Tan fácil como puede sonar, no es solo que me robe a la niña y ya.
En otros tiempos, en épocas ya antiguas, era lo más común. Época donde brujas, duendes, elfos, hadas; todos tenían mayor espacio de maniobra, puesto que la tecnología era inexistente como para capturar evidencia y muchas supersticiones nos envolvían en misticismo.
Te llevabas un niño y hacías con él lo que se te viniera en gana. Las familias podrían buscarlo por días y no lo encontrarían, o lo encontrarían ya muy tarde, con la sangre drenada, sin la piel o sin ojos, o plasmado en una pintura penitente por la eternidad. Depende el usuario viene la necesidad.
Muchas familias, por eso, ni intentaban buscar a sus niños perdidos. Eran los sacrificios para mantener a los "dioses" apaciguados.
Aunque si había familias de temer, esas que, si tenían sospecha, terminaban quemando a más de uno en la hoguera, empalados o desmembrados. Incluso, quemando bosques enteros. Pero afortunadamente, pocos tenían ese valor.
Las hadas se engolosinaban con niños bellos y los criaban para hacerlos sus amantes. Los duendes ampliaban sus familias transformando al humano en hijos suyos. Las brujas, pues, solíamos hacer cosas un poco más cuestionables.
Las pócimas, pociones, brebajes y hechizos a veces requerían ingredientes caprichosos.
Es en tiempos modernos donde el término "bruja" se ha tornado en un sinónimo de "sabia buena". Los monstruos cambiaron de nombre con el paso del tiempo. Y también nosotras. Ya no somos aquellas viejas que maldecían un pueblo. Es verdad que ahora somos más un grupo sabio y protector.
Sin embargo, también es verdad que, en este mundo de seres diversos, en cada raza, estirpe o entidades existen, como todo, los que son buenos, los que son malos y los que no se notan. La determinación de qué es bueno y qué es malo, ya es historia aparte.
Pero me estoy desviando. El pensamiento filosófico que me ha surgido hoy, de pronto, tiene un nombre; sabrá Dios si tiene apellido.
Hilda. Esa pequeña fuente de energía que desde su llegada ha movido a este pueblo desde sus cimientos. Pequeño intento de heroína, valquiria, troll honorifico.
Que además es media hada.
Si yo fuera una bruja de hace dos siglos, no me apena decir que esa niña y yo viviríamos en lo profundo del bosque. La habría robado hace tiempo y juro por Hécate que la haría mía cada maldita noche. Aun ahora mis pupilas se expanden de solo verla corretear entre las mesas de la biblioteca, acompañada de esos dos chiquillos. Seguro andan metiéndose en problemas como cada vez que vienen aquí; a la biblioteca de Trollberg.
¿Cuestiones morales? Ninguna. Soy una bruja y he estudiado todo con respecto a nuestros orígenes, historias y leyendas. No sé cómo le harán las demás para lidiar con los deseos inherentes al ser una bruja, pero a mí no me interesa apegarme a las "nuevas reglas". Llevo ya un rato trabajando mi plan. Además, se bien que Marie, una del Concilio de Tres, tiene deseos enormes de hacerse del niño llamado David. Le enloquece su ingenuidad y su timidez. Pobre infeliz si ella se envalentona y se lo queda para sí.
Cada una lidia con los demonios de su alma a cómo puede.
En estos momentos solo estoy disimulando leer un libro mientras los observo. Ella corre, viene, va. Persiguen algo que no sé qué es. Un psiquiatra ya los hubiera llamado por que realmente parecen dementes.
En cualquier momento estará a mi alcance.
Dieron la vuelta detrás de unas mesas. Vienen hacia acá.
¡Te tengo!
Tiendo la mano y la pesco de la muñeca deteniendo su carrera. Me voltea a ver algo asustada mientras les hago saber que los pasillos de la biblioteca no son para correr. Me pongo seria y me hago notar.
Ella sonríe, cínica, sabe que mis regaños son todo menos serios.
