N/A: Los prompts vienen de la Tabla Random 5.


Después del Jardín


Parte 1


Algún instinto me dice que la eterna vigilancia es el precio a pagar por la supremacía. (Una buena frase, me parece a mí, para alguien tan joven).

Mark Twain - Diarios de Adán y Eva


05. Noche.


Es la primera vez


Es la primera vez que están solos. Kishou lo llevó a un bar. Yusa solo tenía permiso de pedir un refresco pero fue tan emocionante. Nada como aquello sobre lo que pudo leer.

Los coches. Las personas. El ruido. Hubiera tenido miedo si Kishou no estuviera con él. La luna parecía saludarlos y protegerlos en vez de aplastarlos como en el Jardín.

Yusa se dejó llevar cuando Kishou lo acompañó de vuelta.

—¿Entonces... no es así? Como debe ser.

Yusa dijo eso para romper el silencio. Arima Kishou lo miró con horror y...Asco. Yusa se sintió más decepcionado de sí mismo que su...Hermano.

Primo.

Superior.

Lo que sean en el Jardín y en el mundo exterior. Una síntesis.

Familia.

—No.

Arima Kishou se aparta de Yusa. El joven se siente idiota.

—Ya veo.

—Me retiraré. En la mañana, nos veremos en la oficina. No necesito explicarte cómo debes comportarte.

Yusa asintió. Arima lo observó una vez más. Había una mezcla de frustración y ternura en su expresión cuando se arregló el traje y se fue, dejándolo solo en la entrada de su nuevo apartamento.


06. Sin aliento.


Por un beso


—¿De verdad lo besaste?

Yusa compartía cuarto con Shio. Hubiera preferido dormirse temprano y pensar. Pero le había confesado sus planes y debía explicarse.

—Si.

—¿Y qué pasó con nuestro hermano?

Técnicamente, solo es mi hermano. Es tu primo, pensó Yusa para sí. Pero no tenía una confirmación para eso. Solo suposiciones.

—Nada.

—¡¿Nada?!

—Si...

Shio parecía genuinamente confundido. Yusa solo había aceptado su fracaso.

—¿No te dijo nada?

—No.

—¿Te golpeó?

—No.

—Bueno...Tal vez piensa que no estás listo. Digo...Tiene treinta años, Yusa. Y tú...

—Lo sé.

—Si. Los adultos del mundo exterior son así. Apuesto a que nuestro hermano quiere que cumplas dieciocho antes de intentar algo.

Yusa se sentó en su cama. Sintió que se hundía.

—¿Crees que él esté bien cuando yo cumpla esa edad?

Shio jadeó y asintió.

—¡Claro que si, hombre! Es Arima Kishou, nuestro héroe, después de todo. Los que son como él viven cuarenta, cincuenta años incluso. Y durante ese último lapso, va a sentir que tiene suerte de que estés a su lado.

—...Supongo.

Shio sacó su celular, hizo unos movimientos con sus dedos en la pantalla y soltó una carcajada.

—Souzu me escribe todo el día. Dice que eso hacen los novios en el mundo de los humanos.

Yusa no quiso sentir celos. Sus primos estaban descubriendo algo del mundo exterior, algo real, debió estar feliz por ellos.

Debió estarlo.

—¿Sobre qué?

Shio se encogió de hombros.

—Todo. Nada. Take Hirako lo aceptó de pupilo y le buscó un apartamento.

—Lamento que no los hicieran compañeros de cuarto.

—Es lo mejor. No nos concentramos si pasamos todo el día juntos, ya lo sabes. Pero esto del "celular", es una locura. Había visto dibujos pero no pensé que entendería bien cómo se usa uno, fuera de hacer llamadas. A Souzu le encanta.

—Felicidades.

Shio se acomodó en la cama, le sonrió a Yusa. Tuvo la decencia de no hacer incapié en que lloaba.

—Nuestro hermano va a corresponder. Ya lo verás. Estaremos todos juntos. Souzu y yo, tú y Kishou. Ya lo verás...


10. Sufrir.


Juntos


...Estaban juntos ellos tres. Años más tarde. Arima Kishou, Shio Ihei, Rikai Souzu. La señorita Hairu. En tumbas casi anónimas del cementerio del TSC (CCG). Yusa los visitaba.

Aprendió a hacerlo de Kuki Urie.

Kuki Urie visitaba con frecuencia la tumba de su amante, Shirazu Ginshi.

Pero Yusa siempre se sentía vacío al hacerlo. No le gustaba. Sabía perfectamente qué hacía el Jardín con cuerpos como los de ellos. Solo Shio y Rikai estaban juntos bajo la tierra. Yusa pensaba que se hubieran burlado de verlo ir a dejarles incienso, velas, ofrendas. La libertad estaba en ellos. Y si no eran libres, solo morían.

Kishou y Hairu murieron peleando por ser libres y para liberar al resto de los niños del Jardín. El producto de esa lucha debieron ser Shio, Rikai, Yusa...Pero solo Yusa sobrevivió.

