Advertencia: El siguiente capítulo contiene escenas de violencia y sexualidad
Abraza la manada
21
La guarida de Oregon
Primera parte
El jefe Rodrick recibió a su hijo menor con un abrazo y un gesto de preocupación. Éste no dijo nada y se colocó a su lado para hacer las presentaciones adecuadas.
—Padre, él es el jefe Anthony Brower, de Michigan —dijo al tiempo que el aludido extendía su mano para saludar al jefe Rodrick.
—Un gusto conocerlo, jefe, aunque, creo que no es en las mejores condiciones —saludó el hombre mayor.
El jefe Rodrick era alto, musculoso, de facciones severas. Tenía un espeso cabello negro que se fundía con una barba también oscura y bien cuidada. Lo que más llamaba la atención de su aspecto eran sus profundos ojos, tan oscuros que parecían negros y que obligaban a cualquiera que lo viera a desviar la mirada. Sin embargo, Anthony no lo hizo.
—Se trata de su hijo Aquiles —dijo Anthony sin rodeos.
—Siéntense, por favor.
Rodrick señaló las sillas frente a su escritorio y Anthony así lo hizo, pero Héctor se mantuvo al lado de su padre.
—También tú, hijo.
Héctor obedeció y se sentó al lado de Anthony.
—Ahora, díganme qué pasó. ¿Por qué se separaron tu hermano y tú?, tenían que haber vuelto hace dos días.
—Padre… —Héctor inhaló profundo y se inclinó hacia el frente—. Aquiles ha enloquecido. Sigue empeñado en cazar a los humanos que han atacado a cambiantes y… —Miró a Anthony.
—Me ofreció aliarnos para darles caza —empezó a decir Anthony con tranquilidad y seriedad—. Me rehusé y pareció calmarse, pero atacó a miembros de mi manada, hiriendo a uno de gravedad con sus venenos, luchó contra su propio hermano y huyó hacia aquí para matarlo.
—¡Matarme! —exclamó el jefe Rodrick—. ¡Imposible!, ¡Es mi hijo!
—Es cierto, padre —afirmó Héctor y empezó a narrarle la pelea que tuvo con Aquiles y sus planes para apoderarse de la manada.
Anthony y Héctor detallaron cada uno de los movimientos que habían dado para llegar antes que él a Oregon con el fin de detenerlo. El jefe Rodrick negaba con la cabeza, golpeaba en el escritorio y juraba que se sentía traicionado.
—¡Mi propio hijo! —repetía una y otra vez.
Anthony lo miraba impasible. Por segundos se sentía conmovido por el hombre que tenía frente a sí, pero su desconfianza siempre era más fuerte y lo volvía a poner en guardia. Estaba completamente solo en la guarida de una manada desconocida, sus cambiantes estaban lo bastante lejos como para poder enlazarlos y tenía toda la noche para descubrir las verdaderas intenciones de esta manada.
—Jefe Anthony, lamento mucho los desastres que mi hijo causó en su territorio. Pagaré el daño y espero que su cambiante se recupere. Algunos miembros de mi manada son buenos en medicina y harán lo que puedan para que el muchacho se levante —dijo el jefe Rodrick con seriedad y compromiso.
—Gracias, pero espero que no sea necesario —declinó Anthony—. Lo que importa ahora es prever los movimientos de su hijo y ponerlo a usted a salvo. Ustedes lo conocen bien y sabrán cómo podría actuar.
El jefe Rodrick apoyó los codos en el escritorio. Meditaba sus futuras acciones.
—Alertemos a las patrullas —dijo—. Establece un perímetro y ordena a los rastreadores que empiecen a buscarlo en los alrededores —ordenó a Héctor y éste se levantó para cumplir con los mandatos de su padre—. Hijo, reúne a los más allegados a tu hermano y enciérralos.
—Sí, padre.
Héctor salió de la oficina de su padre, dejando a ambos jefes solos.
—Jefe Anthony —empezó a decir—, estoy en deuda con usted. Me ha salvado la vida y, si hay algo, lo que sea, que yo pueda hacer por usted, no dude en pedírmelo.
—Sí hay algo —afirmó Anthony tan pronto terminó de hablar el otro.
—Lo escucho.
—Hábleme de la supuesta relación que había entre usted y mi madre, la jefa Rosemary Andley —dijo sin titubeos.
—¿Qué dice? —El jefe Rodrick se echó para atrás en su asiento, incómodo por tal afirmación.
