Capítulo 10: Poder.

No mentir, no es lo mismo que decir la verdad

Slannesh se despertó un poco inquieta, en los últimos tres siglos la guerra había rugido con fuerza en las fronteras de su territorio, tanta, que incluso en el interior de su palacio se escuchaban los choques. Por lo que un ininterrumpido silencio era muy perturbador, en especial porque sus propias tropas tampoco parecían estar en total silencio.

Se acero a uno de sus subordinados, y se percató que este tenía toda su atención en el materium. Levanto su vista, y busco en el Materium el evento que estaba llamando tanto la atención de todos sus demonios, y al encontrarlos, no pudo evitar soltar una única frase.

-Esto no es lo que te pedí.

Slannesh se retorcía en su trono, mientras su conciencia buscaba algo, una pieza, un juguete, que simplemente no podía encontrar, lo cual era, o, mejor dicho, debería ser imposible.

Ella era una diosa, un ser todo poderoso que controlaba la disformidad a su antojo, aun si, por mucho que se esforzase, era incapaz de encontrar la pieza que deseaba. Normalmente tal situación solo se daría si alguno de sus hermanos estaba interfiriendo, o si el propio Anatema usaba su poder para negar su visión. El problema era que nada de eso estaba pasando.

Sus hermanos ignoraban lo que ella sabía, y el propio Anatema tenía su conciencia ocupada en otros problemas. Por lo que la pieza que ella estaba buscando, simplemente había desparecido. ¿Suicidio? No, no podía ser algo así, si un alma con la suya llegase de improvisto a la disformidad estallaría una guerra porque dios se la podría quedar. Guerra que obviamente no había ocurrido.

Movió sus manos, sus pies, se retorció en su trono, y cuando estaba a punto de lanzar un grito de indignación, finalmente encontró la pieza que estaba buscando. La encontró justo donde más la había estado buscando, en ese alejado rincón de la galaxia que los humanos llamaban Macragge. ¿Cómo es que no la había podido encontrar antes? No importa, no importa, ¡No importaba! Debía concentrarse.

Con cuidado envió un eco de su alma, no era lo suficientemente poderoso como para poder atravesar el velo que separaba al materium del inmaterium, pero era lo único que podía hacer sin alterar a sus hermanos.

Ahora tenía que llamar la atención del treceavo hijo del anatema.

Un eco del Slannesh se paseó por las sombras que los edificios proyectaban. Si la diosa tenía que ser honesta, este planeta nunca la gusto, había demasiado orden, demasiada paz, y todos los mortales que habitaban esta roca se movían con un propósito. Aburrido.

No tardó mucho en llegar al lugar donde se escondía el hijo del Anatema. Un inmenso edificio, rodeado por una fortaleza que incluso la diosa admitía era impresionante. Todo estaba organizado, todo estaba calculado, incluso las sombras estaban confinadas.

Acelero su paso, mientras sentía como su yo original se relamía los labios.

-Es oficial, en el siguiente escenario quiero al 13vo como mi campeón.

El eco de la diosa siguió subiendo, asegurándose de alejarse lo suficiente de todo aquel que pudiese detectarla, no quería que los humanos se alarmasen de forma innecesaria, aun no, ya habría tiempo para eso después, pero no ahora.

Finalmente llego a su destino, una habitación fría y falta de toda elegancia. Y su objetivo estaba delante de ella, sentado en un escritorio hecho a la medida, no había adornos, ni ningún arreglo, simplemente era un escritorio totalmente funcional, sin ninguna gracia. ¡Aburrido!

Bien, ya había llegado, y con algo de suerte logro evitar a todo aquel que pudiese detectar su presencia, ahora solo quedaba la pregunta, ¿Cómo llamaría la atención del hijo del Anatema?

Este Eco de su poder no tenía la fuerza para cruzar el velo, por lo que sus opciones eran limitadas. Fue entonces cuando lo noto, un espejo, un inmenso espejo esta justo frente al escritorio. Eso bastaría.

Entro al espejo, y con su poder manipulo su reflejo, lo cual le permitiría mostrarse.

El hijo del Anatema no tardo en percatarse de su presencia, gruño con una furia mal disimulada, mientras dejaba de lado lo que sea que estaba haciendo.

Despidió a todos los presentes, y cuando el ultimo hubo salido, el Primarca cerró la puerta, quedando solos ella y el en una habitación vacía.

-Es bueno verte 13vo hijo del Anatema, ¿Listo para terminar nuestra conversación?

Slannesh saboreo el miedo y desconcierto que el primarca no pudo retener, no era mucho, pero algo era algo.

-No.

- ¿No?

-No, no voy a continuar nuestra charla, la promesa de que no me lastimaras o corromperás vale más que cualquier conocimiento que puedas darme.

Slannesh se rio.

-Eres listo, aaahhh si tu padre solo fuese la mitad de listo que tú, seguramente no estaría encadenado a ese trono dorado.

Normalmente Slannesh hubiese pasado horas alagando las capacidades del primarca, remarcando su superioridad sobre sus iguales, o señalando las fallas y errores de quienes le rodeaban, pero estaba claro que esa táctica no le serviría en esta ocasión.

-Si eso es todo vete, tengo trabajo que hacer.

-Aun no, hay otro tema que me gustaría tratar, he venido a ti con una propuesta, una "ayuda" que seguramente te beneficiara.

-No deseo tu "ayuda", es mas no hay nada que puedas ofrecer que yo desee.

Slannesh se rio, pese a que el primarca se negó, ella pudo sentir la curiosidad naciendo dentro de su corazón.

-No te estoy ofreciendo algo simple. –Slannsh saco el martillo del dios herrero de los Eldars, y se lo mostro al primarca, quien se quedó quieto. -Te ofrezco poder.

