Dicen que lo prometido es deuda, así que aquí os tengo lo que he prometido. Espero que sea de su agrado. Besitos~

Aclaraciones: Ahm… no, creo que no hay.

Advertencias: Contenido no apto para menores aunque se que de igual manera lo leerán. Dispénsenme si no soy muy buena escribiendo estas cosas. Lo siento y gracias.

Capítulo 8 –

Quiero Ser el Primero

Pasaron a su apartamento sin mirarse, al igual que habían hecho durante todo el camino hasta su casa, cada quien metido en sus propios pensamientos.

"Quieres… uhm ¿Tomar un baño antes de…?"

Las mejillas se le colorearon mientras observa nervioso todo el lugar intentando no desbaratarse por la creciente ansiedad en su bajo vientre. Esto es vergonzoso y no sabe cómo expresarse en voz alta.

"Iré primero"

Akutagawa -tan magnífico como siempre- caminó con seguridad por el lugar, con las manos en los bolsillos de su abrigo y sin mirarle. Es verdad que Akutagawa era mayor que él por dos años y por primera vez sintió esa diferencia de edades. Porque mientras él se desbarataba por los nervios, el pelinegro lucía completamente confiado.

"Ah, espera"

Antes de que el chico desapareciera por la puerta del baño, corrió a su armario, sacando de entre sus pertenencias una yukata negra para extendersela al otro.

Akutagawa la tomó en silencio, observándola detenidamente entre sus manos, completamente absorto en los bordados y sus patrones dorados, pero sin decir nada más.

"¡No pienses raro! -chistó- Ocupaba una para dormir por la temporada de calor y… vi esa y pensé en ti. Pensaba regalartela… y… qué mejor momento que…"

Perdió el hilo, nuevamente cohibido por la proximidad entre sus cuerpos y el calor que comienza a atontarle las ideas.

"Gracias"

Y Akutagawa desapareció en su cuarto de baño, dejándolo solo con sus pensamientos. Nervioso y emocionado. ¿Esto de verdad está pasando? ¿Ryunosuke de verdad estaba pensando en dejarle…? Se abrió el cuello de la camisa, buscando aligerar el calor de su cuerpo. La piel le quema. El corazón le duele de la agitación.

El sonido de la regadera no le ayuda en nada. El olor a cuero y madera que perfuma todo el lugar tampoco.

Pensar en el chico desnudo que lava su cuerpo hará que se vuelva loco. Y fantasear en tenerlo entre sus brazos besando su cuerpo hará que se desmaye de gusto.

Paseo por su habitación preparando el lugar. Limpiando lo poco que merece ser limpiado. Preparando el futón para que el otro no tuviese que hacerlo. Dejando sutilmente sus compras bajo la almohada.

Porque claro que le da pena dejarlo así nomás a la vista de ambos.

¿Cuánto tiempo puede tardar bañándose? ¿O será que está haciendo tiempo porque se arrepintió?

El sonido de la llave cerrándose le hizo dar un salto, tensandose en su lugar, con su yukata blanca aplastandose entre sus manos debido a los nervios.

De cara al espejo de baño suspiró. Bien. Debía calmarse y dejar de temblar como un virgen primerizo, porque esto está pasando. Y él tiene que estar a la altura. Debe estarlo. Para que ese chico increíble no se arrepienta de escogerlo a él por encima de su gran amor.

Salió del cuarto de baño, listo para esforzarse como siempre lo ha hecho.

Pero…

La imagen frente a él le secó la boca. O la lleno de baba. Está tan perdido en sus pensamientos que no está del todo seguro.

Akutagawa le espera, claro. No huyó como pensó que haría mientras tomaba un baño rápido. Pero tampoco esperaba encontrarlo sentado en su futón, de espaldas a él… con la yukata resbalando peligrosamente por su cuerpo, exhibiendo cuello y hombros bajo la luz de la luna. El rostro pálido giro, mostrando su perfil grácil, mirándolo de arriba a abajo.

"Tardaste, Jinko"

Asintió. Avanzando en automático hasta él. Cómo una polilla a la luz, un ave al cielo azul. Este chico es hermoso. Es su perdición.

