Capítulo 15

Una vez calmada la situación, los Gallardo y las hermanas del Junco se miraban y miraban al lobo que se mantenía cerca de Flavio. El animal ya no gruñía y se mantenía detrás de Flavio, casi como si intentara esconderse de ellas, no por miedo, si no para no asustar mas a las mujeres delante de él.

"¿Eso es un lobo?" pregunto Sofia, sorprendida.

"Si…" dijo Flavio, mirando a su esposa. "Muñeca, ¿te acuerdas lo que te conté sobre el amigo que nos enseño cosas sobre la naturaleza a mi y a Arturo cuando éramos niños?"

Irina asintió, sin saber que mas decir. El lobo no dejaba de mirarla y aunque le daba algo de miedo, no sabía porque, pero confiaba en que no iba a atacarlas.

"El nombre de ese amigo es Yas, en un indio navajo y nos ayudó mucho cuando éramos niños, a nosotros y a nuestros papas, por años, pensamos que viviría en una reserva o que incluso se había marchado porque después de morir nuestros padres, no supimos más de él." conto Arturo.

"Hasta ayer, cuando este pequeño apareció de la nada con una nota. No sabemos donde esta Yas, pero si que esta cerca y que nos ha mandado al lobo para ayudarnos." dijo Flavio, arrodillándose para acariciar al animal. "Cuando éramos niños, mi papa tenia un lobo como este y este es su hijo, Yas estaba muy conectado con la naturaleza y siempre nos dijo que nuestras almas están conectadas a los distintos animales."

"Dignidad, fuerza, valor, inteligencia, son cualidades que el lobo y Flavio tienen en común." dijo Samuel y luego sonrió. "Aunque lo de la inteligencia…"

Flavio y el lobo le dieron una mirada indignada, pero sin maldad y luego volvieron a mirar a las hermanas y por un momento, era como si estuvieran viendo lo mismo, era muy extraño, pero de alguna manera, tenía sentido.

Las muchachas no se movieron, sorprendidas por todo esa nuevas situación y fue entonces cuando Flavio le dijo algo al lobo y el animal dio un paso hacia ellas. Su mirada estaba clavada en Irina y se acerco a ella con la cabeza agachada, poco a poco se fue agachando mientras se acercaba a ella hasta que quedo frente a las tres hermanas y su madre, completamente tumbado.

Luego, para sorpresa de ellas, el lobo se dio la vuelta, dejando expuesto su estómago, como si fuera un perro. Era una señal de que no quería hacerles daño y antes de saber que estaba pasando, Irina se arrodillo frente a él, mirando a Flavio con algo de miedo.

"No te preocupes." le dijo Flavio. "Confía en mí. No te hará daño."

Flavio se levantó y se acercó a ella, arrodillándose a su lado antes de tomar su mano y colocar la otra en la cintura y fue entonces, cuando Flavio guio la mano de Irina hacia el lobo, acariciándole el pecho y luego el estómago. El lobo comenzó a mover su cola, contento e Irina sonrió, mirando al lobo primero y a Flavio después.

No supo porque, pero Flavio se llenó de emoción y sonrió, inclinando su cabeza para tocar la mejilla de su esposa con su frente mientras apartaban sus manos del lobo, que se levantó y se acercó a ellos, luego, los miro por un momento antes de poner su cabeza en los hombros de los dos, su manera de abrazarlos y se quedó completamente tranquilo.

Mientras tanto, cerca de ellos las hermanas miraban la escena sin palabras e incluso Cayetana estaba fascinada con aquella conexión, tanto que casi se le olvido que ella solo quería esconderse de aquellos hermanos. Vio al lobo separarse de Irina y Flavio y caminar primero a Sofia, luego a Andrea y finalmente a Cayetana, usando su olfato para quedarse con sus diferentes aromas y así poder identificarlas mejor.

Una vez llego a Cayetana y termino su registro, se sento frente a ella mirando a la mujer como si la conociera de toda la vida. Cayetana no supo porque, pero era como si aquel lobo supiera todo lo que había hecho.

"¿Todo bien, chico?" pregunto Flavio.

