Capítulo 12 parte 2 Decisiones
POV Arrén
Mucho había pasado en la nueva ciudad desde que el irremediable Roose Bolton había muerto. Algunos pocos comerciantes vendieron todo y se marcharon, argumentando que el nuevo Señor no sería diferente que el anterior. La gran mayoría esperaban una respuesta más directa de su nuevo Señor.
En su caso fue más una certeza, podría jurar por los antiguos dioses, que el mocoso no clavaria el hacha en su cuello. Era eso o el niño que lo hizo rico simplemente lo engordo como a un cerdo para el matadero.
Un estrado público se había alzado en este día tan esperado. Un raro clima templado auguraba buenas señales para el evento del día, eso y que el tocón del verdugo no se veía por ningún lado y al verdugo tampoco.
- Nunca pensé en ver otra ciudad en el norte…
- ¿Verdad que no? El olor a mierda aún no se compara con la capital real. Desembarco del Rey huele tan mal que los perros rehúyen del lugar. Dijé.
- Alguna vez me gustaría ver si es verdad… Respondió su acompañante.
- ¡Claro que no es verdad! ¡El rey no lo permitiría! ¡Solo un tonto creería eso! Ja ja ja. Dije tan seguro como pude, nunca estuve en la capital.
El bastardo respondió encogiéndose los hombros. Miro curioso su rostro, aun con la carga de su ajetreada huida, veía que tenía el porte noble de los Karstark. La manzana no caía muy lejos del árbol supuso.
- ¿Eres un bastardo de los Karstark?
- ¿Uhmm? Sí, pero, soy hijo de una rama familiar. Mi padre murió antes de conocerme y luego mi madre también murió.
Triste historia. Pensó. Podía contemplar la vida de un bastardo huérfano, al menos el mocoso mal agradecido de Ramsay tenía a su madre y un… ¿hermano?
- No te preocupes el nuevo Lord Bolton no es como su padre, además, creo que tiene predilección por los bastardos.
- ¿Disculpe? Pregunto el Snow algo dudoso.
- Si, últimamente anda con dos bastardos por todos lados, uno es su hermanastro y otro lo trajo desde Oldtown, curioso ¿verdad?
- Supongo…
Respondió Ben Snow consternado.
.
.
.
Los esperanzados rostros de los acusados acabaron con el ambiente lúgubre que imperaba en el lugar.
Había creído por mucho tiempo que Domeric ejercería su propia fuerza, discutiría los resultados de sus conclusiones y emitiría su juicio. En ese caso no tendría que estar parado y soportando el doloroso calambre en sus pies. Maldijo su edad y su peso respectivamente.
El dolor paso por momentos, pero eventualmente una sorpresa eclipso su molestia. Fue cuando Domeric y el maestre Uthor subieron al estrado, seguidos por...¿Belys? ¿En qué asuntos andaba el braavosi esta vez? Se preguntó.
Espero con impaciencia, inevitablemente vio su entorno. No pudo dejar de notar que la gran mayoría también se preguntó lo mismo ¿En qué momento empezara el espectáculo?
La espera se hizo corta.
- ¡Ciudadanos!
Distraído en sus pensamientos, la voz del nuevo Lord lo despertó. Se escuchó el llamado en la plaza donde el estrado se erguía para todos los presentes.
- ¡Los he convocado hoy, porque tengo grandes noticias para el futuro de la gente! Es de conocimiento común que el crimen reina en las calles de esta gran ciudad. Los hombres encuentran su muerte en sus escurridizas calles, las mujeres entregan su honor en las esquinas y los huérfanos rehúyen de la injusticia en silencio.
En sus pensamientos los argumentos de Domeric parecían cobrar fuerza. Todos en la ciudad alguna vez escucharon sobre el aumento del crimen.
- ¡Por miles de años este problema sucede y sucederá en toda gran ciudad! ¡El sur es testigo de ese hecho!
¿Miles de años? Un poco exagerado. Casi aseguro que el mocoso aprendió a endulzar su discurso con los viejos de Oldtown. La voz, aunque algo inmadura llego a todos los rincones de la plaza.