Le abrazo desde la espalda, sentándose tras él. Recargando su rostro en ese hombro desnudo de piel blanca, deseando marcarla con sus dientes y sus garras.

Pero Akutagawa parece distante, perdido en la lejanía. ¿Estaría dudando de seguir adelante con él?

"¿Está todo bien? -preguntó con temor. Akutagawa asintió distraído- Si ocupas más tiempo para decidirte…"

Él de verdad se muere por hacerle el amor al chico entre sus brazos, pero su corazón dudo junto con él de seguir adelante con todo eso, porque entiende su miedo y su recelo, pero…

Lo abrazo más fuerte. No. Este no es momento para dudar -pensó- molesto por las palabras de Dazai. La sonrisa gatuna. La burla.

Y el enojo volvió a él, tan nítido cómo horas atrás cuando intentaba con todas sus fuerzas no saltar encima del chico frente a él y reclamarlo cómo suyo.

Abrió la boca y mordió, incrustando sus dientes en la nívea piel de su hombro, tan suave y tersa cómo la mantequilla.

Akutagawa se tenso entre sus brazos, soltando un quejido lastimero.

"Atsushi…"

Lamió la herida sin importarle los jadeos quedos, limpiando la poca sangre que manaba de ella y le sabe deliciosa. La marca que brilla con la luna le da la sensación tácita de propiedad. Y eso le gusta.

Porque él es suyo.

"¿Alguna vez te han hecho esto? -susurró en su oído- ¿Alguna vez estuviste así con alguien?"

Cree conocer la respuesta, pero no por ello le asusta menos oír sus palabras salir de sus labios. Ryunosuke apenas giró el rostro, con lagrimillas asomando en la esquina de sus ojos.

"No, nunca… con nadie"

Bien…

Con una de sus manos en su cadera y la otra tomando el rostro pálido le obligó a girarse para atrapar sus labios en un beso demandante. Él lo quiere. Y lo quiere ahora. Egoístamente. Celosamente.

Todo para mí…

Mordisqueó sus labios, le acarició la lengua con desfachatez.

Y, armándose de valor -o de locura- ha internado una mano traviesa por la abertura de esa yukata que le queda tan bien. Acariciando desde el pecho hasta el abdomen, buscó la aprobación muda que le dé el permiso de tocar aquello que en este momento desea acariciar con desesperación.

"Espera, Jinko -pidió Akutagawa en una súplica que pide todo menos que se detenga- no sé si…"

Retiró la mano pero le obligó a acostarse en el futón, estirándose sobre él mientras besa sus labios, acariciando su cuerpo por sobre la yukata y por debajo también, las zonas que de momento se le permitían tocar.

"Oh, Ryu… -susurró contra sus labios. Besando su rostro. Rozando su piel- te deseo tanto, pero si no quieres hacerlo…"

Y Akutagawa se mordisqueó los labios, cómo si quisiera decirle mil cosas al mismo tiempo. Con ojos cristalinos y mejillas enrojecidas.

"Haz lo que quieras"

Tan orgulloso y elegante como siempre, él le tomaría la palabra y no dejaría pasar está oportunidad por nada del mundo.

Porque lo quiere. Porque le ama. Quiere compartir con él más que el clamor de la batalla y gritos de rabia. Él quiere conocer sus secretos, quiere vivir a través de su piel, de su calor.

Beso su cuello, lo probó mientras juega con sus mechones de cabello, sonriendo con las cosquillas que le dan en la punta de la nariz.

Él no esperaba llegar tan lejos, por supuesto. Lo más lejano a lo que había llegado a aspirar era robar sus besos y acariciar su cuerpo como un vulgar malhechor en cada entrenamiento. Pero mentiría si dijese que no buscó en internet como complacer a un hombre en la cama tanto como busco el significado de las flores.

Beso el pecho plano, bajando entre besos y lamidas hasta su ombligo, mirando en todo momento el rostro de su ahora compañero de cama. Pero Akutagawa cubre la mitad de su rostro con sus antebrazos mientras muerde sus labios, impidiéndole ver sus ojos.

"Te quitaré esto…"

No hubo respuesta y él continuó, acomodándose entre sus piernas, deshaciendo el nudo de su yukata con manos temblorosas, tragando saliva ante lo que sus ojos veían. No es la primera vez que lo ve desnudo, claro. Pero si la primera que lo ve… emocionado.