—Déjeme ser claro con usted, jefe. Acepté ayudar a Héctor a detener a su hijo sólo con la condición de que me hablara sobre la relación que usted afirma haber tenido con ella y me explicara por qué ha mentido con tal descaro.
El jefe Rodrick miró a Anthony con detenimiento. Era un muchacho muy joven ante sus ojos, más que sus propios hijos, pero el valor, seguridad y arrogancia que brotaba de su ser era impresionante; sin duda era un líder, sin duda era el hijo de Rosemary Andley.
—Conocí a Rose, a la jefa Rosemary —corrigió ante la mirada severa de Anthony— cuando ella entrenaba en Indiana. Yo estaba de paso y nuestro encuentro fue breve. Se dará cuenta que soy bastante mayor para la edad que ella tenía en ese entonces y yo ya tenía a mi compañera, Aquiles y Héctor ya habían nacido; así que, nuestro encuentro no fue importante.
Rodrick se levantó de su asiento y fue hasta la mesa de licores que había en un rincón del lugar y sirvió dos vasos de whisky. Volvió al escritorio y ofreció uno a Anthony.
—Es una buena reserva canadiense —dijo dando un sorbo.
Anthony olfateó el vaso y probó un sorbo. No estaba mal, pero… el sabor…
—Su destilado es diferente porque es hecho especialmente para cambiantes. Tiene un sabor más fuerte y una mayor concentración de alcohol.
El jefe Anthony bebió con calma.
—No volví a saber de la jefa Rosemary hasta que tomó el mando de su manada. Para ese entonces yo estaba bastante ocupado con mis negocios y los de mi hermano Richard. Teníamos un proyecto importante en puerta, lo de Canadá, y no prestaba mucha atención a lo que pasaba del lado este del país. Sume a eso la muerte de mi compañera y entenderá que nada más que mi familia me importaba.
Hablaba al tiempo que bebía e invitaba a Anthony a hacer lo mismo.
—Pasamos por una crisis financiera y necesitábamos socios y aliados, así que empecé a buscar apoyo en las manadas del país y sí, recurrí a la suya. Su reputación de excelente estratega y líder ya se extendía hasta estos lugares y creí que sería una buena aliada. Le envié varias cartas pidiendo verla y después de un tiempo accedió a encontrarnos en un punto medio entre nuestras manadas.
Llamaron a la puerta y un cambiante de casi dos metros de altura entró.
—La cena está lista, jefe —dijo el cambiante con voz grave.
—¡Excelente! —El jefe Rodrick se levantó y Anthony, por cortesía, lo imitó—. Vayamos al comedor y sigamos hablando.
El comedor era amplio y en el medio había una larga y espaciosa mesa para recibir sin dificultad de espacio a, por lo menos, cincuenta personas, pero la mesa sólo estaba dispuesta para tres. El jefe Rodrick se sentó a la cabeza, Anthony a su izquierda y el tercer lugar, a su derecha, quedó vacío por varios minutos.
Un cambiante sirvió la entrada y otro, las bebidas. El jefe Rodrick interrumpió su relato para elogiar las habilidades culinarias de su casa y Anthony respondió con cortesía. Bebieron mientras esperaban el plato principal y, en ese momento, Héctor se les unió.
—Las patrullas están avisadas —informó—. Los rastreadores acaban de salir y ya les hablé de Lucille, para que no la confundan con un intruso —dijo mirando a Anthony.
—¿Lucille? —intentó enlazarla, aunque sabía que sería imposible que lo oyera.
—¿Sus aliados? —preguntó el jefe Rodrick.
—También —contestó Héctor con firmeza.
—La traición se paga cara —sentenció su padre.
Anthony comió por compromiso. Empezaba a ponerse ansioso y el jefe Rodrick parecía disfrutar de tenerlo con la incertidumbre.
—¿Qué pasó cuando mi madre y usted se reunieron? —preguntó tras un largo trago de licor.
—¡Ah, sí! —exclamó el jefe Rodrick—. Disculpe, jefe, me puse a pensar en lo que pudo haber ocurrido si ustedes no llegaban para advertirme y en lo que debo hacer cuando capturemos a Aquiles.
—¿Qué harás con él? —preguntó Héctor.
—Lo que se hace con los traidores —respondió dando un manotazo sobre la mesa. Hizo a un lado su plato y se dedicó a beber de su copa.
