YO TE ESPERABA

Pasé tres largos años lejos de InuYasha, y no hubo un solo día en que no quisiera estar a su lado Tres años en los que el pozo permaneció cerrado. Pero, un día después de terminar la preparatoria, el vínculo tan grande que había entre nosotros provocó que el pozo devorador de huesos nos permitiera reencontrarnos.

Fue así que descubrí que la leyenda del hilo rojo es verdad, que lo que recita es real, y es: que hay "un hilo rojo invisible que conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar el tiempo transcurrido, la lejanía del lugar o lo adverso de las circunstancias".

Precisamente eso había ocurrido con nosotros, nuestro amor era tan fuerte que a pesar de las situaciones adversas pudimos estar juntos.

Y ahora….

Justo ahora….

Ese amor traía el fruto más hermoso…

Un hijo

NUESTRO HIJO

Kagome, ¿Qué te sucede? ¿por qué lloras? - dijo el él preocupado por mí.

Había comenzado a llorar sin motivo. Sentí unas ganas incontrolables de llorar y comencé a derramar lágrimas mientras tenía la vista fija en mi vientre, no podía creer lo que pasaba en mi interior. Tenía alrededor de cinco meses de embarazo.

Podía ver a InuYasha desconcertado y preocupado, debido a mi repentina tristeza.

Nada de que preocuparse InuYasha, es sólo que estoy emocionada, me haz hecho la mujer más feliz en el tiempo que llevamos juntos, y ahora estamos a poco tiempo de ser padres – tomé su rostro entre mis manos me acerqué para darle un tierno beso en los labios y así calmar su inquietud.

A mi mente regreso un pensamiento que surcaba por mi cabeza desde hace algunos días, creí que era un buen momento para comentarlo con él.

InuYasha – dije al separarme de él.

¿Qué sucede Kagome?

¿Has pensado en el nombre que le daremos al bebé? – le pregunté.

En realidad, no, para ser sincero nunca pensé que llegaría el día en que tuviera una compañera de vida, me convertiría en padre y formaría una familia – respondió él y noté tristeza en su voz.

InuYasha – lo miré con ternura - pero ahora las cosas son diferentes, en unos meses nos convertiremos en padres, seremos una familia – dije mientras acariciaba su mejilla tratando de alejar por un momento aquellos recuerdos dolorosos de su infancia.

Tienes razón ahora debemos pensar en nuestro futuro- menciono él viéndome a los ojos – y bien, ¿Tú has pensado en alguno? – continuó cambiando el tema de conversación.

A decir verdad, si, lo he hecho, me encantaría el nombre de Moroha si es niña -respondí

Moroha – susurró llevando su mano al mentón, lo vi pensar quizás que le quedaba bien a su pequeña por el significado que tenía.

¡Me gusta!, pero, ¿y si es un niño? – preguntó él.

Quizás te suene extraño, pero en el fondo de mi corazón siento que será una niña – comenté convencida de mis palabras eso lo enterneció.

Yo te esperaba
Y veía mi cuerpo crecer
Mientras buscaba
El nombre que te di

Había ido al río por un poco de agua para preparar la cena. Claro está que InuYasha no permitiría que fuera sola bajo ninguna circunstancia.

Me acerqué a la orilla, fijé la mirada en el reflejo del agua. En él pude ver a una Kagome completamente distinta a la chiquilla de 15 años que conoció al hombre que la esperaba a la distancia.

Mis ojos comenzaron a humedecerse cuando centré mi atención en mi vientre y una inmensa felicidad me embargó. Él notó el suave aroma salino, en un parpadeo lo tenía a mi lado.

Kagome ¿qué tienes? ¿te duele algo? – preguntó con la preocupación reflejada en su voz – ¡Contéstame por favor! – dijo mientras me examinada ve pies a cabeza.

InuYasha, estoy bien, no te preocupes – contesté con un pequeño nudo en la garganta, que lejos de tranquilizarlo hicieron que se acercara para abrazarme, quizás tratando con eso ahuyentar lo que fuera que estuviera provocando mi llanto.

