A LA MAÑANA SIGUIENTE, EN EL CALABOZO…
-¡AHHHHHHHHH!
Cierto joven peliblanco huía a toda velocidad de un grupo de salvajes Minotauros.
- ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué hay minotauros en los primeros pisos?! – gritaba en lo que esquivaba los múltiples espadazos de aquellos animales. ¿¡Por qué tenía que pasarme a mí, justo ahora!?…
Haciendo gala de la talentosa agilidad de un humano dominado por la cobardía, el muchacho se desplazó por los rincones del piso, intentando evadir los ataques de sus captores serpenteando por las distintas rutas intentando perderlos de vista. Por desgracia para el pequeño peliblanco, uno de ellos lo había seguido hasta el punto de arrinconarlo contra un estrecho y alejado pasadizo.
Agobiado y viéndose sin alternativas, Bell decidió, entonces, pasar a modo de ataque. Lamentablemente, como si el destino se le riese en la cara, al intentar tomar la maltrecha arma de su cintura, se llevó la amarga sorpresa de que ésta ya no estaba en su sitio, la había extraviado mientras huía como alma perseguida por el mismo diablo.
Aquella revelación no hizo más que provocarle un inmenso nudo en la garganta.
Perder su único medio de defensa sólo podía significar una cosa: Era hombre muerto.
Sin su cuchillo su probabilidad de supervivencia era nula o, tal vez, menos que eso.
Ahora, en total pánico, el niño comenzó su inútil retroceso, más la tosca pared lo detuvo.
¿Iba a morir así?
¿Hecho papilla por un descarriado minotauro que salió de la nada?
Aun sin ganas de arrojar la toalla, el joven tanteo los bolsillos de su ropa, buscando una salida para su predicamento.
Fue, entonces, que lo ubicó.
Aquel pequeño cubo de rara apariencia.
El que su nueva asesora le había dado.
Era su única y última esperanza.
Sólo tenía que lanzarlo y estaría a salvo.
- Es un seguro, me dijo… ¿una bomba de humo, tal vez?
Pero, antes de que pudiera siquiera intentarlo, un súbito vendaval azotó el sitio.
Bell observó atónito como aquel temible minotauro era masacrado por la pálida pero esbelta figura de una aventurera.
Quien, para su fortuna o desdicha, no había sido otra que Ais Wallenstein, la tan afamada "Princesa de la Espada" y novata estrella de la Familia Loki.
Para cuando aquel brutal espectáculo finalizó, el joven albino se vio, súbitamente, cubierto de pies a cabezas por la sangre y órganos de la mancillada criatura, aunque, muy en lo profundo no pareció importarle, ya que lo único en lo que sus ojos se enfocaban era el aura de fuerza y belleza que emanaba la fémina que tenía justo al frente.
Al verla, todo lo que el abrumado Bell Cranel deseaba en ese instante, era escapar de aquella situación tan incómoda, al mismo, tiempo que deseaba retornar lo antes posible al gremio, para pedirle a su nueva asesora toda la información disponible sobre la persona que lo estaba haciendo sentir tan confuso y gracioso por dentro.
Pero, en lo que el novato se disponía a organizar su retirada, el exótico cubo rodó de entre sus dedos y haciendo un sonoro "click", éste comenzó a abrirse al entrar en contacto con el suelo.
Lo último que el albino experimentó, fue la sensación de ser envuelto por una extraña luz azulada y luego, el dolor de su cuerpo azotando contra la madera.
MIENTRAS TANTO, EN EL GREMIO.
- ¡En resumen! ¡Lo que hiciste no sólo fue irresponsable, sino que, además, resultó sumamente inapropiado para alguien que, ahora, ostenta el título de…
Para quien es lento y aún no lo deduce, si, la que me está regañando, actualmente, es Eina.
- Sin mencionar que toda la confianza que el Gremio se ha esforzado en construir durante todos estos largos años para con los aventureros se verá totalmente…
*Sigh*
Si, sabía que mi nueva supervisora me iba regañar por, técnicamente, hacer mi trabajo, me habría dedicado a traficar furros…
(Ya saben, la gente con orejas de gato, colas de zorro y… ya me entienden)
¿Cómo esta elfa puede comportarse tan maternal al conocerte y luego tratarte como el peor criminal en Orario si cometes una falta? ¿Es, acaso, bipolar? ¿Traumas cuando niña?
