Capítulo 08 ¿Es esto el destino?
punto de vista
291 AC - 12 años
-Soja Domeric Bolton. Vengo de las tierras lejanas del Norte. Planeo obtener algunos eslabones y con suerte forjar mi cadena.
- ¿What? ¿Regresar a mis tierras? Porque haría eso después de haber viajado tanto tiempo para llegar a este lugar.
- ¿Si tengo libros? Ah entiendo, quieres una contribución para tu biblioteca. Desgraciadamente no tengo ninguno en mi poder.
- ¿Donación? No es que no tenga dinero, tal vez en el futuro, mover dinero desde el norte no es fácil, sabe.
Recordó la conversación reciente algo confusa. Según el maestre Uthor cualquiera podía aprender aquí, sea de noble o no, quizás había detalles menos conocidos que pasen por alto.
- Me basta con un compromiso de la casa Bolton ¿Cuánto puede donar? Pregunto al maestre.
Un ambiente intelectual se desprendía en el lugar. El amplio salón de la recepción, ahuyentaría cualquiera de las intenciones más bárbaras. El conocimiento tenía el poder de extinguir la ignorancia, estaba en Oldtown, concretamente en la recepción de la Citadel.
- No estoy seguro. Mi casa puede ser grande, pero es el Norte del que hablamos. Respondí distraídamente, no era bueno con actos de caridad.
El buen hombre de la recepción, un viejo maestre, levantó una ceja ante mi legítima duda.
En un principio insinuó de manera poco disimulada su reticencia por mi estadía. Después de presentar mi origen, cambio de discurso, la frase: "Mostrar buena voluntad " se hizo presente. También menciono algo como que los nobles teníamos que dar el ejemplo.
- Domeric Bolton, hijo de Roose Bolton, Señor de Dreadfort. ¿Se compromete a donar un dragón de oro por cada luna? Dijo súbitamente el viejo maestre, esperando mi respuesta.
-¿Si? Dije, con duda aún en mis pensamientos.
Eso son doce dragones de oro al año . No fue mucho, podía permitírmelo.
- Eso será todo, por favor acompáñame. Dijo, después de poner mi nombre en el enorme registro que tenía.
El bien avejentado maestre avanzando resueltamente, como convenciéndose así mismo, se dispuso a levantarse. Tembloroso agarro un bastón que tenía a la mano. Se preguntó si estaba en presencia de un extraño acontecimiento.
- Por favor, sígame. Dijo con una voz apacible, el cambio de su actitud fue notable.
¿Es siquiera posible que camine por su propia fuerza? Se preguntó. Solo quedaba seguirle la corriente.
-Sí, maestre. Respondió
Con la guía experimentada del anciano, el funcionamiento de la Citadel le fue revelado. " Cualquiera puede aprender en la orden de los maestres" fue la idea general de su discurso. La entrada era permitida para todos. Un noble, por otro lado, tenía el deber de contribuir, en la opinión del anciano. Eso sí, había conferencias y la mayoría de Archimaestres pedían algunas monedas por su valioso tiempo. La biblioteca no tenía restricción, salvo los ejemplares únicos de la zona prohibida, que estaban en las bóvedas.
- Me gustaría saber sus intereses. Todos los novicios tienen un maestre a cargo, tal vez pueda recomendar una primera elección. El avejentado maestre tenia buena voluntad, aparentemente.
- Creo que empezare con el elemento oro. Respondí cuando el anciano reaccionó algo cansado .
Cuando las grandes casas de Poniente ven la riqueza de los Bolton, su cadena de oro servirá de escusa. Definitivamente el dinero no fue un motivo en su elección. Pensó .
- No sé por qué espere algo diferente. Suspiro el viejo maestre . -Entonces déjame presentarle al maestre Howar, es muy bueno en estos temas.
Expectante por la nueva aventura, un aspecto básico de su estadía se había esfumado de su mente. "Siento que algo no cuadra" Pensó. Sin saberlo sus espadas juradas fueron abandonadas por semanas.
POV Olenna Tyrell
La elección en la batalla define el tipo de hombre que eras, es lo que escucho alguna vez de un veterano lisiado. Según recordaba, había a quien le gustaba fingir normalidad, hasta que el olor a muerte provocó el miedo y por tanto muchos terminaron con la vejiga vacía. Por otro lado, también estaban los que elegían la matanza. Sujetos faltos de cordura para quienes el olor a muerte no les era extraño, sino propio.
