Capítulo 03: Un paraíso (de información) poco conocido

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En la mayoría de los casos de progreso siempre existe un sector afectado. El progreso es inevitable y adaptarse a la situación equivale a la diferencia entre una vida mejor o una peor.

Con las mejoras que se lograron después de construir los cinco aserraderos, era evidente que muchos jornaleros que se dedicaban a procesar los troncos de madera perdidos su sustento. Varios meses después, muchos de ellos dejaron de quejarse y empezaron por aprovechar la situación, varios talleres de carpintería empezaron a aparecer por todos lados.

El ruido de la sierra libero mis pensamientos.

A instancias mías, los jornaleros controlaban metódicamente la sierra. Los dientes subían y bajaban rítmicamente, en mis manos, un primitivo reloj de arena contaba las revoluciones del proceso.

Los hombres tenían el deber de controlar la velocidad de la sierra, así como mantener el filo para alargar su vida útil. Mi "tarea" era comprobar periódicamente su estado, así como el funcionamiento en general.

- Este también está bien.

Este era el décimo aserradero construido hasta la fecha. ¡Si el décimo! Con la producción en agosto y después de dos años de duro trabajo, los rendimientos empezaron a tener frutos. Algunos comerciantes empezaron a llegar a nuestra casa y sus demandas eran cada vez mayores.

- Pensar que se podía cortar madera con agua, la idea de ese viejo tenía sentido.

A mi lado Locke repetía algo que la gran mayoría de personas solía pensar estos días.

"Injustamente" el vejestorio ahora tenía una gran reputación gracias a mis esfuerzos. Los últimos meses su cara de autosatisfacción se pasa irremediablemente en su rostro arrugado. Sus sueños de reconocimiento académico se hacían realidad. Aparentemente la Ciudadela lo reconoció, aun no estaba del todo claro, incluso para mí.

Inesperadamente muchos de los diseños que le mostré tienen errores. Quien pensaría que la ambición del viejo maestre nublaría su juicio. Los niños suelen cometer errores después de todo. Ejes rotos, sierras desgastadas y un mecanismo de arrastre torpedo. Los defectos se mostrarían tarde o temprano. Nadie me juzgaría.

Fue una idea para ayudar a los hombres que trabajan con la madera. Fue lo que dije, el día que mi padre, Roose Bolton, descubrió la verdad.

Seguramente sonó como una excusa de un niño. El gasto "benigno" tampoco fue una broma, lástima que no se podía llorar por leche derramada y el Lord de Dreadfort solo pudo maldecir al viento y tratar de ver los resultados por sí mismo. Seguramente algunas oraciones a los dioses antiguos debían ser escuchadas.

En los meses siguientes el resultado fue tan bueno que me pidieron construir varias más de estas "máquinas". Desafortunadamente no fuimos tan afortunados de encontrar un lugar tan idóneo, pero aún así, se logró implementar más aserraderos.

Los tiempos habían cambiado y aún nadie lo sabía. Aunque los frutos de esta revolución tecnológica estaban ante sus ojos, estaban muy lejos de ver el verdadero potencial de la industrialización.

- Locke, volvamos, ya terminamos aquí.

Una vez terminado el control, llegaba la hora de continuar con mi día.

- ¿Va a jugar con sus amigos hoy también?

- No, deberías amigos tener mi buen Locke, ¿quieres uno también?

- Tengo amigos…

- Tus esbirros no cuentan.

Había un rastro de vergüenza ajena en su rostro. Supongo que las palabras pierden su peso cuando las dice un niño.

- Esta vez voy a visitar los pequeños comercios en Dreadfort.

- Supongo que es mejor que ver jugar a unos mocosos. Respondió

- ¿Mocosos?

¿Mocosos? Fruncí el ceño levemente. Locke también se dio cuenta, el breve asombro en su rostro fue un espectáculo.

Varios segundos de silencio después, el reto de miradas concluyo con Locke cediendo. Estaba seguro que si se lo contaba a mi padre se pondría muy orgulloso. Aunque, su aprobación era cuanto menos "anecdótico". ¿Quién diablos cree que soy? ¿Aprobación? ¡Ja!

- Se hace tarde, discúlpate después ¡Vamos!

- Sí, mi señor.

Un carruaje destartalado era mi transporte actual. Era simple y sin decoración, salvo el escudo del hombre desollado de la familia. El transporte fue otro problema que no llegaría a resolver dentro de mucho, mucho tiempo. Por ahora nuestro trasero será torturado y azotado por los baches del camino, la vida era dura.

Llegamos a Dreadfort después de varias horas. El sol empezaba a ocultarse en el horizonte.

