CAPÍTULO 5: EL PRISIONERO DE AZKABAN


Harry permaneció ignorante de este acuerdo, estuvo asustado por días, pero la profesora McGonagall nunca aludió de nuevo lo que había pasado y pronto se tranquilizó. Ginny continuó buscandolo por las noches, durmiendo junto a él.

Y el pequeño niño huerfano nunca fue tan feliz como cuando era abrazado por Ginny por las noches, Hermione lo había abrazado una vez pero fue rápido y nunca lo volvió a hacer, la señora Weasley también lo hacía, pero sus brazos se sentían tan apretados e incómodos que él sólo podía quedarse estático. Sin embargo, con Ginny…ah… sus brazos eran seguros y confiables, a veces cuando despertaba en la madrugada debido al viejo hábito de madrugar para preparar el desayuno, y se encontraba a sí mismo con la cabeza recargada en el pecho liso de Ginny y con los brazos de ella rodeando su cuello, él llegaba a pensar que si su vida acababa allí no podría quejarse de nada de lo que tuvo que vivir.

Poco a poco se fue haciendo dependiente de ella, y cuando Ginny depertaba en medio de la noche por una pesadilla, él se sentía tan útil consolándola, escuchando el sueño y entre ambos discutiendo qué podría significar.

Agradecía un poco a Tom por haberle enseñando tantos hechizos y encantamientos a Ginny, entre los que incluía el Muffliato, el cual todas las noches al ir a dormir uno u otro lo colocaban. Había noches enteras, por lo regular los viernes o sábado, en las cuales pasaban hablando.

–No me dijiste lo del futbol.– Una noche Ginny le dijo mientras estaban tomados del brazo a la 1 de la mañana de un viernes casi a finales del año escolar. Harry crispó los ojos y la miró con vergüenza.

–¿lo viste?– Harry intentó mantener su tono firme, pero no soportaba la vergüenza de que su Ginny lo hubiera visto así, en su momento más vulnerable y horrible.

–Sí, tu tío es un cerdo.– Dijo Ginny con un tono lleno de veneno. –¿Así son todos los muggles?

Harry abrió la boca para defender a los muggles, pero la cerró sin poder decir nada, ¿no lo habían tratado mal? Desde su familia, las personas que deberían amarlo, hasta sus profesores, quienes, aunque no debieran amarlo, al menos tenía la obligación de protegerlo. Todos habían decidido ignorar su maltrato.

Su silencio fue la respuesta que necesitó Ginny, quien enfureció, a veces no podía modular sus emociones, como cuando veía esos recuerdos fugaces que no eran de ella. A Harry jugando futbol en la escuela a los 6 años, a Harry ganando cuando metió una pelota en una red que un niño gordo y rubicundo defendía. También vio el momento en que llegó a casa, la salvaje golpiza que le propinó su tío, los huesos rotos, papeles rectangulares morados en las manos de unos hombres con chalecos amarillos brillosos. A Harry retorciéndose de dolor entre heces y orina, debajo de una escalera inmunda y fría. A la profesora visitando la casa con cara hastiada y tras sólo preguntar cuándo regresaría a la escuela, retirándose con fastidio.

A la aceptación de que nadie nunca lo ayudaría, a nunca pedir ayuda, a nunca esforzarse por temor a sobresalir y volver a ser castigado.

Era demasiado doloroso, era cómo vivirlo ella misma.

Ginny soltó su brazo, y para sopresa de Harry, entrelazó sus dedos y apretó su mano. Después se volteó completamente hacia él y con su mano izquierda tocó la cara de Harry, recorriendo delicadamente con la punta de sus dedos las cejas, mejillas, nariz y finalmente los labios del joven a su lado. Lo tocaba como si fuera lo más delicado y precioso que hubieran tocado sus manos y Harry, demasiado aturido por las caricias sólo atinó a tomar la mano de Ginny y besarla con delicadeza.

