Capítulo IX:
#9. Si hacemos lo que queremos, nace el miedo
Pero prefiero ese miedo a que ya nunca nos queramos más.
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ANGELS HIDE
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Cuando lo mejor que pasará, ya te pasó.
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Hacia tanto frío aquella noche cuando desperté a las dos de la mañana en la enfermería, me dolían las muñecas al estar atado por aquellos cinturones de cuero a la cama. Me sentía sumamente mareado y no sabía si era de la fiebre o de la rabia contenida en mi interior.
― Sasuke― Su voz provocó un profundo alivio en mi.
Voltee el rostro despacio ubicándola entre la oscuridad de aquel cuarto, ella sonrió aproximándose más a mi. Estaba descalza y solo llevaba un holgado vestido color blanco que le llegaba hasta las rodillas, su cabello revuelo y la piel muy pálida.
―¿Sakura?―
Ella sonrió y apoyo su mano helada en mi mejilla, sentía el frío recorrer mi cuerpo cuando su piel rozo la mía en aquella nostálgica caricia.
―Estas helada― Susurre, la pelirrosa no respondió, bajo su mano despacio acariciando mi brazo hasta llegar aquel cinturón de cuero que sujetaba mis muñecas ―Libérame― Le ordené, ella negó con la cabeza aún con la vista clavada en mis ataduras―¿Por qué?―
― No puedo― Murmuro ― Y no deberías hacerlo tú tampoco― Aconsejo ― Itachi ya viene― Anuncio y aquellos pasos acercándose la interrumpieron, yo abrí los ojos asustado de qué pudieran descubrirla.
―Escóndete― Le ordené y ella asintió alejándose de mí.
― Pórtate bien, Sasuke―
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―¡Sakura, no!―
Naruto quedo tieso a mi lado casi temblando al verla, fui yo quien corrí a su lado arrodillándome junto a su cuerpo y la levante levemente del suelo para tomarla entre mis brazos y acomodarla en mi pecho, estaba sumamente pálida y helada pero estaba viva, lo corrobore cuando entré abrió sus ojitos verdes y me miro.
―Sasuke― Susurró.
―No hables― La rete aún abrazándola a mi cuerpo, me quite la chaqueta despacio y la pase por su cuerpo en un vano intento de calentarla ―Despabila, Naruto― Le grite a mí amigo que aun continuaba de pie en la puerta observándonos ―Llama a emergencias―
―Si, lo siento― Chillo agitando la cabeza y saco su móvil del bolsillo marcando el nueve once.
―Sasuke― Volvió a llamarme removiéndose entre mis brazos y mi chaqueta resbalo por sus hombros.
―No te muevas, por favor― Rogué más para calmarme a mi mismo que a ella ―Naruto ya llamo una ambulancia―
Ella sonrió y levanto un poquito la mano sana moviéndola despacio de derecha a izquierda enseñándome la sudadera que tenía puesta. Mi sudadera.
―Ya te recordé― Susurro ―Perdón, pequeño―
A mi se me detuvo el corazón al oírla pero supe que no iba a volver a latir nunca más cuando sus ojos se cerraron.
―¿Sakura?― La llame sacudiéndola levemente pero ella no respondió ―Sakura― Las lágrimas comenzaron a bajar lentamente por mis mejillas cayendo sobre su rostro pálido y helado.
―La ambulancia ya viene― Anunció el Uzumaki arrodillándose junto a mi y clavo esos ojos azules en la pelirrosa preocupado ―¿Sakura?― Murmuró al notar que la chica no respondía.
―Naruto― Chille alterado y clave mi vista en el rostro de la Haruno, tenia los ojos cerrados y la respiración tan bajita que era apenas perceptible ―Qué no se muera. No me puede dejar― Rogué ya más alterado ―Sakura― La llame ya llorando ―No te atrevas a morirte―
Naruto chaqueo la lengua y tomo el bolso de Sakura que estaba tirado en el suelo a nuestro lado, lo vi sacar un par de remeras de la pelirrosa y comenzó a romperlas con fuerza haciéndolas tiras.
―¿Qué haces?―
―Hay que irnos― Anuncio y paso aquellas telas por la muñeca abierta de la pelirrosa cortando la hemorragia ―Para cuando llegue la ambulancia estará muerta― Explicó haciendo un torniquete en la herida de Sakura.
Yo asentí levantándome del suelo con la Haruno en brazos y le entregue la llave de mi coche al rubio, bajamos de prisa hasta llegar al coche y Naruto subió de piloto. Yo me acomode en el asiento del copiloto con la pelirrosa entre mis brazos, el Uzumaki aumento la velocidad encaminándonos al hospital más cercano.
―Ya casi llegamos― Anuncio acelerando y la aguja del tablero de velocidad llego a ciento veinte kilómetros por hora
Yo solo podía ver como la vida abandonaba a mi ángel poco a poco.
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―¿Feliz, mocoso?―
Yo fruncí el ceño al verla acercarse a la camilla y clave mis ojos en ese marcado color violeta que yo mismo había dejado en su cuello hacia unas horas.
―Tu hermano llega en unos días― Anuncio y tiro de mi muñeca con fuerza haciéndome gritar de dolor cuando la hebilla de aquel cinturón que me amarraba a la cama se clavo en mi piel, apreté los puños furioso al verla reírse de mi ―Vas a lamentar haberme puesto una mano encima― Me amenazo.
Yo largue una carcajada burlona y le escupí el rostro.