Se ruborizó ante la imagen.

Y se relamió los labios con gozo. Él sería el primero en probar su piel impoluta y virginal.

También quiere ser el único.

"Voy a…"

De nuevo no hay respuesta y él le toma de cada lado de las caderas, apresandolo. Beso la cara interna de uno de sus muslos, con una lentitud casi tortuosa. Chupeteo la piel, marcándola entre sus labios, besando juguetonamente allá donde la carne estuviese a su alcance hasta obtener jadeos de recompensa.

Un espasmo suave de caderas le hizo dejar sus tonteos de lado. Si Akutagawa estaba tan deseoso por ser probado. ¿Quién era él para negarle tal placer?

Entrecerró los ojos, abrió la boca y atrapó suavemente la punta de su miembro entre sus labios. Se pregunto tantas veces como sería probar su piel, que el sabor ligeramente perfumado por el baño le supo raro. Él esperaba algo más salado. Aún así la sensación de tenerlo en la boca no le decepciona.

Lo engulló lento, todo su tamaño hasta tragarlo por completo. Subiendo y bajando torpemente la cabeza, aguantando los gemidos obscenos que hacer esto le provoca.

¿Lo estaré haciendo bien?

Es difícil saberlo. Ryu seguía cubriendo parte de su rostro, dejando ver solo sus labios temblorosos. Así que abrazó las piernas tersas, puso más presión en sus labios y aumentó el ritmo. Quería hacerlo realmente especial, inolvidable.

Cerró los ojos y se sumergió por completo en ello, mimandolo con devoción, suspirando cuando sintió una mano que se enreda entre sus cabellos y acaricia su cabeza.

"Ah~"

Tuvo el impulso violento de mover las caderas y restregarlas contra el futón, intentando saciar la erección que le punzaba molesta por falta de atención, pero se contuvo.

Abrió nuevamente los ojos, empapandose en la mirada entrecerrada que observa detenidamente cada movimiento suyo.

Sonrió feliz de ser el centro de tanta atención, soltando el miembro que se balanceo y no pudo evitar lamer una última vez, desde la base hasta la punta, arrancando un gruñido bastante caliente de su amigo.

¿Debería seguir diciéndole amigo?

"¿Te gustó?"

Dejo la pregunta nadar en el aire sin esperar una respuesta. A él le gustaría jugar más tiempo, seguir saboreando hasta hacerlo derramarse en su boca. También quiere ser degustado por Akutagawa, sentir esa boca avispada devorando su intimidad. Él definitivamente quiere hacer todocon él. Besar. Tocar. Marcar. Poseer.

Repto sobre su cuerpo, acomodándose sobre él y dejando que sus intimidades se acariciaran descuidadamente, recuperando de debajo de la almohada el tubo de lubricante, todo frente a los ojos atentos. Trago saliva. No se retractaría en este momento ¿Verdad?

Le llenó de besos el rostro mientras Ryu llevó sus brazos a sus hombros como la vez que le cuido. Acarició su cuerpo gustoso de continuar con la experiencia truncada, besando nuevamente su torso mientras baja una segunda vez.

Llenó sus dedos de lubricante y…

"Es injusto que sea el único desnudo"

Parpadeo sorprendido hacia las mejillas enfurruñadas, sonrojándose ligeramente. Eso sinceramente no lo esperaba.

Se levantó sobre sus rodillas, aún entre las piernas de su amor, desanudando lentamente su yukata para mostrar su cuerpo frente a él, arrancando un suave jadeo del pelinegro cuando sus ojos bajaron hasta llegar a su erección.

Sonrió triunfal al ver el brillo deseoso arremolinarse en sus orbes plata.

"Ahora si me disculpas -tomó una de las piernas y la alzó para completa vergüenza de su amigo- ocupo prepararte"

Sabía que debía ser amable con esa zona, acariciarla lo suficiente como para que pudiese recibirlo gustosamente. Pero contrario a sus deseos, Akutagawa no parecía estar de acuerdo con él, pateandolo con la pierna que aún sostenía.

