SASUKE
Sakura sabe como a chocolate y a vino. Sus labios son suaves, y hace esta cosa con la lengua… ahí va de nuevo. Me recuerdo que estamos en mi auto, en un estacionamiento; no es un buen sitio para desnudarla.
Sakura rompe el beso. —Um, hola. —Su mano está en mi pecho, su rostro sonrojado. Estoy casi fuera de mi asiento, montado sobre ella.
—Mierda. Lo siento. Sabes muy bien. —Porque esa es una excusa para saltar sobre ella en mi auto.
Se lame los labios. —Gracias. Tú también.
Me reacomodo, y pongo el auto en marcha. —Déjame mostrarte en dónde vivo.
En los últimos cinco años, tuve un puñado de citas en las que estuve lo suficientemente interesado como para salir una segunda vez. De esas, muy pocas llegaron a la tercera cita. Menos pasaron por mi puerta. Mientras puede que aparezca en los tabloides con frecuencia, prefiero la privacidad en mi vida personal. Me dirijo a las afueras de la ciudad.
—Dijiste que no tenías una guarida —dice Sakura mientras giro en la calzada. La casa está casi completamente oculta por una curva en la entrada.
Me río. —No la tengo. Lo prometo.
—Mejor que no. No me gustan las guaridas. —La casa está a la vista—. Oh guau. Esto definitivamente no es una guarida.
Me detengo en el garaje para cuatro coches donde almaceno mis juguetes. Hay un Torino Fastback pintado de un llamativo color naranja con rayas negras, una lancha rápida, dos motos de agua, y un par de cuatrimotos.
—Tienes muchas cosas con motores.
—Esto es solo lo que guardo aquí. Tengo una propiedad frente al lago a una hora de distancia y una cabaña en Ontario con más juguetes acuáticos. Es donde paso mi tiempo en la temporada baja.
—Minato tiene una cabaña. Siempre las imagino del tipo deteriorado, como una choza o algo así. La suya es más como una casa en un lago.
—¿Vas alguna vez? —Quizás las fotos de facebook de Uzumaki vinieron de unas vacaciones allí.
—Tratamos de viajar una vez cada verano. No soy muy buena en los deportes acuáticos.
—El esquí acuático no es difícil. Seguro que yo podría enseñarte.
Sakura bufa. —Sí. Apenas puedo arreglármelas con el yoga, ¿y quieres atar tablas a mis pies y arrastrarme a través del agua?
—Lo haces sonar peligroso.
—Todos los deportes son peligrosos. Especialmente el hockey.
Una vez dentro, cuelgo su abrigo. Su vestido me está matando. Es una de esas cosas envueltas con un lazo en la cintura. Trato de no mirar; hace que sus tetas se vean fantásticas. No quiero que piense que la única razón por la que la invité es por sexo. No he pasado el último mes tratando de conseguir que saliera conmigo para meter la pata. Sin embargo, puedo apreciar su impresionante escote.
Para evitar saltar sobre ella inmediatamente, le doy un recorrido por mi casa. No la llevo al segundo piso, ya que mi habitación sería un mal lugar para terminar en este momento. Le muestro la planta principal, luego la sala de juegos en el sótano. Está tan lejos de mi dormitorio como podemos ir.
—Eres tan chico. —Sakura bufa y ríe a la vez, cubriéndose la boca con la mano.
Tal vez la pantalla plana de ochenta pulgadas, sillones estilo cine, consolas de videojuegos y sillas acompañantes son demasiado. —No tengo mucho tiempo libre, pero cuando lo tengo, me gusta jugar.
—No me estoy burlando. Esto es genial. Naruto estaría en el cielo aquí. Igual que Minato. —Sakura chequea mi pared de trofeos.
Espero que no me hagan ver arrogante. He trabajado duro por ellos; estoy orgulloso de mis logros. Mis trofeos de patinaje, tengo un montón de esos también, están en la casa de mi madre, en el dormitorio de mi infancia.
—No tienes que mirar esos.
Me quedo detrás de su cuerpo, admirando su culo. Es realmente agradable. Suave. Afelpado. Bueno para agarrar. Me gustaría sentir esa curva contra mi polla de nuevo. Más tarde. Tal vez.
Sakura se da la vuelta, su tono es bromista. —Sí, estoy segura de que tienes todos estos aquí para que la gente los ignore.
—Van bien con la habitación, ¿no?
—Son impresionantes. Yo sólo he ganado la cinta de participación en el día de pista y campo. Si tuviera estos, me gustaría destacarlos con una flecha de neón. En mi opinión personal, estás subestimando tu genialidad.
—¿No crees que el neón es demasiado evidente?
—Ni siquiera un poco. —Explora la habitación, deteniéndose en los carteles colgados en la pared—. ¡Guau! Mira todos esos anuncios. Ohhh. Incluso has hecho uno para la cafetería Tim Horton's. Terminé esa lata como en una semana.
