Atravesaron los terrenos del colegio en silencio, con pesadez, los eventos aun asentándose en sus mentes.
Las luces del castillo se dilataban poco a poco. Snape seguía inconsciente, fantasmalmente transportado por Sirius, la barbilla rebotando en el pecho. Y entonces... Una nube se desplazó. De repente, aparecieron en el suelo unas sombras oscuras. La luz de la luna caía sobre el grupo. Snape tropezó con Lupin, Pettigrew y Ron, que se habían detenido de repente. Sirius se quedó inmóvil. Con un brazo indicó a Helianthus y a Hermione que no avanzaran. Helianthus vio la silueta de Lupin. Se puso rígido y empezó a temblar.
-¡Dios mío! -dijo Hermione con voz entrecortada-. ¡No se ha tomado la poción esta noche! ¡Es peligroso!
-Corran-gritó Sirius-. ¡Corran! ¡Ya!
Pero Helianthus no podía correr. Ron estaba encadenado a Pettigrew y a Lupin. Saltó hacia delante, dispuesta a recibir lo que sea para ayudar a su amigo, más Sirius la agarró por la cintura y la echó hacia atrás.
-Déjamelo a mí. ¡CORRAN!
Lo siguiente que pasó fue tan rápido que Helianthus perdió los detalles, en un momento el profesor Lupin se estaba convirtiendo en lobo y al siguiente Pettigrew escapaba convertido en rata. Helianthus no dudo en ir tras de este último, con Hermione pisando sus talones. Helianthus podía escuchar los llamados de Hermione, una parte de ella quería detenerse para decirle a su amiga que se callara, que sus gritos podrían atraer al profesor Lupin, pero no lo hizo. Solo se detuvo en un punto de su carrera cuando el frío le caló los huesos, los dementores inundaron el cielo pasando veloz mente en dirección contraria, el corazón de la Helianthus dio un vuelvo, la ansiedad se instalo en su estomago. No dudo en regresar por el camino que tomo, casi atropellando a Hermione.
A lo lejos se escuchaban gruñidos del hombre lobo, sin rastro alguno de Sirius. Helianthus, a penas, y presto atención al cuerpo inconsciente de Snape o a Ron en su carrera para encontrar a su padrino.
Bajo por la colina en dirección del bosque, sabiendo que Hermione la seguía de cerca, atenta a cualquier ruido que pudiera significar que el profesor Lupin estaba cerca. Un ruido de ramas crujiendo la hizo detenerse un momento antes de continuar hacia el lago, donde los dementores se reunían.
Más adelante Helianthus se paralizó un momento cuando vio a Sirius transformado de nuevo en hombre con las manos en la cabeza y la horda de dementores sobre él.
-¡Hermione, piensa en algo alegre! -gritó Helianthus levantando la varita y parpadeando con rapidez para aclararse la visión, sacudiendo la cabeza para alejar el débil grito que había empezado a oír por dentro...
"Voy a vivir con mi padrino. Voy a dejar a los Dursley."
Se obligó a no pensar más que en Sirius y comenzó a repetir a gritos:
-¡Expecto patronum! ¡Expecto patronum!
Sirius Black se estremeció. Rodó por el suelo y se quedó inmóvil, pálido como la muerte.
"Todo saldrá bien. Me iré a vivir con él."
-¡Expecto patronum! ¡Ayúdame, Hermione! ¡Expecto patronum!
-¡Expecto...! -susurró Hermione-. ¡Expecto... expecto!
-¡No... no! -exclamó Helianthus entrecortadamente-. Es inocente. ¡Expecto patronum!
Sentía su mirada y oía su ruidosa respiración como un viento demoníaco. El dementor más cercano parecía haberse fijado en él. Levantó sus dos manos putrefactas y se bajó la capucha. En el lugar de los ojos había una membrana escamosa y gris que se extendía por las cuencas. Pero tenía boca: un agujero informe que aspiraba el aire con un estertor de muerte.
Un terror de muerte se apoderó de Helianthus, impidiéndole moverse y hablar. Su patronum tembló y desapareció. La niebla blanca la cegaba. Tenía que luchar... Expecto patronum...
-¡Lily!- una voz sedosa llena de terror grito en el claro.
Helianthus dejo caer su cabeza a un lado logrando ver una silueta negra y alta acercándose a ellos, sintió como era acunada contra un cuerpo que olía a hierbas y suavizante. La persona que la sostenía trato de conjurar un patronum pero falló, cuando Helianthus estaba a punto de caer en la inconsciencia vio la silueta de un enorme ciervo de plata cargar hacía ellos.
Helianthus salió y bordeó la cabaña. Oyó gritos distantes. Aquello quería decir que los dementores se acercaban a Sirius o que aún seguía tratando de contener a Lupin.
La otra Helianthus y Hermione irían hacia él en cualquier momento. Miró hacia el lago, con el corazón redoblando como un tambor. Quienquiera que hubiese enviado al patronum, haría aparición enseguida.
Durante una fracción de segundo se quedó ante la puerta de la cabaña de Hagrid sin saber qué hacer. «No deben verte.» Pero no quería que la vieran, ella quería ver. Tenía que saber...
Los dementores ya estaban aquí. Surgían de la oscuridad, llegaban de todas partes. Se deslizaban por las orillas del lago. Se alejaban de Helianthus hacia la orilla opuesta... No tendría que acercarse a ellos. Echó a correr.
No pensaba más que en su padre... Si era él, si era él realmente, tenía que saberlo, tenía que averiguarlo.
