Capítulo 32
Habían pasado cuatro días desde que llegamos a la Cascada Meteoro y tuvimos ese encuentro con Druddigon, y ahora Aura y yo estábamos en Pueblo Pardal comprando provisiones para emprender el camino hacia Pueblo Lavacalda.
Durante los últimos días nos habíamos dedicado a entrenar al máximo. Por mi parte, me aseguré de que Bianca se adaptara a su nueva forma evolucionada y desarrollé un nuevo y original método para que pudiera esquivar los ataques sin depender de teletransportarse.
Pero no le dediqué mi tiempo solo a ella, los demás también mejoraron. Mis compañeros se habían hecho más fuertes y también habían aprendido algunos ataques nuevos, ya fuera por nivel o porque les enseñé alguna MT.
Incluso mi recientemente adquirido Gible había entrenado duro y aprendido algún ataque. Cuando lo saqué de su Pokeball para hablar con él, acabé descubriendo que era una hembra. Por tanto, decidí llamarla Gaia, como una diosa de la tierra de mi anterior mundo.
El único que no había aprendido nuevos movimientos era Spike, pero solo porque los que tenía ya eran bastante buenos. Giro bola y Drenadoras son la base de su estrategia, y hasta que no evolucionase no podría enseñarle un par de movimientos que tenía en mente.
Ahora, mientras esperaba a que Aura terminara de hacer unas compras en la tienda Pokémon, hacía girar una Pokeball sobre la punta de mi dedo índice y la miraba pensativo. En ella se encontraba un compañero que también había logrado evolucionar recientemente, y sin duda me sería útil en la batalla de gimnasio.
-Ya estoy lista.- dijo una voz a mi lado, sacándome de mis pensamientos.
Mi mirada se fijó en Aura, quien me observaba con una sonrisa. Ella también había entrenado duro estos días. Incluso consiguió que uno de sus Pokémon evolucionase. Además, los dos habíamos compartido consejos para hacer que el entrenamiento fuera más productivo.
-En ese caso, vámonos.- dije apartándome de la pared sobre la que estaba apoyado y guardando la Pokeball con la que estaba haciendo malabares.
Nuestro objetivo era llegar a Pueblo Lavacalda cruzando el Monte Ascua, y una vez allí ganar nuestra cuarta medalla de gimnasio. O bueno, debería decir que ese era mi objetivo, porque Aura tenía otros planes en mente.
-Tenemos que probar las aguas termales antes de la batalla de gimnasio, son medicinales y relajan el cuerpo y la mente.- argumentó mi amiga por tercera vez desde que habíamos salido de Pueblo Pardal.
-Está bien, prometo probarlas.- respondí cediendo ante su insistencia.
No era como si no quisiera probar cosas nuevas, era solo que tenía muchas más ganas de enfrentar a Candela que de bañarme en unas termas. Además, no me gustaban mucho los baños con agua demasiado caliente, prefería el agua fresca o, directamente, fría.
No fue hasta un par de días después que logramos cruzar toda la zona volcánica y llegar hasta la base del Monte Ascua. Por suerte, había un sendero que cruzaba la montaña y llegaba hasta Pueblo Lavacalda, por lo que no nos perderíamos por el camino.
-Debemos tener cuidado con las zonas escarpadas.- le dije a Aura mientras iniciábamos el camino.
-No te preocupes, soy una experta exploradora.- respondió ella con una amplia sonrisa mientras levantaba un brazo y sacaba músculo. No pude evitar soltar una carcajada.
-No dudo de tus habilidades.- me apresuré a decir cuando me percaté de la mirada entrecerrada que me dirigía.
-Más te vale.- dijo mientras asentía. Aunque su ceño estaba fruncido, noté que estaba luchando por contener una sonrisa.