Por alguna razón, no quería hurgar en sus memorias y averiguarlo.
Suficiente melodrama tuve cuando me metí a los recuerdos de nuestra querida mujer lobo.
Para estas alturas, sólo estaba segura de una cosa… que si en algún momento, durante uno de los descansos, mi senpai se cuestionaba la razón de su soltería, juro por todas las criaturas del mar primigenio que, pondría este regaño en bucle y a todo volumen.
¡Están advertidos!
- Así que, en vista de todo lo que ha ocurrido, ¿Qué tienes que decir en tu defensa, Marina-san?
- Ehh… ¿ya me puedo ir a comer?
- ¡Grrrrrr!
La cara de la semi-elfa comenzó a tornarse rojo de furia.
- ¡¿SIQUIERA ME HAS ESTADO ESCUCHANDO ESTA ÚLTIMA MEDIA HORA?!
Ahí está el detalle senpai, ningún ser cuerdo soportaría tu verborragia por más de medio minuto. Yo lo he estado haciendo por 30… ininterrumpidos.
Merezco un reconocimiento, ¿no les parece?
Tal vez algo como "Nuevo logro desbloqueado: Sobrevivir al Gerente"
Me pregunto si me dejarían volverlo una placa… o tal vez, una camiseta…
Pero bueno, por el momento, es mejor que apacigüe a la Bella, si no quiero seguir lidiando con la Bestia…
- Lo hice, senpai y, honestamente, creo que estas exagerando el asunto…
- ¿¡EXAGERAR EL ASUNMMMMM!?
- ¿Ves? De eso hablo…– respondí cubriendo su boca con uno de mis guantes. Tienes que confiar más en tus compañeros. Después de todo, el chico quería ser un aventurero, ¿Qué hay de malo en que baje un par de pisos?
- ¡Pero era sólo un pequeño!
- ¿Y qué? – dije poniéndome seria. ¿Necesitaba acaso ser tan robusto como un Enano? O ¿Tener la complexión atlética de un hombre lobo? Te recuerdo, senpai, que uno de los guerreros más fuertes de aquí es Finn Deimne, también conocido como "Braver". ¿Sabes, acaso, cuánto mide el sujeto?
Eina retrocedió un poco no esperando que comenzara un debate.
- Ciento… veinte... centímetros, senpai. El anaquel en la oficina del señor Mardeel es más alto que eso.
- ¡No me estoy refiriendo a su altura! – protestó la pelicastaña, no dispuesta a dar el brazo a torcer. ¡Tu nuevo aventurero es un simple humano!
- Oh, en ese caso, ¿debo recordarle también a que raza pertenece? – agregué, haciendo mi mejor imitación de cierto abogado de traje azulado.
- Pues, ¿a la raza Pallum?
- Exacto, una de las razas más infravaloradas, no solo porque, en apariencia, son el sueño húmedo de cualquier Pastor de Iglesia, sino que, además, son considerados como aquellos con el peor potencial para el combate. Son chaparros, adorables y la presa favorita de los traficantes de esclavos. Y, aún así, teniendo todo en contra, mira a donde ha llegado con tan sólo su esfuerzo. Si bien el humano promedio no nace con desventajas, tampoco lo hace con ventajas. Es una raza neutra y una mucho mejor preparada que la de los Pallum.
- P-Pero su edad…
- ¡LA PRINCESA DE LA ESPADA TIENE 16, EINA! – respondí, destruyendo el último argumento que intentaba usar mi supervisora. ¡La jodida dueña del record al mayor crecimiento registrado de entre todos los novatos, sólo tiene 16… malditos… años! Y, según, rumores ha entrenado desde los 7.
Las orejas de mi compañera se curvaron en señal de tristeza.
- Entiendo que no quieras que más situaciones como las de Rose sigan ocurriendo, senpai. Es algo, realmente, trágico pero, maldición, ¡No eres nadie para decirle a otros como deben vivir! ¡Ni siquiera has querido asesorar aventureros por miedo a que mueran!
Al oír eso, Eina abrió los ojos de golpe.
- ¿C-Cómo...