El lobo se acerco a Cayetana y se agacho justo debajo de su mano y pego su cabeza, como si quisiera que lo acariciara y eso hizo Cayetana, todavía sin podérselo creer.

"¿Qué esta pasando?" pregunto Irina a su esposo una vez levantados.

"El lobo confía en ella. Si nos quisiera hacer daño, no habría hecho nada de esto." explico Flavio, mirándola. "Los lobos son muy protectores y familiares con su manada, para él, nosotros somos eso y si nota cualquier amenaza, hará lo necesario para protegernos."

"Entonces…" dijo Irina, con una sonrisa. "No considera a mi mama una amenaza."

"No, con este gesto la esta haciendo parte de la manada." dijo Flavio. "Ella es, después de todo, la mama de la mujer que yo amo y eso es suficiente."

Irina se emocionó, atrayendo a su marido para besarlo mientras que Cayetana, que lo había escuchado todo, no se podía creer que realmente este lobo la considerara familia, después de todo lo que había hecho.

Ella no podía entender como los Gallardo podían verla así, pero lo que, si sabía era que no podía esconder sus actos más tiempo, no podía hacerlo, tenía que contar la verdad y honrar esos pensamientos.

"Arturo, Flavio, Samuel." dijo Cayetana, sin dejar de mirar al lobo. "Necesito hablar con ustedes."

Y mientras los Gallardo parecían confundidos, las hermanas del Junco compartieron una mirada algo asustada porque sabian lo que aquello significaba y aunque querían estar convencidas de que todo iba a salir bien, no era algo seguro.

Pero ya no había vuelta atrás y fuera como fuera, iban a hacer lo posible para que esto no terminara de la manera que su mama temía.

Rancho Valverde – En las afueras

Escondido lejos del Rancho, pero dentro de sus límites, Yas observaba a Valverde y a su hija ir y venir sin ni siquiera preocuparse de si alguien los vigilaba, para el era una ventaja, pero se preguntaba si de verdad se creían tan poderosos que nada podía tocarlos.

Vio que Valverde se metía en la casa mientras Isadora se quedaba fuera, tomando el sol. Yas se dio cuenta de que Isadora era mas o menos de la edad de Arturo, quizá uno o dos años mayor y recordaba brevemente a la antigua mujer de Valverde, una mujer muy hermosa cuando la conoció, pero hacía mucho que no la veía, casi tanto como a sus patrones.

Se preguntaba qué había pasado con ella.

Entonces, Yas vio algo más, un hombre llegar en un coche. Su pelo oscuro y rizado brillaba con el sol, pero su mirada era oscura, cargada de rabia. Yas no sabía quién era, pero por lo que podía ver, no le gustaba nada.

Un sonido detrás de el hizo que Yas se diera la vuelta para ver a tres animales más con él, escondidos pero muy atentos a lo que estaba pasando y el hizo un gesto para que se mantuvieran en silencio.

"Ya lo sé, pero no es el momento."

Los tres animales se quedaron en silencio y Yas continuo observando, no era el momento de actuar todavía, necesitaba a los muchachos para poder terminar con una guerra que llevaba años destruyendo su familia y ellos todavía no estaban listo.

Pero lo estarían y una vez estuvieran juntos de nuevo, todo sería diferente.

Rancho Del Junco

Cayetana llevo a los Gallardo al Rancho, Leonardo había salido por la mañana, no queriendo encontrarse con las muchachas y les hizo pasar a su despacho donde trato de componerse mientras esperaba a que los empleados bajaran a Don Felipe, que estaba arriba con Arturito.

Todo este tiempo, el lobo había caminado entre Irina y Flavio, mirando todo con mucha atención y cuando llegaron al Rancho, se había parado en la puerta, sabiendo que los animales normalmente no entraban en las casas, mucho menos los lobos, pero Cayetana le había dado permiso para entrar en su terreno y el lobo, fiel a su dueño y a la familia que tenía que proteger, entro en la casa, quedándose al lado de Flavio, pero levemente detrás de los humanos, sentado y tranquilo.

