Buen día:

Ya es tiempo de publicar otro capítulo de éste fanfic. Sé que es día de la madre, pero no tenía nada planeado, sólo esta idea que ya había escrito hace un par de meses y apenas revisé: Una escena de Minos peinando a su hija.

Espero sea de su agrado y muchas gracias por leer.


Sobre sus comentarios:

Natalita07: El nombre de tu hijo es muy bonito :D Muchas gracias por comentar y por tu fidelidad.


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión.


Capítulo 25: Cabello

Minos estaba sentado tranquilamente en el sillón, revisando la correspondencia. De pronto, vio pasar corriendo a su hija Ariadna junto con su peluche de grifo. La niña estaba en alguna de sus fantasías infantiles, brincando de un lado a otro con el juguete, algo normal en ella.

Pero, lo que se le hizo raro al juez, fue verla toda despeinada, con el cabello completamente revuelto y con algunas pelusas de lana asomándose entre sus mechones.

—Ariadna, ¿Qué son esas fachas?, ¿Por qué no estás peinada? —

La niña dejó su juego y miró a su padre con una expresión de no entender su pregunta.

—Mamá no me ha peinado todavía— fue lo único que dijo, alzándose de hombros.

El juez alzó una ceja, extrañado por dicha situación, ya que, por lo regular, su hija siempre estaba arreglada.

—Anna, ¿Por qué la niña anda despeinada? — alzó la voz para que su esposa, en la cocina, lo escuchara.

La mujer no se asomó a la estancia, pero su tono de voz se oyó muy claro y molesto.

—¡Estoy ocupada haciendo la comida, no creas que estoy perdiendo el tiempo como tú!, ¡Así que al menos encárgate de peinarla, no se te van a caer las manos por hacerlo! — recriminó.

El hombre rodó los ojos, cuidar a los hijos era cosa de mujeres. Pero bueno, tampoco es que estuviera muy ocupado para no hacerlo.

—Bien, lo haré— gruñó por bajo.

Se levantó del sofá y fue por algo a su habitación. Posteriormente, regresó y llamó a su hija, quien continuaba entretenida con su peluche.

—Ven aquí, voy a peinarte— señaló un taburete para que se sentara.

—No quiero, me duele cuando jalan mi pelo. —

—Tendré cuidado, ahora obedece— indicó Minos.

La niña tomó asiento y apretó los ojos.

—No seas dramática, no voy a arrancarte el cabello. —

—Es que mamá me jalonea a veces con el cepillo y no me gusta. —

Antes de iniciar, Minos le quitó las pelusas de lana y una que otra migaja. Después comenzó a desenredar los mechones con sus dedos.

—No voy a usar un cepillo, sino esto— le mostró un llamativo peine.

—¡Qué bonito! — la niña lo tomó para observarlo a detalle. —¿Es tuyo? —

—Así es, lo uso para peinar mi cabello, y como puedes ver, lo tengo muy bien cuidado— presumió, a la vez que continuaba desenmarañando los nudos.

—¿Por qué brilla? —

La pieza era un hermoso peine de hueso, incrustado de joyas variadas. Tenía dientes abiertos y era de fácil agarre, ideal para melenas largas.

—Son zafiros y esmeraldas, es una herencia familiar— explicó el hombre. —Así que no vayas a perderlo, siempre debe estar en la recámara, con tu madre, o conmigo. —

La niña miraba fascinada el peine, dándole vueltas y tocando todas las joyas y bordes.

—Es muy bonito— entonces, miró a su padre de soslayo. —Oye papá, ¿Por qué tienes el cabello tan largo y suave?, parece de mujer, incluso algunas señoras han dicho que no es natural— dijo con cierta inocencia, regresándole el peine.

El juez hizo una sonrisa divertida, tomando el peine y comenzando a pasarlo por el pelo de su hija. La pregunta y comparación acerca de su melena no le molestó en absoluto. Por el contrario, él sabía que su cabello era muy llamativo, lo que provocaba comentarios de las personas que lo veían en la calle. Más específicamente, de las mujeres.