- ¿Me enteré? Oigo rumores, senpai. Desde que llegué a este sitio, presto atención a todo lo que ocurre en mi entorno de trabajo. Y luego de haberte conocido y oído tu tan melancólica historia de fondo, siento ser yo la que tenga que decirte esto pero, ¡Necesitas superar esos condenados traumas que tienes! ¡La gente se muere tarde o temprano, senpai! ¿Sólo por eso dejarás de brindarles apoyo? ¡Es la justificación mas estúpida que he escuchado!
Si tuviera que catalogar la expresión que la elfa me estaba enseñando en lo que exteriorizaba mi disgusto, cualquiera podría pensar que la susodicha estaba teniendo un inesperado ataque cardiaco o que, quizás, algún familiar se le había muerto. O una combinación de ambos…
Una vez dicha mi parte, noté como sus pensamientos eran, ahora, un enorme lío.
Después de todo, Eina Tulle no era más que otra de ese conjunto de personas que habían sido víctimas de una realidad injusta desde edades tempranas. En su caso, esto la había ido llevando a desarrollar una actitud de matrona estricta para con aquellos que deseaba que no pasen por las mismas situaciones.
Truncando su madurez en el proceso.
Naturalmente, una persona comprensiva, se detendría a explicarle que su método de lidiar con las penas la estaba comenzando a volver en una persona demasiado tóxica para con su entorno y que, progresivamente, la orillaría al escrutinio social...
Si, definitivamente, alguien con la suficiente simpatía mental lo hubiese llevado a cabo...
…
…
¿Qué? ¿Pensaban que yo iba a ser ese individuo?
¡Despabilen, soquetes! ¡Soy la villana de este cuento, no su pinshe psicólogo!
Además, no es como si alguien con su sensatez fuera a ponerse a llorar en medio de...
- *Sob* Yo… *sob*
- ...
Ay, no es cierto...
- Creo, *Sob* creo que necesito salir a tomar aire. T-Te, te veo después.
Y dicho esto, la puerta de aquella estrecha habitación se cerró, dejándome a mí como la única ocupante del insonorizado cuarto.
...
...
*Sigh* Lo sé, lo sé, sé lo que están pensando… no es bueno hacer llorar a la waifu.
¿Pero que esperaban que hiciera? ¡La mujer es un hígado a veces!
Ya le compraré un regalo y me disculparé más adelante.
Todo lo que quiero, ahora, es sentarme y disfrutar mi almuer…
*¡BAM!*
- Zo…
Para mi desgracia, cierto aventurero primerizo decidió hacer acto de presencia, cayendo justo encima de la mesa para visitas en la que descansaba el bento que había comprado momentos antes…
- ¡Ahgg! ¿Dónde, dónde estoy? ¿Huh? ¿Marina-san?
- En una de las habitaciones privadas del gremio –contesté, intentando rescatar algo de mi arruinada comida de entre los escombros. Por cierto, sabes que tendré descontarte el coste de esa mesa y el de mi almuerzo, ¿no? Estas cajas del lejano oriente no son baratas, chico. A la próxima, intenta aterrizar como lo haría alguien decente… o, al menos, como lo haría un gato. ¿Y por qué estas cubierto de sangre y tripas?
Bell, por otro lado, ignoró el regaño, mientras miraba todo como si hubiese experimentado algún tipo de fallo en la matrix.
- P-Pero… ¿cómo? Yo, hace un momento... estaba en el calabozo y luego…
- ¿Desapareciste y reapareciste de un momento a otro?
- Pues… ¿sí? Eso fue, exactamente, lo que pasó.
Lentamente, levanté dos de mis dedos y sostuve el puente de mis anteojos, provocando que el brillo del sol se reflejara en los cristales.
- Souka… Parece que mi pequeño regalo tuvo éxito…
- ¿E-Eh?
- ¡Ja ja! ¡Yorokobe, shonen! ¡Porque eres la primera persona afortunada en probar, el máximo invento, el hechizo portátil - "Egress"!
(¡Patente pendiente!)
- ¿E…guressu…?
- Cómo lo oyes, es una magia de uso único que transporta a cualquier individuo a un punto geográfico específico en el que esté pensando, siempre y cuando lo haya visitado en ocasiones anteriores. Práctico, ¿eh?
Aquella revelación, no hizo más que dejar perplejo al joven aventurero. Con un artefacto de tal capacidad, cualquier persona podría escapar de los peligros. En su caso, sólo tendría que recordar y visualizar la Iglesia Abandonada, el actual hogar de su Diosa y el cubo lo llevaría hasta allí en un mero parpadeo.