-No deseo tu poder.

-No es mi poder. Pero esta situación no es la adecuada para conversar, abre una brecha en el velo, dame un cuerpo de carne, sangre, y hueso. Y podremos hablar.

Slannesh se retiró, pero no abandono la habitación, simplemente el primarca era incapaz de verla en estos momentos.

Por unos minutos la diosa sintió como su impaciencia la consumía, el hijo del anatema parecía no haber picado, pero justo cuando estaba planeando su próximo movimiento. El hijo del Anatema finalmente tomo una decisión.

Salió de la habitación, y puso rumbo a una habitación que la diosa conocía bien, pues era en ese lugar donde se encontraron por primera vez.

Un psíquico fue preparado, su marca fue grabada, y con el sacrificio de una pobre alma, una brecha en el velo se abrió, una brecha que ella aprovecho para pasar al materium.

-Veo que este lugar no ha mejorado, tras nuestro último encuentro. –La diosa muto la carne y sangre hasta que el cuerpo fue de su agrado. –¿Sin te o galletitas? eres un pésimo anfitrión.

-No eres una invitada. Ahora. ¿Por qué ….

La pregunta del hijo del Anatema fue interrumpida por un horrible sonido, el cual era producido cuando la diosa aruñaba las defensas arcanas de su celda.

-Estoy aburrida. Muy aburrida, y quiero entretenimiento.

-No soy tu bufón. Ve y comete a un Arlequin si quieres entretenimiento.

El odio en el primarca era palpable, era una buena señal, si el primarca no se controlaba, le sería más fácil tomar el control de la narrativa.

-Eso no es entretenido, y mucho menos tiene algo que ver con lo que quiero proponerte.

Slannesh volvió a sacar el martillo de Vaul, mostrándoselo al primarca. Incluso si el hijo del Anbatema no sabía lo que era realmente el martillo que ella sostenía, era obvio que su naturaleza lo hacía sentirse atraído, como un insecto a la llama.

-De hecho, estoy tan aburrida que estoy dispuesta a ofrecerte poder, a cambio de que me entretengas.

- ¿Qué es ….? –Antes de que el primarca lograse formular su pregunta Slannesh lanzo el martillo rúnico, y Guilliman lo agarro sin pensarlo.

Slannesh saboreo el momento, pese a que la reliquia no estaba corrompida o relacionada a ella de forma alguna, ella podía más o menos predecir lo que estaba pasando por la mente del semidiós, después de todo, hubo una vez que ella sintió lo mismo.

Preguntas, respuestas, verdades, y mentiras, se revelarían ante el hijo del anatema, mientras su alma mutaba, se adaptaba a lo que estaba descubriendo, al poder que estaba obteniendo.

Cuando los ojos del primarca se iluminaron con un entendimiento que trascendía lo mortal, Slannesh le arrebato el martillo, dejando al pobre hijo del Anatema con un sentimiento de vacío, allí donde debería haber estado la mayor revelación de su existencia.

El primarca estuvo a punto de saltar sobre ella en un arranque de odio, todo para arrebatarle el martillo bendito, a la diosa le hubiese gustado que el hijo del Anatema lo hiciese, que el primarca perdiese el control era algo que la beneficiaba enormemente, lamentablemente, el 13vo no cedió a sus impulsos, amarro sus emociones desbocadas, y las arrojo en un oscuro abismo, uno tan oscuro y profundo que la diosa dudaba que ella pudiese alcanzarlas. La mente del primarca era una fortaleza pristina de orden y racionalidad. Una que llevaba la marca de su hermano Tzeentch, ¿Acaso su hermano había tratado de convertirlo? De ser así, era obvio que este había fracasado, miserablemente cabe señalar.

-Veo que mi propuesta te agrada.

Roboute estaba apoyado sobre una pared, respiraba con dificultad, su mente había visto lo divino, y luego se le fue negado, cualquier otro mortal ya habría perdido su cordura, pero él no, por alguna razón, una que la diosa no comprendía, el primarca aún se aferraba desesperadamente a su cordura.

-Eso, ¿Qué…Qué fue eso?

Slaannesh maldijo su descuido, y ahora estaba obligada por su propio pacto a hablar con la verdad, y nada más que la verdad.

-Es el Martillo de Vaul, antiguo dios Eldar de la forja. Hubo un tiempo donde este dios fue el más grande artesano, creador, escultor de esta galaxia. Pero supongo que tu pregunta es: ¿Qué me paso? ¿Verdad?

Slaannesh sonrió, mientras veía al primaca asentir.

-Tocaste lo divino, el poder, el conocimiento, y todo lo que experimentaste es la apoteosis que todo dios siente al nacer.

- Dios…. Pero ¿Qué…. –La boca del primarca fue sellada, Slaannesh no se iba a arriesgar a que el primarca volviese a pronunciar una pregunta cuya respuesta no quisiese dar en este momento.

-Nunca te han dicho, que no debes interrumpir cuando una dama habla.

El eco de la diosa volvió a mostrar el martillo tallado al primarca, este siguió el momento del martillo con ojos hambrientos. Incluso aunque había controlado sus impulsos, su control no era total, no bastaría este pequeño juego para romper su voluntad, pero por algún lado se empieza.

-Veras hace mucho, mucho tiempo. Khorne, Tzeentch, Nurgle y yo, le ofrecimos a tu padre un asiento, para que este jugase con nosotros en el gran juego, incluso le dimos un título, "El Rey Negro" pero tu padre se negó, estaba convencido de que podría vencernos y que la justicia triunfaría al final, y bla,bla,blá, entiendes verdad. Lo importante es esto; El gran juego a llegado a un punto donde es aburrido, no hay emoción, no hay expectativa, y eso es porque no hay nada que nos sorprenda, así que te extiendo una invitación para tomar el lugar de tu padre, y unírtenos en la divinidad.

