¡SANTOS RETRASOS! ¡QUÉ LARGO ESTUVO ESTO! PARA COLMO TUVE QUE DIVIDIR LA IDEA PORQUE SINO TENDRÍA UN CAPÍTULO COMO DE 15MIL PALABRAS Y NO TERMINABA MAS.
PERO BUENO, EL BUG SE ARREGLÓ Y AL FIN PUEDO CHECKEAR LAS VISITAS.
FELIZ AÑO NUEVO ATRASADO, REYES, VIERNES SANTO O LO QUE SEA QUE HAYA EN ESTE MES SI ES QUE ME TARDO MÁS EN ACTUALIZAR XD
GREMIO – SALA INSONORIZADA
- Así que… como mis estadísticas aumentaron por mis batallas recientes, pensé en venir a solicitar tu autorización para bajar un par de pisos extras- expresó el niño conejo, en lo que le echaba un vistazo al enorme tatuaje rúnico que yacía en su espalda.
- Ajá…
- ¡Nada muy extremo, desde luego! Con bajar uno o dos pisos cuanto mucho, sería suficiente.
- Mhmm…
- Además, me ayudaría en mi objetivo de estar más cerca de alcanzar a la señorita Wallenstein.
- Si... ajá…
- ¡Marina-san! ¿Me está escuchando?
De un momento a otro retiré un pequeño par de objetos alojado en mis conductos auditivos.
- Oh, disculpa, tenía puestos estos tapones, ¿me estabas diciendo...?
Bell: *Se cae*
Audiencia: *También se cae*
- Marina-san… ¿por qué lleva esas cosas en los oídos?
- Dos palabras, chico- contesté en lo que me acomodaba de vuelta en mi escritorio: "Recursos. Humanos."
- ¿Huh?
- Olvídalo, analicemos mejor tu problema… dices que el quinto piso ya no te da resultados y quieres ir más abajo.
- Bueno, estaba pensando que yo… espere… ¿¡ME ESTABA ESCUCHANDO TODO ESTE TIEMPO!?
- ¿Quieres que te responda la pregunta o quieres que te deje ir más abajo…?
- ¡HAI! ¡POR FAVOR, PERMITAME BAJAR MAS PISOS! – exclamó el pequeño con una reverencia.
Eres alguien muy fácil, conejo…
- Por desgracia… tengo malas noticias para ti, chico.
- ¿Huh? ¿Por qué…? ¿Hice algo indebido?
No, de hecho, todo esto es en parte mi culpa…
Y de senpai.
¡Te maldigo, estúpida y sexy senpai!
- *Sigh* Nada de eso. Verás, fui yo la que metí la pata después de todo – dije desviando mi atención hacia la ventana del cuarto. ¿Recuerdas la Monster Feria de hace unos días?
- ¿S-Sí?
- Pues… digamos que… me acabé "escapando" de ella, o más bien de los deberes que debía cumplir en ella- confesé.
- ¿Deberes…?
- Me asignaron junto a dos de mis colegas para servir como guías para las personas que visitasen Orario para disfrutar del evento y… bueno… luego pasó el asunto con los Monstruos atacando la plaza y después, todo se fue al diablo y… mira… el punto es que dejé mi puesto, ¿ok? y mi supervisora me regañó por eso. Ahora, estoy forzada a seguir sus estúpidas reglas al pie de la letra, si es que quiero volver a "ganarme" su confianza.
Todo pudo haberse resuelto pacíficamente con un poco de papeleo extra pero… noooooo…
Al día siguiente, mi estúpida y sexy senpai creyó que aquel castigo no era suficiente y pidió que me aplicaran un correctivo.
¿A la tal Rose se le pueden morir aventureros cada domingo pero yo dejo el trabajo por una tarde y soy el mismísimo Mephistopheles?
Ya me vengaré de ti, después, Eina…
Ahora…
- ¿Eso… no suena tan malo…? – dijo Bell notando mi actitud de caída, cosa que me hizo voltearme a verlo.
- ¿Crees que no?
Dicho esto, procedí, entonces, a sacar un pequeño cuaderno desde dentro de uno de los tantos cajones del escritorio.
- "Manual del Asesor Responsable: ¿Una Breve guía de como aconsejar aventureros que aspiran enfrentar el Calabozo"? Uh… ¿Qué es esto, Marina-san? – preguntó Bell confundido.
- Eso es lo que pasa cuando pierdes la confianza de tu supervisor, la cual es una semi-elfa soltera, con demasiado tiempo libre en sus manos y un miedo atroz al sentimiento de duelo y pérdida.
- O-Kay… pero… ¿cómo afecta esto a mi pregunta de antes?
Sin siquiera voltearme, abrí el disque manual antes mencionado con un fuerte un zape y señalé una página.
- Regla 6, subsección 3 del Manual de Eina Tulle para lograr llevar una buena asesoría y cito: "Se recomienda, estrictamente, que todo aventurero de Nivel 1, no vaya más allá del quinto piso. Y… ya. Eso es todo.
Vaya desperdicio de sección…
- ¿¡Eeeh!? P-P-Pero ¡Eso quiere decir que tendré que seguir cazando en los primeros pisos! Así no podré alcanzar nunca a la señorita Aiz. ¿No puede hacer algo, Marina-san?
- Lo siento, niño pero estoy…
- *Whimper* *Sad Rabbit Noises*
*Sigh*
Ya qué…
- Supongo que debe de haber algo aquí a lo que podamos sacarle provecho… - respondí hojeando las otras páginas.
- ¡Arigato, Marina-san! ¡eres la mejor!
- Si si…
Ahora veamos…
Aventureros…
Nivel…
Equipo…
Un momento… esto me da una idea para vengarme de la señorita Reglamento y, además, acelerar el progreso del niño.
- ¡Ajá! – exclamé. Aquí puede que haya algo…
- ¿Qué es? ¿Qué encontró? – clamó el albino intentando leer el pasaje, más se lo impedí cerrando el libro en sus narices.
- Ah ah ah, alto ahí conejito curioso. Tu deja todo en las confiables manos de tu asesora, que soy yo. Me encargaré del asunto.
- P-Pero, ¿qué hay del Calabozo?
- Tu tranquilo – expresé, palmeando su cabeza. Dame 2 días y, en cuanto menos te lo esperes, estarás explorando los oscuros y fríos rincones del piso 7 y más.
- ¿Y más…?
*Inserte imagen mental de Bell blandiendo una espada en llamas, con el torso desnudo, su cabello, ahora largo, ondeando en el viento y Aiz Wallenstein abrazada a una de sus piernas con rostro de enamorada*
- *Blush* Siiii…
…
…
- A veces me preocupas, niño… pero bueno, por el momento, no hagas nada temerario- expliqué, en lo que empujaba al campanito fuera de la sala. Sólo mantente dentro de los límites del quinto piso hasta que te comunique las noticias. Ahora, vete. Tengo cosas que debo terminar…
- ¡De acuerdo Marina-san, nos veremos en dos…!
*BLAM* (Portazo)
- Días…
Marina: - Bien… hora de la fase dos… jeje…
MOSTRADOR DEL GREMIO
- Tengan un buen día, chicas y recuerden, manténganse en los pisos inferiores. No es bueno buscar una aventura.
