Capítulo 04 No estoy loco

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- Entonces me dices que quieres batirse en duelo por unos cerdos.

- Son cinco cerdos. El dueño del cerdo macho exige que se le entreguen por lo menos la mitad de la camada. El otro sujeto asegura que su cerda fue preñada por otro cerdo.

Las disputas de la gente siempre sacaban lo peor de mi padre. Era común que muchas discusiones terminen con su noble paciencia y los castigos por hacerle perder su tiempo iban desde azotes y la temida horca en el peor de los casos.

En estos días soleados, el heredero Bolton fue designado a asuntos de menor importancia. El Lord de Dreadfort tomó la conveniente costumbre de enviar a su hijo de nueve años a ser juez y parte. "La lógica de este lugar pierde su propósito con el correr de los años"

Locke dejaba desprender su aburrimiento afilando su espada. El carruaje destartalado, acompañado de un grupo de hombres, llegaría a su destino pronto. Dos aldeanos se batirían en duelo por cinco cerdos. " Que gran forma de pasar el día"

Mirando el horizonte una vista inusual llena el panorama.

- Los campos son muy fértiles estos años. Dijo Locke

- Si el clima es propicio, la gente empezara a labrar con pasión. Uthor cree que será un verano mucho más largo. Respondí .

Los campos en el norte eran los más duros, la gente que trabajaba la tierra apenas sacaba lo suficiente. Dar el tributo, criar a los hijos y algunos animales, era una vida simple y poco satisfactoria. Ahora era comprensible que dos aldeanos se enfrentaran a un duelo por unos cerdos, quizás solo estaban aburridos. ¿Qué clase de mejora puede ser más apropiada para esta gente? Me pregunto.

Mejorar sus técnicas de agricultura tendría consecuencias a largo plazo. Estaba seguro de que en unos diez años todas las casas de Westeros tendrían una noción de mis esfuerzos. Para entonces los campos sureños prosperarían dejando al norte nuevamente atrasado. Era una cuestión de ventaja económica, cosa que muchos señores del norte jamás entenderían.

- ¿No había un pequeño bosque en esta zona? Pregunté confundido

El aumento de la tierra de cultivo se vio potenciado por la tala a gran escala. Algunas leyes que tenían aplicadas, mantener la producción en el largo plazo era esencial.

- Fue totalmente talado, ahora son tierras de cultivo. Parece ser que había bandidos en él. El jefe de la aldea estuvo tan agradecido de haber enviado a varios de sus muchachos como reclutas.

- ¿Y no pensaron en dejar el tocón al menos?

- Si me da unos cientos de hombres y hachas, le traeré un bosque entero. Respondió Locke con confianza.

- Si lo pones de ese modo, acepto, solo espero que no sea de los Hornwood, o te mandare de vanguardia cuando estemos en guerra por unos troncos.

- ¿Guerra?

"Para ser un tipo sin escrúpulos la ignorancia era un requisito a veces" Pensé.

- Si Locke, si quieres robar a nuestros vecinos mejor olvídalo.

Dije, cuando lleguemos a nuestro destino.

Bajando del carruaje destartalado, con un asentimiento mis hombres abrieron el camino. El lugar era un pueblo ordinario de las cercanías.

En la distancia un grupo de aldeanos se reúne. Muchos abrigados con harapos y unos pocos desamparados, las inclemencias del norte dejaron su huella.

El espectáculo atrajo la atención de la muchedumbre, mi llegada solo hizo que las cosas se intensificaran. Muchos se congregaron y agacharon la cabeza, pero otros solo miraban con curiosidad poco disimulada. En el centro, los familiares de los involucrados y lo que supuse era el jefe de la aldea, nos esperaban.

- ¡Mi Señor! Es un honor que visite nuestra humilde comuna. Dijo el jefe de la aldea.

- Estoy harto del viaje y aburrido. ¡Que empiece de una vez el maldito duelo!

El jefe de la aldea y los dos combatientes se miraron, desconcertados por mi presentación directa. El resto de la gente vitoreaba por el espectáculo prometido. Poco tiempo después dos aldeanos con espadas oxidadas se batieron en un duelo, si es que se le puede llamar así. La mayor parte del tiempo pasó corriendo, uno atrás del otro. El ganador quedó con los cerdos. El perdedor herido fue llevado con el barbero local, con la esperanza de salvar su vida. Fue otro gran fiasco de justicia.