Le sonreí de vuelta. Me gustaba mucho hablar con Aura y bromear de esta manera. Siempre había buen ambiente entre los dos y me sentía muy cómodo con mi amiga. Era algo que no podía experimentar viajando en solitario, aunque mis Pokémon siempre me hacían compañía.
Pensar en eso me había hecho darme cuenta de lo rápido que me había acostumbrado a estar con ella. No es que eso fuera algo malo, pero… ¿podríamos estar juntos siempre? Incluso si pudiéramos pasar el resto de nuestro viaje por la región juntos, tendríamos que separarnos cuando acabara.
Una sensación de malestar se instaló en mi pecho ante la idea de perder la compañía de Aura. Era una sensación desconocida para mí, y no me gustaba. Siempre había estado solo y nunca me había importado, no entendía el motivo por el que esta situación era diferente.
Entonces miré a Aura y lo entendí rápidamente. No se trataba de que temiera quedarme solo nuevamente, era que no quería alejarme de ella. A mi mente vinieron los recuerdos de nuestra conversación en el banco que había junto a la posada y cómo confesamos nuestro interés mutuo.
"Esta sensación de no querer alejarse de otra persona… ¿así debe sentirse el amor?" pensé angustiado. Era irritante no saber lo que estaba sintiendo ni a qué se debía. Solo podía hacer conjeturas.
-Eric, ¿estás bien? Llevas un rato pensativo y te has puesto pálido.- escuché decir a mi amiga. Al mirarla de nuevo, noté que me observaba con preocupación.
-No te preocupes, yo solo… estaba pensando en algo que no me gustaría que sucediera.- expliqué sin entrar en detalles, apartando la mirada. Ella pareció entenderlo, puesto que no intentó profundizar más.
-Sea lo que sea, sabes que puedes contar conmigo.- tras escucharla decirme esas palabras, sentí cómo su mano se entrelazaba con la mía. La miré sorprendido, solo para encontrarme con una mirada cálida y reconfortante.
-Gracias…- murmuré sin saber qué más decir. Ella se limitó a asentir y miró al frente para seguir caminando.
Al contrario de lo que esperaba, no sentía timidez al estar en esta situación con ella, como me habría pasado anteriormente. Me sentía tranquilo y en paz, como si todo estuviera en el lugar correcto.
"Sí, quizá este sea mi lugar." pensé con una sonrisa mientras observaba nuestras manos entrelazadas.
Seguimos nuestro viaje a través del sendero, el cual empezaba a ascender por la ladera de la montaña. Si bien no pasaba por la cima, era inevitable tener que recorrer un tramo cuesta arriba para cruzar. El lado bueno era que la segunda mitad sería cuesta abajo.
El paisaje a nuestro alrededor era bastante curioso. La tierra no tenía hierba creciendo en ella, pero sí que había muchos arbustos o árboles pequeños. También había muchas rocas de diferentes tamaños y formas. De alguna forma, no sentía que todo fuese armónico como en una pradera o un bosque.
-¿Hueles eso?- preguntó Aura, sacándome de mis pensamientos.
Algo extrañado por la pregunta, comencé a olfatear el aire. Al principio no percibí nada, pero luego me llegó un aroma que me resultaba vagamente conocido, aunque no recordaba exactamente el motivo.
-Huelo algo extraño.- respondí al cabo de unos segundos.
-Es olor a quemado.- afirmó mi amiga con rostro serio. Aquello me sorprendió, pues me di cuenta de que tenía razón.
-¿Es posible que haya algún incendio cerca de aquí?- pregunté mirando a mi alrededor por si veía alguna señal de humo. No tardé mucho en ver una columna negra que se alzaba hacia el cielo en la dirección que debíamos seguir.
-Deberíamos ir a comprobar si alguien está en peligro.- dijo Aura sin pensarlo dos veces.
-Está bien, pero tengamos cuidado.- accedí al cabo de unos segundos. Yo también estaba preocupado, pero no quería meterme en un incendio sin pensar.
