SAKURA
Sasuke suelta mi trasero y me observa con ojos suaves y cálidos. — Fui serio cuando dije que no tenía ninguna expectativa, ¿de acuerdo? — A pesar de su postura relajada y su confirmación, su voz es áspera; destilando sexo sobre hielo picado.
¿Es esto lo que les dice a todas las conejitas del hockey? Si es así, entiendo por qué funciona.
—De acuerdo.
Decido que, si permanecemos en el sofá, hay menos riesgo de quedarme completamente desnuda. La idea es carente de lógica. La primera vez que tuve sexo fue en un sillón, así que la perspectiva de que es menos peligroso que decir: oh, una gran y confortable cama, es absurda. De todos modos, sigo con esto.
Sasuke acaricia mi trasero mientras con descaro me aplasto contra él. Al mismo tiempo, lo sostengo con fuerza del cabello así puedo mantener su boca en la mía. Demuestra ser increíblemente hábil con toda la cosa de mover las caderas. Tan lejos como esto llegue, es increíble.
Sus labios contra mi garganta envían deliciosos temblores por mi columna vertebral.
Suelto su cabello para explorar el resto de su cuerpo. Músculos tensos se mueven bajo mi toque. El primer botón de su camisa de vestir se halla desabrochado y la corbata cuelga de su cuello. Ahora parece ser un buen momento para ponerlo más cómodo. Quiero decir, estoy en pijama y aquí se encuentra él, aún con la mayoría de su traje.
Desabrochar implica multitarea, pero soy más que capaz de desabotonarle la camisa mientras besa mi cuello.
Debajo de la elegante camisa de vestir hay una camiseta blanca estirada sobre una sólida pared de pecho. Estoy segura que no necesitaron aerógrafo en el anuncio de leche para conseguir su nivel de sensualidad.
Emocionada por averiguarlo, deslizo los dedos bajo el dobladillo, consciente de que esto es similar a la inauguración de una exposición de arte. Nunca he estado tan cerca e íntimamente con alguien de esta asombrosa condición física. Quiero deleitarme mientras revelo su divino cuerpo. Debajo del ombligo tiene un camino de vello oscuro, un camino hacia el tesoro algo cercano al oro… o a los diamantes; porque está malditamente duro ahora.
Abdominales marcados se flexionan bajo mis dedos. Levanta sus brazos, y saca la camiseta sobre su cabeza, cuidando su labio lastimado y la barbilla magullada. Sin importarme en esconder mi apreciación, exhalo un silbido. Tatuajes acentúan cada bíceps. El izquierdo alardea una bandera ondeante de Canadá, larga vida al patriotismo, y el derecho tiene un par de palos de hockey cruzados sobre un disco.
Puedo sentir los ojos de Sasuke sobre mí mientras trazo el tatuaje de hockey con la punta del dedo.
—Realmente amas el hockey, ¿verdad?
—Sí. Es lo mío. —Sus manos vagan por mis muslos, sus brazos flexionados.
—Apuesto que podrías hacer pesas conmigo.
—Es una buena propuesta.
Las puntas de sus dedos irrumpen en el dobladillo de mi camiseta. Cuando mi cuerpo tiembla, vacila.
—¿Debo detenerme?
—No, gracias. Tengo cosquillas.
—¿Sí? —Me observa desde debajo de sus pestañas anormalmente gruesas, usando una sonrisa diabólica.
—Solo aquí —apunto a mis costillas—, y aquí. —Le indico la curva en mi rodilla.
—Seré cuidadoso.
Su mano se mueve a lo largo de mis costillas. Contengo el aire y me aguanto una risita.
Tan pronto como agarra mi pecho, sus pulgares se deslizan sobre mis pezones. Gimo como una mujer de la calle. En realidad, es como un extravagante gemido de estrella porno. Mi rostro y mi pecho se calientan, avergonzados.
Al parecer, Sasuke está bien con el gemido. Aun sosteniendo mis pechos, me mira a los ojos, esperando mi aprobación para seguir adelante. Hasta ahora, con cada beso y cada caricia, me ha pedido permiso para avanzar. Lo hace infinitamente más sexy y es difícil decirle que no.
Levanto mis brazos en un silencioso asentimiento. Claro, cuando quita la camiseta, las gafas se quedan atrapadas en mi cabello. Sasuke lucha para liberarlas y las pone en el brazo del sofá donde permanecerán a salvo.