Tonta, claramente eso no es verdad, sino no habría lagrimas en tu rostro – soltó mientras acercaba sus manos a mis mejillas quitándolas con una suave caricia.

Es sólo que no puedo creer como ha cambiado mi cuerpo – mencionó colocando sus manos en la pequeña barriguita en la que se encontraba su bebé – soy muy feliz InuYasha – no pudo evitar que las gotas salinas abandonaran sus ojos, resbalando por sus mejillas – es sólo que la alegría de mi corazón es tanta que no puedo contenerla dentro.

InuYasha me mantuvo entre sus brazos, ahí donde me sentía amada, protegida y feliz.

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Fui la luna llena y de perfil
Contigo dentro
Jamás fui tan feliz

Era la sexta luna nueva desde que me di cuenta que mi periodo no llegó y que un miembro más viviría con nosotros en ese hogar que habíamos formado.

Estaba acostada junto a InuYasha en el futón. Tenía la espalda pegada su pecho y su mano recargada en mi cintura, dándome el calor necesario debido al clima del frío invierno.

Me sentía cansada, el peso de mi vientre era cada vez mayor, no podía conciliar el sueño con facilidad.

Comenzaba a sentir mis parpados cansados, me estaba quedando dormida cuando algo en mi abdomen llamó mi atención. Lleve mi mano ahí y lo que sentí provocó que mi corazón se llenara de una alegría indescriptible.

Mi pequeña Moroha dio sus primeras pataditas. Me emocioné tanto que mi primer impulso fue despertar a InuYasha para compartirlo con él, a pesar de la hora que era.

¡InuYasha! ¡Despierta! ¡InuYasha! – no podía controlar la felicidad y se reflejaba en mi voz.

Mmmmm ¿Qué sucede mujer? – hablo con un tono adormilado.

¡Despierta esto es importante!

¿Qué puede ser más importante que dormir? – contestó sin mucho animo de abrir los ojos.

No seas tonto y dame tu mano – le pedí mientras me sentaba en el futón.

Mi paciencia se estaba terminando y es que el no movía su cuerpo, sin muchas ganas extendió su brazo esperando que lo tomara. La sujeté colocándolo sobre mi vientre. En ese preciso instante ocurrió otro movimiento. Cuando él se percató de lo sucedido, se levantó con rapidez y sentó junto a mi abriendo los ojos como platos.

¡Acaba de patear! – dijo con sorpresa y fijando su mirada en mí.

¡Si, lo hizo! – tenía la voz entrecortada con un nudo en su garganta.

Ambos estábamos impactados y emocionados de sentir como nuestra pequeña realizaba los primeros movimientos que pudimos percibir.

¿Qué sucede Moroha? ¿no puedes dormir? – dije acariciando mi abultada barriga - ¿quieres que mamá te cante una canción? – recordé la melodía de una canción de cuna que mi madre nos cantaba a Sota y a mí, lo hacía noches en las que no podíamos conciliar el sueño para tranquilizarnos hasta que nos quedábamos dormidos.

Nos recostamos nuevamente y mientras entonaba la melodía sentía como las pataditas de su Moroha iban disminuyendo. Nos fuimos relajando hasta que después de un rato nos quedamos dormidos.

Moría por sentir
Tus piernecitas frágiles
Pateando la obscuridad
De mi vientre maduro.

Nos encontrábamos en el claro del bosque donde había un pequeño lago. InuYasha me había llevado allí para que despejara mi mente de todas las responsabilidades que tenía como sacerdotisa de la aldea.

Comenzaba desde muy temprano las actividades de mi trabajo como sacerdotisa, que era recolectar hierbas medicinales, elaborar remedios para los distintos padecimientos de los aldeanos, atender a personas enfermas. En realidad, si estaba algo cansada ya que tenía muy pocos momentos para darme un respiro y le agradecía por traerme a tan bello lugar.