-¡Ay, ya!, Kaisa, no seas malhumorada. Solo nos estamos divirtiendo. Estamos siguiendo el fantasma de una golondrina, se escondió en la sección de jardín.
-El fantasma de un pájaro, ¿En serio? - Dije sin soltarle la muñeca.
-¡Rápido, Hilda! Si lo perdemos no sabremos donde enterrar su cuerpo.- Dijo Frida.
-Adelántate.- Respondió ella mirando desafiante a su amiga. Luego me volteó a ver cuando Frida dobló en un estante que daba al pasillo de la sección de Jardín.
-¿Me va a deja ir, señora policía de la diversión?-
Siempre cínica. Ya aprenderá. Le señalo con el índice mi mejilla derecha y sonrío.
-¡Ush! Me estas dando miedo, Kaisa, ¿sabes? Ya es la tercera vez.-
-Soy una bruja.- Le respondo.- Comemos niñas pequeñas.-
-Y yo he vencido troles gigantes y monstruos.- Luego mira a ambos lados con cautela, en espera de que nadie nos vea. Se acerca dando dos pasos tímidos. Yo estoy detrás del escritorio y nunca nadie voltea hacía acá. Aun así, uso un poco de magia en donde solo se vera una aburrida bibliotecaria leyendo.
Siento su cálida respiración bajando como un filo sobre mi cuello cuando ella se me acerca, su aroma a agridulce de niña sudada me enerva, siento sus labios húmedos cuando me da ese tierno beso, su fría y pequeña nariz, entonces paso mi mano por su cintura y la atraigo a mi pegándola. La he puesto entre mis piernas.
Ella se tensa, pero se dobla como una hoja. Yo abro mi mano en su espalda como una garra felina y masajeo suavemente con la yema de mis dedos. ¡Dios! Como la quiero hacer gritar.
Le devuelvo el beso, en su mejilla. Quiero que sienta el poder de mi aura estando pegada a mi y sé que lo siente. Se estremece. Muevo más mi mano. Su respiración no es normal y lo sé y me emociona.
-Estas tan cerca de caer...- Es mi pensamiento.
-Hueles riquísimo.- Le digo.
Ella lentamente nos separa empujándome con sus manos. Que linda que se ve coloradita. Le acaricio el cabello sin dejar de verla.
-¿Contenta?- Me dice.
-Por ahora. – Por fin le suelto la muñeca
.- No corran en los pasillos o los destierro a todos de aquí indefinidamente.-
-Nos vamos nomás platiquemos con el fantasma del gorrión.- Me dice para luego escapar corriendo tras de Frida.
Hilda se encontraba profundamente dormida, sin embargo, eso no significaba que estuviera descansando. Su habitación en penumbras dejaba escuchar suspiros, leves gemidos y el movimiento de un cuerpo agitado en la cama.
Sudaba frío. Se abrazaba a sí misma. Temblaba. Apretaba los dientes.
Era un sueño muy extraño donde ella estaba atrapada sin poder moverse en una habitación de madera, sobre una cama de sábanas blancas vistiendo solamente su ropa interior y calcetas. La imposibilidad de poder realizar algún movimiento le aterraba, sobre todo porque no estaba atada ni mucho menos, el terror aumentó cuando una sombra fue formándose en una esquina. De pronto esta se movió con rapidez y se colocó a su lado derecho. Una blanca y brillante sonrisa se formó en aquel ser.
Ella intentó gritar, pero no hubo sonido de su garganta. Era un silencio sordo acompañado de un sonido agudo que se extendía al infinito. Luego, la sombra acercó una mano y con dos dedos fue recorriendo el vientre plano de la joven.
Y ella no podía moverse.
El espectro subió esos dos dedos con los que pincelaba el cuerpo de Hilda hasta llegar a su incipiente pezón derecho, rosado y brillante; lo atrapó con los dos dedos. Con el pezón cautivo realizó círculos y ella se arqueó ante la aguda caricia empañada por dolor. Luego fue hacía el otro pezón y repitió, una y otra vez. Hilda no sabía que tanto tiempo había pasado aquel ser jugando con su pecho, pero comenzó a sentirlos hinchados y que palpitaban al ritmo de su corazón, con la sensación de que le quemaban.