—Debo lucir como un narcisista, ¿eh? —Froto mi nuca, más incómodo acerca de éstos que de los trofeos.
Mira por encima de su hombro. —¿Hay alguno de este colgado en tu habitación?
—Uh. No.
—¿Ni siquiera el anuncio de la leche?
Sonrío. —Ni siquiera el anuncio de la leche.
—Entonces no eres un narcisista por lo que puedo decir. Por cierto, si resulta que tienes una copia del anuncio de la leche por ahí y no estás seguro de qué hacer con él, estaría feliz de quitártelo de las manos.
—Podría ser capaz de conseguir una copia.
Gesticula hacia los carteles. —¿Tienes que hacer un montón de éstos?
—Depende de la temporada. Lo estamos haciendo bien este año, por lo que hay más demanda. Son buenos para la exposición. He tenido un poco de interés por parte de algunas grandes campañas recientemente, así que ya veremos qué pasa.
—¿Qué tipo de campañas?
—Compañías de deportes. Es algo hacia lo que he estado trabajando.
—Espero que lo consigas, entonces. —Se aleja de los carteles—. ¡Tienes una mesa de hockey aéreo! Minato tiene una. Naruto la utiliza para intentar molestarme todo el tiempo. —Aplaude con entusiasmo—.¡Vamos a jugar!
—Nadie juega hockey aéreo aquí sin poner algo en juego.
—¿Quieres decir una apuesta? Voy a advertirte, soy buena. —Sakura golpetea el borde de la mesa con sus dedos—. Le gano a Naruto todo el tiempo.
Suprimo una sonrisa. —¿Ah, ¿sí? En ese caso, si gano, vuelves a salir conmigo después de esta serie de partidos como visitante.
Eso está lejos de ser justo; no hay manera de que Sakura vaya a ganar. Pero quiero algo más allá de la gloria de vencer a una mujer que lee durante los partidos de hockey y se refiere al banco de castigo como la "cosa con la caja del tiempo de espera".
Sakura se sonroja. —Y si yo gano, llevaré el auto genial en tu garaje a un paseo.
Al principio, creo que está bromeando. Sakura no tiene idea de lo que vale mi coche o el tiempo y la energía que pasé para tenerlo cuidadosamente restaurado. No estoy preocupado. Voy a limpiar el suelo con el culo de Sakura. Bueno, me gustaría hacerle algo a su culo, tal vez mientras está en el suelo. En el contexto del juego, voy a ganar.
—Hecho. —Extiendo el brazo a través de la mesa para darle la mano.
La sonrisa de Sakura es pura inocencia calculada mientras desliza su mano en la mía y tira, halándome hacia adelante de forma inesperada. Su sonrisa se convierte en una mueca de desprecio, entrecerrando los ojos con algo parecido a la malicia.
—Prepárate para recoger tus bolas del suelo, Uchiha.
—Eso crees, ¿eh?
Esto va a ser divertido. Me quito la corbata y la arrojo a la silla de la esquina. Luego me desabrocho la camisa y me la quito.
—¿Es esto hockey aéreo nudista? —Sus ojos caen a mi pecho. Todas las distracciones son buenas distracciones si trabajan a mi favor.
—No. Sólo estoy poniéndome cómodo. —Mi camiseta es menos restrictiva que una abotonada.
Sakura se prepara. La profunda V de su vestido se desliza ligeramente, y el oleaje voluptuoso de su pecho se presiona para crear un increíble escote. Me encantaría follar sus tetas; maldición, ahora yo estoy distraído.
Mi naturaleza competitiva sale, y prácticamente gruño—: Prepárate para ser azotada, cariño.
Su cuello se enrojece. —Buen intento. Eso no está en la mesa.
—¿No lo crees? Podría ponerte sobre la mesa. —Meneo mis cejas sugestivamente.
Sakura se burla. —Revisa tu ego, capitán.
Al principio, lo hago fácil para ella y la dejo creer que va a ganar. Rápidamente se hace evidente que Sakura es mucho más experta en este juego de lo que asumí. Anota dos goles en los primeros dos minutos, puntuando cada uno con un ¡Toma eso!
—Dos de tres. —Meto el disco por su portería y sonrío con condescendencia.
—Si sientes la necesidad de ser derrotado dos veces.
—Vas a caer, bebé.
—Si eso era lo que querías —el disco rebota contra el lado de la mesa y se dirige hacia mi portería—, deberías haberlo puesto sobre la mesa.
Empuja el interior de su mejilla con su lengua. La imagen de los labios de Sakura envueltos alrededor de mi polla, su cálida y húmeda lengua moviéndose alrededor de la cabeza desvía mi atención del juego.
—¡Toma eso! —grita.