- ¡Es por eso que hoy, en nombre del orden y la justicia he decidido crear un nuevo cargo para esta gran ciudad! ¡Esta persona será la encargada de todo cuanto suceda y lo que no debe suceder!
Menos de un segundo después, cientos de voces y murmullos resonaron entre la gente. El mismo sintió que el estado de las cosas cambiaría con esta nueva figura de autoridad.
- ¡Por lo tanto!, ¡Yo!, ¡Domeric Bolton, Lord de Dreadfort, nombro al magister…para que cumpla…
- ¡Hurra!
- ¡Hurra!
- ¡Viva el nuevo magister!
La celebración y los aplausos ensordecedores llegaron rápido. Apenas pudo notar las miradas curiosas.
- ¡¿Qué dijo?! Pregunte, aun con toda la rara situación a mi alrededor.
- ¡Felicidades Magister…! ¡¿Es casi tan noble como yo ahora?! Le respondió el Snow
- ¿Qué…?
Y aunque el sonido ensordecedor lo privo de la noticia, las miradas constantes fueron un presentimiento de lo que le aguardaba.
Aunque no pudo esperar a comprender, no antes de ser arrastrado por la multitud eufórica.
.
.
.
Finalmente estaba sentado, el dolor mermo y sus pies se lo agradecieron.
"Magister Arren" No sonaba tan mal. Estaba satisfecho e infeliz. Una combinación de sentimientos rara. Satisfecho porque ahora tenía cierto estatus e infeliz porque prácticamente fue empujado a asumir tal responsabilidad. "¡Que se supone que debía hacer cuando cientos de personas te aclaman y otras tantas te empujan!"
- ¡El siguiente testigo es llamado!
- ¡Asesinos! ¡Asesinos!
- ¡Bruja!
Los gritos enfurecidos de la muchedumbre sonaron en todos lados. Algunos incluso arrojaron sus quejas en forma de tomates y huevos podridos a los condenados.
El juicio había empezado y ahora estaba oficialmente desempeñando su primera función como el "nuevo magister" de la nueva ciudad. Presidir un juicio público no entro en mis planes esta mañana.
Los condenados entraron uno por uno, y una sensación de melancolía lo lleno de tristeza. En su mayoría eran comerciantes como el, casi todos eran sospechosos. Sin embargo, bastaba con ver sus maltrechos e intimidados rostros para saber que tenían la sensatez de no cometer tal locura.
Cargar con la muerte de uno era distinto que con la de sus familias, pues lo condenados ahora están en juicio junto a sus familias. Así de dura era la pena por matar a un noble.
- Ambos sabemos la finalidad de este juicio.
El hombre con el parche en el ojo comento en su dirección.
- Una advertencia de nuestro nuevo joven lord… "No los matare, pero puedo hacerlo" Siguió hablando el hombre del parche.
- La triste realidad a veces puede ser difícil de digerir, en especial para los que prueban un poco del poder del dinero. Dije
Esos mercaderes seguramente lamentarían el día que no pagaron sus tributos. El dinero los cegó y ahora se enfrentan al escarnio público. Seguramente algunos de ellos tendrían que dejar este lugar y embarcarse hacia una nueva vida.
- ¿Está hablando de usted? Magister Arren. Dijo Belys cuando la nueva realidad apenas se asentaba en sus huesos.
- Ser magister… no significa nada. Respondí
- Lo sé, por eso decliné cuando me lo propuso por primera vez.
El poder estaba en donde… escucho mal… ¡¿Declinar?! Sintió por un momento que había sido apuñalado por la espalda. El anciano Braavosi estaba tranquilo; sin embargo, lo conocía lo suficiente para sentir que se regodeaba en su presencia.
- ¿Declinaste? Preguntó, aparentando indiferencia.
- ¿Quién querría un magister extranjero en su ciudad? Se lo explique a Lord Bolton y pareció entender mi punto.
Seguro que nadie disfrutaría ser gobernado por un extranjero. Al menos el anciano tuerto tenia sensatez.
