Disclaimer: Los personajes de «InuYasha» pertenecen exclusivamente a Rumiko Takahashi.
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Gracias
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La pequeña corría muy feliz en medio del vasto bosque que la rodeaba. Brincando y jugando con los animales que la acompañaban.
Los árboles danzaban al compás del viento que ventilaba, impregnando el ambiente con el aroma de las flores que engalanaban los prados.
Llenado el mundo de colores; su mundo, en el que la niña imaginaba que nada malo pasaba. Porque nada pasaba, sobre todo porque era amada, cuidada y resguardaba por sus padres. Los dos seres que más la adoraban.
En especial, su madre; una hermosa mujer a la que amaba y admiraba por la nobleza que irradiaba. Con un corazón enorme que desbordaba amor y compasión por los más necesitados. Particularmente por los más desvalidos, aquellos seres carentes de cuidados y cariños.
Su mamá era excepcional, un ser de luz sin igual, su heroína, quien le enseñó que se debía amar a todos por igual. Sin discriminación ni exclusión porque todos merecían sentir lo que era el amor.
—Moroha, ven aquí —le pidió, llamándola con cariño, mientras le hacía un gesto con su mano.
—¡Voy! —exclamó, brincando de arriba abajo hasta llegar a dónde se encontraba su mamá—. ¿Ya nos tenemos que ir? —inquirió con nostalgia, ya que la pequeña aún no deseaba marcharse a su casa—. Mamá, ¿tenemos que irnos ya?
—No, aún no —respondió, con un leve movimiento de su cabeza. Al mismo tiempo que extendía sus brazos para rodear a su pequeña—. Es solo que, quería abrazarte —sonrió, estrechándola fuertemente—. Eres tan hermosa.
—¿Mamá?
La pequeña no entendía por qué su mamá se entristeció, ya que; aunque le sonrió, sus ojos reflejaban otra emoción. Una que ella rápidamente percibió, pues su aura cambió. Su poder espiritual estaba ligado al de su mamá; así que, no le costó a su corazón comprender que algo pasó, pero, ¿qué sucedió? Si hace poco estaba feliz observándola jugar en el bosque.
La niña sintió dolor porque la mirada de su mamá se nubló. Sus ojos se cristalizaron cuando la estrechó, dejando escapar una pequeña gota que sin permiso rodó, expulsando lo que había en su corazón.
Moroha simplemente la abrazó y con cariño se acunó en el regazo de su madre. Luego la observó y con sus pequeñas manos limpió la lágrima que ella derramó.
—Perdóname, pequeña —musitó cuando la miró. Su hija, su hermosa hija, era la prueba fehaciente del amor entre ella y su esposo. Una mezcla de los dos que la llenaba de dicha y amor. Un amor que atravesó las barreras de la distancia y el tiempo. Llevándola a otro mundo en el que no se encontraba un ser especial; un ser excepcional que días como este extrañaba aún más—. Perdóname por llorar, Moroha. No le hagas caso a los cambios de ánimo de tu mamá, ¿sí?
—¿Por qué lloras? ¿Te duele algo, te sientes mal? —Kagome negó con la cabeza, pues ya no quería preocupar más a su pequeña. No obstante, para Moroha no había nada más importante que su madre; así que, su preocupación no se iba a marchar, hasta que, supiera la verdad—. Mamá…
—Recuerdas que una vez te conté una historia que me compartió mi mamá. —La niña asintió, sin dejar de apreciar por un instante la mirada de su madre—. Bueno, esa historia habla sobre el vínculo que los hijos tienen con sus padres. Especialmente, con su mamá.
—Es verdad, habla del amor que se tienen. Como el que yo tengo contigo y con papá.
—Sí, así es, ¡muy bien, mi pequeña niña! —la felicitó, dándole un tierno beso en la frente—. Has puesto mucha atención a las historias que te he contado.
—Pero, entonces, ¿por qué te pusiste a llorar, si no dice nada triste?
—Es porque esa historia, me la solía contar mi mamá en un día especial. Un día como hoy, en el que se celebra un acontecimiento sin igual.
—¿Un acontecimiento sin igual?
—Moroha, hoy es el día de las madres —reveló, mientras contemplaba la mirada de asombro que su hija le obsequió—. En mi mundo, esta fecha es muy importante, pues es un día para consentir a las madres.
La pequeña entendió, hasta donde su corta edad se lo permitió. Así que, rápidamente comprendió que su madre lloró porque extrañaba a su mamá. Ella no la conocía, ni siquiera sabía cómo era, pues su abuela no vivía en su época. Sin embargo, su madre se había encargado de hablarle mucho sobre ella. Así que, estaba segura que sería una mujer muy bella, ya que su mamá lo era.
—Extrañas mucho a tu mamá. —Esto no fue una pregunta, sino una afirmación. Kagome asintió dándole la razón, porque en días tan significativos como este era cuando más la extrañaba y necesitaba—. Mamá extraña mucho a la abuela.
—Sí, pequeña, extraño muchísimo a mi mamá, pero sé que está bien y sé que estaría feliz si te pudiese conocer —expresó con sinceridad, imaginando lo feliz que sería su madre si pudiese compartir con su nieta—. Ella te ama, Moroha.