-Me niego.

La negativa fue tan fría y firme que Slaanesh temió haber perdido su oportunidad, por fortuna, el primarca estaba demasiado débil como para expulsarla, así que aún tenía tiempo.

- ¿Y cómo planeas sobrevivir entonces? Porque supongo que hay un plan.

Slaanesh camino lentamente alrededor de su jaula.

-La humanidad dividida, atacada por todos los frentes, enloquecidos dioses del caos, antiguas y nuevas amenazas xenos, y pronto una invasión orquestada por seres que solo quieren devorar todo en la galaxia. Por donde lo veas, no sobrevivirás a lo que se viene, este pequeño rincón de la galaxia será tu tumba.

-Prefiero morir de pie a inclinarme y someterme.

- ¿Quién ha dicho algo de arrodillarte, inclinarte, o someterte? –Slaanesh sonrió. -Tú serás tu propio maestro, tu comandaras tus propias legiones, tu no le responderás a nadie.

Slaanesh volvió a sacar el martillo, y nuevamente lo paseo a la vista del primarca.

-Yo te ofrezco el primer paso que debes dar a tu destino, a tu verdadero destino, no las mentiras que el Anatema te prometió, ni las migajas que mis hermanos y yo le ofrecimos a tus hermanos, te ofrezco, lo que a nadie se le ha dado, y solo te pido algo de entretenimiento a cambio.

-He visto en qué tipo de abominación transformaste a mi hermano, no gracias.

-Na, na, na, lo que le haya hecho al Kan es solo cuestión mía, lo que te ofrezco es algo diferente, es algo que únicamente se lo hemos ofrecido a tu padre.

-No se supone que la vez pasada viniste a pedir ayuda para detener una invasión de todos los frentes a tu reino ¿Cómo te puedes aburrir con…?

Nuevamente el sonido de Slaanesh aruñando las defensas arcanas lo interrumpieron.

-Todo tiene su fin 13vo hijo del Anatema, y aunque la guerra fue emocionante, ya se acabó, por lo que debo buscar una nueva fuente de entretenimiento.

-…

-…..

-…..

-Bueno como sea, si quieres que se te el martillo, realiza un acto que me llame la atención, algo que me produzca una gran emoción. Si no lo deseas quédate en tu pequeño rincón de la galaxia y muere en el olvido, lo que te haga sentir mejor.

Slaanesh maldijo, su cuerpo comenzaba a deshacerse, era una lástima, le hubiese gustado tener más tiempo para convencer al primarca.

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Roboute Guilliman caminaba perezosamente por los pasillos del palacio imperial. No tenía prisa, en especial con Magnus atrapado en la luna, dentro de una instalación secreta de la legión Alpha, llena de descerebrados que asesinarían a cualquiera que se encontrasen.

De momento todo estaba más o menos ocurriendo como él había planeado. Se recargo contra una saliente, y con mucha amargura observo las decoraciones del palacio de su padre.

El palacio era hermoso, una obra que reflejaba cuan fuerte fue la humanidad, y cuan dolorosa fue la caída.

Observo vidrieras de al menos un kilómetro de alto, donde las vidas de los primarcas leales, era relatada. Guerras ganadas, mundos salvados, y mundos perdidos. El cuidado que se le tenía al detalle era hermoso.

Observo a Fullgrim posando con una espada, espada que brillaba con luz propia.

Observo a Agron, los clavos de carnicero que este tenía, habían sido reemplazados, por algo más adecuado a un gran héroe del imperio.

Observo a Magnus, su vidriera era particularmente hermosa, lo relataban como un sabio, gobernante, y un líder justo. Esto le dolió un poco. El hermano que el recordaba estaba tan lejos de ser algo como lo que representaba esa vidriera, que era doloroso.

Roboute siguió caminando, examinando las decoraciones, hermosas piezas de arte, tan parecidas a las que él había visto en su línea de tiempo, y tan diferentes a la vez.

Fue cuando los vio, cientos de civiles corrían de un lado para otro, buscando donde esconderse, pese a que no había nadie persiguiéndolos. La histeria los había consumido, era una lástima.

Camino un poco más, y en un pasillo aparte, se encontró con un grupo de civiles atrincherados, los cuales gritaron al verle, y si no fuese por la presencia del Custode quien los motivaba, no habrían podido encontrar el valor en sus corazones como para abrir fuego en su contra.

Vio como los disparos láser chocaban contra el escudo de su armadura, pero no respondió el ataque, en su lugar se movió, no había una razón real para que el primarca tuviese que abrirse paso por ese corredor en específico. Segundos después el primarca pudo escuchar gritos de jubilo injustificado por parte de los mortales que habían defendido la posición.

Roboute Guilliman siguió recorriendo los pasillos, evitando los pasillos donde los custodes que quedaban habían atrincherado a todos los civiles que pudieron.

No había una razón real para el combate, no ahora, no todavía. Continuo son su largo recorrido, un hermoso y doloroso recorrido.

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Trajann Valoris, actual capitán general de los Custodes estaba conmocionado, solo esta mañana había habido miles de marines de diversas legiones protegiendo el palacio imperial, miles de escuadrones del astra militarum, y toda una fuerza compuesta de hermanas del silencio.

Si, la mitad de los custodes habían sido desplegados para una cacería en los pisos más profundos de Santa Terra, pero eso significaba que aun deberían haber más de 5000 presentes.

Jajajaj.

Para cuando el medio día llego, casi todos los escuadrones del astra militarum habían sido movilizados de emergencia hacia diversos puntos dentro de la basta frontera del sistema solar.

La totalidad de las hermanas del silencio fueron solicitadas para sellar una brecha en el espacio real.