Veía las estrellas en el cielo azul y recordé algo que llevaba pensando ya varios días y decidí compartirlo con él.

InuYasha, ¿cómo imaginas que será nuestro bebé? – pregunté mirando el reflejo de la luna en el lago.

Pero, ¿por qué me preguntas eso mujer? – me respondió desconcertado, quizás por repentina pregunta que le hice.

¿En verdad no te has preguntado cómo será? – le dije mientras volteaba a ver su rostro esperando una respuesta, continué antes de que pudiera decir algo – A mí me gustaría que cuide y proteja a los que lo necesiten, que sea bondadosa, pero lo que si no me gustaría es que sea igual de terca que tu – terminé y me reí un poco.

¡Oye!, eso no es gracioso – vi que fruncía el ceño fingiendo estar molesto, pero no podía disimular la ligera curva que tenían sus labios - Pero ahora que lo mencionas – puso su mano en su mentón mientras se veía pensativo - Espero que sea una niña tan fuerte como su padre – dijo haciendo una mueca arrogante - Qué sea capaz de defenderse de los peligros del mundo. Pero, sobre todo, ruego a Kami que no tenga tu carácter – aguante mis ganas de reír por su comentario, regresándome la broma que le hice antes.

Ashhh tú también eres una persona complicada – refuté aparentando molestia en mí voz, pero suspiré porque conocía a ese hombre a la perfección, sabia cuando bromeaba y cuando hablaba en serio.

Kagome – dijo con un tono más formal - sólo espero que sea una niña alegre, amorosa y feliz. Que sea mas poderosa que nosotros – giro su rostro hacia mí. Ambos reflejábamos la esperanza al imaginar todo lo que nuestra pequeña podría llegar a ser.

Soñar no cuesta, no
Y, con los ojos húmedos
Te veía tan alto, es más
En la cima del mundo.

¿Y cómo te gustaría que fuera físicamente? – le pregunté para continuar con nuestra plática.

No lo sé, quizás me gustaría que tuviera el color de tu cabello y el tono de tu piel – lo escuché responder.

A mi me gustaría que tenga el color de tus ojos, es hermoso y único. Que esa mirada refleje la fuerza, determinación y un inmenso amor como los tuyos InuYasha – agregue a lo que él dijo.

Pues me gustaría que fuera alegre y sea capaz de contagiarlo a las personas que la rodean. Pero sobre todo que tenga tu gran corazón Kagome, que ayude y sane el alma de todos lo que tengan la dicha de conocerla – pude ver el amor en su mirada. Amaba estos momentos que compartía con él, en los que era capaz de abrir sus sentimientos y compartirlos sólo conmigo.

InuYasha – fue lo único que salió de mi boca. Las palabras sobraban en momentos así.

Yo te esperaba
Imaginando, a ciegas, el color
De tu mirada
Y el timbre de tu voz.

¡Maldito hibrido! – gritó el demonio que habíamos ido a enfrentar a una aldea lejana que pidió nuestros servicios.

¡Eres una basura insignificante! – dijo InuYasha mientras corría sacando su colmillo de acero para exterminarlo usando el viento cortante.

¡No puede ser posible que un hibrido haya sido capaz de vencerme! – oí decir al monstruo que iba desapareciendo después del ataque.

Khe, soy el hibrido más fuerte que hay – expresó con un tono arrogante en su voz.

Al finalizar la batalla me acerque a él para felicitarlo e ir con los aldeanos. Pero antes de que pudiéramos entrar por completo algunos de sus habitantes comenzaron a gritar que no querían que un demonio pisara sus tierras.

Me sorprendí al ver la actitud de las personas, no era justo lo que sucedía ya que InuYasha había exterminado al monstruo que les había causado problemas, yo no intervine en la batalla por mi estado, pero vine a acompañarlo esperando que esto no sucediera.

Pero, ¿qué sucede?, InuYasha fue quien derrotó a ese monstruo – lo defendí.

