10 de enero, 1995

Severus seguía pensando en la conversación que había tenido con Karkaroff y en la presencia de la Marca Tenebrosa, cada vez más oscura en su brazo.

Dumbledore también compartía sus sospechas de que el Señor Tenebroso estaba recuperando sus fuerzas, y que llegaría el día en que su regreso fuese inevitable.

El profesor se preguntó, no por primera vez, que ocurriría cuando ese día llegase.

Dumbledore ya le había pedido que volviese a su antiguo papel como espía, lo cual no estaba libre de riesgos. Ni siquiera Severus, con sus dotes magistrales de Oclumancia, estaba libre de sufrir la ira de su antiguo señor ¿Qué pasaría si no era capaz de cumplir con su papel?

Su vida no valía mucho fuera de su labor como espía, pero Severus sentía que ya no se trataba sólo de él. Tenía que pensar en Lily.

Por mucho que hubiese prometido ayudar y proteger a Harry Potter, Severus no se engañaba, el chico no estaba solo. Dumbledore le vigilaba como un ave de presa, y también había otros como Lupin, Black y los Weasleys que saltarían en su defensa si fuese necesario. Incluso el irritante Alastor Moody estaba a su servicio, como un viejo y quisquilloso guardaespaldas.

Pero Lily no tenía a nadie, no le importaba a nadie, y lo que era peor, todos pensaban que era hija de muggles.

Y precisamente por eso, Severus sentía que era su responsabilidad prepararla para el futuro, para que pudiese defenderse el día que él ya no estuviese a su lado.

Porque Severus sabía mejor que nadie que a veces uno tenía que luchar por sí mismo, porque nadie más lo haría.

ooo

Lily entró con curiosidad en el despacho, preguntándose qué querría el profesor Snape de ella. El mago le había pedido que se quedase después de clase, con esa expresión que ponía cuando quería ser hermético y misterioso, y Lily se preguntó si querría decirle algo acerca de la fiesta de Navidad.

-Señorita White, sin duda recordará una conversación que tuvimos el año pasado acerca de su habilidad de realizar magia sin pronunciar los hechizos en voz alta -ella asintió, preguntándose adonde querría llegar-. ¿Ha vuelto a hacerlo?

-A veces, cuando practico a solas.

-Creo que debería progresar en su entrenamiento, especialmente en hechizos de defensa y ataque -Lily le miró sin comprender-. Lo que quiero decir, señorita White, es que voy a entrenarla en duelos mágicos, y espero que para final de curso sea capaz de enfrentarse a mí sin pronunciar los hechizos en voz alta.

Lily abrió mucho los ojos, sorprendida. Aquello no formaba parte del temario habitual de un alumno de tercer año, pero el tono del profesor no daba lugar a réplica.

-Por supuesto, el señor director ha dado su permiso -mintió Severus. Dumbledore no sabía nada y esperaba que no se enterase nunca-. Pero le agradecería que no le dijese nada a sus compañeros.

-¿Les digo entonces que estoy siguiendo el curso avanzado de pociones? -Lily alzó las cejas y esbozó una pequeña sonrisa que Severus reconoció muy bien. Era una mueca que él mismo hacía cuando estaba maquinando algo.

-Le daré una lista de los hechizos que debe aprender durante la semana, y los jueves por la tarde los practicará conmigo, en silencio -continúo diciendo, tratando de mantener su cara en una expresión imperturbable-. Puede marcharse.

Lily se dispuso a salir, pero antes de abrir la puerta se giró hacia él.

-Profesor, alguien me envió un paquete de dulces por Navidad, pero no tenía remitente -dijo de forma tentativa. Él se cruzó de brazos, y replicó con una mirada aburrida.

-¿Por qué debería importarme?

-No es la primera vez que pasa.

-¿Está protestando por un regalo de Navidad, señorita White? -ella se sonrojó y bajó la vista.

-No, es sólo que... no importa -murmuró, hundiendo los hombros-. Buenas tardes, profesor.

ooo

24 de abril, 1995

Tres meses habían pasado desde que Severus decidió entrenar a Lily, y no se había arrepentido.

Todos los jueves ambos se reunían en una de las mazmorras más amplias para practicar. Todavía estaban avanzando lentamente en la larga lista de hechizos que Lily debía aprender, antes de embarcarse en las maldiciones, pero Severus confiaba que quizá durante el siguiente curso pudiese enseñarle a Lily las bases de las artes oscuras.

El hecho de que todavía tuviera trece años no importaba, a ningún mortífago le iba a temblar la mano por ello, Severus lo sabía muy bien. Y de todas formas, estaba claro que ella podía con eso y más.

