A las doce del día siguiente, el baúl de Helianthus ya estaba lleno de sus cosas del colegio y de sus posesiones más preciadas: la capa invisible heredada de su padre, la Saeta de Fuego que le había regalado Sirius y el mapa encantado de Hogwarts que le habían dado Fred y George el curso anterior. Había vaciado de todo comestible el espacio oculto debajo de la tabla suelta de su habitación y repasado dos veces hasta el último rincón de su dormitorio para no dejarse olvidados ninguna pluma ni ningún libro de embrujos, y había despegado de la pared el calendario en que marcaba los días que faltaban para el 1 de septiembre, el día de la vuelta a Hogwarts. También le informo a Dobby que ya no necesitaría que la alimenten dándole al elfo dos pares de calcetines como agradecimiento. El elfo lloro sobre ella ante su bondad, para luego ponerse uno de los calcetines verdes y otro amarillo con bolitas.
Helianthus se anotó mentalmente comprar un paquete de calcetines mágicos para darle de regalo a su amigo Dobby
Bajo las escaleras a la hora de la comida (apio rallado y queso fresco) dejando su baúl justo afuera de la cocina.
Llegaron las cinco en punto (la hora en que los Weasley pasarían por ella) y las cinco diez, cinco quince...
Cuando pensó que los Weasley no llegarían, Helianthus pegó un salto al escuchar del otro lado de la puerta de la sala el ruido que hacían los Dursley moviéndose aterrorizados y descontroladamente por la sala. Un instante después, Dudley entró en el recibidor como una bala, completamente lívido.
—¿Qué pasa? —Preguntó Helianthus—. ¿Qué ocurre? —
Pero Dudley parecía incapaz de hablar y, con movimientos de pato y agarrándose todavía las nalgas con las manos, entró en la cocina. En el interior de la chimenea de los Dursley, que tenía empotrada una estufa eléctrica que simulaba un falso fuego, se oían golpes y rasguños.
—¿Qué es eso? —preguntó jadeando tía Petunia, que había retrocedido hacia la pared y miraba aterrorizada la estufa—. ¿Qué es, Vernon?—
La duda sólo duró un segundo. Desde dentro de la chimenea cegada se podían oír voces.
—¡Ay! No, Fred... Vuelve, vuelve. Ha habido algún error. Dile a George que no... ¡Ay! No, George, no hay espacio. Regresa enseguida y dile a Ron—
—A lo mejor Jaime nos puede oír, papá... A lo mejor puede ayudarnos a salir...—
Se oyó golpear fuerte con los puños al otro lado de la estufa.
—¡Helianthus! Helianthus, ¿nos oyes?—
Los Dursley rodearon a Helianthus como un par de lobos hambrientos.
—¿Qué es eso? —Gruñó tío Vernon—. ¿Qué pasa?—
—Han... han intentado llegar con polvos flu —explicó Helianthus, conteniendo unas ganas locas de reírse, aunque una parte de su mente estaba segura que iba a pagar por esto el próximo verano—. Pueden viajar de una chimenea a otra... pero no se imaginaban que la chimenea estaría obstruida. Un momento—
Se acercó a la chimenea y gritó a través de las tablas:
—¡Señor Weasley! ¿Me oye?—
El martilleo cesó. Alguien, dentro de la chimenea, chistó: «¡Shh!»
—¡Soy Helianthus, señor Weasley. ..! La chimenea está cegada. No podrán entrar por aquí.—
—¡Maldita sea! —Dijo la voz del señor Weasley—. ¿Para qué diablos taparon la chimenea?—
—Tienen una estufa eléctrica —explicó Helianthus.
—¿De verdad? —Preguntó emocionado el señor Weasley—. ¿Has dicho ecléctica? ¿Con enchufe? ¡Santo Dios! ¡Eso tengo que verlo...! Pensemos...¡Ah, Ron!—
La voz de Ron se unió a la de los otros.
—¿Qué hacemos aquí? ¿Algo ha ido mal?—
—No, Ron, qué va —dijo sarcásticamente la voz de Fred—. Éste es exactamente el sitio al que queríamos venir.—
—Sí, nos lo estamos pasando en grande —añadió George, cuya voz sonaba ahogada, como si lo estuvieran aplastando contra la pared.