Las posibilidades eran infinitas ya que volvían al objeto en algo sumamente va… valioso…
En ese momento, un súbito escalofrío invadió el cuerpo del albino.
Algo como eso tendría que haber sido forjado con materiales muy costosos y su querida kami-sama no era la persona más adinerada de Orario en ese momento. Involucrarla en una enorme deuda, después de todo lo que había hecho por su persona, sólo le generaría un indescriptible sentimiento de culpa.
Aun así, tenía que hacer la pregunta.
- E-Entonces, Marina-san, el cubo que me dio, ¿e-era, por casualidad…
- ¿Costoso? Naa, puedo conseguir más de ese metal cuando quiera…
- Ahh, que alivio…
- El hechizo por otro lado…
- *EEEEP*
- Mmm… no con ese tampoco hubo problema…
- Ahh, por favor, Marina-san no me asuste así.
- Jajajaja ¿qué? ¿Tienes problemas financieros, conejo?
El albino tan sólo bajo la cabeza y desvió la mirada.
- Y que si los tengo... – respondió este en voz baja.
- Oh vamos, no te pongas así, no es malo ser pobre. Ve el lado amable, al menos no vives en sitios abandonados…
*PUNCH*
- Comes sobras que nadie quiere…
*PUNCH*
- Ni usas todo el tiempo la misma prenda porque no se te ocurrió comprar ropa…
*PUNCH*
*TING TING TING* (Campanas de Boxeo)
Voz en Off: ¡Ya ya, está muerto!
- Peeero bueno, dejando eso de lado, ¿Qué te hizo venir directo conmigo? Pensé que usarías el cubo para ir, directamente, con tu Diosa.
En ese momento, el joven aventurero pareció volver en sí, de manera abrupta.
- ¡Es cierto! ¡Marina-san, por favor, necesito que me diga todo lo que sabe acerca de Ais Wallenstein!
- ¿La Princesa de la Espada? ¿Por qué?
- Bueno… es que… yo *blush*
Mmm… temperatura corporal ascendiendo, mejillas de un tono rojizo, ojos con mirada vidriosa…
Oh my… ¡GOODNESS!
El mocoso tiene un Crush.
O una gripe de Primavera, pero prefiero inclinarme por la primera opción.
- Así que… Ais Wallenstein, ¿eh? – dije caminando hacia el escritorio.
- Hai. ¡Onegai shimasu!
- Okay, okay, no tienes que hacer reverencias – respondí calmando al enamoradizo conejo. Ahora, veamos... Ais Wallenstein... pensé. Pues... es bien sabido que es una de las hijas más preciadas de la Diosa Loki, de hecho, creo que es su consentida. También, es la actual dueña del record por haber llegado al nivel 2 en el menor tiempo posible. Su arma principal es una espada tipo rapier y además…
- ¡No, no, no Marina-san! ¡No quiero ese tipo de información!
- ¿Entonces?
- Preferiría algo más… personal. Como su comida favorita o… si ella…
- ¿Está soltera? – completé con una mueca traviesa.
- ¡SI, EN ESPECIAL ESO!
No pude evitar rodar los ojos ante lo poco sutil que estaba siendo el chiquillo.
Quién iba a decir que el niño cabeza de algodón se iba a enamorar de la única aventurera en Orario con la madurez emocional de un palo de escoba.
Lo digo en serio, esa muchacha podrá ser todo lo atractiva que quisiera pero, intentar sacarle una sonrisa era más complicado que tener relaciones sexuales con un Alto Elfo.
Créanme ya intenté ambas… *wink*
Pero, bueno, con tal de que el mocoso esté contento...
- Si te alegra el humor… por lo que me he podido enterar, ella no está viendo a nadie actualmente. Su comida favorita son unos bocadillos fritos llamados Jagamarus y…
- ¿¡Y!?
- Y no tienes ninguna posibilidad de que se fije en ti.
Bell cayó al suelo como un saco de papas, al oírme decir la última línea.
- ¿P-Por qué?
- Piénsatelo un poco, campanito. Ella es Nivel 4, tú solo eres Nivel 1, sin mencionar que es parte de la familia de una de las Diosas más perver- digo posesivas en cuanto a mujeres hermosas se refiere. Antes que pudieses siquiera acercarte, Loki convertiría tus huesos en paté.