El espectro abandonó los pezones y metió los dedos en la boca de Hilda quien solo pudo abrir los ojos desmesuradamente al sentirse invadida, sintió como jugaban suavemente con su lengua, aprisionándola y masajeando de arriba abajo, haciéndole salivar; luego el espectro distribuyó por toda su boca el líquido dejándola brillante, como pintándola, luego le esparció los restos por toda la cara.
Hilda temblaba.
Recorrió esta vez ya con toda la palma de su mano, desde el pecho hasta su vientre, bajando para cubrir la parte superior de la ropa interior. Cuando ella sintió el íntimo contacto, quiso sacudirse, gritar, huir. Pero no podía hacer nada.
El espectro amplió su maligna sonrisa cuando colocó su mano firmemente en la entrepierna de Hilda quien lanzó un gemido ahogado. Acarició por encima de la delicada tela de algodón y levantó la mano para llevarla a su boca y oler, lamer y volver a colocarla para seguir acariciando con más fuerza.
Había comenzado con leves caricias, pero fue haciéndose intensa hasta presionar en movimientos circulares que no tenían otra intención que separar los labios virginales y tocar aún más dentro, donde se ponía caliente, húmedo y delicioso.
Hilda respiraba por la boca, apretaba los ojos estirando los dedos de los pies, se arqueaba y quería levantarse sin lograrlo. Comenzó a tragar saliva con frecuencia por las sensaciones desconocidas, aun así, de la comisura de sus labios una fina línea escapaba.
Fue entonces que aquella mano invasora simplemente hizo a un lado la tela y la tocó directamente. Pudo sentir como dos dedos se hicieron espacio separando sus labios mayores y masajearon los menores en un movimiento circular, pujando sobre su entrada. El espectro pareció gruñir de deseo. Entonces solo dejó el dedo anular acariciando el centro, amenazante, y de vez en cuando, apuntalando para comenzar a entrar.
-No...lo...hagas...- Se logró escuchar de la boca de Hilda quien apenas entre dientes logro pronunciar palabra.
Entonces el dedo comenzó a abrirse camino deslizándose en un sufrido roce con aquella delicada piel, Hilda comenzó un gemido entre cortado mientras se aferraba a las sábanas de la cama.
"¿Te gusta?"
"No"
"Te gusta y lo sabes"
"No...déjame"
"Me estás sintiendo en este momento, Hilda. Puedo sentir en mi dedo los latidos de tu corazón"
Entonces se introdujo a la mitad. Hilda soltó un grito a la vez que sintió que algo salía de ella, creyó sinceramente que se había orinado. Sus muslos se humedecieron de un líquido cálido.
El dedo invasor comenzó a agitarse separando sus paredes de manera errática y Hilda se sintió volver loca.
Se despertó de súbito sentándose en la cama en medio de una humedad que, de tan amplia, le daba un enorme frío apegado a la madrugada.
Su sexo palpitaba tan fuerte como su corazón.
Lejos de allí, en una oscura habitación de paredes grises, sentada sobre un pentagrama que brillaba y rodeada de tres velas rojas, estaba Kaisa con los ojos cerrados terminando de murmurar un conjuro. Una sobra salió de su sombra y se perdió en la noche.
Sonrió. Abrió los ojos y sus pupilas destilaban deseo.
-Veremos cuanto resistes, amor mío.-
-¿Qué dices qué cosa?- Preguntó Frida.
Los tres chicos estaban reunidos a las afueras de la escuela. En todo aquel miércoles tanto Frida como David se dieron cuenta de que Hilda estaba completamente fuera de si. Como ida. Su energía habitual simplemente no estaba.