Parpadeo, confundido. ¡Maldición! Volvió a marcar. Derribó mi juego con referencias de mamadas, haciendo imposible que recuperara el triunfo. Sakura salta, alzando el puño al aire, sus tetas balanceándose. Aunque estoy irritado porque me haya derrotado, injustamente, todavía es entretenida de mirar.
—¡Soy. Impresionante! —Apoya una mano en su cadera—. Obviamente no quieres otra cita si vas a jugar como una niña.
—Disfruta el triunfo, nena. No pasará de nuevo.
Elevo mi juego durante la segunda ronda. Entre más fuerte lo intento, más duro lo intenta ella. Es buena. Mejor que buena. Yo podría incluso perder. Tendrá que salir conmigo de nuevo para conducir mi auto, así que supongo que gano de todas maneras.
—¡De rodillas, hijo del puto disco! —grita cuando anota el gol ganador. Agarra el disco y lo besa. Con una gran sonrisa lo restriega por sus senos.
No puedo creer que me ganara. Una vez más. Sus mejillas están sonrojadas y su respiración es jadeante. Incluso estoy sudando.
—Quiero una revancha. —Doy un paso a un lado, rodeando la mesa.
—Eres un mal perdedor. —Sakura se mueve en la dirección opuesta—. Gané de forma justa.
—Aun así quiero salir contigo de nuevo cuando vuelva a casa. —Doy otro paso hacia ella y retrocede.
—No ganaste. —Se desplaza a la derecha, preparándose para huir.
Finjo que voy a la derecha y voy a la izquierda, reflejando su movimiento. Soy más rápido y más ágil. Pudo haberme derrotado en mí hockey aéreo, pero no puede correr más rápido que yo. Grita cuando la agarro por la cintura y la tiro contra mí.
—Lo sé. —Mi palma se desliza a lo largo de su caja torácica—. Pero hiciste trampa.
—¡No lo hice!
—Este vestido es una gran distracción. —Rozo su clavícula y sigo la V de la línea de su busto con mi dedo.
Bajo la cabeza y presiono mis labios en su cuello. Chupando ligeramente, dejo un rastro de besos desde su mandíbula a sus labios.
—No hice trampa.
—Discutible. —Mis labios se ciernen sobre los de ella—. Acepto un beso de la victoria en lugar de una revancha.
—Todavía conduciré tu coche.
—Si eres buena con la palanca, seguro.
—Soy muy buena con la palanca.
—No estoy hablando de la que está en mis pantalones.
Su jadeo indignado se convierte en un suspiro cuando nuestros labios se encuentran. Las manos de Sakura se mueven hacia arriba por mis brazos y sus uñas se clavan en mis hombros.
Acunando su culo, la levanto sobre la mesa, y luego apago el aire. Su vestido se sube por sus muslos cuando me meto entre ellos y engancha una pierna por encima de mi cadera. Sigo recordándome no tener expectativas para esta noche. No lo hago. Lo que espero y lo que me gustaría hacer son dos cosas muy diferentes.
Sostengo su suave cuerpo contra mí, extendiendo mi mano entre sus hombros. —Dime si me estoy moviendo demasiado rápido.
—Vas bien —dice, metiendo sus dedos en mi cabello.
Beso un camino hacia el escote de su vestido. Su talón se clava en mi culo mientras muerdo su clavícula. Sakura jadea. Empujo la tela de su vestido a un lado. Satén rojo y una capa de encaje nunca se vieron tan bien en un par de tetas perfectamente deliciosas. Las acuno y aprieto, profundizando la línea del escote para poder enterrar mi cara entre ellas.
—Me encantan tus tetas.
—A ellas también les gustas.
Bajo el satén y el encaje hasta que se asoma su pequeño pezón sonrosado. Lo rodeo con el dedo, antes de cubrirlo con mi boca.
—Santo infierno. —Los dedos de Sakura se aprietan en mi cabello, sosteniéndome como rehén—. ¿Por qué es tu boca tan mágica?
La pregunta parece retórica, así que sigo chupando, besando y mordisqueando. Sus piernas se tensan alrededor de mi cintura y desplaza sus caderas, moviéndose contra mí, buscando su propio alivio.
Enlazo mi dedo en el lazo de su cintura. Un tirón y sabré si está usando ropa interior que coincida con su sujetador.
Busco permiso para continuar. —¿Puedo?
—Por supuesto.
El lazo se suelta, un lado de su vestido se abre. No es tan trascendental como esperaba. Hay un segundo lazo en el interior, lo que impide una revelación completa.
—¿Escogiste el color para mí? —Beso mi camino hacia su seno abandonado, rodando su pezón entre mis dedos.
—¿Te gusta? —Sakura empuja su pecho hacia fuera, sus palabras un gemido entrecortado.
—Oh, me gusta. En serio, no puedo conseguir suficiente.