Una vez en la oficina, las hermanas rodearon a su madre como si tuvieran que protegerla de algo y eso solo confundió más a los muchachos porque al mismo tiempo, los miraban a ellos con preocupación. ¿Qué podía contarles Cayetana del Junco que las hacia reaccionar así?

Y entonces, los hermanos se miraron, ¿seria lo que les dijo Soledad?

"Tengo mucho que confesarles, pero no sé por dónde empezar." dijo Cayetana.

"Tome aire, señora y tranquilícese." le dijo Samuel. "Tómese el tiempo que necesite."

Cayetana respiro profundamente y dejo que la presencia de sus hijas y de su papa la tranquilizara, este era el momento para ser fuerte y ella no era una mujer que se dejara llevar por las emociones, ella era Cayetana del Junco Belmonte y podía aceptar las consecuencias de esto, fueran las que fueran.

Solo esperaba que sus hijas no pagaran por sus fallos.

"La primera cosa que debo confesar es que yo si sabía que Verónica Saldívar era su hermana." dijo Cayetana. "Yo lo sé, porque sabía quién era su mama… yo la forcé a dejar a Verónica en manos de Miranda."

Se atrevió a mirar a los Gallardo y vio que no había ningún gesto de enfado en ellos. Sus caras le decían que no hizo bien, pero lo que la sorprendió fue que no estaban enfadados con ella o por lo menos, no lo parecían.

"Ya lo sabíamos, Soledad nos lo confeso y la verdad, como padre no se que decirle señora. Soledad adoraba y adora a su hija y entre ella y usted, nos quitaron la oportunidad de crecer con otra hermana, pero…" dijo Arturo, mirando hacia el suelo. "Hay una parte de nosotros que piensa que por lo menos Verónica no tuvo que pasar por lo que nosotros sufrimos."

Samuel puso una mano en el hombro de Arturo y miro a Cayetana.

"Cuando nuestros papas murieron, por unos dias nos quedamos muy solos, todo era muy confuso, aunque la verdad, yo no recuerdo mucho, pero si podía sentir mucha pena." dijo Samuel. "Nos quitaron el Rancho, tuvimos que decirle adiós a todo lo que conocíamos y gracias a la señora Juana pudimos salir adelante, ella y sus hijos nos ayudaron mucho."

Luego Flavio se coloco al lado de su otro hermano.

"La verdad es que a pesar de lo malo nos alegramos que Verónica tuviera un futuro y Soledad también. Ella creció feliz, sin tener que preocuparse por la perdida o las penas de una vida humilde y aunque quizá a ella le cueste mas perdonarla, en el fondo ninguno de nosotros podrá olvidar que sus actos le dieron un futuro mejor, doloroso para nosotros sí, pero feliz para ella." dijo Flavio, apartándose el pelo de la cara. "Además, si Soledad no la odia por lo que hizo, nosotros no somos quien, para juzgarla, como usted, nosotros también cometimos errores."

Cayetana sintio un nudo en la garganta, pero se forzó a continuar con la esperanza de que siguieran con esta actitud una vez que dijera la otra parte que debía confesar y otra vez, se armo de valor antes de hablar.

"Gracias, pero tengo algo mas que contarles y me temo que no van a pensar igual cuando lo haga." dijo Cayetana, mirando a los hermanos. "Verán… la noche que su hermana murió, ella vino aquí, a esta casa y yo… yo la humille y la trate muy mal."

Nadie dijo nada por un largo momento, pero podía ver la tensión en los hermanos y sus ojos oscuros, esperando a que ella contara más y forzándose a no saltar en conclusiones precipitadas.

"Se que al dia siguiente apareció muerta y se que lo que le dije la afecto mucho." dijo Cayetana, alejando la mirada, incapaz de hacerles frente. "Yo le di el último empujón para hacer lo que hizo y la culpa de su muerte me perseguirá para siempre, pero si no les digo esto y lo mucho que me arrepiento no… no puedo seguir adelante."