¡No nos importa! ¡Los demonios siempre traen mala suerte y desgracias! ¡Largo! ¡Fuera! – eran parte de los ataques verbales que se escuchan.

Khe, vámonos Kagome, no vale la pena seguir en lugar – me tomó de la mano y me colocó detrás de él, intentando protegernos a Moroha y a mí.

Toqué mi barriga, lo observé, tenía una mueca de molestia, sin embargo, pude ver tristeza reflejada en su mirada. Recordé las veces que durante nuestro viaje en la recolección de los fragmentos de la Perla de Shikón encontrábamos en las aldeas gente que lo rechazaba.

Siempre supe, aunque él no dijera nada, que vivió muchas veces esa situación a lo largo de su vida. Creí que, si yo lo acompañaba al ser una sacerdotisa reconocida, las cosas cambiarían un poco, pero pude darme cuenta que aún faltaba mucho camino que recorrer para terminar con la discriminación y el rechazó que existía en la época feudal.

Temía que ese fuera parte del futuro que podría vivir Moroha cuando llegara a este mundo.

Cuando íbamos de regreso a casa, acariciaba mi vientre de forma cariñosa, pensando en el futuro de nuestra hija, estaba preocupada y sentía un poco de miedo.

InuYasha iba delante de mí, sin embargo, me percaté que él me veía de reojo de vez en cuando, quizás con los mismos pensamientos y temores. Detuvo su andar, se puso frente a mí mirándome a los ojos.

No te preocupes Kagome, una vez juré que te protegería, aunque me costara la vida. Ahora esa promesa se extiende también para ella – bajo su mirada observando mí vientre y tocándolo - la protegeré de todo ser, ya sea humano o demonio que quiera hacerle daño, no permitiré que nadie la lastime – dijo él tratando de alejar cualquier preocupación que tuviera sobre el futuro de nuestra bebé.

En ese momento sentí una pequeña patada, tal vez, la pequeña Moroha quería demostramos que había escuchado la promesa de su padre. Ambos sonreímos y continuamos nuestro viaje de regreso a la aldea de la anciana Kaede, temiendo un poco por el futuro, si, pero con la convicción de que los dos estaríamos acompañándola para amarla y cuidarla.

Muerta de miedo
Le rogaba al cielo que te deje
Llegar lejos
Mucho más que yo

Me encontraba en la cabaña dando los toques finales al espacio que ocuparía Moroha después de unos meses de nacida, porque, claro está, que no dormiría lejos de nosotros durante en las primeras semanas. No podía pensar en separarme de ella y aún no había nacido.

Sabía que no contaba con todas las cosas y facilidades que otorgaba la época moderna, sin embargo, adaptaría todo lo que estuviera a mi alcance para que Moroha estuviera bien en el Sengoku.

Dibuje en un trozo de papel, para InuYasha y Miroku, la imagen de una pequeña cuna como las que se usaban en el futuro. Ellos se dieron a la tarea de conseguir los materiales necesarios para su elaboración. Les había quedado realmente bella.

En una de las paredes coloque un mueble pequeño, parecido a una cajonera, en el que guardaría la ropita y otras de sus cosas.

Y una repisa en la que pondría inciensos para aromatizar y relajar a la pequeña para la hora de dormir.

Las puertas tenían el dibujo de flores y mariposas en el papel, que le daban calidez a la decoración. Contemplaba el resultado del esfuerzo y la dedicación de todas las personas que esperábamos con ilusión la llegada de nuestra primogénita.

Escuché a lo lejos las pisadas de InuYasha al desplazarse dentro de la cabaña.

¿Qué haces Kagome? - preguntó cuando estuvo a mí lado.

Estoy terminando de arreglar la habitación de Moroha.

Pero si aún faltan varias lunas para que nazca – menciono.

No importa, es mejor estar prevenidos en caso de que tu hija decida tomarnos por sorpresa- dije mientras acariciaba mí vientre.