Y ahora ambos nos encontramos sin camisa. Sasuke observa mis tetas. No es un vistazo a escondidas. Las observa con descaro. Las ahueca con las manos, las cuales son grandes; sus manos, no mis pechos, que son de tamaño medio. Luego las hace rebotar un poco.
Es como un niño que acaba de descubrir que las gelatinas se sacuden si las tocas.
—Te dije que eran demasiado buenas para ser reales. —La manera en que me observa me inhibe, así que emito mi comentario con mucho sarcasmo.
—En realidad lo son. Son suaves —murmura, acariciando—, y firmes. —Pasa sus labios sobre mi pezón.
Por mi jadeo, eleva la mirada, quizá dándose cuenta que estoy conectada al pecho que acaricia.
—Puedo… —Hace silencio mientras saca su lengua, sin tocar mi piel.
—Por favor y gracias.
Cierra los labios alrededor de mi pezón erecto, y lo succiona con suavidad. Muerdo el interior de mi mejilla, en un esfuerzo para hacer descarrilar al sonido que se fuerza a través de mi garganta. Me las arreglo para mantenerlo solo como un gemido mientras Sasuke masajea un pecho y lame el otro. No logro acallar todos los pequeños sonidos de éxtasis.
Su pequeña risa le sigue. —En verdad te gusta, ¿no?
Es bastante obvio que sí, pero suelto un demasiado en un suspiro y me muelo contra él para acentuar mi afirmación. Mientras se encuentra absorto amando mis tetas, mis manos están en todas partes: en su cabello, sintiendo sus brazos y su pecho, avanzando debajo de la cinturilla de sus calzoncillos.
Sasuke realiza un gran trabajo acariciando pechos. Enrolla un brazo alrededor de mi cintura y me atrae hacia él. Con mi gemido ligeramente desesperado, alza sus caderas.
Lo que voy a hacer me convertirá en una total puta del hockey. Como sea, solo por esta noche. Estoy resignada, y ansiosa, mientras intento deslizar la mano por su cinturón dentro de sus pantalones.
—Podemos ir al dormitorio, si quieres. —Las manos de Sasuke se han deslizado hacia los pantalones de mi pijama.
—El sillón está bien.
—La cama es más cómoda. —Sus labios se mueven desde mi cuello a mi barbilla.
Estoy segura que lo es, lo cual es el problema. Sé a dónde se dirige esto. No quiero decirle que no. He visto a Sasuke jugar hockey; tiene una increíble resistencia. El punto es discutible, pero la negación hace que mi intento fallido de resistencia parezca menos ofensivo.
Me besa, suave y explorando. Como gomitas dejadas en el sol, me derrito a su lado. Encontrando el broche del cinturón, la deslizo a través de la hebilla.
Debe pensar que mi acción significa que estoy de acuerdo con su sugerencia. Con firmeza, agarra mi trasero y se levanta. Colocando mis piernas a su alrededor, saco con rapidez la mano de sus pantalones y lo tomo del hombro.
Esto realmente está pasando. En serio. A los veintidós, voy a tener mi primera aventura de una noche. Con un jugador de hockey, nada menos. Demasiado para el buen juicio. Oh bien, nadie es perfecto.
Sasuke me deja en el borde de la cama y enciende la luz. Por supuesto, es del tipo con luz. El tenue brillo magnifica las hendiduras y curvas de su cuerpo, destacando el ángulo de su barbilla y el moretón bajo su ojo izquierdo.
—No tenemos que hacer nada que no quieras.
—Lo sé. —Mi voz tiembla, la excitación y los nervios se fusionan.
Siempre he sido una monógama en serie, esperando hasta la quinta cita o más allá para dejar a un chico entrar en mis pantalones. Eliminaba la mayoría de los errores potenciales. Si el sexo y el chico fueran decentes, vería hacia donde se dirigen las cosas. A veces había repeticiones, a veces no.
Sostengo la cinturilla de sus pantalones como si hubiera una olla llena de oro dentro. Dejándolo ir, me contoneo hacia la cama, dándole suficiente espacio para unirse a mí. Es una cama rey; existe un montón de espacio para juguetear. Tiene los ojos entrecerrados, y su expresión es intensa mientras me sigue.