El silencio era desgarrador pero una parte de Cayetana se sentía bien por finalmente ser capaz de decir aquellas palabras y contar su verdad, buena o mala, ella les debía esto a estos muchachos y ha Alma Gallardo, pero, sobre todo, se lo debía a ella misma, para así poder darse la paz que se había negado todos estos años.

Ahora podrían odiarla, juzgarla o perdonarla.

Mientras tanto, las tres hermanas del Junco miraban atentamente a los hombre que amaban, honestamente, no sabian que reacción iban a tener, por la tensión y el enfado en sus ojos podían ver que estas noticias les había hecho mucho daño, pero también había mucha contención, por eso estaban completamente quietos.

Pasaron varios segundos hasta que vieron movimiento y en este caso, como en muchos otros, fue Flavio, el mas impulsivo de los tres, el que se acerco a Cayetana, lo hizo con mucho cuidado, lentamente, parecía que estaba pensando que hacer o que decir y así estuvo hasta que llego hasta la mujer.

No se arrodillo, más bien pareció caerse de rodillas, estaba algo pálido cuando puso sus manos sobre las manos de la mujer e hizo que ella lo mirara mientras Irina caminaba hacia él, preocupada por cómo le afectaban estas noticias. Su mano rápidamente encontró el camino a su corazón y Flavio respiro, como si su toque pudiera curarlo.

"La muerte de mi hermana es una tragedia, pero sería muy injusto dejarle a usted toda la responsabilidad." dijo Flavio. "Lo cierto es que nosotros también tenemos la culpa de lo que le paso."

Respiro profundamente, tratando de calmar el dolor de una herida que nunca se cerraría y dejo que los labios de Irina en su mejilla lo devolvieran a la tierra mientras sentía la presencia de sus hermanos, los dos a cada lado suyo y de su esposa, arrodillándose con ellos para poder mirar a Cayetana.

"Debimos estar mas pendientes de ella, siempre lo estuvimos, desde que éramos niños, pero al crecer, cada uno empezó a hacer su vida y no nos dimos cuenta de lo hacía, no hasta mucho mas tarde." confeso Samuel. "Si hubiéramos puesto más atención, hubiéramos podido detener por lo menos parte de todo lo que paso."

En ese caso, Arturo era que se sentía mas responsable y las lagrimas que se negaba a derramar eran prueba de ello, sintio la mano de Sofia en su hombro y respiro profundamente, tratando de centrarse solo en este momento.

"Como el mayor, la culpa de no poder detenerla siempre me persigue, señora, así no crea que es la única que lleva esta carga con usted, pero si algo me enseño la perdida de mi hermana es que la vida es muy corta para cargar con todos los problemas solo." dijo Arturo, tomando la mano de Sofia para besarla. "Ahora tengo una mujer a la que amo, un hijo por el que daría mi vida y una familia y aunque nada puede borrar a Alma o a su difunto esposo, yo se que ellos nos trajeron hasta aquí y que no les gustaría empezar una guerra de nuevo por errores del pasado."

Cayetana los miro con tanto sorpresa que era casi como si entendiera lo que estaba pasando pero estos hombres no parecían odiarla, no la estaban culpando o juzgando, lo que estaban haciendo era ofrecerle paz y compartir la pena que estaba comenzando a liberarse de su alma.

"Señora, tenemos que dejar atrás el pasado." le dijo Flavio. "Créame que nosotros sabemos muy bien lo que es dejar que la venganza te envenene el alma hasta dejarte ciego pero sus hijas nos dieron una lección que no olvidaremos nunca y yo le prometo, con este débil corazón y por el amor que siento por su hija que estoy dispuesto a dejar todo atrás y empezar de nuevo porque quiero paz, pero, sobre todo, porque daría lo que fuera por ver a su hija feliz."

"Dejemos el odio atrás, señora, empecemos de nuevo." dijo Samuel mirando primero a Cayetana y luego a Andrea. "Vamos a darnos una oportunidad."

"Mis hermanos tienen razón, señora. Nosotros solo queremos paz para vivir felices, además, yo nunca le quitaría la oportunidad de ver a su nieto crecer." le dijo Arturo. "Yo quiero que el aprenda aquí quien es su familia, de donde viene para que algún dia sepa dónde ir."