- Lo sabemos, señorita Eina.
- Tendremos cuidado.
Para cuando el dúo de aventureras dejó el establecimiento, la semi-elfa suspiró más relajada, no sin antes notar a cierto joven de cabello blanquecino, que abandonaba el sector de las salas privadas y se dirigía hacia la salida con una sonrisa.
Ahí va ese muchacho… dijo ésta. El primer aventurero que Marina-san aceptó bajo su ala. Si no me equivoco, creo que su nombre era… - la asesora procedió, entonces, a hojear una de las listas.
Bell Cranel.
El chico que venció al Silverback durante la estampida de monstruos…
No lo entiendo…
¿Cómo alguien como Marina logró sacar a relucir el potencial de aquel…?
- ¡Yoh, Eina! - dijo, de repente, una voz a sus espaldas, que no podía pertenecer a otra que a cierta pelirosada.
- ¿Uh? Oh, eres tú Misha, ¿qué ocurre?
- Eso debería preguntarte yo. Te quedaste mirando a la nada por un instante. Podrá ser que… ¿estabas fijándote en algún apuesto aventurero? – se mofó la asesora.
- ¿Eh? Nononono, nada de eso – respondió la elfa, un tanto avergonzada. Sólo pensaba en…
- ¿En Mari-chan? *Smirk*
En ese instante, el ceño de la fémina de orejas puntiagudas se frunció en señal de molestia.
Misha, al ver que su intento de burla, pareció lograr el efecto contrario, decidió, entonces… redoblar la apuesta…
Narrador: *Leyendo* ¿Qué…?
Audiencia: ¿¡Cómo!?
- Acaso… ¿tuvieron una pelea de pareja?
De un momento a otro, su mejor amiga comenzó a teñirse de rojo… pero no de la vergüenza…
Narrador: *Arroja el libreto* Sep, ya valió…
- Marina-san y yo… ¡NO ESTAMOS SALIENDOOOO! – gritó la pelicastaña, de repente, generando una onda expansiva que llamó la atención de, prácticamente, todos en el complejo.
La pequeña pelirosa tan sólo trago saliva ante la inesperada reacción de su colega.
Había visto a Eina furiosa antes pero nunca a un nivel tan destructivo.
Quizás, y sólo quizás, ¿sus bromas estaban llegando demasiado lejos…?
- *HUFF* *HUFF*
- Creeeeoo que es hora de una charla privada entre compañeras- dijo la muchacha arrastrando a la semi-elfa a un sitio menos concurrido, para ya no causar más pánico.
Una vez que ambas se ubicaron dentro de una de las salas del sector privado, Misha tomó la palabra.
- Entonces… para estar seguras… ¿No hay nada nada nada entre ustedes…?
La respuesta fue una mirada tan gélida por parte de la elfa que haría temer hasta al mismísimo Hades.
- Okay okay, entiendo, no haré mas comentarios al respecto, rayos.
- ¡Hmm! ¡Gracias!
- Pero aún quiero saber el por qué de tu reacción de antes, Eina. Algo te aqueja, te conozco.
Ante la súbita deducción de su fiel amiga, la testaruda pelicastaña optó por soltarse y confesar su dilema.
- Mmm, ¿así que crees que Mari-chan es irresponsable con su trabajo?
- ¡Estoy segura!
Misha suspiró.
Maldecía el día en que su sensible compañera de escuela acabó convirtiéndose en una obsesiva para con su visión de lo que debía ser un supervisor de aventureros.
- ¡Nunca sé qué rayos pasa por su cabeza! ¡El otro día, su aventurero casi perece por culpa de un Silverback y lo recibió como si no hubiese pasado nada! ¡Incluso llegó a felicitarlo por su nuevo y merecido "logro"! ¡No es la forma en que debería comportarse una asesora de nuestro Gremio! No sé cómo Royman pensó que sería buena idea darle el puesto sin estar capacitada… ahhh, ¿por qué tuvo que tocarme una Kouhai tan poco confiable?
Son tal para cual…
- ¡Además…! Además…
La pelirosa notó como, lentamente, la cara de su amiga se tornaba roja.
- ¿Por qué… siempre soy yo el blanco de sus flirteos? ¿Por qué es que lo hace…?
Misha se quedó estática al oír esas palabras.
Acaso… acaso Eina…
…
Naaaaa…
- Oh vamos, no es para tanto – dijo la pelirosa, con su usual tono despreocupado. Sabes bien que eres alguien codiciada, Eina.
- ¿Eh? ¿Codiciada? ¿Yo?
- ¿Ya olvidaste como todo hombre aquí, intentó invitarte a salir al menos una vez?
- No creo que fuera para tanto… yo…
- ¿Y a todos a esos aventureros que trataban de cortejarte, rogando que fueras tú, quien los asesorase?
- Bueno… tal vez… hubo algunos que…
- *Cough* Dormul y Lovis *cough*
Al oír esos nombres, la joven semi-elfa sintió un escalofrío.
Puesto que correspondían con los de un par de aventureros que eran un tanto (demasiado) vocales en sus intentos de conquista.
Utilizando cada ocasión posible para lograr una reacción positiva de parte suya.
Al principio, eran halagos, más pronto, escalaron en una rivalidad campal entre ambos guerreros, culminando con la decisión de rechazarlos a los dos, por el bien de la calma y tranquilidad de todos en el predio.
Desde aquel incidente, Eina se había mostrado reacia a todo tipo de acercamiento romántico masculino.
- Por favor, no me lo recuerdes…
- Pero prueba el punto al que quiero llegar. Tienes la belleza, Eina, pero jamás has intentado acercarte a ninguno de los apuestos hombres que cruzan por tu campo de visión todos los días- reclamó Misha, masajeándose la sien por unos segundos. A estas alturas, ya me llevas a pensar que quizás eres de la que, secretamente, desean "afecto" femenino en sus vidas…
La semi-elfa comprendió, al instante, la referencia y protestó sonrojada.
- ¡No! ¡No soy de ese tipo de personas!
- ¿Seguuura…?
- ¡ESTOY MUY SEGURA!
- Bieeeen, no me queda otra más que tener que confiar en tus palabras…
- ¡¿Q-Que rayos quieres decir con…?!
- ¡Oh! ¡Con que aquí estaban! – exclamó, de repente, una voz familiar que sacó a ambas asesoras de su charla.
Frente a ellas no estaba otra que el mismo diablo en persona, Marina Ad Astræ.
- ¡Hai! Mari-chan, ¿necesitas la habitación para algo? – preguntó Misha, recuperando el tono jocoso.
- De hecho, venía a preguntarle a Senpai si querría acompañarme en un viaje de compras, mañana a la Torre Babel.
El silencio sepulcral que acompañó a aquel mensaje, pondría celoso al vacío del espacio.
- Acaso… tú…
- Ella acaba de…
…
…
…
- ¿EHHHHHHHHHHHHH?
- Oi oi, ¿por qué gritan? – protestó Marina, cubriéndose los tímpanos. ¿Dije algo malo?