Bueno, tienes razón, quizás sea tan impredecible como yo – dijo él con orgullo.

Ambos reímos ante su comentario y observamos el esfuerzo de meses de organización y trabajo.

Yo te esperaba
Y pintaba sobre las paredes
De tu cuarto
Sueños en color.

Estaba cansada, tenía ya ocho meses de gestación, deseaba con todo mi corazón que el momento de tener a mi pequeña en brazos no tardara demasiado. Había dejado ya las labores de sacerdotisa porque InuYasha me lo exigió de la peor manera, con una discusión de por medio.

¡Tienes que dejar de esforzarte demasiado mujer! ¿Qué no entiendes que les hace daño a Moroha y a ti? – me gritó terminado con la poca paciencia que tenía debido a mis hormonas.

¡Y tu no puedes entender que encerrada sola en casa me aburro! – replique en el mismo tono con el que me hablaba.

Sabía que se preocupaba por nosotras. Pero estaba tan acostumbrada a mis actividades como sacerdotisa, a ser útil, que el encierro me provocaba mal humor, y eso tampoco era sano. Lo vi respirar profundo tratando de calmarse.

Mujer, por favor entiende que tienes que cuidarte - dijo más tranquilo y continuo – si te aburres ve a la cabaña de Sango y pídele que te acompañe a dar un paseo o ayudarle en tareas donde no te esfuerces demasiado.

Kagome, InuYasha tiene razón – me sorprendió que la anciana Kaede estuviera de su lado y pude ver que a él también – el que sigas esforzándote puede adelantar el parto y ponerlas en peligro a las dos.

Me asusté un poco, tuve que dejar mi terquedad y orgullo a un lado. Ambos tenían razón debía cuidarme y a la pequeña Moroha, respiré profundo y solté el aire tratando de disipar mi disgusto. De no ser por la intervención de la anciana Kaede quizás la discusión hubiera continuado por mucho tiempo más debido a la terquedad de ambos.

Está bien ustedes ganan, a partir de ahora me cuidaré – dije resignada.

Acaricié mí vientre, pensando en el bienestar de mi hija. Deseando que los días pasen rápido, porque estaba ansiosa por conocerla, por tenerla en mis brazos, llenarla de besos hasta cansarme.

Restaba sin parar
Días al calendario
Sólo tú me podías curar
El mono de escenario

Como si Kami hubiera escuchado mis rezos las semanas que faltaban para el nacimiento de Moroha pasaron en un abrir y cerrar de ojos.

Hubiera sido un parto tranquilo si InuYasha no se la hubiera pasado gritando histérico y preguntando cada cinco minutos como me encontraba. Su actitud no ayudo a calmar mis nervios y el miedo que sentía de que algo saliera mal.

Después de pasar varias horas de labor de parto, estaba en el futón con la pequeña Moroha durmiendo en mis brazos, mientras su padre nos veía.

Le acariciaba el rostro feliz de que mi intuición fuera correcta, que fuera una hermosa y sana niña. Era muy parecida a mí, con sus ojos chocolate y su cabello negro, pero no como el tono azabache, sino un poco más claro. Aunque, si poseía unas filosas garritas como las de su padre. Era perfecta, simplemente perfecta, la prueba más grande del amor que nos teníamos InuYasha y yo.

Ahora que la tenía a mi lado, mi instinto maternal iba surgiendo, sentía una necesidad enorme de protegerla de todo y contra todos. Y es que sabía de todas las dificultades, el rechazo y la soledad que mi amado esposo pasó desde que era pequeño. No quería que su ella pasará por lo mismo.

El mundo no aceptaría tan fácil a una shihanyo, a pesar de que mi pequeña hija no tenía rasgos físicos aparentes por los que pudiera ser discriminada por su origen, por ser el fruto de la unión de una humana con un hanyo.