Los dos empezamos a correr en aquella dirección. Si el incendio no era muy grande podríamos usar nuestros Pokémon de agua para apagarlo, pero si lo era tendríamos que pedir ayuda de alguna forma.
De repente, vimos que decenas de Pokémon corrían hacia nosotros. Alarmado, tomé a Aura de la mano y me aparté a un lado del camino, detrás de un árbol. Los Pokémon siguieron corriendo por el sendero, ignorando nuestra presencia.
-¿Crees que estaban huyendo del fuego?- preguntó Aura una vez que pasaron de largo y pudimos salir de nuestro escondite.
-Sí, del fuego o… de quien lo haya provocado.- respondí frunciendo el ceño. Algo me olía mal aquí, y no era el humo del fuego.
Seguimos corriendo por el sendero hasta que llegamos al lugar del incendio. Se trataba de un grupo de árboles que había a unas decenas de metros del camino. Las llamas los estaban consumiendo, y había unas figuras cerca del lugar.
Lo primero en lo que me fijé era en que había dos personas vestidas de la misma forma. Era un uniforme negro y naranja que me resultaba vagamente familiar de los videojuegos. El chico tenía un Vibrava a su lado, mientras que la chica tenía un Ninetales.
Frente a ellos había un enorme Magmar que parecía muy enfadado y escupía fuego sin cesar. Algo me decía que ese Pokémon era el origen del incendio, y que esas personas estaban tratando de detenerlo.
-Tenemos que echarles una mano.- dijo Aura como si me hubiera leído la mente.
-Estoy de acuerdo, vamos allá.- asentí mientras los dos empezamos a acercarnos al sitio donde se estaba librando la batalla.
-¿Podemos ayudar?- preguntó Aura cuando llegamos a la altura de las dos personas, que se giraron a vernos con sorpresa.
-¿Qué hacéis aquí? Es peligroso, debéis marcharos.- dijo el hombre con seriedad. Me fijé en que debía tener unos veinticinco años. Tenía el cabello negro y corto, los ojos oscuros y parecía en forma.
-Espera, parecen entrenadores.- lo interrumpió la mujer. Parecía tener la misma edad que el hombre, pero ella tenía el cabello rubio atado en una cola y los ojos azules.
-Lo somos, tenemos tres medallas. Podemos ayudaros.- expliqué rápidamente. No teníamos tiempo que perder. Noté que ambos se miraron entre ellos como si estuvieran dudando, pero finalmente asintieron.
-Está bien. Tenemos que reducir a ese Magmar para después apagar las llamas.- dijo el hombre.
-Eso tardará mucho y las llamas se extenderán. Tu Vibrava y el Croconaw de mi amiga pueden apagar el fuego, y nosotros nos encargaremos del Magmar.- mi plan me parecía mucho más óptimo, pero la mirada molesta del hombre me indicó que no le gustaba.
-Ese Pokémon es muy fuerte, incluso a nosotros dos juntos nos está costando reducirlo.- contestó con tono duro.
-Si Eric dice que puede hacerlo, entonces puede. Confiad en nosotros.- dijo Aura mirando a las dos personas con decisión. Me sentí un poco avergonzado por la confianza ciega que mi amiga tenía en mí, pero me sentía agradecido.
Los dos mayores se miraron entre ellos por un par de segundos y asintieron. Bueno, más bien la mujer asintió, mientras que su compañero chasqueó la lengua con molestia.
-Bien, apagaremos el fuego cuando antes y vendremos a ayudaros.- dijo el moreno antes de hacerle una señal a Aura para que lo siguiera. Los dos se alejaron hacia las llamas, dejándonos con el Magmar.
-¿No tienes otro Pokémon más efectivo contra el tipo fuego?- le pregunté a la chica mientras tomaba una Pokeball de mi cinturón.