-Que he estado teniendo sueños raros...- Le había dicho. Ella nunca les contaría la verdadera naturaleza de sus pesadillas, pero necesitaba compartirlo o se volvería loca. -Son pesadillas donde una entidad en oscura me hace daño.-
-Quizá debas dejar de comer pesado por las noches, Hilda.-
-No creo que sean pesadillas comunes, David.-
-Lo mismo pienso, Frida, van dos noches seguidas y cada vez es más real.
-¿Y qué es lo que te hace ese espectro?-
A Hilda se le subió el color al rostro al ser cuestionada. Recordaba las manos de aquel ser retorciendo sus pezones y estos de inmediato le dolieron al grado que el roce de la ropa le dio escalofríos. Su respiración subió de tono. Su boca comenzó a salivar. Luego se imaginó aquel dedo hurgando en su interior y buscó donde sentarse para poder juntar sus piernas.
-Dios mío- pensó. Los chicos solo se le habían quedado viendo en sus reacciones
-¿Estas bien?- Preguntó David.
-El espectro...me golpea y me ataca. Busca lastimarme.-
-¿Te golpea? Qué horror.- Dijo Frida.
-Si y quiero que deje de ocurrir.
-Las cosas con las pesadillas son complicadas. Aunque podría haber algún método mágico para evitar que las tengas.- Dijo Frida.
-Mi mamá dice que las pesadillas son remembranzas del subconsciente. Es decir, algo que te haya pasado que en realidad no recuerdes.
-No me queda claro, David.
-La verdad, ni a mí tampoco.- Dijo el chico.
-Podemos preguntarle a Kaisa a ver si sabe algún hechizo que pueda ayudarte. Hilda.- Apuntó Frida.
-Si me ayuda a quitarme de encima esta sensación, creo que valdrá la pena.-
Los chicos le tendieron la mano a su amiga para ayudarle a levantarse. Ella los miró, les tomó de las manos y se levantó.
Los tres tomaron rumbo a la biblioteca.
Los miré entrar por la puerta principal. El libro "Diablo Guardian" de Xavier Velasco me tapaba la cara para, como siempre, disimular. Vinieron directo hacía mí.
Perfecto.
-Kaisa, hola, buenas tardes.- dijo Frida.
-Hola, Kaisa.- Saludos igual, David.
-Hola.- Dijo finalmente Hilda no sonriendo mucho que digamos.
-Hola, chicos. ¿A qué debo el honor?-
-Bueno, pues,- Respondió Frida tomando el liderazgo.- Es Hilda.
-¿Qué pasa con el pequeño huracán? - Dije palpándole la cabeza.
-Yo he... estado teniendo unas...horribles pesadillas, Kaisa.-
Por más que disimulé, seguro que una de las comisuras de mi boca se levantó. Me llevé la mano a la cara disimuladamente.
Desde luego que yo lo sabía. Yo las estaba causando. Nada como un pequeño pacto con un súcubo de poca monta que solo deseaba un sacrificio con ratas y tomar algo de la energía de la niña para dejarme hacer y deshacer. Me prestaba su cuerpo demoniaco y, a través de un conjuro, podía degustar el cuerpo aun en botón, de Hilda.
Anoche había podido sentir la esencia de sus jugos mojarme los labios. Lamí mis dedos. Besé cada parte se su pequeña y virgen flor. Lamí esos labios y metí mi lengua sorbiendo ese sabor que me electriza. Y ella grita, se sacude, se arquea y se aferra a la cama.
Lástima que solo quede como un sueño, pero pronto, viviremos en el bosque y será solo para mí.
-¿Kaisa?- Dijo David sacándome de mis pensamientos. -¿Estas bien?
-Si. Así que pesadillas. Has pensado en, no sé, tal vez, ¿no cenar pesado?
-No es una pesadilla común, Kaisa. Es fea, como una entidad que me sigue y me quiere hacer...-
-¿Te quiere hacer qué?
-Me quiere hacer daño. Golpearme, lastimarme.
-¿Tal vez una Marra?
-No.- Dijo David.- Las marras no actúan así. Te asustan, pero nunca te hacen daño físico.