Me muevo entre sus tetas hasta que los brazos de Sakura comienzan a temblar y cae sobre sus codos. Estamos jadeando, frotándonos uno contra el otro, añadiendo fricción para mi solitaria polla. Sus jadeos y suspiros silenciosos crecen progresivamente hasta que toma una áspera respiración.
—Oh Dios. ¿Sasuke?… Yo-yo-yo… —Suena confundida, tal vez un poco desesperada—. No hay manera…
Nunca llego a preguntar qué está pasando. Se hace evidente, de todos modos. Sakura tiembla, sus ojos cerrados, labios separándose en un gemido sexy. Su cuerpo se afloja, y sus piernas caen de mi cintura.
—¿Te viniste en mi mesa de hockey aéreo?
—Ajá.
—¿Por esto? —Rodeo su pezón izquierdo con mi lengua. Me siento muy bien conmigo mismo.
—Y todo el roce. —Sakura me agarra por el cabello y tira—. Cuidado. Está sensible por toda la atención.
—Lo siento. —Estoy excitado, listo para la velocidad y la liberación. Es la misma sensación que tengo en el hielo, sólo magnificada y canalizada a una necesidad singular y muy diferente.
Rozo su costado con mi mano libre hasta que llego al segundo lazo.
—¿Esto está bien?
Sakura se muerde el labio y cierra los ojos por un segundo. —S-sí.
Su incertidumbre me hace parar. No importa lo mucho que quiera entrar en ella de nuevo, no voy a empujarla. —¿Estás segura? —No hago ningún movimiento de todos modos.
—Sí.
—He estado tratando de conseguir que salgas conmigo por un mes. No estoy interesado en perder citas futuras, por lo que tú pones las reglas del juego, ¿de acuerdo?
—¿Las reglas del juego?
—¿Quieres instaurar un número mínimo de citas antes de que consiga pasar a la segunda base?
—Ya pasaste a la segunda base.
—Eso no significa que de forma automática vaya allí de nuevo, ¿verdad? —Dios, de verdad quiero.
—¿Por qué eres tan dulce? —Sakura pasa un dedo por el puente de mi nariz.
Si supiera lo que pasaba por mi cabeza, no estaría llamándome dulce. La beso, suave y lento, diciéndole a través de acciones que estoy totalmente de acuerdo con esto si es lo más lejos que iremos esta noche. Sakura hace el siguiente movimiento, liberando el lazo de su vestido. Satén se desliza por sus brazos y cae en la mesa. Sus bragas coinciden con su sujetador.
Paso mis manos por el exterior de sus muslos. —Eres un sueño húmedo.
Se ríe mientras agarra el dobladillo de mi camiseta y la hala por encima de mi cabeza. —Si tuviera sueños húmedos, tú serías el mío.
Sus palmas se aplanan contra mi pecho y luego las desliza hacia abajo hasta que me está acunando a través de mis pantalones. —Dios, estás duro.
—Mira lo que sucede cuando una hermosa mujer semidesnuda me derriba en hockey aéreo y se viene en mi mesa.
Sakura me da un apretón. —¿Qué más te pone duro?
Deslizando mi dedo debajo del elástico de sus bragas, me encuentro con piel suave y húmeda. Sus párpados aletean.
—Mierda. De verdad te viniste.
Voy más abajo, encontrándola más caliente, más húmeda. Torciendo mi palma, deslizo mi pulgar bajo la tela también. Sakura se muerde el labio, ahogando un gemido cuando deslizo dos dedos dentro de ella. Se aferra a mis hombros, cerrando los ojos con fuerza mientras monta mi mano.
—Cristo, eres sexy.
Aunque disfruto la sensación de su mano en mi polla, incluso si la sensación está amortiguada por dos capas de tela, impide mi visión.
—Vamos, nena…
—Estoy casi…
—Quiero ver…
Obedece mi petición y usa su mano libre para apoyarse contra la mesa. Todo su cuerpo empieza a temblar. Miro hacia donde mis dedos desaparecen dentro de ella. Sus bragas se han desplazado a un lado, exponiendo más de lo que quiero. Por medio segundo, estoy en mi propio paraíso personal. Luego no lo estoy.
—¿Qué demonios es eso? —Retrocedo.
La cabeza de Sakura se inclina hacia adelante. —¿Qué?
Una enorme marca púrpura estropea la cresta de su pelvis. Aprieto la mandíbula para no decir algo que pueda lamentar y busco en mi cerebro una excusa razonable para lo que estoy viendo. No puedo encontrar una. Parece como si alguien más hubiera estado tocando mi jodido coño. No entiendo por qué Sakura estaría de acuerdo en salir conmigo si ha dejado que otra persona llegue allí.
Mi voz es un gruñido casi irreconocible. —¿Eso es un chupetón?
