Capítulo 05 Décimo día de mi nombre
289AC
POV Roose Bolton
Poco se ha dicho de lo paciente que son los Bolton. Somos el norte de antaño, aquel norte que se fortalece en la crudeza de la vida. Los hombres de Dreadfort guardan recuerdos de los días memorables, cuando se gobernaron a ellos mismos. Es un favor de esa idea que las batallas con los Stark nunca cesaron, al menos, ese era plan.
Rebeliones se alzaron y también fracasaron, pero esperamos el momento, el momento propicio. El tiempo favorece a los que son pacientes, las ideas son imperecederas, el tiempo llegaría.
Las riendas de su montura se sintieron más rígidas de lo habitual. Un camino sinuoso marcaba el entrañable contraste, el progreso de sus tierras se hacía lento pero conciso. A un lado de la carretera el tumulto de tierras duras, antaño inútiles, era labrada con fervor. El panorama había cambiado sin pensarlo. Las personas con afán surcaban la tierra de frontera a frontera, armados con los nuevos arados. La tierra se abría y se preparaba para los nuevos cultivos que albergarían.
- Supongo que su heredero tenía algo maestre, estoy seguro que Lord Redfort cambiará eso para mejor, mi Lord. Walton interrumpió su momento de contemplación.
- Creo que Domeric no estaría de acuerdo. Si por el fuera, estaría sentado en tu lugar, rumbo a perforar algunos Hijos del Hierro. Respondió con un orgullo bien disimulado.
Las huestes seguían el paso marchando en largas filas. Uno lo dirigió personalmente, la otra fila era encabezada por Walton, el capitán de la guardia de Dreadfort.
La guerra detuvo nuevamente la paz del Rey. Como era habitual en la historia de Westeros, los Greyjoy decidieron que era un buen momento para montar su rebelión. La guerra siempre trajo bandos perdedores. Esta vez la conclusión tenía un claro perdedor, esta vez el precio del hierro lo pagarían los hijos del hierro, mal por ellos, siempre supo que los Greyjoy eran menos pacientes que lo Bolton.
- ¡Mi señor! un mensaje de Dreadfort.
Un jinete mensajero se acercó rápidamente. Trajo con él un mensaje que paso a uno de mis guardias personales, nunca se está más precavido.
- Uthor, últimamente escribe muchos, que será esta vez. Pensó en voz alta. ¡ Trae tinta y papel, necesito responder a ese anciano antes de que haga una estupidez! Dijo tan pronto como vio el contenido.
Los hombres detuvieron el avance intempestivamente.
La prosperidad trajo envidia, pero también riquezas. Aún era demasiado pronto para enojar a algunos vecinos, algunos sucesos imprevistos se daban. El mensaje sobre una inmigración local vino con una advertencia general. Nuestros vecinos más cercanos no estaban contentos con la situación y mostraban su descontento. Los Karstark observaron sus primeros movimientos, solo algunas patrullas de captura, los granjeros que huían seria masacrados por no pagar el derecho de paso.
Eventualmente sus campos atraerían mucha más la atención. Por ahora aún se sabía poco del nuevo juguete de su heredero. Por otro lado, los aserraderos ciertamente ya estaban en boca de las casas más informadas. No sabía con exactitud cuántos aserraderos había en sus tierras, vagamente recordó que había treinta, antes de que las cosas se salieran de control.
Recordó que en un punto varios gremios relacionados con la madera se juntaron con la petición de obtener su propio aserradero, "Mi lord se lo pedimos por favor considérelo " No me negué por supuesto, simplemente puse a los más revoltosos en una celda, y el resto se dispersaron como ratas. Semanas después Domeric intervino y les dio a las ratas lo que querían, no antes de imponer los impuestos convenientemente, por supuesto.
En un par de años sus campos crecieron y con él su verdadero mayor secreto. "La inventiva de Domeric era colosal" Pensó. El respaldo detrás de todo, lo que llevaría a la casa Bolton a otro nivel, fue nada menos que su heredero. Las cantidades de ingenios de madera procesadas, el incremento de las cosechas. Todo ello fue secundario.
La vista actual hablaba por si sola. En la retaguardia cientos de carretas tiradas por caballos los seguían, cargados de escaleras de asedio, escudos, lanzas, flechas. La comida suficiente para la ida y vuelta, una ganancia menos para esos sureños, el saqueo seria mayor esta vez.
- Los vecinos están inquietos. dijé
- ¿Deberías regresar a Dreadfort? Pregunta Walton.
La animosidad de su respuesta dio testimonio de sus preferencias por la matanza. Sus hombres eran confiables.
- No es para tanto, tenemos una guerra por delante y nuestros vecinos también.
- Sigue siendo una batalla en los yeguas, prefiero la tierra. Respondió Walton, algo decepcionado por la respuesta.