-Ninetales es lo mejor que tengo, mi otro Pokémon es débil al fuego.- contestó ella haciendo una mueca de disgusto. Esperaba que fuera de frustración ante la situación, y no por mi pregunta.
-Ya veo. Por suerte, yo sí tengo algo más eficaz.- dije mientras lanzaba la esfera al aire. De ella salió un haz de luz del que se materializó un Pokémon pequeño y azul.
-¿Un Gible? Entiendo que tiene ventaja de tipo, pero es demasiado débil para enfrentar a Magmar.- me regañó la chica con el ceño fruncido. Me limité a soplar con hastío por su comentario. No era un entrenador tan incompetente como para sacar a un Pokémon a luchar sin tener un plan en mente.
-No te preocupes, sé lo que hago.- me limité a responder mientras me centraba en el combate e ignoraba las quejas de mi compañera de batalla.
Quizá este era otro mal hábito que había adquirido con Aura. Me entendía tan bien con ella que las batallas dobles resultaban sencillas. Ella no me cuestionaba cuando hacía cosas extrañas, ni yo a ella. Ambos sabíamos que el otro era un buen entrenador y que podíamos confiar en su juicio.
Salí de mis pensamientos cuando noté que Magmar echaba la cabeza hacia atrás y se preparaba para lanzar un ataque.
-Gaia, salta a la derecha y usa Bucle arena.- ordené tranquilamente, refiriéndome a mi Pokémon por el mote que decidí ponerle hace unos días.
Gible saltó a un lado justo cuando un torrente de llamas voló en su dirección, pudiendo esquivarlo sin problemas. Entonces, comenzó a girar como una peonza y un tornado de arena se formó a su alrededor, el cual lanzó hacia Magmar.
El Pokémon de fuego, que aún estaba terminando de lanzar sus llamas, no tuvo tiempo de esquivarlo y se vio envuelto en el ataque. Noté que la arena lo zarandeaba un poco y lo hacía encogerse. Aunque no le había causado un gran daño, todavía recibiría más golpes mientras permaneciera atrapado ahí.
-Ninetales, usa Rayo confuso.- ordenó mi compañera señalando al Pokémon enemigo.
Los ojos de Ninetales brillaron de color azul justo antes de lanzar un rayo multicolor hacia el Magmar. Debido a que aún estaba agitándose dentro del remolino de arena, no pudo esquivarlo y quedó confuso. Debido a eso, empezó a dar tumbos dentro del remolino de arena y recibió más daño.
-Usa Furia dragón.- ordené conteniendo una sonrisa al ver la cara de sorpresa de la chica. Esta era mi verdadera carta de triunfo.
Gaia acumuló una gran cantidad de llamas púrpuras en su boca, las cuales disparó contra Magmar. El Pokémon de fuego recibió el ataque de lleno y gritó de dolor. Debido a todos los daños que estaba acumulando, se le notaba algo cansado.
Entonces, para mi sorpresa, Magmar empezó a acumular fuego alrededor de su cuerpo. Ese era un ataque que no reconocía, probablemente porque nunca lo había visto desde que llegué a este mundo.
-¡Cuidado!- escuché decir a la chica.
En ese momento, Magmar provocó una explosión y las llamas salieron despedidas hacia todas partes. Fue entonces que me di cuenta de que probablemente se trataba del ataque Humareda, que golpeaba a todos los presentes en la batalla excepto al usuario.
Quise ordenarle a Gaia que lo esquivara, pero lo cierto era que no tenía dónde esconderse. Me mordí el labio con preocupación al ver que las llamas estaban a punto de alcanzarla, pero entonces Ninetales se puso delante de ella y la cubrió con sus colas, recibiendo el ataque.
Cuando el humo se disipó se veía a Ninetales un poco chamuscado, pero sin muchos daños. Después de todo, podía resistir el fuego muy bien. Y Gaia estaba sana y salva, ante lo cual suspiré aliviado.