Desde donde estaba, Don Felipe supo exactamente en que momento estos hombre rompieron la ultima barrera que bloqueaba a su hija cuando la escucho sollozar y se lanzo a los brazos de aquellos muchachos. Irina, que se había apartado de su marido justo a tiempo, se junto con sus hermanas y miraban la escena con mucha emoción, de todos los escenarios este era el mejor, aunque no se lo habían imaginado nunca.

Pero esto solo mostraba una vez más, la bondad de esos hombres y su capacidad para perdonar, como decían ellos, por amor.

Mientras tanto, el lobo se dio cuenta de que había otra presencia y se giro para ver a Nieves con el pequeño Arturito. Al animal le sorprendió lo pequeño que podía ser un humano y se acerco a el mientras Sofia se daba cuenta y miraba a su hijo con Nieves, que parecía avergonzada.

"Señorita Sofia, disculpe, pero es la hora de comer de este hermoso." dijo Nieves.

"Tienes razón, Nieves. Gracias." dijo Sofia.

Nieves le paso el bebe a Sofia y se marcho y fue entonces cuando se dio cuenta de que el lobo lo miraba con mucha atención y luego miraba a Flavio, como si estuviera preguntándole algo. El mediano de los Gallardo sonrió.

"Sofia… ¿puede acercarse?" pregunto Flavio.

Sofia miro a su hijo y vio como el bebe ya estaba extendiendo sus manos al lobo así que asintió lentamente mientras el lobo se acercaba a ellos, con mucho cuidado y cuando Arturito lo toco, el lobo cerro los ojos.

Luego abrió los ojos, miro a Flavio de nuevo y entre ellos paso un momento donde finalmente el animal comprendió la petición de Flavio de la otra noche. Esta era su familia ahora y tenían que protegerla.

Y eso iban a hacer, juntos.

Rancho Alcázar – Hora de Comer

Algo más tarde, Verónica llego al Rancho donde estaba Soledad. Ella le explico que los muchachos habían llamado y que venían de camino con las hermanas para comer todos juntos, pero mientras esperaban, estaban las dos mujeres solas y fue ahí donde Verónica sintio algo extraño.

Soledad estaba nerviosa de esta a su alrededor y aunque Verónica no sabía porque, se sorprendió cuando sintio que ella misma estaba muy cómoda con ella, era como si algo dentro de Verónica la llevara a Soledad para decirle que podía confiar en ella.

"Soledad…"

La mujer se sorprendió cuando Verónica la llamo y se giro a mirarla encontrando a una mujer que, aunque muy fuerte, todavía tenía preocupaciones y el amor de madre que había reprimido por años, apareció con fuerza, haciéndola acercarse a ella.

"Si, señorita, ¿puedo hacer algo por usted?" pregunto Soledad.

"Si, me gustaría hablar contigo de algo que me preocupa." dijo Verónica.

Era raro para ella hablar con Soledad de todo esto, pero se sentía mejor con ella que con Miranda así que se sento con ella en la sala y como tenia que esperar a los Gallardo y a las hermanas del Junco, sabía que tenía tiempo.

Soledad, todavía algo sorprendida, se sento con ella y la miro preocupada.

"Veras es que mientras espero a los muchachos me he puesto a pensar en mi situación y bueno, mi mama y yo todavía estamos algo alejadas por eso, no quiero contarle, además, conociéndola, no le va a gustar… y me gustaría contártelo a ti, si me lo permites." le dijo Verónica.

"Claro, ¿te paso algo? ¿estas bien?" pregunto Soledad.

"Si, es solo que… bueno, llevo tiempo con Pablo en secreto y bueno, durante un tiempo el y yo nos separamos porque pensó que estaba con Flavio." dijo Verónica y Soledad abrió los ojos, sorprendida. "Si, ya se, bueno durante ese tiempo el dejo otra chica embarazada y aunque quiere hacerse responsable, dice que no puede hacer infeliz a ese niño estando con su madre cuando me quiere a mí y yo… yo lo amo, Soledad, pero me siento fatal por separarlo de su hijo, ¿Qué pasa si algún dia se arrepiente? ¿Y si ese bebe odia a su padre por mi culpa?"