La idea general de sus hombres era que las batallas en el mar era un asunto ajeno, muchos empezaron a cuestionar si les concierne esta guerra. Después de todo, no existía una flota del norte y la guerra seria con los Hijos del Hierro.
- Mi señor se hace tarde, tal deberíamos acampar.
- Supongo mejor ahora, antes que el sol se esconda.
Si los Karstark hacían sus patrullas, entonces teníamos que estar a la altura.
Se preguntó si este conflicto interno fue lo que impulso a Lord Stark a llamar a los Bolton y sus vecinos. A veces los problemas "mayores" pueden calmar los ánimos. Solo hacía falta ver la situación de los Greyjoy, su inútil rebelión uniría a todo Westeros después de todo.
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punto de vista
El espejo metálico refleja la imagen de una habitación que pronto estará vacía. En mi reflejo, los leves cambios de la madurez temprana auguran un buen resultado final. El décimo día de mi nombre había llegado y estaba en un proceso de resignación, mi viaje seria pronto.
Yo era un preadolescente de altura promedio con contextura delgada. Tenía el pelo tan oscuro que contrastaba inevitablemente con la piel levemente pálida. En el rostro, mis ojos grises irradiaban la singular mirada siniestra de los Bolton, aunque su madre, más para bien que mal, palio estos rasgos dominantes. Diría que fue suerte, pero estaba por el buen camino, " Rogers, tendría competencia"
- Esta perfecto, valió la pena cada dragón de oro.
Olvido que estaba siendo evaluado de pies a cabeza. La Dama de Dreadfort señalo con decoloro las nuevas prendas que utilizaría en un día tan singular.
- La tela es cómoda. Añade.
Parecía ser que la habilidad para despilfarrar dinero era cosa de familia, aunque recordó cierto dicho que su padre dijo. "Lo pagaras con tus monedas" Aparentemente cien dragones de oro no era calderilla para la casa Bolton.
¿Me pregunto qué diría el Lord de Dreadfort si me viera ahora? El lujoso jubón estaba hecho con telas de Mir, solo esto ya valía casi tanto como mis últimos juguetes. Era una extravagancia sureña por el décimo día de mi nombre, además también serviría para presentar mis respetos a los Arryn, cuando este en el Valle.
- Tu madre te va a extrañar.
- Yo también te extrañare, madre. dijé
Estaba envuelto en su abrazo con cierta reticencia, decía mucho de la rara costumbre adquirida. Su tiempo de infante, le dio una necesidad que aborrecía, pero disfruta al mismo tiempo.
- Tu tía no dijo nada, pero me parece que un regalo especial tendrá su nombre hoy.
Lady Dustin había llegado hace algunas lunas desde Barrowton. Era alta y guapa, aunque su fuerte carácter le confirmará algunas arrugas tempranas. Estuvo vestida de un lúgubre abrigo negro y una capa igual de oscura.
- Estoy deseando que llegue. dijé
Sabia poco de mi tía, aunque sabía de su resentimiento con los Stark. El difunto tío que nunca conoció había muerto en la Torre de la Alegría; Sin embargo, sus restos siguen ahí, a diferencia de los de Lyanna Stark. Era acaso un caso de injusticia o negligencia, quien sabe.
Los lúgubres pasillos de Dreadfort se llenaron de sirviente buscando completar sus tareas, algunos ni siquiera lo notaron cuando pasaron por su lado. En el transcurso del camino mire por la ventana. En las afueras, carretas llenas de comida y tonos de vino avanzan hacia un estrado especialmente montado para este día. Por suerte el clima fue amable, el sol, aunque oculto, auguraba un buen día para festejar.
En el primer evento del día, futuros inválidos se batirían en duelo, hoy tendría que elegir alguna espada jurada. Era costumbre, Locke no era el indicado para ejercer de perro guardián. Era un excelente cazador después de todo.
El carruaje corriente se detuvo después de un pequeño viaje desde Dreadfort. El camino fue rápido para nuestro grupo.
En el lugar, un pequeño estrado se alzaba tanto para la corte como para algunos comerciantes de Dreadfort. Si bien era pequeño, estaba atestado de gente afín a la casa Bolton.
- Llego mi señor Dijo el maestre Uthor
- Estuve tentado a no llegar, pero ver a tipos mutilarse en mi honor despertó cierta curiosidad en mí. dijé
- ¿Curiosidad? Soy partidario de la paz, mi señor. Aunque él presenciado mi parte justa de matanzas en mi vida.
- En ese aspecto lo comprendo maestre Uthor, también abogo por la paz. Especialmente cuando el enemigo es tenaz, se debe ser tajante. Diría que sus palabras son muy sabias.
- No mi señor, no quería decir…
- ¡Domeric Bolton! ¡Hijo de Roose Bolton! ¡Señor de Dreadfort!