—Muchachos, muchachos... —dijo vagamente el señor Weasley—. Estoy intentando pensar qué podemos hacer... Sí... el único modo... Helianthus, échate atrás.—
Helianthus se retiró hasta el sofá, pero tío Vernon dio un paso hacia delante.
—¡Esperen un momento! —Bramó en dirección a la chimenea—. ¿Qué es lo que pretenden...?—
¡BUM!
Helianthus recordaría por siempre el momento en que la chimenea explotó y sobre todo lo que pasó después cuando los gemelos dejaron caer uno de sus caramelos y Dudley se lo trago consiguiendo así una enorme lengua.
Claro, antes de ver más Helianthus fue empujada a la chimenea donde dio vueltas cada vez más rápido con los codos pegados al cuerpo. Borrosas chimeneas pasaban ante ella a la velocidad del rayo, hasta que se sintió mareada y cerró los ojos.
Cuando por fin le pareció que su velocidad aminoraba, estiró los brazos, a tiempo para evitar darse de bruces contra el suelo de la cocina de los Weasley al salir de la chimenea.
—¿Se lo comió? —preguntó Fred ansioso mientras le tendía a Helianthus la mano para ayudarla a levantarse.
—Sí —respondió Helianthus poniéndose en pie—. ¿Qué era?—
—Caramelo longuilinguo —explicó Fred, muy contento—. Los hemos inventado George y yo, y nos hemos pasado el verano buscando a alguien en quien probarlos...— Helianthus intento que su sonrisa no fuera tensa a pesar de lo gracioso que fue ver a Dudley de esa manera. En verdad que no estaba deseando que el próximo verano llegara rápido.
Todos prorrumpieron en carcajadas en la pequeña cocina; Helianthus miró a su alrededor, y vio que Ron y George estaban sentados a una mesa de madera desgastada de tanto restregarse, con dos pelirrojos a los que Helianthus no había visto nunca, aunque no tardó en suponer quiénes serían: Bill y Charlie, los dos hermanos mayores Weasley.
-Ah, Jaime, este es Bill y Charlie- dijo Ron señalando a sus dos hermanos.
Bill trabajaba para el banco de los magos y era (no había otra palabra para definirlo) guapo: era alto, tenía el pelo largo y recogido en una coleta, llevaba un colmillo de pendiente e iba vestido de manera apropiada para un concierto de rock, salvo por las botas (que, según reconoció, no eran de cuero sino de piel de dragón). Helianthus sintió que se sonrojaba levemente, desviando la atención al otro hermano. Charlie, que trabajaba en Rumania con dragones.
Charlie, tenia la constitución igual a la de los gemelos, y diferente de la de Percy y Ron, que eran más altos y delgados. Tenía una cara ancha de expresión bonachona, con la piel curtida por el clima de Rumania y tan llena de pecas que parecía bronceada; los brazos eran musculosos, y en uno de ellos se veía una quemadura grande y brillante. El sonrojo de Helianthus incremento y por las sonrisas de los gemelos, estos se dieron cuenta.
Ugh.
Helianthus fue salvada por el señor Weasley que salió de la chimenea furioso y comenzó a regañar a los gemelos pero se detuvo cuando entró la señora Weasley acompañada por dos chicas. Una de cabello espeso e incisivo grandes quien era Hermione Granger y la otra pelirroja y menuda quien era Ginny la hermana de Ron.
—¡Helius!— gritó Hermione, Helianthus sonrió mientras su amiga la abrazaba.
-Hola, Helianthus, querida- saludó la señora Weasley antes de voltear su atención hacia su esposo.
Hermione entonces saco a Ron, Helianthus y Ginny de la cocina cuando la señora Weasley comenzó a reñir a los gemelos.
—¿Qué es eso de los «Sortilegios Weasley»? —preguntó Helianthus mientras subían.
Ron y Ginny se rieron, pero Hermione no.
