CAPITULO 2
SAKURA
Escucho que dicen mi nombre a lo lejos y decido ignorarlo.
En cambio, mordisqueo el labio de Sasuke, más excitada de lo que debería estar debido a su voluntad de enfrentarse a Naruto. Sasuke capta la indirecta, devolviéndome el beso. Espero que sea agresivo y duro, teniendo en cuenta su actuación en el hielo, pero la forma en que su lengua se mueve con la mía solo puede ser descrita como sensual. Este es de lejos el mejor beso que me han dado en mi vida, lo cual es lamentable ya que es un jugador de hockey promiscuo, aunque buen lector.
Realmente no debería irme con él. Mi experiencia anterior con jugadores de hockey me dice que esto no está bien. La diferencia es que esto es una aventura. Él no me está pidiendo una cita, y yo no estoy esperando una. La canción Let's make out está sonando en mi cabeza. Quiero que sea mi himno.
—¿Qué demonios estás haciendo? —grita Naruto en mi oreja.
Me encojo de miedo, separando mis labios de los de Sasuke. Naruto es un maldito imbécil. Las pocas personas que había en el patio han dejado de hablar a causa del alto e innecesario volumen de su voz. Olvidé que nos encontrábamos en un lugar público. Voy a echarle la culpa a las cervezas que tomé antes y a mi falta de claridad gracias a la lengua de Sasuke en mi boca.
—¿Qué está pasando aquí? —pregunta Naruto igual de fuerte que antes, gesticulando con sus gigantes y peludas manos.
—Estoy chupándole la polla —le digo con sarcasmo. A veces me gustaría que mi boca no tuviera una conexión defectuosa con mi cerebro, permitiendo que todo salga sin filtrarse.
Sasuke tose, sus dedos retorciéndose en mi cadera, y la cara de Naruto se vuelve de un tono rojo antinatural. Esta es una situación tan extraña; la torpeza hace que continúe vomitando idioteces.
—Está bien, me atrapaste. No le chupaba la polla. Follábamos la boca del otro con la lengua. Esto se conoce también como besar, pero follar con la boca suena mucho más sucio, así que me quedo con esa expresión.
Las fosas nasales de Naruto se abren. Soy una idiota. Probablemente va a matar a Sasuke por esto.
Naruto se da por vencido con racionalizar conmigo y se vuelve hacia Sasuke.
—Quítale tus malditas manos de encima a mi hermana.
—Hermanastra. —No puedo evitar señalar eso.
—¡Es la misma maldita cosa!
—¡Ni de cerca! —Muevo un dedo a un lado y a otro en su cara y señalo—: No tienes ningún derecho de opinar sobre lo que hago o dónde Sasuke pone sus manos.
—Se lo diré a Mebuki —amenaza Naruto, como si tuviéramos cuatro años y acabara de robarle su juguete favorito.
—Como si a ella le importara.
Naruto levanta una ceja.
—¡Estás bromeando? Se lo dirá a todas sus amigas.
Mierda. Tiene razón. Mi madre no va a ser capaz de mantener su boca cerrada. Me hará preguntas inapropiadas. No voy a tolerarlo.
Agarro las solapas de la chaqueta de Naruto y trato de estirarme para estar cara a cara. Es como subir por una de esas paredes de roca, una gran y peluda pared de roca, así que me doy por vencida y acerco su camisa hasta que él se inclina a mi encuentro.
—Escúchame, idiota. Si le dices, aunque sea una palabra de esto a mi madre, voy a hablar abiertamente de cuando nos emborrachamos y trataste de tocarme, ¿me entiendes? No estoy bromeando. Lo haré. — Naruto nunca ha intentado tocarme; no a propósito, de todos modos.
—No lo harías —sisea Naruto.
Lo tengo agarrado del vello, en sentido figurado, por supuesto. Nunca me atrevería a tocar su vello.
—¿Quieres probarme? Inténtalo, no tengo nada que perder.
—Está bien, está bien. No voy a decir ni una palabra. Simplemente… ¿podemos hablar en privado? ¿Por favor? —Con sus manos levantadas en señal de rendición, mira entre Sasuke y yo, con pánico evidente.