—¿Eh? ¿Cómo lo sabes?
—Porque lo siento aquí —le señaló con el dedo índice el corazón. Gesto que hizo reír a la hermosa niña—. Siento cómo el vínculo que nos une se hizo más fuerte desde que naciste tú. Por eso, estoy segura que te ama demasiado.
—Yo amo todo lo que te haga sonreír, mamá —confesó, colocando su pequeña mano sobre la mejilla de su madre.
—Entonces, me amas mucho también a mí —espetó una fuerte voz que salió detrás de unos árboles—. Porque yo las hago sonreír a las dos.
—¡Papá! —Moroha extendió los brazos para ser tomada por su padre; quien con cuidado se agachó para quedar a la altura de su pequeña. InuYasha la cargó en su regazo, luego de sentarse al lado de su esposa—. Papá, mamá me contó que hoy es el día de las madres. Ella se puso a llorar porque extraña mucho a su mamá. ¿Podrías hacerla sonreír, por favor? No quiero que vuelva a llorar.
InuYasha sonrió, antes de darle un pequeño beso en la frente a la niña que le robó el corazón. Él con cariño la sentó en sus piernas, mientras buscaba en sus prendas un obsequio que guardó y llevó para esta ocasión.
La niña lo observó sin perder detalle de lo que le mostró. Asombrándose grandemente cuando lo apreció. Moroha se emocionó y muy feliz aprobó lo que su padre le enseñó.
—Kagome… —La voz de InuYasha fue tierna. Un susurró que confortó el alma de la mujer de la cual se enamoró—. E-esto es para ti.
—Inu-InuYasha…
Kagome tomó el pequeño ramo de rosas blancas que su esposo le obsequió. Notando que en el centro había una rosa roja que engalanó todo el arreglo. Un hermoso detalle que le llenó de amor el pecho, pues InuYasha le obsequió lo que una vez embarazada le pidió.
La sacerdotisa le comentó que siempre anheló recibir un arreglo floral que fuese especial; un precioso ramo que tuviese una enorme rosa roja y muchas rosas blancas. Ya que a ella le gustaban mucho esos colores. No obstante, como se lo mencionó una única vez, y cuando ya estaba casi dormida; creyó que no le había puesto atención o que simplemente soñó que se lo comentó. Sin embargo, sí le prestó atención y esperó el momento indicado para entregarle lo que deseó.
InuYasha cada día le confirmaba la razón principal por la que se enamoró de él y lo volvió el dueño de su ser.
—Recuerdo que una vez me dijiste que te gustaría recibir algo así; por eso yo… bueno… quise…
—Mu-muchas gracias —musitó agradecida, complacida al apreciar a su preciosa familia. La familia que ella formó y nació del amor con su marido—. Muchas gracias, InuYasha.
—También recordé que me comentaste sobre este día; que para ti era especial, ya que tu mamá… —susurró, mientras se aferraba a la hermosa mirada de su esposa. Radiante mirada que se había cristalizado, luego de entregarle el regalo. Él quería que sonriera no que llorara por la ausencia de su madre. Así que, se armó de valor y sin pensarlo más exteriorizó lo que albergaba su corazón—. Kagome, ¡gracias por nuestra familia! ¡Gracias por nuestra hija! ¡Gracias por todo! ¡Feliz día de las madres!
—¡Feliz día, mamá! —exclamó feliz la pequeña, lanzándose al regazo de su madre; quien seguía anonadada por las emociones que de un segundo a otro experimentó—. ¡Te amamos!
—Y yo a ustedes —sonrió—. Los amo.
InuYasha y Moroha rodearon con sus brazos a Kagome; envolviéndola con su amor. Llenándola de todo aquello que había en su corazón. Ella internamente agradeció y en silencio suplicó porque su madre se encontrase bien; siendo feliz con los seres a su alrededor.
Así como ella lo era con los dos tesoros que la vida le obsequió; su hija y su esposo. Los grandes amores de su vida.
Por quienes siempre estaría eternamente agradecida.
Fin.
Hola.
¿Cómo están?
Hace mucho no pasaba por aquí, pero hoy es una fecha especial; así que, qué mejor que celebrar el día de las madres al lado de una de las mamis más bellas del fandom, mi querida Kagome.
Este pequeño one-shot fue escrito con todo mi amor para todos ustedes. Especialmente para quienes tenemos la dicha de ser madres. Deseo que este día se lo pasen de lo mejor al lado de sus seres queridos, que las llenen de amor y las consientan demasiado.
Además, quería aprovechar el espacio para agradecer a dos personitas especiales que tengo en este fandom y que de una u otra forma me han alentado a seguir escribiendo para esta pareja. Por ello, les agradezco con el alma a y Cbt1996; quienes han sido demasiado lindas conmigo. De corazón, mil gracias, no saben lo bien que le han hecho a mi alma.
Los quiero. Los quiero con el alma y siempre los recuerdo con mucho cariño.
Espero que nos podamos leer muy pronto.
Con amor.
GabyJaeger