—Mi madre ha encontrado un montón de cupones de pedido cuando limpiaba la habitación de Fred y George —explicó Ron en voz baja—. Largas listas de precios de cosas que ellos han inventado. Artículos de broma, ya sabes: varitas falsas y caramelos con truco, montones de cosas. Es estupendo: nunca me imaginé que hubieran estado inventando todo eso...—
—Hace mucho tiempo que escuchamos explosiones en su habitación, pero nunca supusimos que estuvieran fabricando algo —dijo Ginny—. Creíamos que simplemente les gustaba el ruido.—
—Lo que pasa es que la mayor parte de los inventos... bueno, todos, en realidad... son algo peligrosos y, ¿sabes?, pensaban venderlos en Hogwarts para sacar dinero. Mi madre se ha puesto furiosa con ellos.
»Les ha prohibido seguir fabricando nada y ha quemado todos los cupones de pedido...Además está enfadada con ellos porque no han conseguido tan buenas notas como esperaba...—
Para ese punto llegaron a la habitación de Ginny, dónde Helianthus había pasado el segundo verano.
La habitación daba hacia una colina y tenía tonos morados. Ya había una litera en el lugar y las cosas de Hermione estaban al pie de ella.
—¿Lo ampliaron?—pregunto Helianthus al entrar. Ron se dejó caer en la cama de su hermana.
—Papá le dijo a Dumbledore que te quedarías aquí, así que Dumbledore, Bill y Charlie pusieron nuevas barreras y ampliaron está habitación— dijo Ron. Helianthus asintió ante eso dejándose caer en la cama a lado de Ron. Helianthus evito, de nuevo, pensar demasiado en Dumbledore y su indiferencia hacia la situación con los Dursley. Después de todo, no era como si ella corriera peligro mortal en esa casa a pesar de todo lo demás.
—¿Dónde está Crookshanks? —preguntó Helianthus a Hermione.
—Fuera, en el jardín, supongo. Le gusta perseguir a los gnomos; nunca los había visto—
Después de un rato de hablar sobre el trabajo de Percy en el Ministerio bajaron a ayudar con la cena. La señora Weasley les informó que sería en el jardín.
Helianthus se dedicó la mayor parte de la cena en comer y escuchar.
Antes de que tomaran el postre, helado casero de fresas, el señor Weasley hizo aparecer mediante un conjuro unas velas para alumbrar el jardín, que se estaba quedando a oscuras, y para cuando terminaron, las polillas revoloteaban sobre la mesa y el aire templado olía a césped y a madreselva. Helianthus había comido maravillosamente y se sentía en paz con el mundo mientras contemplaba a los gnomos que saltaban entre los rosales, riendo como locos y corriendo delante de Crookshanks.
Ron observó con atención al resto de su familia para asegurarse de que estaban todos distraídos hablando y le preguntó a Helianthus en voz muy baja:
—¿Has tenido últimamente noticias de Sirius—
Helianthus entonces recordó sobre su sueño y les dijo a sus amigos en voz baja que tenían que hablar más tarde.
Helianthus, Hermione y Ron se habían escabulleron bajo la capa hacia el cobertizo para poder hablar poco después de la hora de dormir. Helianthus les conto todo sobre sus sueños y como le escribió a Canuto pero hasta ahora no tenía respuesta.
—Oh, Helianthus— dijo Hermione llevándose las manos a la boca.
—Pero...pero solo fue en sueño ¿No?— dijo Ron nervioso.
—No lo creó...— Helianthus dudo un momento antes de hablar—Es... siento que él quería... quería obtener me para algo—
—Debemos escribirle al profesor Dumbledore— dijo Hermione.
—Le escribí a Sirius, Hermione, si Canuto no sabe qué hacer entonces le diré al director— Hermione compuso su expresión de que no le gustaba esa idea pero esperaría.
—Eso es una buena idea— acordó Ron.
—Helius, vas a tener que estar muy atenta. Y esto es serio, nada de vagar por los pasillos después del toque de queda— dijo Hermione sin lugar a réplica
Ron hizo una mueca y Helianthus suspiró.
—Sabía que dirías algo como eso... pero creo que sería mejor no ponérselo fácil ¿No?—
—Sí, creo que es mejor mantener bajo perfil este año, Jaime— estuvo de acuerdo Ron.