El jefe de la aldea, llamado Domun, nos invitó a romper el ayuno en su hogar.

- Es de conocimiento, que el heredero de nuestro Señor es muy atento con el bienestar de la gente. Es un honor conocerlo en persona, mi Señor.

Mis manos se movían atrevidos de la mesa de madera. Carne de cerdo, leche de vaca y algunos panes duros. Era comida sencilla pero saludable.

Domun era un hombre muy cojo botas, típico de aquellos que ocupan algún cargo. No era el primero que conoció, cierto posadero me llego a la mente mientras respondía su adulación.

- Solo hacia lo que podía. Dije sin dejar de comer.

- Oh… Si mi Señor. De hecho, estamos mejor, el carbón nunca fue tan accesible. Es tan admirable sus esfuerzos.

- Es bueno saberlo…

- ¡Solo un necio no lo sabría! Ay de aquel que diga lo contrario, tiene mi espada está a su entera disposición, juntos haremos que paguen por su atrevimiento, mi Señor.

Antes de que el jefe de aldea aventara otra consigna armamentista, pensé en la guerra. Si, la guerra, un irruptor del curso de la historia por excelencia. El jefe de la aldea tenía sus razones mundanas para su lesión, mi favor, por supuesto. Pero para tener paz, la guerra era un medio real.

Pocos estaban conscientes, en nuestras frías costas rocosas los Drakkars pulularon para y el "comercio". En este tiempo de hombres de honor, nada era imposible, algunas monedas y el honor sabia voltear la cara. Ahora teníamos barcos "mercantes" y la paz asegurada.

Eran barcos de múltiples usos, por supuesto no tenían nuestro escudo. Cualquier poder naval requeriría el permiso Stark. Cierto hombre bigotón con mofletes hipnóticos ahora tenía una flotilla de barcos. Era un hombre humilde que alguna vez fue un posadero de nuestras tierras.

Y con más tiempo a disposición ya que el maestre Uthor supervisaba los aserraderos periódicamente, nuevas ideas llenaron mis pensamientos "¿Había llegado la hora de plantar dinero?" Pensé .

El adulador jefe aldeano continuaba hablando, había subestimado sus labios y su cara.

- ¡Jefe Domón!

Alce la voz, estaba a unos instantes de usar el guantazo. Sin embargo, al final pareció comprender mis intenciones.

- Jefe Domun, quiero dirigir la próxima siembra de este lugar. ¿Los pobladores de esta aldea estarán de acuerdo?

- Claro, claro, cualquier cosa por mi Señor.

Si, "no" no existía en su vocabulario, lo había olvidado por completo.

Como la mejor forma de empezar nunca era correcta, sería un proceso de error tras error. Impostando la voz para amasar tanta autoridad como mi voz infantil podía, pregunte.

- ¿Me mostraría sus herramientas de trabajo?

Con una breve, pero rápida pregunta, di el siguiente paso de una lenta e inusitada revolución agrícola. Sería mejor empezar antes, siempre es mejor antes.

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Una mujer hermosa pero descuidada, aguardaba en una de las habitaciones. Un niño de aspecto familiar con la mirada perdida y curiosa sostuvo sus manos. Dreadfort tenía nuevos visitantes.

Días después de regresar, los aviones que tenía fueron interrumpidos por una noticia nada escandalosa, la gente lo suponía y también lo normalizaba. Los vicios que tenía mi padre fueron la menor de mis preocupaciones.

Tenía un hermanastro. Fuera para bien o para mal ahora tenía que conocer las intenciones del pequeño, o más concretamente de mi padre.

Su mirada indiferente pero reverberante fue todo lo que necesito para darme cuenta, había envidia. Una necesidad irremediable de anhelo y desapego. Era un objetivo por primera vez en mucho tiempo. " Extrañamente se siente bien " No había masoquismo, pero ser retado se sintió bien, aunque fuese por un mocoso.

Como el pequeño bastardo envidioso que iba a ser, con el pasar de los años se acostumbrara a respetar, se camuflan y vivirá entre los que indignos. Pero un niño seguía siendo un niño después de todo.

Sabía por experiencia que una infancia en la miseria podía hacerte muy ambicioso, tal vez demasiado para el bien propio. Era lo que era ser el bastardo de un noble, uno llamado Ramsay Snow en este caso.

- ¿Puedes vivir aquí con nosotros? Pregunte inesperadamente.