Solo nosotros dos teníamos conocimiento de este incidente. De hecho, si hubiera sido honesta con él, no estaría preocupado en absoluto. Había estado borracho y fuera de guardia en ese momento. Permitirle creer que sí me tocó, aunque fuera por accidente, me da cierta ventaja en situaciones como estas.
Suelto las solapas.
—Has conseguido acabar con toda la diversión de esta noche. Me voy.
Pienso en invitar a Sasuke a venir conmigo para molestar a Naruto aún más y tal vez seguir besándonos, pero estoy compartiendo habitación con mis padres. Los malditos están en todas partes esta noche, frustrando mis intentos de tomar malas decisiones.
Sasuke susurra algo en mi oído; suena como quédate. Por supuesto, puede que simplemente haya respirado por la nariz y hecho un ruido silbante que se asemeja a una palabra.
—Si quieres —dice Naruto amigablemente.
Molesta e incapaz de dar marcha atrás, me dirijo a Sasuke.
—¿Quieres mi número?
—Claro. —Busca su teléfono en su bolsillo trasero, saca su lista de contactos y me lo entrega.
—¡No le des tu número! —La irritación de Naruto mejora muy poco mi estado de ánimo.
Lo ignoro y escribo mi número en el pequeño libro negro de Uchiha, más que feliz de irritar a Naruto en todo lo que pueda. Tan divertido como fue besarse con Sasuke, es poco probable que en realidad vaya a llamarme.
—Gracias por follar a mi boca —le susurro cuando le devuelvo su teléfono.
Me guiña.
—Cuando quieras.
Choco contra el hombro de Naruto cuando paso, ni siquiera tiene la decencia de moverse unos centímetros, y voy hacia los ascensores. Tan decepcionada como estoy que Naruto interrumpiera mi diversión, es mejor así. Sasuke está demasiado bueno y es demasiado buen besador para mi propio bien.
Mis padres están encerrados en su habitación, así que no tengo que participar en la charla sin sentido. A veces Minato se pasea en ropa interior. Estoy acostumbrada a su abundante vello en el pecho, pero los calzoncillos blancos son demasiado. Tengo una sólida comprensión, muy buena frase, a decir verdad, de por qué mi madre se casó con él, más allá de su personalidad estelar.
Cruzo de puntillas la suite y pongo el seguro en mi habitación. Mi primera parada es en mi maleta. Hora de acariciar el castor. Me río, encontrando cómico el término en referencia a mis partes femeninas.
Después de volcar el contenido de mi maleta en el suelo, es evidente que me he olvidado mi consolador de viaje, junto con cada otro elemento importante. He traído un montón de calcetines extra y solo un impresionante sostén.
La sesión de besos con Sasuke me ha dejado toda cachonda, así que estoy obligada a utilizar mis propios malditos dedos para correrme. Ni siquiera tengo la revista con el anuncio de la leche en ella, la cual ahora sé que es Sasuke, para ayudarme con una imagen.
Paranoica de que alguien pudiera oírme por casualidad, me ocupo de mis asuntos en el cuarto de baño con el ventilador encendido. Tardo quince minutos en correrme. Mis adoloridas muñecas y dedos eliminan el elemento de relajación de todo el proceso. Terminado el expreso de masturbación, busco entre la pila de ropa en el suelo mi pijama, riendo después de encontrarla. No vi ésta en particular desde la escuela secundaria. Ni siquiera sabía que todavía la tenía.
No me queda tan bien como antes, pero va a tener que servir. La parte superior se aprieta contra mi pecho, como un vendaje. Los pantalones, que antes pisaba, ahora son piratas. La cinturilla me queda tan abajo que apenas cubre mi culo. Da igual. No es como si alguien fuera a verme en ellos.
La rutina nocturna habitual es la siguiente: lavarme la cara, cepillarme los dientes, quitarme las lentillas y buscar mis gafas ya que no soy lo suficientemente inteligente como para haberlas cogido antes. Las encuentro en el suelo, entre pares de calcetines limpios y mi solitario sujetador limpio, el cual tengo que guardar para mañana. El sonido sordo de mi teléfono sonando con una llamada viene desde debajo de la pila de ropa tirada en el suelo. Probablemente sea Naruto, asegurándose de que no fui secuestrada mientras regresaba a mi habitación.
