Izuku vivía en un hogar amoroso, siempre qué todo se hiciera como su padre demandaba, Hisashi trataba de omitir los gustos de su cachorro qué eran evidentes desde que era pequeño.

Lo dulce y frágil qué era, esa apariencia de muñequito, y conforme creció era más evidente qué era omega, para sus seis años, Izuku buscaba la tranquilidad más que otra cosa, le gustaba ver los vestidos de su madre y usar su maquillaje aunque fuera a escondidas.

Su hermano mayor Tomura de doce en ese momento procuraba mantener vigilado a su pequeño hermanito, su padre ya varias veces le había golpeado por usar las ropas de su madre y eso era algo que no soportaba, ver a su dulce hermano llorar.

Lo protegió tanto como pudo, sin embargo no siempre podía estar al pendiente de él, menos ese día en que su dulce Izuku cambio.

Él tenía 18 años, estaba en la universidad, su padre pasaría a recoger a Izuku al colegio para ir a la empresa de los Bakugo, al pequeño omega le encantaba ir ahí, siempre habían vestidos qué parecían piezas de arte en exhibidores de cristal en toda la empresa, y como no si los Bakugo son los líderes de la moda en Japón y en varios países más.

Esa tarde cuando volvieron, Izuku paso directo a su habitación, fue tras él y lo escucho llorar, abrió la puerta viendo al omega a mitad de su pieza abrazado a uno de sus vestidos favoritos qué estaba hecho tirones.

—Que paso? — pregunto angustiado.

—Estoy cansado de ser un omega y no ser feliz, que papá no me quiera—grito con el dolor tiñendo sus palabras.

—Zuzu, no hagas caso de padre, por favor— soltó acercándose a su hermano.

Izuku se lanzó a los brazos del albino y lloro amargamente hasta que el cansancio lo venció.

Al día siguiente, Tomura fue testigo de como su Izuku dejaba de existir por culpa de su padre, vio la ropa de marca y colorida en bolsas para la caridad, el edredón de un lindo celeste ser desechado y en su lugar se colocó una pieza negra, las paredes se volvieron grises en vez de rosa y el brillo en los ojos de su hermano se apago.

Hisazhi fue feliz cuando Izuku comenzó a tomar supresores, las clases de defensa personal, atletismo, Basquet, los colores sobrios y varoniles qué usaba, sus celos se habían reducido al máximo y ya no portaba aquel collar negro qué tanta vergüenza le daba alfa mayor.

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Katsuki siempre admiro la belleza del peliverde aunque jamás interactuaron mucho, esa tarde escucho en silencio la humillación pública a la que fue sometido por su padre y el como sus bellos ojos verdes se llenaban de lágrimas qué caían silenciosas.

—Mamá? — entro a la cocina donde Masaru hacía un pastel, al Escucharlo se giro a ver a su hijo y le sonrio— esta mal que siendo un alfa quiera hacer ropa?

—Lo dices por lo de los midoriya esta tarde? — pregunto el castaño. Katsuki asintió y él solo sonrió con comprensión— Mitsuki es una gran diseñadora al igual que yo, y ella es una alfa dominante, acaso el qué haga ropa le ha quitado su casta o su rango?

Katsuki lo pensó un momento antes de negar y sonreir, es cierto, su alfa era una mujer asombrosa qué creaba arte para omegas, alfas y beta y eso no la hacía menos.

—Un día haré un vestido, el más hermoso y solo Izuku podrá usarlo— aseguro.

Masaru creyó qué era solo cosa infantil, más no que realmente su hijo hablaba de un lazo más allá de simpatía infantil.

Los años comenzaron a avanzar, a los doce fue confirmada la casta de Katsuki, un alfa dominante, por desgracia, no había vuelto a coincidir con Izuku desde aquella vez años atrás.

Katsuki se tomo muy enserio su promesa que comenzó a estar al corriente de las tendencias, a vestir a la moda, ir con sus padres cada vez que podía a las pasarelas, a tomar nota de lo que ellos hacían en sus oficinas.

Y así los años lo fueron poniendo en la mira de la industria, a sus 16 era un alfa qué ya había salido en varias portadas de moda, comenzó a destacar en el modelaje y llamar la atención, aún así ese solo era un peldaño para alcanzar su meta. Y es que aun así no había vuelto a ver a Izuku aun, sabía que para ese momento el omega debería estar en los 20 así que era muy poco probable que lo encontrará por ahí, a menos que fuera cerca de alguna universidad.

—Kats— Denki corrió hasta el alfa, el omega de cabellos rubios era la única persona en el mundo qué podía tomarse libertades con el alfa sin morir — me compañas mañana?

—No— soltó abriendo la puerta de su auto, Denki abrió la del copiloto y se monto sin ser invitado— eres una molestia sabes.

—Vamos, tengo que ir a otra aburrida fiesta, es a la casa de los midoriya, te estoy invitando por que se quieres ver a Izuku, no se si estara ahí, pero puedes probar suerte— soltó Denki.

Katsuki miró al rubio, sus padres eran grandes empresarios qué tenían lazos estrechos con los Midoriya, no podía desaprovechar esa oportunidad

—Bien, a que hora paso por ti— soltó viendo la risita del rubio.

—A las 6 estará bien, gracias Kats.