— NOTAS DE LA TRADUCTORA —
La historia pertenece a: PimpedOutGreenEars.
Phineas and Ferb pertenece a: Dan Povenmire y Jeff Swampy Marsh.
Apartamento vacío
Capítulo 43. Cambio de mareas
…
Domingo, 23 de marzo.
Eran alrededor de las 9 am cuando Ferb y su padre terminaron de cargar una cómoda antigua en la parte trasera de una camioneta.
—Ahí tiene, señor. Eso debería ser suficiente —dijo Lawrence, dando palmaditas en la parte superior de la cómoda mientras una gota de sudor goteaba por su frente.
—Muchas gracias a ambos —dijo el hombre, entregando a Ferb unos dólares como propina.
—Fue un placer para nosotros —respondió el castaño mientras su hijo asentía con la cabeza.
Unos segundos más tarde, el hombre estaba en su camioneta y se alejaba; Ferb se volvió hacia Lawrence.
—No deberías cargar —mencionó, concentrándose en el sudor en la cara de su padre.
—¿Y por qué? —pregunto alzando una ceja como desafiando a Ferb a llamarlo viejo.
—Tu eres el que suda en marzo —dijo mientras se encogía de hombros.
—Creo que veo también un poco de sudor en ti —menciono, aunque ambos sabían que eso no era cierto—. De todos modos, adelante. Cuando entremos, prometo quedarme quieto como una estatua.
—Cuidado, es probable que alguien te compre —bromeó el peliverde.
—No creo que tengan una excelente oferta para comprarme —le regreso la broma, mientras los dos entraban en la tienda.
Cuando entraron en la tienda, Lawrence, fiel a su palabra, se sentó atrás de un escritorio que estaba al fondo de la habitación.
—Voy a registrar la venta —dijo Ferb señalando la parte trasera donde guardaban su computadora.
—Está bien —dijo el castaño, reclinándose en su asiento.
Ferb no logró salir de la sala principal antes de que sonara el timbre sobre la puerta. Cuando se dio la vuelta vio a Linda y a Phineas entrar en la tienda. Vio que los ojos del pelirrojo lo buscaban y al encontrarlo le mostró una ligera sonrisa.
—¡Hola! —saludo Lawrence, mirando con brevedad a Linda y luego a Phineas. La sonrisa que le dio al pelirrojo fue un poco forzada, pero el esfuerzo estaba ahí. Phineas le devolvió el saludo con timidez.
—Hola Lawrence —dijo Linda antes de mirar al peliverde— ¿Cómo estas, Ferb?
—Bien —respondió, dando un asentamiento pequeño. Linda sonrió antes de volverse hacia Lawrence.
Ferb señaló con la cabeza hacia la trastienda y se giró para ir allí sin mirar a ver si Phineas le había entendido. A los pocos segundos Phineas caminaba a su lado.
Una vez estando ahí, Ferb se sentó frente a la computadora y comenzó a ingresar la venta.
Phineas se apoyó en el escritorio y durante un rato el único sonido de la habitación fue el tipeo de las teclas y las voces a distancia de sus padres hablando entre sí, pero entonces por fin el pelirrojo habló.
—Ayer tenía mucha resaca —dijo a la ligera, luciendo un poco avergonzado.
—¿Cómo fue eso? —preguntó mientras continuaba mirando la pantalla. Asumió que lo que le decía el pelirrojo era verdad, pero esta vez lo supo con seguridad. Mientras que el resto del grupo decidió quedarse a dormir en la camioneta de Buford, Ferb optó por caminar a casa.
—No es genial —comenzó antes de detenerse por un segundo—, pero supongo que no estuvo tan mal. A mi mamá le preocupaba que como mi voz todavía estaba ronca, podría tener algo más grave.
—Suenas mejor —menciono mientras terminaba e imprimía la hoja para archivar.
—Si, solo que ahora me pica un poco la garganta —dijo mientras se sentaba en la esquina del escritorio—. Convencí a mi mamá de que solo estaba cansado.