- Ohh…
- Pero…
- ¿Mmm?
- Si es taaaan importante para tí el conquistarla, conozco una manera para que captes su atención – dije de manera ominosa.
- ¿Cuál es? ¡Dígame, por favor!
- Basándome en las pocas interacciones que tuve con ella, (y obviando el odio irracional que siente hacia todo lo aquello que involucre a los monstruos del laberinto), la joven Wallenstein parece mostrarse muy interesada en individuos que demuestran... digamos... un cierto nivel de fuerza…
Lo sé, aún recuerdo cuando se me quedó mirando, fijamente, una vez que me la crucé en el Gremio.
La mocosa ni siquiera respondió a mis chistes y se mostró bastante perturbada por mi "inofensiva" presencia, lo cual me llevó, por instinto, a hurgar en su mente.
Mis descubrimientos fueron bastante interesantes...
Esa chica posee, algo así, como un sexto sentido para detectar el poder en las personas, además de una vendetta muy personal contra todo ser que la mazmorra spawnea.
Y como al notarme, recibió señales bastante contradictorias, decidió no fiarse y responder de manera pasivo-agresiva.
Incluso, pasó casi toda una semana viniendo a este lugar intentando saber más de mi persona, hasta que mis compañeros tuvieron que pedirle que se detuviera y que no era propio de una heroína en potencia como ella.
Ese incidente llevó a que tuviesen que reevaluar mis antecedentes.
Naturalmente, no hallaron nada.
Sólo la elaborada mentira de que era yo una viajera exploradora.
Aun así, aquel suceso me llevó a concluir que la bella rubia no era mas que un ser, mentalmente inestable y emocionalmente quebrado.
- Así que todo lo que tendrías que hacer es, pues... volverte fuerte en un lapso corto de tiempo. Tan fuerte que no tendrá más opción que acercarse a ti para que le compartas tus métodos. Aunque claro, es más fácil decirlo que hacerlo puesto que...
- ¡ENTIENDO!
- ¿Huh?
- Intentas decirme que la mejor manera de lograr que me acepte es partirme el alma en el calabozo...
- Yo nunca dije e…
- Gracias, Marina-san, eres lo máximo - respondió el chico dándose la vuelta. Si me apresuro... creo que aún puedo farmear un par de...
- Un momentito – exclamé, jalándolo del cuello de su chamarra y evitando su escape. Aún nos queda otro asunto…
- ¿Uh? ¿Asunto...?
Con una mueca terrorífica, señalé los vestigios de comida que yacían junto a la mesa destruida, producto de la caída de mi cliente.
- Arruinaste mi almuerzo, chico y nadie, repito ¡NADIE! ¡SE METE ENTRE MI COMIDA Y YO! Ni siquiera tú, conejito atolondrado…
- Y-Yo…
- Por lo que, para compensarme… me vas a invitar a comer digamos… mañana en la noche.
- P-Pero yo…
- ¡VAS A HACERLO! – insistí. O prefieres que te cobre también el costo de la mesa que rompiste y los sillones que ensuciaste con tu vistoso acto de aparición, ¿mmm? ¿Quieres eso, Beru-chan?
- N-N-No…
- Entonces, está decidido – solté, dándole una fuerte palmada en la espalda que casi le quita el aire. Te estaré esperando al acabar mi turno, en la entrada del gremio. Y no intentes ocultarte… - dije cambiando a una voz distorsionada y diabólica. No tiendo a ser yo cuando tengo hambre… y créeme, no querrás ver mi lado feo…
Por alguna razón, Bell sintió que, si no salía de esa habitación en ese momento, iba a conocer el infierno.
- ¡H-Haiiiiii!
Marina sólo se hecho a reír en cuanto vio a su aterrado cliente salir eyectado del cuarto a toda prisa. No fue su intención asustar de muerte al pequeño pero… la comida era algo sagrado para ella y como uno de sus tantos apodos era el de "Gran Devorador", no iba perderse la oportunidad de obtener una cena gratuita.
- Bien, me alegra que eso haya terminado, ahora, si me disculpan, tengo un corazón roto que enmendar… pero antes... arreglemos este desastre.
UN DISEÑO DE INTERIORES MAS TARDE...