—¿Qué quieres, imbécil? ¿No has arruinado mi noche lo suficiente ya al interrumpir mi maldita sesión de besuqueo con tu caliente compañero de equipo? ¿Ahora tienes que interrumpir mi sesión de masturbación, también?
Cubro el receptor para sofocar mi risa. Las discusiones sobre masturbación ponen a Naruto incómodo. Probablemente porque cree que una vez me preguntó si observarme al masturbarme era considerado incesto. Igual que cree que intentó toquetearme. Puede que haya torcido sus palabras en mi explicación de los acontecimientos.
Escucho un sonido de silbido al otro lado de la línea que me recuerda a Darth Vader, seguido de "santa mierda".
No es Naruto.
—¿Hola?
—¿Sakura?
—¿Quién es?
—Soy Sasuke, el caliente compañero de equipo. —Me puedo imaginar su sonrisa arrogante.
—Oh. Hola. —Bueno, esto es inesperado y bastante humillante. Aunque supongo que es consciente de lo caliente que es, así que no debe ser información nueva para él. Además, la sesión de besos de hace un rato es una clara señal de que me gusta la forma en que se ve.
Se hace el silencio. Tres segundos más tarde, tengo preparadas seis réplicas ingeniosas. Por desgracia, el momento de la inteligencia ha pasado.
—¿De verdad te estás masturbando? —Ahí está el sonido sibilante de nuevo.
—No, ya… acaricié mi castor. —Me río. Soy tan inmadura—. ¿Estás tú masturbándote? —La forma en que está respirando a través del teléfono lo hace sonar posible. Me gusta la visión que esto incita; apuesto a que está realmente duro.
—¿Qué? No —dice rápidamente. Casi demasiado rápido.
—¿Estás seguro? Quiero decir, ni siquiera dudaste al contestar. De hecho, ni siquiera esperaste a que terminara de hacer la pregunta. —Esto es totalmente falso—. Tal vez estás mintiendo y tienes tu mano bajo tus pantalones.
—¿Qué? No, no es cierto, te lo juro. Espera un minuto… ¿hiciste tú eso? —Su voz desciende un par de octavas. Suena intenso. Trato de imaginar la expresión de su cara a juego.
—¿Hacer qué?
—Lo que dijiste de acariciar tu castor. ¿Es cierto?
Suena tan ridículo. Me río sin control.
—Jódeme —murmura Sasuke.
Dejo de reír. En primer lugar, porque creo que se trata de una propuesta real. En segundo lugar, porque tengo una imagen fantástica de mí debajo de él.
—Es cierto. —Mi voz suena entrecortada y suave, cortesía de la pornografía que estoy viendo en mi cabeza.
—¿En serio? —Suena emocionado. Muy, muy emocionado.
—¿Sobre acariciar mi castor? No. Los castores son raros. No deben ser acariciados.
—¿Puedes dejar de decir "castor"? A ver, ¿qué estás haciendo en este momento?
—Bebiendo cerveza y viendo porno, ¿por qué? —Mañana estoy segura de que voy a estar debidamente avergonzada de esta conversación. Ahora mismo, estoy bien entretenida.
—Porque estoy de pie delante de la puerta de tu suite. ¿Quieres compañía?
Me siento rápidamente, la habitación da vueltas.
—No lo estás.
—Lo estoy. Suite seis-cero-nueve. ¿Quieres que llame a la puerta?
—¡No! ¡No lo hagas! Espera.
Corro por la habitación y abro de un tirón la puerta de mi habitación. La sala de estar está vacía. Considero arrastrarme y rodar por el suelo por diversión, pero no tengo coordinación, así que me conformo con correr. Abriendo la puerta, encuentro a Sasuke con su chaqueta doblada sobre un brazo y su teléfono en la oreja.
Salgo al pasillo.
—No bromeabas.
—Lindo. —Dice Sasuke.
Sigo su mirada. Oh, sí, ahora me acuerdo. Estoy usando un pijama del Hombre Araña diseñada para adaptarse al cuerpo de chicos pre- adolescentes. Hace frío en el pasillo y voy sin sujetador, lo cual desvía la atención hacia mis pechos. Mis pezones le rinden homenaje con claridad a través de la tela raída.