- Muy bien, esto llevaráa su tiempo.

Una "posada" de dudosa reputación estaba en mi punto de mira. La gente indiscreta podría preguntarse por qué existía una posada tan desierta, su mera existencia no tenía sentido.

Un hombre gordo con unos bigotes maltrechos y cejas pobladas nos dio la bienvenida, estaba apoyado en la barra descuidadamente. Su vista apenas interesada nos vio al entrar.

Dentro del recinto los espacios estaban bien distribuidos. La enorme barra ocupada toda la pared lateral. Al frente de la barra una chimenea abrigaba el ambiente. Las mesas ocupaban el resto del espacio. Decoraciones de todo tipo dio un toque pintoresco al lugar.

- ¿Te has perdido jovencito? ¿Necesitas dinero?

La feliz diatriba del posadero se calmó cuando Locke entró por la puerta. En Dreadfort todo el mundo lo conocía, como debía ser. Era una espada jurada de los Bolton, un tipo duro y problemático, después de todo.

- Arren, este es Domeric Bolton, hijo de nuestro Señor. Dijo Locke

- Oh, en ese caso, que lo trae a mi humilde posada, mi Señor.

- Quiero una. Dije sutilmente

El cambio en su complexión fue fugaz pero perceptible. El despiadado carácter de Roose Bolton a veces tenia utilidad.

¿Pensó que bromeaba? Me pregunto, el sujeto miro dócilmente a Locke en busca de ayuda.

- ¿Hay algún problema? Pregunte.

- No mi Señor, ¿Desea un cuarto? ¿Puedo recomendar…?

- ¿Habitación?, Locke vigila la entrada, quiero hablar seriamente con nuestro nuevo amigo.

¿Sería mejor ir al grano o dejar que interprete lo quiera? Locke podría ayudar, su mirada asesina asusto al posadero, antes de salir del lugar, seguramente una advertencia de que no intentará nada extraño.

Distraídamente me senté frente al posadero. Su mirada de curiosidad jamás soltó la sonrisa. Aunque desde el principio su actitud forzada dejo en claro lo que escondía, por algo esta posada tenía una reputación tan chispeante.

- Lindo lugar, me gusta. Sin embargo, ¿Porque pediría un cuarto, cuando tengo un castillo a unos pasos?

- ¿Está huyendo de sus criados, mi señor?

- No, normalmente son ellos quienes huyen de mí, aunque creo que pronto entenderás por qué.

- ¿Me temo que no entiendo?

Unas gotas de sudor aparecieron en sus carnosos cachetes. ¿Debería darle un guantazo? Podría ser hipnótico ver bailar sus mofletes.

- Sabemos que este lugar no es una posada, tu podrías llamarlo prostíbulo, pero bajo esa fachada ciertamente hay cosas más interesantes.

- ¿Cosas interesantes? Mi señor, los rumores son esos rumores, seguramente…

En el "silencio" que rondaba en el lugar. Una débil realización me llego a la mente. ¿Diría que forzó la situación inconscientemente o era propicio lo que estaba por hacer? Pensó en un instante. El posadero Arren ciertamente no pararía de hablar hasta que le acabara el aire.

- ¡Pam! ¡Pam!

- ¿¡Mi señor!?

¡Si fue hipnótico! Sus mofletes rojizos por mi guantazo bailaron en sintonía. El decoro que hasta entonces procuraba Arren se esfumo. Una mirada de indignación apareció en su rostro.

Todos en Dreadfort sabían que el posadero Arren era un padre viudo. Padre de una niña que por ironías de la vida tenía una vida religiosa muy activa. Supongo que las actividades del padre llevaron a la niña a una vida recluida.

- ¿Que desea mi Señor?

Dijo Arren, podía jurar que me tomo enserio por primera vez, desde que llegue a la posada.

- Antes que nada, debes saber que Locke está buscando a tu hija. Felicitaciones por tener una hija linda y devota de los siete. Lamentablemente mi padre ordeno llevarla a Dreadfort para ser castigada por adorar a los dioses sureños.

Alimentado por la imaginación perversa, sus manos empezaron a temblar, era fácil sorprender a los hombres cuando exponían sus debilidades tan fácilmente. Mi sonrisa de niño travieso y pendenciero no hicieron más que aumentar su angustia mental.

- Mi Señor… ¡Mi hija, aun es una niña! ¡Misericordia!

Con las rodillas en el piso el posadero se acercó lentamente. ¿Las debilidades también pueden ser fortalezas cuando se trata de gente que uno ama? Me pregunto.