-Gracias.- le dije a mi compañera con un asentimiento de cabeza. Ella sonrió y me devolvió el gesto.
Volvimos a concentrarnos en el Magmar y notamos que lucía cansado. Ese ataque tan poderoso le habría tomado gran parte de su energía. Por tanto, ahora era nuestro momento de acabar con esta batalla.
-Gaia, usa Furia dragón.- ordené nuevamente.
-Ninetales, sujétalo con Psíquico.- fueron las indicaciones de la chica.
Los ojos del Pokémon zorro brillaron y una energía azul rodeó a Magmar, inmovilizándolo y dañándolo. El ataque de tipo dragón llegó hasta él y lo golpeó de lleno, enviándolo al suelo. Esperamos unos segundos, pero no parecía que fuese a ponerse en pie de nuevo.
-Es increíble que lo hayamos derrotado con tanta facilidad.- dijo la chica rubia con incredulidad en su voz. Quise soltar algún comentario mordaz, pero me mordí la lengua.
-Ya os dije que podríamos hacerlo.- comenté encogiéndome de hombros. Tras acariciar la cabeza de Gaia y felicitarla, la devolví a su cápsula. Aún era pronto para poder vincularme con ella, pero nuestra relación estaba progresando rápidamente.
-¡Hey!- escuchamos detrás de nosotros. Al girarnos, vimos que eran Aura y el hombre de antes.
-¿Qué ha pasado con…? Espera, ¿lo habéis derrotado?- al notar la sorpresa del chico quise sonreír con burla y decirle que no debería haberme subestimado, pero no hizo falta.
-Te dije que Eric podía hacerlo.- le recriminó Aura cruzándose de brazos y dedicándole una sonrisa orgullosa. Sonreí con algo de nerviosismo cuando el ceño del hombre se frunció, pero se limitó a asentir.
-Os agradecemos la ayuda que nos habéis prestado. Mi nombre es Karen, y él es Mark. Somos los Pokémon Ranger encargados de cuidar este monte.- explicó la chica con una sonrisa, cambiando de tema.
Cuando mencionó que eran Rangers los miré sorprendido. Ahora entendía porqué esos trajes me resultaban familiares. Era la ropa que llevaban los Rangers en Pokémon Rubí Omega y Zafiro Alfa.
-Ha sido un placer ayudar, nosotros somos Aura y Eric, dos entrenadores Pokémon. ¿Sabéis por qué ese Magmar ha empezado a quemar el bosque?- preguntó Aura con curiosidad. Lo cierto era que yo también me lo preguntaba.
-No tenemos ni idea, cuando llegamos aquí el incendio ya estaba iniciado. Puede haber sido una disputa con otro Pokémon o cualquier otro motivo.- contestó Mark encogiéndose de hombros.
-En cualquier caso, ¿podéis ayudarnos con una cosa más? Queremos revisar si hay algún Pokémon herido en el bosque.- nos pidió Karen con una mirada de disculpa.
-Por supuesto, no hay problema. ¿Verdad, Eric?- preguntó Aura mirando en mi dirección.
-Claro.- respondí asintiendo hacia los Rangers.
Entre los cuatro empezamos a revisar las zonas que habían sido afectadas por las llamas. Afortunadamente, no encontramos ningún Pokémon herido. Parecía que todos habían salido huyendo en cuanto detectaron el peligro.
-¡He encontrado algo!- escuché decir a Aura, que estaba unas decenas de metros alejada de mí, buscando entre unos arbustos.
-Eso es… ¡un huevo Pokémon!- exclamó Karen sorprendida al notar lo que mi amiga sostenía entre sus manos.
Se trataba de un huevo de color anaranjado con motas amarillas, lo que parecía indicar que pertenecía a un Pokémon de tipo fuego. Tenía el tamaño de una pelota de fútbol, y me pareció ver que se había agitado un poco.
-¿Creéis que puede ser de ese Magmar?- pregunté llevándome una mano a la barbilla con expresión pensativa.