―Te voy a matar, Magna―
Ella volvió a acercarse a mí limpiándose el rastro de babas de su mejilla y yo tire tan fuerte de mis muñecas que las hebillas cedieron, se clavaron en la piel de mis muñecas rasguñándome pero logré deshacerme de ellas y liberarme, la vi retroceder asustada cuando me tire de la cama.
―Aléjate, mocoso― Ordeno retrocediendo a la puerta de salida.
Yo sonreí con malicia. Magna intento huir pero a mi el odio y la rabia ya me habían consumido, tomé aquella horrenda mujer de los cabellos y la tire contra la pared haciéndola chillar de dolor cuando su cabeza golpeo el concreto y cayo al suelo semi inconsciente. Sonreí antes de darle una patada en el rostro y acabar de dejarla desmayada.
―Te lo mereces, hija de puta―
Mis manos temblaron cuando tomé aquel bidón repleto de gasolina del cobertizo.
Iba a prender fuego ese maldito orfanato.
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―¿Qué ocurrió?―
Yo levante la vista observando a aquel elegante sujeto ingresar a la sala de espera. Habíamos llegado hacia unos cuarenta minutos con la Haruno casi sin vida y hacia más de cuarenta minutos que no sabía nada de ella. Cuarenta minutos que para mí habían sido una vida entera.
Naruto me observó de reojo cuando me levante de la silla y me aproxime a ellos, apreté los puños furioso y le rompí la nariz al Hyuga de un golpe. Ni siquiera sentí la piel de mis nudillos desprenderse solo sentí la rabia contenida hacia esos dos idiotas.
―Maldito― Lo insulte, su padre se aproximo al castaño alejándolo de mí y Naruto me tomó con fuerza de los brazos evitando que volviera a tirarme sobre el Hyuga ―Por tu culpa ella está en ese estado―
―Sasuke, basta. Nos van a echar― Me reto el Uzumaki aun intentando detenerme.
―Yo no le hice nada que no se mereciera esa perra― Me respondió el de ojos claros con una sonrisa de lado y la sangre escurrió desde su mentón hasta el cuello goteando en el suelo y dejando pequeñas manchas color rojo.
―Ya basta los dos― Nos reto el adulto presente ―Que alguien me diga ahora mismo que carajos le paso a mi hija―
Neji abrió los ojos sorprendido al oír las palabras de su padre, quedó más pálido de lo que ya era pero no llegó ni abrir la boca cuando el médico abrió la puerta interrumpiendo nuestra conversación. Sentí mi corazón detenerse en ese instante.
―Esta estable― Anuncio ―Sakura, ya esta fuera de peligro―
Mi alma regreso a mi cuerpo. Mi ángel había vuelto.
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― Pequeño―
Su voz se sintió como una bocana de aire fresco, las llamas frente a mi consumieron todo el edificio. Escuche los gritos y murmullos de aquellos niños y adolescentes a mi alrededor, había logrado sacarlos a todos antes de que las llamas consumieran todo a su paso. Incinerando por completo lo que alguna vez llamamos hogar.
―Vienen los bomberos―
Yo desvié la vista a aquella pequeña niña a mi lado, sonrió con tristeza y entrelazó sus deditos con los míos. Las sirenas comenzaron a hacerse más potentes a cada segundo que pasaba, sentía el aire caliente en mi nariz y los gritos de Sarutobi aún estaban grabados en mi mente luego de haberlo dejado encerrado en su oficina y haber iniciado el incendio.
―¿Sasuke? ― Me volvió a llamar aquella rubiecita.
Yo apreté su pequeña mano entre la mía y voltee a verla.
―Esta bien― Susurré más para mí mismo que para aquella niñita ―Ya se terminó― Anuncie observando el camión de bomberos y aquellas dos ambulancias detenerse junto a nosotros.
―Atrás niños― Nos corrieron los bomberos y sentí las manos de aquella enfermera cuando nos obligó a alejarnos del edificio en llamas.
Yo voltee la vista clavando mis ojos en ella, la vi sonreír tomando aquella pequeña niña que no recuerdo su nombre y me obligó a avanzar hasta la ambulancia donde paso una cobija por mis hombros y me brindo una máscara de oxigeno.
―Tranquilo― Susurró en un vano intento de sonrisa y paso sus dedos por mi cabello casi cubierto de cenizas ―Todo estará bien―
Era mentira.
―Gracias― Sonreí.
Había logrado destruir un infierno pero había abandonado a Sakura en uno mucho peor pero cuando voltee el rostro y observe esos ojitos castaños a mi lado me di cuenta que al menos a esa pequeña la había salvado de un futuro como el de Sakura y Matsuri.
Quizás no todo era tan malo como parecía.
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Habían pasado tres días desde que Sakura intento quitarse la vida, Hizashi la había trasladado a un sanatorio privado pero le habían prohibido todas las visitas. Aún así yo iba todos los días al hospital a que el médico me diera su evolución y me dijeran aquellas palabras de mierda.
―Tiene prohibidas las visitas―
Pero aquella tarde fue diferente porque cuando llegue ya estaba allí Hizashi y se veía sumamente preocupado.
―¿Qué ocurrió?―
Él Hyuga mayor clavo esos extraños ojos en mi y por primera vez en todos esos días pude notar la verdadera preocupación en ellos. Quizás muy en el fondo ese sujeto la quería.
―Sakura huyó―
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Si sigo quitando piedras en el camino es porque sigo pensando que tú estarás detrás.
No temas por olvidar quién eres, porque yo sí te lo puedo recordar.
(Llegará – Beret)
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