El anuncio de nuestra llegada dio pie a inicio del evento. Lurs, un sirviente, que tenía la tarea de anunciarnos, grita a todo pulmón nuestra llegada. Los hombres se arrodillaron, seguido del anciano maestre algo incómodo por el malentendido.
- ¡Hoy es un día especial! ¡Domeric Bolton hijo de Roose Bolton partirá para convertirse en un hombre de verdad! ¡Acompañado de su nueva espada jurada! ¡Que comience el combate!
El grito de Lurs despertó a varios que aún dormían de tanto esperar el enfrentamiento. El comienzo se dio luego de acomodarnos en nuestros lugares designados.
Uno por uno los hombres se enfrentaron a sus espadas. El chirriante sonido del metal cortante seguido del enfrentamiento cargado de golpes bajos, hizo replantarme si estaba en el lugar correcto "¿ El laureado "honor" de esta gente era metáfora?" Me pregunto.
La gente rugía de emoción por la sangre, algunas pequeñas apuestas circulaban entre los más incautos, la matanza se hizo un negocio redondo. Algunos gravemente heridos, listos para la zanja y otros varios no tan heridos, abandonaron la carnicería con el pasar del tiempo.
Al final, después de mirar combates de todo tipo, solo tres hombres quedaron en pie.
Drak, el más alto de todos, un sujeto anormalmente músculos, pero no tan veloz. Era feroz y letal, era todo lo que supo de los pocos tontos que lo retaron.
También estaba Layn, el más bajo, pero también el más ágil de los tres. Sus rasgos extranjeros junto con su rara forma de blandir su sable, que también era raro, habían llamado la atención del público.
En el medio estaba Dyron, un caballero sureño, era el más equilibrado de todos los participantes. Tenía un estilo muy básico, sin embargo, podía llegar a sus enemigos sin perder su paciencia, el único detalle era que estaba algo avejentado.
- Aunque es costumbre elegir a un solo ganador, puedes tomar a estos tres si lo prefieres. No estamos en sur y pocas veces vi una final tan variada. Dijo mi tía
- Tu tía tiene razón, tu padre no estará contento, pero eso es porque ya tiene espadas juradas.
- La opinión de mi madre y mi tía está acertada, pero veo que el maestre Uthor también quiere dar su opinión.
Dije al ver al maestre algo dudoso del comentario de mi tía. El malentendió lo permaneció incomodo durante todo el tiempo.
- Sabe que abogo por la paz, mi Señor. No soy quien para discutir su decisión. Respondió Uthor dignamente.
- Sabias palabras maestre, entonces que siga el combate, la paz de Dreadfort depende de ello. El maestre Uthor no quiere ver a mi padre descontento.
Sin prisa, levante la mano, la orden de seguir se llevó a cabo. Mi tía soltó un insulto, su mirada mordaz al anciano puso de los nervios al mismo. Mi señora madre solo suspiro levemente. ¿Debería avergonzar más al anciano? La educación de Ela no fue barata, cierta animosidad se gesta por sus monedas perdidas.
- ¡Hombres valientes del norte, solo uno prevalecerá! El grito de Lurs hirvió los ánimos.
En el centro del espectáculo, Drak se alzó con su escudo y una espada más grande de lo normal. La punta de su espada apuntando a su nuevo oponente.
Layn se encogió de hombros cuando fue retado. Una mueca burlona se dibujó en su rostro. El tamaño de su adversario no fue suficiente, la confianza no abandono sus huesos. De hecho, fue el favorito en todo el evento, su estatura fue una llamada a todos los abusones.
Momentos de silencio y expectación se vivieron, rodeándose parecía ser que el combate tomaría su tiempo. En ese instante una ágil estocada de Layn comenzó el intercambio esperado. No fue desviado, simplemente fue soportado por el escudo que portaba su contrincante. Los golpes del sable de Layn sonaron consecutivamente, en una lucha poco convencional con un hombre con escudo y otro sin uno.
Con el tiempo quedo claro que poco podía hacer Layn para perturbar el escudo de su rival. En consecuencia, la iniciativa fue cambiar de bando. El alcance y la guardia de Drak empezaron a tener resultados. Hasta que en última instancia las cosas parecían augurar una victoria aburrida del más grande.
La estúpida confianza estaba al alcance de todos.
Ya casi al final Layn se deshizo de sus sables en un rápido intercambio y unas dagas aparecieron en sus manos. En un súbito arranque de velocidad sus movimientos hirieron a su enemigo. Aunque era un error pensar que Drak no haría nada. Layn había herido a su rival; sin embargo, en ese mismo intercambio se llevó una espada al cuello. Drak soltó su escudo para poder matarlo de un tajo, aunque termino herido. De esa manera tan rapida el ganador estaba decidido.