—"...Sibylla ti theleis; respondebat illa: apothanein thelo...", leyó desde la lápida de Kishou en voz alta.

Kuki Urie fue con él, aquella vez en la que Yusa había cumplido dieciocho años poco antes.

—¿Es latin? ¿Qué significa?

Yusa se encogió de hombros.

—No lo sé. Pero a él le gustaba.

...Algo más que los del mundo exterior no entendían.

Urie hizo algo con su celular. Algo que a Yusa nunca se le ocurrió hacer.

—Parece que es de una leyenda grecorromana. Textualmente, abre como en una conversación: "¿Qué quieres, síbila?". La respuesta es: "Quiero morir" —explicó Urie, leyendo desde la pantalla de luz azulada en su móvil.

Tal vez Yusa no rompió a llorar en seguida. Tal vez primero cayó una gota de lluvia en su mejilla, como una lágrima y luego, luego, sus rodillas temblaron y se derrumbó.

Asi fue uno de sus primeros desmayos.


09. Regreso.


Hacia él


No lo veía desde hacía años. Kishou enviaba tarjetas. Pero no los visitaba. Yusa lo añoraba con locura.

Cada Navidad. Y...

—¡Hermano! —suspiró, apretándose contra su pecho, sintiendo que su corazón se rompía.

Corazón, leyó sobre este en un poema.

Hermano, decía sobre los que comparten apellido u otros vínculos familiares, cercanos, en un módulo sobre educació civica.

—Yusa. No debes llamarme así afuera —lo regañó.

—Lo sé. Lo siento.

—No puedo protegerte afuera.

Yusa iba a apartarse, pero Kishou le acarició la cabeza.

—Yo voy a protegerte. Mi desempeño en armas es bueno.

—Estoy al tanto.

—No sabía si regresarías. Kaiko dijo que era una molestia que yo preguntara.

—Lo es. Sigue siéndolo.

Yusa rió. Entonces reparó en el suero que bajaba en cuentagotas, la aguja en el brazo de Kishou, su palidez. Su hermano había hecho a un lado un libro sobre mitos griegos para recibirlo en la cama.

—¿Empezó?

—No realmente. Pero estoy previniendo. El medicamento es experimental y me causa malestares. Por eso regresé.

—Oh.

...No tenía permitido visitar, de hecho. Llevaba años fuera. El invierno había llegado antes, esa vez.

—¿Qué querías preguntar?

Yusa no sabía dónde empezar. Solo lo dijo.

—Mi madre. Nuestra...

Arima Kishou alzó la mano que no tenía el suero. Llevaba una camisa desabrochada y tenía su primera cana, como un mechón blanco, enmarcando su rostro.

—Hace ocho años, hubo un invierno como este. Llegó dos meses antes, helando todo. Vi algo que no debí ver. Quise impedirlo. Y me castigaron por eso.

Yusa no podía soportarlo.

—¿Qué?

—A mi madre. Con Padre. Ella no quería...cumplir con su deber. Y yo pensé que sería prudente defenderla. Ella había huído, la traje de vuelta y me castigaron también.

Yusa tragó en seco.

—¿Cómo?

Arima Kishou hizo una mueca.

—Fui obligado a cumplir con el deber de Padre. Esa fue la primera y única vez para mi, con una mujer.

Yusa se dejó invadir por el horror y la tristeza.

—¿Y qué pasó con ella?

—Murió de parto.

—Lo siento.

—Las familias son para las personas en el exterior. Aquí solo nos tenemos entre nosotros. Los Hijos del Jardín.

—...Entiendo.

Yusa pensaría mucho en eso. En las caricias de Kishou. En sus palabras. Por el resto de su vida. Que lo entendió entonces, era una mentira.

—Cuando sea tu turno de estar afuera, no digas que somos parientes.

—Está bien.

—Afuera encontrarás personas que te querrán. Serás especial para otros. No tienes que llevarte nada de aquí. Nada fuera del...deber.

—¿Hacia Padre?

Arima abrió los labios. Miró a lados de la sala como preguntándose si alguien los escuchaba. Finalmente, se atrevió a hablar. Y sus palabras constituyeron una gran valentía para Yusa. Un ejemplo de todo. Arima Kishou.

—Hacia ti mismo. Hacia el futuro de los Hijos del Jardín. Hacia...Mi.


07. Cama.


La función de sobrevivir


—¿Estás bien?

—Si. Estaré bien.

—¿Es lo mismo que le está sucediendo a Hsiao?

Yusa pensó en ella. Era casi de la edad de Urie. En las mujeres sucedía antes. A veces.

—Si.

—Hay un tratamiento.

Yusa sonrió con amargura, hizo lo posible por sentarse en la cama. Urie alzó las manos, como tratando de calmarlo, para que no se esforzara.

...Tenía todo el sentimentalismo de la gente del exterior. Kishou tenía razón. Eran fascinantes. Valía la pena morir para ser tratado como humano. Y para que se aceptara a los que ni siquiera eran (un poco) eso.