Al terminar de cenar, el jefe Rodrick, que se había mantenido en silencio, ofreció tabaco a su invitado y, tras aceptar, llamó a un cambiante para que le llevaran su caja de tabaco.
—Su madre era una mujer bastante diplomática. Escuchó mi propuesta, me llenó de preguntas y dijo simple y llanamente "No" —dijo con tranquilidad, pero Anthony se estaba hartando de tanta lentitud en el relato.
Una mujer cambiante entró al comedor con una fina caja de madera en las manos. Echó una mirada al invitado del jefe y la dejó sobre la mesa.
—Vete —ordenó el jefe Rodrick tan pronto como la vio dejar la caja.
—Víctor dijo que declinó su propuesta —dijo Anthony—, ¿qué pasó luego?
La cambiante que iba ya de salida detuvo su paso y se volteó para mirar a los tres cambiantes en la mesa. No hizo falta hacer memoria, conocía el nombre pronunciado por el cambiante invitado y conocía el rostro del mismo.
—¡Anthony! —gritó, llamando la atención de los presentes.
Lo que ocurrió después fue muy rápido:
Anthony miró a la mujer que lo llamó con angustia por su nombre y se levantó deprisa. Él no la conocía, pero ella a él sí e intentó acercarse a ella.
Héctor se levantó también y con un ágil movimiento interceptó a la cambiante que quería acercarse al jefe Anthony.
—¡Vete!, ¡Salva a la manada! —gritaba la cambiante mientras forcejeaba, sin éxito, con la mole que era Héctor quien, no tuvo reparos en asestar un fuerte golpe que la noqueó y la dejó tumbada en el piso.
Anthony intentó defenderla, pero el jefe Rodrick se interpuso en su camino y lo empujó, logrando que cayera al piso. Aturdido, no por la caída, sino por algo más que le nublaba la vista y los oídos, intentó levantarse y lo logró. Dando tumbos, se acercó a la mujer que yacía en el suelo, se hincó a su lado y la sacudió para despertarla, pero no fue posible.
—¿Quién fue el imbécil que la envió? —gritó el jefe Rodrick al par de cambiantes que les habían servido la comida y llegaban al comedor tras oír los gritos de la mujer.
—¡QUÉ ESTÁ PASANDO! —exigió saber Anthony—, ¡QUIÉN ES ESTA MUJER!
—¡Una traidora! —contestó Héctor deprisa ayudando a levantar a Anthony, pero él rechazó la ayuda y miró fijamente, hasta donde sus fuerzas le permitían, al jefe Rodrick.
Se levantó por su cuenta y encaró al jefe Rodrick.
—Ya no tiene caso.
El jefe Rodrick se encogió de hombros y, mirando a Héctor, que estaba detrás de Anthony, le hizo una seña.
—¡Qué…! —Intentó hablar Anthony, pero un fuerte golpe en la cabeza por parte de Héctor lo dejó inconsciente en el piso, al lado de la mujer que lo había llamado con tanta desesperación.
Héctor y su padre observaban a los dos cambiantes inconscientes que yacían en el piso. El jefe Rodrick arrastró una silla y se sentó.
—Hice una pregunta —dijo tras varios segundos a los cambiantes que le sirvieron la comida—: ¿quién la envió?
Los cambiantes se miraron entre sí, tenían miedo y no lo podían ocultar, tampoco serviría de mucho hacerlo.
—Ella se ofreció, jefe —respondió uno.
—¡Son unos estúpidos! —gritó el jefe Rodrick. Se levantó con violencia de su lugar y acortó la distancia con los otros dos cambiantes.
No fueron puñetazos los que asestó en sus rostros, sino bofetadas; señal de desprecio y vergüenza.
—¡Ella es su tía!
Ninguno de los agredidos se movió.
—¿Qué hacemos con ella? —preguntó Héctor con tranquilidad, pues no le importaba la furia de su padre, siempre y cuando no fuera dirigida a él.
—Enciérrenla —ordenó a los cambiantes que tenía enfrente —¿o tampoco son capaces?
Los dos cambiantes bajaron la cabeza y, uno detrás de otro, rodearon al jefe Rodrick para cumplir su orden.
—Lleven al otro de una vez a la cueva —ordenó mirando a Anthony tendido en el piso.
Héctor asintió y sin mucho esfuerzo, se echó al hombro el cuerpo de Anthony.
—Te cobraré cada golpe, imbécil —dijo por lo bajo.