Así pasaron noches, donde Harry podía contearle cualquier cosa que pensara y ella nunca lo juzgaría ni regañaría. Sólo lo regañaba cuando no comía, pero incluso ese regaño no lo molestaba, y le hacía sentir cálido, casi como si alguien por fin lo amara.

Quería saber más de ella, así que finalmente decidió que por lo menos una de sus optativas sería Adivinación, al menos podría comprenderla mejor.

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Para Ginny la vida volvió a ser como debió haber sido, con los años pasados y las experiencias previas, por fin pudo aprender a sobrellevar las pesadillas, y ahora sólo quería averiguar la forma de detener las visiones horribles a las que nunca les había encontrado demasiado sentido. Recordaba poco a poco los libros que había escondido en la casa Lovegood, y en cuanto saliera de vacaciones, iría todos los días con Luna para volver a leerlos.

Por sugerencia, casi orden, del profesor Dumbledore, acudió a buscar a la profesora Trelawney para que le enseñara cómo controlar su videncia, pero se llevó una gran decepción.

Era una lastima que la última gran vidente de las Trelawney fuera una ebria sin hogar. Apenas toleró permanecer con ella media hora y beber del repugnante té que le había preparado. Casi estaba decidida a ir a reclamarle a Dumbledore si creía que ella era una broma para atreverse a ponerla al mismo nivel que esa charlatana cuando, al momento de tomar la mano de la profesora para despedirse los vió.

Un breve flashaso del pasado, con unos menos viejos Dumbledore y Trelawney.

"El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca..., Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes…"

Por suerte, ella ya había aprendido a controlar su cara y sus expresiones.

–Profesora, usted… con Lord Voldemort

–Querida niña, no menciones ese nombre, sabes que es mal augurio, ahora tendré que limpiar este lugar, ve a tus habitaciones te esperaré en una semana para seguir con tus clases privadas.

Ginny extrañada asintió y salió tranquilamente, se encontró con Luna y Colin en la biblioteca como tenían planeado para hacer tarea, fueron a la cena y después, utilizando la Capa de Invisibilidad que ahora casi siempre llevaba encima, se metió en la cama con Harry.

Lo primero que hizo fue contarle todo y Harry se quedó pasmado de la sorpresa ¿Una profecía sobre él? ¿Era esa la razón por la que habían muerto sus padres? Se horrorizó, era su culpa todo, por él es que ellos habían muerto, ¿qué pasaría cuando regresara Voldemort? Porque era seguro que pasaría, Ginny lo veía en muchas de sus visiones.

Se alejó de ella, cuando Voldemort regresara iría por él, y si Ginny permanecía junto a él, ella se vería afectada. Ginny de inmediato se dio cuenta de lo que pensaba y le tomó la mano.

–No estés pensando tonterías nobles Harry, estamos a puntos de salir de vacaciones y no permitiré que te alejes de mí.– Le dijo con brusquedad, no aceptaba tanta de nobleza de su parte, y casi se volvió verde de celos al pensar en que mientras ella no estuviera, él pudiera acercarse a alguien mas.

Ante el silencio de Harry, quien se sentía como una cucaracha, indigno de que alguien se preocupara por él, Ginny se abalanzó hacía él, y para sorpresa de Harry, esta se sentó en su regazo, mientras aprisionaba sus brazos por encima de su cabeza. Harry era más fuerte y claramente podía defenderse, pero no se atrevió a moverse por temor a tirarla.

–No te alejarás de mí Harry, todos saben ya de mi clarividencia ¿no?– Le preguntó mientras se inclinaba hacia él y rozaba sus labios, y Harry asintió, Ginny había comenzado un pequeño negocio redituable donde cobraba por adivinar cosas y su reputación ya estaba bien establecida. –Entonces es obvio que también seré un blanco cuando Tom regrese, ¿me dejarás por eso?

–Por supuesto no, nunca te dejaría.– Dijo Harry de inmediato, y para su gran sorpresa, Ginny se inclinó y rosó sus labios con los de él.

Un beso dulce que selló el inicio de su relación.