Unas horas después, casi todos los marines espaciales fueron llamados a orbita por el primarca Magnus, una emergencia fue lo que anuncio antes de correr rumbo a un incierto destino.

La situación en ese punto había sido extraña, demasiada calma, casi como si una tormenta se estuviese aproximando. Y su instinto no le fallo.

Todo comenzó con un mensaje que el 13vo envió a toda la galaxia desde el propio palacio imperial. Y entonces paso, todos los marines espaciales que se habían quedado en el palacio se revelaron como traidores, cientos de ataques suicidas inmovilizaron las naves de la flota, y un código chatarra nunca visto, paralizo todo lo que aún podría moverse. En solo unas horas Roboute Guilliman había logrado tomar control del palacio imperial sin pegar un solo tiro, sus defensores esparcidos, incapaces de regresar a la cuna de la humanidad.

Trajann Valoris trato de responder a la invasión, pero era tarde, casi todas sus tropas cayeron en una trampa de estasis. Dejándolo con menos de 200 custodes, un grupo de hermanas del silencio, algunos marines espaciales, y todos los civiles que pudieron reclutar, para defender el palacio imperial. ¡Ni siquiera tenían suficientes armas como para armar a todos los civiles!

Era una locura. Las comunicaciones que habían podido recuperar, sugerían que tropas leales luchaban por regresar a Santa Terra, pero era obvio que pasarían al menos un día antes de que una fuerza de tamaño suficiente como para liberar el palacio se reuniese.

Estaban solos. Una situación que hubiese roto a cualquiera, pero Trajann Valoris era un custode, un súper soldado forjado por las habilidades genéticas del propio emperador. Él no caería.

Reunió a todos lo que pudieran sostener un arma, y los atrinchero en diversas barricadas, estos civiles serán la primera línea defensiva, línea defensiva que tuvo varios encuentros con el primarca, pero en todos los encuentros, el primarca opto por tomar otro camino.

¿Qué rayos estaba pasando? ¿Qué era lo que no estaba viendo?

¿Acaso el 13vo había organizado toda esta locura, únicamente para poder pasear por el palacio exterior? ¿Acaso el 13vo se consideraba un turista?

Eso era una locura. ¿Cuántas veces había dicho "locura" este día?

Talvez era hora de forzar la mano del traidor.

Con un simple movimiento de su mano, varias capsulas se abrieron, en su interior varios asesinos habían permanecido en crio sueño por siglos, esperando un momento donde fueran de utilidad.

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Roboute Guilliman logro visitar el último lugar en su lista, una oficina abandonada hace miles de años. Fue en este lugar donde el estudio las tácticas del imperio cuando recién fue descubierto por su padre, poco antes de que se le entregase su legión.

Roboute se sentía extraño, había sido más de 10 000 años, pero para él, ese tiempo no tenía sentido. En esta línea de tiempo, y en la suya propia, él había permanecido en estasis por gran parte de la historia del imperio.

Un disparo logro golpearlo en el casco, atravesando el escudo de vacío que lo protegía. El atacante no era alguien normal.

Si Guilliman había calculado bien, el asesino que le ataco, debía ser alguien que había permanecido en criosueño en el interior del palacio, por al menos los últimos tres milenios.

El asesino del templo vindicare volvió a dispararle, estaba a varios kilómetros de distancia, por lo que era imposible que el primarca le respondiese, pero no hacía falta, el asesino estaba demasiado lejos como para que su arma pudiese lastimarlo realmente.

Claro que eso solo aplicaba a ese asesino en particular.

Una puerta de rompió y un temible asesino eversor, se abalanzó sobre él. Su furia amplificada por las potentes drogas que eran bombeadas a su corazón, con movimiento rápidos trato de golpear al primarca, ya sea con su pistola, o con su gran garra, pero el primarca esquivo todos los ataques sin muchos problemas.

Fue en ese momento que dos cuchillas fásicas C´tan estuvieron a milímetros de cortarle una pierna. Por fortuna el Primarca no cayó en el engaño de las asesinas callidus, una tercera asesina trato de usar su despedazador neural, pero el primarca logro bloquearlo usando al asesino eversor como escudo.

Mientras el asesino eversor caía con su sistema nervioso destrozado, el asesino vindicare, quien se había acercado mientras los demás asesinos distraían al primarca, volvió a disparar, a esta distancia sus armas deberían tener un impacto real en el traidor, lamentablemente sus disparos fallaron, resulta que el primarca nunca se había olvidado de él, y había estado esperando que este estuviese más cerca para poder dispararle, cientos de proyectiles fueron disparados del puño de poder del primarca, destruyendo la estructura que sostenía al asesino vindicare, este cayo por lo menos por kilómetros antes de ser enterrado en escombros, y para asegurarse que no pudiese salir de allí, Guilliman lanzo el cuerpo apenas vivo del asesino eversor sobre las ruinas. La explosión resultante hizo templar toda esa sección del palacio.

Las tres asesinas callidus se dieron cuenta de su desventaja y se retiraron rápidamente.

Claro que esa aparente retirada solo era otra treta, ya que apenas estas escaparon de la vista del primarca, un asesino culexus cayó desde una trampa ubicada en el techo.

Guilliman sintió como su cerebro se derretía, mientras la poderosa energía del paria lo golpeaba, en otro tiempo esto hubiese bastado para ponerlo de rodillas, pero Guilliman ya había experimentado lo peor que la galaxia podía ofrecerle, y logro sobrevivir, así que se repuso, agarro al asesino culexus y lo uso de escudo, cuando los asesinas callidus trataron de cortarlo con sus cuchillas de fase.

Al final las asesinas callidus cayeron ante una inmensa espada gladius que el primarca había forjado en las forjas de Macragge.

