Sorry por la terrible espera…

Aclaraciones:

Okay, este es mi fanfic, y sobre el Hanahaki yo pongo las reglas que yo quiera. Jaja, empezamos fuerte…

No he leído el manga de Bungou Stray Dogs pero voy al día con el anime. Yo no sé cuándo y cómo vaya a terminar el arco actual pero esta historia ocurre un tiempo después con todos vivos, porque si no viven todos me pondré terriblemente triste.

Capítulo 6 –

Lo que Siento por ti

Lo olió antes de que su cerebro pudiese razonar lo que pasaba. El aroma a cuero y flores… completamente bañado en sangre.

Debía estar cerca.

Encendió las luces y corrió la ventana a medio abrir, aspirando fuerte e intentando encontrar la dirección en dónde se concentraba ese aroma que conocía tan bien en medio de la brisa nocturna.

El estómago se le revolvió, retorciéndose asustado ante la posibilidad de… perderlo.

Pero cuando está por saltar fuera y buscarlo, una sombra negra ya ha traspasado su ventana y ha caído entre sus brazos.

"¿Akutagawa? -preguntó dudoso, abrazándolo contra su pecho por instinto. El óxido concentrado le asfixia, no tanto como el temor que comienza a dejarlo sin oxígeno al verlo respirar con dificultad, con grandes gotas de sudor corriendo por su frente y perdiéndose en su mentón- ¡Aku!"

Le cargó sin siquiera pensarlo. Abrazándolo contra su cuerpo queriendo guardar su calor le llevó hasta su futón y lo recostó con delicadeza sobre las sábanas arrugadas, importando poco y nada la vergüenza que el acercamiento entre sus cuerpos le genera.

Porque no es el momento.

Con Akutagawa recostado en su cama y su torso aún preso entre sus brazos se dignó a revisarlo. El olor oxidado es horroroso, lo suficiente para atarantarlo, pero cuando está por abrir el abrigo negro una mano cerrada sobre su muñeca le detuvo.

"Está bien, no es mi sangre"

Le acarició el rostro en un movimiento audaz con la mano libre, limpiando un poco de sangre con el pulgar de la manera más amorosa que puede.

"¿Cómo puedes decir que no es tu sangre cuando tienes este feo corte en la mejilla?"

La mano no aflojó su agarre, sujetándolo fuerte. Sonrió al ver la fuerza del chico necio, si apretaba con esa fiereza no debía preocuparse tanto. Pero hay algo en sus ojos grises que le desconcierta.

Quizás sea el parpadeo sutilmente rápido. O la mirada ligeramente desenfocada. ¿Tiene las pupilas dilatadas? Por no mencionar el sudor, la palidez y la agitación obvia.

Está raro y no es por las heridas…

"No es necesario preocuparse -el agarre flaquea un momento, tan pequeño y difuso pero lo suficientemente grande para deslizar su mano fuera de él- no es nada, tigre"

Ajá. Y yo nací ayer…

"Si no es nada, no te molestará que revise -Akutagawa no está en sus cinco sentidos, por supuesto. Es fácil verlo, también preocupante saberlo. Pero incluso entre el temor y la vulnerabilidad que encuentra en su mirada, se alza la obstinación de siempre, haciéndolo molestar- Akutagawa, como tu amigo, te pido que me dejes ayudarte"

Lo vio dudar, temeroso. Con una mano temblorosa levantada que le toma del pijama. Cómo si quisiera resistirse, pero no pudiera.

"Si no quisieras mi ayuda, no habrías venido a mi casa"

Y para su deleite, el gris se vuelve dócil, el cuerpo entre sus brazos se relaja sin encontrar un argumento con el cual luchar.

Llevó su mano nuevamente al abrigo, desabotonando uno a uno cada pequeño botón hasta lograr abrirlo por completo, ayudándose con el pelinegro para facilitar su trabajo y deslizar el abrigo fuera de él.

Torció el gesto al ver la camisa blanca tinturada en acuarelas rojizas, manchando el blanco impoluto por rosas decorando allá donde su piel había sido lacerada.

"¿Quién te hizo esto? -preguntó con algo nuevo y mordaz bullendo en el interior de su estómago, algo desconocido que pugna por deslizarse fuera de él. Un sentimiento primario, un deseo salvaje- ¿Algún enemigo?"

Comenzó a levantar lento la camisa antes blanca, queriéndola quitar para poder ver mejor los cortes. Akutagawa por primera vez calla y le ayuda en silencio. Se separó un poco, logrando sentarle para verle mejor. Los cortes si bien derramaron mucha sangre no son profundos, líneas largas y rojizas que decoran zonas no vitales de su cuerpo. Heridas limpias que con suerte sanarían sin dejar marca.

