Disclaimer: Los personajes que reconozcáis y el universo le pertenecen a JK Rowling. La historia es mía. No obtengo beneficios económicos al escribirla.
Aviso: Este fic participa en el tópico "Duelos entre Potterhead" del foro "Hogwarts a través de los años".
Dani H. Danvers me dio tres desafíos que acepté.
Este es el segundo.
Una batalla entre mortífagos y miembros de la orden. Puede ser una canónica o inventada y puedes escoger los personajes que quieras, incluso oc.
Venganza de dos.
Tras un turno de cuarenta y ocho horas en el trabajo, lo que Sirius deseaba era relajarse.
Necesitaba dormir.
Sus ojos se cerraban y se tambaleaba al caminar.
Por suerte, no tenía que conducir de vuelta a casa como hacían los muggles, porque si lo hiciera, habría tenido un accidente.
Por ese motivo no se apareció.
La despartición era un riesgo bastante alto en ese momento.
Cayó en su cama como un peso muerto nada más llegar.
No se molestó en quitarse la túnica ni los zapatos.
Solo iba a dormir.
Le parecieron segundos cuando algo le despertó.
¿Cuánto había dormido?
Se dispuso a mirar la hora, pero el patronus de Marlene, una ardilla, estaba ante él.
-Sirius, La casa de Edgar está siendo atacada.
La ardilla se desvaneció y Sirius se preparó.
Se tomó una poción de Pimienta, se lanzó algunos hechizos protectores y estuvo listo.
Como siempre que llegaba a un lugar en el que atacaban los mortífagos, le costó un segundo orientarse.
Todo era caos.
Maldiciones volaban, había gritos, risas maniacas... Y a veces muertos.
Nunca olvidaría la vez que se apareció sobre un cadáver.
El crujido que hicieron los huesos bajo él y luego ver la cara de la adolescente...
Tenía pesadillas.
Sin embargo, no tenía tiempo para abstraerse. Un rayo azul ya iba hacia él.
Se agachó y rodó lejos de la maldición que licuaba los músculos y devolvió el ataque.
El mortífago lo esquivó.
Aún no sabía quién era.
Estaba totalmente cubierto, pero siempre lo descubría.
La mayoría no se escondían, los malditos bastardos endogámicos.
Y sí, él también era fruto de eso, pero no había que ponerse quisquillosos.
Su madre podría arder en el infierno y a su padre podrían pisotearlo una manada de hipogrifos furiosos.
Lanzó a toda prisa un Protego maxima.
Luchaba contra alguien rápido.
Él también lo era.
Rodó, esquivó, lanzó y se protegió.
No existía nada más que la batalla.
Sirius sabía que era cuestión de supervivencia y Dumbledore era ingenuo al impedirles utilizar maldiciones imperdonables.
Él con gusto las usaría con algunos de estos cabrones.
Logró agrietar la máscara del mortífago y luego arrancó un trozo de la capucha.
Ese pelo grasiento...
¿Cómo no lo había sabido?
Snape, la basura mortífaga.
-Bueno, Quejicus. Una pena que sigas vivo. Pensé que ya te habrían comido las alimañas.
-Black, algún día morirás. Y cuando lo hagas, estaré ahí para presenciarlo. Me gustaría que fuese por mi mano. Espero tener esa satisfacción hoy.
Un hechizo de fuego le chamuscó el cabello.
Al agacharse, Snape le tiró un pequeño vial.
No le dio, pero al romperse contra el suelo, un humo verdoso le dio en toda la cara.
No podía respirar.
No le entraba aire en los pulmones.
Sentía frío y calor al mismo tiempo.
Su cuerpo se estaba paralizando.
Iba a morir allí. Quejicus iba a matarlo.
Podía verlo.
¿Cuándo había perdido la máscara?
Snape le sonreía. Era una sonrisa maniática. Él llevaba esperando eso mucho tiempo y al fin tendría su venganza.
Lo último que vio fue una luz verde.
Le sorprendió despertarse. Estaba seguro de que iba a morir.
Pero su cuerpo pareció energizado y tosió como si quisiera expulsar sus pulmones.
Le dolía todo el cuerpo.
Su pecho era lo peor.
-Sirius.
Ese era James. No podía verlo pero siempre distinguiría su voz.
-¿Qué...? -Tosió de nuevo.
-¿Qué ha pasado? -Su amigo preguntó.
Black asintió, aún tosiendo.
Maldijo a Quejicus en su mente ya que no podía hablar.
-Cuando Snape te lanzó esa poción, yo estaba tratando de llegar a ti.
Me eché un encantamiento burbuja y te saqué de allí. -¿Y la luz verde? -Preguntó entre toses.
-Ese fue Frank. Le lanzó la maldición asesina a Quejicus.
-¿Entonces está muerto?
-Sí. Está muerto.
James apretó la mano de su mejor amigo.
Por un momento, pensó que lo perdería.
-¿Alguien nuestro?
-No deberías hablar, Sirius. La enfermera dice...
-¿Alguno nuestro? -Repitió.
-Perdimos a Peter, Canuto. Una maldición explosiva perdida le dio de lleno.
Black apretó la mano de James lo más fuerte que pudo.
Odiaba perder a gente por la maldita guerra.
Joder, Peter no tenía los veintiuno todavía.