Era extraño para Ferb pensar en que Phineas tuviera que ocultar el hecho de que había estado bebiendo, aunque sabía que eso era típico de las personas de su edad. Solo no podía recordar la última vez que había pasado tiempo real con personas que tenían que ocultarlo.
Incluso cuando Ferb era más joven y había comenzado a beber en Inglaterra, estuvo pasando tiempo con personas que no tenían que ocultarle cosas a sus padres. La mayoría de ellas solo bebían para fastidiar a sus padres o al menos para tratar con ellos.
—Supongo que no tenías resaca ayer, ¿verdad? —pregunto Phineas.
Ferb se dio cuenta de que se había perdido en sus pensamientos y que dejó la conversación suspendida, aunque el pelirrojo no pareció darse cuenta. Solo se sentó balanceando los pies esperando a que el otro respondiera.
—No lo sabría. Nunca deje de beber —respondió encogiéndose de hombros.
Phineas se rio ligeramente— Mi mamá está aquí para invitarlos a la barbacoa de primavera.
Ferb levantó una ceja en cuestión.
—Cada primavera, algunas personas del vecindario se reúnen para hacer una barbacoa. Es algo muy importante —explicó, levantando la mano hacia su hombro antes de volver a bajarla—. Tan grande que las mamás de Buford y Baljeet conviven.
—A los padres de Baljeet no les gusta su relación —afirmó Ferb. No era una pregunta, pero de todo requería una respuesta.
—Eso es un eufemismo —dijo mientras otra vez se llevaba la mano al hombro—. Es complicado, Ni siquiera sé exactamente como quieren que sea su relación.
—¿En realidad? —pregunto.
Lo dudo, pensó Ferb.
Phineas sacudió la cabeza con ligereza como si no quisiera pensar en ello con profundidad.
—De todos modos, la barbacoa es divertida y la comida es increíble. La madre Buford es una maestra de la barbacoa y todos traen guarniciones exclusivas —explico.
—A mi papá le gustara —mencionó, dejando de lado que esperaba que Linda no le pidiera a su padre cocinar—. A él le gusta pasar tiempo con tu mamá.
Phineas sonrió y asintió— A ella también le gusta —por un segundo pareció estar debatiendo en decir algo más, antes de por fin hablar—. Ella no... No ha tenido citas desde que mi papá se fue.
Ferb asintió esperando que Phineas continuará.
—¿Tu papá ha visto a alguien? —preguntó el pelirrojo.
—Algunas —mencionó—, se lo he arruinado en gran medida.
—Estoy seguro que eso no es cierto —le dijo Phineas. Casi hizo reír a Ferb que el pelirrojo tuviera ese pensamiento.
—Lo es, pero estoy tratando de no hacerlo esta vez —confesó—. Se siente solo.
Phineas se quedó en silencio solo por un momento antes de preguntar, nervioso— ¿Está bien si pregunto que le paso a tu mamá? Sino, lamento haberlo mencionado.
Ferb se rió— No le paso nada, está en Inglaterra —omite que era probable que estuviera cayéndose de borracha en algún bar.
—¿Hablas con ella?
—No, y no lo haría ni con una pistola en la cabeza.
La respuesta pareció sorprender a Phineas, pero Ferb no le dio oportunidad de comentar nada al respecto.
—De todos modos, estoy seguro que él estará en la barbacoa con la campanas encendidas.
—Genial —dijo el pelirrojo— Es el día 5, si estás interesado.
Ferb no estaba interesado. Una gran comida al aire libre en el vecindario sonaba tan dolorosamente suburbano y se esperaba una gran participación, con demasiada gente para reunirse. Su padre disfrutará de la socialización. A Ferb le encantaría estar en cualquier lugar menos ahí.
—Lo dudo.
—Lo supuse —aunque Phineas pareció esperar esa respuesta, no pudo evitar notar la decepción del pelirrojo.
—¿Por que me quieres allí?