Un eversor, tres callidus, un vindicare, y un culexus, si los registros que había leído eran correctos, estos eran todos los asesinos que se habían mantenido en reserva en el palacio.

Seguramente llegarían más de los templos que estaban en Terra, pero, tenía tiempo, al menos unas tres horas más, antes de que sus maestros se decidieran a actuar.

Volvió su mirada al frente, y continuo con su paseo, aun no era el momento de asaltar el palacio interior. Aun no era el momento para hablar con su padre. Aún no.

Camino durante unos minutos en silencio, repasando lo que quería preguntar, y las consecuencias que podrían acarrear las respuestas que pudiese obtener. Entonces, el sonido de una batalla llamo su atención. No debería haber nadie en esta parte del palacio. Talvez civiles, pero no debería haber nada más.

Movió su cuello, y se acercó al lugar, donde el ultimo sobreviviente a la masacre, era eliminado por un repulsivo ser, una amorfa criatura que muy posiblemente en algún momento fue humano, pero ahora estaba deformado, y con cientos de implantes cibernético diferentes cubriendo su cuerpo aumentado.

-Supongo que tú eres el enviado de Marte. –Comento Guilliman con desgano, mientras el horrible ser se paraba frente a él.

-Mi número de serie es 1342785643 beta omega landa. Encantado de conocerlo señor de Ultramar.

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El Archimago Belisarius Cawl, se había estado preparándose para el momento donde le revelaría a Roboute Guilliman que había construido una IA con base en sus patrones mentales.

Había hecho simulaciones para cientos de miles de escenarios diferentes, algunos prometedores, algunos muy malos. Pero ni en sus más alocados sueños, se imaginó lo que el primarca podría hacer con su creación.

Resulta que Guilliman sí estuvo molesto por su atrevimiento al tratar de copiar su conciencia, y transferirla a una máquina. Pero la necesidad era grande, y el primarca no renunciaría a ninguna de las posibles cartas que pudiese jugar, eso incluía a su creación, la IA que imitaba su pensamiento, sería otra carta a jugar por el primarca.

Su IA fue desmantelada, y luego montada en un enorme dreadnought modelo Desprecio-Galatus, y fue el propio primarca quien renombro a su creación como Conor, ahora el dreadnought actuaría como la mano derecha del primarca en todas esas ocasiones donde el primarca no podía permitirse intervenir de forma directa.

Y aunque fue un evento provechoso, el Archimago no se sentía del todo contento, después de todo Belisarius Cawl había querido usar esta revelación para medir el tipo de reacción que tendría Guilliman, cuando este le revelase la verdad sobre su hijo, Primus. Y la verdad era que no le agradaban las posibilidades. Razón por la cual su hijo seguía en la línea de tiempo original, ignorante de todo lo que él estaba haciendo en este momento.

-Exijo un reporte de tu progreso Archimagos.

Las comunicaciones en el palacion imperial, deberían ser imposibles en esta situación, pero el primarca estaba usando el canal privado de los custodes para comunicarse, lo cual les daba una ventaja táctica.

-Avanzo con el cronograma programado. –Comento Belisarius Cawl, sin mucho ánimo. -Debo remarcar que este curso de acción es deficiente, está sacrificando nuestro factor sorpresa por una venganza vacía, en contra de hermanos que no son suyos.

Belisarius Cawl, escucho a Guilliman reír levemente antes de responder.

-Considera esto, solo una prueba de modelo, es importante saber que partes del imperio son leales, y cuales deben eliminarse.

Belisarius Cawl asintió, la idea era buena, y hasta cierto punto entendía lo que Roboute quería hacer, simplemente no le parecía una buena idea hacerlo de una forma tan llamativa.

El Archimagos hubiese comentado su descontento el primarca, pero le fue imposible, ya que uno de sus sensores se activó. Al revisarlo, se dio cuenta que era justo lo que habían estado esperando.

-Los custodes vestidos de negro han comenzado a moverse. –Comento Belisarius Cawl, mientras forzaba su conciencia a través de las diferentes defensas del palacio imperial. –Mi señor ¿Cree que activen el decreto terminus?

-No, según lo que he logrado descubrir, el decreto terminus es una especie de botón de hombre muerto, solo se activara cuando mi padre, el emperador, haya muerto.

-Comprendo mi señor, tan pronto como considere que no hay guardias, ingresare a las celdas negras.

-Ten cuidado, no podremos comunicarnos una vez ingreses, por lo que no voy a poder ayudarte.

-No se preocupe mi señor, tengo mis propios medios.

La comunicación se cortó en ese momento, Belisarius Cawl no quería escuchar ningún comentario o sugerencia del primarca, sobre su protección.

En su lugar se limitó a ingresar en los sistemas, que mantenían a los horrores que el emperador había encerrado aquí, dentro de las celdas negras, lejos de la galaxia.

Los sistemas en si no tenían mucha seguridad, como si nunca se hubiese considerado que alguien pudiese llegar hasta ese punto.

Los horrores de la larga noche que yacían enterrados en esas celdas eran impresionantes, aterradores, y sin lugar a duda, si alguno de esos seres escapaba, el imperio estaría en peligro. Pero ninguno era lo Roboute le habían pedido buscar.

Dentro de los registros, encontró;

Una IA abominable que había esclavizado un mundo, y convertido a los humanos sobrevivientes en baterías.

Un amplificador Psiquico, desconocía su propósito original, pero aparentemente fue usado en el milenio 39 para controlar planetas enteros.

Una PCE la cual parecía estar intacta.

Una cepa de un virus llamado COVID 19.

Un prisionero cuyo único registro era: # 11

Una reliquia llamada; el lamento.

Y un sinfín de otras cosas, cosas tan peligrosas y antiguas que el propio Belisarius Cawl, sintió como su mente comenzaba a desquebrajarse. Lamentablemente ninguna de esas cosas era la que estaba buscando.