Lily no le había decepcionado. No sólo era lista y aprendía rápido, sino que demostraba fiereza al luchar, sin perder por ello la cabeza fría. La niña se tomaba muy en serio los entrenamientos y siempre acudía a las citas semanales con los hechizos aprendidos.

Aún debía pulir su técnica, y Severus todavía podía adivinar sus siguientes movimientos como si se los estuviese gritando, pero aun así se sentía satisfecho.

Ese día estaba siendo un poco más duro con ella, pues estaban practicando hechizos escudo, y Severus quería saber hasta dónde era capaz de aguantar.

Lily fue lanzada muchas veces hacia atrás, pero siempre se levantaba, con la varita en la mano y un gesto de determinación en el rostro. Para el alivio de Severus, no había vuelto a tenerle miedo, sino que se ponía en posición, una y otra vez, con un brillo de seguridad y desafío en los ojos que él conocía muy bien.

Definitivamente, el siguiente curso iba a ser muy interesante.

-Déjese caer, señorita White.

-¿Qué quiere decir?

-Ya sabe que no tiene fuerza suficiente para parar mi ataque. En ese caso, no merece la pena hacerlo, simplemente, déjese caer y atáqueme desde el suelo.

-Pero profesor, usted me dijo que si me caía perdería la ventaja.

-Y así es, pero en un duelo hay que aprovechar incluso las desventajas. Es mejor que caiga al suelo cuando usted quiera en lugar de ser lanzada hacia atrás y perder la varita.

Lily inclinó la cabeza hacia un lado, pensando en sus palabras, pero resoplando por la nariz agitó los hombros y se puso en posición de defensa, indicando que estaba lista.

Severus la atacó en silencio, y Lily levantó el escudo protector, pero esta vez aprovechó el impulso del encantamiento ofensivo para dejarse caer. En cuanto tocó el suelo, apuntó hacia Severus, y la varita de este salió despedida de su mano.

Severus sonrió satisfecho. Obviamente, se había dejado desarmar, pero no estaba mal para ser el primer intento. Tendrían que mejorar la técnica de Lily, pero Severus no podía estar más contento.

ooo

2 de mayo, 1995

-Hoy voy a enseñarle a usar el suelo como conductor para sus hechizos.

-¿Por qué está tan obsesionado con el suelo? ¿Piensa que me voy a caer todo el rato? -Lily había cogido más confianza, y se atrevía a cuestionarle con más desenvoltura. Ese cambio no le desagradaba, así que no la regañó.

-Sus enemigos serán más grandes y numerosos que usted. Debe estar preparada para el peor escenario posible. Tiene que usar sus desventajas a su favor, y atacar al enemigo donde menos se lo espera.

-¿Y cómo hago eso?

-En lugar se apuntarme con su varita, debe clavarla en el suelo, y desplegar la energía a su alrededor. Levante un perímetro de seguridad en torno a usted y evite que el hechizo la toque. Al principio limítese a invocar el hechizo, y cuando lo controle podrá practicar cómo apuntar a los muñecos.

Lily hizo lo que él le decía, arrodillándose y apoyando la punta de su varita en el suelo de piedra. Se concentró en la superficie dura y fría, imaginando que era aire.

-Incendio -no dijo el hechizo en voz alta, pero el fuego se propagó velozmente y con más energía de la que esperaba, inundando la habitación y envolviendo al sorprendido profesor.

Este cayó hacia atrás, agitando su varita frenéticamente para apagar las llamas que consumían su túnica.

-¡Profesor! ¿Está bien? -Lily corrió hacia él y se arrodilló a su lado, ayudándole a apagar los últimos rescoldos-. Lo siento, profesor, lo siento mucho.

-¿Qué está haciendo, señorita White?

-No quería hacerle daño, profesor.

Severus la miró aturdido ¿Se estaba preocupando por él?

-Señorita White, ha hecho exactamente lo que debía hacer, no se preocupe por eso. En todo caso ha sido mi error haberla subestimado. Es usted más fuerte de lo que esperaba.

Ella aún le miraba con temor en los ojos, pero Severus se dio cuenta de que tenía miedo por él, no de él. Aquella era una experiencia desconocida, así que decidió proceder con cautela.

-Señorita White, si se queda más tranquila, me situaré a su lado para evitar que me abrase ¿Está lista para intentarlo de nuevo?

Ella asintió, aún temblando, y se puso en posición, pero no dejaba de mirar por encima del hombro, para comprobar que el profesor seguía dentro del perímetro de seguridad.

-Deje de distraerse, señorita White -pero para tranquilizarla, Severus hizo algo que no había hecho nunca. Le puso una mano en el hombro.

Ella se tensó momentáneamente, pero al instante se relajó, y expulsando el aire de sus pulmones repitió el hechizo, inundando la habitación de llamas.

-Muy bien, ahora intente centrar su hechizo en los muñecos.