Comencé a recorrer la galería del Gremio buscando a la testaruda semi-elfa más, me sorprendí al no hallar su figura por ningún sector del complejo.
Oh vamos, ¿Dónde rayos está Eina? ¡No es como si hubiese 30 elfos en este sitio! ¡Alguien con su fisionomía debería resaltar!
Afortunadamente para mí, Misha Flott, otra de mis compañeras de trabajo y mejor amiga de mi objetivo estaba en la zona.
- ¡Hey, Misha-senpai!
- ¡Oh, Mari-chan! ¿Qué pasa?
- Estoy buscando a Eina-senpai, ¿la has visto?
La pelirosada se llevó un dedo al mentón.
- Mmm… ahora que lo dices… creo que la vi salir por la puerta de atrás hace ya varios…
- Gracias – respondí, partiendo rumbo al lugar indicado, sin darle tiempo a mi colega de acabar la frase, después de todo, pude leer el resto, directamente, de su psiquis.
No tenía tiempo que perder.
El sol casi se ocultaba y no había señal alguna de mi supervisora.
Diablos, Eina, ¿a dónde te fuiste…?
Mientras tanto en un callejón alejado del gremio, la susodicha fémina, se hallaba derramando silenciosas lágrimas mientras meditaba las palabras que le había dicho su compañera.
- Quizá, ella tiene razón… - se dijo. Quizá, tenga que…
- ¿Oia? ¿Qué tenemos aquí? – exclamó de repente una voz masculina al final del pasadizo.
- Pero si es una bonita elfa, chicos. – agregó otro. Oye, lindura, ¿qué estás haciendo aquí sola?
El tercero de los matones dio unos pasos en dirección a la pelicastaña, logrando verla más de cerca.
- Esperen un segundo, ¿Qué no es la sexy elfa que trabaja para el Gremio?
- Ahora que lo dices… ¡si, es ella! ¡A esto es a lo que llamo suerte!
- See, seremos los afortunados de desflorarla antes que cualquiera. Jajajaja.
Al oír aquello último, Eina se tensó. En su huida, no notó que se había metido en un sitio bastante peligroso y remoto. Ni siquiera había informado a alguien donde iba. Estaba sola. Sola a merced de aquellos rufianes.
Pero no se rendiría sin dar pelea.
Reuniendo coraje, la asesora se colocó en guardia, lo que sólo incrementó la risa de sus acosadores.
- Mírenla, cree que puede contra nosotros – rio el más alto del trío.
- No sabes con quien te metes, perra. Todos aquí estamos a meros pasos de alcanzar el Nivel 2. ¿Crees que un poco de valor va a salvarte?
- Será mejor que te entregues por las buenas, nadie de aquí, moverá un dedo.
Y, para la desgracia de la joven no humana, el extraño estaba en lo cierto.
En Orario, no existía el sentido común de ayudar a otros. Todos velaban por sus propios méritos.
Algunas familias incluso podían llegar a eliminar a otras o hasta abusar de ellas, si lograban vencerlas.
La ciudad laberinto era diversa y rica en cultura, pero a la vez era oscura, cruel y apática para aquellos que viajaban en solitario.
Eina, le dio un último vistazo a la entrada del pasillo.
Nadie, absolutamente, nadie volteaba siquiera para ver que había dentro.
Y eso, le provocó un nudo en su estómago.
En su desesperación, había olvidado una regla vital, nunca deambular sola en zonas aisladas.
No tenía escapatoria.
La mestiza intentó su último recurso, un grito.
Pero, su boca se vio, violentamente bloqueada por una mano enguantada.
- ¡Mmmm!
- Oto… parece que alguien está impaciente. Si tanto quieres gritar, Ojo-chan, dentro de poco, cumpliremos tu deseo – sentenció el más corpulento de los asaltantes, dando señas a sus camaradas para que despojaran a la víctima de su vestimenta.
Lágrimas amargas comenzaron a brotar por las mejillas de la asesora, mientras un velludo brazo se acercaba hacia su pecho, lenta y amenazadoramente.
Si tan sólo no hubiese…
*Swoosh*
- ¿Uh?
De repente, y sin razón aparente, el trío de matones cayó al suelo, completamente inconscientes.
Eina, se hizo para atrás, asustada.
¿Quién podría haber…?
- Oi… ¡Eina-senpai!
La elfa reconoció el tono en el acto.