La veía tan frágil, incapaz de enfrentar sola el mundo cruel que no era capaz de aceptar a seres como mi bebé. Pero poco me importaba, porque nosotros la acompañaríamos en su andar por el mundo para ayudarla, para sostener su mano y animarla a vencer cualquier obstáculo que éste pusiera en su camino.

El mundo es como es
Y no puedo cambiártelo
Pero, siempre te seguiré
Para darte una mano

Ser padres no estaba siendo una tarea sencilla. Moroha es una pequeña muy activa que despierta cada tres horas para alimentarse, después, ocurría lo que era normal, que su pequeño cuerpecito lo procesara, cuyo producto provocaba un malestar en su padre debido a su sensible olfato.

Kagome, Moroha huele mal, ¿podrías hacer algo por favor? – dijo InuYasha tapando su nariz.

Pásame las cosas que necesito por favor – le pedí.

Comencé con mi tarea, Moroha se mostraba incomoda, pero conforme avanzaba sentía como se ponía contenta.

Ya tenía cuatro semanas de nacida, se movía mucho más, estaba cada vez más despierta. Cuando finalicé con mi labor, la vi moverse alegre con sus ojos abiertos, tanta era su alegría que comenzó a hacer pequeños balbuceos.

¿La escuchaste Kagome? ¿La escuchaste? – me preguntó InuYasha sorprendido.

¡Si, la escuché! – respondí completamente enternecida.

El escuchar por primera vez el timbre de voz de nuestra pequeña era completamente maravilloso. Si, el ser padres era una labor complicada en algunos aspectos, pero estos pequeños momentos hacían que nos olvidáramos de todo y solo existiéramos nosotros, nuestra familia.

Yo te esperaba
Imaginando a ciegas el color
De tu mirada
Y el timbre de tu voz

Había pasado un año en un abrir y cerrar de ojos. Moroha era cada vez más activa. Estábamos en el bosque bajo la sombra del árbol sagrado, veía a InuYasha sujetar la mano de nuestra pequeña para enseñarla a caminar, a dar sus primeros pasos. Los primeros de su vida, pero no los últimos.

Pensaba en el futuro y quizás algunos podrían considerar que era una tontería o una exageración, pero sentía un poco de miedo por el pasar del tiempo. Nosotros los humanos tenemos un paso efímero por este mundo en comparación con los demonios.

Tenía miedo, el que imagino que tenemos todas las madres al pensar que algún día dejaremos solos a nuestros hijos, porque partiremos de este mundo. Sabía que su padre la acompañaría y cuidaría de ella cuando eso sucediera.

Trate de alejar esos pensamientos, sé que eso sucederá tarde o temprano, pero hasta que ese inevitable momento llegue viviré el aquí y el ahora junto a mi esposo y a mi hija.

Muerta de miedo
Le rogaba al cielo que te deje
Llegar lejos
Mucho más que yo

Estábamos nuevamente frente al lago, pero algunas cosas habían cambiado.

Hace algún tiempo, habíamos venido solo dos, ahora lo hacíamos junto a nuestra pequeña Moroha.

El reflejo en él era diferente, ahora mi hija se encontraba en mis brazos.

Aquella noche me sentí feliz al contemplar mi vientre. Ahora el sentimiento era mucho más grande. Porque, en ese entonces, no dimensionaba la capacidad de amar de una madre.

Amo a Moroha desde que supe que llegaría a este mundo aún sin conocerla. Por ella daría mi vida, por ella haría lo posible y lo imposible por verla feliz.

Ella me convirtió en madre, la madre más feliz, la madre más dichosa.

Yo te esperaba
Y el espejo nos miraba, mientras
Ya te amaba

Hola aquí les dejo mi primer One shot, quizás tenga algunos errores ya que no soy experta ni me dedico a esto, pero lo que sí es seguro es que lo hice con el corazón esperando que tod s y cada uno de ustedes lo disfruten.

Me basé en una canción que es muy especial para mí porque la escuché muchas veces cuando estuve embarazada de mis hijas.

Créditos de la portada a ChandLucky