"Si ocupabas de mi ayuda podrías haberme dicho -le riño- nadie se metería con el nuevo equipo doble negro"

Akutagawa le mira sin mirarle, con ojos que viran incómodos en todas direcciones.

"No podía pedirte ayuda"

Bufo molesto. Si Akutagawa no fuese tan obtuso y orgulloso esta misión se habría hecho fácil, rápido y sin él hecho una mierda.

"¿Y se puede saber por qué no? -gruño sintiéndose herido, dejado de lado- ¿Por qué será que preferiste terminar así de-?"

"Era una misión de ejecución, Jinko -calló al entender. Akutagawa observa fijamente sus manos sobre sus muslos, ignorándolo. Cómo si todos los males del mundo pesaran sobre él- uno de mis subordinados robó mercancía de la organización para venderla. Lastimó a muchos de los nuestros en el proceso. Era una rata que tenía que ser liquidada y como el Líder de la Mafia a su cargo, debía hacerlo yo. ¿Entiendes?"

No está muy seguro de que decir.

Una misión de ejecución.

Trago saliva.

Una misión de matar.

Akutagawa era un asesino. Debía matar a alguien.

Se levantó de su lugar, alejándose de él. Akutagawa ni siquiera se inmutó, como si esperara esa reacción de su parte.

"¿Lo entiendes ahora, Jinko? -susurró, aún concentrado en sus manos- no podía pedirte ayuda porque tú jamás deberías hacer eso. Tu deber es proteger la ciudad, no limpiar la escoria que la habita…"

Suspiró caminando hasta el cuarto de baño sin decirle nada más, rumiando por lo bajo -este chico de verdad es increíble- sacando un botiquín de primeros auxilios y tomando agua en un pequeño tazón, regresando a la estancia para buscar ropa cómoda entre sus cajones y una camisa suave, la más suave que encontró.

Se sentó nuevamente a su lado con el ceño fruncido, dejando las cosas a su lado en el suelo. Se siente enojado, por muchas razones en realidad.

"Eres un estúpido"

Akutagawa rodó los ojos molesto, tambaleándose ligeramente en su lugar al intentar levantarse de su futón.

"Si solo vas a insultarme entonces me-"

"¡No he terminado! -puso una mano sobre su pecho, empujando suave y tumbándolo sin ningún esfuerzo. El dueño de los ojos grises le miró desorientado, como si estuviese soportando un terrible mareo y las ganas de vomitar- Eres un estúpido y no estoy de acuerdo en que mates…"

Tomó la botella de alcohol y vertió un pequeño chorro en una de las heridas en su costado antes de que Akutagawa se pudiese dar cuenta de lo que hacía, arrancándole un gruñido adolorido y unas cuantas palabrotas ante el escozor del antiséptico en contacto con su cuerpo.

Quizás fue un poco cruel hacerlo de esa manera, pero era un castigo leve por matar a alguien. Y más importante aún…

"Pudiste pedirme ayuda -susurró adolorido hacia él. Se supone que son compañeros. Amigos- te habría cuidado la espalda"

Con el siguiente corte fue más amable, usando una gasa para amortiguar el líquido sobre su carne lacerada. Tocando solo lo justo y lo necesario.

"Pero…"

"Se pactó que no debemos intervenir en el trabajo del otro al menos que lo ordenen, así que no puedo ayudarte a ejecutar ese tipo de misiones. Pero al menos podría haber evitado que te lastimaran…"

Calló dejando que Akutagawa entendiera que el núcleo de su molestia eran sus heridas y no el destino del pobre diablo que había muerto esa noche…

Porque lo odia.

Odia a ese sujeto que se había atrevido a lastimar a su amigo.

Sería hipócrita de su parte enojarse con el chico de negro cuando él mismo está intentando tranquilizar la irá asesina que recorre sus venas por solo imaginar que alguien le tocara un solo cabello.

Eran cortes lascivos…

La sola idea le quemó. Quería enterrar sus dientes en alguien y arrancar miembros. Si Akutagawa no se hubiese deshecho de esa basura -porque está seguro de que lo hizo- no podría asegurar que él no saldría a buscarlo para terminar el trabajo.

Akutagawa por otro lado abrió la boca, comprendiendo un poco de su malestar. No todo, cabe aclarar. Antes de relajarse y permitirle curar sus heridas.