Mi mano apuntada hacia el bastardo de mi padre. Los ojos de la madre, la del bastardo, se abrieron por un instante. Por su parte, Lord Bolton ignoró mi pregunta y mando a llamar al hombre más nauseabundo de Dreadfort.

- Su crianza no es el trato que tuvimos, pero uno de mis hombres lo hará. Hediondo cuidará de él hasta que tenga la edad adecuada.

La indiferencia de mi padre no me extraño. Era normal, incluso si era su heredero, asuntos tan deshonrosos generaban vergüenza a su reputación de "intachable".

La mujer tampoco quiso probar la paciencia del Lord de Dreadfort. Poco después una carreta se llevó a la madre, al bastardo y Hediondo.

- Entonces, ahora que tienes un hermano bastardo, lo quieres como lacayo.

- Nunca está de más.

- Un bastardo puede ser útil, pero no olvides, hasta que tengas un heredero siempre está la posibilidad de que tome tu lugar a expensas de tu vida.

Puse el rostro algo tenso. En una sociedad que se regía por el derecho de nacimiento, Ramsay Snow estaba a una puñalada de ocupar mi lugar, siempre que lo legitimasen claro.

- Eres muy joven para controlar gente, Domeric. Si quieres controlar algo, puedes empezar por tu espada, ya es momento de todos los modos.

- Prefiero usar mis manos para otras cosas…

¿Cuantos años de mi vida perderé agitando una barra de metal? Me pregunto. No iba a preguntar mis dudas razonables, las espadas casi que eran una religión más en Westeros.

- Lord Horton Redfort ha respondido y está dispuesto a aceptarte como su escudero. El próximo año partirás una vez cumplido el décimo día de tu nombre.

Sea una secta, religión, etc. Los Caballeros del Valle eran los mejores de Westeros. Lo único que me preocupaba eran los proyectos que aún tenía en proceso, una vez más el tiempo tenía más valor que el oro.

- Si padre. Respondí con resignación.

¿Y si ocurriera un accidente…? ¡Maldición, no debería desear la muerte a nadie en esta vida! Me dije.

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Semanas después, tuvo una idea general del proyecto. No era nada tan innovador. En las duras tierras del norte, donde la tierra cultivable era tan escasa como nieve en el desierto, la situación cambiaría.

Con una superficie tan grande era irónico que los norteños tuvieran una producción de alimentos tan escasa. Todos los benditos inviernos, grandes cantidades de alimentos son atraídas del sur a costos sangrantes.

En el sur, un arado no era más que una simple herramienta, pero eso estaba por cambiar con pequeños cambios en el norte. El arado pesado con vertedera era por excelencia, una tecnología disruptiva en la agricultura de tierras duras. Permitiría sembrar campos que antes eran imposibles de arar, por su duro suelo, como la gran mayoría del norte. Además, su uso no solo permitiría abrir el suelo difícil, sino que también removía la tierra en mayor profundidad, lo que solo aumentaba la fertilidad.

Los poblados que utilizan el arado pesado, serán más ricos porque tendrán más tierras y por tanto pagarán más tributos. " Al final siempre gana la casa" Pensó .

- Voy a salir, tu padre quería verte ¿Vienes? Pregunte .

- Tu Señor ha preguntado, ¡responde niña! Clamo Locke.

No te trataron bien cuando eras un mocoso ¿Verdad Locke? Pensó.

Aparentemente Ela, la hija del posadero Arren, estaba cómoda con su nueva vida, lejos de los pecados que su padre ofrecía. No era mi sirvienta como tal, pero sus responsabilidades incluían ordenar mis cosas y limpiar mi ropa. Sus clases con el viejo Uthor tuvieron un impacto positivo en su vida.

- Si, eso me gustaría, mi Señor.

- Bien, entonces sígueme.

En las calles del pueblo, en las afueras de Dreadfort, el ambiente intimidante daba paso a las travesuras de los niños que solían jugar con las espadas, la gente trabaja en su oficio y algunos mendigos suplicando monedas. Llegamos a una zona apartada, en las fueras de Dreadfort, la zona de los herreros desprendía el olor a cocido metálico. El centellante sonido del metal perforó mis oídos, no dejaría de escucharlo hasta que los herreros den con la forma que buscaban.

- ¿Mi padre está aquí? Pregunto Ela

- Tengo un asunto que atender primero, no tardo.