-No lo creo. Si fuera así, no habría quemado el bosque y puesto en peligro al huevo. Además, los Magmar no anidan en los bosques.- explicó Mark negando con la cabeza.
-En cualquier caso, no puedo dejarlo aquí a su suerte. ¿Puedo quedármelo?- preguntó Aura mirando a los dos Rangers con expresión suplicante. No sé ellos, pero conmigo resultó un golpe crítico.
-Bueno, supongo que no hay problema. Asegúrate de cuidarlo bien.- aceptó Karen con una sonrisa.
Los ojos de Aura se iluminaron de alegría y asintió fervientemente. Luego abrazó el huevo contra su pecho suavemente, lo que me hizo apartar la vista avergonzado al darme cuenta de hacia dónde estaba mirando.
-De nuevo, os agradecemos vuestra ayuda. Como ya está anocheciendo y es peligroso viajar por la montaña de noche, ¿qué os parece quedaros a dormir en nuestra cabaña?- ofreció la rubia con una sonrisa.
Aquella invitación me tomó por sorpresa. Miré a Aura para saber su opinión, a lo que ella simplemente se encogió de hombros. Dado que una cabaña sería más cómoda y segura que dormir al aire libre, asentí para aceptar la oferta.
-Seguidnos.- indicó Mark antes de iniciar la marcha.
Aura y yo seguimos a la pareja de Rangers a través de la ladera montañosa, y posteriormente por el camino que estábamos siguiendo antes. Afortunadamente, íbamos en dirección hacia Pueblo Lavacalda, por lo que no estábamos deshaciendo lo andado.
-Esta es nuestra cabaña.- dijo Karen cuando llegamos a una pintoresca casita de madera que había cerca del camino.
Al entrar nos dimos cuenta de que no era grande ni lujosa, pero sí acogedora. La puerta daba a un salón principal, y la cocina estaba junto al salón. Había un pasillo que debía conducir hacia las habitaciones.
-¿Y vivís aquí solos los dos? ¿Juntos?- preguntó mi amiga con las mejillas algo sonrojadas. Los dos Rangers parecieron algo avergonzados por la pregunta.
-Sí, bueno… estamos casados después de todo.- contestó la chica mientras alzaba la mano. Pude ver que había un anillo en su dedo anular.
La noticia me resultó algo sorprendente, pero parece que para Aura fue más impactante. Mi amiga se había quedado boquiabierta y su rostro se había sonrojado aún más que antes.
-Y-yo… lo sentimos. Esperamos no molestar con nuestra presencia…- se disculpó de forma nerviosa. Alcé una ceja con curiosidad, no entendía su reacción.
-No te preocupes, solemos recibir a algunos visitantes que se pierden en la montaña o tienen algún otro problema.- explicó Mark rascándose la mejilla y apartando la mirada a un lado.
-Bueno, ¿quién tiene hambre?- preguntó Karen con tono animado, eligiendo cambiar de tema.
Media hora después, los cuatro estábamos cenando en la mesa del comedor y charlando sobre cualquier cosa. Ellos nos contaron algunas de sus historias como Rangers, mientras que nosotros les contamos eventos de nuestro viaje.
-¿De verdad estuviste a punto de ser devorada por unos Carvanha?- preguntó Mark boquiabierto.
-Sí, fue… traumante. Por suerte, Eric me salvó.- contestó Aura mirándome con una sonrisa que me provocó mariposas en el estómago.
-Lamento mi indiscreción, pero… ¿hay algo entre vosotros? Parecéis más que amigos.- preguntó Karen con tono curioso.
Ambos nos sonrojamos furiosamente por la pregunta y nos miramos mutuamente, sin saber qué responder. Quise decir que sí, que éramos más que amigos, pero realmente no tenía claro en qué punto estábamos ahora mismo. Sin embargo, no hizo falta responder.
