N/A: Los prompts vienen de la Tabla Random 5.
Después del Jardín
Parte 2
Después de todos estos años, veo que estaba equivocado al principio con respecto a Eva; es mejor vivir fuera del Jardín con ella que dentro sin ella.
Mark Twain - Diarios de Adán y Eva
09. Pala.
El valor de una rosa
—Te amo.
Tal vez no se decía así. Yusa no estaba seguro. Lo había ensayado frente al espejo. Incluso compró una flor...A la salida del cementerio.
(Tenía que contarle de eso a Arima Kishou, nadie más lo entendería).
Finalmente, lo dijo. Le ofreció la rosa blanca a Kuki Urie. Su joven jefe parecía...desconcertado. Había estado besándolo hasta momentos atrás, en la cama. Yusa dijo que tenía una sorpresa. Urie preguntó si era algo sexual pero Yusa no lo entendió.
Y luego, dijo que lo amaba. Le ofreció la flor.
No era solo una flor. No había rosas cultivadas en el Jardín Solar. Solo silvestres. Una flor cultivada era algo valioso para Yusa. Era cuidado. Especial.
Tenía que gustarle a Urie. Su superior no podía solo...Quedarse mirándolo.
¿Hice algo mal? Nada de esto hubiera pasado en el Jardín.
—Gracias, Yusa, en serio...
Urie levantó la mano. Recibió la rosa y la hizo a un lado sobre la mesa, como si fuera algo...Difícil.
Yusa trató de besarlo de nuevo pero Urie lo detuvo.
—¿No me encuentras...digno? —preguntó, al final. No quería llorar. Había tenido suficiente, en todos esos años.
—¡No es eso! Para nada. Me...gustas, Yusa. Pero no veo esto como algo...serio. Pensé que tú tampoco.
Yusa aferró las sábanas tan fuerte que se obligó a soltarlas. Porque estaba a punto de desgarrarlas. Y lo sabía.
—Te di mi castidad.
Urie hizo un movimiento extraño con los ojos. Como si quisiera ponerlos en blanco pero se forzara a no hacerlo.
—Si...Bueno, eres joven. Cuando yo tenía tu edad, ser virgen se me hacía un estorbo.
—Asi que, ¿lo hiciste por mi?
Urie abrió la boca, como si quisiera buscar palabras y no encontrara ninguna adecuada. Una lágrima caliente y rebelde salió de un ojo de Yusa.
—Creí que...Experimentar te ayudaría. Digo, fue bueno para tu salud, ¿no?
Yusa buscó su ropa, se puso la mínima de ella y enfiló para la puerta del cuarto de Urie, antes de estallar en llanto.
05. Pisar.
La raíz del llanto
—Me siento mal. Digo...Ustedes dieron su vida para que yo lo lograra. Y yo solo lloro porque me gusta un chico y no es como una historia de Dattpad, él no me quiere y ya —suspiró Yusa, secándose una lágrima, frente a la tumba de Arima y sus hermanos menores.
Permaneció en el cementerio por horas. No se dio cuenta de que esperaba que Urie fuera a buscarlo hasta que Hsiao lo hizo.
Yusa se sintió avergonzado frente a ella. Hsiao Ching-Li siempre había sido amable con él. Su salud no era buena. Y Yusa la obligó a buscarlo.
—No puedes esconderte aquí para siempre.
—¿Urie te envió?
Ella hizo una mueca.
—Él está muy ocupado.
—Por supuesto.
—No puedes esperar que sea como lo imaginaste. Es el mundo real. Antes matábamos, literalmente, para poder vivir aquí y fingir que éramos como ellos.
—Creéme, lo sé. Lo recuerdo.
Ella sacudió la cabeza. Llevaba un abrigo muy grueso, que disimulaba el peso que había perdido por los tratamientos para mantenerse viva. Yusa admiró su interés por seguir en un mundo que los despreciaba.
—No puedo culparte tampoco. Mi vida fue diferente. No me la pasé a la sombra de Arima Kishou, solo me inspiré en él. Como era de una camada de extranjeras, no tenían expectativas conmigo. Me dieron las libertades de una baja apreciación...
Yusa caminó junto a Hsiao. Dejaron ofrendas juntos antes de marcharse del cementerio. Trató de no pensar en Urie.