- ¿Y empujaste mi nombre en su decisión? Preguntó con una leve molestia.
- Por supuesto, que podía hacer; de hecho, el joven Lord estuvo más interesado en el término "alcalde".
¿Alcalde? ¿Qué era eso? Magíster sonaba mejor. Al menos se sabía de la posición de magíster en las ciudades libres… ¡Ciudades libres! ¡Braavos! ¡Belys el Braavosi! Tenía sentido…
- ¿Que es un alcalde? No lo entendía. Por eso cuando le hable sobre el consejo de los magísteres de Braavos, pareció que Lord Bolton cambio de parecer. Dijo Belys
- Entiendo, tu idea era utilizar mi nombramiento y evitar ser señalado como extranjero.
- No creíste que serías el único, verdad.
Ambos pensarían en las ganancias y en los riesgos. Era el juego del poder, sabía que tenía la baza de la confianza. No había hecho nada para debilitar la confianza de Domeric, todos estos años hizo todo lo que le dijo, incluso lo no le dijo.
- ¡Los presos serán condenados a pagar la multa equivalente al doble del tributo correspondiente! ¡En tanto cooperen con las investigaciones, serán excluidos del delito de asesinato y perdonados en consecuencia! Se escuchó al maestre Uthor dictar sentencia.
Se preguntó, para que todo el espectáculo. Misteriosamente los más cercanos a los Bolton sabían de la existencia del asesino. Muchos creían que estaría entre estas pobres almas. Solo él sabía la verdad. El verdadero asesino estaba escondido en Dreadfort.
.
.
.
POV Domeric
294
Dreadfort
El frio aumento rápidamente. Las gotas de agua filtrada en las paredes contrastaban con las capas de hielo que se formaban. El lugar había sido testigo de los mayores horrores en toda su historia. La famosa mazmorra de Dreadfort siempre seria el sitio de innumerables torturas y gritos estridentes.
- Lo describiría mejor como una lección. Dije
- Solo digo que no está bien que se crea que el juicio fue un espectáculo. Dijo Tylan
- Por lo contrario, habrá más espectáculos de ahora en adelante. Aunque será el deber de los nuevos magísteres.
El barro en sus botas llego a su fina capa y pronto pudo ver porque este lugar era tan infame en las historias. Varios cadáveres estaban expuestos en posturas lamentables dentro de pequeñas celdas. Se preguntó si habían muerto de dolor o de inanición. Una fugaz expresión de tormento aún quedaba incluso en sus restos óseos.
Tylan parecía reflexionar en mis palabras, era un tipo muy intuitivo después de todo.
- Otorgar poder a la gente puede dar una mala idea de debilidad, mi Lord. Dijo Tylan
Aunque tenía razón, había cierto agujero en su lógica.
- Puede que tengas razón; sin embargo…
Continúe con toda la poca paciencia que tenía. El lugar fue estresante, los muertos debían estar en tumbas y no expuestos como ferias, después de todo.
- El poder no es algo que se dé Tylan, el poder se toma.
Dije, tan pronto como llegamos al final de nuestro recorrido, era la celda más recóndita del lugar. Un sitio en el cual el día y la noche parecía no tener sentido. Alumbrado por poco más que algunas antorchas, dos enormes guardias custodiaban la entrada, vestidos con armaduras propias de sus espadas juradas.
- Soy consciente de su fortaleza mi Lord, solo me preocupa que este subestimando la situación.
- Oldtown no es como el resto de Westeros. Los siete reinos siempre se rigieron por el poder de las armas, como los Targaryen y sus dragones. Dije
A su mando la fría entrada de metal se abrió lentamente. Entonces, muy lentamente, la luz de las llamas se fue filtrando tumultuosamente en el espacio oscuro. Con la escasa luz al fin pude ver a nuestro prisionero más interesante.
Un hombre encadenado en la pared de la celda miro en nuestra dirección
- Y …como los Targaryen, he aquí nuestra nueva adquisición...
Dije cuando un pequeño frasco rojizo se deslizo por mis dedos.