Siguió buscando, más y más profundo, recopilando toda la información que podía, no sabía si esta información sería útil a futuro, pero lo importaba, la información era la moneda de cambio del culto mechanicus, y cualquier información que pudiese recolectar sobre este lugar valdría la lealtad de un mundo forja.

Eso podría llegar a ser algo especialmente útil, en especial tras su pasado fracaso al tratar de unir a varios mundos forja a su causa.

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Roboute Guilliaman no estaba sorprendido por la presencia el asesino marciano, de hecho, la había estado esperando. Marte nunca había sido leal al emperador.

Roboute Guilliman nunca comprendió porque su padre no había eliminado al culto a la máquina de Marte. Era obvio que el Mechanicus traicionaría a Terra llegado el momento ¿Cuál era la razón por la que su padre decidió pasar por alto semejante amenaza? Ni idea.

Bueno no importaba. El primarca se centró en la reunión que acababa de tener.

El asesino, había sido enviado por el propio fabricador general, y la proponía una alianza. Si él prometía respetar la independencia de Marte, Marte no interferiría en la guerra que estaba ocurriendo en el palacio imperial.

De hecho, como gesto de buena voluntad, el fabricador general ya había liberado en la noosfera un código chatarra que había paralizado a todas las naves en la superficie marciana.

Ahora solo quedaba que el diese su palabra, y una alianza informal se formaría.

Roboute no era tonto, y comprendía la trampa, si el ganaba estaría atado por sus palabras, en cambio si el perdía, Marte negaría todo y le dispararía por la espalda.

Marte, tierra de traidores, aun así, había algo que le había llamado poderosamente la atención. El nombre del fabricador general en esta línea de tiempo era uno que él no había escuchado en su vida.

-Disculpa, pero podrías repetirme el nombre del actual fabricador general. –Pregunto Guilliman

-Lukas Chrom. –Fue la corta respuesta del asesino mecánico.

El primarca asintió, después de repasar todos los documentos que alguna vez había leído sobre Marte, en su línea de tiempo, supo que este nombre, era algo completamente característico de esta línea de tiempo.

Interesante, pero no muy útil.

Con un movimiento ágil atrapo al asesino, con su inmenso puño de poder, y luego apretó, hasta que solo quedo una pulpa desagradable.

Era una lástima, el imperio de su padre, era imperio solo en el nombre, las fuerzas que lo conformaban escaparían o traicionarían a la primera señal de peligro.

Marte le había ofrecido una alianza, apenas sintió el peligro.

Varios señores de Terra habían huido del palacio cuando él lanzo su mensaje a la galaxia, uno incluso huyo llevándose a no menos de 30 000 astartes con él.

Incluso los altos señores de los templos asesinorum estaban en silencio, a la espera del mejor momento para ubicarse en el bando ganador.

El emperador estaba solo en su trono, solo respaldado por su reducida guardia real.

El primarca suspiro, larga y pesadamente, antes de mandar un único mensaje encriptado a Belisarius Cawl. Era hora de reunirse con su padre.

Usando su conocimiento del palacio imperial de su línea de tiempo, y algunos planos que logro recuperar de las diversas remodelaciones que se habían efectuado a lo largo de los milenios, el primarca logro trazar una ruta que lo llevaría de la forma más rápida posible.

Guilliman ingreso al palacio interior, solo para detenerse en seco. Levanto su mirada y allí estaban, una infinidad de ojos lo miraban, lo examinaban, todos ocultos en cada sombra, los demonios, los dioses del caos, tenían su mirada fija en el 13vo primarca.

Esto se podía considerar una victoria. Y el primarca se disponía a sacarle el mayor provecho posible.

Con decisión avanzo, por los pasillos completamente vacíos. Los custodes al saber cuan pocos números tenían, habían decidió reunirse en un único lugar, un lugar donde esperaban librar la última resistencia.

Poco antes de llegar a la sala del trono, Guilliman ingreso a una amplia antecámara. En donde todos los custodes restantes le estaban esperando.

- ¡No avanzaras ni un paso más Traidor! –Grito Trajann Valoris, mientras empuñaba su pesada hacha de guerra.

Roboute sonrió debajo de su casco. Las tropas que quedaban para defender la sala del trono eran menores a sus estimaciones más optimistas. Todos los que podían se habían ido, llevándose a todas las tropas que pudieron reunir. Si el imperio de su padre quería sobrevivir, tendría que purgar a todos los traidores.

Bueno, eso será para después.

Roboute no humillaría a sus oponentes señalándoles su precaria situación. En su lugar empuño su confiable gladius, y comenzó una batalla contra las mermadas fuerzas leales.

A Guilliman le hubiese gustado usar la espada que su padre le había dado, pero sabía que usarla podría acarrearle problemas, por lo que no la uso. Aun así, el resultado no cambio mucho, los defensores lucharon con todas sus fuerzas, pero...

Guilliman era casi una fuerza de la naturaleza, un hijo del propio emperador, un tornado de carne y hierro, que cortaba a sus oponentes con una velocidad y facilidad imposible de imitar por meros guerreros mortales.

La presencia de las hermanas del silencio era molesta, pero nada que él no pudiese manejar. Al final eran solo mortales con un don increíble, pero uno que solo se aplicaba a demonios.

Los custodes resultaron ser oponentes más dignos, era una lástima que ninguno de esos increíbles guerreros supiese combatir en grupo, cada uno de esos guardianes dorados eran el pináculo de lo que la humanidad podía llegar a ser, por eso estaban demasiado acostumbrados a ser el ápex predator en el campo de batalla, tanto que no podían maniobrar bien sus estrategias cuando se encontraban con algo que los superaba.