Esa voz era de…
- ¡Mitsuketa! – dijo, repentinamente, su alocada compañera, mientras colgaba de un extraño "alambre" pero de cabeza, al mejor estilo de cierto héroe arácnido.
- ¿Ma… Marina-san?
- ¿A quién esperabas? ¿A Batman?
- ¿Huh? ¿Bat...man?
- Olvídalo. Ya asumí que nadie aquí es gente de cultura. Como sea, ¿Qué crees que haces, sola, en medio de un callejón lejano? ¿Sabes lo que me tarde en encontrarte? Pensé que eras la sensata, senpai.
La pelicastaña bajó la cabeza apenada, sobando su brazo.
- Gomenasai… yo sólo… es que...
*Sigh* Supongo que tendré que hacer eso…
¡Esta va por ustedes, chicos! Disfrútenlo, porque no volverá a pasar… ¡jamás!
Sin perder tiempo, di un pequeño salto y envolví a la perturbada joven de puntiagudas orejas en un fuerte abrazo.
- ¿Eh, Marina-san?
- Me disculpo, senpai- dije en el tono mas suave posible. No era mi intención causarte éstos problemas. No hay razón válida que justifique mi conducta de antes. No debí decirte esas cosas. Espero puedas perdonarme.
La medio-elfa rompió el gesto y sujetó mis hombros.
- No no no, Marina-san, no tienes por qué - dijo un poco abrumada. Después de todo… tus palabras no pudieron ser más acertadas.
- ¡Aún si tengo razón, no significa que esté en lo cierto! – exclamé, separándome de mi confundida compañera.
- ¿Huh?
- *Sigh* Tranquila, no lo entenderías- agregué sirviendo de apoyo para que ambas nos pusiéramos de pie. ¿Qué tal si volvemos mejor al Gremio? Deben estar preocupados y no quiero que se me junte el papeleo.
- ¡Ah! ¡Es cierto! –exclamó Eina, recordando que en su estado, había abandonado sus deberes. ¡Me fui por demasiado tiempo! ¡Hay que regresar ya mismo!
*Giggles* Clásica Eina.
- No tema, mi lady, su transporte está aquí – pronuncié, cargando a mi supervisora como si fuera una princesa.
- ¡¿Hueee?! ¡M-M-Marina-san, bájeme en este instante! – protestó la misma con la cara hecha un tomate.
- Jaja, ni hablar, senpai, es tu castigo por huir sin avisar y hacerme buscar como loca. Ahora sé una buena chica y toléralo. Si te quejas, comenzaré a hacer ruidos de caballo todo el camino.
Avergonzada, la pelicastaña tan sólo agachó la cabeza y se dejó cargar, ignorando las múltiples miradas y comentarios que ambas recibíamos durante el trayecto.
Llegado un punto del camino, no pude evitar sentir una familiar sensación que no había percibido desde mi arribo a Orario: La de un par de penetrantes ojos monitoreando cada uno de mis movimientos.
Parece que mi acosar de aquella vez ha vuelto- pensé. Me tendré que encargar tarde o temprano...
Ya devuelta en el gremio, a pocos centímetros de la entrada, coloqué a mi sonrojada superior en el suelo y procedí a arreglar mi uniforme.
- Bien, aquí estamos, senpai, hogar dulce gremio. Gracias por viajar, en el expreso Ad Astræ.
Pero antes que pudiese ingresar al complejo, sentí un tirón en mi manga.
- ¿Mmm? ¿Senpai?
- Marina-san… aquellos hombres que noqueaste… ellos eran…
-...
- ¿Quién eres, realmente, Marina-san? ¿Cómo es que fuiste capaz de derribar a 3 experimentados aventureros de nivel 1?
- ¿Esos tres, experimentados? - respondí en tono de burla. Juraría que no serían capaces ni de vencer a un pobre enferm...
- ¡Respóndeme, por favor!
La súbita insistencia de mi compañera fue recompensada con un incómodo silencio de mi parte y una mirada impasible.
- Prometiste que me contarías algo sobre ti, ¿recuerdas? O... simplemente, fue una mentira para molestarm...
*Poke*
Repentinamente, la medio elfa sintió dos suaves dedos golpear su frente.
(Momento Itachi)
- Algún día, esa sed de respuestas va a meterte en un gran lío... Eina - dije con una sonrisa.