-Ya veo, vuestras acciones me lo han dicho todo.- dijo la chica soltando una risilla y mirándonos con picardía. Ambos miramos hacia abajo avergonzados, aunque alcancé a ver cómo Mark le daba un ligero codazo a su pareja para que no nos molestara.
Después de la cena, Aura y yo ayudamos a recogerlo todo y decidimos irnos a dormir. Mañana nos esperaba una buena caminata, y el día de hoy tampoco había sido sencillo. Sin embargo, cuando nuestros anfitriones nos llevaron a nuestro lugar de descanso, hubo otro inconveniente.
-¿Solo tenéis una cama… individual?- pregunté desde la puerta de la habitación, con la mirada fija en la cama.
Dado que los Rangers vivían solos y rara vez tenían visita, solo tenían una habitación además de la suya. Y por si fuera poco, en dicha habitación solo había una cama individual.
-En realidad, es una cama individual grande. Pueden dormir dos personas si están un poco… apretaditas.- explicó Karen con una sonrisa ladina. Me sonrojé ante su sugerencia.
-No importa, dormiré en el suelo con unas mantas y…- mis palabras se vieron interrumpidas cuando Aura agarró mi mano. La miré sorprendido, sin saber qué decir.
-No te doy a dejar dormir en el suelo… tonto.- dijo ella en voz baja, con la mirada fija en el suelo. Podía ver que sus mejillas estaban tan rojas como las mías.
Sus palabras me dejaron congelado y avergonzado por igual. Ya habíamos dormido en el mismo cuarto en el Centro Pokémon, pero dormir en la misma cama, y además decirlo frente a otras personas, había sido demasiado para mí.
Por si eso fuera poco, de reojo alcancé a ver cómo Karen se tapaba la boca con las manos y nos miraba entre sorprendida y emocionada. Para ella, esto debía ser algún tipo de comedia romántica muy divertida.
-Yo… no creo que…- las palabras salían a cuentagotas de mi boca, pues no sabía qué decir ante lo inesperado de la situación.
-Como vemos que ya lo habéis arreglado entre vosotros, nos vamos ya. Buenas noches.- dijo Karen de forma apresurada. Tras eso, agarró a Mark y lo arrastró junto con ella, cerrando la puerta de la habitación.
-Aura, no es necesario que hagas esto. No me importa dormir en el suelo.- dije al cabo de unos segundos, queriendo acabar con el tenso silencio de la habitación.
-Lo sé, sé que harías eso por mí, pero no es lo que quiero.- dijo ella alzando su mirada del suelo y dirigiéndola a mí. Me sorprendí al ver cariño y solo algo de timidez reflejado en sus hermosos zafiros.
-Somos amigos… y algo más, ¿no? Además, solo vamos a dormir.- al principio parecía tranquila, pero se apresuró a añadir lo último con tono nervioso. Casi se me sale el corazón al entender el motivo de esa aclaración.
-Claro, solo a dormir.- afirmé rápidamente. Ella asintió y salió de la habitación apresuradamente, murmurando algo sobre que iba a cambiarse.
Cuando me quedé solo en el lugar, salí del extraño trance en el que había entrado y me tapé la cara con las manos. No podía creer que hubiera aceptado dormir en la misma cama que Aura, aunque solo fuéramos a dormir.
Además, ella había mencionado que éramos más que amigos. El mero recuerdo de esas palabras hacía que mi corazón se acelerara. ¿Significaba eso que ella había aclarado sus sentimientos por mí? ¿O solo me estaba imaginando cosas? Como era habitual, estos temas siempre me resultaban indescifrables.
Al escuchar el sonido de la puerta abrirse, miré en dicha dirección. Mis ojos se abrieron ampliamente al ver que mi amiga estaba bajo el marco de la puerta y me miraba con expresión avergonzada. Aura vestía una camiseta blanca de tirantes y un pantalón corto celeste. La ropa le quedaba ligeramente ceñida, lo que marcaba perfectamente las curvas de su cuerpo.