—Es tecnología de los Washuu.

Urie frunció el entrecejo. Yusa notó que tenía puesto el mismo traje húmedo de la mañana. Había llevado a Yusa al Chateau pero no tuvo tiempo de cambiarse. Yusa pensó que debió hacerlo. Urie tenía algo que proteger. Una vida real.

—Aunque lo sea, ayudó a Hsiao, podría ayudarte también.

—¿Y no pensaste en que yo podría no querer eso?

Urie guardó silencio. Lo miró con algo que Yusa percibió como desolación.

—¿Qué te sucede? ¿No es doloroso?

Yusa rió.

—No. No me duele. No esto, en si. Es todo. Es haber nacido con un propósito que me atreví a rechazar para estar con alguien que siempre quiso morir. Arima Kishou vivió en la gloria, brilló, se sintió miserable, fue un rey y luego se apagó. Si la vida no era nada para él, ¿por qué debería serlo para mi? No puedo más —explicó, encogiéndose de hombros y sonriendo.

Vio en un espejo que su sonrisa era una mueca. También que el semblante de Urie ahogaba la desesperación.

—No lo sé, Yusa. No sé cómo es que nunca te hayan dejado decidir, que tu vida sea una mentira. Al menos, no lo sé contigo, pensé que me sentía así en el pasado pero solo era egoísta e inmaduro...¿Por qué no solo le das una oportunidad? Como parte de tu rebeldía.

Yusa sacudió la cabeza, desvió la mirada. Entonces, Urie se sentó en la cama, con él.

—¿No quieres estar con Shirazu?

—Estoy con él. Todos los días. Él quería estar aquí más que yo cuando nos conocimos. Quería que yo viviera, que hiciera felices a otros. Nos peleábamos porque era más puro que yo. Y luego...Se fue. Y yo estoy aquí. Al principio, no me perdonaba por sobrevivir a él. Luego, quise arreglarlo todo en su memoria y también fracasé. Al final, parte de honrarlo es hacer lo que él hubiera hecho. Sin olvidarme de mi. Y de ustedes. De ti, Yusa...

Urie recogió la siguiente lágrima que bajó por la mejilla de Yusa Arima. Y luego, besó su rastro salado.

En el futuro, Yusa pensaría que si las cosas fueron perfectas entre ellos, alguna vez, fue entonces. Cuando Yusa se hundía y Urie podía rescatarlo, sabía cómo, quería hacerlo. Y funcionaba.

Estaban bien.


08. Invierno.


El beso y la culpa


Yusa no quería que pasara. No tanto. Había aprendido de Arima Kishou que tal vez su futuro era estar solo.

(Vio en Kishou lo que les pasaba a aquellos que amaban de más).

Fue Urie, de hecho. Había bebido de más, Yusa probó un sorbo de su trago, luego de que visitaran las tumbas.

Fue Kuki Urie, que insistió sobre lo que pasaba, levantó sus manos, preguntando, acarició su pecho por encima del uniforme y se aprovechó de que estaban solos en el Chateau para besarlo suavemente.

Si.

Pero Yusa pudo decir que no. Pudo no estar desesperado por sentir algo que le había sido vedado durante más de una década, por no saber cómo pedirlo ni tener realmente a quién.

Pudo no creer que una cama es algo serio.

Fue su culpa, en definitiva.


04. Control.


Sexo


—Vamos, Yusa.

—¿Qué?

—Estás temblando.

—Yo...Es mi primera vez.

Urie parecía no poder creerlo. Eso solo avergonzó más a Yusa.

—Ya veo. Lo haré despacio.

—No tienes que hacerlo despacio. No sé cómo me gusta. Mejor solo...Muéstrame cómo te gusta a ti. Va a gustarme también.

—¿Estás seguro?

—Si...

Urie siguió, dubitativo. Yusa trató de contenerse. Dolía un poco.

—¡Ah!

—¿Estás bien?

—Si...

—Estás estrecho. Tengo que...Prepararte.

—...Entiendo.

—¿Lo has visto en...Pornografía?

—...No realmente.

Yusa jadeó. El dedo de Urie entraba y salía dentro suyo.

—¿No? Pensé que eso te serviría...Para aprender.

Yusa aguantó la respiración. Un segundo dedo entró en su cavidad. Urie se encargó de lubricarlo mucho. No dolía tanto. Pero era extraño.

—No es...real. La...¡Ah! Porno...Grafía.

Yusa se acomodó, encogido contra las sábanas. Urie lo penetró con sus dos dedos, frotándolo cuidadosamente. No era práctico hablar. Pero calmaba a Yusa.

—Tienes razón...No es real.

Yusa gimió. Miró a Urie, tratando de controlarse para no temblar. Pero la manera en que lo tocaba...

—Creo que está listo.

Yusa recordó las palabras que Arima Kishou le dijo, tiempo atrás.

El sexo es...Perder el control, Yusa. Te encantará o lo detestarás pero deberías probarlo al menos una vez en tu vida...