A tientas y con falta de coordinación, gracias a la perdida de mi función motora, peleo con el botón de sus pantalones y deslizo hacia abajo el cierre. Sasuke ve mis manos desaparecer en su interior. Desde su punto de vista, debe verse bien. ¿Cómo no? La mano de otra persona en tus pantalones es un triunfo. Suave piel cálida recubre el pene más erecto del planeta. Es tan sólido como carburo de tungsteno. Y existe un montón de longitud.
Necesito ver esta cosa. Empujo los pantalones sobre sus caderas, dándome espacio para explorarlo. Sasuke, siendo el chico servicial que es, los termina de bajar, dejándolo en un par de bóxer. Meto la mano de nuevo, y cuando por fin lo dejo en libertad, mis ojos se hallan en riesgo de salir de sus orbitas por el miedo de estímulo visual.
Primero lo primero, Sasuke está rasurado: no hay polla afro al estilo de los setenta ahí abajo, se encuentra pulcro y recortado. Sé que algunos chicos lo depilan para hacerlo parecer más grande. En este caso, estoy segura que no miro boquiabierta una ilusión óptica. Es enorme.
A veces algunas personas exageran sobre cuan grande es el pene de un hombre para hacerlo parecer mejor de lo que es. Está claro que es imposible para alguien tener un pene así de grande. Este no es uno de esos casos. Sasuke Uchiha tiene una anormalidad de polla.
—¿Qué es eso? —La pregunta es tonta. Pero, honestamente, ¿qué demonios se supone que haré con esto?
Sasuke se ríe con nerviosismo. Como es apropiado ya que sostengo su pene, y con seguridad, no estoy cuerda.
—Quiero decir, sé que es. Es obvio. ¿Tienes algún tipo de… desorden? Como elefantiasis de pene o ¿algo? —No dije eso en voz alta.
—No es tan grande. —Su erección se desliza en mi agarre.
No puedo dejar de mirar. Mi pulgar y dedo medio deben dejar más de dos centímetros antes de encontrarse. Los aprietos para ver si puedo acercarlos. No puedo. Lo que hace gemir a Sasuke, y eso, oh monstruo sagrado de los penes, es un gemido sexy. También se ríe, así que sale todo profundo y con la cosa de resoplido al final. Es lindo y adorable mientras también sexy.
Por fin, levanto la mirada para ver si va en serio. Mala idea. Sus brazos cuelgan a los lados, cabeza agachada, ojos oscuros, labios separados, pecho subiendo y bajando. Mira mi mano con intensidad. Y me siento muy feliz de que Temari me haya convencido de hacernos manicura al principio de la semana.
Lamo mis labios, mirando su pene. No tiene circuncisión. Esta noche se encuentra llena de novedades. La manera en que su piel se arruga con cada caricia hacia la punta y cómo regresa suavemente cuando el movimiento se invierte, es fascinante. Apuesto a que es divertida para jugar cuando está blanda. Recuerdo que dijo algo que requiere una respuesta.
—Es como una polla porno. Me doy cuenta de que no es que mida treinta centímetros o algo por el estilo, gracias a Dios. Sola la circunferencia es sorprendente. No hay manera… —¿He sido privada de oxígeno? ¿En serio me encuentro argumentando en contra de tener sexo y expresándolo?
En lugar de parar, continúo como la víctima de un daño cerebral que soy. —Es como una persona que viste una súper larga camisa intentando entrar en una talla pequeña. ¿Qué demonios piensas que pasará con la camisa? Las costuras se separarán, y estallarán como en Hulk. Ni siquiera puedo imaginar la tragedia si mi castor explota.
Sasuke me silencia con su boca, y me siento tan, tan agradecida. Quiero evitar seguir diciendo cosas estúpidas, en particular con un chico que acabo de conocer y con el que quiero tener sexo.
—Sabes —Sasuke acerca sus caderas otra vez—, eres malditamente genial para mi ego. Y la única explosión de vagina que espero causar es la que se encuentra asociada a los orgasmos. —Su voz viaja sobre mi piel como malvaviscos en chocolate caliente.
Su palma cubre la mía y aleja mi mano mientras abre mis piernas.
—¿De acuerdo?