"¡Dios, Jinko! ¡No ocupas hacer cosas tan vergonzosas! -se acarició la quijada donde el pie le había impactado sin fuerza. Hizo un puchero. Akutagawa no parecía dispuesto a doblar su voluntad- solo lubrica lo tuyo y ya"

Gruñó ligeramente.

¿Qué parte de que quiere hacer de todo con él no entiende Akutagawa? Y definitivamente dejar que sus dedos sean los primeros en follarle es una experiencia que no se quiere perder. Aunque…

Dejar que mi polla sea la primera…

"Bien -susurró no del todo convencido, tampoco quiere lastimarlo- como tú digas"

Pero cuando se estiró para tomar la caja con los preservativos, Akutagawa le atrapó la muñeca mientras un suave rubor baña su cuello y parte de su pecho. Sus ojos no se dignan a mirarle.

"Así está bien…"

Tardó un segundo en procesarlo, quizás dos. El aire se le estancó en los pulmones y sintió una punzada dolorosa viajar directo a su entrepierna.

Akutagawa de verdad…

De verdad le está dando el permiso de…

Oh Santo Cielo…

Se lanzó hacia él, devorando sus labios y la piel expuesta. Con la ansiedad y el deseo apretando sus entrañas.

Llevó su mano hasta su entrepierna, acariciándose mientras se preparaba. Gimió contra su boca y le dio de beber sus murmullos. Quiere reclamarlo. Hacerlo suyo. Cada célula y fibra de su ser ruge desesperada por internarse en su interior y arrancarle gemidos de placer.

Pero…

Siente la tensión en el cuerpo frágil bajo el suyo, el temblor casi incontrolable del que no se había percatado. ¿Es dolor? ¿Placer? ¿Miedo?

Le beso la mejilla intentando tranquilizarlo. Pero no es hasta que ve una lágrima desbordarse olvidada de esos ojos que se aprietan con fuerza que él se congela.

Y se siente mal…

Porque él lo está disfrutando, pero al parecer Ryunosuke no.

¿Por qué no lo hace?

Suspiró sintiendo la erección del chico entre sus brazos acariciar dolorosamente la suya. Engañar al cuerpo es más fácil que engañar al corazón o a la mente. Es obvio pensar que Akutagawa siente que está siendo infiel o algo parecido por hacer estás cosas tan íntimas con alguien que no es… su amado.

Porque es claro que aún siente cosas por Dazai.

Y a él le hierve la sangre. Él está aquí. Él le ama y quiere su amor. Él le besa y le acaricia. Él le cuida y lo hará siempre si Ryu se lo permite. Quiere hacerlo suyo, unir sus cuerpos y obsequiarse a él.

Un nuevo roce entre sus intimidades le hizo delirar. Y sabe, que el pobre está tan deseoso cómo el cuando suelta un gemido lastimero. Se mordió los labios. Si está era la única opción, él lo haría. Lo haría aunque se odiara por la mañana.

Se acomodo en la entrada del chico, pero antes de empujarse dentro arrastró sus labios hasta su oído, susurrando las palabras que sabe le harán odiarse por el resto de su vida.

"Esta bien. No abras tus ojos y piensa que soy él…"

Los ojos grises se abrieron de golpe, encontrándose con los suyos por una fracción de segundo antes de ser cerrados nuevamente cuando se deslizó dentro de él. Las uñas se le clavaron dolorosas en la espalda, las caderas del chico parecieron querer huir de las suyas pero las sostuvo firme, enredó sus piernas en su cuerpo y avanzó con lentitud.

Los jadeos y los lloriqueos no se hicieron esperar, tembló resistiendo las ganas de derramarse justo en ese momento. Ese lugar tan caliente y delirante hará que se vuelva loco, además Akutagawa retorciéndose debajo suyo no le ayuda en nada.

Quiere pedirle que se relaje, que se tranquilice pero el pobre lloriquea en su hombro y él no quiere hablar para no romper la ilusión. Sabe que su contextura no es para nada como la de Dazai, pero si no dice nada puede al menos mantener la fantasía. Así que le besa con pasión, bebiendo de su boca los gemidos dolorosos. Quiere darle instrucciones. Quiere consolarlo. Quiere llenarlo de amor.