Si le preguntaban dirían que también existía otro tipo de elección, estos eran los que asumían que obtener logros vacíos no era una vergüenza, sino un modo de vida. Su primogénito fue partidario de tal blasfemia. Que los siete la ayuden, rezo .
No tenía reticencia por la guerra, eran los hombres los que iban a la guerra, después de todo. Personas como ella, solo podían contentarse con aconsejar. Mejor que estar en un barco apestoso de mala muerte. Pensó.
Había pasado un año desde el fin de la rebelión. Las rutas comerciales en el Reach estaban en funcionamiento nuevamente. La flota zarpo al mar y parecía que todo marchaba en orden; Sin embargo, hoy en el patio trasero de Highgarden algunas noticias habían sido decepcionantes.
- No parece gran cosa. Afirme, aunque la duda rondaba su mente, tenía que fingir.
El rostro expectante de Gormon pidió una evaluación a su reciente invención, pero Gormon no era inventor, él era un afamado maestre "contrabandista de ideas" de Oldtown, además de ser el hermano de Luthor Tyrell, su difunto esposo. Toda la familia tenía una oveja negra Pensó.
- Ha sido presentado como una reinvención del clásico arado. Presumió Gormon, algo a lo que estaba acostumbrada.
- Puedo ver porqué, pero no creo valga la pena, el acero tiene mejores usos.
- ¡Si vale la pena! Se puede remover hasta la tierra más difícil, los norteños los utilizan, desde entonces sus cosechas no han parado de aumentar. Aseguro Gormon, poner a los norteños como ejemplo atrajo nuevas dudas al asunto.
Esperar los mejores resultados era un razonamiento que nunca entendería. Aunque si entendía que, si algo podía salir mal, probablemente entonces así seria. Concretamente prometedor grababa un aparato que cortaría madera con agua. Tablas deformes fue todo lo que obtuvo de aquel caro juguete.
- ¡Los norteños otra vez! Dijo efusivamente. - Tu último juguete fue caro y no sirvió para nada. Para ser maestre tienes poca credibilidad, deberías dedicarte a otra cosa.
- El aserradero si funciona. Susurro Gormón . - Solo falta acomodar algunas piezas. Suspiro
- Confiésate con el "Herrero", no soy quien para saber de esas cosas.
Dijo, aunque una sonrisa suya se formó por dentro. Ver a un maestre en apuros nunca estaba demás.
- Vi lo planos, los norteños de algún modo hicieron funcionar todo. Pronto estaremos listos, no se preocupe. Confiar en Gormon, fue como escupir al cielo.
Los norteños rara vez eran fuente de sabiduría ¿Fue un milagro de sus dioses, una casualidad del destino o un esfuerzo genuino? El asunto de otro reino era la menor de sus preocupaciones. Aunque cierto nombre salió a flote dentro de todo el asunto. Un niño de la Casa Bolton, Domeric Bolton, así se llamaba. Fue una coincidencia saber de él, Gormon tenía una muy buena impresión del niño. Hizo saber su admiración por el mocoso, copiando sus ideas.
- Eso espero, sino que quieres ser expulsado de tu orden. Dije seriamente, su influencia estaba en todos los rincones de Westeros.
Sorprendido por mi declaración, agarro el arado y se puso a trabajar en la tierra. Unos surcos profundos y deformes empezaron a tomar forma en la tierra. Contrariamente a lo que se pensaría era consciente del trabajo campo. No eran llamados "El granero de Westeros" por nada.
- Esta bien pondremos a prueba tu idea. Dije incomoda, ante la idea de copiar aun mocoso.
-¿Enserio? Pregunto Gormón.
- Si, agradécelo a tu madre que te dio la vida en una gran Casa.
- Siempre estoy agradecido con la casa Tyrell.
- Bien, espero que no me sangres por esto, tu ultimo juguete fue costoso, no planeo regalarte más monedas hasta obtener algo concreto.
Gormon estaba acostumbrado a poner sobrecostos y sangrarlos cada que podía. La postura contemplativa del maestre solo confirma sus sospechas.
- Puede llegar a ser muy costoso es indispensable que el metal tenga una curva y es acero de lo que hablamos…
- ¡Rápido, antes de que cambie de opinión! Dije tajantemente.
- Por tratarse de la casa Tyrell, el precio tiene que ser justo. Estuve pensando que dos dragones de oro por pieza serán suficientes. Dijo Gormon, sus ojos rebelaron su codicioso pensamiento.