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Acabó el año escolar sin más contratiempos, y Harry y Ginny se separaron en la estación para ir cada quien a sus casas familiares.

Apenas salieron de la estación, Ginny, indiferente a su familia, sugirió casi al azar que compraran un boleto de lotería, y dos semanas después ganaron la lotería. Ginny se alegró, ya que madre prometió que le comprarían una varita para ella. Pero querían ir a hacer un viaje familiar a Egipto para visitar a Bill, y ella no quería ir, no quería convivir con sus padres, y aún menos con Bill, aún recordaba como le había abierto las piernas ayudando en el ritual, y que había sido él quien realizó el encantamiento desmemorizador.

Su padre intentó convencerla, después de que Molly iracunda, exclamó que ella no podía tomar ese tipo de decisiones. Pero Ginny no cedió, y sus padres tenían tanta culpa en sus conciencias que finalmente cedieron.

Ginny partió a la casa Lovegood, acordaron que se quería con ellos el mes que duraría el viaje, y que al iniciar agosto ellos volverían por ella. Aprovechó y continuó leyendo esos libros escritos por las mujeres Weasley, y sintió lástima por la profesora Trelawney, era evidente que ella sólo tenía los libros comerciales escritos por personas que no poseían el don de la clarividencia.

Al menos en algo ella tenía razón, el ojo interior lo tenías o no lo tenías.

Pero las guias detalladas de cómo provocar cada visión, como ver el pasado, el presente y el futuro eran invaluables, esos libros se pasaban de bruja en bruja, de tía a sobrina, y ella escribiría el propio, cuando más descubriera cosas sobre su clarividencia más tenía para escribir y dejar su experiencia para que sus descendientes pudieran utilizarlos.

Pasó esas semanas de manera tranquila, y sólo esperaba a que Harry inflara a su tía para poder alcanzarlo en el callejón Diagon

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Harry pasó miserablemente todas esas semanas, extrañaba a Ginny, extrañaba Hogwarts, y también extrañaba la comida. Sus tíos estaban más amargados que de costumbre y su mal humor aumentó con esa llamada que ellos confundieron como de broma.

Ginny no le escribió, y a pesar de que ella le había dicho que no lo haría, él se sentía abandonado.

El día de su cumpleaños recibió sólo una nota de ella:

Nos veremos pronto, te quiero

Harry leyó varias veces la nota hasta que pensó que si la leía una vez más la rompería y posteriormente cogió el paquete de Errol, rasgó el papel marrón y descubrió un regalo envuelto en papel dorado y la primera tarjeta de cumpleaños de su vida. Abrió el sobre con dedos ligeramente temblorosos. Cayeron dos trozos de papel: una carta y un recorte de periódico.

Supo que el recorte de periódico pertenecía al diario del mundo mágico El Profeta porque la gente de la fotografía en blanco y negro se movía.

Harry recogió el recorte, lo alisó y leyó:

FUNCIONARIO DEL MINISTERIO DE MAGIA RECIBE EL GRAN PREMIO

Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles, ha ganado el gran premio anual Galleon Draw que entrega el diario El Profeta.

El señor Weasley, radiante de alegría, declaró a El Profeta: «Gastaremos el dinero en unas vacaciones estivales en Egipto, donde trabaja Bill, nuestro hijo mayor, deshaciendo hechizos para el banco mágico Gringotts.»

La familia Weasley pasará un mes en Egipto, y regresará para el comienzo del nuevo curso escolar de Hogwarts, donde estudian actualmente cinco hijos del matrimonio Weasley.

Observó la fotografía en movimiento, y la sonrisa que se estaba formando desapareció al ver a sólo 8 Weasley ante una enorme pirámide, saludándolo con la mano. La pequeña y rechoncha señora Weasley, el alto y calvo señor Weasley, y sus seis hijos varones. No estaba Ginny con ellos ¿le había pasado algo?

Como un autómata abrió y leyó la carta que le envió Ron

Querido Harry:

¡Feliz cumpleaños!