Ambas asesoras hicieron lo posible por tranquilizar sus nervios, sobre todo la semi-elfa de cabello castaño, quien estaba hecha un lío.
- ¿M-M-Mari-chan? ¿Por qué quieres que sen- digo Eina te acompañe, exactamente?
- ¿Mmm? Es que deseo ver la calidad de los equipamientos para aventureros que ofrece la torre. Le pregunté a Rehmer y me dijo que Senpai era la persona más calificada en ese departamento.
Eina y Misha: (¡Rehmer…!)
- Entonces, ¿me acompañarías, Eina-senpai?
La pelicastaña no se mostraba muy segura que digamos.
- Este… n-no creo poder, es que… t-tengo mucho trabajo mañana. ¡Sí!
- ¿Qué no era tu día libre? – preguntó "inocentemente", Misha ganándose otra mirada gélida por parte de su amiga.
- No. Ayudas.
En lo que el par de compañeras discutía en voz alta, Marina, por su parte, estaba disfrutando cada segundo de los tormentosos pensamientos de su supervisora.
Irónicamente, la idea de llevar a Eina a una cita se la había pensado, segundos después de haber puesto un pie en aquella sala.
Su plan original era el de mostrarle a su senpai que podía ser responsable, al mismo tiempo que lo usaba de excusa para buscarle una armadura decente al mocoso y, tal vez, un soporte pero, luego de hurgar en los recuerdos de las dos y ver que su supervisora estaba hablando de ella, decidió que hacerlo sonar como una invitación "romántica" sería la opción más divertida.
¡Los malentendidos me dan años de vida!
- ¡Está bien, está bien, iré! – declaró la estricta semi-elfa, intentando salir de esa situación tan vergonzosa. PERO…
Sólo para apuntarle a su Kouhai con el dedo índice, segundos más tarde.
- Debes prometer que no harás tonterías.
- Uh… ¿Tonterías, senpai?
- Nada de burlas sobre mi vida privada, nada de comentarios con doble sentido y, SOBRE TODO, NADA de actos de desaparición como aquel durante la Monster Feria. Quiero que actúes como alguien mas acorde a tu puesto.
Inesperadamente, la más ofendida por aquella petición acabó siendo Misha.
- ¡Eina! ¿No estás siendo muy exigente? Básicamente, esperas que Mari-chan actúe como alguien que…. Pues… NO es Mari-chan.
- Exacto – respondió la susodicha. Si quiere que acceda, debe comportarse como alguien completamente diferente.
Con que… diferente, ¿eh?
Oh, esta no la verás venir… senpai
- De acuerdo, acepto – se oyó a decir a la joven albina de anteojos con una sonrisa.
- ¿Mari-chan?
- Si eso es lo que se necesita para ganarme la confianza de mi superior, entonces, lo haré. Es mi forma de demostrar que estimo a Eina-senpai y que valoro su opinión al respecto.
Ambas asesoras no esperaron tal acto de sinceridad desbordante.
La elfa, una vez más, tenía un sonrojo en sus mejillas, mientras, la humana pelirosa mantenía su traviesa y altanera sonrisa.
- Nos reuniremos frente a la fuente que está en la plaza. A las 9 en punto. Una vez más, gracias por acceder a mi petición, senpai. La esperaré con ansias -dijo la novata, dirigiéndose a la entrada y dejando a sus colaboradoras solas y más que abrumadas.
Para cuando, el dúo volvió a estar solas, Misha miró a Eina con una mueca que prometía problemas…
- ¿Sabes…? Para alguien que dice estar interesada sólo en hombres, acabas de aceptar una cita con una mujer jajajaja *BAM* ¡Ugh!
Sólo para recibir un potente golpe en el cráneo que la mandó en un vuelo directo al mundo de los sueños.
- *Sigh* En qué me acabo de meter…
AL DIA SIGUIENTE…
- ¿No será excesivo…?- murmuró la semi-elfa, posando frente al espejo de su alcoba, en lo que "admiraba" el atuendo que usaría para su "cita".
Por un momento, había considerado mandar todo al diablo y, simplemente, asistir con su uniforme regular del Gremio más, Misha, insistió en que, al menos, por una vez, sacara a relucir sus encantos femeninos.
El conjunto que llevaba puesto era prueba de ello: Una bella camisa color perla que dejaba ver algo de escote, una falda rojiza que acentuaba sus caderas y un par de medias largas.
Al verse una vez más en el reflejo, Eina no pudo evitar sentir vergüenza.
- Se supone que la acompaño a Babel, ¿por qué estoy sintiéndome tan incómoda con esto?
- ¡Porque es una cita! – gritó la cabeza imaginaria de Misha que apareció en sus pensamientos.
- ¡No lo es! ¡Tan sólo me pidió ayuda con algo! - contrargumentó la elfa.
- Entonces, ¿Por qué te vestiste tan sensual, eh?
La pelicastaña quiso responder con un "porque no dejabas de fastidiarme" más, pronto, se dio cuenta de que le estaba hablando a un simple producto de su delirio.
- *Sigh* Genial, ahora, me estoy volviendo loca…
Desgraciadamente para ella, su incomodidad apenas comenzaba puesto que, instantáneamente, una nueva cabeza ocupó el lugar de la otra, sólo que ésta, no compartía rasgo alguno con la de Misha.
Más bien se parecía a…
- ¡Te ves muy bien, senpai!
Al reconocer a la persona a quién pertenecía la voz, el rostro de Eina, se tiñó de rojo, luciendo una expresión que oscilaba entre vergüenza y enojo.
- Si, definitivamente, esos colores te sientan.
- ¡U-Urusai! – protestó la asesora, intentando, alejar al condenado fragmento de su imaginario, más le resultaba difícil, tratándose de un ser intangible. Incluso en esta forma… ¡todo lo que haces es molestarme!
- Aww… ¡Eres tan linda cuando estás nerviosa, Eina! ¡Te quiero!
En cuanto aquellas "inofensivas" palabras salieron de la boca del espectro, la semi-elfa, de un momento a otro, cesó todo movimiento, percatándose de que su, impredecible, colega de Gremio, sí había hechos tales afirmaciones antes.
Más específicamente, después de haberla salvado de aquel grupo de rufianes que quisieron asaltarla.
Esto, la llevó a pensar en el resto de la conversación que ambas habían tenido luego del incidente, cosa que hizo que se le borrara el sonrojo y su rostro se decantara por una expresión más meditativa…
- Ahora que lo pienso… realmente… no la conozco del todo… - dijo Eina, en lo que más recuerdos de ese día venían a su mente.
Marina (flashback): -Se que no podré mantener el secreto de quién soy por mucho tiempo pero, al menos, si debo revelarme a todos llegado un punto… prefiero que sea bajo mis propios términos-
- "Si debo revelarme a todos…" Así fue como lo expresó ella misma… - murmuró en lo que peinaba su sedoso cabello.
¿Podría estarse refiriendo, simplemente, a su fuerza?
O… tal vez, ¿a más aspectos de su persona que aún no revela?
Marina (flashback): -Hasta que ese día arribe, […] sigue cuidando de mí, ¿de acuerdo, senpai?-
Quizá…
¿Quizás llegue a conocer una nueva parte de ella durante este paseo…?
