El día había iniciado como cualquier otro; normal y aburrido. Desde aquél primer verano lleno de aventura y riesgos a sus doce años junto a su hermana gemela, cada día que Dipper pasaba en Piedmont, California palidecía en comparación al paisaje de aparentes bosques interminables de Gravity Falls. Antes de ese verano que cambio la perspectiva de vida del joven Pines, encontrar algo que sostuviera su atención por más de media hora era una tarea ardua que dependía de qué tan interesante era ese algo, o si al menos valía la pena invertir su tiempo en ello. Así que era de esperarse que, tras las emociones intensas que tanto criaturas mágicas como habitantes—igual de mágicos con su propia y rústica naturaleza—evocaban en Dipper, enfocarse más de lo necesario en su tarea de sociales resultara ser un trabajo más que imposible.

Con el sol dándole en la espalda por la ventana con una persiana rota, Dipper se quitó el sombrero de invierno que le gustaba usar solo dentro de casa. Pasando los dedos por la textura suave de la piel de una de las solapas, prestó mayor atención a la música de radio que había dejado como ruido de fondo. Demasiado silencio podía colmarle los nervios, así que fue una total coincidencia cuando la música de la sensación pop de Islandia para chicas comenzó a fluir por toda su habitación. Comenzó a mover los hombros antes de que pudiera evitarlo.

Ahora con dieciséis años de edad, Dipper había superado la pena intensa que era escuchar una banda para chicas—siempre y cuando estuviera él solo, con nadie a su alrededor que pudiera burlarse de él, como ciertos tíos abuelos y hermanas fastidiosas—y al menos ahora podía estar tranquilo pese al riesgo de que alguien entrara a su habitación sin anunciar fuera una expectativa. Sus labios comenzaron a vocalizar las letras sin dejar salir su voz cuando el anuncio del concierto fue dado. Casi cae de la silla al bajar los pies que tenía recargados sobre su escritorio.

Un concierto. En vivo. Es decir, ver a Baba después de tantos años en vivo, cantando para sus fans. En menos de una semana.

Tenía que conseguir boletos.

Tuvo la mano sobre el ratón de su computadora antes de que la sombra de su avergonzado yo de doce años pudiera hacerlo dudar. El cursor dubitó por un momento encima de la opción de cuántos boletos serían. Sabía que no podía ir él solo. No sería difícil convencer a sus padres, por mucho trabajo que fuera hacer sus tareas, sus calificaciones no habían caído en lo absoluto que incluso Dipper estaba comenzando a preguntarse si aceptar ese avance de grado sería buena idea.

No, la cosa que lo hacía dudar era el viaje en sí. Dada a la situación global actual, incluso si era permitido salir de viaje, él sabía muy bien que su ansiedad social haría que la experiencia de interactuar con otras personas influyera en su humor por el resto del viaje. Eso sin tomar en cuenta las medidas sanitarias que habría en el concierto. Y hablando de conciertos, ¿qué clase de triste adolescente va a un concierto de una banda ochentera por sí solo? Dipper no quería estar pensando en las miradas fantasmas de otros sobre su cabeza, lamentándose por él cuando no había nada que lamentar.

Dipper se mordió el labio inferior, con fuerza. Ahora se estaba cuestionando si comprar los boletos era una mala idea. Con un suspiro, levantó la mano de la computadora y estaba a punto de levantarse cuando el teléfono sonó. Debido a que cuando estaba en casa, dejar su habitación era una rara ocasión—eso sin mencionar que siempre perdía de vista el celular—tenía un teléfono de línea directa en caso de emergencia, por lo que soltando una risilla por todavía ser uno de esos jóvenes que usa línea fija, Dipper tomó el teléfono sin verificar el número.

"¿Bueno?" Preguntó a la línea, tomando el espacio entre la contestación de la persona para preguntarse su identidad y por qué llamarlo a él y no al número de la casa.

"¿Dipper? ¿Dipper Pines?" Vino una voz suave, aunque algo amortiguada, así que identificarlo fue difícil.

"¿Sí? Al habla."

"Oh, que bien. Por un momento creí- Digo, hola, soy Wirt, ¿Wirt Palmer? Estamos juntos en la banda de la escuela."

Hubo un silencio mientras Dipper procesaba esta información. Wirt. Wirt, ¿Wirt?

"¡Wirt!" Gritó el chico en el recibidor al tiempo que su mente daba cara al nombre. El adorable clarinetista que tocaba como si no hubiera nadie más a su alrededor en el mundo.

Atragantándose con su propia saliva, Dipper se apresuró a disculparse por gritar. Su corazón palpitaba tan a prisa que parecía que iba a salírsele por el pecho. Vaya buena impresión que hacía gritando al oído del chico que le causaba mariposas en el estómago cada vez que lo veía sonreír, incluso si era a la capitana de la banda y nunca a él.

La suave voz rió al otro lado del recibidor. Dipper se tragó el chillido de encanto al escucharlo.

"No- no, es mi culpa. Recibir la llamada de alguien que no esperabas, debería ser yo quién se disculpe."

"Siendo que fui yo quién casi revienta el tímpano del otro, creo que mi disculpa está justificada."