Era la misma pregunta que Ferb había hecho antes de la fiesta, pero al menos esta vez sabía que recibiría una respuesta. Phineas se lo prometió.
Además, sintió que incluso si no hubiera prometido responder, lo haría de todos modos después de los acontecimientos del viernes. Ferb había pasado el sábado bebiendo, algo en casa y en Turnpike. Pero mientras lo hacía, había tratado de descubrir que había significado el viernes para él, si es que había significado algo.
Sabía que le había revelado mucho a Phineas. Es más, Phineas se había dado cuenta de la mayor parte por sí solo. Phineas podía hacer lo que la mayoría no podía hacer con Ferb. Estaba empezando a creer que tal vez tenía sentido para Phineas.
Ferb estaba pasando tiempo con Phineas para tratar de descifrarlo, pero se preguntó si tal vez al hacerlo, Phineas lo había descubierto.
La idea parecía absurda.
La confusión siempre estuvo presente en la actitud de la gente cuando estaban con él. No lo entendieron del todo y, en el mejor de los casos, la gente estaba interesada en su propia incapacidad para comprenderlo. Pero Phineas si entendió partes de él. Y aun no sabia si era porque estaban en el mismo nivel intelectual o por otra cosa.
Pero era consciente de que ya no solo sentía curiosidad por Phineas. Se convirtió en algo más. Phineas no solo era interesante para él. Ferb no odiaba estar cerca de él. No estaba seguro de lo que eso significaba.
Y no estaba seguro de lo que estaba dispuesto a permitir que significara.
Phineas abrió la boca para responder cuando Linda asomo la cabeza en la habitación, con Lawrence detrás de ella luciendo preocupado. Ferb se dio cuenta que su padre estaba preocupado porque se repitiera el incidente de la cochera. No lo culpo. Era probable que esa sería una forma rápida de arruinar las cosas entre Linda y él.
—Phineas, me dirijo al auto. Necesitamos llegar a la tienda antes de que cierre —la mujer miró al peliverde—. Te veré luego, Ferb. Estoy segura de que Phineas te ha dicho que eres bienvenido en cualquier momento.
Luego Linda se giró para ir al auto, de forma para darle un momento a Phineas para despedirse y Lawrence le dio a Ferb una rápida sonrisa antes de seguirla.
—Tengo que irme, pero prometo explicarte más tarde —dijo Phineas, levantándose del escritorio, con la mano yendo hacia su espalda.
Ferb se levantó de su silla y caminó hacia Phineas agarrando firmemente su muñeca y alejándose de su hombro. Phineas parecía atónito y de inmediato se la quitó a Ferb.
—Lo se —mencionó, ignorando la forma en que Phineas con rapidez metió la mano en el bolsillo.
Phineas mantuvo su mirada fija en Ferb durango un largo momento antes de hablar—. Es un mal hábito que tengo.
Ferb se encogió de hombros. No pensó en decirle al contrario que ya lo había notado ayudaría mucho. Tampoco mencionó la sangre en los dedos de Phineas.
—Te veré mañana —dijo Phineas mirando al suelo antes de alejarse de Ferb.
—Podemos hablar después de la escuela —dijo Ferb mientras caminaba a la impresora para obtener la hoja que había impreso cerca del comienzo de su conversación.
Phineas se quedó congelado por un segundo.
—No puedo mañana. Isabella está libre —dijo al fin, todavía de espaldas a Ferb— ¿Funciona el martes?
—Me da igual —dijo mientras archivaba el documento.
—Si —el peliverde pudo escuchar el humor regresando al tono del otro—, genial, nos vemos.
Y con eso por fin Phineas se fue. Por un momento Ferb permaneció apoyado contra el escritorio. El mal hábito de Phineas no fue una sorpresa. Tener una doble vida era muy estresante y el pelirrojo no parecía manejar muy bien el estrés.
Mientras Ferb todavía pensaba en ello, su padre entró en la habitación.
—Nos invitaron a la barbacoa de primavera.
—Lo he oído.
—¿Qué opinas?