*C & A*
Una hora después, el jefe Rodrick y Héctor estaban sentados en una amplia y cómoda sala de estar. Bebían y charlaban con entusiasmo.
—Si analizamos la situación —empezó a decir el jefe—, sirvió que Amelia apareciera, pues aceleró los eventos. Ese muchachito ya me estaba hartando. —Héctor sonrió—. ¿Cómo están tus heridas?
—Sanaron pronto pero, aun así, me dejarás cobrársela.
—¡Claro que sí, hijo! Te has llevado la peor parte de este plan y no te quedarás con las manos vacías. Pídeme lo que quieras.
—Primero, vengarme de su tortura —respondió dando un trago a su vaso—. Segundo, su compañera.
—¡Ah, sí! Tu hermano me dijo que te gustó la mujer, pues ¡es tuya!
Le hizo un gesto en señal de brindis.
—Para lo que servirá —resopló Héctor—, es humana —dijo con desprecio—, pero altanera y yo sé cómo quitarle esos aires de grandeza.
—Haz tu voluntad, hijo. —El jefe Rodrick bebió de nuevo—. Ahora, llama a tu hermano, debe estar impaciente por salir de su agujero. Desde la tarde de ayer está ahí…
*C & A*
Evelyn sabía que su mayor poder era la seducción, su mayor atributo, su cuerpo. Eso le había permitido sobresalir en una manada que sólo otorgaba el poder a los astutos, a los que estaban dispuestos a hacer lo que fuera por mantener la balanza inclinada en favor de la manada de Oregon, en favor del jefe Rodrick.
Entró a la oficina del jefe sin llamar a la puerta. Él le hizo una señal para que esperara en el sofá mientras terminaba de hablar con el cambiante que tenía frente a su escritorio. Evelyn se sentó y cruzó las piernas con gracia, se miró las uñas como si fueran lo más hermoso del mundo y el suspiro que dejó escapar de su pecho llamó la atención de ambos cambiantes, quienes la miraron de reojo, pero volvieron a lo suyo.
La vanidad era tal vez el único punto débil de Evelyn, pero nadie se atrevía a ir en su contra, así que estaba segura del poder que ejercía sobre todos los que se cruzaban en su camino.
—No quiero errores —dijo al cambiante cuando éste cruzó la puerta y la cerró tras de sí—. ¿Tú qué haces aquí? —preguntó el jefe Rodrick a la joven cambiante quien, tan pronto como el otro se fue, se levantó del sofá y caminó hasta el escritorio.
Sus afiladas uñas delinearon el borde de la mesa y su penetrante mirada oscura se clavó en el jefe Rodrick, quien se echó para atrás y observó cómo la mujer de hermosas curvas y pronunciados atributos caminaba hasta él. Evelyn se sentó en el escritorio, frente al jefe y sonrió.
—Me aburro.
—Trabajo hay mucho, ¿quieres que te asigne un turno en los campos?
—¡No me hagas reír! —exclamó Evelyn con sarcasmo. Extendió sus brazos al jefe y este se acercó a ella. En un segundo, ya estaba sentada en sus piernas, rodeándole con los brazos—. Sé que no me quieres afuera —le dijo al oído y él la apretó contra su cuerpo, para después besarla con fuerza.
El jefe Rodrick no era un hombre viejo, aunque sí mayor, pero fuerte y vigoroso. Sin compañera desde hacía varios años era un partido atractivo, por lo que él valía y poseía.
Gruñó cuando sintió la mano de Evelyn meterse en sus pantalones y tomar su miembro. Ella sonrió, complacida y se acomodó para seguir sus movimientos, pero la mano del jefe tomó la suya y la hizo detenerse.
—¿En serio? —preguntó burlona.
—Tengo trabajo —contestó él.
Evelyn rodó los ojos, pero no se movió de su lugar.
—Ya que tienes tanto tiempo libre, ve por Aquiles —ordenó el jefe recomponiéndose del momento—. Ya descansó del viaje y tendrá mucho que contar.
—Sí, jefe —asintió Evelyn para después volver a besarlo, tomando su labio inferior y manteniendo los ojos fijos en él.
—Esta noche en mi cama —dijo el jefe Rodrick con voz firme en cuanto Evelyn abrió la puerta.