—Me olvidé mi lencería de encaje en casa. —Casi deseé poseer una, excepto porque el encaje es incómodo y poco práctico—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Ahueco mis pechos para proteger a mis pezones de una mayor molestia visual.
Sus ojos descienden por una fracción de segundo, como si mis pezones tuvieran su propio campo de fuerza, y luego regresan a mi cara.
—Yo, eh... ¿quieres pasar el rato?
Me estremezco.
—Estoy con mis padres.
—Podría llevarte a mi habitación.
—Ya me iba a la cama. —Tan lamentable.
—Me lo imaginaba.
Y ahí está esa sonrisa de nuevo. Deja al descubierto esos malditos hoyuelos. El rostro golpeado y las heridas parecen elevar su nivel de hermosura.
—No voy a tener sexo contigo. —Querido Señor, mi boca necesita un censor.
Ni siquiera se inmuta.
—Eso es genial. No esperaba sexo.
—¿En serio? —Asumí que con lo de "pasar el rato" se refería claramente a "desnudarnos".
—En serio. Promesa. —Coloca su mano sobre su corazón, sus ojos suavizándose mientras sus mejillas se ruborizan. Se ha ruborizado. Es lindo.
—Oh. Bien, entonces. Supongo que... voy a cambiarme. —Aquí estoy, aceptando ir a la habitación de un jugador de hockey extremadamente caliente en medio de la noche para no tener sexo.
Llego a la puerta y tiro de la manija. Está cerrada. Lo intento de nuevo, sabiendo que no va a funcionar. Si llamo a la puerta despertaré a mis padres. Entonces definitivamente no pasaré el rato con Sasuke. Quiero hacerlo, a pesar de que se trata de una escandalosa mala idea. Nada bueno puede salir de esto. Excepto tal vez otra sesión de besos.
—No tienes la llave.
—No. No la tengo.
—No necesitas cambiarte. Me gusta lo que llevas puesto. El Hombre Araña es mi favorito. —Todavía tiene una sonrisa plasmada en su rostro. Es casi tan irritante como ardiente—. Podríamos ir a recepción y pedir otra tarjeta, si estás segura de querer cambiarte.
—Estás besan... quiero decir, ¿bromeando? Quiero decir ¿qué? No. No puedo ir allí vestida así. —Tanto el lapsus Freudiano como la idea de entrar en el vestíbulo principal con un pijama de Spidey son horripilantes.
—¿Por qué no vienes a mi habitación? Podemos descansar un poco. Para cuando estés lista para volver aquí, ya habré hecho que te envíen una llave. —Me ofrece su mano.
La miro y luego a él, dudando. Podría ser el alcohol residual flotando en mi sistema, y mi falta de gratificación durante mi tiempo como concubina, pero pongo mi mano en la suya y le permito guiarme hasta el ascensor. Presiona el botón y deja caer su chaqueta sobre mis hombros. No quiero considerar con qué frecuencia hace esto. O cómo probablemente soy una de cientas.
Las puertas se abren, y me hace entrar delante de él. Todo el ascensor está rodeado de espejos, proporcionando una vista impresionante de Sasuke desde todos los ángulos. Yo, por el contrario, soy un completo desastre. Mi cabello debería plantearse usar seriamente un cepillo, no voy maquillada y llevo mis gafas. Intento arreglar, sin que se note, mi cabello.
—Oye. —Sus ojos son cálidos mientras acaricia mi mejilla. Sus dedos son ásperos y callosos, pero el tacto es suave, íntimo incluso—. Solo quiero pasar el rato. Lo prometo.
Quiero creerle.
—Son las dos de la mañana, Sasuke. Aparecer en mi habitación de hotel a altas horas de la madrugada generalmente implica un polvo asegurado.
Deja caer su mano.
—Toda la escena del bar ya ha pasado, y estoy algo alterado por el juego. Pensé que me diste tu número, y nos divertíamos, ¿no? Es bueno hablar con alguien que no esté absorto en el despliegue publicitario.
—Cierto. —Lo que sea. No me va a mantener como rehén. Siempre puedo irme si lo necesito.