—Parece que lo disfrutaras —respondió de forma simple.
—Entonces, ¿no estás interesado? —preguntó Lawrence y no fue difícil notar la decepción en su voz.
El primer instinto de Ferb le dijo que se quedara callado hasta que su padre se diera cuenta de lo tonta que era la pregunta, pero era difícil cuando la decepción de su padre se mostraba tan claramente.
Se dio cuenta de lo extraño que sería que Lawrence apareciera solo. Se sentiría obligado a poner algún tipo de excusa de porque Ferb no estaría allí, lo que lo llevaría a pensar en que estaba haciendo Ferb, y eso lo haría sentir como si estuviera fallando como padre.
—Está bien. Le dije a Linda que no estaba seguro de si estaríamos allí o no —respondió el castaño una vez que el silencio se prolongó demasiado.
Ferb frunció el ceño.
No le importaba las percepciones, pero si le importaba su padre, y cuando mayor se hacía, más se daba cuenta de que no hacía un buen trabajo en demostrarlo. Y cada vez se preguntaba más a menudo si su padre estaría mejor o peor cuando al fin se mudara de casa.
—Será mejor que vayamos. Escuché que hay mucha comida —cedió.
Lawrence sonrió y Ferb se alegró por eso.
—Creo que serán las rodillas de la abeja.
Ferb lo dudaba, pero iría por su padre.
—¡Hola, Phineas!
Phineas levantó la vista desde donde estaba sentado contra el árbol en su patio trasero para ver a Baljeet y Buford caminando hacia él. Phineas les sonrió mientras se levantaba para saludarlos.
—Hola chicos, ¿Cómo les va? —pregunta mientras los tres estaban parados en círculo junto al árbol.
—Hoy mucho mejor que ayer, eso es seguro —le dijo a Baljeet mientras se sentaba en el suelo. Los otros chicos lo imitan.
—El vino no le sienta muy bien a Buford —añadió el bravucón.
Phineas asintió comprendiendo— No me sentí normal hasta la hora de cenar.
—Al menos ninguno de nosotros se sintió tan mal como Isabella —mencionó Buford.
Phineas hizo una mueca al recordar la mañana anterior. Isabella había pasado la mañana en el mismo estado que la noche anterior. Había un lugar detrás de un arbusto en el parque cubierto de vómito y el grupo sólo podía esperar que ninguna persona terminara pisando allí.
Recordó como la morena había dicho que su regla de no beber salvo en fiestas, ahora se extendía a todo el tiempo. No la culpo. Parecía que se sentía terrible.
—Espero que se sienta mejor —dijo Baljeet— ¿Has hablado con ella, Phineas?
—Si, le envié un mensaje de texto a noche. Ella dijo que todavía vendría hoy —explicó—, dijo que se sentía mejor ayer. Durmió gran parte de ayer.
—Es muy bueno escuchar eso —declaró el moreno—. También me pregunto como se sentiría Ferb.
—Mi mamá y yo paramos en la tienda de antigüedades de su papá hoy para invitarlos a la barbacoa de primavera. Dijo estaba bien —dijo Phineas, decidiendo omitir la parte sobre la bebida continua de Ferb.
—Es muy amable de tu parte controlarlo —dijo Buford antes de reírse para sí mismo.
De inmediato, a Phineas se le erizaron los pelos de la nuca.
—Oh Buford... —murmuró Baljeet.
—¿De que están hablando? —pregunto Phineas.
—No es nada —hablo de nuevo el moreno mientras ponía los ojos en blanco hacia Buford—, Buford fue tomado por sorpresa por la cercanía que Ferb y tú compartieron anoche.
—¿Solo Buford? —cuestionó el bravucón con una ceja levantada.
—Supongo que también me sorprendió un poco —admitió mientras miraba a Phineas de una manera que parecía decir que esperaba una respuesta.
—No se a que te refieres —dijo mientras su mano apretaba su muñeca izquierda.
Buford resoplo.
—Hombre, Ferb y tu prácticamente se estaban frotando entre si, como si quisieran joder.