—Siempre pensé que moriría en batalla, protegiendo a Kishou. Mis hermanos murieron así. Bueno, protegiendo a Ken Kaneki, siguiendo sus órdenes. Es como si no pudiera hacer nada porque ellos no tienen nada, solo la oscuridad de la muerte y el olvido.
—Yusa.
Ella le sujetó el brazo. Él no quería mirarla. Los peldaños afuera del cementerio eran largos.
—¿...Están juntos?
Hsiao jadeó. Probablemente, la pregunta también la incomodaba. Pero supo en seguida. De quiénes hablaba Yu.
—¿...Saiko y Urie? Si...Por eso yo vine a buscarte.
Yusa asintió. O más bien, se encogió de hombros.
—No debiste molestarte.
Hasta los peldaños de piedra parecían endebles bajo su peso.
06. Saber.
Flores remanentes
Urie y Saiko no están cuando ellos regresan al Chateau. Hsiao es buena con Yusa. Llena su cuerpo de caricias, besa y bebe sus lágrimas, ofrece cocinarle aunque no sabe hacerlo bien y cuando Yusa dice que solo quiere dormir, lo lleva de la mano hasta su cama, cubierta por dragones de seda.
—Recuerdo dormir contigo un par de veces, en el Jardín, cuando tenía pesadillas —dice Yusa en voz alta.
Ella lo ayuda a desvestirse.
Hsiao casi se ríe. Muestra sus dientes que siguen siendo bonitos aunque estén un poco flojos y su tono sea más cercano al marfil que al blanco inmaculado.
Yusa aún piensa que es una diosa de la guerra, una diabla inmortal que se rehúsa a morir. Tal vez ella es como Arima Kishou, más que él mismo.
—Nada es como antes, Yu. Pero tal vez sea algo bueno —susurra ella, sonriéndole, continuando con sus caricias.
A lo mejor no tiene lógica que le guste ella luego de que le guste Urie. Yusa llega a preguntarle, con timidez, si no le da asco que él estuvo con un hombre.
Hsiao se ríe. Ella fue amante de Saiko. A lo mejor, todo es como debe ser. Sus cuerpos funcionan aunque están cansados. Ella se pone húmeda, Yu tiene una erección y está ansioso.
Durmen juntos y ríen, también lloran. Tal vez, han hecho una última flor remanente del Jardín, una nueva rebeldía tibia entre los muslos de Hsiao. Saberlo es suficiente.
07. Fe.
Fe de erratas
Tal vez sea porque ellos no han crecido en la sociedad humana, no saben de límites, costumbres o proverbios en torno al sexo y las relaciones. Solo de lealtad. Y qué se hace luego de ser descartado.
Cuando Urie pide, con mucho tacto, por la noche, que Yusa lleve sus cosas para su propio cuarto, el joven Arima se adelanta. Ya lo ha hecho. Es solo que llevó todo al cuarto de Hsiao.
Saiko demuestra su sorpresa.
—¿Están juntos ahora, Yu-chan? ¿Hssy-chin-chin?
Lo capta en seguida, a pesar de sus maneras infantiles. Para Yusa, es un honor alzar el mentón y asentir. Es Urie el que deja caer su tenedor, mal disimulando que está furioso.
—¿Que no eran hermanos? ¿Eso siquiera es legal? —pregunta disimuladamente, levantando el tenedor del suelo, poniéndose de pie y arrojándolo con bronca al fregadero.
El sonido metálico da pie para que Higemaru Touma se levante y haga señas a los más pequeños, Ryuusen Tatsumatchi y Suzu Sanzu, para que lo sigan a la sala.
—¿Saben qué? Felicidades, Yusa, Hsiao, Urie, Saiko...En lo que estén haciendo entre ustedes o lo que sea. Vamos a pedir una pizza. ¡Síganme, chicos! —los invita, antes de que hagan preguntas incómodas.
Luego de que suben las escaleras, Yusa se cruza de brazos.
—En realidad, solo somos primos por matrimonios, adopciones y concubinas...—aclaró Hsiao, tomando un sorbo de su copa de vino. Lo bastante largo como para que Yusa sacuda la cabeza al mirarla, indicándole que pare. Ella le hace caso. No es bueno mezclar su tratamiento con alcohol, después de todo.