- En efecto es una niña, pero eso no te impide trabajar ¿verdad? De todos los modos, no es lugar apto para criar a tu hija, estará mejor en Dreadfort.

- Eso…no es como parece mi señor. Jamás expondría a mi hija a tales pecados.

- ¿Ah sí, seguro?

- ¡Si mi señor! ¡Lo juro por los dioses antiguos!

- Entiendo, entonces, que te parece si me vendes este lugar y compras un lugar más tranquilo para que vivan tú y tu hija.

Era la primera vez, en esta vida, que removía las debilidades ajenas. Me recordé que mi ambición no debe ser fomentada descuidadamente. El poder que tenía sobre otros no debe ser abusado.

El silencio se prolongó por un buen momento.

El ambiente silencioso fue interrumpido por mis aplausos. Mis pequeñas palmas dieron un sonido parecido a aplausos. Locke entró y el posadero estaba cada vez más nervioso.

- Tus chicas deben ser muy útiles. Te dan dinero fácil, eso está bien, no estoy en contra de los emprendimientos; Sin embargo, también sé que saben escuchar muy bien.

Un leve temblor en su cuerpo abultado fue como una señal de certeza. ¿Arren había entendido mi verdadero propósito?

- La cuestión, Arren, es que te cuentan cosas y tú corres a contárselo a nuestros queridos vecinos. ¡Ese es el problema! Debes decidir querido amigo ¿Tu prostíbulo o tu querida hija?

El camino de regreso a Dreadfort se hizo extrañamente largo. Una niña de unos trece años nos siguió en la entrada del fuerte. Era bonita y saludable su pelo castaño resalto su riguroso cuidado, sin embargo, caminaba temblorosa por la nueva vida que llevaría. "Ela" era su nombre. No era nada sorprendente, por otro lado, el que me sorprendió fue su padre con su firme decisión.

Para muchos vivir en Dreadfort era un logro en sí, pero, ellos eran gente sin conexiones ni patrimonio. El posadero Arren, por otro lado, era dueño de varios negocios y poseía conexiones con White Harbor, Karhold, etc.

Cuando dije que quería comprar sus propiedades, no tardó mucho en cantar. Fueron sus últimos intentos de que lo dejara en paz. Para su mala suerte, no fue así.

Sabía que la situación comercial de nuestra casa levantaría sospechas. Varios Lords y comerciantes levantaron el cuello e intentaron echar un vistazo, el dinero no era un problema para esa gente. Fue con esa premisa que La oportunidad de descubrir algunas ratas en la madriguera se dio. Solo tenía que seguir el rastro del dinero.

Con el tiempo, un comerciante que tenía una lengua muy suelta, nos dio la respuesta. El "sureño" llego a Dreadfort en nombre de su gremio de comerciantes. Se propuso comerciar, pero quería cerciorarse de la eficiencia de la producción. Aunque también quería comprar los diseños.

Roose Bolton, mi señor padre, no se dejó convencer. Después de varias semanas de cuervos viajando de ida y vuelta con sus pares, el comerciante se retiró una vez cerrado el trato.

En todo ello no hay sospechas de nada, pero, no fueron sus acciones lo que lo delataron. Después de todo quién diablos sospecharía de un niño.

¡Ser un infante tiene sus ventajas!

Punto de vista retrospectivo

- Es una gran oportunidad para la casa Bolton. Los Manderly no escatiman en gastar cuando algo llama su atención. Una oportunidad como esta es única en una vida, mi Señor.

- Mis manos también están atadas, los deseos de mi padre superan los míos, lord Vorrik.

- Entiendo, entiendo, pero solo piensa. Digamos que en sus manos está el futuro de tu casa, ninguna responsabilidad es tan justa como esa.

- ¿A qué se refiere?

Claro que sabía a qué se refería.

- Es un mal necesario, mi Señor. Los Manderly acordaron ¡triplicar el precio!, si incluían los diseños. ¡Ni siquiera toda la madera de Kingswood valdría todo ese dinero!

Después de aparecer darle vueltas a las cosas, acepta a "regañadientes". ¡Es un trabajo duro ser ingenuo!

- Cuando tu padre se entere, no solo serás su heredero si no también su orgullo.

- Eso creo, el maestre Uthor estará molesto…

- Si, los maestros, ciertamente más que ayudar solo a crear problemas.

¿Será que el padre usará la misma escusa? Era lógico echar la culpa de todo a los viejos de túnica en el Norte.

Vorrik no tardo en mostrar sus cartas. Una de las "chicas" de Arren me esperaba al día siguiente a las afueras del Dreadfort donde le entregué los "diseños".