La semi-elfa se dio un último vistazo en el espejo, sintiéndose, ahora, un tanto incómoda con lo que el reflejo le devolvía.
- Será mejor que… busque otro atuendo…
PLAZA DE ORARIO
Para cuando los relojes marcaron las 9 AM en punto, la estricta pero maternal asesora del Gremio ya se encontraba parada en el punto de encuentro acordado, aguardando la llegada de quien había sido la responsable de toda esa movida.
Mientras lo hacía, no pudo evitar que su mente hallase más detalles sobre su nueva compañera que antes no había tenido en cuenta.
Como el hecho de que, pese a haber trabajado en el mismo edificio, nunca habían logrado una interacción genuina desde que la peliblanca se había incorporado a ellos.
¿Podía, realmente, alguien ser TAN bajo perfil que no hubiese mantenido relaciones sociales con ninguno de sus demás compañeros durante casi un año?
¿Siquiera era eso, humanamente, posible?
Por alguna razón, la imagen de una Marina, totalmente reservada, tímida y complaciente, le resultaba demasiado surrealista como para ser concebible.
Todo vestigio de esa idea había sido destruido en los primeros minutos de conversación ni bien Rehmer les había asignado sus roles.
Su Kouhai, había resultado ser una persona, en extremo, extrovertida, irreverente y, un tanto (bastante) imprudente, aunque eso no le quitaba que fuese sumamente capaz y eficiente en las labores que se le encargaban.
Una empleada así, sería el tema de toda conversación durante las horas de trabajo pero, Marina jamás había sido mencionada en todo el tiempo que llevaba desempeñando sus funciones.
¿Podría deberse a un descontento entre ella y el jefe?
Eina sabía, de sobremanera, que el codicioso elfo que los dirigía odiaba su linaje mestizo muy en el fondo… tal vez, ¿con Marina era igual?
Aunque, obviando su cabello blancuzco, todo en ella lucía humano. No parecía llevar los rasgos de otra raza, no a simple vista al menos.
La pelicastaña se llevó un dedo al mentón, mostrándose pensativa.
¿Estaría bien sacar el tema en cuanto ella llegue? – dijo para sí.
Quizá…
Quizás podría hacerlo de una forma sutil y amigable… procurando que ella no se sienta…
- Ahh~ No pensé que me toparía con tu hermosa figura, justamente aquí, mi querida Eina.
De un momento a otro, la semi-elfa cesó todo tren de pensamiento y se giró bruscamente, reconociendo aquella "seductora" voz que sonaba a sus espaldas.
- ¿L-Luvis-san? ¿Q-Qué hace por aquí a estas horas?
El atractivo elfo de cabello dorado y ojos cafés, río de manera suave al notar el nerviosismo de su musa.
- Naturalmente, me dirigía al calabozo pero, el reconocer tu encantadora presencia hizo que me desviase de mi cami… ¡Ugh!
Pero, antes de que pudiera completar su cumplido, el dramático sujeto fue empujado por lo que parecía ser, un robusto miembro de la raza Enana.
- ¡Oi, elfo bueno para nada! ¡Ya va tiempo que te alejes de mi querida Eina! – exclamó, este en un tono que fácilmente podía atribuírsele a una persona celosa. ¡¿No dijiste que irías a hacerle mantenimiento a tu arma?! ¿Qué haces perdiendo el tiempo?
La semi-elfa, al notar al recién llegado, retrocedió un par de pasos, no buscando ser parte del conflicto que se avecinaba. Era sabido que Dormul y Luvis tenían una especie de rivalidad para "ganar su afecto"y, la verdad, es que no eran malas personas pero, la joven asesora, realmente, no estaba interesada en ninguno de ellos y esto era algo que, educadamente, había dejado en claro.
Lamentablemente, el motto de "no rendirse", tendía a ser una cualidad más que presente en, prácticamente, todo aventurero y éstos dos no eran la excepción.
No contaba con la "protección" que estar tras el escritorio le brindaba, así que no le quedaba más que resistir aquella situación incómoda.
De paso, celebraba el haber cambiado su atuendo por algo mas conservador minutos antes de salir a la calle o estaba segura que el par no dejaría de fastidiarla toda la bendita mañana.
(Eina no lleva la ropa con la que acompañó a Bell – en su lugar usa la Skin: Spring Sky de Danmachi Memoria Freese)
Afortunadamente para ella, y como escuchando sus silenciosas plegarias, la solución a su problema arribaría de la forma menos esperada…
- Oe, Anatatachi… (Hey, ustedes de ahí)
Se escuchó a alguien decir, frenando la discusión y llamando la atención del trío.
Frente a ellos, ahora, se encontraba una persona de vestimenta un poco extraña, al menos, para esa época. Sus prendas consistían en una chaqueta negra con líneas de color aguamarina y un par de pantalones azul marino tipo Punk escoceses. Portaba una bufanda del mismo tono, que ocultaba una porción de su cara y una capucha que ensombrecía su mirada.
- Y tú, ¿quién rayos eres?
- Si, estás interrumpiendo nuestro tiempo con la hermosa Eina-chan.
- Son ustedes… Luvis Lilix y Dormul Bolster.
- ¿Quién desea saber?
El recién llegado no prestó atención al tono de amenaza y procedió, entonces, a tomar un par de sobres de su chamarra.
- El Gremio me pidió que les entregara esto. Son solicitudes… para una misión en los pisos bajos.
- ¿Misión? – repitieron ambos, tomando las selladas solicitudes y leyendo el contenido.
- ¡Oh, son muchos ceros!
- ¡Hmm!, es normal que necesiten la ayuda de un experto como yo – alardeó el elfo, cosa que molestó a su compañero.
- ¡Ni siquiera eres capaz de cargar tus piedras sin ayuda!
- ¡¿Nandatoo?! ¡Ya verás, recolectaré más materiales que tú y obtendré más Valis! ¡Luego usaré ese dinero para que la bella Eina-san y yo pasemos un día juntos!
- ¡Ja, eso lo veremos, niño bonito! ¡Yo seré quien triunfe al final!
Y habiendo dicho sus partes, los rivales partieron en direcciones separadas, dispuestos a probarle al otro su superioridad, dejando al confundido objeto de sus afectos, sola con el mensajero.
- Bueno, eso los mantendrá ocupados por un buen tiempo. ¿No te hicieron nada, senpai?
- ¿H-Huh? Ah, no no, descuida, esos dos pueden ser algo insistentes pero no llegan a ser ma…
Pero, entonces, la realización golpeo a la joven asesora.
Solo una persona la llamaba "Senpai".
- Un minuto… ¡¿M-Marina-san?!
- Acertaste – dijo la figura misteriosa, removiendo su capucha y bufanda para revelar a cierta fémina de cabello blancuzco y ojos azules. Sólo que, en esta ocasión, su cabello se encontraba mas alborotado que de costumbre y su flequillo ya no ocultaba uno de sus ojos. Hasta se había quitado sus lentes.
Si la semi-elfa tenía que describir a su compañera con una palabra sería: "Bishounen"
- Lamento haberme retrasado, no conté con que admiradores tuyos aparecerían – dijo la alienígena en un tono que demostraba que estaba arrepentida.