El prisionero tenía la piel pálida como la muerte y los ojos rojos de sangre. La privación del sueño pondría a cualquiera en desequilibrio mental y físico. Vestía el traje común de los cortesanos, pero desgastado por su cautiverio.
- Hola "Lurs" (Heraldo de los Bolton) … Estás listo para decirme tu nombre real ¿O tengo esforzarme más?
- Mi nombre es…no… no nombre…no tiene nombre…no…
Seguía divagando a pesar de mis esfuerzos. Ciertamente el asesino tenía una increíble fuerza de voluntad. "Es una lástima tener que romperte, pero no me dejas opción" Se dijo.
- Parece que aun quieres jugar, entonces no queda de otra... Tylan... Susurre
- ¡Guardias! ¡Esta vez cubran su boca, si no quieren perder los dedos! Grito Tylan.
Inmediatamente los dos enormes guardias entraron y sujetaron al prisionero. El esfuerzo del hombre por resistir fue admirable. Lastimosamente sus circunstancias lo trajeron a mis mazmorras.
Ese día en las mazmorras de Dreadfort los gritos de un hombre sin rostro ahuyentaron a las ratas y perturbaron los corazones de los prisioneros.
.
.
.
En una lúgubre sala de Dreadfort ocurrió una importante conjunción de personalidades. Sentados en una larga mesa las personas guardaban la respuesta de su joven Lord.
Las noticias de sus vecinos del norte empezaron a cobrar fuerza en ese mismo instante. Un bastardo de la casa Karstark había llegado junto al primer magíster, una noticia importante fue entregada.
- El banco de hierro tiene bien asegurado sus intereses. ¿Me pregunto qué hice para merecer tal atención? Dije fastidiado con un suspiro interno.
- Crees que es por… ¿Cómo lo llamabas?… ¿Aserraderos? Pregunto Tylan tan dudoso como el resto de los presentes.
- El Banco de Hierro siempre obtiene lo que quiere. En mi experiencia, fomentar a tus enemigos es su forma de pedirte "amablemente" que no resistas a sus intenciones. Dijo el segundo magíster, Belys Enniros.
El braavosi parecía conocer el amplio y sombrío panorama que los envolvía. Casi en ese mismo instante pudo sentir el aire de incomodidad que se filtraba en el ambiente. ¿Qué podía hacer contra el Banco de Hierro? Se preguntó. El banco de hierro estaba regando oro, en nadie más que sus belicosos vecinos.
Seguramente se preguntarían que hicieron los Karstark, además de ya haber pedido un préstamo, pues pedir otro.
- Cuando me fui de Karhold, las relaciones con los Bolton parecían tensas. Internamente se discutía de un posible conflicto. Dijo el bastardo de los Karstark.
- ¡¿Qué puede saber un bastardo?! ¡Lord Stark jamás permitiría un conflicto entre sus vasallos! La mejor opción es mediar, Lord Stark es un hombre justo y estoy seguro de que su padre tendría la misma opinión. Escucho argumentar a Uthor, tan seguro de sus palabras, como siempre.
El "ofendido" bastardo tomo la afrenta como algo sin importancia. Miré al viejo maestre. Seguro que su falta de atención no había cambiado. Pensé.
Pensé en el supuesto escenario del avejentado maestre; en cómo Lord Stark pediría al Banco de Hierro que deje de financiar a sus vasallos. Bajo alguna lógica rara, eso parecía lógico para su maestre. El viejo no solo había envejecido más, también estaba más loco.
- Los Karstark solo necesitan una excusa. El difunto Lord Bolton lo sabía y aun así se las proporcionalo de todos los modos. Dijo Arren, las travesuras de su padre empezaron a molestarlo.
- Supongo que ninguno de los presentes pudo asesorar correctamente a mi padre en ese sentido. Dijé
La mirada de los presentes se desvió buscando algún culpable o al menos intentando buscar una excusa o razón alguna. No tardó en darse cuenta de la mirada confianzuda de su primer magíster.
- ¿El Primer Magíster, tiene algo que compartir? Pregunte inadvertidamente al tranquilo Arren.