—Esos comentarios son de pura envidia— hizo un gesto vanidoso. —Para tener un cabello como el mío, se requiere de cuidado y paciencia, además de lavarlo con las infusiones adecuadas. —

—Pero otros papás no tienen el cabello como tú— mencionó Ariadna.

El juez soltó una leve risa. Era obvio que la mayoría de los hombres en aquella isla no tenían la costumbre de usar el cabello largo, o eran muy pocos los que sí. Esto se debía principalmente a la herencia histórica que dejó el imperio Romano.

—Es por las costumbres de éste lugar, tienen ideas medio estúpidas acerca de la apariencia que debe tener un hombre— explicó él, pasando una y otra vez el peine por la cabellera de la niña.

—Aunque tienes bonito pelo, tu apariencia les da miedo a muchas personas, pero no sé por qué, si tú no eres un papá feo— soltó la chiquilla.

Minos no pudo evitar reírse de nuevo. Se le hizo gracioso que su hija pensara que sólo por el aspecto físico se le podía tener miedo a una persona. Su primogénita no comprendía que el respeto y temor que le tenían los aldeanos se debía a que conocían su pasado como espectro de Hades.

Aunque eran tiempos de paz y eran conscientes de que él no estaba ahí para atacarlos, su presencia siempre generaba recelo. Pero ese no era el tema de conversación, sino su cabello.

—No hagas caso a las habladurías, yo me refiero a que el pelo largo es una muestra de masculinidad en un hombre— habló el juez. —Tener una melena extensa y brillante, es muestra de buena salud y de tener recursos para cuidarla. —

La niña hizo un gesto de asombro, mientras su padre terminaba de peinarla. Había dejado perfectamente alaciado su cabello, para después sujetarlo con un listón en una coleta baja.

—¿Yo también puedo tener el pelo tan largo como tú? —

—Claro que sí, pero debes cuidarlo bastante, cepillarlo diario, y recortar las puntas para tenerlo presentable— indicó Minos.

—Pero mamá no tiene el cabello tan largo y aun así lo tiene muy suave y brillante. —

El juez se alzó de hombros. Su esposa siempre había llevado ese corte de pelo, al parecer, no le gustaba dejárselo crecer. Pero eso sí, lo tenía muy bien cuidado, algo que le encantaba a él, pues usaba infusiones de flores para mantenerlo perfumado.

—Así es, por eso debes hacer lo mismo que ella, para que tengas bonito cabello— confirmó él. —Ya puedes seguir jugando y procura no despeinarte. —

La niña asintió, para luego tomar su peluche y continuar con su juego. Por su lado, Minos se acercó a la cuna que tenían en la sala, donde su hijo Alexi dormía sereno. El bebé ya había cumplido seis meses, pero su cabello continuaba delgado y ralo como cuando nació.

—A ti te falta mucho para que tengas una melena larga— pasó los dedos por el fino flequillo del niño. —Pero, por ahora, tendré que contártelo de nuevo para que te engruese. —

Le acomodó la manta que lo cubría y luego regresó al sofá para seguir revisando sus documentos.


Continuará…

Lo que dice Minos sobre la herencia del impero Romano, se refiere a que fueron éstos quienes instauraron el cabello corto en los hombres, como una estrategia militar y para desacreditar al enemigo.

Desde la antigüedad, en muchas culturas era normal el cabello largo en hombres, como signo de masculinidad y salud. Ya saben que para tener una melena larga y bonita se requiere de mucho cuidado y buena alimentación. Por lo tanto, cuando un hombre tenía éste rasgo, significaba que era un buen prospecto de pareja, tanto por su buena salud, como por su capacidad de proveer recursos.

No obstante, los romanos tergiversaron el concepto del pelo largo, demeritándolo como un rasgo de debilidad, ya que, para ellos, sólo las mujeres debían llevar cabello largo. Y también porque con el pelo corto, sus enemigos no podían atraparlos tan fácilmente en una pelea cuerpo a cuerpo.

Gracias por leer.

10/Mayo/2024