Por dentro, Phineas estaba empezando a entrar en pánico. Después de dicho y hecho, se dio cuenta de que se había acercado demasiado a Ferb, pero en ese momento no lo pensó, solo sintió. Ahora Buford y Baljeet se estaban dando cuenta.
Por un segundo estaba convencido de que no sería capaz de ocultar su miedo, pero luego respiro hondo y se obligó a soltar una carcajada.
—Tuvimos buena química en el escenario, ¿verdad? —pregunto, poniendo tanto humor como fuera posible en su voz sin que sonara falso.
—La química escénica es una forma de describirlo —murmuró Buford.
—Supongo que no me di cuenta de que ustedes dos eran lo suficientemente cercanos como para compartir tal... química escénica —explicó Baljeet.
Phineas sintió que el aire a su alrededor se estaba espesando, tanto que en cualquier momento creyó que ya no podría respirar.
Se negó a pensar en la verdad. Lo único que importaba ahora era la mentira. La cimento, la solidifico con rapidez y luego comenzó a decirla como si fuera la única verdad que conocía.
—No lo sé. Quiero decir, creo que Ferb se está acercando a mi, pero creo que principalmente porque está acostumbrado a estar en bandas. Así que esas cosas le resultan naturales —dijo encogiéndose de hombros. Rogaba que dicho dato sobre Ferb fuera lo suficiente interesante como para quitarle la atención.
—¿Ferb está en una banda? —preguntó Baljeet.
—No creo que esté en una en este momento, pero mencionó que estuvo en un par —mencionó, asegurándose de mencionar que en realidad si estaba en una banda. Que Baljeet y Buford descubrieran que Ferb tocaba en Turnpike sería un desastre.
—Deberíamos formar una banda. Aprovechar la química escénica de Fletcher y tú —sugirió Buford.
—¡Si, podríamos participar en el show de talentos de fin de año! —exclamó Baljeet.
Phineas forzó otra risa y soltó una mano para agitarla con desdén— Ustedes saben que nunca podrán convencerme de enfrentarme a Isabella.
Baljeet suspiro.
—Es mejor, no creo tener tiempo para una banda y mis estudios.
—Si, y Buford no quería vivir sus sueños de estrella de rock de todos modos —añadió el bravucón.
—Lo siento chicos —dijo el pelirrojo con una sonrisa inocente.
—Eh, lo que sea —dijo Buford— ¿Cuándo aparecerá Isabella de todos modos?
Justo en ese momento se abrió la puerta del patio trasero.
—¿Qué están haciendo? —preguntó Isabella mientras cerraba la puerta detrás de ella.
—Oh, Phineas tenía razón, ¡pareces mucho mejor! —mencionó Baljeet mientras los tres chicos se levantaban para saludarla.
Mientras los demás estaban concentrados en uno y en el otro, Phineas extendió una mano hacia atrás y clavó sus uñas en su hombro herido, y apretó tan fuerte como pudo.
Era la primera vez en años que se lastimaba a sí mismo a propósito.
El dolor era profundo.
—¿Qué hay de ti, Phineas? ¿Cómo ha ido tu día hasta ahora? —preguntó Isabella mientras dirige su atención hacia su novio.
—Perfecto —dijo Phineas con alegría.
Pero claro, eso era mentira. Su doble vida tarde o temprano lo alcanzaría, pero Phineas estaba decidido a seguir corriendo hasta caer.
—NOTAS DE LA TRADUCTORA—
Este capítulo estuvo sin duda algo fuerte, Ferb finalmente le hizo saber a Phineas sobre su mal hábito. Y no solo eso, también algo en los sentimiento respecto a Phineas, han comenzado cambiar. Peor Buford y Baljeet casi los cachan. Me duele mucho como Phineas se hace daño, causa un pesar en mi corazón, ¿Y a ustedes?
Se vienen cosas fuertes, estén preparados.
Sin más que decir, besos y abrazos.
¡LolitaMick14 fuera, paz!