Cosa que tomó por sorpresa, una vez más, a la pelicastaña puesto que su Kouhai no era de disculparse de esa forma.
¿Quién era esta persona y qué había hecho con la verdadera Marina?
- Descuida, como quería explicar antes. No son malas personas, es solo que… no aceptan un NO por respuesta.
Ante esto, la peliblanca rio suavemente.
- Bueno, viéndote con ese atuendo quién no insistiría, senpai – agregó, provocándole un sonrojo a la muchacha. Y lo digo en serio, esas ropas resaltan tu figura sin ser demasiado reveladoras. En mi caso, pues… creo que la moda masculina siempre será lo que mejor me quede.
- ¡Pero luces bien! – dijo, Eina, inconscientemente, al pensar que su compañera se estaba desmereciendo. Digo, no conozco ese tipo de vestimenta o su procedencia pero, puedo afirmar, que, realmente, van contigo.
Marina le dedicó una sonrisa sincera a su superior.
- Lo aprecio, senpai. Mis hermanos mayores diseñaron estas prendas, significa mucho que las alabes de esa forma.
La mente de la elfa hizo un "Neuron Activation" al oír aquel inofensivo detalle.
- No sabía que tenías hermanos…
- Hay muchas cosas que no he contado- respondió ésta. Pero bueno, no estamos aquí para hablar de moda, solicité tu ayuda y ya te he hecho perder tiempo con mi retraso. Así que, ¿qué tal si nos dirigimos de una vez a Babel?
- Claro… no tengo proble…
- ¡Pero antes! Necesito comer, me muero de hambre…
Eina sintió como una gota de sudor recorría su nuca.
Sep, definitivamente, esa era la Kouhai a la que estaba acostumbrada…
TORRE DE BABEL
- Así que esta es la famosa tienda de la Familia Hephaestus *Nom* - dijo Marina, en lo que le daba otro mordisco a su crepa y observaba los precios de la vidriera. Debe gustarles mucho el oro…
- Esta es la sección donde se exhiben los mejores trabajos, por eso son tan costosos – explicó la semi-elfa dirigiéndose a la entrada de la tienda. ¿Quieres entrar a ver?
- Claro, porque no…
La gran puerta de madera se abrió con un sutil rechinido. Dentro, todo estaba en silencio. A la izquierda, varios cascos de todas las formas y tamaños cubrían los estantes. A la derecha, un bello mostrador de vidrio adornado con piedras amatistas y varios otros accesorios como guantes, dagas y demás objetos.
- Bonito lugar pero… ¿no se supone que alguien atiende aquí?
- Quizás están en su des…
- ¡BUENOS DÍAS, ESTIMADOS CLIENTES!
De un momento a otro, una figura de baja estatura emergió desde una de las habitaciones traseras, exaltando a cierta elfa, quien se aferró al brazo de su acompañante de manera inconsciente.
Para sorpresa, de ambas asesoras, quien había salido a su encuentro no era otra que…
- ¿Diosa… Hestia?
- ¿Eh? ¿Marina-kun? ¡Vaya que coincidencia, por poco no te reconocí con ese aspecto!
- Lo mismo puedo decir de usted – dijo la peliblanca notando el atuendo de la Deidad del conejo. Bonito delantal…
- Entonces, ¿puedo ofrecerles algo a ti y a tu… cita?
Eina quien se recuperaba del susto anterior, oyó la pregunta e intentó aclarar el malentendido pero, su Kouhai fue más rápida.
- Ella es Eina Tulle, es mi supervisora dentro del Gremio.
- Ahh, entien… espera… ¿Qué no eras asesora? ¿Para que necesitas alguien que te supervise en el trabajo? – preguntó Hestia confundida.
- ¿Recuerda que le dije que era primeriza en esto de aconsejar aventureros?
- Oh, cierto – respondió la joven de coletas, rememorando el hecho. De modo que ella sería algo así como tu jefa, ¿no?
- Podría decirse…
- ¿Y no están en una cita romántica? – presionó.
- No.
El rostro de la Diosa mostró una expresión de "No creo lo que estás diciendo…"
- Están comiendo crepas juntas… - dijo señalando la comida en sus manos.
- Es que teníamos hambre.
- Y van vestidas con ropas como si fueran pareja… - insistió, esta vez, notando sus elegantes atuendos.
- Es simple ropa de civil.
- ¡TE ESTABA SUJETANDO DEL BRAZO! – exclamó, pensando que tenía la discusión ganada.
- Simplemente se asustó cuando usted decidió hacer acto de presencia– contestó Marina con seriedad y mucha calma, cosa que cierta elfa notó que no era muy típico de ella. La próxima vez, no asuste así a su clientela.
- ¡Tsk! No he detectado mentiras … supongo que debe ser cierto – refunfuñó Hestia, no logrando una expresión en la chica.
- Pues… ¿Gracias…? A todo esto, Kami-sama, ¿por qué está trabajando en una armería de la Famiria Hephaestus?
Al volverse el punto de interés, la tetona pelinegra se tensó, dándose cuenta de que no le había contado a nadie al respecto de la deuda con su amiga.
- Bueno… es una historia graciosa en verdad y… creo que sería mejor si te la cuento en privado… ¿tienes un minuto?
La alienígena cruzó miradas con su acompañante, recibiendo una respuesta positiva por parte de esta.
- Bien, pero, por favor, que sea importante…
ALGUNOS CENTÍMETROS MAS TARDE (Cuarto de atrás)
- ¿¡Qué el cuchillo costó CUANTO!?
- Ehe… ¿C-Cincuenta millones de Valis…? - respondió Hestia con nerviosismo y sintiéndose más pequeña que de costumbre.
Tranquila Marina… busca tu lugar feliz… el homicidio no es la respuesta… no todavía.
- ¿Y no se le ocurrió buscar algo DENTRO del presupuesto? ¡Le di 250mil Valis, Diosa!
- Lo sé, lo sé, es que… mi Bell no es como otros aventureros, ¡él necesitaba algo especial!
¿Acaso se refiere a la Habilidad del mocoso…?
- ¡Su cabeza es la que necesita ayuda especial, Diosa! – le recriminé. ¿Cómo se le ocurre hacer algo como eso? ¿Qué pudo ser taaaan importante que la llevó a cometer tan tamaña tontería? ¡Al menos, como asesora del chico tengo derecho a saberlo!
- Yo… no puedo decirlo…
- ¿Escuché bien? ¿Acaba de decirme que no puede explicar el motivo de haberse gastado 50 millones en un arma?
Sólo es cuestión de tiempo para que ceda…
La Deidad tan sólo permaneció callada, sintiéndose horrible por estar traicionando la confianza de alguien que los había ayudado mucho.
Pero… ¿cómo podía hablar de algo que debía ser un secreto entre ella y su amiga Hephaustus?
- *Sigh* Como quiera… - expresé ante el silencio de la morra. No me deja otra opción. Tendré que hacer que el Gremio estudie su caso…
- ¿¡EH!?
- Según sus antecedentes, usted ha vivido a costillas de la Diosa Hephaustus desde que descendió a este mundo, ¿cierto?
