Asahi Super Dry

Cuando estaba en la universidad, Karin se dio cuenta de que no podía sustentar todos sus trabajos solo con enlaces a blogs y la omnipresente enciclopedia libre. Sus profesores, tan viejos que seguramente ni siquiera entendían cómo funcionaba eso, insistían en que debía usar bibliografías tradicionales, "libros de verdad", como los llamaban.

No es que fuera realmente algo irracional, y aunque se le ocurrían bastantes quejas sobre los recursos modernos en la enseñanza, el problema estaba en que la biblioteca de la escuela no estaba precisamente actualizada y su bolsillo no se podía permitir siquiera los títulos básicos.

Pero Karin Uzumaki era una mujer de soluciones, y con una conexión a Internet robada a un vecino, se decidió a buscar bibliografías en convenientes y gratuitos archivos PDF, después de todo, no era como si le fueran a pedir que llevara los recibos de compra o algo así.

Temerosa de acabar descargando un virus mortal para su modesta computadora, buscó consejo en foros, siguió recomendaciones, un enlace la llevó a otro, y luego a otro, hasta que finalmente encontró algo que prometía ser útil:

"Los libros que me salvaron"

El listado contenía al menos nueve de los recomendados, así que siguió las instrucciones del autor del post para hacer la descarga.

A medida que la barra de progreso avanzaba con lentitud, miles de dudas la asaltaron, y cuando tocó descomprimir el archivo para descubrir si tenía una nueva biblioteca o un virus, simplemente no pudo creer lo que veía: no eran 100 libros, como decía el post, entre PDF, DOC, RTF y hasta TXT, el contador del explorador mostraba al menos 5 mil archivos.

Por supuesto que su primer impulso fue buscar los que necesitaba, alguno que le pareció que podría ser útil, y por un momento pensó en mandar el resto a la papelera de reciclaje, después de todo, ocupaban espacio de almacenamiento. Sin embargo, y pese a que se trataban meros datos de computadora y que ella en general no era muy ávida lectora, le causó cierto remordimiento, como si le prendiera fuego a una biblioteca, así que rebuscó entre sus cajones algunas USB viejas robadas -sin intención, por supuesto-, y fue guardando los archivos como mejor pudo, con el firme propósito de pasar uno que otro al teléfono para leerlos en algún momento.

De este modo fue que descubrió una emoción que hasta ese momento no había experimentado de ninguna manera, y que fue tan absurdo como liberador: "Amor después del divorcio", "La esposa sustituta", "Cuando sus ojos se abrieron", "La heredera divorciada", "Buscando a mi alma gemela" ...

Las novelas románticas más absurdas del mundo conformaban un grueso importante en el total de los archivos: mujeres autosuficientes, inteligentes y hermosas, enredadas en líos de todo tipo con ricos y guapos imbéciles que no las valoraban.

Siempre le frustró leer cómo eran objeto de humillaciones consecutivas, desplantes, mentiras y conspiraciones, pero necesitaba saber, llegar al final donde todo se volvía radiante y feliz.

Si se sentía decaída, cansada, o no se podía concentrar, abría la carpeta y acompañaba a la protagonista en turno.

¿Qué pasaba después de que la valiente heroína decidía buscar felicidad fuera de la relación con la que arrancaba la historia?

Oh, si, el rico y guapo imbécil empieza a prestarle atención.

Como para reírse de su vida.

Sasuke ya se había saltado dos semáforos en rojo. No tenía intenciones de cuando menos bajar la velocidad. De hecho, el motor parecía complacido, y el auto se deslizaba ágilmente en el tránsito, alejándose hacia los suburbios donde podía moverse con mayor libertad.

En honor a la verdad, tenía la ardiente esperanza de que, como los ricos y guapos imbéciles de sus novelas, le exigiera volver con él, le prohibiera volver a contactar con Genma o cualquier otro hombre que la pretendiera y se fueran de regreso a Oto para empezar una nueva vida juntos.

Aunque al mismo tiempo hubiera sido extraño, y le habría dado miedo porque destaparía una faceta psicópata de Sasuke con la que no se sentiría cómoda, después de todo, era la vida real, y esas actitudes poco saludables solo hundían más cualquier relación y con triste frecuencia acababan con mujeres muertas en maletas.

Al final, sin embargo, luego de insistirle en que era verdaderamente importante, la subió al auto de su hermano y no dijo una sola palabra más en todo el camino.

¿Debió irse con él en primer lugar?

—Sasuke...

—Llegamos.

No puso atención a la excelencia de los frenos de un auto de alta gama, solo miró por la ventana lo que era una calle muchísimo menos glamorosa que todo lo que había visto en Konoha hasta entonces, incluso había un hombre ebrio -o eso esperaba- tirado en la calle, envuelto en una vieja cobija.

Cerró los ojos un momento. Necesitaba alejar cualquier pensamiento estúpido sobre una posible reconciliación, porque evidentemente eso no estaba pasando por la cabeza de Sasuke, y fuera cual fuera la situación, necesitaba ser una mujer competente y determinada.