Se sonríen con ternura. Eso es algo que parece irritar más a Urie y desconcertar un poco a Saiko.
—Bueno, no es asunto nuestro...El príncipe Urie y yo estamos muy bien con esto. ¿Verdad que no serás un estúpido, Urie? —pregunta Saiko, sonriendo con sus nervios a flor de piel.
De solo saber que ella arrastró sus dedos regordetes por el interior de Hsiao y que la despreció, igual que Urie lo hizo con él, es suficiente como para que Yusa la fulmine con la mirada. Definitivamente, Saiko nunca pudo conmoverlo con sus actitudes inmaduras.
—Solo me preocupa. Digo...Los dos están mal de salud. ¿Se encuentran en condiciones de afrontar una relación entre ustedes? ¿No hará la convivencia más difícil? —indagó Kuki Urie, encogiéndose de hombros y mirando a Yusa directamente, como si las dos mujeres no estuvieran en la cocina con ambos.
—Una vez me cogiste con un dildo que hiciste con el maldito kagune de tu brazo. Shiba tuvo que sacármelo por pedazos. Ahí no te daba poca fe mi salud —contestó Yusa, con los dientes apretados.
Hsiao se sonrojó y tomó su mano por debajo de la mesa. Yusa la aferró con fuerza. Urie observó eso y trató de tomar la mano de Saiko, pero ella lo rechazó, poniendo los ojos en blanco y sacudiendo la cabeza.
—Un lío de sábanas no va a arruinar a esta familia. ¡Hemos pasado por tanto! Vamos a sacarnos una foto sonriendo y daremos fin al asunto. ¡Pon buena cara, Urie! Vamos, Hsiao, Yu...Somos felices, ¿por qué no celebrar que todos estamos enamorados? —prosiguió Saiko, la chica con la cual Urie había engañado a Yusa y por la que lo había botado en primer lugar.
Si de Yusa dependiera, se hubiera despedido en silencio, marchándose hacia su habitación. Pero Hsiao todavía le sujetaba la mano. Ella lo llevó del otro lado de la mesa, a inclinarse detrás de Saiko para la selfie. Y hubiera estado bien, si Urie no se hubiera puesto al lado suyo, colocando su maldita mano encima del hombro del suéter de Yusa. Jalándolo levemente hacia él.
Yusa, más que sonreír, hizo una mueca y ni bien la toma fue realizada, se apartó de Urie e invitó a Hsiao a volver al cuarto, para terminar de ordenar las pertenencias de ambos.
01. Fantasma.
Flores secas
—Vamos, ¿es verdad?
Lo primero que siente Yusa al ver a Urie en el linde de la puerta es inquietud. Pero su corazón también se rompe. Hay cierto anhelo en él. No puede evitarlo.
Tampoco entiende. Su razón está nublada.
Urie siempre ha sido un poco insolente. Pero se ve furioso.
Han pasado meses sin que hablaran más que lo mínimo. Yusa pensó que lo habían superado. Que así lo hacían las personas afuera del Jardín, solo...Se olvidaban.
Incluso envidió a Urie por lograrlo. Quiso imitarlo. Se figuró que debía ser genial para una persona normal, para un ser humano, tener tantas cosas en qué pensar, como para que un amante no signifique nada y el fantasma del amor, todavía menos.
—¿De qué hablas?
Urie da un paso adentro del cuarto. Yusa aprieta el puño. Hsiao y Saiko no están en la casa, llegarán más tarde. Pero, ¿cómo explicaría una presencia así?
Aunque no hagan nada, Yusa tiene miedo.
Hsiao le mostró ayer la prueba positiva de embarazo. Tanta felicidad es embriagadora y ahí llega otra incógnita. ¿Por qué los humanos no procrean? O, ¿por qué específicamente Urie y Saiko no lo hacen? No tiene sentido. Urie solo desviaba el tema, tiempo atrás. Saiko solo decía que ya era la mamá de todos en el Chateau, lo cual sonaba absurdo.
Hsiao y Yusa solo quieren ser felices, normales, en la finitud prometida. Un bebé ayudaría. Es lo que hacen los hombres con las mujeres.
¿Es lo que hace que Urie se enoje más?