Gruño cuando los cuerpos terminaron de unirse. Todo en él grita que se mueva contra esas caderas estrechas. Salvaje. Rudo. Frenético... De verdad quiere. Pero la respiración irregular de su compañero se lo impide.

Lo observó detenidamente. El ceño fruncido, el dolor en su expresión, las mejillas coloradas y la boca abierta que busca aire desesperada.

Esos ojos grises que no le miran.

Es cierto que él lo propuso, pero…

Eso no lo hace menos doloroso.

Mírame… mírame a mí…

"At-Atsushi…"

Y como si su plegaria hubiese sido escuchada, los párpados se abrieron dejando ver el ónix de la mirada que tanto adora puesta en él, solo en él.

"Ryunosuke…"

Es tan feliz. Ryunosuke le mira, le mira y le llama por su nombre. Él está aquí, aquí con él. Solo ellos dos, sin la sombra de su mentor acompañándolos.

"Bésame -y él no necesita que se lo repitan. Tomó el rostro entre sus manos y lo besó. Lo beso con todo el amor y toda la desesperación que su cuerpo es capaz de albergar- muévete Atsushi"

Y se movió. Tan solo un poco, de manera pausada, casi sin hacerlo en un ligero bamboleo de caderas. Pero es suficiente -piensa- para que el pelinegro se vaya acostumbrando poco a poco a esa intromisión tan dolorosa.

Siguió besándolo, creando un camino de besos de su quijada hasta el cuello. Mordiendo juguetonamente, arrancando jadeos cada vez más suaves y complacientes.

¿Eso te gusta, mi amor?

Llevó una de sus manos hasta su pecho, acariciando la piel caliente, rasguñando un poco en su viaje hasta su ombligo como antes hizo. Los ojos oscuros brillan al comprender lo que hará y antes de poder decir algo él ya ha envuelto su mano alrededor de su erección, acariciándola de arriba a abajo, arrancando gemidos roncos que resuenan por toda la habitación.

Le acarició un poco más hasta que Akutagawa se arqueó para él profundizando las caricias, buscando su mano desesperado para complacerse, moviendo sus caderas en un compás rítmico a juego con su respiración acelerada.

Sonrió sujetándolo de las caderas antes de salir casi por completo de su cuerpo, solo para deslizarse nuevamente en su interior.

El gemido largo que soltó su compañero hacía palidecer con creces todos los anteriores. Tan sexy, tan ardiente. Y entendió gustoso que al fin había llegado su turno de moverse.

"Abrázame fuerte Ryu…"

Ryunosuke le abrazó el cuello pegando su cuerpo al suyo, con ese aroma tan cargado y tan rico que le vuelve loco. Con una mano sujetando fuerte sus caderas y la otra como apoyo, comenzó a restregarse contra él de una manera tan deliciosa, arrancándole los jadeos más bellos que ha escuchado alguna vez.

Oh por Dios…

Golpeó errático, primerizo, con temor de lastimarle. Pero los gemidos gustosos de su pareja le llenaron de confianza.

"¡Más Atsushi! - las piernas se soltaron temblorosas de su cuerpo cuando aumentó el ritmo por uno más rápido. Más fuerte. Más profundo- ¡Ah! ¡Atsushi! ¡Ah!"

Sonrió. Que bien se oye su nombre con esa voz ronca, en especial si es pronunciado entre gemidos.

Y a él le encantan los gemidos del pelinegro. Le encanta su voz, su calor, su forma de ser. Le encanta él y solo él.

Lo ama.

Una estocada. Dos estocadas. ¿Cómo pudo ignorar tanto tiempo sus sentimientos? ¿Cómo no se dio cuenta de que se mentía a sí mismo jugando ese juego interminable del gato y el ratón?

Él era un tigre, pero no el gato. Y había caído justo en sus garras.

Tres estocadas. Cuatro. Se enderezo, halandolo también, sentándolo en su regazo y haciéndole abrazar con fuerza.

Cinco estocadas. Seis. Los gemidos y jadeos del pelinegro son una melodía tan excitante que siente que explotará del gusto. Cómo es que esa voz tan gruesa y varonil podía entonar notas tan delicadas y dulces. Tan exóticas y embriagadas.