"No merezco que hagas esto"

Sonrió.

"¿El qué? -preguntó haciéndose el desentendido- ¿Que te regañe?"

"Que seas amable y trates mis heridas… por si no lo notaste Jinko, acabo de matar a alguien -casi soltó una carcajada, restándole importancia, no es como que no lo supiera de antemano- con el reloj que me obsequiaste"

Se detuvo en el acto, justo cuando estaba por centrarse en la herida del vientre.

"¿Qué dijiste? -preguntó incómodo, bajando las manos. Akutagawa apartó su vista con pena- ¿Mi reloj?"

"Fue necesario… -susurró Akutagawa- me habría matado de no usarlo"

Se quedó un momento más observándolo. Los ojos esquivos y el cuerpo lacerado. La pena en la voz y las manchas de sangre. Observó entonces su obsequio aún en la muñeca del pelinegro, sin manchas ni rasguños.

"Ya veo… -dijo continuando con su trabajo, restándole importancia a la confusión extraña en su pecho- está bien"

Pero Akutagawa parecía terco a no dejarlo pasar.

"No deberías aceptarlo así nomás"

Tarareó distraído, bañándose en la mirada acongojada que se hace cada vez más común en el pelinegro.

"¿Por qué no? -preguntó como si fuese cualquier cosa- lo escogí así para sacarte de apuros. Sino lo hubieses hecho me sentiría ofendido"

Akutagawa parecía incómodo al ser perdonado tan fácilmente. Incomodidad que se acentuó cuando una oleada de espasmos le azotó el pecho. Ambos se detuvieron a ver los pétalos de está vez.

Lirios amarillos…

Sonrió al recordar su significado.

Gratitud y alegría…

Tomó la camisa suave que había escogido y solo después de asegurarse de haber desinfectado todas las heridas, la mojó en el cuenco con agua antes de llevarla al cuerpo del chico que siente se desbatará en cualquier momento. Akutagawa dio un pequeño quejido cuando tallo su mejilla magullada, comenzando a lavar la sangre ya seca.

"Soporta el dolor de vivir -se burló- chico de la Mafia"

Y él resopló como un niño chiquito, dejándole hacer lo que le viniera en gana, limpiando de a poco la sangre que mancha su cuerpo con manos delicadas. De la manera más gentil que puede. De la manera que siente él la merece.

Bien. Desinfectar. Lavar. Cubrir con gasa y vendar…

Sonrió ante el resultado, las tutorías de primeros auxilios con Yosano no habían sido en vano. Akutagawa intentó levantarse una vez más, pero cayó nuevamente en el futón entre jadeos ahogados.

"¿Por qué estás tan raro? -preguntó con duda mientras recogía los sobrantes y la tela manchada de sangre- estoy seguro que no has perdido tanta sangre para estar tan desorientado"

"Estoy perfectamente, Jinko"

Jodido orgulloso…

"Claro que sí… -susurró con burla antes de llevar sus manos hasta los pantalones del pelinegro- déjame ayudarte con-"

"Jinko… -nuevamente la mano se cerró sobre su muñeca y él no pudo evitar levantar la ceja interrogante- te digo que estoy bien"

Suspiró. Si Akutagawa no lo quería por las buenas, sería por las malas, usando todas las artimañas que ha aprendido a usar en su contra.

"¿De verdad no me dirás qué pasó? -preguntó con la voz más melosa que pudo poner, soltándose en un movimiento rápido y acomodándose sobre él desde su lugar, con una mano al lado de su cabeza y la otra al costado de su pecho- ¿Después de haberte curado? Eres un amigo muy malagradecido Aku…"

Sonrió cuando Akutagawa giró su rostro lejos del suyo, brillando de vergüenza.

"Dios Jinko, eres insoportable… -susurró con voz lenta y molesta hacia nadie en particular- el imbécil me drogó con su habilidad ¿Feliz?"

¿Que qué?

"¿Cómo que te drogó? ¿Hablas en serio? ¡Voy por Yosano-sensei! -el agarre en su cinto le hizo detenerse cuando ya se dirigía hacia la puerta. Akutagawa aún recostado en su cama le observaba tranquilo- ¿Qué estás-?"

"No es necesario Jinko, los efectos se calmaran pronto. No moriré, solo ocupo descansar"

Dudó antes de volverse a sentar a su lado. Los ojos grises lucían más cansados que distraídos, pero rebosantes en seguridad.