- Y-Yo…
- Derrochando centavo tras centavo en una vida cómoda y poco fructífera. Con su declaración (la de Hefasto) y lo que acaba de contarme se puede establecer una duda razonable sobre su capacidad de llevar adelante una Famiria. Para que lo entienda mejor, Diosa Hestia… podemos transferir a Bell a otra Deidad si presento evidencia de que usted no es apta para liderar un grupo…
Ante aquella amenaza, la pelinegra comenzó a mostrarse asustada.
- ¿P-Pueden hacer algo como eso…?
- De tratarse de una Famiria grande e importante, sería un suicidio mediático para nosotros, los del Gremio pero… la suya no es ninguna de las dos… Diosa…
Hestia palideció.
- M-M-Marina-kun, tú no le harías eso a la pobre de mí… ¿cierto…?
- Pruébeme…– respondí con el ceño fruncido.
- ¡Ahh, me retracto, no eres amable, eres alguien muy cruel!
- No, Diosa Hestia. Soy, simplemente, una inversionista – expliqué con tono de reproche. Mi motivación es la misma que la suya: ayudar al niño a volverse fuerte. Cosa que encuentro muy difícil de lograr si, usted, continúa generando pérdidas millonarias para su Famiria. Así que, decida qué es mas importante… ocultar sus errores o su integridad como guardiana del Hogar y todo lo que conlleva…
- Ahh, ¡está bien, está bien! ¡Confesaré!
- Al fin…
- Pero… ¡esta vez tú debes jurar que lo que oigas aquí, no se lo dirás a nadie! – exclamó la loli tetona con un nuevo aire de rebeldía.
- *Sigh* Soy asesora, me pagan por ser confidencial. Sólo dígame que tanto hizo…
- Bien… estas advertida…
Otros segundos de explicación más tarde…
- Ya veo… con que una Skill de Crecimiento… - contesté, haciéndome la sorprendida.
- Si, y lo peor es que está relacionada con esa condenada "Ais Como-se-llame". Mientras sus sentimientos por ella persistan, Bell continuará volviéndose más y más fuerte. Es por eso que le rogué a Hephaustus que le forjara el cuchillo. Está especialmente diseñado para crecer junto con él, evitando así, ralentizar su desarrollo. ¿Genial, no?
¿Saben? Debo reconocérselo, fue una jugada ingeniosa. Sobre todo, si tenemos en cuenta que la idea provino de la Diosa que olvidó "trabar" la Falna de su primer niño.
En fin, los misterios de la vida…
- Contando además que sólo funciona en miembros de su Famiria, considéreme impresionada, Diosa Hestia – expresé.
- Jeje :D. A propósito, Marina-kun, si la pregunta no molesta…
- Dígame.
- Si tú y esa semi-elfa no están en una cita, ¿para que vinieron ambas a Babel, más específicamente a esta tienda? – preguntó la pelinegra bastante curiosa.
- Es simple, pensé en ver algunas armaduras para Bell.
- ¿Eh…?
- El niño desea bajar mas pisos y cómo su asesora no puedo permitírselo así de fácil, por lo que decidí aprovechar el día libre de mi colega y venir a ver qué es lo que los herreros de Hephaestus tienen para ofre... ¿está llorando?
- N-No… *Sniff* *Drip*
- *Sigh* Por favor no vaya a hacer una escena como aquella vez en el Gremio…
- L-Lo siento – dijo Hestia en lo que se frotaba los párpados. *Sob* Es que… pese a mi torpeza… nos sigues ayudando y *sob* no puedo evitar, sentirme conmovida por ello.
- Sólo asegúrese de mantener sus lágrimas lejos de mi guardarropa, se lo pido…
- Okay *Sniff* – respondió la joven de coletas con una sonrisa.
- Y hablando de guardarropas… – pronuncié, echándole una mirada analítica a la vestimenta de la Deidad a mi lado.
¿Usa eso para trabajar…?
Veo que Hefesto encontró la forma de darle un uso ese par de globos que le cuelgan del pecho.
No es la medida ideal pero, al mismo tiempo…
Un momento… ¡eso es!
Hestia, sintiendo los juzgadores ojo de la peliblanca, revisó sus prendas.
- ¿T-Tiene algo de malo mi uniforme?
Es arriesgado e implicaría pintarme un blanco en la espalda pero…
Me ganaría el favor de DOS Diosas.
Bien, haremos eso…
- Dígame, Diosa Hestia, ¿hasta qué hora dura su jornada?
- Pues… aún me quedan un par de horas y…
- Perfecto, cierre el negocio – respondí, no dejándole acabar la frase. Usted va a llevarme a hablar con la Diosa de la Forja.
Hestia parpadeo un par de veces, mientras procesaba mis palabras.
- ¿¡EHHH?! ¿¡Y para qué quieres hablar con Hephaestus?! – expresó ésta desconcertada.
- *Grin* ¿Para qué más? – pronuncié con una pizca de soberbia. Pienso ir a negociar su deuda… y, de paso… conseguirle al chico la mejor armadura que este mundo haya visto…
OFICINA DE LA FAMILIA HEPHAUSTUS
Hefestos era una diosa ocupada.
El hecho de tener que administrar una de las Famirias mas productivas de Orario la hacían vivir esclavizada en su oficina lidiando con interminables montañas de papeleo en solitario, puesto que su capitana y supuesta "mano derecha" prefería pasar gran parte de su tiempo trabajando en exóticos proyectos encerrada en su taller/forja.
- *Sigh* Necesitaré un masaje después de esto – murmuró, haciendo tronar los huesos de su espalda. A este paso acabaré para la…
*Toc* *Toc* *Toc*
En ese momento, sus silenciosos lamentos fueron acallados por el sonido de alguien llamando a la puerta de su estudio.
- Entre – dijo en voz alta, sin despejar sus ojos de los papeles.
Para cuando el recién llegado, uno de sus tantos herreros, estuvo frente a ella, ésta, por fin, alzó la vista.
- Disculpe la interrupción, Madame pero, la Diosa Hestia ha venido hasta aquí deseando verla.
La pelirroja forjadora arqueó una ceja.
¿Otra vez? – pensó. ¿Viene a molestarme luego de que le fabriqué un arma viviente a su único hijo? ¿Qué puede querer ahora?
- Dile que no tengo tiempo para sus bizarros planes en este momento. Además, debería estar cumpliendo con el trabajo que le encargué, no solicitando favores.
- Esa es la cosa, Madame. Dos personas más la acompañan. Una semi-elfa y una humana de cabello blanco.
Qué raro… ninguna de ellas coincide con la descripción de su "tan preciado niño", ¿Qué se traerá entre manos?
- Bien, diles que pasen – respondió la fémina del parche, ahora, un poco más intrigada que antes. Y, por favor, avísale a Tsubaki que la necesito en mi oficina.
Quizás valga el descanso…
YA CON TODOS REUNIDOS EN LA SALA...
- Tengo que decir, Hestia, que no esperaba verte, de vuelta, tan pronto… - dijo la Diosa del parche con reproche. Ahora mismo, deberías estar atendiendo clientes en el empleo que me molesté en conseguirte. Espero que no hayas venido a pedir dinero o más favores a futuro…
La "regente de las chimeneas" tan sólo rio nerviosa, en lo que se aferraba a los bordes de mi chamarra.