"Maldita sea Ryu, te sientes tan bien"

Ocho estocadas. Diez. Las uñas se le clavan en la espalda con fuerza mezclando dolor y placer, Ryu se mueve sobre él bailando sobre su miembro, follandose a sí mismo sobre sus caderas… y acaba de descubrir que le encanta agarrarle el trasero.

Doce. ¿Quince estocadas? Ha perdido la cuenta de las veces que se ha internado en su cuerpo, sabe que no podrá aguantar mucho más de esa manera. Aunque si pudiera… definitivamente querría vivir entre sus…

"¡Jinko! Creo qu-que ya no puedo"

Ha vuelto a recostarlo sobre el futón, colocando sus piernas sobre sus hombros y doblándolo bajo él de manera vergonzosa, levantándose sobre sus rodillas para clavar su cuerpo más fuerte y más profundo de lo que ha hecho hasta ahora en ese lugar tan cálido y especial. Tensando el cuerpo esbelto, mancillando su nombre a jadeos.

"¡Ryu! ¡Oh, Ryu! -acaricio su rostro con ternura, buscando los ojos que brillan plata con la luz de luna, intentando no perderse por completo en el placer- ¡Ryu!"

¡Te quiero!

No pudo decirlo, pero quería hacérselo saber. Que esto no era una apuesta ni un juego. Que le ama. Le ama de verdad. Cómo no ha amado a nadie. Cómo no amará a nadie jamás.

"¡Ah! ¡Atsushi!"

Logró besarlo en medio de una última estocada que hizo a Akutagawa arquear la espalda y aplastar las sábanas entre sus manos. El espasmo que le estranguló le dejó sin aliento, derramándose en su interior sin poderlo evitar en medio de jadeos.

La dicha es tanta que no pudo evitar derramar una lágrima que limpio con premura. Hacer el amor con quién amas era simplemente maravilloso, y Akutagawa intentando recobrar el aliento bajo su cuerpo es simplemente exquisito.

Separó sus caderas y observó no sin cierto deleite el desastre que era su amigo. Tan agitado, tan satisfecho. Tan hermoso a la luz de la luna en medio de su lecho.

Se recostó a su lado embriagado por el aroma a flores, con una mano paseando sobre su estómago, acariciando el vientre plano y las pruebas de su éxtasis. Quiere abrazarlo, pero ¿Sería eso demasiado?

Sobre sus costados, uno frente al otro le sonrió, acariciando su mejilla, acomodando uno de sus mechones detrás de su oreja para poder contemplar ese rostro tácito que le observa en medio de respiraciones agitadas. Se siente dichoso de estar así con él, de quizás no haber sido el primero en su corazón pero si el primero en probar su piel, hacer suyo su templo. Compartir su alma.

Los ojos grises le miran detenidamente, un sonrojo modesto le adorna las mejillas.

Y se pregunta en su fuero interno si acaso tiene una oportunidad con él. Una verdadera. Una que no involucre a su enfermedad ni el fantasma de su antiguo amor.

Llevó una mano tras su cabeza sosteniéndolo y se acercó hasta unir nuevamente sus labios. Akutagawa no se negó, dejándose atrapar por su boca y sus caricias.

Cuando se separó, el brillo plateado en esos ojos oscuros le dio la confianza de confesarse. De pedirle algo real y duradero. De pedirle no sólo ser su novio sino un compañero en todos los aspectos posibles.

"Ryu, yo… yo te…"

Se detuvo al ver cómo los ojos aún anegados en placer se abrían con agitación. Intentó atraparlo en un abrazo pero Ryunosuke ya se había apartado de su alcance y de su lecho, sujetando su pecho con fuerza, intentando frenar algo que simplemente no podría.

La primer arcada trajo pétalos grandes y blancos, con tintes negros en sus bordes. La segunda arrojó una flor completamente formada.

"Qué es… -se sintió herido al verla, de una manera cercana a la traición- debes estar bromeando…"

Se estiró hasta tomar la flor entre sus manos, observándola con detenimiento. A primera vista cualquier persona podría confundirla con una Rosa abierta, pero no él. La flor entre sus manos definitivamente era una Camelia, tan blanca como la luna, con bordes tan negros como la noche. Y quiso llorar al recordar lo que significaban.