"Tu ganas, no llamaré a Yosano-sensei. Pero aun así ocupó quitarte el pantalón y ponerte el pijama ¿Entendido? -Akutagawa frunció el ceño molesto, renuente de seguir acatando sus órdenes tan mansamente. Sonrió ante su idea infantil, bajando su rostro hasta el suyo, tan cerca que aspiró su aliento a flores- déjame cuidarte, sería como nuestra primera pijamada juntos"

La respuesta fue inmediata.

Los ojos sorprendidos, el rubor en las mejillas.

"Yo no… -le beso los labios, apenas un roce delicado antes de alejarse. Sonrió ante la victoria que veía aproximarse- yo… quizás podría quedarme por hoy"

"¡No se diga más!"

Le arrancó el pantalón antes de que este supiera lo que estaba pasando. Akutagawa debía estar muy mal para haberse descuidado tanto. Así que antes de que la primera réplica llegará, ya le estaba ayudando a ponerse la camiseta de su pijama. El que usaba en tiempo de frío y le quedaba ligeramente pequeño pero que al mafioso se le untaba como un guante.

Akutagawa ni siquiera se molestó en regañarle. Vencido encogió una de sus piernas y se dejó ayudar mientras le ponía el short.

"Gracias por no atacarme con Rashōmon"

Akutagawa se dejó caer en el futón con un suspiro cansado antes de mirarle.

"Pusimos reglas. No las romperé. No hasta que terminen los tres meses al menos"

La expresión le dolió, aunque no quiso aparentarlo, sonrió nuevamente para ocultar la decepción. Él esperaba que aunque los tres meses de apuesta concluyeran su amistad seguiría en pie. Y que quizás… en situaciones como está, donde uno salía herido, el otro le apoyaría sin dudar.

Se levantó de golpe, ignorando a propósito los ojos grises que le miraban detenidamente, cerrando nuevamente la ventana y apagando el foco de la habitación, dejando únicamente la luz que se cuela por entre sus cortinas.

"Bueno. Mientras eso pasa -susurró acostándose a su lado, sobre la única almohada que tenía y tapándolos a ambos con la sábana- seguiré cuidando de ti. Porque está claro que tú no lo haces"

Akutagawa giró los ojos fuera de los suyos con fastidio, acomodándose para girar sobre sí mismo y darle la espalda.

No me ignores…

"Sabes… -llamó, intentando mantener los ojos plateados fijos en él, quería hablar más, saber más y claro, hacer más- me han dicho que los besos son una gran medicina. ¿Crees que deba…?"

Tocó descuidadamente su costado, allá donde sabía había una marca rojiza. Pidiendo permiso silenciosamente para hacer nuevamente su voluntad.

El silencio se hizo un largo rato.

"¿Quién dijo algo tan estúpido como eso? -preguntó Akutagawa tranquilamente, en un tono lento y débil que se oyó fuerte y claro en el silencio de la noche- además no estoy enfermo, solo herido…"

"Dazai-san -respondió sin pensar. Encontrándose con ese rubor que tanto le gusta en esas mejillas pálidas- ¿Te gustaría que pruebe con esa medicina…?"

Sintió la boca seca y las manos ligeramente sudorosas por la insinuación, si bien se habían dado unos cuantos besos en esas últimas semanas sus labios nunca habían viajado más allá de sus mejillas. La idea de besar un poco más de piel le hizo cosquillas.

"Bueno… si lo dice Dazai-san debe ser verdad…"

Sonrió saliéndose con la suya. Acunó el rostro pálido con manos delicadas y le robó otro beso, tan dulce como suave. Lento y esponjoso. No quería recompensar mucho, pero estaba feliz, feliz de cómo él seguía vivo, a salvo a su lado.

Su regalo había valido la pena. Y saberlo le daba una sensación cálida en el pecho, como si hubiese estado ahí con él protegiéndolo.

Suspiró contra su boca antes de arrastrar sus labios hasta su mejilla, besando delicadamente la pequeña herida, la piel rojiza. Y Akutagawa gimió ligeramente adolorido, cerrando sus ojos y suspirando ante el calor de sus manos.

"Siento si te lastimo"

"Está bien"

Llevó sus manos a las caderas estrechas, allá donde no le estorbasen y continuó bajando sus labios, espolvoreando besos por sobre la quijada y hasta su cuello, deteniéndose un segundo para aspirar fuerte su aroma y llenarse de él.

Akutagawa pasó sus brazos por sobre su cuello, abrazándolo para su eterno deleite mientras él se ocupaba de repartir besos por sobre su camisa de dormir, en ese cuerpo esbelto pero atrayente.