-Yo… voy a cambiarme…- dije al cabo de unos segundos, cuando logré salir el ensimismamiento en el que me había dejado la castaña y logré apartar la mirada de ella.
Tomé mis cosas y salí rápidamente de la habitación, pero incluso cuando llegué al baño todavía tenía la imagen de Aura grabada a fuego en mis retinas. Algo me decía que no iba a poder dormir nada esta noche.
Me cambié sin muchas prisas, poniéndome un pantalón corto negro y una camiseta gris, y regresé a la habitación. Me paré frente a la puerta y tomé unas respiraciones profundas para relajarme. Tenía que actuar con normalidad para no hacer que la situación fuera incómoda.
Abrí la puerta y entré al dormitorio. Aura estaba sentada en el borde de la cama, parecía sumida en sus pensamientos. Sin embargo, al escucharme entrar, alzó la mirada hacia mí. Para mi sorpresa, noté cómo sus ojos me observaban de arriba abajo. Si esto era lo que ella había visto cuando entró antes a la habitación, me iba a morir de vergüenza.
-Será mejor que vayamos a dormir…- comenté algo nervioso cuando llegué junto a ella.
-Sí…- respondió en un murmullo.
Ella se desplazó sobre la cama y fue al lado más alejado del borde, dejándome ese espacio. Me acosté lentamente, intentando no tocar a mi amiga. A pesar de eso, debido a la estrechez de la cama, cuando ambos estuvimos acostados era imposible que nuestros brazos no se tocaran.
-Buenas noches, Aura.- dije con una pequeña sonrisa nerviosa.
-Buenas noches, Eric.- ella me devolvió la sonrisa. Parecía igual de avergonzada que yo.
Apagué la luz con el interruptor que estaba junto a la cama y apoyé la cabeza sobre la almohada, soltando el aire que estaba conteniendo. Entonces cerré los ojos, aunque sabía que no iba a poder pegar ojo.
Como esperaba, media hora después aún seguía despierto. La respiración de Aura se había suavizado, lo que indicaba que probablemente se había quedado dormida. Giré la cabeza para observarla, encontrándome un rostro tranquilo y sereno. Ciertamente, parecía profundamente dormida.
Entonces, para mi sorpresa, ella se movió. Se acurrucó más contra mí, colocando una de sus piernas sobre las mías y su brazo sobre mi pecho. El repentino contacto hizo que mi corazón empezara a latir desbocado, pero no quise moverme para no despertarla.
Mis sentidos empezaron a verse inundados por mi amiga. Podía notar la suave calidez de su cuerpo, así como el agradable aroma que desprendía su cabello, que estaba junto a mi cara. Extrañamente, los nervios se fueron disipando y empecé a encontrarme muy cómodo.
No podía imaginar que Aura tendría este efecto sobre mí, pero me gustaba la sensación. Me sentía tan relajado que mis ojos empezaron a pesar, por lo que cerré los párpados y dejé que mi mente siguiera adormeciéndose.
Cuando ya me encontraba a punto de caer dormido, abrí ligeramente los párpados para mirar a Aura. Me pareció notar un atisbo de zafiros entre sus pestañas, pero estaba tan cansado que mis ojos volvieron a cerrarse y me dormí sin poder comprobarlo.
Respondiendo reviews:
- liuterazagi: Es cierto que en los fics el progreso de los entrenadores suele ser algo más lento que en los juegos, pero en mi caso he decidido adaptarlo para que tengan un nivel aproximado al que tendrían en el juego a esa altura de la aventura.
Respecto a la habilidad de Eric, aún quedan algunas sorpresas por descubrir. Esperadlo con ansias ;)
Por cierto, me alegro de que sigas leyendo mi historia. Hacía un año de tu último comentario jajaja
Un abrazo ^^