- No no no no, nada de eso – respondió la pequeña agitando las manos.
- ¿Entonces…?
- Pues…
Podía sentir la mirada de "Aýudame" que emanaba la pequeña tetona.
- Es por mí, Hefesto-sama – dije, volcando toda la atención del lugar hacia mi persona. Yo le pedí a la señorita Hestia que dejase su trabajo para poder venir a verla.
La peliroja arqueó una ceja, confundida.
- Y tú… ¿eres?
- Marina Ad Astræ, Madame- pronuncié con una reverencia. Trabajo en el Gremio de Aventureros, ella es mi superior Eina Tulle – agregué, no olvidándome de presentar a mi senpai.
- ¿El Gremio? ¿Y qué podría querer Ouranos conmigo? Todos mis pagos están al día…
- Descuide, no vinimos representando a nuestro Dios…
Qué raro es decir eso…
- Vine aquí por cuenta propia, deseando hacerle una proposición.
Hefesto y Tsubaki cruzaron miradas.
- ¿Qué tienes en mente?
- Deseo saldar toda deuda que la Diosa Hestia tenga con su persona.
Al oír esto, todas las presentes, con excepción de Hestia, ensancharon sus ojos de golpe.
Creo que hasta Eina dejó escapar un raro gemido o alarido o lo que sea que sale de tu boca cuando te sorprendes…
- ¿Acaso oí bien? ¿Dices que vienes a pagar todo lo que, Hestia aquí, le debe a mi Famiria?
- Es correcto.
- ¿Esto no es una broma, cierto, Hestia? – expresó Hefesto, viendo con ceño fruncido a su amiga.
- Le aseguro que no lo es, Kami-san – expliqué, defendiendo a la mocosa de coletas de un posible regaño. Si aún tiene dudas, puede usar su "sentido arácnido" y asegurarse de que no miento.
No podría, aunque lo intentara…
- Mi… ¿qué?
- Olvídelo… Entonces, ¿cuál es su respuesta?
La fémina del parce se cruzó de brazos y me miró fijamente.
- Digamos que te sigo el juego… la pregunta del millón sería: ¿por qué? ¿Por qué harías esto?
- ¿Hmm?
- Por si no lo sabías, Hestia no tiene ni un solo centavo a su nombre- dijo la herrera, haciendo sentir aún más miserable a la pelinegra. Su deuda conmigo excede los 50 millones de Valis. Para nosotros los Dioses, el tiempo es relativo, acabará retribuyéndome tarde o temprano pero, los mortales no tienen tanto tiempo de vida. Ella jamás podrá pagarte ese monto.
- Estoy consciente de ello – contesté sin un atisbo de duda en mi rostro.
- Entonces, ¿por qué cometerías esta locura? ¿Acaso te enamoraste de ella o algo?
Al oír esto, tanto Eina como Hestia exhibieron un sonrojo en sus mejillas.
Yo, por otro lado, me digné a soltar una carcajada.
- Cielos, no – respondí. No es nada de ese tipo. Es de hecho, algo mucho más sencillo: Una promesa.
- ¿Una… promesa? – agregó, por primera, vez la capitana Tsubaki.
- No con chibi-Diosa aquí presente- dije señalando a la pequeña alérgica a la chamba. Sino con su "adorado" niño, Bell Cranel. Verán… El día que éste arribó a Orario, él y yo hicimos una, digamos… apuesta. Si conseguía una Famiria que lo aceptase siendo un pobre novato, yo misma me encargaría de convertirlo en un gran Héroe. Y mi palabra es ley, Señorita Hefesto. Por eso estoy aquí. El mocoso no podrá progresar si nuestra "empleada del mes" sigue acumulando deudas.
- ¡Hey! ¡Sólo me endeudé una vez! – protestó la susodicha.
- Así que… ¿aceptará mi "generoso" gesto, señorita Hefesto?
La peliroja escaneó a la joven y sus palabras, buscando señal alguna de engaño más, no halló ninguna. Su justificación era sólida.
¿Realmente, esta chica quería ayudar a Hestia?
Resignada, la herrera, soltó entonces un suspiro.
- *Sigh* Bien, señorita Ad Astræ…
- Oh, puede llamarse sólo Marina. Cuando me llaman por mi apellido me hacen sentir vieja – bromeé.
- De acuerdo, Marina, habiendo esclarecido tus intenciones, hablemos de negocios. ¿Cómo esperas solventar el monto adeudado? Dudo mucho que tu salario como Asesora del Gremio sea suficiente.
- Y está en lo cierto – contesté. Por eso, pensaba ofrecerle materiales que tengo a cambio.
Al decir esto, los ojos de Tsubaki se iluminaron.
- ¡¿Materiales?! ¡¿De qué clase?! – dijo la fémina de piel trigueña, invadiendo mi espacio.
- ¿Esto… pasa seguido? – atiné a decir mirando a la Regente de las Forjas.
- Sólo cuando algo le interesa. ¡Tsubaki, déjala respirar un poco! – replicó Hefesto, haciendo que su capitana retroceda unos pasos. Con todo respeto, Marina pero, mi Famiria tiene a individuos capacitados que se dedican a recolectar materiales del Calabozo. ¿Qué podrías ofrecerme que mi grupo explorador no me haya traído ya?
- Pues…
Lentamente, llevé mi mano hasta el bolsillo de mi chaqueta, retirando un objeto envuelto en una tela blanca.
- Antes de llegar a Orario, durante uno de mis viajes, me topé con varias de éstas, aunque muchos más grandes – expliqué despojando a la pieza de su cubierta. Al llegar a una aldea llamada Edas me dijeron que se trataba de un fragmento de Escama del famoso Dragón Negro. Pero, ya sabe, la gente tiende a exagerar las cosas… ¿podría evaluarlo y decírmelo con certeza?
Hefesto, se acercó a la muestra, de forma temblorosa, temiendo que el mero hecho de respirar de la manera incorrecta frente a ella, la hiciese desaparecer de su vista.
Realizándole una rápida examinación, la Deidad de la Forja pudo concluir lo que todos estaban pensando…
- Es auténtica… se la oyó decir por lo bajo. En verdad… es un fragmento de sus escamas… ¡Señorita Marina! Dijo que había encontrado piezas más grandes que ésta, ¿cierto?
- Es correcto, Madame.
- ¿Las trajo consigo a Orario?
Negué.
- Transportar algo tan grande hubiese llamado la atención de muchos, Diosa – respondí, cosa que dibujó una forzada sonrisa en el rostro de la herrera.
Naturalmente, las llevaba conmigo todo el tiempo pero, obviamente, no iba a comenzar a sustraer monolitos del tamaño de una puerta, de la mismísima nada.
- Es cierto, te las hubiesen confiscado o peor, asaltado, si te hubiesen visto con ellas.
- Pero aún las tengo por si le interesan – dije, volviendo a traer luz a los oj… bueno, OJO de la Regente de las Forjas.
- ¡¿En serio?!