Soledad no sabia que decir, por una parte, estaba enfadada porque los muchachos de hoy en dia no tenían ningún cuidado a la hora de relacionarse y eso que ella pensaba que Pablo era responsable y por otra parte, no sabía muy bien cómo ayudar a Verónica. Ella había estado en la situación de aquella muchacha sola y embarazada, pero con una gran diferencia.

Una, Pablo no estaba casado y dos, él ya había prometido hacerse cargo del bebe y Verónica no iba a dejar que se olvidara, aunque Soledad no pensara que Pablo iba a intentar escaparse de esa responsabilidad, ella conocía su pasado y sabia que el pobre Pablo había vivido en una casa con unos padres que casi no se soportaban.

"Ay mi niña…" dijo Soledad, sin poder contenerse. "No debes de sentirte mal, el amor… puede venir de formas que no nos esperamos, pero cuando llega, pues llego y tu no debes sentirte mal por querer a Pablo o porque el te quiera a ti."

"Pero él bebe…" dijo Verónica.

"Mira, no es una situación fácil, pero Pablo es un buen muchacho y sabe perfectamente lo que es tener padres que no se quieren, eso no es culpa tuya o del bebe." dijo Soledad. "Si ese bebe tiene todo el amor del mundo, nunca podrá odiar a sus padres o a usted, además, piensa que, en vez de una mama, tendrá dos y muchos tíos que van a cuidarlo mucho."

Verónica sonrió, ella nunca se imaginaba que Soledad se lo decía de verdad, pero si pensó que los Gallardo seria buenos tíos después de verlos tan comprometidos con Arturito, eso le hizo sentir mejor y le dio una nueva fuerza para enfrentar esta situación. Ella quería a ese bebe que no tenía la culpa de los problemas de sus padres y aunque no iba a sustituir a su madre, se propuso ser su amiga y cuidar a ese bebe en el futuro.

"Tienes razón." dijo Verónica con una sonrisa. "Gracias, Soledad, me has ayudado mucho."

Soledad sonrió, ella no sabía lo mucho que significaban esas palabras y cuando Verónica le dio un abrazo, Soledad tuvo que hacer una fuerza muy grande para no echarse a llorar en aquel mismo momento cuando respondió a ese abrazo con fuerza.

"No hay de que, mija." dijo Soledad, después de unos minutos. "Yo siempre estaré aquí cuando necesites ayuda, ¿sí? pero que ese Pablo se prepare porque cuando los muchachos se enteren, van a querer hablar con él."

Verónica rio, porque por supuesto que los muchachos querrán hablar con Pablo, pero antes de poder decir nada, la puerta principal se abrió revelando no solo a los Gallardo, sino también a las tres hermanas del Junco, de todas, a Verónica le sorprendió ver a Andrea, pero parecía que la mediana de las hermanas se estaba comenzando a unir mucho a Samuel y la verdad, es que Verónica si la veía sonreír más desde que se juntaba con el y le daba gusto.

Solo esperaba que lo tratara bien y que no se dejara llevar mas por su mama o por habladurías sin sentido.

"Mira quien llego." dijo Flavio.

"Hola, muchachos, ¿Cómo es…?"

Verónica se detuvo cuando vio al lobo al lado de Irina y luego miro a la mujer que le paso una mano por el lomo al animal. El lobo estaba quieto, casi paralizado y fue entonces cuando los Gallardo recordaron que seguramente, este animal reconoció a Verónica por su pareció a Alma, pero nada más.

"Esta bien." dijo Flavio, acariciando al lobo. "Lobo, esta es Verónica."

Luego tomo la mano de Verónica y aunque ella tenia algo de miedo, permitió que Flavio la acercara al lobo, que no dejaba de mirarla.

"Vero, este es un amigo mío, me lo regalo alguien que conocía muy bien a mi papa." dijo Flavio. "Esta aquí para cuidarnos."