Siento mucho lo de la llamada de teléfono. Espero que los muggles no te dieran un mal rato. Se lo he dicho a mi padre y él opina que no debería haber gritado.

Egipto es estupendo. Bill nos ha llevado a ver todas las tumbas, y no te creerías las maldiciones que los antiguos brujos egipcios ponían en ellas. Estaba llena de esqueletos mutantes de muggles que habían profanado la tumba y tenían varias cabezas y cosas así. Por si te lo preguntabas, mi madre le permitió a Ginny quedarse en Inglaterra, está con los Lovegood.

Cuando mi padre ganó el premio de El Profeta no me lo podía creer. ¡Setecientos galeones! La mayor parte se nos ha ido en estas vacaciones, pero me van a comprar una varita mágica para el próximo curso.

Iremos a Londres a comprar la varita mágica y los nuevos libros. ¿Podríamos vernos allí? ¡No dejes que los muggles te depriman! Intenta venir a Londres.

Ron

Posdata: Percy ha ganado el Premio Anual. Recibió la notificación la semana pasada.

También le había regalado algo llamado chivatoscopio. Luego tomó el paquete que había llevado Hedwig.

También contenía un regalo envuelto en papel, una tarjeta y una carta, esta vez de Hermione:

Querido Harry:

Ron me escribió y me contó lo de su conversación telefónica con tu tío Vernon. Espero que estés bien. En estos momentos estoy en Francia de vacaciones y no sabía cómo enviarte esto (¿y si lo abrían en la aduana?), ¡pero entonces apareció Hedwig! Creo que quería asegurarse de que, para variar, recibías un regalo de cumpleaños.

El regalo te lo he comprado por catálogo vía lechuza. Había un anuncio en El Profeta (me he suscrito, hay que estar al tanto de lo que ocurre en el mundo mágico).

¿Leíste lo que le pasó al pobre profesor Lockhart? Pobre, la semana pasada cuando estaba en una aventura en China sufrió un horrible accidente, y un hechizo desmemorizador lo rozó, ha estado en San Mungo.

¿Has visto la foto que salió de Ron y su familia hace una semana? Apuesto a que está aprendiendo montones de cosas, me muero de envidia... los brujos del antiguo Egipto eran fascinantes. Aquí también tienen un interesante pasado en cuestión de brujería.

He tenido que reescribir completa la redacción sobre Historia de la Magia para poder incluir algunas cosas que he averiguado. Espero que no resulte excesivamente larga: comprende dos pergaminos más de los que había pedido el profesor Binns.

Ron dice que irá a Londres la última semana de vacaciones. ¿Podrías ir tú también? ¿Te dejarán tus tíos?

Espero que sí. Si no, nos veremos en el expreso de Hogwarts el 1 de septiembre.

Besos de Hermione

Posdata: Ron me ha dicho que Percy ha recibido el Premio Anual. Me imagino que Percy estará en una nube. A Ron no parece que le haga mucha gracia.

También ella le había mandado un regalo, un equipo de mantenimiento para escoba que lo sorprendió, y también Hagrid le mandó una carta y un pequeño regalo.

Su cumpleaños no fue tan horrible, pero el día siguiente sí lo fue.

Todo el asunto pasó como un borrón, y después apenas recordó a la tía Marge hinchándose como un gran sapo después de comparar a su madre con una perra. Recordaba salir huyendo de esa casa, al enorme perro negro acechándolo, el viaje en el autobús noctámbulo, el llegar al callejón Diagon y ser ayudado por el ministro Fudge. Por su mente apenas y pasó la nota de fuga de Sirius Black.

Y esa noche, ya en sus aposentos, casi grita cuando sintió que alguien se subía a su cama, pero se calmó cuando sintió el contacto familiar de las manos de Ginny en su cuerpo.