Los herreros seguían en su trabajo, aunque algunos más atentos con su entorno, notaron mi presencia. Alguna vez fui un desconocido, con el pasar de los años y mi incursión en los asuntos de la gente, mi fama de entrometido se hacía popular. Para bien o para mal estaba claro que la gente reconocía mi aspecto lúgubre Bolton, en especial a Locke que siempre camina por mis pasos.

- ¿Se le ofrece algo, mi señor? Un anciano preguntó y se acercó.

Si bien la apariencia no importaba para el trabajo, definitivamente el anciano proyectaba confianza y experiencia. Probablemente su experiencia se tallo en sus rasgos.

- Quería hacer un pedido.

- Tengo entendido que el hermano Jorah es el herrero en Dreadfort, mi Señor. ¿Está acaso ausente?

Jorah, era una buena opción. " Si lo que necesitaba era una barra de metal"

- Necesito al menos cien de estos.

Dije y con unos movimientos saqué y desdoblé los diseños, era una vertedera de acero. Muchos, ni en los sueños más derrochadores usarían acero que no sea para espadas y armaduras. "Padre definitivamente diría que no, no sin antes de criticarlo" Estaba seguro.

- Quiero que se hagan en acero forjado, en cuanto al dinero, la casa Bolton pagara.

- Mi señor no quiero ofenderlo, pero, ¿Su padre está al tanto de este asunto?

- Mi padre no es el que te va a pagar. Afirme .

Los segundos de silencio terminaron con las manos del hombre tomando los dibujos. Esencialmente el único inconveniente era la cantidad. Las existencias de acero tendrían que escasear en Dreadfort por un tiempo.

- Es mucho acero, su padre no estará contento, mi Señor. Dijo el anciano preocupado.

- Estoy consciente, pero seguro que será más feliz si no se entera. ¿No crees? Pregunte.

- Mi señor, lo que me pide, es traición. Susurro consternado.

-Entiendo. ¿Quieres saber un secreto anciano? Dije señalándolo.

Usando el índice para pedir que se acercara, el anciano acercará el rostro. Recordé que a veces era necesario fomentar mi buena imagen, padre no era el único que velaba por la reputación.

- ¡paf!

Los ojos del anciano dieron vuelta cuando una bofetada se llevó su dignidad. Por supuesto la presencia de Locke era indispensable para estas situaciones importantes.

- Piensa anciano, estás hablando con el heredero, tu futuro no será diferente de haber cometido traición y tampoco será la primera ni última vez que crucemos caminos.

Pude ver signos de realización en su rostro. Parece que entendió el mensaje.

- Será como usted ordene, mi señor.

Convencido por mis "palabras" el viejo herrero recibió mi pedido. Un mes de tiempo fue el plazo para que sus muchachos hagan el trabajo. No pregunto nada, solo pidió que le entregase un adelanto para solventar costos. Locke no tardó en llegar con cincuenta dragones de oro.

Nuevamente en el carruaje. Los pensamientos de un futuro mejor se interrumpieron con las palabras de Locke.

- Mi señor ¿Es verdad que viajará al Valle, a la casa Redfort?

- Me sorprende que lo sepas, aunque no creo que sea un secreto.

- Las criadas cotillean sobre este viaje últimamente. Dijo Locke

- ¿Y qué dicen?

Las dudas llegaron cuando el rubor en las mejillas de Ela me dio una pista de los chismes que rondaban en Dreadfort.

- Cosas como ¿Si su primera mujer será del norte o del sur? Jajaja, cosas de criadas. También hablaron de su padre y algo como que la manzana no cae lejos del árbol…

- Ah, supongo que están aburridas, cuando regrese buscare algo para que se entretengan.

Deberían nombrarlo el heredero más amable, nadie se preocupa tanto por su gente.

Sorprendentemente no tenía reparaciones para enfrentar la realidad. Por otro lado, Ela casi se desmaya luego escuchar los detalles, la idea de la sagrada castidad la tuvo contra las cuerdas del escándalo. Con el riguroso informe de Locke y una Ela avergonzada, llegamos a la posada donde residía su padre. El dúo tuvo su momento, antes de regresar.

- Mi señor, con todo el acero que se utilizará. Esta vez su padre no estará contento. Dijo Locke

- A veces es mejor hacer y luego preguntar. dijé

Se preguntó que pasara cuando Roose Bolton se entere de que su valioso acero estaba siendo utilizado para arados. Probablemente piense que perdió el juicio. Por otro lado, es una locura hacer espadas cuando tu pueblo se muere de hambre. Solo podia preguntarse quién estaba más loco.