Verónica todavía no sabía que decir, pero cuando vio que se acercó, algo dentro de ella conecto con el animal y se arrodillo frente a él. El lobo puso su cabeza en el hombro de la chica y antes de que Verónica pudiera hacer nada, todos escucharon lo mas parecido a un sollozo que el animal pudo hacer.

Eso era todo lo que necesitaban porque, aunque Alma ya no estaba, su espíritu seguía aquí, con Verónica. La joven miro hacia los hermanos, preocupada, pero se dio cuenta de que ellos estaban tan emocionados como el lobo.

"Sabe que tu no eres Alma." le dijo Flavio, tomando la mano de su esposa. "Pero te reconoce como nuestra hermana porque su espíritu está contigo."

Verónica miro al animal impresionada y le sonrió, devolviéndole el abrazo al mismo tiempo que los hermanos miraban la escena emocionados. Quizá faltara una de ellos, pero la sentían aquí, en esta habitación, sonriendo desde una esquina.

No, no faltaba nadie.

"Bueno, será mejor que dejemos de llorar y comamos." dijo Arturo, mirando a Soledad. "¿Está todo listo?"

"Si, Arturo, pasen por favor." dijo Soledad.

Los Gallardo, Verónica y las hermanas del Junco siguieron a Soledad hacia la cocina con el lobo cerca de ellos y sabiendo que, de una manera u otra, iban a permanecer unidos ahora y para siempre.

Eso sí, las noticias que traía Verónica iban a ser preocupantes, pero quizá todavía había un rayo de esperanza en medio de todos esos problemas que estaban por llegar.

Rancho Viejo

Mientras tanto, en un lugar oscuro, una figuraba trataba de pasar un dia mas en este lugar donde lo habían encerrado. A veces tenia un sueño donde salía y podía buscar todo lo que había perdido años atrás.

Pero luego se despertaba para darse cuenta de que todo lo que había perdido nunca podría recuperarla y al pensar en aquello, gritaba y maldecía a todo por darle este destino que era peor que el infierno.

"Un dia…" juro hablando para el mismo. "…un dia saldré de aquí y acabare con todos."

Nadie lo creía, pero no era un promesa no, hace años que eso murió. Esto era una amenaza y aunque fuera lo ultimo que iba a hacer en su vida, lo conseguiría.

Rancho Alcázar – Mas tarde

Después de comer todos se reunieron en la sala con café o te. Soledad ocupaba un sofá con Arturo, Sofia y Verónica. Irina se sentaba sobre las piernas de su esposo en otro con el lobo al lado de ellos y finalmente Andrea y Samuel se sentaba al otro lado en sillas que habían traído de la oficina.

Y ahora con todos en la misma habitación, hablando y riendo, Verónica se puso más seria porque ahora si, tenia que contar lo que había venido a contar. Samuel fue el primero en verlo y haciendo una señal a los demás, el cuarto se fue quedando en silencio.

"Oye, Vero, ¿para qué querías que nos reuniéramos?" pregunto Samuel.

"Es que tengo algo que contarles y me alegro que las muchachas estén aquí porque también tiene que ver con ustedes." dijo Verónica, mirándolos con preocupación.

"¿Con nosotras?" le pregunto Andrea, confundida.

"Si… verán, Pablo me conto que Nieves escucho a Leonardo Montalvo hablando por teléfono el dia que les dispararon a ustedes y a Flavio." conto Verónica, haciendo saltar las alarmas. "Ella esta muy asustada y solo confía en Pablo y en Rocío, así que les dijo lo que escucho."

La tensión se sentía en la habitación mientras Verónica se armaba de valor para explicar lo que había escuchado y casi sin querer, levanto su mirada para clavarla en Irina y Flavio.

"Nieves escucho a Montalvo hablando con alguien que le decía algo sobre que saben que tu y Fernández los están investigando, Flavio y les dijo que aceleraran el plan." dijo Verónica con cuidado. "Creo que el plan es terminar contigo."

Y entonces todas las miradas se volvieron a Flavio que, por una vez, no supo muy bien que decir mientras el silencio y la preocupación tomaban el control de aquella habitación y de los corazones de las personas que había allí.