Wirt volvió a reír, un sonido tan apaciguado que sonó casi como un suspiro que hizo que Dipper agarrara el recibidor con más fuerza. Lo sentía tan cerca…

"Entonces no te quitaré tu disculpa," un latido más tarde. "¡Oh! Claro, esto- Llamaba para informarte que la práctica de este fin de semana se cancelaría. Sara- digo, la capitana tiene una emergencia. Y bueno, siendo que las finales están cerca, creyó que un descanso sería apropiado para relajarnos." Pudo escuchar cómo Wirt tomaba aire para continuar su explicación, esta vez con un ligero temblor. "P-por eso llamé. Como no contestabas tus mensajes- y sé que preferirías que ella misma te diera la explicación, p-pero por alguna razón ella me pidió que- Y por eso marcaba y- Disculpa, no estoy siendo nada claro, ¿cierto?"

Dipper solo asintió, olvidando por completo que el otro chico no estaba a su lado susurrando todo esto a su oído. Sintiendo su rostro calentarse, el otro trató de recomponerse.

"Claro- ¡No! Es decir, no, te entendí completamente; fin de semana, no practica, delegación a avisar a todos. No está mal, claro," Dipper dijo, sin saber muy bien qué quiso decir con lo último. Mientras conversaba, su otra mano empezó a buscar algo que hacer, así que la dejó sobre el ratón de computadora. "Y- ¿y cómo anda todo?"

Idiota, murmura en su cabeza porque… ¿Por qué razón un chico mayor que él—por un año, dice una voz interna que suena irritablemente como la de su hermana—querría continuar una conversación con su junior?

Sin embargo, para su sorpresa, escuchó la diversión en el tono del otro al responder.

"No mucho, estaba ayudando a mi hermano con su tarea," Wirt dijo, y una melodía distintiva sirvió de fondo a su ya de por si perfecta voz. "¿Qué hay de ti? ¿Algún- algún plan para este fin de semana?"

"Oh, nada, solo el no ir a un concierto por mí mismo cuando la única opción viable es mi madre o pasar el fin de semana lamentando no haber ido."

Bueno, el plan había sido echado a perder por su traicionera mente llena de inseguridades y dudas. Era difícil encontrar la motivación para ir a un concierto cuando no conocías a nadie que compartiera tus mismos gustos. Es decir, Dipper pensó para sí mismo, siempre podía pedirle a su mamá que lo acompañara, pero la idea lo deprimió cuando el chico que hacía que sus rodillas temblaran estaba al otro lado de la línea telefónica.

"No mucho tampoco, tal vez ir al cine o algo por el estilo," Dipper se encogió de hombros, deseando que su círculo social en su ciudad natal no fuera tan lamentable.

Mientras Wirt continuaba la conversación, tal vez preguntando sobre qué películas le interesaba ver, Dipper logró identificar el eco de música que le había resultado tan familiar.

"¿Ésa es Baba?" Interrumpió al otro, demasiado emocionado por este nuevo descubrimiento. "¿Te gusta Baba?"

Wirt, por su parte, confirmó la primera pregunta, y eso fue todo lo que Dipper necesitó para hacer lo siguiente, aunque tan pronto como las palabras estuvieron fuera de su boca, deseó como nunca antes poder enterrar la cabeza bajo sus almohadas.

"¿Quisieras acompañarme al concierto de gira que van a tener?" Su invitación provocó que algo muy ruidoso sonara desde el otro lado de la línea, y Dipper no tardó en preguntarle a Wirt si todo estaba bien de su lado.

"S-sí, t-todo bien, ¿un concierto dices?"

¡Estúpido! ¡Dipper Pines, gran cabezota! ¡No llevan más de diez palabras intercambiadas y ya lo estás invitando a salir! Si Mabel estuviera aquí y no en un viaje de compras con su tía, estaría con él burlándose de su estupidez justo en frente de su cara. Y no la podría culpar.

"Eh- ¡no tienes que aceptar! Es solo que- no conozco a nadie que le guste la banda," O a nadie en absoluto, no teniendo amigos y eso. "Y escuché la música y, ¿sabes qué? Podemos colgar y pretender que nada de esto sucedió."

Pero para su incredulidad, Wirt se apresuró a denegar sus palabras. "¡No! ¡No me importaría! No, espera, eso no, ¡quiero decir que me encantaría! Ir al concierto, digo, ir contigo. ¿Cua-cuándo es?"

Los siguientes minutos son pasados entre informar a Wirt sobre la fecha y hora del concierto, el cuál coincidía con el descanso de fin de semana de las prácticas de banda, así que ambos estuvieron más que satisfechos con tener planes para esa apertura en sus itinerarios. También conversaron sobre dónde se encontrarían, y colgaron con la promesa de continuar en contacto, después de todo, Wirt ya tenía su teléfono celular, era cuestión de que Dipper no lo perdiera de vista. Cuando colgaron, Dipper tuvo que tirarse de cara contra la cama para liberar el grito de alegría amenazando con explotar de su pecho, la emoción de los eventos de ese día haciendo que una sensación temblorosa se extendiera desde su cabeza hasta la punta de sus dedos. Incluso estaba pataleando en el aire, ninguna parte de su cuerpo a salvo de este estallido de energía.

Iba a salir con el chico que había estado poblando sus pensamientos desde la primera práctica de la banda, y la razón por la que su hermana no había dejado de molestarlo, motivándolo a que solo se acercara de una endemoniada vez a hacerle conversación. Su torpe corazón de fanático había sido la causa, y Dipper no estaba seguro de si estar agradecido o volver a enterrar su gusto por esa música en el fondo de sus memorias más vergonzosas una vez más. Solo bastó con que viera el nombre de Wirt en su lista de contactos—habiéndolo guardado una vez que lo encontró con los mensajes sin ver del chico—para que se inclinara más hacia la sensación de agradecimiento.

Por los cielos, ¡¿qué iba a ponerse?!