Con mi asentimiento, Sasuke se acomoda entre mis muslos. Solo una gastada y delgada barrera de algodón, con dibujos del Hombre Araña, protege a la tierra del castor de la invasión.
Reclama mi boca de nuevo. Como mantequilla suave, su lengua se enreda con la mía, perezosa y arrulladora. Dejo que mis manos vaguen por sus hombros y por la gran extensión de su espalda hasta su culo firme. Lo empujo hacia abajo y levanto mis caderas, y ahí está; su pene monstruoso.
Jadeo, lloriqueando mientras envuelvo mis piernas alrededor de su cintura y lo acerco más. Me siento un poco temerosa por sus dimensiones, pero Sasuke me distrae con besos en el cuello. Continúa descendiendo hasta mi pecho.
Enredo su cabello en mis manos y saco pecho. No estoy segura para que sirva esto. No es como si fuera a meterse más teta en su boca. Pasa un par de minutos amándolos como si son hamburguesas con queso de lujo después de haber pasado una noche de borrachera. Al mismo tiempo, me muelo con él, perdida en la sensación y en sus pequeños gemidos de aprobación.
Finalmente, suelta mi pezón y lame la punta. —¿Deseas que continúe?
Con mi asentimiento, Sasuke desliza su mano por mis costillas, rozando puntos delicados en el camino. Me río, mientras me encojo.
—Lo siento. —Presiona un beso bajo mi ombligo, se sienta sobre sus talones, y mis piernas caen a los lados. Con sus ojos en los míos, engancha sus dedos en la cinturilla de los pantalones del Hombre Araña—. ¿Estás segura que quieres esto?
—Totalmente.
Por un momento duda, así que deslizo el pantalón sobre mis caderas. Me ayuda a sacarlos y los arroja al suelo.
Y me encuentro desnuda frente a un chico de revista porno con un pene sobrenaturalmente largo. Así que este es un complejo de inferioridad. Interesante. Estoy segura que puedo manejarlo.
Sasuke recorre con sus manos mis pantorrillas y besa el punto sensible en el interior de mi rodilla. Desliza las palmas a lo largo del interior de mi muslo y se detiene a unos centímetros de donde sufro por ser tocada.
—¿Sí? —Levanta su cabeza, espera mi permiso para continuar.
No es una opción. No con sus manos donde están o por su petición educada. Abro mis piernas como invitación. Prácticamente hiperventilo mientras recorre con lentitud mi piel sensible con el pulgar, apenas rozando mi clítoris.
Sacude la cabeza. —Ni siquiera puedo. Eres tan… —Sus ojos se traban con los míos—. ¿Esto es por mí?
Es como una lluvia torrencial al sur de mi ombligo. Me encojo de hombros. Manchas rojas del tamaño de jirafas estallan a través de mi pecho. —Parece de esa manera.
Lleva el pulgar a su boca y lo lame. Sus ojos se cierran. Vuelve la cabeza hacia mi pierna, mordiendo la cara interna de mi muslo y lamiéndola con pasión.
Deja un camino de besos húmedos en el interior de mi muslo. ¿En verdad va…? Imposible… oh sí, lo hará.
Pero no de inmediato. Oh no. Sasuke es el mejor para provocar. Mordisquea la unión de mis muslos, prolongando la anticipación antes de que su boca por fin llegue a mí. Ha pasado un largo tiempo desde que alguien me ha dado resucitación boca a vagina. No recuerdo que fuera así de increíble.
—Jesús, eres… ¿te gusta? —Sus palabras suenan distorsionadas porque se halla ocupado lamiendo.
El agarre en su cabello y el movimiento de cadera debería dejar claro, de hecho, que me gusta.
Gimo un confuso Oh Dios sí, Sasuke para asegurar que mis sonidos de placer son tomados con contexto favorable.
Aliento caliente acaricia piel más caliente y mete con facilidad un dedo. Una intensa sensación se construye y gira en espirales. El calor sobre mí me impacta en olas, canalizado a través de mis extremidades hasta el centro de mi cuerpo. Agrega otro dedo, los empuja y alcanza el lugar paradisíaco que solo puedo llegar con mis falsos amigos plásticos.
Es un intenso incendio, que aumenta a medida que sus dedos mantienen el ritmo del trazo de su lengua y las rozaduras intencionales de sus dientes. Estoy aguantando, apenas, esperando entregarme a la sensación, desesperada porque no termine. Cuando agrega un tercer dedo, los dedos de mis pies se curvan. Calor intenso irradia por mi piel.