Se perdió en sus hombros, en sus clavículas, besando con suavidad. Enterró su rostro en el pecho cálido y se sintió embriagado por el olor de las flores.

Una pierna suya se acomodo descuidada entre las otras dos sin pedir permiso y un suspiro suave floto en medio de la habitación, arrancándole una sonrisa.

Beso el esternón. Llevó sus manos suavemente hasta su espalda y acarició por debajo de la playera, rozando con la yema de sus dedos las vendas y la poca piel expuesta.

Los suspiros son cada vez más calientes y el aroma dulce de las flores se volvió asfixiante.

Contuvo el aliento cuando sus labios llegaron al borde de la camisa y besó la piel de su estómago, arrancando un gemido suave. Uno que le calienta la sangre y le devora por dentro. Está por besar por debajo del ombligo, justo en la herida que tenía en el vientre, pero un susurro suave le detuvo.

"Basta de medicina, Jinko"

Gruño molesto, alzando su rostro para mirarle a través de sus pestañas a penas separadas. Salió de entre las sábanas con fastidio. Él quería seguir besando y tocando ese cuerpo suave. Había muchos otros lugares que aún desconocía.

El gris le miró suplicante.

Una súplica para detenerse.

Suspiró acomodándose nuevamente a su lado contra la almohada, conteniendo una mueca.

"No más medicina para Akutagawa -no pudo evitar acariciar su cabello y sostener su rostro una vez más- pero ¿Qué tal un beso de buenas noches?"

Los ojos grises brillaron antes de desviarse avergonzados. Acomodo uno de sus mechones tras su oreja antes de que un pequeño susurro rompiera la calma de la habitación.

"Ryunosuke"

Parpadeó confundido, deteniendo su mano y buscando los ojos grises que permanecen viendo la almohada, ignorándolo aún ante su cercanía.

"¿Qué dices?"

Se inclinó un poco más, casi rozando sus labios con los de él. Las mejillas pálidas visten un suave rubor que le hizo enternecer.

"Puedes llamarme Ryunosuke… -sonrió con su propuesta, porque si bien conoce su nombre de pila, nunca se había atrevido a llamarle con el- Atsushi…"

"Ryunosuke… -pronunció lento, cada una de sus sílabas como si fuese un juego de palabras- te daré tu beso de buenas noches, Ryunosuke…"

Akutagawa suspiró en confort cuando rozó sus labios una última vez, estando más dormido que despierto, antes de pronunciar nuevamente su nombre inflando su pecho con algo cálido.

"Gracias por todo, Atsushi…"

Beso su frente aunque le sabe dormido. Acurrucando al chico contra su cuerpo, abrazándolo con amor.

Si, amor.

Porque no es tonto. Tampoco un idiota. No ocupa tener tres dedos de frente o ser un gran detective para entender las emociones que experimenta, los sentimientos que se le desbordan.

Está enamorado.

Enamorado de Ryunosuke Akutagawa.

El perro rabioso de la Port Mafia.

El mafioso del puerto.

El chico de sonrisa dulce…

Le acarició el cabello un poco más. Tendría que haber sabido que era una mala idea desde que propuso su plan, que enamorarse era un riesgo que podía pasar. Pero la sola idea de amar a su rival lucía tan increíble, que la desecho sin mirarla dos veces.

Pero Akutagawa sí lo valoró. Por eso no escogió a Higuchi. Para no lastimarla. Pero con él había aceptado. ¿Por qué? ¿Acaso no le importaba lastimarlo a él?

Akutagawa suspiró acurrucándose mejor entre sus brazos y él está por darse una palmada en la cara al casi arrojar a este chico dulce a los brazos de alguien más.

¿Se habría enamorado de él de haber sido así? ¿Le habría molestado verlo con ella? Sería difícil saberlo, pero en este momento puede asegurar que imaginarlo con alguien más le destroza el corazón.

Ryunosuke es -durante lo que dure la apuesta- suyo. Y él se aseguraría de demostrarle cuánto le quiere en lo que restaba de tiempo. Pero por ahora, le acunó contra su pecho antes de aspirar la violeta y las maderas, ligeramente cansado después de este torbellino de emociones. Acomodándose en el calor del chico que ama y su dulce aroma se dispuso a dormir.

"Gracias a ti, por escogerme a mi…"

Próximo Capítulo:

El Poder de los Celos

Atsushi invitó a Ryunosuke a comer unas crepas, pero la interrupción de una persona en medio de su cita hará que las cosas se descontrolen un poco entre los dos pupilos.

Saluditos~