Ella se giró para mirarlo y tras un asentimiento de cabeza, salió de la oficina del jefe Rodrick y fue a paso lento hasta la planta alta, a la habitación de Aquiles. Entró también sin llamar a la puerta y lo buscó con la mirada, pero no estaba ahí. Oyó un ruido procedente del cuarto de baño y hasta ahí se dirigió. Se recargó en el marco de la puerta con los brazos cruzados.
—¿Viaje largo? —preguntó al ver que Aquiles no se movía ni abría los ojos, aun cuando ya había sentido su presencia. Estaba dentro de la bañera, con la cabeza echada hacia atrás.
Él abrió los ojos y sonrió.
—¿Disfrutas la vista? —preguntó con burla, ignorando la pregunta de ella.
Evelyn sonrió y entró al cuarto de baño.
—He visto mejores —le dijo por lo bajo, muy cerca de su oído.
—¡Sí, claro! —se burló Aquiles—. Déjame adivinar, ¿el humano con el que te acostaste?
Ella soltó una carcajada.
—¿Tú también estás celoso?
Recorrió el pequeño espacio desacomodando los frascos de esencias que había.
—Tu padre me envía a eso y después se hace el hombre digno. ¡No los entiendo! —dijo con fastidio mientras olía un aceite de lavanda y lo vertía sin cuidado en la bañera.
—A ningún hombre le gusta que toquen lo que es suyo —puntualizó Aquiles observando los pasos de Evelyn.
—Yo no soy de nadie —dijo pasando cerca de su cabeza—. No tengo un compañero y tu padre ha dejado claro que nunca me marcaría.
Aquiles sonrió y la tomó con fuerza de la mano, tirando de ella, logró que cayera dentro de la bañera. Ella, en lugar de enojarse, estalló en risas y rodeó el cuello de Aquiles con sus brazos.
—Yo podría hacerlo —le dijo a punto de besarla—, cuando sea el líder.
—Mmm —Evelyn aceptó el beso—, ¿es una propuesta?
—Si tú quieres.
—No creo que eso pase pronto. Rodrick todavía tiene muchos planes para la manada. —La mano de Evelyn jugó con el agua y después acarició el torso húmedo y desnudo de Aquiles—. ¿Salió bien tu misión?
—Sí, el chico es desconfiado y testarudo, pero ya vienen.
—Será un placer conocer al jefe Anthony Brower —dijo Evelyn pronunciando el nombre con lentitud, como si con eso pudiera descifrar el tipo de persona que era.
—Mayor placer será tener su manada —agregó Aquiles y volvió a echar la cabeza hacia atrás, dejando que las manos de Evelyn recorrieran su cuerpo.
—Rodrick quiere verte —dijo ella al cabo de un rato—, quiere los detalles de tu misión.
—El jefe Rodrick —puntualizó Aquiles con severidad.
Evelyn rodó los ojos, pero corrigió:
—El jefe Rodrick quiere verte en su oficina para que le cuentes los detalles de lo que ocurrió con la otra manada —dijo con formalidad y evidente burla.
—Traigo más agua caliente —dijo una tercera voz y Aquiles y Evelyn miraron hacia la puerta.
Ray traía en las manos un enorme y pesado cubo de agua. Creyó que la pareja la oiría entrar, pero al notar que seguían hablando, decidió interrumpir.
Evelyn la miró de arriba abajo y dijo algo al oído de Aquiles que Ray no pudo escuchar. Aquiles negó con la cabeza y Evelyn rio a carcajadas mientras se levantaba de la bañera y se miraba el vestido arruinado por el agua. Salió con la misma lentitud con la que entró y Ray se hizo a un lado.
—No la necesito —dijo Aquiles—, debo ver a mi padre.
Se levantó de la bañera dejando ver todo su cuerpo desnudo y Ray dio media vuelta para salir.
—Aguarda, Ray —dijo él y tras ponerse la bata la tomó del brazo para girarla y obligarla a verlo a la cara—. ¿Celosa de Evelyn? —preguntó con burla.
Ray entrecerró los ojos y dejó escapar una sonrisa burlona.
—Tanta droga en tu sistema ya te afectó el cerebro —dijo dejando caer un poco del agua caliente que llevaba en las manos.
Aquiles retrocedió unos pasos y, en vez de reaccionar con furia, soltó una carcajada, lo que sabía que irritaba aún más a Ray.
Ella salió de la habitación de Aquiles y bajó con discreción hasta la cocina. Se deshizo del agua caliente y buscó a Lia con la mirada.
—¿Estás bien? —preguntó la mayor en cuanto se encontraron.