—No estaba seguro de cuándo te irías. Quería intentar...
El ascensor suena. Sasuke entrelaza mis dedos con los suyos y caminamos por el pasillo hacia su habitación. El espacio es casi igual que la habitación de mis padres, aparte de una única puerta que lo más probable es que conduzca al dormitorio.
—Por lo general, compartimos habitaciones; pero gané una apuesta la semana pasada, así que mi compañero, Shikamaru, tuvo que dejarme solo.
—¿Shikamaru?
—Sí. Nara. Número veintiséis. Juega en el ala derecha.
En ese momento recuerdo que se suponía que tenía que hacerle una foto. Me encontraba demasiado ocupada pegando mi lengua en la boca de Sasuke para hacerlo. Espero que Temari perdone mi distracción.
—¿Comparten habitación?
—La mayor parte del tiempo.
Traer chicas a la habitación sería un reto. A menos que todos estuvieran observando o compartiendo. Reprimo un estremecimiento. Me pregunto qué tipo de apuesta ganó.
Sigo a Sasuke al bar, donde me prepara una bebida sin alcohol. Abre una botella de Perrier para sí mismo.
Estamos ahí, mirándonos sin decir nada hasta que la incomodidad se vuelve insoportable y hago un chasquido.
—Estoy nerviosa —digo—. No suelo hacer esto. —Pongo los ojos en blanco internamente. Que línea tan cliché.
La esquina de su boca se levanta, sus ojos encendidos con diversión.
—¿No sueles pasar el rato con la gente?
—No. No suelo seguir a famosos jugadores de hockey a sus habitaciones privadas cuando vienen a llamar a mi puerta a las dos de la mañana después de haber sido reconocido públicamente en un bar.
—¿Los jugadores de hockey suelen llamar a tu puerta en medio de la noche?
—No. Esta sería la primera vez para mí. —Me quité su chaqueta y se la entregué, ya demasiado caliente gracias a las bromas.
—Ese pijama es realmente algo a considerar.
—Creo que te gusta la visibilidad de mi pezón.
Me aparto, deseando poder detener mi boca. Apoyándome en la barra, dejo caer más cubitos de hielo en mi bebida. Una garganta se aclara detrás de mí, y recuerdo cuán bajos llevo estos pantalones. Hay una posibilidad sólida de que la mitad de mi culo se esté saliendo por la parte trasera. Me enderezo rápidamente y subo mis pantalones, casi haciendo que se me marquen mis partes íntimas contra la tela. Sin importar cómo me dé la vuelta, Sasuke va a conseguir una vista de algo.
Hay un sofá de felpa en el otro lado de la habitación. Voy hacia él y me siento en la esquina, sobre mis piernas, para evitar más errores con mi guardarropa. Sasuke no ha dicho nada que confirme o niegue la observación de mi pijama de Spidey. De hecho, no ha dicho nada en absoluto.
Se sienta a mi lado, inclinándose hacia atrás, viéndose relajado y caliente. Entonces me jode. No en el sentido literal; no me dobla contra el brazo del sofá, deja caer mis pantalones y me llena por detrás. Pero podría hacerlo también.
¿Qué es lo que hace para desmoronar mí ya débil voluntad, aparte de su absurdamente magnífica personalidad? Sasuke hace exactamente lo que dijo que quería hacer: pasar el rato y hablar.
—¿Así que diriges un club de lectura? ¿Cómo es eso? —Extiende su brazo, rozando sus dedos a lo largo de mi hombro.
No estoy segura de cómo responder a esta pregunta sin sonar demasiado como una fracasada.
—No lo dirijo, solo participo. Sobre todo, es una excusa para beber vino y comer comida basura mientras se discute sobre libros obscenos. No solemos leer literatura del siglo XVI, pero hemos leído verdadera pornografía durante los últimos meses. Una chica, Moegi, estaba cansada de leer la palabra "húmedo", así que escogió una novela de Fielding. Es un poco extremo.
Sasuke se estremece.
—Compresible, realmente. Húmedo es una palabra terrible.
—Tan cierto. Solo debe ser usada para describir la consistencia de una torta.
