sentándose en la cama—, y más me sorprenda que pueda utilizar Oclumancia sin ser quemado.

—¡Draco! —exclamó Narcissa sonriendo y acomodándose rápidamente cerca de la pared, donde su hijo apoyaba su mano— No puedo creerlo. No sabes lo feliz que estoy de que estés aquí… vivo —dijo a tiempo que sus ojos comenzaban a lagrimear.

—Ay, madre, nunca pensé que fueses tan sentimental —dijo Draco de broma. Luego sonrió—. Te he extrañado también, mamá —dijo a tiempo que colocaba su frente en la pared, para poder sentir así un poco de la magia de su madre. Un calor invadió su frente, sin embargo, se quedó ahí, sintiéndola. El reloj comenzó a pitar y Draco tuvo que sacar la cabeza de su lugar. Narcissa tenía las mejillas llenas de lágrimas—. Hermione me dijo que estarías aquí —dijo al alejarse.

—Sí… me tiene preocupada —expreso la mujer secando sus lágrimas—. No he sabido nada de ella. La casa era un infierno, Draco. Estaba confinada en el estudio.

—¿Tus ojos? —preguntó el rubio acercándose más.

—Milagrosamente puedo ver bien. La señorita Granger dice que es porque este lugar está limpio de energía negativa. Lo entiendo de todas formas. Espero que todo salga bien.

—Yo también.

Gastón, quien se había salido del regazo de Narcissa, cruzó la pared y se colocó al lado de Draco. Mientras Narcissa lo miraba impresionada, Draco tomó al animal y lo abrazó. El gato tenía el perfume de su madre impregnado por toda su cabeza.

—Huele a ti, mamá —dijo Draco a tiempo cerraba los ojos y Narcissa lo miraba con cariño.

—Estuvo toda la tarde en mis brazos. Mira, estoy llena de pelos —dijo riendo, siendo acompañada por Draco—. Es un gato mágico, supongo.

—Sí.

—¿Y el negrito?

—No. Es un gato casero, completamente muggle.

—Oye, ¿qué demonios tiene este familiar en el cuello? —dijo aludiendo a su apellido familiar.

Draco sonrió entendiendo.

—Se llama collar isabelino. Ya sacaste tus deducciones del porque se lo coloqué…

—Espera, ¿tú?

—Recuerda que soy veterinario, mamá.

—Oh, cierto —Narcissa sonrió—. No sabes lo orgullosa que estoy de ti, hijo.

—Tenías razón en todo. "El piano algún día te salvará la vida", me dijiste a los siete años, ¿recuerdas?

—Cómo olvidarlo —Narcissa rodó los ojos y sonrió con melancolía—, tu padre se burló de mi durante mucho tiempo esa noche. Se reía como un niño pequeño. Yo alegaba que al menos habías practicado ese día. Él me decía que… el día que tú trabajarás de pianista, él estaría muerto —murmuró bajito—, no lo decía por vergüenza o algo, sólo que él sentía que no te vería crecer e intentó hacer lo mejor para ti… Aunque no le resultó para nada.

—Tranquila, mamá —dijo Draco sonriendo de lado, con tristeza—, él hizo lo que pudo. Ya no tengo rencor en mi corazón y me siento en paz con mi padre. Me gustaría verlo de nuevo. Sé que podríamos hablar más tranquilos, pero sé que es imposible. El beso del dementor fue hace muchos años.

—Lo sé.

El sonido de la puerta siendo abierta con un manojo de llaves puso tensa a Narcissa. Draco sonreía pues sabía quién era.

Hermione entró a su habitación con su traje de auror. Draco la miró impresionado. Veía su cabello indomable hecho un tomate en su cabeza, ni un solo cabello caía en su frente. Tuvo el deseo de quitarle ese moño molesto y dejar sus cabellos en su estado natural, pero no hizo más que apretar un poco al gato en su pecho quien intensificó los ronroneos.

—No sabía que eras auror —dijo el platino impresionado.

—Y yo no sabía que eras pianista y veterinario —dijo Hermione sonriendo y tomando la varita para luego deshacer el moño en su cabeza. Draco se relajó.

—¿Cómo le fue, señorita Granger?

—Bueno. Encontramos una estatua con gran poder mágico en el quinto piso. La sacamos de la mansión y la llevamos al departamento de aurores. La dejamos ahí para poder trabajar en ella mañana. El señor Malfoy nos confirmó que Voldemort la había traído hacía mucho tiempo.

—¿Cómo que Lucius…? —Narcissa se interrumpió con una expresión de tristeza—. Ha muerto —sentenció—, y considerando que no había podido subir a ver ese cuadro, quizás desde cuándo lo está.

—Mamá… está descansado —dijo Draco.

—No sé qué harán con su cuerpo. Se supone que estoy en Azkaban.

—No se preocupe, señora Malfoy. Harry y yo nos encargaremos del cuerpo del señor Malfoy. Se incinerará y se lo entregaremos.

—¿Cómo puedo pagarle, señorita Granger? Me devolvió a mi hijo, la vista y ahora quiere devolverme el cuerpo de mi esposo… Siento que no merezco tanta bondad.

Hermione se sentó frente a la señora Malfoy y tomó sus manos

—No tengo madre ni padre. Es doloroso no tener familia. Así que créame que puedo sentir su dolor. No es molestia, y si quiere hacer algo por mí, solo llámeme Hermione.

—Como quieras, Hermione —dijo la mujer conmovida—. Tengo una idea… ¿por qué no les preparo la cena? Soy muy buena cocinando… Bueno, mi varita lo es.

—Excelente idea. Draco, ven de inmediato.

—¿Estaré de nuevo en el cubo? —pregunto Draco con el celo fruncido en un puchero.

—¿Quieres comer la comida de tu madre?

—Por supuesto. Voy de inmediato.

Y dejando a Gastón en la cama se levantó para ir a la casa del lado.

Hermione le pidió a Narcissa que se quedará en la habitación hasta que Draco llegara, y así hacer la caja transparente de protección.

Si bien Narcissa asintió sonriendo, apenas Hermione salió, una sonrisa de complicidad apareció en sus labios. La mirada de su hijo al ver a Hermione era exactamente la misma que tenía Lucius cuando la veía. Una mezcla entre adoración y respeto que no sabía muy bien explicar.

Narcissa miró al cielo de la habitación. Cuánto extrañaba ese muchacho que conoció en Hogwarts y que le pidió que se casara con él, siendo que ella estaba recién en tercer año y él en cuarto. Desde ese día, habían comenzado una relación y habían luchado con todas sus fuerzas para que su padre, Abraxas Malfoy, permitiera el enlace con la menor de los Black, amenazando incluso con no casarse con nadie y que con él moriría el apellido de la familia.

Él la amaba. Narcissa estaba segura de eso. Unas lágrimas brotaron de sus ojos al caer en cuenta que Lucius ya no estaba en este mundo. Sin embargo, esa chispa en los ojos de su hijo le devolvió las ganas de seguir.

Con el llamado de Hermione para que saliera, Narcissa se arregló el maquillaje con su varita, quitando todo rastro de tristeza, y, sonriendo, salió al salón. Pensaba hacer su platillo especial de calabazas y queso que Draco amaba, y no lo iba a defraudar.


Lamento haberme demorado tanto en subir, pero la vida adulta me tenía devastada (sin contar las 180 pruebas escritas que tengo que revisar mas los trabajos que me envían al correo...) peor aún así, si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias.

Quiero dejar en claro que no dejaré mis fics sin terminar, asi que no se asusten,

Besos!

Alice~

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Click si quieres saber qué tiene la caja.