- Sep, aunque están ocultas, claro. Fuera de Orario. Puedo proveerle algunas si es que…
Para ese punto de la conversación, Hestia se hallaba, por completo, desmayada en el suelo de la oficina con Eina intentando reanimarla vía palmadas y Tsubaki tenía un extraño brillo en su mirada, en lo que experimentaba, algo así, como el equivalente a un orgasmo psicológico…
Todos aquí son bastante raros… – dije para mí, viendo aquella lunática escena.
Hefesto por su parte, se mostró complacida.
- ¡Marina Ad Astræ! ¡Me has convencido! ¡Aceptaré lo que me ofreces a cambio de eliminar las deudas con Hestia!
- ¿¡EN SERIO?!
Si.
Esa no fue mi voz, fue la de cierta Diosa de clase baja que se había despertado de su mini coma inducido y, de la impresión, casi se sube al escritorio.
- Hai – dijo la pelirroja dirigiendo su atención a todos nosotros, ahora, con una sonrisa. Una vez finalicemos el intercambio, ya no le deberás nada a mi Famiria.
La expresión de alivio y libertad absoluta en el rostro de la mocosa lo dijo todo.
- Honestamente, no sé qué pensar de ti, Hestia, cada vez que vienes, llegas con una situación aún más alocada que la anterior.
- Yo también estoy igual de sorprendida – dijo la mencionada, aunque la traicionaba su renovado estado de ánimo.
Parecía el final feliz perfecto… aunque estaba lejos de acabarse…
- Aunque, ahora que lo pienso…
- ¿Hay algún problema? – pregunté.
- No no, no es eso – intercedió la Deidad de un sólo ojo. Es sólo que… *Sigh* Honestamente, las Escamas del Dragón Negro son objetos demasiado raros. Su valor sobrepasa por mucho al del monto adeudado, por lo que, cuando mucho, podré cambiarla por sólo una de tus escamas – agregó la fémina un tanto decepcionada. Además, siendo una asesora, no creo que estés muy interesada en alguna de nuestras piezas para aventureros…
¿Sore Wa Dou Kana?
- De hecho, Diosa Hefestos- dije, en lo que sonreía malignamente para mis adentros. Hay una cosa más que quisiera pedirle…
CALLEJÓN DE ORARIO – ATARDECER DEL MISMO DÍA.
Liliruca Arde no pudo evitar maldecir su horrible fortuna.
Se suponía que sería un día provechoso, robando a otro de los despistados miembros de su Famiria como venía haciéndolo desde hace tiempo pero, ésta vez, el destino le había jugado una mala pasada.
Con dificultad, alcanzó reincorporarse, sintiendo, al instante, las secuelas de la terrible golpiza que le había propinado la última víctima de sus artimañas.
Su cuerpo dolía como el infierno y sus piernas temblaban ante el esfuerzo que demandaba mantenerse erguida.
Aun así, todo lo que podía sentir dentro de sí la magullada Pallum era: Odio.
Odio hacia los responsables de que su existencia fuera tan miserable…
Odio hacia quienes eran un constante recordatorio de su fracaso al no ser lo bastante fuerte para hacerles frente…
Odio, incluso, hacia sus padres por haber seguido esa jodida vida, condenándola a permanecer en aquella Famiria de ebrios y cerdos egoístas.
Si, definitivamente, las personas que más despreciaba en el mundo… no podían ser otras que…
"Los malditos aventureros"
¿Cuántos abusos había sufrido por culpa de ellos?
¿Cuántas noches pasó frío porque consideraban más importantes enaltecer sus frágiles egos que ayudar a los menos afortunados?
Los odiaba.
Odiaba a todos y cada uno de esos condenados bastardos.
Ninguno era diferente.
Todos acababan usando a sus semejantes para llegar al éxito.
Pero, algún día, los haría pagar…
Adolorida, la pequeña pelicastaña logró avanzar un par de metros, asegurándose, en el trayecto, de que no hubiese más "sorpresas" aguardándola tras las paredes de aquella estrecha callejuela.
Para su fortuna, no había nadie.
Estaba sola.
Aunque su tranquilidad duró poco, puesto que, al instante, recordó que había recorrido una gran distancia tratando de escapar de aquel abusivo sujeto, por lo que sería un largo retorno a casa desde ese punto.
Y, el hecho de que su vista estuviese volviéndose borrosa, hacía las cosas todavía más difíciles.
Lentamente, la "hija" de Soma, logró arrastrarse hacia las escaleras que conectaban con otra de las entradas.
Sólo necesitaba mantenerse despierta por un par más de minutos. Los suficientes como para activar su Skill de camuflaje, escabullirse entre la muchedumbre y volver a sentirse segura mientras desaparecía dentro del tumulto.
Si…
Sólo eso deseaba…
Sólo eso le bastaba para…
- ¡Ugh!
Pero el destino volvió a escupirle a la cara.
Un descuido la hizo tropezar, enviándola a rememorar viejas pláticas con el duro suelo.
¿Cuanto…?
¿Cuánto más tendría que soportar esa horrible vida…?
¿Seguir teniendo que robar a otros para poder comprar… la libertad que tanto anhelaba?
Con un sonoro suspiro, la agotada Pallum, intentó, nuevamente, el levantarse más… sus brazos ya no le respondían.
Impotente, lo único que pudo hacer fue darse la vuelta, preparándose para pasar allí el resto del día.
Al hacerlo, una fría lágrima le recorrió la inflamada mejilla.
¿Quizás alguien venga en mi ayuda…?
Fue el inesperado pensamiento que cruzó por su mente al tratar de hallarle un lado positivo a su "súbito contratiempo"
Si, tal vez…
Tal vez un apuesto príncipe la rescataría de aquellas sucias calles, la cargaría, la besaría y le probaría una bella zapatilla cristalina.
Mediante la cual, ambos se convertirían en legítimos rey y reina de algún reino pulcro y lejano.
….
…
Una ronca carcajada escapó de sus labios al imaginar tamaña sarta de tonterías.
Sueños así no tenían lugar en sitios como Orario.
Aquí las personas débiles como ella eran pisoteadas y olvidadas para siempre en los anales del tiempo.
Todo lo que podía hacer en ese preciso momento era esperar.
Esperar hasta que llegara la noche y rogar para que ninguno de esos desgraciados decidiera volver para profanar su débil cuerpo magullado.
- Ahh... parece que hoy hará frío- murmuró para sí, sintiendo las débiles corrientes de aire acariciar su cabello. Fue un mal día para no haber traído mi abrigo…
Aunque… quizás…
Quizás sólo sea una mera briza… dijo tratando de consolarse.
Mañana estará soleado… y… yo… podré…
…
La joven no pudo acabar la frase.
…
Toda la adrenalina del momento había bajado y su cuerpo había dejado de responderle segundos antes…
Lo único que quedaba era entregarse a los brazos de Morfeo.
Para su suerte, lo que la somnolienta Pallum no pudo predecir, fue que la figura de cierta fémina de orejas puntiagudas y uniforme de mesera regresaría de hacer las compras para su jefa, justamente, por aquella ruta.
Ocasionando que, por primera vez, alguien se apiadara y decidiese brindarle un poco de esa ayuda, que tanto había estado deseando…