Mas la pelicastaña no iba a rendirse.
- Marina-san, eres o fuiste... *gulp* de casualidad... una...
- ¿Aventurera? ¿Mercenaria? ¿Asesina? ¿o combinación de las mismas?
Podía percibir el miedo formarse en su psiquis...
- Naa, descuida. No tengo lo necesario para ser nada de eso.
- Entonces... ¿t-t-tu fuerza...?
- Digamos que, nací con ella- expliqué. Soy fuerte, Eina, ¿es algo tan raro? Si, me gusta hacer travesuras y flojear de vez en cuando como a cualquiera pero, odiaría ser perseguida por un montón de locos si se enterasen de que puedo patearle el trasero a la mitad de sus familias sin siquiera poseer una Falna...
- ¡¿NUNCA TUVISTE UNA...MMMM!?
- Si si, ninguna deidad me bendijo en lo que llevo de existencia, no lo tienes que gritar - contesté cubriendo su boca, antes de que hiciera OTRA de sus escenas.
Para cuando la impresión de mi declaración se enfrió, la muchacha volvió a dirigirme la palabra...
- Entonces, Marina-san, ¿Qué piensas hacer ahora?
- A decir verdad... mi único deseo, por el momento, es mantener mi rutina de siempre. Mi estadía en el Gremio es divertida, de cierto modo. Se que no podré mantener el secreto de quién soy por mucho tiempo pero, al menos, si debo revelarme a todos llegado un punto, prefiero que sea bajo mis propios términos. Hasta que ese día arribe, guarda silencio y sigue cuidando de mi, bonita y algo irritante, Sen...pai - finalicé con una sonrisa, cosa que sorprendió, por completo, a la semi-elfa.
- Wakarimashita... agregó ésta, aún algo insegura de lo acontecido. Si es lo que quieres, y en agradecimiento por haberme salvado, no hablaré de lo que transcurrió en este día. Te doy mi palabra.
- Yay, eres tan linda cuando estás nerviosa, Eina. ¡Te quiero! - clamé, volviendo a aprisionar a la chica en un abrazo.
- Eh... *Blush* ¡¿EHHHHHHH?!
- Ahora, volvamos- dije colocando una mano sobre el picaporte. Todavía tenemos que completar varios documentos y soportar el sermón que nos dará Rehmer por haber huido en horas de trabajo. Su cara de enojo es un espectáculo, ya lo verás, Senpai.
Mi compañera tan sólo se quedó unos momentos, allí, de pie, registrando mis respuesta con un atisbo de sonrojo en sus mejillas en lo que me veía ingresar sin preocupación alguna.
Definitivamente, algo andaba muy mal con la Kouhai que le habían dejado a cargo...
TARDE ESA NOCHE - EN LAS ALCANTARILLAS…
- Ahh… ¡que agotador! – exclamé, en lo que me arrojaba a la suavidad de mi humilde cama dentro de la pequeña "habitación" que había improvisado en lo profundo de las cloacas. Si hubiera sabido que terminaría con el típico cliché de waifu a punto de perder su pureza a manos de un par de NPCs, habría pensado mejor las cosas. Pero bueno… al menos todo terminó bien…
Aunque acabé mostrándole a Eina una porción de mis poderes cuando noqueé a esos tres...
*Sigh* Que lata...
Supongo que, para este punto, toda acción que tome, implicará un cambio de alguna u otra manera en la continuidad de esta línea.
Lo que me lleva a preguntarme... ¿Qué tanto puedo alterar sin tirar todo abajo?
Mmm...
Motivada, decidí hurgar en mi bolsa de viaje, buscando el objeto que arrojaría un poco de luz al panorama.
- Artefacto de Regulación Cuántica.
Un aparato capaz de monitorear el nivel de estabilidad de la línea.
- Al parecer no hay anomalías...
Eso quiere decir que mis decisiones hasta el momento han sido las correctas.
O al menos, las menos dañinas...
Lo que me recuerda…
Mi atención pasó, ahora, al cilindro de mediano tamaño que yacía, resguardado, en una esquina del cuarto.
Dentro, se hallaba una persona, una de tez pálida y largos cabellos dorados.
- Aún tengo el Alma de esa mujer que apareció después de matar al Dragón Negro.
Me pregunto... ¿Qué debería de hacer con ella?