-Si, es algo más oscuro.
Me llevé una mano al mentón. Simule pensar profundo. Luego les sonreí.
-Bien, las brujas solemos tener algunos brebajes para conciliar el sueño después de meternos en problemas con entidades del sueño.
-¿Entidades del sueño?
-Si, no te querrás meter con alguno de los oneiros: Fobetor, Fantasos, Morfeo o alguno de sus esbirros; créeme, te hacen la vida imposible. Si llegamos a tener problemas de ese tipo, tomamos algún brebaje que impide soñar. Al cortar el sueño, ellos no tienen poder sobre ti y a la larga se aburren.
-Yo...podría intentar eso.
-Sin embargo, los brebajes son delicados, Hilda. Si llegas a pasar de la dosis podría enfermar o...morir. Por tanto, no puedo darte uno así como así.- le dije.
De inmediato a Hilda se le vino a la mente el tener que soportar otra noche con esa entidad torturándola. Las piernas le temblaron. Nuevamente su sexo comenzó a sentirse caliente y su corazón golpeteo.
-Lo necesito, Kaisa, de verdad, lo necesito. Solo dime exactamente cuánto debo de tomar y no tomaré ni una gota más. Pero, en serio, necesito dejar de soñar.-
Me ha tomado de las manos. Tan linda. Le tomó de las mejillas y se las jalo un poco.
-Esta bien, traviesa. Pero va a ser una versión infantil por que no te vaya a hacer daño.-
Me desaparezco detrás de las cortinas un par de minutos solo para regresar con un pequeño frasco marrón con gotero. No tiene etiqueta alguna.
-Mira, este es uno que use hace algún tiempo, lo rebaje con agua para que no te vaya a hacer daño. Lo que vas a hacer es diluir cuatro gotas en medio vaso de agua y beberlo antes de dormir. Con eso, no deberías tener problemas con cualquier espíritu que te esté jodiendo la vida.-
Ella lo tomó entre sus manos y sonrió como no lo había hecho desde que había entrado.
Frida me miraba algo confundida.
-¿Pasa algo, Frida?
-¿Eso es...seguro?
-Claro, no pondría en riesgo a Hilda por nada del mundo.
-Claro.- Dijo Frida a quien noté un poco consternada. Ojalá no me de problemas o tendré que tomar medidas.
Luego, Hilda me agradeció muy contenta y así fue como los tres chicos salieron de la biblioteca con mi mirada tras de ellos, hasta que se perdieron al cerrar la gran puerta. Entonces me agarré el rostro y sonreí.
-Esta noche será magnifica. -
Sentí una mano en el hombro. Era Marie, una de las grandes brujas del concilio. Traía su fuete- varita al hombro.
-Así que planeas hacerle algo a esa mocosa peli azul, ¿cierto?
-No sé de qué hablas, Marie.
-No has disimulado nada, Kaisa, y yo soy el guardia este lugar, así que estoy pendiente de todo. Nos estás exponiendo con tus estúpidas muestras de cariño y toqueteos que crees que no se notan.
-Tú los notas porque eres como yo, una bruja. El resto de los mortales solo ven a una aburrida bibliotecaria detrás de un libro.
-¿Entonces aceptas que vas a llevar a cabo algo contra esa niña?
-Si, me la voy a robar porque me gusta. A la antigua, sí; y me la llevaré a vivir conmigo.
-¡Pero que mierda te pasa! ¡¿Crees que no van a notar que les falta una niña de pelo azul?! ¡Vas a alborotar a la gente a que venga por nosotras!
-Tengo todo bajo control, Marie. La niña confía plenamente en mí. No habrá evidencia alguna y, además, ella no opondrá resistencia, al contrario; me amará. Se dejará morir antes que la separen de mí.
Marie me miró con intensidad. Nos habíamos trasladado a una habitación insonora para poder discutir sin oídos indeseados.