Lily repitió el hechizo, cada vez con más control. Al final de la clase fue capaz de calcinar al muñeco usando tan sólo una fina línea de fuego.

Y durante todo ese tiempo, la mano de Severus no abandonó su hombro.

ooo

23 de junio, 1995

Las chispas rebotaban en las paredes, pero los dos magos lo ignoraban, concentrados como estaban en su particular duelo. Aún utilizaban hechizos y encantamientos, pero su velocidad y fuerza eran mucho mayores que hace unos meses. Y esta vez, Lily llevaba la iniciativa.

Había entrenado muy duro, repasando los hechizos una y otra vez cada vez que estaba sola, y no sólo eso, también había entrenado su cuerpo, corriendo, saltando y practicando las caídas controladas. Esta vez, no se dejaría vencer.

Sabía que el profesor era más fuerte que ella, pero Snape se estaba conteniendo, y eso le daba ventaja.

Lily aprovechó su mayor agilidad para lanzar una rápida ráfaga de hechizos, truco que había aprendido dos semanas atrás, y corrió velozmente hacia un lado.

Snape le lanzó un hechizo de desmayo, pero ella se tiró al suelo y rodó sobre sí misma. Aprovechando que estaba agachada, rozó las piedras del suelo con su varita, haciendo que las losas de debajo del profesor se transformasen en un profundo charco, distrayéndole.

Y entonces, rápida como el rayo, Lily lanzó un Expelliarmus, y esta vez, consiguió desarmar a Severus por sí misma.

Ambos se miraron, recuperando la respiración. Snape estaba sorprendido, pero sonrió. No una sonrisa de suficiencia o una sonrisa maligna antes de soltar un comentario envenenado.

Esta era una sonrisa sincera, y Lily no recordaba haberle visto nunca sonreír así. Parecía más joven y amable, y era una visión extraña pero agradable. Y también había algo más, algo que hacía brillar sus ojos.

Orgullo.

¿Estaba orgulloso de ella?

-Ha mejorado mucho, señorita White -la felicitó, recuperando su varita-. Este será nuestro último duelo de este curso. Espero que siga estudiando durante el verano.

-¿Podremos practicar maldiciones el curso que viene?

Severus se contuvo antes de que la risa saliese de sus labios. Aún debía mantener la fachada de profesor frío e imperturbable, pero a veces le resultaba terriblemente difícil, sobre todo cuando Lily le sonreía de esa manera, con los ojos brillantes y el rostro radiante de energía.

Se contentó con esbozar una ligera sonrisa, pero Lily no se dejó engañar.

-Si continúa con sus estudios como hasta ahora, puede que le enseñe algo más -respondió él, con un tono misterioso.

Lily deseó preguntar de qué se trataba, pero sabía que él no soltaría prenda. Aun así, no dejó de sonreír, estaba convencida de que la espera merecería la pena.

ooo

25 de junio, 1995

"Cedric Diggory ha sido asesinado por lord Vóldemort"

Los alumnos se encogían asustados, y algunos lloraban. Nadie sabía cómo reaccionar ante la noticia.

Los que procedían de familias de magos y habían escuchado las historias de la Primera Guerra Mágica comprendían con mayor claridad lo que esa noticia significaba.

-Todo saldrá bien -Daphne intentaba mantener la calma, cogiendo las manos de su hermana entre las suyas-. Todo va a salir bien.

Astoria trataba de contener las lágrimas, pero estaba muy nerviosa.

-¿Qué vamos a hacer?

-Iremos a casa, papá sabrá qué hacer. Lily, ven con nosotras -ofreció-. A papá y a mamá no les importará. Podrás pasar todo el verano en casa, estarás a salvo.

-Pero... tengo que volver. La señorita Anderson... ¡y Susan! -Lily agitó la cabeza-. No puedo dejarlas solas.

-Lily, no puedes hacer nada. Si alguien os ataca...

-¡Puedo defenderme! Puedo... -Lily miró hacia la mesa de los profesores, impotente. El profesor Snape seguía ausente ¿Dónde estaba?-. Debo volver. Tengo que volver a casa -repitió, al borde de las lágrimas.

Daphne aceptó su decisión a regañadientes, pero le tendió una mano.

-Te escribiremos ¿de acuerdo? Estaremos en contacto.

Lily trató de sonreír, pero no fue capaz. Tenía miedo. Lord Vóldemort había regresado ¿Qué pasaría ahora?

...

Cuando a Severus se le mete algo en la cabeza, no hay quién se lo saque, y su nuevo objetivo es proteger a su nueva Lily.

Y afortunadamente, parece que a Lily le gusta el reto, y también pasar el rato con su nuevo profesor favorito.

¡No olvidéis comentar y votar!