Un error de diseño que compartían los custodes de su propia línea de tiempo, un error que se negaban a aceptar y corregir. Guilliman rechino los dientes.

Lentamente los números fueron disminuyendo, de hecho, más o menos por la mitad de la lucha, Guilliman había dejado de usar fuerza letal, los defensores del palacio estaban cayendo demasiado rápido.

El primarca rugió al momento de golpear a una hermana del silencio, no había usado su guantelete, en su lugar la golpeo con la parte ancha de su espada. Ese golpe no la mataría, pero si la incapacitaría por lo que resta de batalla. No había una necesidad real de matar a todos los guardias, siempre que la situación se lo permitiese él debía permitir vivir a sus oponentes.

-Deja de jugar con nosotros. –Se quejó Trajann Valoris, su brazo estaba roto, por lo que estaba empuñando esa inmensa hacha de guerra con solo una mano. – ¿Acaso crees que dejarnos vivos cambiara algo lo que has hecho?

-No me interesa cambiar nada, simplemente estoy calculando cual es mi próximo movimiento, y trato de cumplirlo de una forma eficiente, sin sacrificar vidas inútilmente. –Guilliman golpeo el piso, desestabilizando a un custodio que había tratado de atacarlo por la espalda. Luego lo agarro y lo lanzo por encima de su cabeza, contra otro custode, quien ya no siguió intentando levantarse.

-Tus palabras y tus acciones no tienen sentido. -Trajann Valoris ataco, pese a que los custodes fueron creados para no tener miedo, un sentimiento de desesperación comenzaba a apoderarse de él.

Guilliman termino con la resistencia del capitán general de los custodes, con un fuerte golpe de su guantelete, pese a ser tan molesto, Trajann Valoris era importante, por lo inutilizarlo sin matarlo había sido una parte fundamental en el plan del primarca.

Por fortuna eso ya estaba hecho.

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Trajann Valoris cayo, sus fuerzas lo abandonaron, ya no se levantaría de nuevo, al menos no en el poco tiempo que quedaba para impedir que el primarca traidor llegase a la sala del trono dorado.

Mientras su conciencia se desvanecía, el custode repaso todos los eventos que le habían llevado a este punto, la lista de errores cometidos era kilométrica, el debería haber purgado a los señores de Terra hace milenios, debería haber decapitado al culto marciano, debería haber garantizado la lealtad incondicional del oficio asesinurum.

Bueno, eso no importaba, todo estaba terminado, ellos habían perdido, ahora solo quedaban los interminables minutos antes de que el decreto terminus se activasen, reduciendo a Terra a polvo cósmico. Eso al menos les negaría a los traidores el poder reinar sobre la cuna de la humanidad.

Los traidores, traidores, ¿Por qué los poderes de las hermanas del silencio no habían afectado al 13vo, acaso era posible que el traidor no hubiese pactado con ninguno de los dioses del caos? Y de ser así, ¿Qué significaba eso para el imperio? ¿para la humanidad? ¿para el emperador?

No, había algo que lo había estado molestando en todo este asunto. El número de bajas era sorprendentemente bajo, valga la redundancia.

El 13vo había usado sus habilidades administrativas para alejar a todos los leales, y asegurarse de que todos los traidores escapasen. ¿Por qué se había tomado la molestia en algo así? ¿Por qué él y casi todos los que le siguieron seguían vivos? ¿Por qué Roboute Guilliman no había asaltado el palacio interior apenas se le dio la oportunidad? ¿Qué estaba esperando? ¿Por qué el primarca había recorrido el palacio como si este fuese una atracción turística? ¿Qué ganaba? ¿Qué estaba ocultando?

La oscuridad se acercaba, la inconciencia lo reclamaba, pero las dudas seguían. ¿Qué estaba planeando del 13vo?

Al final la oscuridad cayó sobre el capitán general de los custodes.

Ya no quedaba nadie entre el traidor y el emperador.

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Guilliman avanzo a grandes zancadas, podía escuchar la agonía de los psíquicos que aun resistían, mientras eran sacrificados al gran faro que era el astronomicon. La visión era repugnante. Mil vidas entregadas al emperador todos los días, solo para que este no terminase de morir. ¿Desde cuándo este desmedido sacrificio fue considerado algo normal para el imperio?

En el centro de la habitación, estaba el rey, el viejo, el hombre, el general, el tirano, el padre, el monstruo, el emperador, el temor de todos los demonios, el Anatema.

Mientras se acercaba, Guilliman no podía evitar preguntarse;

¿Podría hablar con él?

¿Podría entenderlo?

¿Tendría algún sentido preguntarle cualquier cosa?

Llego a la mitad de la sala del trono, y ya no pudo avanzar, levanto la vista, y entre las sombras que bailaban en cada esquina decolorada, él podía ver a los dioses del caos.

Podía verlos, podía escuchar sus voces, promesas, amenazas, insultos, felicitaciones, y un largo etc. Que no se molestaría en recordar.

Era obvio que los dioses del caos estaban molestos, Guilliman estaba poniendo en peligro su gran juego, y lo peor era que al no estar afiliado a ninguno de los cuatro, si este juego terminaba, la victoria no sería para ninguno.

Los dioses exigían entretenimiento, y él se los estaba negando.

Fue en ese momento que el astronomicon parpadeo, desterrando a sombras y los molestos seres que las usaban para ocultarse del poder del emperador.

-Padre. –Pronuncio Roboute Guilliman mientras se quitaba el casco.

La respuesta de su padre fue una ola de llamas psíquicas, que quemaron el alma del primarca.

Guilliman grito en agonía, pero nuevamente se paró, esto no era lo peor con lo que había lidiado. Y haría falta algo mucho peor para detenerlo.