Bajó con cuidado, alcanzando a Sasuke, pero negándose a tomarlo por el brazo.

Entraron a un local que solo supo que era un bar porque lo primero que vio fue la vieja barra con una chica limpiando vasos.

—Están atrás —dijo la joven apenas reparó en su presencia, y sin responder, Sasuke se encaminó a la trastienda, pasando por una cocina mucho menos sucia de lo que esperaba por el vecindario, aunque el olor a aceite para freír quemado se impregnó en sus fosas nasales.

Pasaron por otra puerta y en una pequeña habitación de descanso, estaban Suigetsu y Jūgo. Karin no tuvo tiempo para molestarse, aunque sí frunció el ceño. En ese momento no le importaba lo mucho que le fastidiaba la sola existencia de Suigetsu, la expresión severa de todos tensó sus nervios al máximo, consiguiendo enfocarse únicamente en las posibilidades por las que se habían reunido las cuatro personas que habían fundado TAKA.

—Aun no — dijo Jūgo luego de revisar su teléfono —¿Estás seguro?

Sasuke asintió una sola vez.

—Confío en Naruto, no arriesgaría su vida por una broma de este tipo.

Jūgo dejó escapar un suspiro, metiendo el aparato en la bolsa de su chaqueta. Karin, sin embargo, se giró hacia Sasuke, esperando que empezara a explicarse, algo que él entendió enseguida.

—Naruto trabaja en la Oficina de Inteligencia Central. La crearon en respuesta a los ataques terroristas de hace 10 años. Literalmente coordina todos los datos de inteligencia de todos los organismos y agencias de Konoha, desde las policías locales hasta las agencias privadas que están obligadas a reportarse al ministerio de Seguridad Nacional. Hace 30 minutos, Naruto me llamó por teléfono; nos ficharon como terroristas.

—¡¿Por qué?! —chilló Karin.

—Recibieron información de que compramos armas a contrabandistas, y había una ojiva nuclear en inventario.

Karin retrocedió.

—Pero no lo hicimos... —dijo, a punto de ponerse a llorar. Recorrió con la mirada a los tres, deteniéndose en Sasuke —¿Verdad?

—Jūgo encontró un embarque a nuestro nombre, con todas las firmas, pero no está en el registro oficial...

Bruscamente, la pelirroja se giró hacia Jūgo. No le gritó ni insultó, ni siquiera sabía qué decir, pero tal vez la expresión de su rostro fue lo suficientemente suplicante como para que ni siquiera Suigetsu lograra su sonrisa burlona.

—Hace un par de días teníamos unas dudas sobre el volumen que nos estaban cobrando, trabajamos toda la noche y no encontramos nada raro, pero igual Jūgo empezó la inspección personalmente.

Karin necesitaba sentarse, recordó el "imprevisto" por el que Sasuke la había dejado plantada la noche antes de volar a Konoha.

—¿Por qué no me dijiste nada?

Sasuke respiró profundo, sin responder la pregunta.

—Está de más decir que esto está plantado. Lo que no sé, es quién o por qué lo hizo. Si ese contenedor estuviera desaparecido, podría asumir que solo querían cargarnos la culpa de la compra y quedarse el producto, pero esa mierda pasó al menos cinco días en nuestro depósito.

—¿Y tu plan original era desaparecerlo por tu cuenta y fingir que nada pasó? —preguntó Karin.

—¡Por supuesto que no!

Karin se sorprendió. En todo el tiempo que lo conocía, jamás lo había visto así de alterado. Aunque no era para menos.

—Avisamos a las autoridades de Oto, hicimos todo el maldito papeleo y el ejército la recogió.

—Entonces... ni siquiera nos pusieron en investigación o... o... no te hubieran dejado salir del país.

—No en Oto.

—Sasuke... entonces...

—Quedarse no es opción. Mi padre trabaja para el ministerio de seguridad, sé mejor que nadie qué hacen con los sospechosos de terrorismo.

—¡Vamos! ¡Podría darte una mano! —exclamó Suigetsu —¡El viejo es tu padre!

—¡El mismo que me echó de su casa cuando me negué a convertirme en su peón!

Hubo un momento de silencio tenso.

—Mi padre quería que entrara a trabajar a la oficina del primer ministro, un asistente de bajo perfil, de los que están en todos lados, pero nunca destacan, así, le reportaría cada movimiento y encontrar posibles traidores... "es lo único para lo que puedes servir"...

Volvieron a quedarse en silencio, pero como si de pronto Sasuke fuera consiente de que no quiso decir eso, al menos no en voz alta, retomó su actitud distante.

—Tenemos que volver a Oto, no hay extradición, y desde allá resolveremos esto.

Karin se llevó las manos a la cara, y solo entonces se dio cuenta de que estaba temblando.

Apenas esa mañana creía que lo más difícil que tendría que resolver era cómo iba a seguir trabajando con Sasuke sin que fuera incómodo.