—Sí, yo sí… atacarán de nuevo —dijo sin rodeos y el rostro de Lia se oscureció.
—¿A quiénes?
—No pude escuchar, pero ahora Aquiles está hablando con el jefe para reportarle lo que hizo con la otra manada —respondió repitiendo las palabras de Evelyn.
Lia negó varias veces con la cabeza y torció la boca.
—Pronto habrá más prisioneros como nosotros —dijo señalando su mano izquierda, rodeada por un extraño y pesado brazalete.
*C & A*
—Los bastardos me hicieron correr cuando salí del bosque, pero les saqué buena ventaja —explicó Aquiles a su padre—. Héctor los guía por el lado opuesto, pero sí es más corto, así que no paré hasta llegar antes.
—Bien, hijo, bien —lo felicitó varias veces su padre—. Llegaste antes y eso es importante. Ahora sólo queda esperarlos. Calaré el carácter de este niño que juega a ser un líder y avanzaremos por su manada.
—¿Qué hay del tío?
—Está en Chicago, pero ya se están encargando de él. Háblame de su seguridad.
—Básica, pero efectiva.
Aquiles tomó una hoja de papel e hizo un mapa del territorio de Anthony y sus alrededores. Señaló los puntos de vigía y entrada al bosque. El jefe Rodrick aumentó el mapa con lo que recordaba del terreno y armaron una estrategia de ataque.
—¿Alguna idea de su vía de escape? —preguntó el padre.
—No, debe iniciar dentro de la casa, pero te repito que no tuvimos mucho tiempo para estar en el interior.
—Descuida, no tendrán manera de escapar.
—Conseguiste más información en un día que la basura que me trajo Evelyn.
—¿Sigues molesto con ella?
—Perdimos tiempo, dinero y elementos que pudieron estar trabajando aquí.
—Tenemos que reconocer que fueron menos tontos que las otras manadas en cuanto a dejarse ver por humanos cuando hubo el robo de ganado —puntualizó Aquiles.
—Sí, por eso no pudimos descifrar antes su seguridad y entrar en su territorio. —Chasqueó la lengua—. Quería tener su manada antes de que iniciara el invierno.
—Ya los tenemos, padre. Confía en nosotros.
—Confío, hijo. Sé que todo saldrá como lo planeamos. Ahora, si tus cálculos son correctos, será mejor que vayas a tu agujero para que al llegar no se perciba tu olor y el muchacho no desconfíe.
—Sí, señor.
Aquiles se levantó de su lugar y salió de la oficina de su padre. En el camino se topó con un sirviente.
—Dile a Ray que vaya a mi habitación —ordenó y siguió su camino.
*C & A*
Queridas lectoras:
Gracias por llegar hasta aquí. Sé que las cosas pintan mal y que hay muchos personajes nuevos, pero sean pacientes. Anthony está solo en un lugar desconocido y se tiene que topar con todo tipo de gente para descubrir el pasado y proteger a su manada.
Gracias por leer a:
Marina777: ¡Hola! Tenían razón, Anthony cayó en la trampa y las cosas se le han salido de las manos. ¿Cómo crees que salga de esta? Mil gracias por unirte a esta historia y espero que continúes. Te mando un abrazo.
Julie-Andley-00: ¡Hola! Muchas gracias por darle la oportunidad a este fic. Tienes razón, Anthony necesitaba meterse a la boca del lobo para descubrir la verdad, hasta ahora no le ha resultado muy efectivo el plan. Espero nos sigas acompañando en esta historia para saber qué pasa después. Te mando un saludo.
Cla1969: ¡Hola! Asumo que sigues ansiosa pues has acertado mucho en tus predicciones con esta historia. Confía en Anthony, como bien dices, no es tonto y sabrá actuar. Agradezco mucho tu comentario y espero que sigas en esta historia. Te mando un fuerte abrazo y deseo que estés bien.
GeoMtzR: ¡Hola! Tenían razón en desconfiar de los hermanos, ¿qué te digo? En este mundo ya no se puede confiar en nadie. Sé que estás preocupada por Anthony y no te creas, también yo, pues me costó mucho escribir este y los capítulos que siguen y, como autora, entenderás que quería y no quería seguir escribiendo. Sólo espero que no les desagrade mucho la continuación y resistan. Geo, te agradezco mucho tu tiempo y atención a esta historia. Espero que estés bien. Saludos.
Nos leemos pronto
Luna