La prueba de embarazo de Hsiao está sobre la mesa de luz. Urie la ve, sus labios se tuercen. Está demasiado lejos como para ver el resultado pero tal vez siente que es un atrevimiento. Tanto desear crear algo que no lo incluya como llegar a hacerlo.
Aún así, Urie se rie. Vuelve a clavar la mirada en Yusa, que estaba cambiando las sábanas.
—Ya sabes de qué hablo. ¿Es una broma que se organizaron para hacer? ¿Quieres ponerme celoso? Porque no voy a creer ni por un momento que ustedes están juntos.
Yusa jadea. Mira a Urie como si no comprendiera ni una palabra de lo que dice. Porque no lo hace.
—Bueno, cree lo que quieras. Tú terminaste conmigo...
—¡Eso es mentira!
—Me engañaste con Saiko.
—¡Ay, por favor! Lo hago con ella una vez al año, el aniversario de Shirazu...
—...No uses a tu compañero muerto como excusa. Por favor.
—...Me ofende que pienses que lo usaría. Solo digo la verdad. Ella y yo lo hacemos. Me gusta. Le gusto. Una vez al año. Y ya...
—Me echaste.
—¡Estabas intenso! Se supone que las cosas aquí son más tranquilas. Quería que volvieras a tu cuarto. Saiko quería que Hsiao dejara de hablar sobre una boda. No estábamos terminando con ustedes.
—...Ya no importa. Porque yo si, estoy con ella.
Urie se mojó los labios, soltó una carcajada y puso las manos en los bolsillos.
—Seguro. No se escuchan muchas noches de pasión.
—¡No todo es sexo! —exclamó Yusa, arrojando las sábanas usadas sobre el colchón.
Pronto, quedó frente a Urie, con los dientes apretados.
—Pero es una buena parte —contestó Urie, sujetándole las muñecas.
—No.
—Si.
—Suéltame. Debes irte...
—Oblígame...
...Y Yusa no puede. Aunque sea la cama de Hsiao y todo en ese momento esté mal, pero sobre todo, que Urie lo empuje, hasta quedar encima suyo.
03. Pensamiento.
Pensamientos y felonías
Es tan difícil explicarlo. Yusa Arima lo sabe. Cuando huyó con el heredero de Kishou, sabía que podían atraparlo, que tendría que dar explicaciones y que estas serían...
Comprometedoras.
De un modo u otro. Que podía ser ejecutado.
Pero el TSC se ha convertido en algo tan...Burocrático. Incluso más que cuando era el CCG. Mantiene su espíritu pero reencarnado en algo menos amenazador.
Aparentemente.
—Apuñalar a un oficial del CCG solía ser un cargo grave tanto para un civil como en casos de felonía. Luego, surgieron los Quinx, hubo un período de transición y actualmente, agredir a un Pacificador No Humano conlleva una multa de 100 mil yenes como sanción única. Y te transfieren a 30 kilómetros de Tokyo, como mínimo —explicó su nuevo superior a cargo en el pueblo borrado del mapa al que Yusa fue transferido.
...Al menos, Hsiao pudo renunciar, le dieron una liquidación y bloqueó a Saiko de sus redes sociales para que dejara de hacerle recriminaciones.
Yusa, igual se sentía culpable. Es solo que las palabras de su superior lo desconcertaban y terminó haciendo esa pregunta.
—¿Cómo sabe tanto sobre este asunto en particular?
Mutsuki Tooru se echó a reír, entrelazando los dedos sobre su escritorio. Su risa parecía ser la mera respuesta e incomodó a Yusa pero no se atrevió a decir nada.
—Urie es Urie, eso nunca cambiará. Mándame un telegrama o un mensaje de texto cuando nazca tu hijo, ¿si? Y tómate una licencia, no hay nada que hacer aquí, excepto en las temporadas más calurosas, cuando los Hijos de Dragón profileran y circulan más. Cuida a tu esposa, Yusa Arima —pidió, volviendo sus manos al papeleo en su escritorio.
Shinsanpei Aura acompañó a Yusa para que saliera de la oficina en la que aparentemente ya trabajaba para mantener a Hsiao, su bebé y la cobertura médica que necesitarían.
Yusa se preguntó si los humanos también resolvían todo lastimándose o marchándose, si hacerlo era parte de una naturaleza o de la otra.
Tal vez entendería mejor cuando fuese padre.
Pensarlo le dio esperanza.