—Bien, entonces. ¿cuál es el plan? —peguntó Suigetsu —. Podríamos viajar por la zona rural, no hay cámaras de vigilancia, y será más fácil evadir los controles de carretera. El mayor tramo lo podríamos hacer por tren, Konoha realmente no ejerce mucha presión en esas líneas migrantes, sigue entrando gente del país de las olas como si no hubiera aduana.

—No vamos a llegar caminando —dijo Karin —. Y el auto de Itachi no es precisamente discreto.

—Tamaki se encargará de eso —repuso Sasuke —. También va a conseguirnos unas cosas...

Apenas decía eso cuando la muchacha de la barra entró a la habitación.

—Cambio de ropa, efectivo y unas identificaciones.

Arrojó todo sobre la mesa de centro y puso los brazos en jarras.

—Solo estoy haciendo esto como favor.

—Para ser un favor, está costando mucho.

La chica respingó.

—Ya hablé con el chofer, llega en una hora. Los dejará poco después de Motoyoshi, para que no se vea raro en el GPS de su ruta. A partir de ahí, están por su cuenta.

Los cuatro asintieron mientras que la chica volvía a dejarlos solos.

Aun procesando la situación, Karin tomó la ropa, notando que se había tomado la molestia de buscar un conjunto para mujer.

—Me cambio en el baño.

Se quitó el vestido con parsimonia, aún intentando procesar el cambio en su realidad, analizando a detalle los eventos de los últimos días. No recordaba ninguna actitud inusual en Kakashi que ameritara un atisbo de sospecha. Para ese momento Sasuke, Jūgo y Suigetsu ya estaban intentado resolver el asunto, y la información debería estar siendo analizada como para que al momento ya se haya decidido ficharlos.

Demasiadas cosas estaban mal en ese momento, y no solo esa cosa en su inventario.

Subió el cierre de la campera y salió del baño.

—Sasuke —llamó con voz grave. Él giró la vista, notando la molestia en su voz.

—¿De dónde conoces a Tamaki?

Resopló con fastidio, pero antes de que pudiera acusarla de celosa, ella lo interrumpió.

—Es obvio que no es una improvisada —dijo levantado su identificación falsa —, tiene los recursos y los contactos, y evidentemente no la encontraste en redes sociales.

Sasuke la miró fijamente, pero sin decir nada.

—¡No puedes no decirme! —exclamó —, acepté que no me hablaras de tu familia o tu vida en Konoha, pero esto no es sobre tu intimidad, al menos tenme consideraciones como socia de negocios.

No era su intensión hacer un reclamo sobre su fallida relación, no realmente, pero se dio cuenta de que fue exactamente, así como sonó.

—Escucha, no puedo ser útil si no tengo detalles y entender bien lo que pasa. Solo déjame hacer mi trabajo.

Sasuke inclinó la cabeza.

—Salía con mi hermano —dijo —. Estudiaban en la misma universidad, solo que él para luchar por la justicia, y ella para evitarla.

—¿No la delató?

—Dijo que, aun estando del lado de la ley, era bueno tener un contacto así. Es su informante.

—¿Y no nos va a delatar a nosotros?

—No, a menos que Itachi se lo pida.

—¿Y hay razones para creer que Itachi lo haga?

—No.

Karin trató de no expresar nada, pero la absoluta confianza en esa única palabra le hizo sentir una punzada. Realmente le hubiera gustado que confiara así en ella. Pero no era el momento para arrepentimientos. Prepararon algunas cosas y cuando el conductor llegó, rápidamente se montaron en la caja de transporte.

Suigetsu se limitó a envolverse en una cobija y acurrucarse en una esquina, mientras que los otros trataban de acomodarse entre las cajas de cerveza.

Karin dejó escapar un suspiro. Solo tenían que volver a Oto y todo saldría bien, o al menos eso quería creer. Cerró los ojos, acomodándose lo mejor que pudo, tomaría una siesta para poder moverse mejor por la noche.

—Karin…— susurró Sasuke al cabo de un rato.

Solo emitió algo como un gruñido para hacerle saber que aún no se dormía.

—Voy a arreglarlo todo. Vas a estar bien. Lo prometo.

Abrió los ojos, pero apenas distinguía su silueta en la oscuridad de la caja de transporte.

—Lo haremos juntos —respondió, aunque se arrepintió enseguida por la forma en que había sonado, había terminado con él la noche anterior asegurándole que tenía a alguien más. Obviamente no le iba a decir que ese alguien no tenía las mismas intenciones y, de hecho, recomendaba que arreglara las cosas con él.

"Por favor, que piense que me refería a Jūgo y Suigetsu también"

—Gracias… trata de descansar.

Karin se encogió en la sudadera, su corazón se había acelerado.

Genma tenía razón; sus sentimientos no se habían apagado.


Comentarios y aclaraciones:

Confieso que leo novelas de BueNovela... maletas uno solo necesita apagar el cerebro...

¡Gracias por leer!