–Feliz cumpleaños cariño.– Dijo Ginny mientras se acurrucaba hacia él y lo abrazaba mientras apoyaba la cabeza en su pecho Y Harry, ya acostumbrado la abrazó y apoyó su nariz en la cabeza pelirroja, aspirando con calma. Cuando proceso cómo lo había llamado la chica en sus brazos se sonrojó hasta sentir que sus orejas se entumecían de la vergüenza, pero al mismo tiempo sintió algo raro en su estómago, una calidez que nunca había sentido cuando alguien le llegó a decir esa palabra.

–Perdón por no mandarte nada en tu cumpleaños, pero planeaba sorprenterte hoy.– Ginny levantó su rostro y besó suavemente a Harry en los labios, quien le correspondió con timidez. Fue una experiencia extraña para ambos cuando el beso se profundizó, y Harry lo detuvo cuando sintió algo raro e incómodo, la alejó de él con delicadeza, mientras se sentaba y ocultaba su regazo.

–Te extrañé, ca…cariño– Le dijo sonrojado mientras tartamudeaba esa infame palabra. Lo que provocó una risa cantarina de Ginny.

–No es necesario que me llames así si te da tanta vergüenza, Harry.– Le dijo con una sonrisa mientras lo volvía a besar, pero ahora en la mejilla.

–Pe-pero, quiero hacerlo y también quiero que me llames así, me gusta.– Le tomó toda la valentía que tenía el poder expresar esas palabras, pero se sentió la persona más orgullosa del mundo cuando la vio sonreír.

–Entonces tú puedes decirme amor o tesoro, o preciosa,– La sonrisa de la chica aumentó ante el sonrojo de Harry, que se extendió hasta el cuello. –Estoy bromeado Harry, tú puedes decirme cariño, yo seré la que te diga los demás apodos. Después se acurrucó en su cuello y se durmió.

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Tardaron varios días en acostumbrarse a su nueva libertad. Especialmente Harry, quien nunca se había podido levantar a la hora que quería, ni comer lo que le gustaba. Ginny por su parte nunca había hecho algo así, con ayuda de Luna, escapó de la casa Lovegood a través de la red Flu, mientras Luna fingía que seguía en su hogar, Xenophilous no era el padre más preocupado del mundo de todas formas.

Podían ir donde les apeteciera, siempre y cuando estuviera en el callejón Diagon, y como esta calle larga y empedrada rebosaba de las tiendas de brujería más fascinantes del mundo, Harry no sentía ningún deseo de incumplir la palabra que le había dado a Fudge ni de extraviarse por el mundo muggle. Pero primero, con la ayuda de Harry, Ginny consiguió una poción de color, para volver el color de su cabello unos tonos más discreto, y lo ocultó amarrándalo en un ajustado moño debajo de un sombrero.

Así, desayunaban por las mañanas en el Caldero Chorreante, donde disfrutaban viendo a los demás huéspedes: brujas pequeñas y graciosas que habían llegado del campo para pasar un día de compras; magos de aspecto venerable que discutían sobre el último artículo aparecido en la revista La transformación moderna; brujos de aspecto primitivo; enanitos escandalosos; y, en cierta ocasión, una bruja malvada con un pasamontaña de gruesa lana, que pidió un plato de hígado crudo.

Después del desayuno, ambos iban al callejón Diagon. Donde pasaban aquellos largos y soleados días explorando las tiendas y comiendo bajo sombrillas de brillantes colores en las terrazas de los cafés, donde los ocupantes de las otras mesas se enseñaban las compras que habían hecho ("es un lunascopio, amigo mío, se acabó el andar con los mapas lunares, ¿te das cuenta?") o discutían sobre el caso de Sirius Black ("yo no pienso dejar a ninguno de mis chicos que salga solo hasta que Sirius vuelva a Azkaban").

Harry ya no tenía que hacer los deberes bajo las mantas y a la luz de una vela; ahora podía sentarse, a plena luz del día, en la terraza de la Heladería Florean Fortescue junto a su novia, y terminar todos los trabajos con la ocasional ayuda del mismo Florean Fortescue, quien, además de saber mucho sobre la quema de brujas en los tiempos medievales, daba gratis a la pareja, cada media hora, un helado de crema y caramelo.