Lo mire fijamente. ¿Pensó que estaba senil? Se preguntó . Observando detenidamente, Gormon tampoco estaba en las mejores condiciones, la edad castigaba a todos por igual.
- Te daré dos mil dragones de oro por dos mil de estos nuevos juguetes.
- ¿Solo dos mil? No alcanzara…
- Esperas que crea que vas a forjarlos tú mismo. Soy anciana, pero aún tengo sentido común. ¡Agradece que no se lo encargue a mis herreros! Dije efusivamente, sabiendo que mis palabras tenían sentido.
Con la cara de vergüenza acepta el trato. Solo pensar en el trabajo que realizaba Gormon, hace que el honor de la orden caiga en el fango a sus ojos. No era diferente a ser un comerciante.
- Entonces voy a proceder, gracias por su patrocinio.
- Sí, sí, no te olvides, quiero ese aserradero tuyo en pleno funcionamiento cuanto antes.
- ¿Ehmm? Hare lo que pueda. Dijo Gormon, dudoso de su respuesta.
¡Sí, definitivamente era como un comerciante! Pensó. Como se decía, una vez entregada la mercancía, el resto era historia.
- ¡Quiero que lo hagas no que lo intentes! ¿Quieres que financie tus juguetes o no? No sería prudente que prueben su paciencia, se lo haría entender.
- ¡Hice todo como estaba en los diseños! Juro Gormón.
Suspiro lentamente "Era como hablar con una piedra" ¿No había alternativas acaso? Se preguntó . En momentos como estos, extrañaba a su nieta. Ella siempre supo cómo responder a sus palabras.
- Entonces busca ayuda. ¿El maestre de ese niño tuvo algo que ver?
- Sí, es cierto ¿Tal vez pueda pedirle un favor?
Estaba impacientada por las vagas respuestas del maestre. Las cosas que hacía por su casa jamás serán recordadas.
- ¡Entonces ve! ¡El problema no se va a resolver solo! Decidió ahuyentar a su visita.
Mientras Gormon huía de su presencia, se planteaba si invitar o no al niño Bolton. Era un futuro incierto, muchas jóvenes promesas acabarían enterrados en los caprichos de la vida. Incluso en estos tiempos de relativa paz, el juego seguía su curso, solo espera pasar sus años restantes en paz.
punto de vista
292 AC - 13 años
- ¡No voy a apostar ni una moneda más! ¡Estás haciendo trampa!
Me imaginaba ser la persona más honesta de todo Westeros, mis palabras no podían ser cuestionadas, no tenía por qué mentir. Quizás lo haría si la situación lo amerite; por otro lado, cuando se trataba de juegos de azar, ahí sí que las palabras se quedaban cortas, después de todo, no se ganaban los juegos hablando. ¿Abusar de las trampas estaba mal?
-¿Trampa? Solo es suerte. Respondí con mucha seguridad.
- ¡No! ¡Es imposible que ganes!
El tipo estaba furioso, seguramente perdió monedas que no podía gastar. La multitud reunida se puso agitada, ser acusado de trampa era lo que uno menos desearía en este lugar. Estaba en una casa de juegos de Cyvasse, después de todo.
El Cyvasse era un juego de mesa parecido al ajedrez; Sin embargo, tenía un componente de suerte. La pantalla en medio permitiría ocultar la formación del enemigo, haciendo el juego complejo y emocionante en las mismas proporciones.
- Ahhh, suspiro . - Solo dame mis monedas.
- ¡No te voy a dar nada! Vocifero su reciente conocido.
Por su aspecto deducía que era uno de los recién llegados a Oldtown, un novicio. Probablemente algún pobre diablo pues vestía ropa desgastada y llevaba el pelo largo.
Con determinación en los ojos, el sujeto se levantó con aprensión en el rostro. En un afán de rebeldía arrojo el tablero por los aires. Las fichas se estrellaron contra el techo, parecía que intentaría huir.
Aunque el escape del lugar no era imposible, su consecuencia era caer en la vergüenza propia y ajena. Dyron sabia más del asunto , la caminata de la vergüenza lo lleno de pesadillas, pese a ser salvado en el último segundo.
Aquel día Drak lo encontró a tiempo y pudo llevar las monedas para salvar a su amigo de la deshonra eterna. La próxima vez debería esconderse mejor. Pensó .
- ¡Está escapando! Se escuchó el grito en el recinto.
- ¡Atrápenlo! ¡Debes pagar!