- Solo quedan dos, ese cadáver puede haber sido útil. Dijo mi tía.
Estaba contemplativo, ver sangre por primera vez debería darle náuseas en teoría. Mis acompañantes talvez notaron mi comportamiento anormalmente tranquilo. "De dónde vengo los mocosos disfrutaban de cosas peores en sus pantallas"
- Estoy descuerdo querida tía, pero el acuerdo debe respetarse.
La dama de Barrowton, era cuanto más una persona muy locuaz. Tenga su confianza seria clave en cualquier asunto con la casa Dustin.
El grito de la multitud pidió el combate final a todo costo. El cadáver del desafortunado Layn fue retirado del lugar, para dar lugar a la última contienda. La indicación fue puesta cuando mis delgados brazos dieron la señal, el combate continuaría.
Con pasos casi calculados Dyron llevo el ritmo de la contienda de manera lenta. Era de esperar que el primer paso para derribar a una anomalía como Drak, era cansarlo.
El enorme tamaño Drak era muy temido. Con el tiempo, sin embargo, su ritmo fue decayendo, ¿Es por el cansancio o cambio su estrategia? La pregunta tuvo respuesta cuando sus golpes se hicieron escasos pero muy fuertes. Mantener su fuerza era esencial para soportar la contienda. La defensa empezó a tener un papel más importante en el encuentro.
Por otro lado, Dyron no deja que el estilo de su contrincante lo perturbara. Respondió con golpes que llegaron en oleadas, uno tras otro. Era un estilo diferente, algo arriesgado pero dinámico.
Las monedas habían sido apostadas y no había marchado atrás. Los gritos de la multitud llegaron hasta Dreadfort cuando el escudo de Drak mostró signos de romperse, solo quedó el intercambio final. Se podía decir que Dyron sería el ganador, por la inexperiencia de Drak. Aunque fácilmente lo mismo se podía decir del cadáver retirado hace poco.
La carga de golpes bajos constantes debe haber enfurecido al más grande. Arrojando el maltrecho escudo a su contrincante y con una agilidad descomunal a su tamaño, Drak sorteo a su rival y empujo su espada a su oponente. En ese instante sucedió lo inesperado, Dyron agarro el escudo del suelo y lo atiborro en la cara de su enemigo. La fuerza o alguna magia debían usarse, ya que su descomunal rival cayo de rodilla de un solo golpe en su casco. Cosas raras que pasan.
- ¡Mi señor! ¡Permítame servirle!
Los caballeros eran raros en el norte, sin embargo, los campeones aún tenían su reclamo. Era lo que esperaba después de todo. Sin más respuestas solo acepto su petición. Dyron era un buen guerrero, tenía experiencia. Pudo derrotar a adversarios más grande que él, aunque eso aún estaba por esclarecerse.
La celebración debía continuar. La gente celebra una gran fiesta, como si el día les perteneciere a ellos.
Ya de regreso en el Dreadfort, el sol se había ocultado hace tiempo. Los regalos llegaron en filas. Aunque no había vergüenza en la extravagancia, poco se podía esperar del norte, aun alejado de las parafernalias del sur. Desde algunos libros, dagas, abrigos de piel e incluso un cuervo, para cuando termino las presentaciones, mi tía, un tanto alegre, se acercó.
- ¡Sobrino! Estuve pensando que regalarte, pero no se me ocurrió nada hasta que vi a un bardo en White Harbor.
Con una señal de sus manos, unos sirvientes acercaron con un cofre. Era mediana. En el instante que se abrió, supe que sería el mejor regalo de la noche.
Las cuerdas del violín sonaron en los dedos de mi tía. Era el instrumento más elegante que podía desear en este lugar congelado. Aunque mirando a lo que trajo la tía Barbrey, solo podía imaginar los montones de instrumentos que se podrían crear con toda la madera que disponíamos.
- Es de madera corazón de oro, fue un gasto ridículo para un capricho, pero no todos los días se celebran diez años.
Sabia dar sonido a las piezas que tenía en mente; Sin embargo, era una pena que tal madera se desperdiciara en el instrumento. No era que no gustara, sino que, lo que conocía como violín fuese muy distinto a lo que tenía en mis manos. Siglos de mejoras llevaron al perfeccionamiento del instrumento que tenía en mente, lo que tenía en mis manos era algo solo parecido.
Mi tía vio mi rostro, entrando en dudas pregunto.
- ¿No es de tu agrado? Pero sabes, debes aprender antes de juzgar.
- Por el contrario, solo estoy sorprendido, gracias tía Barbrey.
¿Algún lutier vivirá en este pedazo de tierra congelada? Había carpinteros, pero a lo sumo sabían hacer armarios. Deje que mis dedos tocaran las cuerdas, sonó algo desafinado ¿ Habrá pentagramas en algún lugar ?