- Uhmm…Mi señor, debe entender que asesorar a su padre fue una tarea muy ardua. Especialmente sabiendo que podías acabar…ya sabe…despellejado…ja ja…ja.
La risa aislada de Arren resonó en la sala. El eco del lugar llego a los oídos de los presentes. Una pequeña sonrisa inevitablemente se dibujó en mi rostro, aunque para muchos mi reacción recordó al anterior Lord Bolton, inexpresivo y severo.
- ja ja…Debo admitir que el primer magíster tiene algo de razón. Dijé
- Verdad que sí, mi Señor. Su primer magister no tuvo reparaciones de continuar el juego.
- ¿Alguien en esta sala tiene idea a que nos enfrentaremos? Pregunte, esta vez con un tono más serio.
Ante el silencio de la sala. La determinación de la joven figura del bastardo Karstark parecía haber decidido a hablar.
- Mi señor, en el pasado los Karstark siempre se han procurado de diez mil dragones de oro para superar el largo invierno. probablemente esa cantidad recaudada no diste mucho de la cantidad para un posible conflicto. Dijo Ben Nieve
- ¡¿Cómo estás tan seguro?! Pregunto Ramsay con prontitud.
La mirada aguda de su hermano resalto su actual estado, estaba algo impaciente. Seguramente sentirse superado lo carcomía por dentro. Ya no era el único bastardo en la casa.
- Soy un bastardo de los Karstark, además también fui mercader. Obtener información de mis conexiones en Karhold fue durante mucho tiempo mi pasatiempo. Respondió Ben Snow.
- No tiene que preocuparse mi señor, ya di aviso, mis contactos en Karhold no tardara en enviar información. Agrego su primer magíster.
- Si el tiempo lo permite, que así sea, mientras sigamos pensando en las consecuencias. ¿Porque no mejor ir a la raíz del asunto? Dijo Belys, el braavosi.
El segundo magíster se expreso y mirando al grupo de forma evaluadora. Mire al anciano Braavosi, aunque el parche daba la sensación de hablar con un pirata, los vestidos finamente elaborados contrastaban con su aire aventurero.
- Explíquese segundo Magíster. Dijé
- Solo digo que pactar con el Banco de Hierro puede ser difícil, pero que no deja de ser una alternativa. Incluso podríamos…
- Lord Roose Bolton ya lo intento, solo pidieron una cosa, incluso estaban dispuestos a perdonar la deuda por ello… Uthor intervino.
Mire detenidamente a la explicación de Uthor.
Estábamos como en el principio. Las cosas no tenían soluciones simples, pero la guerra... "Siento que herede un conflicto innecesario. ¿Eran tus intenciones ponerme a prueba padre?" Estaba en cierta medida cansado de las guerras. Pero si era arrinconado que más podía hacer.
El marco de la ventana abrió paso a su visión, mirando al lejano horizonte donde el sol se escondía entre las montañas, mi voz divago en las consecuencias de mis decisiones.
- Madera y más maldita madera…leña para las noches frías, vigas para las casas, mástiles para barcos, muebles y otros miles de cosas. Recordé la importancia de nuestro negocio. – Quizá inicialmente teníamos poco que ofrecer, pero eso cambio en algún momento. Ahora es un mercado real y el Banco de Hierro lo sabe, apostaría a que varios Lores de Westeros lo saben también. Dije, recordando el reconocimiento que su casa recibía en Oldtown.
Suspire, cansado por las razones que una inadvertida guerra de intrigas traería a su tranquila vida. Por otro lado, una guerra real también aumento el peso en sus hombros.
- El préstamo es solo el principio, saben que eventualmente resolveremos ese dilema. Por lo tanto, ahora quieren morder por otro lado…quieren concesiones…puede ser tecnología, nuestro negocio e incluso nuestros bosques. Pero al final lo que en realidad quieren son nuestros recursos, y no quieren pagar por ello…
- Braavos siempre dependió de otros reinos para conseguir recursos, por eso son tan buenos comerciando. Dijo Belys
Parecía que el Braavosi sabía bien de lo que hablaba.