El novicio dio el espíritu de su vida, pero no llegó muy lejos. En la entrada los guardias lo redujeron amablemente. Algunas suplicas después fue escoltado fuera de la casa de juegos, su vida en alto y su dignidad por los suelos. No era un mal trato pasear desnudo. Pensó . No todos los novicios podían llegar a ser maestres.
- ¿Es el quinto de la semana? Pregunto Drak
- Si, parece que la puerta principal es la salida preferida de los fugitivos. Dijé_ _
- Es de esperar, este lugar solo tiene una entrada, mi Señor
- Supongo que sí.
- ¿Qué hará con sus ganancias, mi Señor? Pregunto Drak
Estaba de nuevo tanteando mi humor. Las espadas juradas habían desarrollado la habilidad de sangrarlo cuando vieron el dinero de las apuestas. Ahora que lo pensaba, tal vez Dyron quiso imitarlo y ganar algunas monedas . Soñar no costaba.
- Sabes la respuesta, Drak. Libros, pergaminos, tintas y conferencias. Forjar una cadena no es barata.
Drak quedó decepcionado por mi respuesta, por otro lado, Dyron miro de reojo su conversación. ¿Pensaron que el dinero crecía en los árboles?
- Su padre estaría orgulloso de usted, mi señor. Aparentemente Dyron intentaba ganar mi favor de otro modo.
- Supongo, cinco eslabones en un miserable pero año productivo. Uthor debería vender su cadena y dedicarse a otra cosa. Dije .
Toco levemente el collar incompleto que portaba, cinco eslabones de oro adornaban su acabado en finas trenzas, era un collar lujoso. Se encontraba en la cima de los acólitos (novicios que obtenían al menos un eslabón) al menos cuando se trataba del elemento oro.
El Archimaestre Ryam pretendía indiferencia cada que cruzaban miradas. Sus celos eran justificados como portador de los artilugios de oro. Se preguntó qué pensaría el Archimaestre si llegase a tener más eslabones de oro que él.
- Mire mi señor, otro intenta escapar. Era un día desafortunado para los perdedores, Dyron anunció una nueva fuga.
- ¡Está escapando! Se escuchó nuevamente.
- ¡Atrápenlo! ¡Debes pagar!
- Parece ser un día especial. Dijo Drak cuando la persecución se dio .
A diferencia de los anteriores, este fugitivo logro darse cuenta de la trampa de la entrada. Cambio de rumbo en el último momento forzando a una persecución del gato y el ratón. Vio como los guardias subían y bajaban escaleras, en su búsqueda.
- Vamos, es hora de prepararme para obtener mi sexto eslabón. Dije algo distraído por la situación.
Acorralado por la gente del recinto, el fin del fugitivo parecía cercano. Probablemente también el fin de su estadía en la ciudadela. Pobre sujeto. Pensó , el camino de la vergüenza le pareció humillante. ¿Deberías comprarle una manta para el frío? Se preguntó.
- ¡Mi señor cuidado! Un grito lo desconecto de sus pensamientos.
Vio que se encontraba alejado de una multitud curiosa que lo miraba. Inesperadamente una situación desagradable encontró camino hacia su persona. Un objeto afilado fue presionado en su cuello, aparentemente era perfecto para el papel de rehén. ¡ Olvida la manta! ¡Un féretro funcionará!
¿Existirá algún tipo de compensación por este tipo de situación? Se preguntó. A pesar de que no le gustaba apostar con su vida, no se quejaría por algunas monedas de más. Su dinero recientemente comenzaba a escasear.
- ¿Tienes dinero? Un susurro llegó a sus oídos, el sujeto le hablaba.
- No para ti. Respondí
- ¡No estoy bromeando! Mi vida depende de la respuesta.
Podía sentir el ambiente tenso y el punal en la garganta. Aunque, mis espadas juradas estaban tranquilas por alguna razón. Vio a Drak en pose de contemplación, Dyron, por otro lado, se encontraba sentado terminando un trago. ¿Le tienen fe o renunciaron a sus votos? Se preguntó . Seguramente acortar su pago hará replantear sus prioridades.
- Si tengo dinero. Respondí lánguidamente. - ¿Ves a ese tipo, es mi espada, puedes pedírselo? Pregunte, señalando a Drak.
- ¿Tú no tienes? Pregunto algo temeroso.
- No, así es más seguro, deberías rendirte. Dije señalando a Dyron . - El otro tipo también es mi espada.
Algo de realización se dibujó en el rostro de su secuestrador. No estaba nervioso, aunque supo que algo tramaba.
- ¿Eres Domeric Bolton? Pregunto inesperadamente.