"Yo…"

No quería oírlo. Sus justificaciones ni sus excusas. Arrugó los pétalos entre sus manos sin poderse contener.

"¿¡Es enserio!? Después de todo lo que hemos pasado, de lo que hemos hecho ¿¡Aún lo amas!?"

"Jinko, yo…"

"¡Dime!- le sujetó los hombros con violencia, con algo que se rompe en pedazos dentro de su pecho. Se siente devastado- ¡Cómo puedes seguir amándolo! ¿De verdad es mejor que yo? ¿De verdad te trato mejor? ¿Te quiso más?"

Vio los ojos grises brillar acuosos, o quizás solo es él el que está por derramar su amargura. El dolor se volvió frustración y la frustración se transformó en irá.

"¡Dios, como me arrepiento! ¡Jamás debí haber hecho esto! -habló desde su dolor, arrepintiéndose al instante, cubriendo su boca con su mano horrorizado al ver la mirada dolida en el otro- ¡No! ¡Yo-!"

Pero el daño ya había sido hecho.

Le apartaron de un manotazo.

"Tienes razón Jinko. Nunca debimos hacer esto ni nada -Akutagawa se levantó tan rápido de su lado que ni siquiera pudo lanzarse a su cuerpo, abrazarle para detenerle- lo mejor será que ya no nos veamos"

¿¡Qué!? ¡No! ¡Espera!

Se levantó también. Akutagawa ya se había arrancado la yukata y se ponía los pantalones sin mirarle.

"Yo… quizás podríamos…"

¿Qué? ¿Qué podrían hacer si Akutagawa estaba tan ensimismado con Dazai? Si la flor que acababa de vomitar no significaba nada menos que Amor Puro y Eterno.

¿Cómo se compite con eso?

Akutagawa amaba a Dazai. Lo amaba tanto que moriría defendiendo esos sentimientos. Y no había nada que pudiese hacer para evitarlo. Ni siquiera haberse entregado a él en cuerpo y alma.

"No hay nada más que hacer"

Lo sé…

"Bien -gruño girando para no verlo más, con el ánimo por los suelos, con el alma desgarrada- eres un idiota, Ryunosuke…"

"Lo sé -susurraron a su espalda antes de que la puerta de la entrada se abriera lentamente. Una última frase fue dicha terminando de romperle el corazón- siento las molestias, Atsushi"

Y la puerta volvió a cerrarse, dejándolo solo con su silencio y sus arrepentimientos.

Aguantó un sollozo y las ganas de romper las cosas a su alcance en un berrinche infantil. No pudo controlar ninguno de los dos. Pero cuando tomó el espejo sobre la cómoda para arrojarlo lejos, vio algo que no debía estar ahí.

Algo que no le pertenecía.

La carátula seguía intacta después de casi tres meses de uso, tan limpio y delicado. Tan cuidadosamente mantenido, casi como un tesoro invaluable.

Se dejó caer en su futón -el que todavía olía a flores e intimidad- con el reloj entre sus manos. Y se abrazó las rodillas en un ovillo tembloroso, intentando calmarse.

Akutagawa había abandonado su regalo. El que había escogido y obsequiado con amor. ¿Por qué se lo había dejado? ¿Qué significaba eso? ¿Él de verdad ya no quería nada con él? ¿Ni un solo contacto?

No quería llorar, pero las lágrimas se derramaron de igual manera sin que pudiese hacer nada para evitarlo. Esto es peor que cuando le arrancaron brazos y piernas en el aeropuerto. Esto se siente como si le hubiesen arrancado el corazón de tajo.

Ryunosuke. El chico que ama. No lo ama de vuelta. Y si las cosas siguen así…

Tembló intentando no pensar en lo que pasaría si el pelinegro no se deshacía de las ramas que abrazaban sus pulmones. El destino inminente. La muerte anunciada…

Lloró más fuerte.

"Ryunosuke estúpido… solo… debiste amarme a mi…"

Próximo Capítulo:

La Verdad tras tu Mentira

Atsushi está de pésimo humor después de fallar en su misión de ayudar a Akutagawa. Pero una plática con su mentor le hará ver la situación con otros ojos.

Saluditos~