-Quien te viera, Kaisa. Parecías una bruja mojigata cuando llegaste aquí, y ahora vas a tirar todo por la borda por una humana. Tus deseos te van a costar caros.
-Lo que tenga que pagar lo tendré recompensado.
-Quizá, pero no voy a dejar que nos embarres de lodo a nosotras por tu pinche locura. Veamos que piensa el resto de las brujas. A que hacemos una hoguera para calentarnos los pies contigo. -
Marie sonrió, dio la vuelta y se dispuso a salir. Por un momento tuve el temor de que todo mi plan se fuera al traste. Sin embargo, contaba con una última carta.
-¿Qué te parecería, Marie, tener en tus manos, en una habitación vacía, a ese pequeño que tanto observas cuando viene?
Ella se ha detenido. Se ha volteado y me mira de una manera asesina.
-No estes insinuando cosas que no son ciertas, Kaisa.- Me dice con furia.
-No tienes que disimular conmigo, Marie. Así como me dijiste a mí, es igual contigo para quien sabe dónde mirar.
-Estás loca.-
-Sé que deseas a ese pequeño que siempre sigue a Hilda, a David, se llama. Te atrae su timidez y su inocencia. ¿Verdad?
Ella se me ha acercado, puede ver las ganas que tiene de golpearme, pero no me voy a detener.
-Imagina tenerlo en tu cama desnudo, mientras con tu enorme mano le tomas sus testículos y su delicado miembro, duro como una ínfima roca. Lo verás y escucharás llorar y gemir al mismo tiempo mientras le entierras la cara en la cama, bajo tu total dominio y control. Lo que te gusta, Marie. Lo que te encanta. Una pequeña alma de quien beber la pureza que nos falta.-
Ella ha tragado saliva, seguro que lo ha imaginado todo. Nosotras las brujas por herencia tenemos ciertos deseos algo enardecidos. Que los tiempos hayan cambiado no significa que hayan desaparecido del todo, sobre todo en brujas como Marie. Quien apenas puede disimular su sádica naturaleza.
-Déjame llevar a cabo mi plan y te entrego en charolita al niño. - Marie no deja de mirarme con furia.- ¿Sabes? Creo que esta bien tiernamente enamorado de mí. Soy como su primer amor. Si le digo que venga a la hora que yo quiera, sin que le diga nada a nadie, lo hará. Entonces podrás estrujar su cuerpo hasta el hastío.
-Creí que eras amiga de esos mocosos.
-Lo era, hasta que Hilda comenzó a calentarme la sangre. Entonces ya todo dejo de importar.
-¿Y cuál es el plan, genio?
-Eso es solo de mi incumbencia, pero si me dejas actuar esta noche sin decir nada, el niño vendrá aquí a la hora que tú me digas.
Marie traga saliva, pero no me quita la vista de encima. Entonces, como un rayo, me toma del cuello y aprieta. El aire me falta, mi respiración se corta. Me levanta. Pataleo, manoteo, me es imposible escapar.
-Si me traicionas, si me engañas, Kaisa, será a ti a quien le meta el puño por el culo sin nada que lubrique mas que tu sangre y tus lágrimas.- Me azota contra el suelo. Me llevo las manos al cuello y toso varias veces.
-Ya que tanto me conoces, sabes que cumplo mi palabra. Quiero a ese niño a medianoche de hoy. Si no llega, te rastreo y te destrozo. Todo tu plan de robarte a la niña se quemará junto con tus huesos.
Ha salido de la habitación.
Sonrío.
-Esta noche tendrás tu pajarillo, Marie. Y yo esta noche, seré más que feliz.
A las 10 pm de ese día, una niña de pelo azul colocaba cuatro gotas de un frasco en medio vaso de agua.
10:05 pm
"David...oye...tengo un problema con ratas aquí en la Biblioteca, ¿podrías venir? Me caería bien algo de ayuda"
"Claro, Kaisa, lo que sea por ti..."
Solo un capítulo más que no se si terminara con un final agridulce o completamente caótico.
Saludos y buenas tardes.
Lobo Hibiky