Solté algunas migajas y las salieron ratas. Fue la hora de cazar ratas .

Fin

En la habitación que nos encontramos, la hija de Arren seguía temblando y por poco me da lástima, pero luego pienso en los beneficios y se me pasa.

Arren tenía que elegir, podía recuperar a su hija o podía seguir espiándonos, si podía. Aunque pronto entenderá mis planes y se arrastrará nuevamente, pero esta vez por otras razones mucho más felices.

- ¿Qué es esta vez?

Roose Bolton, se erguía sobre sus pies y miraba con curiosidad la situación que ahora enfrentaba. ¿Pensarás que quiero coleccionar mujeres?

- Es la hija del posadero que le hable. Contacto con los Manderly cada vez que envían a sus hombres por información.

- Y la trajiste para comprometer su lealtad, debe estar huyendo en este instante.

- Puede ser, pero le di una salida más amistosa, además quiere mucho a su hija…creo.

El ceño del Lord de Dreadfort se frunció. A pesar de mis iniciativas aún no era lo suficientemente "adulto" para ser de confianza a los ojos de los adultos. Menos para estos temas escabrosos, el juego del poder tenía sus reglas.

- Tengo curiosidad Domeric. Así que dime, con que me vas a sorprender ahora.

Una leve sonrisa fugaz desapareció de su rostro. En sus momentos de espera pensé en las ideas que tenía.

- El posadero envía un mensaje a los Manderly diciendo que su hija ha sido elegida para servir en Dreadfort.

- Demasiado simple pueden ver fácilmente que la tenemos de rehén.

- Si lo es, por eso después la hija debe filtrar información crucial, algo como los "ensayos" del maestre Uthor. La ciudadela estará encantada y los curiosos tendrán un nuevo objetivo.

- Eso es…

- Los diseños que mandemos a la ciudadela no importarán, no serán correctos. Si aún así logran recrear algo, estarán sobreestimados su utilidad.

Su mirada evaluadora se tranquilizó poco a poco. La diferencia en sus facciones era imperceptible para personas ajenas a su forma de ser. Personalmente creía que su padre tenía algún problema con los músculos de su rostro. ¿Deberías preparar el guantazo?

- ¿Qué quieres decir con sobreestimado?

- Es simple, mientras los curiosos buscan formas de desenterrar mis ideas, yo creare otras.

- Ya veo, estás creciendo bien.

¿Era momento de los cumplidos? Si lo pensaba con detenimiento, había arrastrado a una niña fuera de su hogar y estaba siendo felicitado por ello. Los nobles seguramente tenían estándares distintos de madurez.

Con esa declaración mi padre soltó la correa y me dejo hurgar en el mundo de las conspiraciones. En otras palabras, era libre de hacer más cosas. Ela se convertiría en mi sirvienta, aunque por ahora termino como aprendiz de una de las mujeres de Dreadfort.

Arren llego la semana siguiente con fingidos llantos. En lo profundo de sus ojos algunos rastros de ira se ocultaban. Estaban rojos de tanto llorar o era de la falta de sueño , me pregunto. Me informo que ese mismo día envió el mensaje. Un cuervo negro llegaría a Puerto Blanco pronto, no sabía si creerle. Pregunto por su hija y si podía hablar con ella.

- Podemos arreglar visitas, pero para mayor seguridad, será en tu hogar. Tu hija ira sola, pero, estará siempre vigilada. Entiendes verdad.

- Si mi Señor, solo soy un hombre que se preocupa por su única hija.

Arren parecía un padre devoto, después de todo.

- Bien con eso terminado aquí está tu paga. Es por las molestias y por un futuro mejor para nuestras familias.

Sus llantos se calmaron por primera vez desde que entraron a la habitación. Los brillos de las monedas acobardaron sus pensamientos incrédulos. No iba a obligar lealtades que podía comprar, especialmente cuando la colaboración recién empezaba.

- Son diez dragones de oro, además tu hija tendrá educación. Se lo pediré como un favor al maestre Uthor. Qué opinas no es un mal trato verdad.

- Mi Señor, pudo haber comenzado por esto…

Dijo Arren mientras su rostro no dejaba de mirar las monedas, era la ambición que tanto añoraba. Es por eso que preferí intimidarlo, tendría que evitar ser mordido por los perros ambiciosos que criare.

- Por supuesto que pude empezar con esto, Arren, pero entonces le quitaría lo divertido al asunto.

La casa Manderly tendría su momento. Pero ahora tenía que resolver las cosas primero en casa. El paraíso poco conocido estaba por comenzar.