Cada vez estaba más cerca del lago, pero no se veía a nadie. En la orilla opuesta veía leves destellos de plata: eran sus propios intentos de conseguir un patronum. Había un arbusto en la misma orilla del agua. Helianthus se agachó detrás de él y miró por entre las hojas.
En la otra orilla los destellos de plata se extinguieron de repente. Sintió emoción y terror: faltaba muy poco.
-¡Vamos! -murmuró, mirando a su alrededor-. ¿Dónde estás? Vamos, papá. -
Entre los árboles de la orilla opuesta salió una figura alta envuelta en túnicas negras y Helianthus escuchó el grito en la oscuridad helada.
-¡Lily!
La voz sonó en un eco y entonces lo supo... quien era. Luego, con un vuelco del corazón, oyó tras ella un ruido de cascos. Se dio la vuelta y vio a Hermione, que se acercaba a toda prisa, tirando de Buckbeak.
-¿Qué has hecho? -dijo enfadada-. Dijiste que no intervendrías
Helianthus regresó su atención al lago donde Snape sostenía el cuerpo de la otra ella mientras alzaba su varita donde una luz plateada salía.
-¡EXPECTO PATRONUM! -exclamó Helianthus
Y de la punta de su varita surgió, no una nube informe, sino un animal plateado, deslumbrante y cegador. Frunció el entrecejo tratando de distinguir lo que era. Parecía un caballo.
Galopaba en silencio, alejándose de ella por la superficie negra del lago. Lo vio bajar la cabeza y cargar contra los dementores. En ese momento galopaba en torno a la forma de Snape quien aún se mantenía hincado con el cuerpo de la otra Helianthus sostenido cerca de su pecho y la varita en alto dejando salir de ella una figura plateada un poco más pequeña que la de Helianthus. Los dementores retrocedían, se dispersaban y huían en la oscuridad. Y se fueron.
El patronum de Helianthus y el de Snape por un momento se rodearon y Helianthus sintió que algo estalló en su pecho cuando el suyo se restregó en el costado del de Snape para después dar media vuelta.
Volvía hacia Helianthus a medio galope, cruzando la calmada superficie del agua. No era un caballo. Tampoco un unicornio. Era un ciervo. Brillaba tanto como la luna. Se detuvo en la orilla. Sus pezuñas no dejaban huellas en la orilla. Miraba a Helianthus con sus ojos grandes y plateados. Lentamente reclinó la cornamenta. Y Helianthus comprendió:
-Cornamenta -susurró
No sabía porque lo hacía pero aun así no estaba dispuesta a irse. Las últimas semanas en Hogwarts, Helianthus estaba ensimismada con los recuerdos de lago girando una y otra vez. Snape gritando el nombre de su madre en un tono que no se podría describir más que desesperado, Snape acunándola contra él como si pudiera proteger con su cuerpo a Helianthus de los dementores, Snape… el patronum de Snape y el suyo tocándose
Antes de que el profesor Lupin renunciara (Snape soltó la información sobre su condición), Helianthus fue a su despacho a hablar con él con la intención de saber más sobre su madre y... Snape. Pero el profesor frunció los labios y cambió abrupta mente de tema, sin mencionar que la entrada del profesor Dumbledore no le dio la oportunidad de presionar.
Por supuesto, eso no la desanimó, ella tenía que saber.
"¿Por qué Snape gritó el nombre de su madre en el claro? Y pensándolo bien, ¿Por qué siempre la protegía? No podía ser solo por la deuda de vida de la que habló Dumbledore, en ese caso ya la hubiera cubierto."
Solo faltaba un día para regresar a Privet Drive por lo que Helianthus se armó del valor Gryffindor que se supone tenía y fue bajo su capa de invisibilidad hasta el despacho de Snape. Pero antes de llegar ahí, escucho las voces de Snape y Dumbledore justo afuera de la oficina del primero.
-No puede pretender que todo está bien—Snape parecía molesto. Helianthus frunció el ceño.
-Mi muchacho entiendo tus preocupaciones pero…
-¿Pero?. Cada año esa niña casi muere, ¡le hice una promesa! y parece que a usted le da igual si la niña vive o muere—el seseo estaba cargado de furia, Helianthus no pudo encontrar en ella otra cosa que sorpresa ante eso.
-Sabes muy bien que la seguridad de Helianthus es primordial.- dijo Dumbledore en tono duro para después suspirar- Sé que lo pasado en el claro fue... casi trágico, entiendo
-¿Lo entiende?- susurro Snape- Esa mocosa malcriada es lo único que queda de Lily, aun cuando los genes de Potter correr por sus venas, ella ... si le pasa algo a esa mocosa cuando Jure protegerla usted se quedará sin espía y créame que El Señor Tenebrosos no es fácil de engañar-
Dumbledore no contestó y Helianthus sospecho que el viejo mago estaba taladrando a Snape con sus azules y brillantes ojos.
-Lo sé, mi muchacho- dijo al final el hombre en tono cansado- Tienes mi palabra de redoblar mis esfuerzos para no poner a Helianthus en un peligro mortal, no deseo tu muerte a causa del incumplimiento de tu juramento a Lily
Helianthus estuvo aún más confundida y supo que la conversación llego a su fin, agachándose debajo de la capa la chica salió del lugar con la cabeza dándole vueltas.
conocía a mi madre... Él le juró protegerme- se susurró a sí misma en la penumbra de los dormitorios. Cuando las palabras la abandonaron se inquietó.
"Esto no debe saberlo nadie" dijo una voz es su cabeza que sonaba baja y cálida, entonces el pensamiento se guardó en una caja al fondo de su mente.