Después de llenar el monedero con galeones de oro, sickles de plata y knuts de bronce de su cámara acorazada en Gringotts, necesitó mucho dominio para no gastárselo todo enseguida. Tenía que recordarse que aún le quedaban cinco años en Hogwarts, e imaginarse pidiéndoles dinero a los Dursley para libros de hechizos. Pero con Ginny a su lado, era muy dificil no obligarla a aceptar que él pagara todo.

Ella le recordaba constantemente que tenía sus propios ahorros de su pequeño negocio de adivinación. Aún así, Harry insistía en pagar todo, y finalmente Ginny terminó por resignarse y lo permitió, pero ahora evitaba siquiera ver algo bonito porque Harry insistiría en comprárselo.

Y había cosas que Harry tenía que comprar. Fueron a la botica para aprovisionarse de ingredientes para pociones, y como Ginny le hizo ver que la túnica del colegio le quedaba ya demasiado corta tanto por las piernas como por los brazos, lo obligó a ir a la tienda de Túnicas para Cualquier Ocasión de la señora Malkin y compró otra nueva.

Además aprovecharon para comprar el Monstruoso Libros de los Monstruos que estaba en la lista escolar, libro que casi los mata.

Sólo interrumpió su rutina el cumpleaños de Ginny, cuando regresó a la casa Lovegood, sabía que sus padres la llamarían y tendría que estar allí. Y pronto los convenció de extender su estancia con Bill, ella estaba muy a gusto con los Lovegood y podrían regresar los últimos días de agosto para las compras.

Su madre no quería, pero su padre pronto le hizo ver que era un buen plan y que su hija estaría bien.

Así, Ginny consiguió un par de semanas más con Harry, y acordó con Luna un mecanismo para avisarle de inmediato cuando sus padres anunciaran su regreso. Y continuó tranquilamente su estancia junto a Harry.

Pronto Ginny, tras mucho pensar, al ver las reacciones de Harry ante muchos comentarios suyos, se determinó a algo.

–Mi amor,– la palabra, a pesar de ser dicha con frecuencia, lo seguía avergonzando y emocionando. –No volveré a ver conscientemente nada relacionado contigo, creo que te hago sufrir y no te gusta que sepa tus cosas antes que tú, no quiero incomodarte.

–¿Puedes no verlo?– A Ginny le pareció gracioso su tono casi chillón, a su querido amor le estaba cambiando la voz y sonaba a veces como un ratón. Ella sólo asintió y vio cómo algo cercano al alivio inundaba su cara, para que después el pánico inudara su rostro. –Pero no me dejarás ¿verdad? Sé que ya no has tenido pesadillas y tal vez ya no quieras estar conmigo, sé que no merezco que me quieras pero juro que…

–Harry, nunca te dejaría por mi propia voluntad, tal vez no debería decirlo, y no lo entiendas por cómo te criaron, pero te amo y siempre lo haré. – Ginny tomó su mano y lo miró a los ojos –Sigo teniendo pesadillas de vez en cuando, pero no es solo por eso que estoy aquí contigo, lo hago porque me gusta estar contigo. La clarividencia, desde…– Harry observó por primera vez que Ginny se sonrojaba, pero cuando la escucho el también lo hizo. –Desde que vino la sangre, he podido controlar mejor la clarividencia y al menos ya puedo elegir qué ver y cómo hacer para bloquearla. Los libros de los que te platiqué me han ayudado mucho, y he comprendido mucho, además, sigo descubriendo todo ese futuro oscuro que he visto desde siempre, aún no puedo comprenderlo todo, me concentraré en eso.

Después de más suplicas, Harry finalmente asintió, aliviado, no le gustaba que Ginny supiera todo sobre él sin decirselo, tal vez en un futuro eso cambiaría, pero ahora no lo quería.


Gracias por leer :d