Maldigo, mientras mis piernas pelean por juntarse. Sasuke las mantiene abiertas con sus antebrazos, los dedos se mueven con rapidez hasta que me vengo, y me vengo, y me vengo un poco más.
Deja un pequeño beso en mi clítoris y sigue en línea recta por todo mi cuerpo con su boca, en el trayecto se detiene en cada pezón hasta encontrarse con mis labios.
—¿Te gustó?
—Fue… yo… tú… increíble. —Es lo más coherente que puedo decir. Llevo mi mano en medio de nosotros y tomo su pene. —¿Devuelvo el favor?
Me agradece con un bufido. —Sí, no creo que ahora sea la mejor idea
Por supuesto que es una buena idea; tú das, tú recibes, ¿cierto? Levanta su billetera de la mesita de noche. La abre, y saca un cuarteto de papel aluminio cuadrado, y abre uno con sus dientes. Parece como si tuviera un montón de condones. Dos es inteligente, en caso de que uno no sirva. Quizá le pase seguido, así que trae uno extra para estar preparado. Con un abre fácil, Sasuke rasga el paquete y enrolla el condón.
—Te haré sentir bien. Lo prometo.
—Tómalo con calma gatillo, hay mucho por hacer. —Señalo su pene envuelto.
Con calma, dirige una mano desde el exterior de mi rodilla hacia mi cadera.
Sus besos son dulces labios y lengua arrolladora. Con lentos movimientos tantea con la cabeza de su pene, y Sasuke hace varias pasadas sin prisa antes de que ambos estemos jadeando de nuevo. Apoyado en un brazo y posando sus ojos sobre mí, se introduce en mi interior. Me entra el pánico y me tenso, bloqueándolo como si fuera una fortaleza.
—Relájate, hermosa —susurra contra mi boca. La manera en que lo dice, caliente y necesitado, convierte mi cuerpo a líquido. Va más profundo—. Eso es, Sakura.
Tiene razón; se siente muy bien. Gimo.
Cuando se detiene, aprieto mis piernas alrededor de su cintura con urgencia.
—No bromeabas —murmura, dando círculos con sus caderas, pero manteniéndose profundo en mí.
—¿Con qué?
—Sobre la cosa súper pequeña.
Enlazo mis dedos en su nuca. —Es porque eres extragrande.
Relaja su espalda y se inclina hacia adelante. Ambos gemimos fuerte. —Estoy feliz que tu coño no haya explotado.
Resoplo y me río. —También yo.
Con cada empuje, me elevo para encontrarlo. De repente, todo se vuelve repentinamente intenso mientras se retira, alejándose mucho, y presiona de nuevo.
A medida que el calor y la necesidad se expanden, consumiéndome, eleva una de mis piernas, cambiando el ángulo. Gimo cuando me golpea el… botón del castor y luego me ahogo con una risa sonando como un animal moribundo.
—¿Te sientes bien? —Sasuke toma mi mejilla.
Es uno de los gestos más íntimos que he experimentado manteniendo sexo con cualquiera. Mis amantes anteriores, en comparación, han sido bastante inexpresivos.
—Fantástico. Continúa.
Su alivio es como una manta caliente de deseo mientras reanuda su empuje parcialmente terminado.
Ante mi insistencia va más rápido y fuerte. Como esperaba, Sasuke tiene una resistencia increíble. Es como el conejito de Energizer en una carrera con un pene increíble. Sin la más mínima advertencia, todo mi cuerpo se sonroja. La chispa se enciende, estallando en llamas. Tomo sus hombros mientras me vengo de nuevo, eufórica de que me esté corriendo durante el sexo, lo cual nunca pasa. El control del volumen se va, su nombre es gritado por mis labios.
Dice palabras sucias y encaja la cabeza contra mi cuello mientras bombea de forma errática, alcanzando su liberación. Agotado, Sasuke colapsa sobre mí.
Recorro con mis dedos su cabello húmedo, ambos respiramos con dificultad, nuestros corazones laten a toda máquina. Tan increíble como esto es, por la mañana, me sentiré dolorida.
No quiere decir que no quiera hacerlo de nuevo.