—Concuerdo. —Sasuke sonríe, su bonita sonrisa persistente. Hace girar mi cabello entre sus dedos—. ¿Así que estudias inglés en la universidad?
—No estoy especializada. Tomé algunos cursos por diversión. ¿Qué hay sobre ti? —Mi boca está seca y cada parte de mí está caliente. Tomo un sorbo de mi bebida de pomelo.
—Me especialicé en literatura inglesa y kinesiología durante mi primer año. Tuve que dejarlo después de que me reclutaran. Me eligieron un poco tarde.
Tenía doble especialización. Mi pijama de Spidey está en riesgo de quitarse a sí mismo de mi cuerpo. —¿Cuándo fuiste reclutado?
—A mediados de mi primer año.
—¿Y aun así terminaste la carrera?
—Tardé un poco más de lo habitual, pero sí. Todavía me gustaría terminar kinesiología en algún momento, pero eso tendrá que esperar. ¿Así que no estás en literatura de ficción?
Está usando expresiones canadienses. Me estoy ruborizando por debajo de la cintura y por encima del cuello.
—Soy buena en literatura. He leído a Tolstoy y a Austen y me gustaron, pero Fielding es un gran cambio partiendo de pura pornografía.
Eso me consigue otra risa y sus dedos bajan por el lado de mi cuello. —Él la vio, como el sol, incluso sin mirar.
Oh, Dios. Está citando a Tolstoy y tocándome. Estoy jodida.
Cuando estás rodeada de hombres con mentalidad deportiva cuyo repertorio de lectura no se expande más allá de Las Noticias del Hockey o de la selección de deportes del periódico, es difícil no sorprenderse por un tipo que lee libros sin dibujitos.
Un segundo está hablando, al siguiente mi cara está pegada a la suya. Su copa tintinea sobre la mesa y luego sus manos están en mí, debajo de mi camiseta, agarrando mi cintura y quemando contra mi piel ya caliente.
—Realmente esperaba volver a follar tu boca —dice Sasuke contra mis labios.
Me río, y luego gimo. Oh, diablos, gimo. Ha pasado un tiempo desde la última vez que fui tocada por un miembro del sexo opuesto. Con lo de un tiempo me refiero a que he sufrido la sequía de años durante los últimos seis meses. Voy a estallar fuera de mi piel por el contacto.
Recorro su mandíbula con mis dedos y los entrelazo en su cabello. Es suave, recordándome a esos anuncios de champú donde los hombres atractivos hablan efusivamente sobre su cabello súper impresionante.
Lo acerco, pero no es suficiente, así que me pongo a horcajadas sobre su regazo. Esto es a la vez la mejor y la peor idea jamás pensada. Su estatus de mujeriego deja de importarme cuando me acomodo sobre el abultamiento en sus pantalones.
Las yemas de los dedos de Sasuke se deslizan hacia atrás y adelante bajo la cinturilla del pantalón, la cual se ha deslizado precariamente hacia abajo. Mi atención se centra en la sensación de sus manos sobre mi piel y el calor de su boca en la mía.
Rompe el beso y sus labios se desplazan a lo largo de mi mandíbula, cálidos y húmedos sobre mi piel. —¿Esto está bien? —pregunta, metiendo sus manos por la parte de atrás de mis pantalones.
—Uh-huh.
Agarra la curva de mi culo, apretando suavemente. —¿Y esto?
Murmuro un mmm en lugar de usar palabras para evitar una no muy lejana posibilidad de poder decir algo que arruine el momento. Su labio inferior pide atención, así que le doy un mordisco y lo chupo. Nos besamos durante un largo rato, moliéndonos el uno contra el otro, sus manos en mis pantalones, mis dedos en su cabello.
Empuja mi cuerpo más cerca, moviendo sus caderas al mismo tiempo. —¿Y qué sobre esto?
Y ahí está, la fricción que he estado buscando. Se siente tan bien. Mucho mejor que mis propios dedos, porque es una maldita gran polla y todo lo que tengo que hacer es moverme en su contra. —Fóllame. —Las palabras salen en un entrecortado gemido.
Me congelo. Estoy tan hockdida. Será mejor que haya un grupo de apoyo para las putas del hockey.
Voy a necesitarlo después de esta noche.