El primarca se levantó, y una nueva ola de poder lo barrio. Pero este simplemente no se rendía, puede que ninguno de los dioses del caos lo estuviese protegiendo, pero eso no lo hacía menos débil.

Roboute avanzo lentamente, soportando el poder que amenazaba con consumir su alma.

Era una lucha de voluntades. El emperador trataba de expulsarlo, mientras Guilliman no se iría sin una respuesta adecuada.

Por uno segundos Guilliman pudo ver cómo era el emperador en realidad. Pudo ver al viejo acabado, arrepentido, y solitario que simplemente seguía porque ya no había otra forma, debía seguir para que los sacrificios que se habían hecho no fuesen en vano.

El primarca continuo, avanzando, lentamente, pero paso a paso, la distancia se acortaba.

Y con cada paso Guilliman podía ver mejor en las memorias del emperador.

Pudo ver su origen, pudo ver el sacrificio de cientos de shamanes, quienes aterrados por lo que estaba por venir decidieron unir sus almas, sus voluntades, y poder, en un único cuerpo.

Vio las batallas, las derrotas, las victorias, vio la guerra y la paz. Pero eso no era lo que estaba buscando.

- ¡¿Por qué?! –Grito el primarca mientras avanzaba. –¿Por qué esta has permitido esta locura?

-La vida es una batalla. En los libros que cuentan mi vida, puedo ser un perdedor, un loco, un paria, un pobre ladrón, pero luchare contra la miseria, y traeré de regreso a la humanidad a esa era de oro que se olvidó.

Por fin las olas de energía terminaron, Guilliman estaba demasiado cansado, tanto que tuvo que apoyarse contra el trono dorado para no caer.

¿Lo que acababa de vivir era real o simplemente fue una ilusión? Él había podido ver dentro de las memorias del emperador, o al menos eso era la conclusión a la que él había llegado. Pero ¿El emperador pudo hacer lo mismo?

Pero justo cuando estaba a punto de preguntar, sus sentidos le alertaron que no estaba solo.

De entre las sombras, una figura surgió, una que había visto en milenios.

-Hermano, estas muy lejos de casa.

-Hola… Curze. –Guilliman se forzó a pronunciar el nombre de su hermano.

La mente del primarca era un lio, ¿Este era Konrad Curze que se había sacrificado para poder proteger al emperador, en su batalla contra Dorm, o era el lunático que vestía con la piel de inocentes de su línea de tiempo? Era imposible saberlo solo viéndolos.

El acechante nocturno corrió, salto, y en menos de una milésima de segundo, Guilliman tuvo que rodar para evitar un ataque que le hubiese decapitado si hubiese dudado.

- ¿Acaso vienes a terminar lo que Dorm no pudo hacer?

Bueno, eso ayudaba a identificarlo, este era el Konrad Curze de esta línea de tiempo, lo cual no explicaba porque estaba vivo, según los datos que había podido reunir este Konrad Curze debería estar muerto, su cráneo aplastado por el puño de Dorm.

-Te ves muy vivo para alguien que supuestamente murió en manos de Dorm.

-Las historias de mi muerte son algo exageradas. - Konrad aprovecho la debilidad de su hermano para patearlo en el estómago, alejándolo del trono dorado.

-Voy a completar la tarea que Fullgrim no pudo. Voy a matarte.

Konrad se lanzó, con sus garras listas, pero Guilliman no flaqueo, logro detener el ataque de su hermano con su espada. Las chispas saltaron, mientras ambos semidioses median su fuerza. Guilliman retrocedió, y Curze no continúo atacando, ambos primarcas comprendieron que este lugar no era apropiado para que dos semidioses luchasen, un mal golpe podría romper algo de los ya frágiles circuitos que mantenían al trono en funcionamiento.

-Curze, hay algo que siempre he querido preguntarte.

-Pregunta, aunque puede la respuesta no sea de tu agrado.

Guilliman continuaba retrocediendo, mientras Curze no se apartaba de las inmediaciones del trono dorado.

-Tu siempre has dicho que puedes ver el futuro, así que dime ¿Qué ves en mi futuro?

-¿Futuro? No hermano, tú no tienes futuro, todo termina aquí, hoy te voy a matar.

Nuevamente ambos primarcas chocaron, como Guilliman ya estaba un poco más lejos del trono de su padre, Curze podía permitirse ser más agresivo. Aun así, ninguno pudo encontrar una apertura en la defensa de su oponente.

-Tu espada tiene muescas, cuando se rompa, tu cuello será lo siguiente que corte.

-Puede que mi espada no esté en su mejor momento, pero incluso una espada así puede ser útil.

Guilliman se separó, y luego lanzo su espada hacia el lugar donde su padre descansaba.

Konrad podría haber aprovechado esta apertura para destripar a su hermano, pero si lo hacía, estaría condenando a la humanidad. Por lo que salto para detener la espada. Para cuando aterrizo Guilliman había escapado. Podría perseguirlo, pero sería peligroso, el salón del trono no podía quedarse sin protección. Por lo que decidió esperar en ese lugar, haciendo guardia, mientras los leales recuperaban el control del palacio.

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La batalla por Santa Terra ha terminado.

Los traidores eventualmente serán expulsados del planeta cuna de la humanidad.

Y en esta, la hora más oscura para la humanidad, dos hijos del emperador regresaban tras milenios de ausencia.

El imperio fue empujado al borde de la derrota, pero como siempre, nos alzaremos más fuertes que antes.


Y se acabo el año, muchas gracias a quienes leen esta historia, y me disculpo por no poder actualizar todos mis trabajos, este año que comienza espero poder organizarme mejor.

En todo caso feliz año nuevo para todos.

Por favor comenten que les pareció el capitulo, sugerencias, correcciones.

Y si les gusta mi trabajo por favor denle una oportunidad a mis demás historias.