Inadvertidamente miro a Arren. Su contextura ancha no había cambiado mucho desde que lo conoció. El resto de su gente también tenía minúsculos trazos de inexperiencia. Salvo por Belys, estaba seguro que todos ellos eran ajenos a los entresijos de la guerra.
- Primer magíster…Dije pensativo
- ¿Si…mi lord? Respondió Arren, con algo de duda.
- ¿Si mañana partiera a una guerra, cuantos hombres pueden ser transportados por mar?
- Trasportados por mar…si solo tomamos en cuenta a hombres y no caballería…unos tres mil…máximo.
En ese instante el curso de mis pensamientos pasó por las experiencias de mi vida pasada. Inevitablemente mis ojos se cerraron y mi respiración se volvió pesada. Dentro de mi mente los pensamientos llegaron solos… "Espero no ser humillado esta vez"
- Tu nombre es Ben Snow ¿verdad? Pregunte.
- Si, mi lord.
- Bien, iras a Braavos para devolver mi préstamo con el Banco de Hierro. Dirás que estoy interesado en otro préstamo. Si aceptan, inventa excusas y gana tiempo. Si no aceptan, entonces advierte que la Casa Bolton ya no negociara con Braavos y gana tiempo.
Antes de que el bastardo respondiera continúe con mi pedido.
- Tu familia será resguardada en Dreadfort hasta tu regreso.
Aun con la mirada perdida, el bastardo Karstark solo atino a asentir con el rostro resignado. Si pudo huir por su familia, entonces estaba seguro que cumpliría con sus órdenes.
- Ramsay, buscaras a Locke y Walton. Detengan todas las travesuras que mi padre impuso en la frontera de los Karstark. Iniciaras con el reclutamiento, solamente infantería. Tylan por tu lado quiero que sigas trabajando en nuestro pequeño proyecto de las mazmorras… Si los tres hacen bien su trabajo tendrán una justa recompensa. Pueden retirarse..
Los bastardos se miraron detenidamente durante un breve momento, antes de partir cada uno por su lado.
- Mi señor, trabajar con bastardos, no creo que sea correcto…
- Maestre Uthor, no pedí su opinión… Dije, pausando las quejas del maestre de manera cortante. – En cambio, envía un cuervo a Winterfell para anunciar a Lord Stark. Diga que los Karstark tienen planes de guerra en base a lo que se discutió en esta reunión. Infórmale que iniciare con la preparación para la defensa de mis tierras. Si es como piensa, entonces el justo Lord Stark debe impedir el curso de un posible conflicto…puede también retirarse.
- ¡Si mi señor, enseguida!
Dijo el maestre entusiasmado de probar su punto. Sus cadenas sonaron con el paso rápido de su andar, al salir del lugar. Por tanto, el salón quedó prácticamente vacío, salvo por la presencia de los dos nuevos magísteres.
- Entonces mi Señor. ¿Qué órdenes tiene para nosotros?
Dijo Belys, aunque pariciese ser la misma pregunta en la mente de Arren.
- El asunto es simple magísteres…quiero ampliar el muelle y construir un astillero, lo suficiente para contruir barcos y transportar a diez mil hombres de infantería. Solamente de esa manera estará tranquilo.
El silencio pareció explicar la difícil condición que impuse, sabiendo que solo disponíamos de suficientes barcos y barcazas para movilizar a tres mil hombres. Se preguntó si alguno de sus nuevos magísteres respondería a su pedido. "¿Exagere?" Se preguntó. Incluso estaba seguro que, si le daba tiempo al asunto, alguno de los dos terminaría renunciando.
Y aunque el tiempo era relativo, su impaciencia no lo era y su diálogo continuo.
- Sé que el tiempo es un problema en sí, pero aún más la falta de oro. Por eso quiero explicar mi plan para superar este pequeño inconveniente.
- ¿Pequeño?... Dijeron ambos al mismo tiempo.
- Para ser preciso, honorables e incrédulos magísteres … ¿Alguno de ustedes sabe lo que es el "Mercado de Bonos"?