Con un puñal en el cuello y un sujeto preguntando por su nombre, la desconfianza lentamente inundo sus pensamientos. No iba a esperar a que sus miedos lo controlen.
Con toda la fuerza, que su joven cuerpo pudo juntarse, se liberó del agarre del punal. Una pequeña herida fue el costo, pero le comprometió tiempo suficiente. Un puntapié desestabilizo al sujeto, lo suficiente para a terminar el espectáculo con un golpe contundente en su cabeza. "¡Pumba!" El cuerpo del sujeto callo como un venado de un flechazo.
- ¡Ja, ja, ja! Mi señor, eso fue increíble. Canto Drak de forma socarrona.
- ¿Qué diablos hace Dyron? Pregunte , receloso por el abandono de su espada.
- Dijo; si no puede con uno de los niños de Oldtown, entonces no había nada que hacer.
- ¿Ah sí?, pero este tipo no es de Oldtown, por su aspecto debe ser de Riverlands. Dije, ya sentado en una silla.
Con una mirada evaluadora note las características del muchacho. Desde su lugar Dyron se acercó a evaluar al sujeto. Estaría bien saber con qué o quién estábamos tratando.
- Esta en lo correcto mi Señor. Además, debe ser un bastardo, por cómo se comportaba. Afirma Dyron.
- ¿Deduce sus antecedentes, por cómo se comporta? Preguntó
- Eh conocido a varios bastardos, salta a la visa. Aseguro Dyron . - Y este símbolo, que se parece al de una trucha. Debe ser un bastardo de la casa Tully. Concluyo .
Mientras Dyron rebuscaba alguna compensación en los bolsillos del tipo, puse mis ojos en la cadena incompleta que portaba, plomo y plata ¿Venenos y curación? Interesante combinación, así puedes componer y descomponer a la gente Me dije. Aunque probablemente esa cadena jamás se complete ahora.
- Debe ser uno bien pobre, no tiene nada excepto esta cosa. Dijo Dyron sosteniendo la cadena incompleta.
- Sigue siendo plata, el plomo por otro lado no tiene valor para mí. Dijé. – Tal vez algún maestro le de uso. Sórdidamente, una mano se arrastró para evitar el robo de su cadena .
- ¡Se despertó!
La mano sujetaba el brazo de Dyron. La vista endeble del muchacho daba cuenta de su voluntad, pero también de su estupidez. No había nada que pudiera hacer para recuperar sus pertenencias. Estaba escrito en piedra. ¡Era el derecho de las víctimas!
- Me considero un buen sujeto, tomare esta cosa como compensación por tu falta. dijé
- Eso no puede considerarse apropiado, mi señor. Respondió el tipo.
Sus lánguidas oraciones llenaron el ambiente de incertidumbre. Estaba más tranquilo de lo que pensaba.
- ¿Por qué no? Agradece que tu vida me sea indiferente, no todos pueden amenazarme y seguir en pie.
- ¡Le estoy eternamente agradecido! Agacho la cabeza . – Sin embargo, una cadena no le otorgará el conocimiento que se requiere para fórjalo, mi Señor. Dijo apresuradamente.
- No me importa, tengo suficiente conocimiento. Venderé tu cadena al mejor postor.
Vi al muchacho temeroso por tal perspectiva. Vender la cadena de un maestre fue un sacrilegio para muchos. El dinero es dinero . Pensé.
- No lo venda, puede darle un mejor uso, mi señor. En ese instante, la voz del muchacho empezó a sonarle molesta.
- ¿Un mejor uso? Pregunto aburrido.
- ¡La cadena de un maestre es su vida y en sus manos está la mía! Dijo el muchacho con resolución ardiendo en sus ojos.
Miro la cadena que sostenía. Se consideraba bueno leyendo rostros; Sin embargo, el muchacho que estaría triste por su perdida, no lo estaba. Tenía un rostro de resolución, algo de aceptación y un poco de ¿ felicidad ?
- ¡Es por eso que permítame servirle, mi señor! Grito, ya arrodillado con el rostro emocionado.
- ¿Qué haces…?
La situación parecía algo irreal. Estaba parado con una cadena incompleta en la mano. Un muchacho arrodillado, jurando lealtad eterna después de poner un puñal en su cuello. Drak y Dyron bebiendo algún vino aguado en un rincón y una multitud curiosa que cotilleaba a mis espaldas, ansiosos por mi respuesta.
¿Es esto el destino? Me pregunté.
